2.- Evolución política de Atenas
Tras la victoria contra los bárbaros, Temístocles
parece especialmente preocupado por la posibilidad de que Esparta recupere la
hegemonía griega. En ese marco hay que situar sus esfuerzos para la
reconstrucción de los muros de Atenas, a la que se oponían los espartanos, que
seguían proponiendo situar toda la defensa griega en el Peloponeso. Una vez
más, Temístocles llevó a cabo una de las estratagemas que lo caracterizaban por
las artimañas de su inteligencia y por su personalidad particular renovadora. Así
se demostró, se dice, que Atenas estaba en condiciones de actuar por sí misma.
También se opuso a la propuesta espartana de castigar a quienes habían
colaborado con los persas, pues eso podría significar el reconocimiento de la
hegemonía espartana, al margen de que así Temístocles parecía defender las
tradiciones representadas por el oráculo de Delfos e intentar que recuperara su
prestigio. La expedición espartana que pretendía castigar a los tesalios, por
otra parte, fracasó, lo que permitió afirmar la actitud defendida por
Temístocles. Las acciones similares de Pausanias en el Egeo no hicieron más que
proporcionarles problemas a los espartanos. Los conflictos internos
subsiguientes hicieron que Esparta como tal dejara de constituir un problema
para la afirmación momentánea del poder ateniense en el Egeo. De este modo,
cuando los espartanos quisieron implicar a Temístocles en sus acusaciones
contra Pausanias, se encontraron con que aquél había caído en desgracia y había
sido sometido al ostracismo, seguramente en 471, o tal vez un poco antes. Era
el resultado del desarrollo expansivo, a costa de los persas, que se había
iniciado con la formación de la Liga de Delos y que proporcionaba todo el
prestigio a personajes como Arístides y Cimón, mientras que la hostilidad hacia
Esparta quedaba fuera de los objetivos del pueblo ateniense, ahora
enfervorizado por el triunfalismo y por la afirmación de la propia entidad
griega frente a los bárbaros, circunstancias potenciadas por las posibilidades
de acceso a las ganancias que se empezaban a vislumbrar como consecuencia del
dominio del Egeo. Tras el ostracismo, los atenienses reclamaron a Temístocles
como colaborador de Pausanias en su política inclinada a una nueva colaboración
con los persas. El ateniense, que había quedado inicialmente en Argos, lugar
clave del Peloponeso para desarrollar una política antiespartana, huyó hacia el
norte y, a través de Macedonia, se refugió junto a los persas, donde,
paradójicamente, se dice que se dedicó a planear la posible recuperación del
imperio del rey. La evolución política de la ciudad está condicionada por
factores externos. Esparta y Persia, en sus vicisitudes internas, influyen en
las actitudes cambiantes adoptadas por el pueblo ateniense y en los apoyos
buscados por los políticos en el plano individual.
Imperio y evergetismo
El desarrollo de los controles marítimos se
convirtió lógicamente en cauce de enriquecimiento para las familias poderosas.
La proliferación de las acciones proporciona ventajas en el control de los mares
y en las posibilidades de acceso a nuevos territorios, que podían ser objeto de
reparto como cleruquías, y a poblaciones susceptibles de ser sometidas a
esclavitud. La población libre ateniense se acomoda momentáneamente al
predominio de las tendencias oligárquicas, adaptadas a los nuevos modos de
acceso a la riqueza. Ahora la oligarquía no se opone a la política naval, sino
que encauza en provecho de sus propios intereses el desarrollo naval de la
época de Temístocles. Durante la primera década posterior a la guerra, las
fuentes se refieren a la colaboración entre Arístides y Temístocles, situación
que finalizó en el momento en que este último quedaba fuera del juego político
a través del ostracismo, de la acusación espartana y del exilio junto a los persas.
La tradición continúa alabando la moderación del primero. En algún momento, tal
vez de modo anacrónico, Aristóteles le atribuye la propuesta de que el
ciudadano ateniense viva de la hegemonía que se viene configurando. Sin
embargo, el político verdaderamente prominente y significativo de este período,
en el plano de la política interna, fue Cimón, hijo de Milcíades. Estratego de
éxito en las acciones de la flota, ganó tal prestigio que le permitió ejercer
la estrategia desde 478 y conservar la influencia política hasta 461, con una
prolongación posterior accidentada y circunstancial, reflejo del cambio de los
tiempos. Para Cimón, es importante que sean los atenienses quienes lleven el
peso militar de la Liga, con lo que los aliados pueden permanecer en paz y
tranquilidad bajo su protección, mientras aquéllos obtienen tierra y botín. La
relación imperialista se va articulando y estructurando. Sin embargo, esa
articulación se realiza de modo individual. El sistema hegemónico se convierte
en el sustento económico para la recuperación del modo de redistribución de la
ciudad arcaica, a través de acciones benéficas por parte de los más ricos. El
propio Cimón se caracterizó y obtuvo fama por su generosidad en el reparto del
botín, modo de atraer voto para perpetuar el control dentro del sistema
democrático. Además, se decía que mantenía sin vallas sus propiedades
territoriales para que todos pudieran acceder a ellas y tomar cuanto
necesitaran. Aunque posiblemente, de acuerdo con Aristóteles, haya que limitar esta
práctica a los miembros de su demos, se trata, de todos modos, de una práctica
evergética políticamente instrumentalizada como medio de reproducción del
poder. También se decía que ofrecía comidas y financiaba los entretenimientos
del ocio del pueblo. Para el sofista Gorgias, la riqueza le servía para obtener
honra, timé, concepto abstracto, pero también concreto, pues se refiere
frecuentemente al ejercicio de las magistraturas, como los honores latinos. No
era elocuente, dice como elogio Estesímbroto de Tasos, escritor contrario a los
personajes sobresalientes de la democracia ateniense. Sus méritos estaban en la
política, pues sus prácticas, en este sistema evergético, hacían innecesario el
uso de la oratoria para atraer los votos, como ocurrirá en épocas sucesivas.
Política laconizante
En el año 469, un terremoto en Laconia favoreció la
promoción de una revuelta servil entre los hilotas de Mesenia, que se hicieron
fuertes en el monte Ítome, lugar sagrado de Zeus en que se sentían protegidos.
A pesar de que ya se definen las diferencias entre ambas ciudades, los
espartanos, en situación muy agobiante, buscan la solidaridad de los
propietarios de esclavos y la reciben de algunas colectividades, entre ellas de
Atenas. Aquí todavía triunfaba el orgullo de la victoria, como si el apoyo a
los espartiatas fuera a repercutir en la consolidación de la hegemonía,
incluido el territorio del Peloponeso. Los argumentos de Cimón se dirigían
hacia la consideración de una Grecia bifronte, formada por dos ejes que no se
podían perder. En este debate se sitúa la primera actuación de Efialtes,
opuesto a que tal ayuda se llevara a cabo. El demos vota de momento a favor de
la propuesta de Cimón. Es el punto culminante de la política evergética.
Plutarco aclara el sentido que pudiera atribuírsele a ésta. Para él, no hay que
ver en ella algo que pueda confundirse con la democracia. Cimón era
aristocrático y laconizante. Éste fue el momento clave para que se revelaran
los contenidos de sus actitudes. En efecto, la revuelta no se sofocaba a pesar
de que los espartanos habían confiado en la capacidad de los atenienses. No
sólo ésta resultaba inútil, sino que, incluso, comenzaron a surgir sospechas de
que los atenienses no mostraban interés, a causa de sus diferentes etnias, pues
no pertenecían a la rama griega de los dorios, pero tampoco compartían sus
modos de concebir las relaciones humanas. Los atenienses tuvieron que
marcharse, ante las sospechas de que colaboraban con los rebeldes, lo que
repercutiría en la orientación de las relaciones entre ambas ciudades y en el
prestigio de Cimón dentro de Atenas. Al revelarse el sentido exterior de sus
proyectos políticos, para el demos ateniense se aclararon también los aspectos
externos, revestidos de demagogia, pero consistentes más bien en que la
capacidad distributiva de los poderosos, enriquecidos gracias al trabajo del
demos, de los esclavos, de los tributos y de las acciones navales en que
participa el demos, aumenta su poder y aparta al demos del mismo. Éste se
dedica a los erga, labores económicas, productivas y de consolidación del poder
imperial, mientras deja los prágmata, la labor política, en manos de aquéllos,
que son los que ponen en circulación el dinero. El texto conocido como
"Anónimo de Jámblico" alaba esta actitud como creadora de circulación
frente a la tesaurización propia del hombre tiránico, aislado de la
colectividad. Aquél se encuadra dentro de la democracia, pero en una línea que
reproduce los aspectos económicos del arcaísmo.
El Areópago
Dice Aristóteles que, en el período subsiguiente a
las Guerras Médicas, en Atenas había gobernado el Areópago gracias a las
medidas que había tomado en el momento de la batalla de Salamina. Se trata,
pues, de un efecto del espíritu triunfalista, el mismo que llevaría a
intervenir en favor de Esparta a propuesta de Cimón. Sin embargo, después del
ostracismo de Temístocles, al inicio de la década de los sesenta, las
circunstancias comienzan a cambiar, seguramente por causas no ajenas a dicha
intervención. En efecto, mientras Cimón estaba ausente, en 462-61, en Atenas,
Efialtes lleva a cabo una serie de medidas que afectaban principalmente al
Areópago, tanto porque fueron acusados muchos de sus miembros por delitos
públicos, como porque la institución misma se vio privada de buena parte de sus
funciones. En relación con el primer aspecto, cabe pensar que aquí se encuadre
el desarrollo de las prácticas por las que los magistrados y cargos públicos se
someten en Atenas a la rendición de cuentas. Nadie estará libre en la
democracia de una sanción si su gestión no ha sido satisfactoria para el demos.
En este sistema, donde en el aspecto económico los controles siguen en manos de
las grandes familias, tal forma de supervisión popular limita la capacidad de
los poderosos para ejercer sus cargos con impunidad. Según Aristóteles, lo
fundamental fue que privó al Areópago de su papel de guardián de las leyes y
creó nuevos nomophylkes, para desempeñar esa función, mientras que otras fueron
atribuidas al Consejo de los Quinientos, la boule, y a los tribunales, la
Heliea, reclutada entre todos los miembros del demos. La consecuencia, en este
aspecto, afecta al arcontado, al que se priva de la capacidad de dar un
veredicto en cuestiones judiciales, ahora en manos del demos. Bien es verdad
que, anteriormente, los arcontes, al haberse designado por sorteo, habían
perdido funcionalidad política y atractivo como función desempeñada por la
clase dominante, por lo que no tuvo tanta importancia en la fama que
posteriormente acompañaba a las reformas de Efialtes, más atenta a lo que
afectaba al Areópago, organismo entonces en auge. Ahora quedaría limitado al
juicio por delitos de sangre, heredero de la justicia gentilicia, ya
estatalizada en tiempos de Dracón. Ese papel venerable mantendría su prestigio,
vinculado a la leyenda de la absolución de Orestes por el asesinato de su
madre, timbre de gloria de la Atenas mítica que sirvió de resolución dramática
conciliadora a la tragedia de los Atridas representada en la Orestiada
esquilea, en el año 458. Otra consecuencia fue el ostracismo de Cimón,
coherente con la misma reacción del demos, en el plano institucional y en el
plano individual. La represión de la revuelta de los tasios pudo colaborar,
pues de allí volvía cuando sufrió la condena, porque tal vez ponía de relieve
que las relaciones idílicas no eran posibles en el imperio tal como se iba
configurando, ni siquiera entre griegos. La teórica continuación de la guerra
contra los persas está empezando a dejar ver su otra cara, que afectaba a estas
otras relaciones.
La democratización
La reacción contraria se manifestó en el asesinato
de Efialtes, objeto de toda clase de elucubraciones entre los autores antiguos,
alguno de los cuales, citado por Plutarco, llega a atribuírselo a Pericles,
colaborador de Efialtes en las reformas y en los ataques a Cimón. La reacción
de éste ante las reformas no tuvo eficacia y, a pesar del asesinato, la línea
marcada por las reformas de Efialtes es la que continúa adelante, con el
protagonismo creciente de Pericles. Para muchos, éste fue el momento preciso en
que se implantó un sistema verdaderamente democrático, dentro de las
condiciones propias de la ciudad antigua, en Atenas. Las medidas se suceden y,
paralelamente, el cambio de iniciativa, cada vez más centrado en los intereses
del demos. Sin embargo, el protagonismo de Pericles sólo se hace evidente hacia
el año 450. Antes, el anonimato no permite atribuirle el protagonismo de
algunas de las medidas democratizadoras. Así, en el año 458-57, el arcontado se
hace accesible a los zeugitas u hoplitas, lo que representa un arma doble,
indicativa de cómo el proceso democratizador no se lleva a cabo sin altibajos.
En efecto, si la ampliación del cuerpo cívico capaz de acceder a la
magistratura es una medida indudablemente isonómica, tiene también otra cara,
pues de este modo se consigue una nueva diferenciación institucional dentro del
demos, donde quedan diferenciados los poseedores de tierra del demos
subhoplítico, relegado, sólo él, a quedar ajeno al arcontado. Bien es cierto
que el arcontado ha quedado muy desvirtuado con la designación por sorteo, lo
que quiere decir que el acceso hoplítico permanece en el plano del prestigio
social e ideológico, pero éste es muy fuerte en una época en que se configura
la mentalidad del hoplita como clase privilegiada, imitadora del héroe
legendario, identificada con los maratonómacos, cuando se está fraguando la
diferencia entre los méritos de Maratón y los de Salamina, forma de
compensación de las posibles ventajas reales obtenidas por ellos a través de la
política cimoniana, ahora desplazada. En 453/2, se crean los jueces de los
demoi, lo que sería un modo de acceso directo de los particulares a la vida
judicial para evitar las concentraciones en la ciudad que favorecían la acumulación
de poderes particulares. Tras estas medidas suele admitirse la existencia de
una democracia como la definida por Aristóteles, donde se puede acceder a las
magistraturas gracias al sorteo, mientras que la estrategia, basada en la
experiencia militar, pasa a convertirse en el verdadero vehículo de actuación
política de los individuos.
Los privilegios de la ciudadanía
Según Plutarco, entre las medidas de Pericles
estuvo la de establecer la misthophoría, o pago de indemnización por asistir a
funciones políticas. Lo hacía, dice, para competir con el evergetismo de Cimón.
De hecho, ahora la redistribución del beneficio del imperio se hará, por tanto,
a través del estado. La acción idion, privada, se sustituye por la acción
dernosion, pública. Ello significa que se priva a los particulares de
utilizarla en su proyecto. El redistribuidor deja de ser el particular para
poner la función en manos del demos, sin que ello quiera decir que no continúen
teniendo posibilidades de control los miembros de las grandes familias. Sin
embargo, controlada la ganancia por el demos, la flota se convierte básicamente
en instrumento para el mantenimiento de su propia libertad, a través de la
ciudadanía, situación que garantiza, no sólo no caer en la esclavitud, sino también
no caer en las condiciones económicas que pudieran obligarlo a realizar, como
libre, trabajos serviles. El demos controla y se beneficia del imperio, aunque
también se beneficien las clases dominantes, pero éstas han de actuar
políticamente en consonancia con los intereses del demos. Una vez que la
ciudadanía se ha convertido en arma privilegiada, su extensión se restringe,
hasta el punto de que otra de las medidas, coherente, atribuida a los primeros
momentos del predominio democrático de Pericles, es la del metréxenos, por la
que se excluye todo aquél cuya madre fuera extranjera. Según Plutarco, se tomó
para reducir el número de los beneficiarios de un concreto reparto de cereales
procedentes de Egipto, pago de la colaboración con Inaro, pero tuvo una
proyección mayor en la sucesiva conformación de las relaciones entre
ciudadanía, democracia e imperio. Según Plutarco, quedan fuera 10.040, pero
Filócoro habla de 4.700 ilegales.
Democracia e Imperio
El demos ateniense resultaba, sin duda, beneficiario
del imperio y en él se apoyaban sus posibilidades de conservar y prolongar la
democracia. Tales circunstancias crearon una mentalidad específica dentro del
propio demos y de sus dirigentes. En efecto, de este modo se configura la idea
que hace al demos ateniense, por una parte, consciente de su superioridad sobre
los demás griegos y, por otra parte, capaz de admitir una situación de
superioridad interna protagonizada por individuos de la clase dominante. La
estabilidad a que se llega en los años finales de la década de los cuarenta
facilita la consolidación de las formas ideológicas que acompañan a esta
específica coyuntura, donde se conjuga el imperialismo ateniense con la
democracia. En el interior, la democracia se personaliza para que el demos acepte
la dirección de las figuras de la aristocracia, como símbolos capaces de asumir
la superioridad brindada por el colectivo ciudadano. Para Tucídides, lo que de
nombre era democracia constituía de hecho el gobierno de un solo hombre. En la
práctica, ese hombre fue Pericles, un prostates del pueblo que era llamado
protos, el primero, y que era comparado con Zeus por sus contemporáneos. La
figura de Pericles se va erigiendo en modelo al que todos los políticos
posteriores, dentro de la democracia, tratarán de imitar. Igualmente, se erige
en el punto de partida de nuevas teorías que creen en la mente rectora del
mundo, el nous, o en el "hombre medida de todas las cosas". En
efecto, en torno a Pericles se forma una escuela de pensamiento que se revela
como la proyección ideológica del sistema mismo. Por este motivo y por el hecho
de que esta realidad se base en la existencia de una superioridad protagonizada
por Atenas, la visión se proyecta. La misma relación que existe entre Pericles
y los atenienses, que lo aceptan por colocarse por encima de todas las disputas
entre ellos, quiere verse en Atenas, directora de la Hélade en el plano
político, porque en sus manos estuvo la acción que llevó a la libertad y que
sigue llevando a ella, porque la superioridad ateniense, en este plano
propagandístico, es la que permite que el peligro bárbaro se halle controlado.
Por ello pueden invertirse los fondos de la Liga en la construcción de
edificios en Atenas, convertida en paideusis de Grecia, la escuela donde
aprenden todos los griegos, la que, según Pericles, en palabras reproducidas
por Tucídides, no envidia nada a nadie, sino que es ella misma objeto de
envidia. Tanto la democracia como el imperio vienen a ser expresión de una
misma realidad, formada por la relación entre un elemento colectivo y otro
individual, que ejerce, con méritos suficientes, una superioridad basada en el
consenso y la concordia.
La oposición de Tucídides de Melesias
En estas circunstancias en que se juntaban la paz
con Persia, los planes coloniales y la afirmación del imperio como elemento de
reforzamiento de la democracia, los sectores oligárquicos, según Plutarco, se
asustaron ante la posibilidad de que Atenas cayera definitivamente en manos del
demos, a pesar de que el dirigente teórico, personalizado, fuera Pericles. Por
ello, comenzaron a gestar planes dirigidos específicamente contra éste. Como
alternativa, se promueve la candidatura representada por Tucídides, hijo de
Milesias, a quien comparaban con Cimón, como si se tratara de hacer renacer una
política basada en la alianza con Esparta y en las relaciones sociales
expresadas principalmente en el evergetismo. El objetivo era que los oligarcas
recuperaran el control del estado. La campana de Tucídides se proyectó en las
acusaciones, dirigidas contra Pericles, de dilapidar el dinero público
procedente de los aliados en gastos favorables a la ciudad. El objetivo era,
por tanto, el tipo de redistribución que Pericles había ofrecido como
alternativa al evergetismo, el dinero demosion como fondo para el bien
colectivo. Según Plutarco, Pericles se ofreció a actuar en consecuencia. Si no
se admitía el gasto público para sus proyectos, emplearía sus dineros privados,
lo que fue rechazado por el demos que, evidentemente, se inclina por el sistema
que él mismo había preconizado. En relación con esto se encuentra, sin duda, el
ostracismo del año 444-43, promovido al parecer pensando que la popularidad de
Pericles podría considerarse peligrosa, por tender a transformar su
superioridad democrática en superioridad tiránica, como se dirá luego del
imperialismo. El resultado, sin embargo, fue que el mismo Tucídides resultó el
objeto de los votos negativos de la mayoría del demos. El sistema se halla en
un momento espléndido y la colaboración entre Pericles y el demos, basada en el
imperio, posiblemente se encuentra en su punto culminante.
La oposición
Las posibilidades de una actuación eficaz por parte
de la oposición cesaron de esta manera. De ahora en adelante, antes del
comienzo de la guerra del Peloponeso, no se conocen acciones en este sentido.
Se sabe, sin embargo, que existían movimientos contrarios, por supuesto, en las
ciudades del imperio que sufrieron algún tipo de represión, como los
representados por Meliso de Samos o Estesímbroto de Tasos. También en Atenas se
conoce un escrito significativo, posiblemente de esta época, la
"Constitución de Atenas" que aparecía entre las obras de Jenofonte,
pero cuyo autor real permanece en el anonimato. En ese escrito se critica el
tipo de relaciones establecido entre Atenas y las ciudades, sobre todo el hecho
de que los ricos de éstas tengan que acudir a los juicios a la cabeza del
imperio. Ahora bien, el autor sabe bien que todo ello ocurre porque el demos
obtiene beneficios y que todo el sistema se organiza así porque trata de
atender a los intereses del demos, frente a ricos, nobles y propietarios
agrícolas. El sistema democrático, desde su punto de vista, no es bueno, pero
si fuera bueno no podida servirle al demos en su propio beneficio. Se trata de
un escrito claramente contrario a la democracia, pero capaz de analizarla con
enorme lucidez. En los años anteriores a la guerra del Peloponeso, se conocen
algunas actuaciones contrarias a aquéllos que aparecen más próximos a la figura
de Pericles, a los llamados círculos intelectuales orgánicos, lo que se
interpreta habitualmente como modo de manifestarse los movimientos de
oposición, incapaces de dirigirse contra Pericles mismo. Anaxágoras, autor de
la teoría del nous o mente organizadora, que suele identificarse como teoría
del poder personal y democrático, fue objeto de una condena por tratar de los
asuntos del cielo, lo que se había prohibido a través del decreto de Diopites,
adivino a quien se consideraba vinculado a las prácticas oraculares délficas.
También fue condenado Fidias, el escultor de los frisos del Partenón, autor de
la Atenea que era símbolo de la ciudad misma y de las esculturas donde las
fiestas de la ciudad aparecen como representación de las pretensiones
integradoras de la nueva Acrópolis, de aspiraciones panhelénicas. Se duda si en
tales círculos contrarios a Pericles se encuentran representados los
aristócratas relegados en torno a Tucídides o si empieza a fraguarse un tipo de
política donde actúan los nuevos personajes que luego se definirán en figuras
como la de Cleón, tendentes a formas de demagogia que conducen hacia posturas
consideradas extremadas las aspiraciones imperialistas del demos.
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