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Entran
tres BRUJAS
BRUJA 1ra-¿Cuándo volvemos a vernos? ¿Bajo lluvia, rayo
y trueno?
BRUJA 2da-Cuando acaben brega y bronca y haya derrota y
victoria.
BRUJA 3ra-Antes de que el sol se ponga.
BRUJA 1ra-¿En qué lugar?
BRUJA 2da-En el yermo.
BRUJA 3ra-A Macbeth allí veremos.
BRUJA 1ra-¡Voy, Graymalkin!
Llama Paddock.
BRUJA 3ra-¡En seguida!
TODAS-Bello es feo y feo es bello. Flota en bruma y aire
espeso.
I.2 Fragor de combate.
Entran el REY [DUNCAN], MALCOLM,
DONALBAIN, LENNOX y acompañamiento, y se encuentran con
un CAPITÁN cubierto de sangre.
REY-¿Quién es ese ensangrentado? A juzgar por su aspecto
podrá darnos las últimas noticias de la sublevación.
MALCOLM-Es el official que, como digno e intrépido soldado,
me salvó del cautiverio. ¡Salud, valiente! Cuenta al rey
cómo estaba la batalla cuando la dejaste.
CAPITÁN-Muy dudosa: como dos nadadores extenuados que se
agarran e impiden su destreza. El cruel Macdonald (que bien
merece el nombre de rebelde y para ello acapara sobre sí
todo un enjambre de infamias) recibió de las Islas
del Oeste soldadesca irlandesa, y la Fortuna, sonriendo
a su ruin causa, parecía la puta de un rebelde. Mas todo
en vano: el bravo Macbeth (pues es digno de tal nombre),
despreciando a la Fortuna y blandiendo un acero que humeaba
de muertes sangrientas, cual favorito del Valor se abrió
camino hasta afrontar al infame y, sin mediar adiós ni despedida,
lo descosió del ombligo a las mandíbulas y plantó su cabeza
en las almenas.
REY-¡Ah, bravo pariente,
noble caballero!
CAPITÁN-Mas, así como donde el sol comienza a relucir estallan
truenos y tormentas de naufragio, así, de la fuente que
podia dar consuelo brota el desconsuelo. Escuchad, rey de
Escocia: apenas la justicia, armada de bravura, forzó a
los raudos irlandeses a la huida, el rey noruego avistó
su ventaja y, con arenas remozadas y refuerzos, renovó la
contienda.
REY-Asustaría a nuestros jefes, Macbeth y Banquo.
CAPITÁN-Sí, como el gorrión al águila o la liebre al león.
Si digo la verdad, ambos eran como cañones cebados con doble
carga, pues redoblaron doblemente el contraataque. Si no
querían bañarse en sangre caliente o hacer memorable un
nuevo Gólgota, yo no sé... Estoy débil; mis heridas piden
cura.
REY-Igual que tus palabras, ellas te enaltecen: ambas alientan
honor. - ¡Traedle un médico!
Sale
el CAPITÁN. Entran Ross y ANGUS.
¿Quién llega aquí?
MALCOLM-El noble Barón de Ross.
LENNOX-¡Qué premura le asoma por los ojos! Su aspecto es
el de quien trae noticias insólitas.
ROSS-¡Dios salve al rey!
REY-Noble barón, ¿de dónde vienes?
ROSS-De Fife, gran rey, donde las banderas noruegas se mofan
del cielo y con su soplo escalofrían a nuestra gente. El
rey noruego, con un aluvión de hombres y el apoyo del traidor
más desleal, el Barón de Cawdor, emprendió un aciago ataque
hasta que el novio
de Belona, con recia armadura, le respondió en términos
iguales, espada contra espada, brazo contra brazo, frenando
su indómito brío y, en conclusión, la victoria fue nuestra.
REY-¡Gran dicha!
ROSS-Y ahora Sweno, el rey de Noruega, suplica la paz. Mas
no accedimos al entierro de sus hombres hasta que en Inchcomb
nos pagó diez mil táleros a todos nosotros.
REY-Nunca más traicionará el Barón de Cawdor mi íntimo afecto.
Su muerte disponed y saludad con su título a Macbeth.
ROSS-Mandaré que se haga.
REY-Lo que él ahora pierde, el noble Macbeth gana.
I.3 Truenos.
Entran
las tres BRUJAS
BRUJA 1ra-¿Dónde has estado, hermana?
BRUJA 2da-Matando cerdos.
BRUJA 3ra-Y tú, hermana, ¿dónde?
BRUJA 1ra-Con castañas en la falda, la mujer de un navegante
masticaba y masticaba. «Dame», le digo. «¡Atrás, so bruja!»,
grita la sucia culona. Su marido se fue a Alepo, capitán
del Tigre. Navegaré en un cedazo y, como rata sin rabo,
yo gozaré y gozaré.
BRUJA 2da-Te doy un viento.
BRUJA 1ra-Lo agradezco.
BRUJA 3ra-Yo, uno más.
BRUJA 1ra-Yo ya tengo los demás, y los puertos donde soplan,
y los puntos que la rosa de los vientos bien conoce. Cual
paja le pondré seco; no podrá entregarse al sueño ni de
noche ni de día; su vida será maldita. En pena un mes y
otro mes, ha de menguar y caer; y aunque el barco no se
pierda, lo batirán las tormentas. Mirad lo que tengo.
BRUJA 2da-¡Enséñame, enséñame!
BRUJA 1ra-Es el pulgar de un piloto que naufragó a su retorno.
Tambor dentro.
BRUJA 3ra-¡Tambor, tambor! Macbeth llegó
TODAS-Las Hermanas, de la mano, correos de mar y campo,
dan así vueltas y vueltas, tres de éste, tres de ése, y
tres de este lado, nueve. ¡Chsss...! El hechizo está presto.
Entran MACBETH y BANQUO.
MACBETH-Un día tan feo y bello nunca he visto.
BANQUO-¿Cuánto falta para Forres? ¿Quiénes son estas, tan
resecas y de atuendo tan extraño que no semejan habitantes
de este mundo, estando en él? ¿Tenéis vida? ¿Sois algo a
lo que un hombre pueda hablar? Parecéis entenderme por el
modo de poner vuestro dedo calloso sobre los magros labios.
Sin duda sois mujeres, mas vuestra barba me impide pensar
que lo seáis.
MACBETH-Hablad si sabéis. ¿Quiénes sois?
BRUJA 1ra-¡Salud a ti, Macbeth, Barón de Glamis!
BRUJA 2da-¡Salud a ti, Macbeth, Barón de Cawdor!
BRUJA 3ra-¡Salud a ti, Macbeth, que serás rey!
BANQUO-¿Por qué te sobresaltas (A MACBETH) como
si temieras lo que suena tan grato? En nombre de la verdad,
¿sois una fantasía o sois realmente lo que parecéis? A mi
noble compañero saludáis por su título y auguráis un nuevo
honor y esperanzas de realeza, lo que le tiene absorto.
A mí no me habláis. Si podéis penetrar las semillas del
tiempo y decir cuál crecerá y cuál no, habladme ahora a
mí, que ni os suplico favores ni temo vuestro odio.
BRUJA 1ra-¡Salud!
BRUJA 2da-¡Salud!
BRUJA 3ra-¡Salud!
BRUJA 1ra-Menos que Macbeth, pero más grande.
BRUJA 2da-Menos feliz, y mucho más feliz.
BRUJA 3ra-Engendrarás reyes, mas no lo serás; así que, ¡salud,
Macbeth y Banquo!
BRUJA 1ra-¡Banquo y Macbeth, salud!
MACBETH-¡Esperad, imperfectas hablantes, decid más! Por
la muerte de Sinel
soy Barón de Glamis, mas, ¿cómo de Cawdor? El Barón de Cawdor
vive y continúa vigoroso; y ser rey traspasa el umbral de
lo creíble, tanto como ser Cawdor. Decid de dónde os ha
llegado tan extraña novedad o por qué cortáis nuestro paso
en este yermo con proféticos saludos. Hablad, os lo ordeno.
Desaparecen las BRUJAS.
BANQUO-Como el agua, burbujas tiene la tierra, y ellas lo
son. ¿Por dónde se esfumaron?
MACBETH-Por el aire: su apariencia corporal se ha perdido
como un hálito en el viento. ¡Ojalá se hubieran quedado!
BANQUO-¿Estaban aquí los seres de que hablamos? ¿No habremos
comido la raíz de la locura, que hace prisionera a la razón?
MACBETH-Tus hijos serán reyes.
BANQUO-Tú serás rey.
MACBETH-Y también Barón de Cawdor. ¿No fue así?
BANQUO-Tales fueron el tono y las palabras. - ¿Quién va?
Entran ROSS y ANGUS.
ROSS-Macbeth, el rey ha recibido jubiloso la noticia de
tu éxito y, al saber de tus peligros combatiendo a los rebeldes,
su asombro y alabanza han porfiado por ver cuál dominaba.
Quedando enmudecido y viendo lo que hiciste el mismo día,
te ha hallado entre las ásperas filas del noruego sin temer
las pasmosas imágenes de muerte que tú mismo creabas. Como
bolas de granizo llovía correo tras correo, y cada uno traía
elogios por la gran defensa de su reino y ante él los derramaba.
ANGUS-Venimos a darte las gracias en nombre del rey y a
conducirte a su presencia, no a recompensarte.
ROSS-Y, a cuenta de un honor aún más grande, me ha mandado
que te llame Barón de Cawdor. ¡Salud, nobilísimo barón,
con este título, pues tuyo es!
BANQUO-¡Cómo! ¿Dice verdad el diablo?
MACBETH-El Barón de Cawdor vive. ¿Por qué me vestís con
galas ajenas?
ANGUS-Quien fue el barón continúa vivo, pero a esa vida
que merece perder se le ha impuesto la pena capital. Si
estuvo coligado con las tropas noruegas o reforzó al rebelde
con apoyo secreto y beneficio, o labraba con los dos la
ruina de su patria, no lo sé: ha caído por alta traición,
confesada y probada.
MACBETH-[aparte] Glamis
y Barón de Cawdor. Lo más grande, después. - Gracias por
vuestro servicio [A BANQUO]
¿No esperas que tus hijos sean reyes? Las que me dieron
el título de Cawdor no les auguraron menos.
BANQUO-Eso, creído ciegamente, podría empujarte a la corona
después de hacerte Cawdor. Aunque es muy extraño: las fuerzas
de las sombras nos dicen verdades, nos tientan con minucias,
para luego engañarnos en lo grave y trascendente. – Parientes,
permitidme un momento.
MACBETH-[aparte] Ya
se han dicho dos verdades, felices preludios a la escena
gloriosa del fin soberano. - Gracias, señores. -[Aparte]
Esta incitación sobrenatural no puede ser mala,
no puede ser buena. Si es mala, ¿por qué me ha dado promesa
de éxito empezando con una verdad? Soy Barón de Cawdor.
Si es buena, ¿por qué cedo a esa tentacióncuya hórrida imagen
me eriza el cabello y me bate el firme corazón contra los
huesos violando las leyes naturales? Es menor un peligro
real que un horror imaginario. La idea del crimen, que no
es sino quimera, a tal punto sacude mi entera humanidad
que la acción se ahoga en conjeturas y sólo es lo que no
es.
BANQUO-Mirad qué absorto está nuestro amigo
MACBETH-[aparte] Si
el azar me quiere rey, que me corone sin mi acción.
BANQUO-Los nuevos honores le vienen como ropa nueva, que
sólo se ajusta al cuerpo con la ayuda del uso.
MACBETH-[aparte]
Sea lo que haya de ser, corren tiempo y hora en el
día más cruel.
BANQUO-Noble Macbeth, cuando gustes.
MACBETH-Perdonadme. Me agitaban la mente cosas olvidadas.
Señores, vuestro servicio queda escrito en un libro cuyas
páginas leo cada día. Vamos con el rey. – [A BANQUO] Piensa
en lo ocurrido y, después de algún tiempo, tras haberlo
ponderado, hablemos con franqueza entre nosotros.
BANQUO-De buen grado.
MACBETH-Por ahora, basta. - Vamos, amigos.
I.4 Clarines.
Entran
el REY [DUNCAN], LENNOX, MALCOM, DONALBAIN y acompañamiento
REY-¿Han ajusticiado a Cawdor? ¿No han vuelto aún los encargados?
MALCOLM-Todavía no han regresado, Majestad. Aunque hablé
con alguien que le vio morir: me dijo que confesó palmariamente
sus traiciones, implorando vuestro augusto perdón y mostrando
su hondo pesar. En su vida nada le honró tanto como el modo
de dejarla: murió como el que ha ensayado su muerte y está
dispuesto a arrojar su bien más preciado cual si fuera una
minucia.
REY-No hay arte que descubra la condición de la mente en
una cara. El era un caballero en quien fundé mi plena confianza.
Entran MACBETH, BANQUO, ROSS y
ANGUS.
¡Ah, nobilísimo pariente! El pecado de la ingratitud ya
pesaba sobre mí. Tanto te has adelantado que las alas más
veloces de la recompensa no llegan a alcanzarte. Ojalá fueras
digno de menos: te habría dado la justa medida de premio
y gratitud. Sabe que jamás tus merecimientos podremos pagar.
MACBETH-Demostraros mi lealtad y mi servicio ya es bastante
recompensa. Os corresponde acoger nuestros deberes, y nuestros
deberes, para el trono y la nación, son como hijos y sirvientes,
que cumplen su papel protegiendo vuestro honor y vuestro
afecto.
REY-Sé bienvenido. Te he plantado y te cultivaré para que
medres y florezcas. -Noble Banquo, tu mérito no es menos
y no ha de proclamarse con menos gratitud. Deja que te abrace
y te estreche contra mi corazón.
BANQUO-Si crezco en él, vuestra es la cosecha.
REY- Mi abundante dicha, tan inmensa, se desborda y va a
quedar oculta en lágrimas.- Hijos, parientes, barones y
vosotros, los más cercanos al trono, sabed que nombro heredero
de mi reino a mi primogénito Malcolm, que pasa a llamarse
Principe de Cumberland.
Este no va a ser el único honor que se confiera: otros signos
nobiliarios lucirán como estrellas en cuantos lo hayan merecido.
Vamos a Inverness, y mi deuda contigo sea mayor.
MACBETH-Cuando hay que serviros, el ocio fatiga. Seré vuestro
heraldo y alegraré a mi esposa con la noticia de vuestra
llegada. Humildemente me despido.
REY-¡Mi noble Cawdor!
MACBETH- [aparte]Príncipe de Cumberland: he aquí un tropiezo
que me hará caer si no lo supero, pues me impide el paso.
¡Astros, extinguíos! No vea vuestra luz mis negros designios,
ni el ojo lo que haga la mano; mas venga lo que el ojo teme
ver cuando suceda.
Sale.
REY-Cierto, noble Banquo. Es muy valeroso, y tanto me han
nutrido con sus excelencias que es como un banquete. Sigámosle.
En su atención se adelanta para damos acogida. ¡Un pariente
sin igual!
I.5 Clarines.
Entra LADY MACBETH sola, con una
carta.
LADY MACBETH-«Me salieron al paso el día del triunfo, y
he podido comprobar fehacientemente que su ciencia es más
que humana. Cuando ardía en deseos de seguir interrogándolas,
se convirtieron en aire y en él se perdieron. Aún estaba
sumido en mi asombro, cuando llegaron correos del rey y
me proclamaron Barón de Cawdor, el título con que me habían
saludado las Hermanas Fatídicas, que también me señalaron
el futuro diciendo: "¡Salud a ti, que serás rey!"
He juzgado oportuno contártelo, querida compañera en la
grandeza, porque no quedes privada del debido regocijo ignorando
el esplendor que se te anuncia. Guárdalo en secreto y adiós.»
Eres Glamis, y Cawdor, y serás lo que te anuncian. Mas temo
tu carácter: está muy empapado de leche de bondad para tomar
los atajos. Tú quieres ser grande y no te falta ambición,
pero sí la maldad que debe acompañarla. Quieres la gloria,
mas por la virtud; no quieres jugar sucio, pero sí ganar
mal. Gran Glamis, tú codicias lo que clama «Eso has de hacer
si me deseas», y hacer eso te infunde más pavor que deseo
de no hacerlo. Ven deprisa, que yo vierta mi espíritu en
tu oído y derribe con el brío de mi lengua lo que te frena
ante el círculo de oro con que destino y ayuda sobrenatural
parecen coronarte.
Entra un MENSAJERO.
¿Qué nuevas traes?
MENSAJERO-El rey viene esta noche.
LADY MACBETH-¿Qué locura dices? ¿Tu señor no le acompaña?
Me habría avisado para que preparase la acogida.
MENSAJERO-Con permiso, es cierto: el barón se acerca. Se
le ha adelantado uno de mis compañeros, que, extenuado,
apenas tenía aliento para decir su mensaje.
LADY MACBETH-Cuídale bien; trae grandes noticias.
Sale el MENSAJERO.
Hasta el cuervo está ronco de graznar la fatídica entrada
de Duncan bajo mis almenas. Venid a mí, espíritus que servís
a propósitos de muerte, quitadme la ternura y llenadme de
los pies a la cabeza de la más ciega crueldad. Espesadme
la sangre, tapad toda entrada y acceso a la piedad para
que ni pesar ni incitación al sentimiento quebranten mi
fiero designio, ni intercedan entre él y su efecto. Venid
a mis pechos de mujer y cambiad mi leche en hiel, espíritus
del crimen, dondequiera que sirváis a la maldad en vuestra
forma invisible. Ven, noche espesa, y envuélvete en el humo
más oscuro del infierno para que mi puñal no vea la herida
que hace ni el cielo asome por el manto de las sombras gritando:
« ¡Alto, alto!»
Entra MACBETH.
¡Gran Glamis, noble Cawdor y después aún más grande por
tu proclamación! Tu carta me ha elevado por encima de un
presente de ignorancia, y ya siento el futuro en el instante.
MACBETH-Mi querido amor, Duncan viene esta noche.
LADY MACBETH-¿Y cuándo se va?
MACBETH-Mañana, según su intención.
LADY MACBETH-¡Ah, nunca verá el sol ese mañana! Tu cara,
mi señor, es un libro en que se pueden leer cosas extrañas.
Para engañar al mundo, parécete al mundo, lleva la bienvenida
en los ojos, las manos, la lengua. Parécete a la cándida
flor, pero sé la serpiente que hay debajo. Del huésped hay
que ocuparse; y en mis manos deja el gran asunto de est
a noche que a nuestros días y noches ha de dar absoluto
poderío y majestad.
MACBETH-Hablemos más tarde.
LADY MACBETH-Muéstrate sereno: mudar de semblante señal
es de miedo. Lo demás déjamelo.
I.6 Oboes y antorchas
Entran
el REY [DUNCAN], MALCOLM, DONALBAIN, BANQUO, LENNOX, ACDUFF,
ROSS, ANGUS y acompañamiento.
REY-El castillo está en un sitio placentero; en su frescor
y dulzura, el aire cautiva mis sentidos.
BANQUO-El huésped del verano, el vencejo que ronda las iglesias,
nos demuestra con su amada construcción que el hálito del
cielo aquí seduce de fragancia: no hay saliente, friso,
contrafuerte o esquina favorable en que este pájaro no haya
hecho su colgante lecho y cuna. He observado que donde más
anida y cría el aire es delicado.
Entra LADY MACBETH
REY-¡Mirad! ¡Nuestra noble anfitriona! El afecto que recibo
es a veces mi molestia, mas siendo amor lo agradezco. Acabo
de enseñaros a rogar que Dios me premie por ser una carga
y a que me agradezcáis vuestra molestia.
LADY MACBETH-Nuestro entero servicio, prestado en todo dos
veces y después aún doblado, sería un rival pobre y endeble
frente a los altísimos honores de que Vuestra Majestad colma
a nuestra casa. Por los anteriores y las nuevas dignidades
añadidas rogaremos por vos como eremitas.
REY-¿Dónde está el Barón de Cawdor? Galopé tras él con la
intención de preparar su llegada, pero es buen jinete y
su gran afecto, penetrante cual su espuela, le ha ayudado
a adelantarse. Bella y noble dama, esta noche soy vuestro
huésped.
LADY MACBETH-Vuestros siervos administran a sus siervos
y a sí mismos con sus bienes para rendir cuentas cuando
así lo dispongáis y devolveros lo que es vuestro.
REY-Dadme la mano. Llevadme a mi anfitrión; le quiero bien
y he de seguir favoreciéndole. Con permiso, señora.
I.7 Oboes. Antorchas.
Entran, cruzando el escenario,
un maestresala y varios criados con platos y servicio de
mesa. Después entra MACBETH.
MACBETH-Si darle fin ya fuera el fin, más valdría darle
fin pronto; si el crimen pudiera echar la red a los efectos
y atrapar mi suerte con su muerte; si el golpe todo fuese
y todo terminase, aquí y sólo aquí, en este escollo y bajío
del tiempo, arriesgaríamos la otra vida. Pero en tales casos
nos condenan aquí, pues damos lecciones de sangre que regresan
atormentando al instructor: la ecuánime justicia ofrece
a nuestros labios el veneno de nuestro propio cáliz. Él
goza aquí de doble amparo: primero porque yo soy pariente
y súbdito suyo, dos fuertes razones contra el acto; después,
como anfitrión debo cerrar la puerta al asesino y no empuñar
la daga. Además, Duncan ejerce sus poderes con tanta mansedumbre
y es tan puro en su alta dignidad que sus virtudes proclamarán
el horror infernal de este crimen como ángeles con lengua
de clarín, y la piedad, cual un recién nacido que, desnudo,
cabalga el vendaval, o como el querubín del cielo montado
en los corceles invisibles de los aires, soplará esta horrible
acción en cada ojo hasta que el viento se ahogue en lágrimas.
No tengo espuela que aguije los costados de mi plan, sino
sólo la ambición del salto que, al lanzarse, sube demasiado
y cae del otro...
Entra LADY MACBETH.
¿Qué hay? ¿Traes noticias?
LADY MACBETH-Ya casi ha cenado. ¿Por qué saliste de la sala?
MACBETH-¿Ha preguntado por mí?
LADY MACBETH-¿No sabes que sí?
MACBETH-No vamos a seguir con este asunto. El acaba de honrarme
y yo he logrado el respeto inestimable de las gentes, que
debe ser llevado nuevo, en su esplendor, y no desecharse
tan pronto.
LADY MACBETH-¿Estaba ebria la esperanza de que te revestiste?
¿O se durmió? ¿Y ahora se despierta mareada después de sus
excesos? Desde ahora ya sé que tu amor es igual. ¿Te asusta
ser el mismo en acción y valentía que el que eres en deseo?
¿Quieres lograr lo que estimas ornamento de la vida y en
tu propia estimación vivir como un cobarde, poniendo el
«no me atrevo» al servicio del «quiero» como el
gato del refrán?.
MACBETH-¡Ya basta! Me atrevo a todo lo que sea digno de
un hombre. Quien a más se atreva, no lo es.
LADY MACBETH-Entonces, ¿qué bestia te hizo revelarme este
propósito? Cuando te atrevías eras un hombre; y ser más
de lo que eras te hacía ser mucho más hombre. Entonces no
ajustaban el tiempo y el lugar, mas tú querías concertarlos;
ahora se presentan y la ocasión te acobarda. Yo he dado
el pecho y sé lo dulce que es amar al niño que amamantas;
cuando estaba sonriéndome, habría podido arrancarle mi pezón
de sus encías y estrellarle los sesos si lo hubiese jurado
como tú has jurado esto.
MACBETH-¿Y si fallamos?
LADY MACBETH-¿Fallar nosotros? Tú tensa tu valor hasta su
límite y no fallaremos. Cuando duerma Duncan (y al sueño
ha de invitarle el duro viaje de este día) someteré a sus
guardianes con vino y regocijo, de tal suerte que la memoria,
vigilante del cerebro, sea un vapor, y el sitial de la razón,
no mas que un alambique. Cuando duerman su puerca borrachera
como muertos, ¿qué no podemos hacer tú y yo con el desprotegido
Duncan? ¿Qué no incriminar a esos guardas beodos, que cargarán
con la culpa de este inmenso crimen?
MACBETH-¡No engendres más que hijos varones, pues tu indómito
temple sólo puede crear hombres! Cuando hayamos manchado
de sangre a los durmientes de su cámara con sus propios
puñales, ¿no se creerá que han sido ellos?
LADY MACBETH-¿Quién osará creer lo contrario tras oír nuestros
lamentos y clamores por su muerte?
MACBETH-Estoy resuelto y para el acto terrible he tensado
todas las potencias de mi ser. ¡Vamos! Engañemos con aire
risueño. Falso rostro esconda a nuestro falso pecho.
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