4.- Atenas y Esparta
La historia del siglo VI caracterizada por el
predominio de unas relaciones conflictivas y variables entre Atenas y Esparta,
ha llegado a plantear un problema historiográfico de difícil solución. En
efecto, toda la atención conduce a considerar a estas dos ciudades como los
protagonistas virtualmente únicos de la historia de Grecia. Pero no se trata
sólo de un problema de atención y de hábito historiográfico, sino del resultado
de la naturaleza de las fuentes que, a su vez, es el efecto de esa misma impresión.
Todas ellas vienen a referirse principalmente a la historia de esas dos
ciudades. Si para el siglo V, aunque de modo discutible, pudiera admitirse que
su presencia hegemónica impone sus condiciones al conjunto de las ciudades
griegas, que así quedarían encuadradas de modo globalizado bajo dicho
protagonismo, mucho más complicado es admitirlo para la época arcaica, donde
múltiples ciudades, metrópolis o colonias tuvieron un papel que desempeñar, de
gran valor en el conjunto de Grecia y del Mediterráneo. Por otra parte, ese
protagonismo se viene a reducir en el fondo a la ciudad de Atenas. El peso de
su producción cultural es tal que la imagen que se posee de Esparta está
mayoritariamente mediatizada por la transmitida por los atenienses, para
quienes Esparta fue rival de las guerras de los siglos V y IV, pero también
modelo como sistema político digno de imitación para los sectores oligárquicos
que en Atenas sólo veían los efectos perniciosos de la democracia. Esparta fue,
pues, la ciudad antagónica y el modelo invertido. Esa imagen se proyectaba
hacia el pasado, hasta el punto de que en muchos casos se retrotraían los
conflictos y rivalidades, hasta la época de los Heráclidas. De hecho, Esparta
tendía a quedar recluida en el Peloponeso, salvo en las esporádicas
intervenciones exteriores del siglo VI, cuando entre Atenas, frente a la
tiranía, en el proceso conflictivo que a pesar de la intervención espartana
llevó a la democracia. Este sería el extremo histórico y real de los
antecedentes antagónicos que partirían de la época heroica. La rivalidad era
consecuente con las diferencias políticas, entre oligarquía y democracia. Las
realidades anteriores responden a circunstancias diferentes y es difícil hallar
motivos de fricción real, pues tampoco las posibilidades expansivas de Atenas
se dirigieron nunca hacia el Peloponeso.
Esparta
La tradición legendaria transmitida en la épica
homérica situaba en Esparta el reino de Menelao, el rapto de Helena, la casa de
Tíndaro y las relaciones amorosas entre Zeus y Leda. Contrariamente a lo que
ocurre con otros centros micénicos, aquí la arqueología ha podido constatar
sólo la existencia de restos muy pobres de edificación como los que reciben el
nombre de Menelaion, al que se atribuía la cualidad de palacio del rey, o el
santuario de Amiclas, al sureste de Esparta, al margen de abundantes
yacimientos no constructivos a las orillas del Eurotas y en el golfo Laconio.
La cerámica corresponde sobre todo al Heládico Tardío III B. La construcción
más sólida donde puede percibirse una continuación con el estilo geométrico es
la de Amiclas, donde se estableció el culto de Apolo sobre el de Jacinto, de
origen aparentemente prehistórico, dedicado al niño divino, símbolo de la
recuperación primaveral, en peligro de muerte anual. Al margen de este centro,
el resto parece haber quedado prácticamente despoblado hacia 1100, hasta
mediados del siglo VIII. Por otro lado, la tradición se refiere al retorno de
los Heráclidas como acontecimiento posterior a la guerra de Troya, fundamento de
una imagen de Esparta como ciudad típicamente dórica. Junto al dialecto dorio
se considera huella sintomática de los efectos del proceso migratorio la
existencia de las tres tribus que se repiten en otros centros considerados del
mismo origen, Hileos, Dimanes y Pánfilos. La clase dominante se considerará
heredera de los Heráclidas, dorios por su procedencia, pero predorios por
representar el retorno por el que reivindicaban el territorio del que habían
sido expulsados. De hecho, da la impresión de que el abandono que se nota desde
el siglo XI pudo ser aprovechado por tribus de pastores inmigrantes que tienden
a configurar una nueva sociedad estructurada y estable.
CONSTITUCIÓN ESPARTANA.
La arqueología muestra que,
a finales de la Edad Oscura, el siglo VIII representa el marco de la
recuperación en territorio laconio y la ruptura con el aislamiento. Muchos de
los instrumentos metálicos hallados son de nueva factura, aunque de algún modo
tienden a imitar a los antiguos y a producir la impresión de continuidad. En la
realidad, las espadas de hierro imitan las antiguas de bronce, pero los
recursos técnicos son nuevos aunque las formas reflejan la tendencia a imitar
el pasado, lejano pero prestigioso. Entre continuidad y ruptura no puede
establecerse una disyuntiva radical, pues ambas propuestas son reales. El
modelo micénico se adapta a los nuevos recursos materiales y a la nueva
realidad de una guerra móvil, individual, donde el carro sirve de transporte
para combatir a pie. Tal estructura corresponde a un nuevo modo de controlar el
territorio. Junto a ello, la situación que empieza a ser conocida desde el
siglo VIII revela igualmente una nueva forma de organizarse las relaciones
humanas. La tradición hace notar que las diferencias sociales se corresponden con
las que se forjarían entre los dorios y los predorios, pero, al mismo tiempo,
tal identificación puede responder más bien a la imagen que se hacían los
espartanos de tiempos posteriores de su pasado. De hecho, el rey Cleómenes se
presenta como no dorio, con lo que parece paradójico que se identifique a los
dorios con las clases dominantes y que el rey niegue pertenecer a ellos. Puede
pensarse que ya está configurada la estructura que define como privilegiados a
los espartiatas y como clase oprimida a los hilotas, pero, al mismo tiempo,
determinados datos hacen pensar que lo que se fragua en el siglo VIII es el
conjunto de las condiciones necesarias para que se llegue a plasmar esa
diferencia y ese modo concreto de explotación del trabajo.
LA ÉPOCA DE LICURGO.
En este siglo VIII se produce
en Esparta, como en la mayor parte de Grecia, aunque con caracteres
específicos, el renacimiento. En las tradiciones espartanas, el fenómeno se
identificaba con la figura de Licurgo, al que se asigna no sólo una legislación
constitucional integradora de todas las instituciones espartanas, fuera cual
fuese su procedencia y su cronología real, sino también algunos otros rasgos
que sirven para señalar el momento histórico en el plano cultural. Licurgo
había participado como fundador de los Juegos Olímpicos en el año 776 y había
sido el introductor de los poemas homéricos en Laconia. Así se representaban
los espartanos la conciencia de participar en la corriente cultural que
arqueológicamente también aparece señalada con la aparición de figuras con
casco de origen oriental y escudos decorados que responden al mismo ambiente.
Ya hacia el año 700 se define el santuario de Menelao, sobre un antiguo lugar
sagrado de época micénica, hecho indicativo de la difusión de los conocimientos
sobre tradiciones épicas, adaptados a los nuevos intereses. De este modo se
forma también la tradición que define a Orestes como antepasado de los
espartanos y se buscarán por ello sus huesos en Tegea. Esta tradición se usará
como motivo del ataque a Tegea, en Arcadia, pues la Pitia, según Heródoto, les
prometió la victoria si los encontraban. La tradición admite que hallaron
huesos de gran tamaño, propios de los héroes gigantescos a que aluden los
poemas homéricos. Según un papiro publicado en 1979, los Heráclidas tuvieron
que luchar con los hijos de Orestes, y en ocasiones los espartanos justificaban
el privilegio de mandar sobre confederaciones de ciudades griegas en el hecho
de que de este modo aparecían como descendientes de Agamenón, que había dirigido
a todos los griegos en la guerra de Troya. Esparta salía, pues, de su
aislamiento al recibir influencias del exterior y acogerse a los movimientos
culturales del momento y al comprometerse en intensos movimientos expansivos
debidos a su propia dinámica interna, que aprovechaban igualmente los fenómenos
culturales para tejer un entramado ideológico. Las figurillas de bronce
laconias halladas en Olimpia, procedentes de esta época, resultan indicativas
del uso precoz del santuario panhelénico, elemento reforzador de la presencia
en el exterior. Paralelamente, en el reino de Arquelao y Carilo, que la
tradición atribuye a los anos 775-760, los espartanos conquistaban la zona
noroeste de Laconia, tras una consulta al oráculo de Delfos que estaba entonces
en su época de mayor prestigio. Es posible que se trate de los primeros reyes
que desempeñaron juntos su función en esa peculiar institución de los
espartanos que es la diarquía y que no ha llegado a explicarse con
satisfacción. Sólo un pacto de realezas con sus pueblos dependientes en el
proceso de unión territorial puede explicar esa especie de sinecismo en que en
lugar de desaparecer la basilea, se multiplica. Al mismo período se atribuye
arqueológicamente la configuración de sistemas centralizados que incorporan las
aldeas, la última de las cuales fue la de Amiclas, centro de tradiciones
religiosas de gran prestigio, que se remontaban a tiempos micénicos. La
organización colectiva queda configurada en cinco obas, pero tal vez la última
unificación tuviera lugar sólo entre el conjunto de la primera agrupación y la
que se reunía en torno a Amiclas, capaz de conservar su propia basileia.
ESPARTA Y MESENIA.
Las mismas direcciones
introducidas en época de Licurgo, la cultural y la conquistadora, continúan en
la segunda mitad del siglo VIII con tendencia a agudizarse e intensificarse. El
estilo geométrico tardío se innova en la misma medida que el estilo argivo con
la introducción de elementos decorativos formados por meandros y líneas en
zigzag, pero también con el inicio de la representación figurativa humana y de
animales, de danzantes, de guerreros y de caballos. Por otro lado, ya en el
reino de Teleclo, que ocupa la mitad del siglo, se conoce la existencia de
colonos establecidos en Mesenia al tiempo que las fuentes describen una
situación de rivalidad y de violencia interior, de lucha entre las diferentes
comunidades que se hallan en proceso de integración. Este fue, sin duda,
conflictivo y la conflictividad tiene consecuencias en el modo de actuar hacia
el exterior. En el campo de las explotaciones agrarias, el resultado fue la
creación de dependencias en las zonas limítrofes. La consolidación de la unidad
dio como resultado que determinadas comunidades con su oikos situado en
posición marginal, las de los perioikoi o periecos, quedaran excluidas en el
momento de definirse la comunidad política. En efecto, en las guerras médicas,
según Heródoto, Demarato, espartano prisionero del rey Jerjes, le contaba que
había muchos lacedemonios, pero que eran pocos los que participaban en
condiciones de igualdad en la polis de Esparta. Las otras eran poblaciones
rurales sometidas a un modo específico de dependencia, sancionada por la
carencia de derechos políticos. En época del rey Teopompo, a finales del siglo
VIII, tuvo lugar, según la tradición, la primera guerra mesenia que acabó
transformando el territorio del suroeste del Peloponeso en terreno conquistado
y a sus habitantes en hilotas.
LOS HILOTAS.
En tiempos posteriores, los hilotas se
identificaban frecuentemente con los mesenios, pues habían llegado a constituir
el principal núcleo. Así, se plantean las dudas sobre su existencia anterior,
aunque la opinión dominante se inclina por la respuesta afirmativa. Dentro de
ella caben matices acerca del posible carácter predorio de los que se habían
visto sometidos a tal condición o acerca de la posibilidad de admitir una
evolución interna, donde la acumulación de tierras del período formativo de la
polis tuviera como consecuencia el empobrecimiento y sumisión de masas campesinas
de volumen no fácil de calibrar. En cualquier caso, tal sumisión aparece
normalmente relacionada con la intervención en Mesenia, incluso dentro de la
versión que permite deducir una evolución interna. Según Estrabón, se
convertirían en hilotas los que no fueron a Mesenia en el ano 725, aunque en
otra ocasión el mismo autor se refiere a los que se habían resistido a la
sumisión dentro del proceso de configuración interna de la sociedad espartana.
La sumisión interna se vería favorecida por el fortalecimiento de los
conquistadores, ahora más poderosos gracias al territorio y a la población
sometida en el exterior. Estrabón también se refiere al pago de una apophorá,
de un tributo, que asimilaría el sistema a una dependencia de tipo tributario.
Los mismos antiguos dudaban al definir el tipo de dependencia al que se sometía
a los hilotas. Algunos aspectos hacen pensar en esclavos de la comunidad, pero
a veces también se revelan lazos de dependencia personal, contradicción que se
resuelve en la idea de que sólo pertenecen al ciudadano particular en tanto que
es miembro de la comunidad y disfruta de la tierra cívica. El hilota dependía
del kleros al que se vincula y es explotado directamente por éste.
SEGUNDA GUERRA MESÉNICA.
Los finales del siglo son
testimonio de un momento de gran prosperidad entre los vencedores espartanos.
El templo de Ártemis Ortia se llenó de ricas ofrendas indicativas de la
existencia de una poderosa clase aristocrática. El desarrollo del estilo
orientalizante y del comercio de lujo se proyecta en la presencia de artistas
de origen laconio en Olimpia, donde abundan las figurillas productos de las
ofrendas de vencedores en los juegos, símbolo de la riqueza y de los deseos de
obtener prestigio para consolidar el poder en una sociedad que se configura en
diversos grados de dependencia. En el santuario de Menelao abundan las ofrendas
dedicadas a Helena y, al mismo tiempo, se desarrolla la escritura laconia. En
los inicios del nuevo siglo, el gusto por la cultura se traduce asimismo en la
presencia de poetas de origen extranjero, como Terpandro y Alcmán, encargados
de dar ornato a las fiestas con que se autoafirma la sociedad de los
vencedores. La prosperidad tiene, no obstante, otra cara visible entre los
explotados. En el año 706 tuvo lugar, desde Esparta, la fundación de Tarento.
Que en sus orígenes estaba el peligro de conflictos se manifiesta en la
narración de Diodoro, que trata de una revuelta de epaunactas o partenios,
términos de contenido discutible, pero que tienden a definir a aquellos que
quedaban marginados en el proceso de organización de la colectividad. Se habían
agrupado en torno a Falanto, pero se evitó el conflicto intentando primero
apoderarse del territorio de Sición, a lo que se opuso el oráculo de Delfos, el
que luego les aconsejó la fundación de Tarento. Los tarentinos se definen como
hijos de vírgenes, es decir, de padre no reconocido. La formación de la polis y
de la ciudadanía deja fuera a quienes carecen de hopla, a quienes no pueden
hacerse hoplitas por carecer de las tierras donde se consolida el sistema de la
transmisión patriarcal de la sociedad por el que se reconoce la paternidad. En
los principios del siglo VII tuvo lugar el enfrentamiento con Argos en disputa
por el territorio de la Tireátide, al noroeste de Laconia. La derrota de los
espartanos suele atribuirse a la superioridad del ejército hoplítico que se ha
desarrollado en Argos en la época de Fidón, mientras el ejército espartano se
halla todavía en proceso de formación, condicionado por los intereses de la
aristocracia dominante. Poco después, a los problemas internos se suma la
revuelta que se conoce con el nombre de segunda guerra mesénica. Los poemas de
Tirteo para exhortar a los soldados ponen de relieve que ahora ya, frente al
antiguo ejército tribal cargado de indicativos épicos, los soldados se mueven
condicionados por las estructuras de la falange hoplítica. Los poemas de Tirteo
resultan así una fuente excepcional para conocer la mentalidad subyacente a la
nueva estructura militar impulsora de reformas de orden político y social.
LA RHETRA.
Parece evidente que la segunda guerra
mesénica constituyó un factor clave para determinar el sentido de la
constitución espartana. El texto de la misma se transmite en la forma arcaica
que había recibido del oráculo de Delfos, gracias a la "Vida de
Licurgo" de Plutarco. Aquí se atribuye a Licurgo el texto por el que la
población estaba distribuida en tribus y en obas o aldeas, por el que se instituye
la gerousia o consejo de ancianos, compuesta por treinta miembros incluidos los
dos reyes, y por el que se atribuye la decisión final al pueblo reunido en la
asamblea de la apella. Según Plutarco, en la época de Teopompo y Polidoro, tras
la guerra, se añadió un epílogo por el que las decisiones del pueblo quedaban
sometidas a la aprobación de los ancianos y reyes que podían disolver la
asamblea en caso de que consideraran que sus medidas eran torcidas. Tirteo, en
sus versos, recoge ya la síntesis completa y se refiere en plural a los que
fueron a consultar el oráculo, con lo que parece evidente que ya está pensando
en Teopompo y Polidoro como organizadores del nuevo sistema, en que la
oligarquía se somete en condiciones de guerra a las decisiones minoritarias de
reyes y gérontes. Sin embargo, Heródoto cree que aún así permaneció la
kakonomía, que sólo se tornó en eunomía en el siglo VI en la época de León y
Agasicles, a partir de la cual, tras varios fracasos, se llevó a cabo la
conquista de Tegea y el asentamiento del sistema hilótico sobre unas
estructuras muy rígidas en el plano político, que afectaban incluso a la
participación de los libres con derechos, a los espartiatas. La arqueología,
así como las listas de vencedores olímpicos, demuestra que en efecto los
espartiatas poderosos seguían luciendo sus riquezas con tesoros no amonedados,
frente al conjunto de los hoplitas que participaba de la comida en común,
syssition.
EL EFORADO.
Tras la instauración de la eunomía los
espartanos consiguieron la victoria sobre Tegea y la adquisición de nuevos
hilotas. Se discute mucho sobre si ahora es cuando se instaura el eforado,
resultado de la nueva situación o procede de la anterior organización de la
comunidad aldeana. En cualquier caso, es en este momento cuando se hace visible
su papel, capaz de lograr el equilibrio social entre la riqueza de los pocos y
las aspiraciones de los muchos. El éforo cuyo papel resulta simbólico es
Quilón, al que los antiguos incluían entre los siete sabios, elemento
definitivo en la creación de la eunomía en que deja de haber restos
arqueológicos de grandes riquezas y conflictos sociales. Es éste sin duda el
inicio de la historia de la Esparta clásica.
Atenas
Según la tradición, reproducida y fomentada de
manera constante por el espíritu patriótico ateniense, Teseo era al mismo
tiempo el fundador de la democracia y el creador del sinecismo. La primera
atribución se debía a la concepción desarrollada a partir del gobierno de los
tiranos y la instauración de la democracia, según la cual la disyuntiva básica
en el vocabulario político era la existente entre el poder personal y el poder
colectivo. Lo que la tradición atribuía realmente a Teseo era la difuminación
del poder entre las familias aristocráticas y la desaparición de la primitiva
monarquía. Ésta, la basileia, consistía en la concentración del poder en manos
de un solo gobernante, perteneciente a una de las familias aristocráticas, en
torno al que, según Tucídides, los atenienses anteriores a Teseo sólo se
agrupaban cuando había algún peligro exterior. Se trataba de una monarquía
militar capaz de agrupar a las poblaciones en torno a sí por sistemas próximos
a los descritos en los poemas homéricos. Entre las varias tradiciones
referentes a la realeza ática, la más destacada es la que incluye a Cécrope,
fundador del matrimonio con el fin de acabar con la promiscuidad. En su tiempo
tuvo lugar la disputa entre Poseidón y Atenea por el patronato del Ática y el
triunfo de la última gracias al voto de las mujeres. La irritación del primero
hizo que para aplacarlo los atenienses privaran del voto a las mujeres y
establecieran la filiación patrilineal. A esta época se atribuían, pues, las
primeras pautas de una organización estatal. Otro episodio de interés es el que
habla del combate entre Erecteo y Eumulpo por la realeza, indicativo de la
rivalidad entre las grandes familias, capaces de acceder a la basileia,
antepasados de Erecteidas y Eumólpidas, representativos de los cultos de la
Acrópolis y de Eleusis, respectivamente. Se señala también con ello la dualidad
guerrera y sacerdotal de la antigua realeza. Arqueológicamente, el episodio se
relaciona con los restos micénicos de la Acrópolis y del santuario eleusino de
Deméter. El templo de Erecteo será un venerable testimonio de las raíces autóctonas
de los atenienses, que consideraban que en su historia no había solución de
continuidad desde los tiempos más primitivos.
TESEO Y EL SINECISMO.
Durante ese período los
atenienses vivían distribuidos en pequeñas polis, con sus órganos de gobierno
agrupados en torno a señores aristocráticos que concentraban en el oikos la
actividad económica. Desde Teseo, los oikoi se unifican en un solo órgano
político, con lo que desaparece la anterior función regia y se crea una nueva
solidaridad que tiene su manifestación en la nueva polis, con una sola boulé y
un solo pritaneo, gobernada por los arcontes. La tradición es capaz de
reproducir nombres de arcontes desde el siglo XI. El proceso de transformación
largo y seguramente conflictivo, que para alcanzar su plenitud hubo de durar
con toda probabilidad a lo largo del período oscuro, queda sintetizado en el
mito de Teseo. El período oscuro aparece dominado por la aristocracia
gentilicia, con referencia a basilei, que tienden a quedar relegados frente a
los arcontes vitalicios, representativos de un alargamiento del sistema, donde
las rivalidades familiares se disuelven en la nueva solidaridad, necesaria para
afianzar las nuevas formas de control de los bienes, cada vez más atractivos, y
para resistir a las presiones de una población creciente. En esa época se
consolida el sistema por el que cada una de las cuatro tribus (phylai) está
dividida en tres phratríai y cada una de éstas en un número indeterminado de
eugeneis, los de un genos conocido, gnorismoi, que monopolizan el mérito de las
antiguas hazañas de guerras, aristeiai, y se erigen en áristoi, capaces de
competir por la basileia. Pero frente a la competitividad se impone la
solidaridad del sinecismo y el poder se ejerce por nueve arcontes, uno más
destacado que da nombre al año, epónimo; otro que recibe el poder militar,
polemarco, seguramente heredero del jefe del ejército regio, cuando el rey
sobrevivía a pesar de no ser capaz de dirigir las fuerzas militares o no
querer, porque tenía ya el suficiente prestigio para nombrar a un colaborador
dedicado a ello; el tercero heredaría, como sacerdote, el título de basileus;
finalmente, otros seis se encargan del establecimiento y custodia de las normas
legales, thesmoi, los tesmótetas.
SOCIEDAD ARCAICA.
La continuidad ática se percibe
en la aparición temprana de la cerámica geométrica, que enlaza con el
submicénico en sus aspectos locales. Pronto se convirtió en paradigma y en
modelo, así como en punto de partida de la exportación. En principio, el lugar
de la transición se sitúa en el cementerio del Cerámico, a partir de 1100 a.C.,
pero cuando llega el período de las grandes ánforas funerarias, con la
maravillosa decoración poblada de animales, carros y hombres tendentes a
reproducir las hazañas de los héroes o sus rituales funerarios, entonces los
cementerios más lejanos tienden a contener los mejores ejemplares, mientras que
el Cerámico pierde parte de los signos de estatus. Es la época de gran apogeo
del llamado Maestro del Dípilon, coincidente con la definición del hierro como
material utilitario que tiende a convertir al bronce en objeto de prestigio,
ricamente ornamentado. Las tumbas del ágora se llenan de objetos de lujo de
metales preciosos. La configuración resulta complicada. La aristocracia que
manda en la polis se enriquece, pero también se encuentra en una posición mas
complicada con respecto al resto de la población. De hecho, Plutarco atribuye a
Teseo la distribución de la población en tres partes, Eupátridas, Geómoros y
Demiurgos. A los primeros les habría adjudicado las funciones políticas,
legales y religiosas; los segundos destacarían en cambio por su utilidad, y los
terceros sólo se caracterizarían por su masa. El sinecismo sintetiza como
proceso la creación de un sistema de gobierno aristocrático capaz de integrar
no sólo a las poblaciones campesinas, sino también a los que desempeñan las
funciones vinculadas a las nuevas características de la ciudad que como centro
político tiende a convertirse igualmente en centro redistributivo de las rentas
y creador de nuevas actividades secundarias en torno a la producción básica
agrícola.
EL INTENTO DE TIRANÍA DE CILÓN.
Así, durante el
primer siglo del arcaísmo, en Atenas crecía la actividad marítima, puesta de
relieve principalmente por la existencia de la cerámica exportada. Ello
facilitaba los contactos, al menos por parte de algunos sectores de la
población, con otras ciudades y centros panhelénicos de donde, junto con las
ganancias, procedían también los impulsos paralelos que podían favorecer los
intentos de cambio. Es el caso de Cilón, que muy probablemente hacia el año 632
llevó a cabo un intento de instaurar la tiranía en Atenas. Según Tucídides, era
vencedor en alguna prueba olímpica, como hombre de origen noble y poderoso
dentro de la ciudad. Está, pues, encuadrado en la aristocracia que ejercía su
poder a través de los mecanismos que permitía la ciudad del momento y que, a
través de su participación en los juegos de Olimpia, obtenía un prestigio
dentro de la ciudad que podía proporcionarle el manejo de los mecanismos de
control. Además, se había casado con la hija de Teágenes, el tirano de Mégara,
con lo que no sólo define su encuadramiento como miembro de la parte de la
aristocracia tendente a rivalizar por el poder, aunque para ello hubiera que
romper las solidaridades de la clase y apoyarse en fuerzas equivalentes del
exterior, sino que, al mismo tiempo, adquiere esos apoyos a través de las
solidaridades panhelénicas heredadas de los métodos heroicos de la
aristocracia, en que la hospitalidad entre familias podía llegar a estar por
encima de los enfrentamientos bélicos. Cilón se apoyaría en Teágenes y en sus
propios amigos del interior de Atenas. Sus métodos son, pues, los de la
aristocracia, aunque hubiera de controlar grupos marginales para luchar frente
a otros de la misma clase. Cilón consultó al oráculo de Delfos, institución que,
como la Olimpiada, representa el panhelenismo aristocrático y con la que, en
sus primeros momentos, los tiranos sostienen relaciones normales hasta que se
vio que los intereses generales de la aristocracia iban por otro camino. La
Pitia le aconsejó que ocupara la Acrópolis de Atenas el día de la fiesta mayor
de Zeus. Cilón, en su calidad de vencedor olímpico, interpretó que se trataba
de las Olimpiadas, fecha en que pudieron acudir de los campos a oponerse a sus
intentos, y los nueve arcontes organizaron el asedio que acabó con la huida de
Cilón y la muerte de algunos de sus colaboradores, a pesar de haberse refugiado
en lugar sagrado. Ello fue motivo de que los Alcmeónidas, que habían organizado
la represión, tuvieran sobre sí la mancha del sacrilegio, recordada cada cierto
tiempo como arma contra el genos o contra Atenas, pero también de que
adquirieran fama de ser los adalides de la oposición a la tiranía. Dicen que
Cilón tenía que haber elegido la fecha en que se celebraban las Diasias, la
mayor fiesta de Zeus en Atenas, dedicada a Zeus Miliquio, a quien se hacían
ofrendas no sangrientas y en el campo, porque de este modo los atenienses se
habrían encontrado fuera de la ciudad. Al margen de las rivalidades gentilicias
y de las implicaciones panhelénicas, también el campesinado ático desempeñó un
papel al oponerse a un intento que posiblemente se apoyaba en las novedades que
se producían dentro de la población urbana, sin que el campesinado pudiera
percibir las ventajas.
LA LEGISLACIÓN DE DRACÓN.
El año 621/620 es el que
se considera como momento adecuado para situar un hecho por lo demás
extremadamente oscuro, el de la legislación atribuida a Dracón. Lo más claro en
sus contenidos se refiere a la estatalización de los juicios por delitos de
sangre, que vienen a estar en manos de los philobasileis, los jefes de tribu
que perviven con carácter militar, antecedentes de los estrategos y de los
ephetai, institución oscura pero reveladora de la tendencia del texto hacia la
profundización en la labor jurídica de las instituciones supragentilicias. Al
margen de las referencias a la "Política" aristotélica, se conoce una
inscripción en que se hace una reproducción tardía del texto legal y en ella
destaca la importancia que da a las condiciones de ciudadano o extranjero
(polites, xenos) en los trámites legales del proceso. Da la impresión de que la
politeia va cobrando entidad en sus repercusiones jurídicas. Por ello, a pesar
de que en la "Política" Aristóteles dice que sólo consistía en la
recopilación de la tradición existente, puede también tenerse en cuenta el
texto de la "Constitución de Atenas" donde el mismo autor o los
miembros de su escuela se refieren a las condiciones económicas precisas para
desempeñar determinados cargos y, sobre todo, a que la politeia se atribuía a
los que eran capaces de proporcionarse armas, hopla. El proceso legal y la
circunstancia social permitían así consolidar el poder de la oligarquía
hoplítica, al menos como definición de la politeia y ampliación hacia los que
se consolidan como campesinos libres hasta poder emanciparse de las clientelas
aristocráticas. Por supuesto, con unos datos tan precarios no es posible
determinar el alcance exacto de la ampliación.
LAS REFORMAS DE SOLÓN.
La fijación exacta de los
limites sólo se produjo con las reformas llevadas a cabo por Solón, en el
arcontado del ano 594. Una de las medidas fundamentales fue la determinación y
evaluación de las fortunas en términos agrarios, sobre la base del medimno como
medida de los cereales, pero, según Plutarco, con el establecimiento de
equivalencias en ganado y en términos monetarios, aspecto este último sometido
a crítica, pues no hay acuerdo sobre la difusión de la moneda o equivalentes en
esta época. Es posible que algún tipo de sistema promonetal, al menos, se
estuviera generalizando. En la ciudadania quedan incorporados los thetes, los
que se hallan por debajo de los ciento cincuenta medimnos, que, sin embargo, no
tienen participación en la boulé, órgano representativo de las cuatro tribus,
donde se integran los miembros de la ciudadanía activa. Ésta está constituida
por los hoplitas, denominados zeugitai en la legislación, aludiendo con ello al
aspecto agrario, a la yunta. Sólo por encima de los trescientos medimnos podía
el ateniense tener acceso al arcontado, cuando estaba encuadrado entre los
hippeis o hippotai, los miembros de la caballería. Dentro de esta clase
aristocrática ampliada existe un grupo más restringido que posee los quinientos
medimnos y así se denominan pentakosiomedimnoi, de quienes no se conocen
atribuciones específicas y que puede tratarse de un grupo de prestigio
diferenciado sólo en el plano de los reconocimientos sociales como gene,
miembros destacados próximos a los sacerdocios. Solón, uno de los siete sabios,
recibió sus atribuciones legisladoras como mediador en un violento conflicto
creado dentro de la ciudad y mostró en la práctica la ideología de la medida,
al intentar colocarse en medio sin permitir que los ricos abusaran o que los
pobres llegaran a ser como los ricos, según expone en sus versos elegíacos,
modelo de la poesía lírica representativa de la aristocracia arcaica no
competitiva. Según Aristóteles, lo peor de la politeia del momento era que la
mayoría estaba esclavizada por no tener ningún derecho. La expulsión del cuerpo
cívico pone al hombre al borde de la esclavitud en un momento en que, por el
desarrollo económico y los intercambios, tal institución comienza a difundirse
por las ciudades griegas. En la práctica, la situación se concretaba en que
quienes se habían apoderado de las tierras esclavizaban a los pobres y lo
habían hecho a través de las deudas. Los pobres caen en la situación de pelatai
o hectemoroi, término este último alusivo a la parte que deben entregar a los
dueños. El primero, menos concreto, equipara a los campesinos áticos con los
clientes romanos de época arcaica, forma de dependencia similar a la que
amenazaba al campesinado ático de principios del siglo VI. Como la situación
era conflictiva y existía el peligro de que algún aristócrata intentara romper
la solidaridad de su clase por apoyarse en el descontento campesino y acceder a
la tiranía, funcionó momentáneamente esa solidaridad y se entregó a Solón la
posibilidad de la reforma, de cambiar para que nada cambiara. La medida
principal fue la sisactía, la descarga de las deudas y obligaciones que pesaban
sobre el campesinado. Con la estructuración censataria citada, la politeia
disminuía, le quedaba reconocida también a los thetes, sin tierras suficientes
de la ciudad, para desempeñar las funciones secundarias que la nueva urbe
requería, en los intercambios y en las manufacturas. Paralelamente, la
explotación del trabajo esclavo permite liberar de la presión al campesino de
la ciudad y estructurar la comunidad de modo que la politeia, incluso la mínima,
sirva de protección frente a la dependencia, de la que queda libre el
ateniense. Al parecer, ekklesía y heliea, órganos de plena participación
ciudadana con funciones legislativas y judiciales, respectivamente, cobran en
este período un nuevo impulso de gran trascendencia posterior como arma de la
actuación política del demos subhoplítico.
LA TIRANÍA DE PISISTRATO.
A pesar de la
estructuración realizada por Solón, las tensiones continúan. En el plano de las
rivalidades gentilicias, un arconte, Damasias, pretendió prolongar el cargo de
modo irregular. En el plano de la representación política, la importancia del
arcontado se reveló, según Aristóteles, en que para intentar apaciguar la
situación se eligieron nueve arcontes, cinco eupátridas, tres agroicos y dos
demiurgos, representantes de la nobleza, el campesinado y las actividades
artesanales que caracterizan ahora la ciudad. Luego, el conflicto o stasis se
había quedado definido, según Heródoto, como un enfrentamiento entre los
atenienses de la costa, páraloi, de la paralia, lugar junto al mar o playa, y
los de la llanura. Los primeros estaban encabezados por Megacles, del genos de
los Alcmeónidas, que al parecer tenían sus tierras en las zonas costeras
próximas a Laurio, al sur del Atica, y los segundos tenían como dirigente a
Licurgo, de los Eteobútadas, que suelen situarse en el demos de Bútadas, al
noroeste de la ciudad. En esa disputa vio la oportunidad de intervenir
Pisístrato, a cuyo padre, Hiparco, mientras sacrificaba en Olimpia, se le había
aconsejado que no tuviera hijos. Era un peligro para la estabilidad
representada por la aristocracia olímpica y defendida por los espartanos frente
a los tiranos. Pisístrato pertenecía al genos de los Filaidas que se remontaba
a Codro, rey de Atenas, descendiente de los Neleidas de Pilos. Se apoyaba en
los diacrios o hyperakrioi, los que están a lo largo de o mas allá de las
montañas. La Diakria se situaba al noroeste, entre Parnés y Braurón, donde se
halla File y el demos de los Filaidas y se rinde culto a Artemis Brauronia.
Fingió un atentado mientras se dirigía al campo y pidió ayuda al demos,
apoyándose en el prestigio adquirido en su función como estratego frente a
Mégara luchando por el puerto de Nisea y por Salamina, donde se sabe que se
implantaron clerucos, colonos con una parcela de tierra, kleros, nuevo modo de
solución de los problemas de la explotación agraria. La asamblea le concedió
una guarnición de korynephoroi formada por individuos de la ciudad, astoi,
ajenos al ejército hoplítico, con la misma denominación que la clase
dependiente de Sición. Posiblemente, también en Atenas se vivían tensiones que
podían llevarlos a la dependencia. El proceso iniciado con Solón tiene como
virtual efecto su salvación, garantizada de hecho por Pisístrato. Así se
introduce igualmente la práctica del misthós, de la paga para formar parte del
ejército, medida alternativa y paralela, en desarrollo, a la exclusividad de
los ejércitos hoplíticos. Según Aristóteles, los grupos en discordia podían
definirse por los lugares en que cada uno practicaba la agricultura, pero
también por criterios de orden político. Así, Megacles y los Alcmeónidas
representaban la mese politeia, la constitución equilibrada tan querida por
Aristóteles, la de Licurgo buscaba la oligarquía y Pisístrato resultaba ser el
mas demótico y popular. Si las definiciones de los primeros grupos responden a
los matices internos de la actitud que puede adoptar el genos aristocrático en
su modo de distribución del poder, definida ésta más bien de acuerdo con las
circunstancias de tiempos posteriores, Aristóteles especifica, en cambio, que
en torno a Pisístrato se alineaban los que se habían quedado descargados de las
deudas, porque continuaban en la miseria, aporía, y los que no estaban
claramente integrados en el sistema gentilicio, es decir, los segregados y los
absorbidos en la práctica política soloniana, que habían pasado a constituirse
como thetes. Cuando se expulsó la tiranía, éstos serian sometidos a una
revisión para la determinación del voto en las asambleas. Plutarco dice que sus
partidarios estaban formados por la masa de los thetes. Es evidente que en la
lucha gentilicia Pisístrato ganó apoyos ajenos a las clientelas aristocráticas
y territoriales, lo que lo convirtió en el más próximo al demos. Pisístrato fue
expulsado por la alianza entre Licurgo y Megacles. Sin embargo, luego este
último lo hizo volver con la promesa de entregarle la mano de su hija, pero
Pisístrato no quería tener hijos con ella. Las alianzas entre familias no daban
el resultado buscado y tuvo que marcharse. Había entrado en la ciudad bajo la
protección de una curiosa Atenea, representada por una corpulenta mujer tracia
vestida de hoplita, tal vez en busca de nuevos apoyos en la ciudad a través de
un patriotismo algo burdo, según lo cuenta Heródoto, con el servicio de los
tracios, donde Pisístrato busca metales y mano de obra esclava en una nueva
visión de las relaciones económicas y sociales. Pisístrato regresaría con
nuevos apoyos, desde Eretria, en Eubea, con el respaldo económico de Tebas,
ejércitos argivos que recibían un misthós, hombre y dinero de Lígdamis de
Naxos, apoyado para obtener a su vez allí la tiranía. Nuevas relaciones
internacionales se van fraguando en el desarrollo de las tiranías. Pero al
desembarcar en Maratón, también recibió el apoyo, tanto desde la ciudad como de
los distritos rurales. Las minas de Laurio, en Ática, y Pandeo, en Tracia, se
convertirían en su apoyo económico, el que le permitiría encargarse, él solo,
de los problemas de la comunidad y prescindir del ejército del demos, al que
hizo deponer las armas ante el templo de Teseo, en el ágora. Según Aristóteles,
ayudaba a los pobres para que cultivaran la tierra y no tuvieran que estar
constantemente presentes en la ciudad. Con ello pretende estabilizar a la clase
campesina, lo que hace que en el futuro aparezca entre ellos como un nuevo
representante de la edad de oro. Alternativamente, la ciudad adquiere un nuevo
auge como centro cultural y religioso. Allí se traslada el culto de Ártemis
Brauronia y los festivales rurales de Dioniso, transformados así en Dionisias
Urbanas, lugar de desarrollo de los festivales dramáticos. También las fiestas
Panatenaicas adquirirían nuevo vigor, sobre todo en la época de sus hijos
Hipias e Hiparco. Este fue considerado una especie de mecenas cultural de la
ciudad y de su transformación edilicia. Pero fue muerto en uno de los
festivales por rivalidades aristocráticas, complicadas al parecer por celos
amorosos de tipo homosexual, por obra de Harmodio y Aristogitón, que luego
recibirían culto como tiranicidas como si fueran héroes de la democracia. En el
siglo V, Tucídides pondrá en guardia a sus lectores contra esta interpretación.
El historiador advierte que sólo más tarde fue derrocada la tiranía y ello con
el apoyo de los espartanos.
LOS PRIMEROS PASOS DEMOCRÁTICOS: CLÍSTENES.
A la
caída de la tiranía volvieron a encontrarse enfrentados los miembros de la
aristocracia, Iságoras, al que Aristóteles considera amigo de los tiranos, tal
vez como modo de oponerlo a Clístenes, de los Alcmeónidas, familia considerada
democrática y antitiránica. La lucha no se resuelve entre hetairíai, pues
Clístenes, en situación de inferioridad en ese plano, acude al demos, al que,
según Heródoto, trata como su hetairía. Alternativamente, Iságoras acude al rey
espartano Cleómenes, con quien la familia mantenía las clásicas relaciones
aristocráticas y panhelénicas de hospitalidad, xenía. Una vez más en el
enfrentamiento se hallan entrelazados los conceptos de aristocracia y lucha
gentilicia, de tiranía y de democracia, o búsqueda de apoyos populares,
elementos que funcionan de modo contradictorio pero confluyente, para hacer
comprensible la complejidad de la realidad social del momento. Iságoras, con
sus amigos y el apoyo espartano, disuelve la boulé y expulsa a setecientas
familias, seguramente las que formaban el entramado clientelar de los
Alcmeónidas, para establecerse como dueño de la ciudad con trescientos de sus
amigos. La multitud reaccionó de modo contrario, expulsó a Cleómenes y los
suyos e hizo venir a Clístenes como prostates o presidente del demos y como
hegemón, términos no institucionales, resultado de que el demos se había hecho
dueño de la situación. Sobre estos condicionantes se inician las reformas
democráticas.
LA DEMOCRACIA.
Básicamente, la transformación
consiste en una nueva estructuración del sistema tribal en el que, por un lado,
se introduce el cálculo decimal como modo de racionalización. Las tribus pasan
a ser diez y en ellas se encuadra toda la población sin tener en cuenta el
antiguo sistema de cuatro tribus. En efecto, según Aristóteles, la reforma
buscaba la anameixis, la mezcla de toda la población, prescindiendo de los
vehículos tribales por donde se ejercía la influencia aristocrática. Clístenes,
en efecto, ha triunfado gracias a su apoyo en el demos, no en los lazos
representados por los hetairoi. Anteriormente, el sistema tribal consistía en
cuatro tribus, dividida cada una de ellas en tres phratríai. Éstas se
fundamentan en un conjunto indeterminado de gene. Los Eupátridas eran, de
hecho, los eugeneis que controlaban el sistema a través de la estructura de la
phratría. Clístenes recupera como fundamento el demos, unidad territorial donde
se agrupaba, al estilo de las comunidades aldeanas, la población campesina. De
este modo, la libera de las dependencias gentilicias al mismo tiempo que amplia
el sistema y lo adecúa a la ciudad, con lo que agrupa en demoi las poblaciones
de la ciudad (asty), de los territorios costeros (paralia) y de la mesogaia,
las tierras del interior. Hay, pues, tres tipos de demos, que se agrupan a su
vez en treinta trittyes. Cada una de estas trittyes está formada por un demos
de un solo tipo, del asty, de la paralia, o de la mesogaia. De este modo, la
trittyes se configura como un simple modo de agrupación, sin fundamento
gentilicio. Por otra parte, cada una de las tribus está formada por tres
trittyes (tercios), una de cada tipo, de tal manera que la tribu obtiene una
estructura heterogénea y sirve de crisol para la mezcla de la población. Desde
ahora, la onomástica ática se transforma para dar paso, frente al genos, al
demos, de modo que Clístenes Alcmeónida queda sustituido por una fórmula del
tipo Sócrates (hijo) de Sofronisco, del demos de Alopece. Los jefes militares
de la tribu pasan a mandar sobre unidades heterogéneas de hoplitas, como
phylarchoi, con tendencia a convertirse en los verdaderos jefes políticos de la
polis. Los que eran orgeones, de estirpe desconocida, y los gennetai quedan
integrados en una sola unidad. La nueva estructura permite a Clístenes
inscribir en la tribu a quienes antes eran extranjeros y esclavos metecos, es
decir, a quienes por no tener la ciudadanía quedaban al margen de los derechos
cívicos y podían transformarse en esclavos. Ahora se garantiza el estatuto de
meteco para quienes no siendo ciudadanos se consideran dignos de protección
frente al creciente sistema esclavista. El sistema decimal influyó en el
calendario político y en la boulé, ahora de quinientos, cincuenta por cada
tribu. Si Aristóteles comparaba, en el antiguo sistema, a las tribus con las
estaciones del ano y a las phratríai con los doce meses, porque en cada uno se
ejercía la pritanía o presidencia permanente por una de las fratrías, con
residencia en el Pritaneo, pequeño edificio dentro del ágora, ahora las
pritanías corresponden a las diez tribus, en un calendario político de diez
meses que se superpone al de doce, vigente todavía en el plano religioso para
festivales y rituales. El origen antitiránico del sistema se tradujo en la institución
del ostracismo. Cada año se votaba en la asamblea si era preciso que la ciudad
se preservara de alguna amenaza tiránica y, de ser así, se celebraba algún
tiempo después una sesión específica en que cada uno escribía sobre un
óstrakon, o fragmento cerámico recogido del suelo del ágora, el nombre de la
persona a la que consideraba peligrosa. Era necesario un alto quorum para que
alguien fuera condenado al ostracismo, es decir, a permanecer diez años alejado
de la ciudad, conservando, sin embargo, sus derechos y propiedades. Hasta el
periodo conflictivo coincidente con las guerras médicas no se conoce la
aplicación del sistema, usado ahora como arma en los conflictos políticos,
tanto que la arqueología ha detectado en los depósitos de fragmentos la utilización
de mecanismos para influir en los votantes, a través de la inscripción de un
determinado nombre en un número considerable de óstraka que debía de estar
dispuesto para repartirse entre los ciudadanos en el momento de la reunión.
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