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INTRODUCCION A LA HISTORIA UNIVERSAL (C.R.) En la Memoria de la
Humanidad existe un espacio en blanco, un agujero negro, una página de acceso
imposible cuya escritura, como si se hubiese usado tinta invisible, no ha
podido ser traducida y, en consecuencia, los historiadores, sin saber qué hacer
ni qué postura asumir, dejaron paso a los arqueólogos, quienes, efectivamente,
aseguran que ese espacio en blanco en la Memoria del Género Humano existe, pero
ellos, lo mismo que sus colegas, son incapaces de decir más excepto que la
tumba existe, y los restos del cadáver están ahí, mas en lo que concierne a su
Historia, decir lo que se dice decir, no pueden decir más.
Este espacio en blanco
es el que va del año 4.000 al 3.000 antes de la Primera Era de Cristo. Desde el
final del Neolítico a las primeras ciudades de Mesopotamia, y en general del
Mundo, nos encontramos, una vez resumidas todas las investigaciones y analizados
todos los trabajos de los últimos siglos, con el hecho del descubrimiento de la
tumba de ese Periodo que comienza en el 4000 y conecta con el Neolítico, hacia
atrás, y con la Historia del Próximo Oriente Antiguo, hacia adelante. Están las
ciudades, están los trabajos de los hombres que las construyeron, y vivieron en
ellas. Pero quiénes fueron, qué estilo de vida tuvieron, qué pensaron... es
ponerse a recrear la Memoria de un cadáver en huesos sin tener ninguna
información sobre su historia, excepto que está ahí.
La Historia Antigua
comienza, pues, en el 3.000 a.C. Periodo en que, tomando la Lista Real Sumeria
como brújula de referencia, los sabios de finales del siglo XIX y principios
del XX reconstruyeron, aunque en blanco y negro, la Historia de Sumeria, siendo
Etana el primer rey cronologizado y contemporaneizado con sus coetáneos.
El Diluvio es el Muro
infranqueable tras el que se hunde la Memoria de la Humanidad. Todas las
fuentes históricas hablan de una gran catástrofe que dio fin al Milenio anterior
que precede al Origen de la Historia Antigua, entre finales del Cuarto Milenio
y principios del Tercer Milenio a.C. Ponerse a discutir sobre la historicidad
del Diluvio es hacer el tonto a estas alturas cuando la cuestión está zanjada.
Existió un Fin para aquel Periodo Pre-Diluviano y Pos-Neolítico. Es el hecho.
Si a partir de aquí alguien quiere discutir sobre las dimensiones de la
Catástrofe, sus repercusiones, sus supervivientes, es cosa de cada cual. El
hecho es invencible. La tumba existe, el cadáver está dentro. El Neolítico se
hunde por un lado y la Historia Antigua se hunde por el otro lado del Periodo
entre ambas Edades. A partir de este Hecho los principales actos de la Historia
Antigua lo protagonizarán:
1)Las Ciudades Estados
Presargónicas,
2) el Imperio de Acad, 3)
3) el Imperio de la Tercera
Dinastía de Ur,
4) el Imperio de
Hammurabi de Babilonia,
5) el Imperio del Egipto
Ramsésida,
6) el Reino de Salomón
el Hebreo,
7) el Neo-Imperio Asirio
y 8) el Imperio
Neo-Caldeo.
En total son 2.500 años
de Historia cronologizada, que empieza en la penumbra posterior al Diluvio y
termina bajo el resplandor de la estrella de Ciro el Grande.
Habiendo cronologizado
el origen de la Historia Antigua a finales del Cuarto Milenio a.C., su fin se
escribe con la Caída del último imperio babilónico de Nabuconosor II bajo los
cascos del caballo de Ciro el Grande. Se suele dar el 12 de octubre del 539
como fecha precisa del Fin del Mundo Antiguo y principio de la Edad Clásica.
Por su mentalidad y sus
disposiciones el Imperio Aqueménida, también llamado Persa, fue un Periodo-Bisagra
durante el cual la Civilización fue desplazándose del Oriente al Occidente
hasta que a finales de la Edad Clásica, es decir, a la Caida del Imperio
Romano, la Civilización, refugiada en el Cristianismo, corta lazos con Oriente
y deviene Occidental.
La Historia Clásica
comprende, pues, un Periodo de Conexión Aqueménida entre la Civilización
-entendida como la suma del desarrollo de la naturaleza intelectual humana- con
el Occidente, la Historia de Grecia, la Historia del Imperio Romano, y un
Segundo Periodo de Desconexión de la Civilización con el Oriente, que empieza
con la división del Imperio Romano y acaba con la Caida del Imperio Romano de
Occidente.
Durante esta Edad
Clásica se producen acontecimientos vitales y decisivos para la Historia de la
Humanidad. Durante el Primer Acto se produce la asimilación de toda la Cultura
que las naciones habían elaborado durante los tres milenios pasados por la
Mente Helena, que fructifica trayendo a luz la Filosofía, las Artes, la Ciencia
y la Democracia.
En el Segundo Acto se
consuma el proceso de vertido de los frutos de la Civilización en Occidente
cuando un Judío de Nacimiento elimina de la Religión de su Pueblo toda la
influencia del Paganismo y de la Teocracia a que el Judaísmo había dado lugar,
y la proyecta sobre el Imperio Romano, aportando a la Civilización un elemento
de Unidad Universal basado no en el vínculo de la sangre sino en el del
Espíritu.
En el Tercer Acto el
Cristianismo se convierte en el crisol donde la riqueza acumulada por la
Civilización se enfrenta al hecho final de la Caída del Imperio y se prepara
para el Día Después. Durante este tercer acto la estrella es la Iglesia
Católica.
Situamos pues el
nacimiento de la Historia Clásica a finales del siglo VI y principios del V a.C.
y su final a finales siglo V y principios del VI d.C. Un milenio desde Ciro al
último emperador romano.
La Historia Medieval
comienza a partir de la Caida del Mundo Clásico. En muchos aspectos la Caída
del Imperio nos trae a la memoria el Hundimiento del Mundo Perdido bajo el
Diluvio, si bien en esta ocasión el Arca en el que la Civilización se salvó fue
construida por la Iglesia Católica y llevó consigo al otro lado el mundo
cristiano. Durante este proceso se produjo el Periodo de Desconexión entre
Oriente y Occidente que sentenció el futuro del Imperio Bizantino. Comienza,
pues, la Historia Medieval, con los Merovingios. Le siguen los Carolingios y su
final conduce al nacimiento de las tres primeras naciones que formarían Europa:
Alemania, Italia y Francia. La Historia Medieval no es, ni más ni menos, que
las Crónicas del Nacimiento de las Columnas Europeas. Alemania, Francia e
Italia son las tres primeras grandes naciones que delimitan sus fronteras. A
continuación surgen el Reino Unido y España, Polonia y Dinamarca, al término,
Rusia. De este Tronco se irían desgajando, igual que a un árbol le crecen las
ramas, Portugal, Holanda, Bélgica, Hungría, Suecia, Rumania, Bulgaria, Austria,
Suiza, Ucrania, etcétera.
Por diferentes Actos o
Periodos podemos viajar a través de la Historia Medieval.
En el Primer Acto, el
Merovingio, es un Periodo de Intersección, que se consolida en el Carolingio y
pone sobre escena tres Estados nacidos para exportar sus frutos al resto del
mundo. La Civilización ha levantado Murallas a su alrededor, ha vencido todos
los obstáculos y, bajo las alas del Cristianismo, comienza una evolución veloz
hacia un estado de desarrollo, aún no pensable, pero de vocación universal.
En el Segundo Acto
vienen a luz dos estados fundados sobre la misma Roca, Inglaterra y España.
Estos cinco Estados: Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y España, pondrían las bases de la Transición de la Edad
Medieval a la Edad Moderna y serían sus principales promotores y protagonistas.
En la periferia tenemos el arco formado, por arriba: por Dinamarca y los países
del Norte; por el centro: Polonia y Checoslovaquia y Hungría, y debajo del arco,
lindando con el condenado a muerte, el imperio de Bizancio, tenemos a Bulgaria
y Rumanía. Rusia no entraría a formar parte de la Civilización sino con la
Caída de la Segunda Roma, de la que se declararía la Tercera, su sucesora
natural.
Pero si hemos visto un
Periodo de Intersección, el Merovingio, entre la Edad Clásica y la Medieval,
tenemos otro Periodo de Transición entre la Edad Medieval y la Edad Moderna: el
Renacimiento. Y entre ambos Periodos una serie de actos particulares como las
Cruzadas, la Reconquista de España, la separación Iglesia-Imperio en el
trasfondo de la Cuestión de las Investiduras, la formación del Papado y la
oposición a la teocracia Romano-Pontificia por el movimiento prerreformista.
1492 sería la fecha del fin de la Historia Medieval, y el 476 su principio.
Tenemos un Milenio entre el principo y el fin.
La Historia Moderna
comienza cuando acaba la Historia Medieval. Al alba de esta Nueva Edad son
cinco los Estados que han superado la prueba de fuego de su destrucción contra
adversidades frente a las que otros pueblos y naciones sucumbieron para no
regresar jamás de su tumba. Alemania, Francia, Italia, España e Inglaterra,
todas cinco naciones cristianas, protagonizarán los primeros actos de esta
nueva andadura de la Civilización. El Renacimiento, como lo fuera el Periodo
Griego, sería el crisol en el que el fruto de todo el desarrollo intelectual de
los siglos precedentes volvería a fundirse en una nueva fase de Cultura. Y de
aquí que diferenciemos entre Civilización como trabajo de las naciones y
Cultura como asimilación y elaboración del trabajo de las naciones civilizadas
por los individuos.
Una vez el Renacimiento habiendo consumado su
proceso de evolución intelectual, no era sino natural que la Civilización se
expandiese, rompiese los límites y proyectase su Cultura al resto del Mundo.
Caída de Bizancio, Descubrimiento y Reforma serán los momentos básicos y
fundamentales de los que, como tronco, se desgajarán acontecimientos de
importancia mundial.
Al caer Bizancio el eje
de la Cultura Ortodoxa se desplaza hacia Moscú, que entra en la escena de la
Historia Moderna bajo la bandera del Cristianismo. Esa Caída provoca una guerra
final de Civilizaciones entre el Imperio Musulmán Otomano y el Imperio Español
Europeo.
La Reforma da lugar a
guerras de religión entre los Protestantismos y Catolicismos Europeos. Europa
deviene la que sería durante esta época, y surgen como nuevos Estados motores:
Suecia, Holanda y Rusia. Los Estados fundamentales: Reino Unido, Francia,
España, con Portugal, Italia y Alemania, devienen Imperios que con sus brazos,
como ramas unidas a un mismo tronco, hacen que el Cristianismo haga entrar,
bajo su influencia, en la Civilización a la inmensa mayoría de las naciones de
la Tierra.
La revolución Francesa
marcaría el Fin de la Edad Moderna y el Principio de la Edad Contemporánea, que
abarcaría el Siglo XIX. El origen de la Historia Moderna sería, por tanto, el
12 de octubre del 1492, y su fin tendría lugar el 11 de julio del 1789.
El Siglo XIX, o Edad
Contemporánea, sería un crisol de Civilización en el que las revoluciones se
sucederían y los individuos, en cuyas mentes se produce la fusión de todos los
conocimientos para alumbrar otros nuevos, nacieron y murieron a una velocidad
hasta entonces jamás vista. Las revoluciones industriales y científicas
corrieron paralelas y era del todo natural que el fruto pusiese en escena,
siguiendo la mecánica de la Revolución, la antítesis de la Revolución Francesa,
en efecto, la Revolución Soviética. Si la primera, la Revolución Francesa, con
la que la Edad Contemporánea se define, fue el nacimiento de los Derechos
Humanos, la segunda, con la que finalizó la Edad Contemporánea, sería el
aplastamiento, en nombre del Proletariado, de esos Derechos Individuales y del
Hombre en cuanto Persona. Si su principio lo pusimos el 11 de julio del 1789,
su fin lo situamos en el febrero del 1917.
La Edad Atómica ocupa el
Siglo XX. De todas las Edades es la más crítica por en cuanto si en las
primeras los Periodos ocupaban siglos, los Periodos que antes necesitaban
siglos ahora requerían en el Siglo XX sólo decenios para proceder a cataclismos y
acontecimientos de una envergadura hasta entonces impensables que pudieran
tener lugar en tan corto espacio de tiempo. Grandes actos en movimiento
continuo definen la estructura de la Edad Atómica: la Caída de los Imperios
Otomano y Británico y Autrohúngaro; las Guerras Mundiales, la Guerra Fría, el
nacimiento de la República Comunista China, la Independencia de la India y el
proceso de Independencia de las colonias, la Revolución tecnológica Espacial e
Informática, el Nacimiento de la ONU y la Caida del Imperio Soviético.
Acontecimientos en plena dinámica a los que vino a sumarse, de un sitio, la
Carrera Atómica, que sometió la estructura de la Biosfera a Prueba, y rompió la
conexión entre Moral y Ciencia, culminando con la reducción de la Fauna y la
Flora a campo de laboratorio transgénico, para finalmente poner a la especie
humana bajo su ojo con la Clonación, que será uno de los movimientos a heredar
y resolver por la Edad que la sigue: la Edad de la Plenitud de las Naciones, en
la que actualmente nos encontramos; y del otro, el Resurgimiento del Islam
reclamando su Imperio y Hegemonía Mundial Perdidas en el nombre de su dios y
mediante la fuerzas de las armas del Terror, que legará este conflicto a la
Edad siguiente, planteándole una Batalla final entre Civilizaciones al siglo
XXI.
Estas son las Edades que
desde el Final del Neolítico a nuestros días forman parte del Libro de la
Historia Universal. Son en total unos seis mil años.
Mil desde Adán a Noé,
Mil desde Noé a Abraham. Mil desde Abraham a David, Mil desde David a Cristo,
Mil desde Cristo a León IX, Mil desde León IX a Benedicto XVI.
Los judíos datan el
comienzo de la Historia en el 3761 antes de Cristo. Pero la datación es
aproximada y únicamente un fanático se atrevería a proceder al absolutismo que
implica la fecha. Partiendo de la Historia Antigua es imposible situar a Noé en
un siglo específico. Sólo podemos inferir que habiendo condenado Dios a Adán a
muerte y siendo su edad la de 800 años, pues que Adán fue la cabeza de su
mundo, era su mundo el que vivió 8 siglos desde la Caída al Diluvio. Si le
sumamos el tiempo de formación del Mundo en el que Adán nació, fruto de la
Neolitización que encontró en la Mesopotamia de las Ciudades Perdidas su
Apogeo, el Milenio desde Adán a Noé es la extensión de tiempo aproximada que
más nos conviene.
Igualmente, mirando a
Noé, como desde el Diluvio al primer rey, Etana, entramos en el Tercer Milenio,
y Abraham es situado entre el III y el II Milenios, lo natural es dar un par de
siglos para la recuperación de Mesopotamia tras el Diluvio.
La datación del reino de
David sin problemas, si según los judíos nos encontramos en el 5769 de la Era
del Género Humano, la oscilación siglo arriba siglo abajo no le añade ni le
quita demasiado al asunto por en cuanto la datación es aproximada y el
cronologista judío no tiene en cuenta el mundo en el que nació el propio Adán.
Es decir, tomando como Referencia de Valor Universal el Género Humano, del que
devino Cabeza Adán en su día, y se hundió con él en cuanto fue su cuerpo,
tenemos que corregir la fecha y asumir que hemos entrado en el Séptimo Milenio
del Género Humano.
La objeción al argumento
que supone creer que Adán viviera hasta Noé se resuelve a la manera que
especifican las Genealogías, es decir, a partir de Noé sus descendientes no se
llaman hijos de Adán, sino hijos de Noé. Y así desde Abraham. En este orden
cada individuo de la Lista Patriarcal del Génesis representa el tiempo durante
los cuales los descendientes tomaron como Origen al Individuo en cuestión. De
manera que por esta Sucesión cada uno de los patriarcas del Génesis fue padre
de pueblos, cada uno de ellos reclamando para sí el Origen en uno de los
patriarcas del Génesis, manteniendo una sola línea su Origen en Adán, la línea
que engendraría a Noé.
Desde Adán a Noé, por
tanto, el agujero negro, la página en blanco, un punto vacío en la Memoria del
Género Humano. A los dos lados de esta página en blanco dos franjas, el Final
del Neolítico y la Recuperación de Sumeria desde las ruinas del Diluvio. Como
dije antes, una tumba ante la que nos colocamos sin documentos humanos con los
que reconstruir la vida y memoria del cadáver que hemos desenterrado. Sólo un
Doc Divino nos resume esa Edad, el Génesis.
Aquí ya es cuestión de
creer o no creer. Según el Génesis, la Tierra vio bajar a su superficie seres
de otros Mundos, que entre ellos mantenían un lazo universal, ser hijos de
Dios. Siendo la Tierra un Paraíso de toda suerte de especies prehistóricas
estos hijos de Dios iban y venían de su Mundo a la Tierra a la manera que
nosotros mismos haríamos, llevándonos con nosotros ejemplares de las especies
prehistóricas terrestres. Esto ocurrió durante la Era de los Dinosaurios.
En aquél entonces una de
las criaturas de la Tierra, cuyo habitat era el Bosque, el Antropos, comenzó a
imitar a “los dioses”, saltando del Bosque prehistórico a las Montañas, donde
vivieron en Cuevas, y de aquí al Valle, donde, por imitación de “los dioses”
comenzó a servirse de las cosas como instrumentos y dio Origen a la Era que
llamamos del Paleolítico. Durante toda esta Era el Antropos y los hijos de Dios
se mantuvieron a la distancia, sin rechazarse pero sin mezclarse.
Sobre esta línea de
crecimiento el Antropos evolucionó hacia el Homo Sapiens, y las especies de
acompañamiento que le habían seguido desde el Bosque Prehistórico a las Cuevas
y después al Valle, perecieron, dejando al Homo Sapiens frente a la Revolucion
del Neolítico, cuyo Origen sitúa el Génesis en la Palabra de Dios, a la orden
de la cual los hijos de Dios, “los dioses”, se acercaron finalmente a los
hombres y comenzaron a abrirle fronteras a sus Inteligencia Natural,
enseñándoles a cultivar, navegar, escribir, conocer y pensar. Es en el Neolítico
por tanto, que el tiempo comienza a acelerar su ritmo de movimiento y conduce
al Género Humano a la Civilización.
Hemos entrado, entonces,
en el Séptimo Milenio de la Historia del Género Humano, y nos hallamos en la
Edad de la Plenitud de las Naciones, cuyo principio legal tuvo lugar el 11 de
septiembre del 2001. El efecto de cuya declaración de guerra por el Terror de
la Civilización islámica contra la Cristiana, representada por los Estados
Unidos de América, puso en movimiento la Globalización, es decir, la Conexión a
la velocidad de la luz de todas las naciones de la Tierra. A caballo de la cual
la Biblioteca Tercer Milenio da a conocer a la plenitud de las naciones el Movimiento
Invencible que Dios ha puesto en marcha y determinará la Culminación de la
Civilización Cristiana en este Siglo en el acto de la Unificación de las
Iglesias, fruto de cuya consumación será...
Cristo Raul
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