Edad del Bronce y Grecia Antigua

3.- Factores políticos y económicos

 

En las guerras de los griegos contra los persas se deben de tener en cuenta factores políticos y económicos como el expansionismo persa, el papel de Esparta y la confederación griega, el ascenso de Temistócles al arcontado, el importante papel desempeñado por los maratonómacos, la creación de la flota ateniense o la concordia que se desarrolla en Atenas entre loas diferentes clases sociales.

 

Expansionismo persa en el siglo V a.C.

 

La revuelta jónica imprimió sin duda, a pesar de su fracaso, un giro en la política expansiva de los persas. Parece evidente que, para Darío, los límites marítimos, en principio símbolo del final de la tierra conquistada, equiparables a los límites del imperio lidio en Asia Menor, se convirtieron en un motivo de preocupación y de atención, materializado en esa pretensión de control de las ciudades griegas y, específicamente, de Atenas, que los griegos veían como una necesidad de venganza. Ahora bien, los controles de las zonas navales proporcionaron unos gastos y una renovación en las necesidades militares que afectaron al conjunto del sistema fiscal y a la organización de los controles mismos, que en las zonas continentales han llegado a un alto grado de perfección. Las dudas de Jerjes, reflejadas en las conversaciones que Heródoto cuenta como sostenidas con Atosa y de ésta con el espartano Demarato, en las que parece evidente que necesitó un fuerte impulso, apoyado en la descripción de los atractivos del mundo griego, pueden representar una parte de la realidad persa, en situación ambigua, mezclada con el propósito de venganza que le hacía llevar consigo al esclavo que le obligaba a acordarse de los atenienses. Su capacidad para un control eficaz queda clara en el hecho de que una buena parte de la clase dominante de las ciudades griegas viera en ella un modo de consolidar su propio poder, en luchas internas o en situaciones conflictivas agudizadas por las vicisitudes de la guerra y de los acontecimientos exteriores. Los intereses de los persas pueden definirse como parte de la dinámica imparable de un imperio necesitado del crecimiento para la propia conservación de sus fronteras, en las que hay un pueblo original comparado con los que hasta este momento habían sido las víctimas de su expansionismo.

 

Esparta y la Confederación Griega

 

La historia de los conflictos internos de Esparta durante este período se muestra en los enfrentamientos entre los reyes, como personajes representativos de las diferencias que pudieron existir entre diversos sectores de la clase dominante reflejadas en las actitudes hacia el exterior. Demarato, partidario de plegarse ante los persas y de llegar a un acuerdo con ellos, fue expulsado y, según Heródoto, fue él quien supo persuadir mejor a Jerjes, a través de Atosa, para que atacara a los griegos, en la idea de que así volvería a su patria y reinaría. Cleómenes, su rival, se mostraba antipersa y claramente tendente al panhelenismo. Fue el mismo rey que había favorecido la intervención espartana en Atenas dentro de los conflictos que sucedieron a la expulsión de la tiranía de los Pisistrátidas. Luego viene una sucesión extraña desde el punto de vista dinástico, paralela a las actitudes igualmente oscuras que caracterizaron en general a los espartanos en el período de las guerras médicas. Durante los anos centrales de la década de los ochenta su actitud era bastante próxima a la que manifestaba el oráculo de Delfos, que subrayaba, sobre todo, la inutilidad de los peligros que podía correr cualquier ciudad que se opusiera a los persas. Sin embargo, al final triunfó la actitud que llevaba a asumir la hegemonía de los griegos, como proyección de la hegemonía del Peloponeso. Con todo, su estrategia seguía tendiendo a limitarse a la península, salvo en algún momento en que, forzados por las circunstancias, acudían a posiciones lejanas, como Tempe o las Termópilas, la primera efímera, la segunda terminada en fracaso, en el que algo pudo tener que ver el exiguo numero de las tropas espartiatas que quedaron hasta el final. Sus intervenciones en Platea y Mícala, tras Salamina, venían impuestas por la necesidad de contrapesar el triunfo ateniense, actitud que no todos los espartanos compartían, pues al principal protagonista, Pausanias, su actitud agresiva le trajo repercusiones negativas, seguramente porque respondía a tendencias no del todo asimiladas en la generalidad de la clase dominante laconia.

 

El arcontado de Temístocles

 

La década de los noventa, la que se había iniciado con la revuelta jónica, a la que los atenienses colaboraron con veinte naves, fue en Atenas escenario de conflictos, donde la herencia de los tiranos y las tendencias renovadoras de la democracia se encuentran involucradas con los efectos de la presencia persa en el Egeo. Pisistrátidas y Alcmeónidas están presentes en los asentamientos costeros afectados por la expansión y por sus acciones represivas o protectoras de determinados grupos colaboracionistas dentro de la política de las ciudades. Mientras Hipias era protegido de los persas, en el 496-95 desempeñaba el arcontado en la ciudad de Atenas un Hiparco, miembro de la misma familia de los tiranos, a pesar de que antes la misma asamblea había votado el apoyo a la revuelta antipersa. Por otra parte, en el año 493, el poeta trágico Frínico representó su obra "La captura de Mileto", acerca de los recientes acontecimientos, ocurridos cuando la ayuda ateniense ya se había retirado, tal vez porque ya entonces dominaba una política menos hostil a los persas. La obra es de las pocas, conservada sólo los "Persas" de Esquilo, que se refieren a acontecimientos históricos recientes, dentro de un género que habitualmente tiene el mito legendario o heroico como tema. Así se convierte en heroico el drama reciente de la ciudad. Ahora bien, según Heródoto, el público no pudo reprimir su dolor y, consecuentemente, multaron al autor. El corego, ciudadano encargado de los gustos de una liturgia o función pública cara pero productora de gran prestigio, había sido Temístocles, del genos de los Licómidas, no especialmente brillante, pero considerado hostil a los Alcmeónidas, en unos momentos en que parecen acercarse los intereses de éstos a los de los Pisistrátidas. Si bien Frínico fue multado, sin embargo, al año siguiente Temístocles fue elegido arconte. Tal vez, paralelamente, se hubiera producido un acercamiento a Milcíades, que a su vez había roto con los Pisistrátidas. Las luchas gentilicias reflejaban las tensiones que afectaban a la población en su conjunto, en proceso de consolidación como democracia, para la que los apoyos exteriores, imprescindibles, resultaban oscilantes debido a la alteración de las circunstancias, entre las que la presencia persa y la política externa espartana desempeñaban también un papel.

 

Los maratonómacos

 

El año de Maratón el estratego fue Milcíades y en la batalla desempeñó un gran papel, no tanto en el plano militar como en el político, pues fue quien convenció a los atenienses de que era necesario hacer frente a los persas, tanto para que salieran a su encuentro como para que iniciaran el enfrentamiento armado. Milcíades aparecería como el héroe de los maratonómacos, el ejército hoplítico ciudadano que heredaba colectivamente la virtud de los héroes legendarios, plasmada simbólicamente en el túmulo de Maratón y en las pinturas del Pórtico que más tarde realizaría Parrasio. Fue el triunfo de los hoplitas frente a las grandes familias que, en la transición a la democracia, habían desempeñado un papel del que habían obtenido un provecho plasmado en su capacidad de influencia externa. Era el caso de Hipias, Pisistrátida, que estuvo también en Maratón, pero en una nave persa, para aconsejar el lugar de desembarco y para recibir las señales que le enviaban los miembros de la familia de los Alcmeóniclas desde la ciudad. Después de terminar la batalla, sin embargo, Milcíades, tras una expedición fracasada a Paros, fue condenado a pagar una multa. Poco después murió a consecuencia de las heridas recibidas en la expedición. Aristóteles, en la lista expuesta en la "Constitución de Atenas" donde enumera a los dirigentes del demos, a los que opone otra lista de jefes oligárquicos, coloca a Milcíades entre estos últimos, mientras que el dirigente del demos que sitúa en paralelo es Jantipo, yerno de Megacles, del genos de los Alcmeónidas, lo que demuestra la movilidad dinámica del momento. La tradición democrática representada por los Alcmeónidas, desde el punto de vista de Aristóteles, se ve, por intereses concretos, vinculada a los persas junto con sus enemigos Pisistrátidas, mientras que Milcíades, promotor del combate hoplítico, queda ligado a esa oligarquía que, de algún modo, se ve superada por el proceso democrático.

 

De Maratón a Salamina

 

Para los maratonómacos, según Plutarco, la batalla hoplítica había significado el final del peligro persa, mientras que para Temístocles no había sido más que el principio de la lucha contra esa forma específica de dominio. La década subsiguiente resulta rica en sucesos significativos de los movimientos contradictorios dentro de las tensiones que, en las clases dominantes, reflejan transformaciones más profundas. Este es el momento en que realmente empieza a ponerse en práctica el ostracismo, como arma de lucha contra la tiranía, pero también porque esa lucha era el modo de manifestarse todos los conflictos. Cualquier modo de sobresalir podía colocar al individuo de familia aristocrática en posición peligrosa. Su poder y su popularidad podían servir de fundamento para transformarse en tirano, pero también, por sus contrincantes, para acusarlo de aspirar a la tiranía. La lista de personajes sometidos al ostracismo en la década resulta en sí misma significativa. En el año 487, fue condenado al ostracismo Hiparco y, en el 486, Megacles Alcmeónida, aunque algunos de los óstraka hallados se refieren a Temístocles, alternativa que se ofrecía dentro de la lucha política del momento. Para el 485, los datos son oscuros, aunque se menciona a algún amigo de los tiranos, tal vez un tal Calixeno, hijo de Aristónimo, o Calias, al que algunos óstraka califican como medo. Junto a la tiranía está presente la actitud favorable a los medos. Seguramente fue esto también lo que influyó en el ostracismo de Jantipo, padre de Pericles, que se había opuesto a Milcíades y había tenido un activo papel en su condena. Finalmente, en 483 ó 482, fue sometido al ostracismo Arístides, llamado el justo, de quien se decía que carecía de fortuna, lo cual puede querer significar que no pertenecía a ninguna de las familias que controlaba social, económica y políticamente la vida ateniense en los momentos de transición a la democracia. Como Temístocles, podía ser resultado de los nuevos tiempos. Fue, por otra parte, uno de los últimos arcontes elegidos, en 489/8, pues en el 487 se reformaría el sistema para que fueran designados por sorteo entre quinientos candidatos elegidos en los demoi. La anécdota que cuenta Plutarco, según la cual un campesino analfabeto le habla pedido al propio Arístides que escribiera su nombre en el óstrakon porque estaba harto de oirlo llamar justo, muestra el peculiar papel de la institución, destinada a evitar que quien adquiriera demasiado prestigio sintiera la tentación de transformarse en tirano. De ahí procedió la tradición de que los atenienses se deshacían de sus mejores benefactores.

 

La flota ateniense

 

El último de los casos de ostracismo que tuvo lugar antes de la batalla de Salamina, el de Arístides, parece poder relacionarse con el problema de la orientación de la estrategia militar ateniense hacia la marina y, paralelamente, con una nueva concepción de la función económica redistribuidora de la polis. Arístides aparece vinculado tradicionalmente con los maratonómacos, mientras que en esos años se aprueba la política propuesta por Temístocles de dedicar los principales esfuerzos públicos a la construcción de doscientas naves, para hacer frente a las rivalidades con Egina, todavía vigentes. De hecho, el peligro persa seguía igualmente presente e incluso renovado con los preparativos de Jerjes. Los equilibrios externos e internos permanecen como factores condicionantes, no determinantes. Según Aristóteles, Temístocles, como dirigente del demos, se opone a Arístides como sucesor de Milcíades entre los nobles, al que acompañaba en Maratón como estratego. Paralelamente, los atenienses descubrieron un nuevo filón metalífero en Maronea, en las minas de Laurio, lo que, en el momento de disfrutar de los beneficios como ciudad democrática, poseedora de bienes demosia, públicos, pertenecientes al demos, planteó un problema especifico de procedimiento. La reacción inmediata fue la propuesta de distribución, con lo que la ciudad sustituía de modo directo al rico, capaz de practicar el evergetismo a través de la distribución de excedentes entre las colectividades cívicas. Triunfó, sin embargo, una propuesta alternativa presentada por Temístocles, según la cual la ganancia había de emplearse en la flota y utilizarse masivamente con la intervención de los ricos, que realizaban así su función litúrgica con dinero público en beneficio público. El mecanismo, aparentemente conservador, desde el momento en que seguía depositando en manos de los ricos la función redistribuidora, avanzaba sin embargo en el camino de la consolidación de la función pública, como instrumento de empleo, en beneficio de la colectividad, de los que eran ingresos de la colectividad. Temístocles, luego, interpretaría como proyecto de construcción de la flota el oráculo de Delfos que aconsejaba la construcción de un muro de madera, con lo que el protagonismo de la guerra y el peso de la victoria pasaría a manos de los thetes, los tripulantes de las naves, procedentes de la clase subhoplítica. Así, la táctica militar orientaba las transformaciones sociales, de modo que la imagen de Salamina y la política naval de Temístocles aparecen con una doble cara en el panorama transmitido por la tradición, como fundamento de la salvación de Grecia frente a los persas, imagen que domina durante la época triunfal de la democracia, y como factor creador de los elementos destructores propios de las ciudades volcadas al mar, eje de la interpretación histórica del platonismo y de las secuelas que aparecen reflejadas en la tradición recogida por Plutarco.

 

La concordia

 

La proximidad de los persas produjo reacciones contrarias a las tendencias dominantes los años anteriores. Si en éstos las tendencias dominantes fueron la de la disgregación y la manifestación de las diferencias internas, que afectaban a distintos órdenes de la vida en común, ahora, el peligro próximo, una vez tomada la decisión de resistir, impulsó a la solidaridad, hasta el punto de reclamar el regreso de los personajes que habían sido sometidos al ostracismo. Algunos de ellos pasaron a desempeñar un papel importante en la batalla, como Arístides, encargado de la fuerza hoplítica estacionada en la isla de Psitalea, lugar estratégico de gran importancia, situado en plena zona de desarrollo de los acontecimientos navales. Por otra parte, la decisión de evacuar la ciudad dio al Areópago un papel protagonista en todo el proceso, considerado como mecanismo de transferencia de la polis, definida como unidad de los hombres, no identificada con sus murallas. La ideología de la unidad era capitalizada por los organismos tradicionales, como depositarios del espíritu ateniense, en el que empieza a definirse la función de unificador de Grecia como patria común, a pesar de las diferencias que se han mostrado a lo largo de la guerra. Las tensiones entre ambos modos de ver la realidad se proyectan en la historia sucesiva, donde momentáneamente se impone la concepción unitaria de Arístides, Jantipo o Cimón, frente a quienes veían la configuración de nuevos peligros en los contactos con otras ciudades griegas. La confluencia de intereses navales de algunas de las familias implicadas anteriormente en alianzas colaboracionistas con los persas y de los intereses del demos subhoplítico crea una situación particular que influirá en la configuración de la nueva época.