16.-
Tránsito a la civilización
El
final de la Edad Oscura se conoce justamente como Renacimiento griego,
pero no se trata de un milagro, sino del resultado de un largo proceso
en que van fraguando características de una nueva sociedad y de nuevas
formas culturales. Movimientos de pueblos, contactos con otros pueblos,
procesos de integración y de rechazo, disolución de los antiguos mecanismos
de control en otros nuevos, sobre la base del manejo de los metales, adaptación
de las tradiciones a los cambios, todo ello se conjuga para explicar la
aparición de un nuevo mundo, que no nace de la nada, pero pretende igualarse
al pasado remoto y prestigioso más que al inmediato pretérito oscuro y
poco lucido. En el nuevo uso de los restos materiales y en la adaptación
de las formas conocidas por la memoria, elaboradas al tiempo que se da
solidez a las tradiciones, va creándose una cultura que tendrá el rasgo
propio de adaptarse al proceso de creación de la polis sin perder su identidad
aristocrática. Pues, de hecho, las formas culturales fraguan en centros
palaciegos, donde el basileus, aristócrata destacado, capaz de crear clientelas
a su alrededor, se hace heredero del pasado micénico para dar el paso
hacia lo nuevo con capacidad para dominar los aspectos más destacados
del mundo imaginario. Una vez que se ha apropiado del pasado, la transferencia
crítica hacia la polis queda ideológicamente en sus manos, hasta el punto
de que para toda la historia de Grecia permanecen marcadas las señales
de identidad cultural, para ser utilizadas por cualquiera de las formaciones
sociales que, al mismo tiempo, resultan de este modo condicionadas por
sus rasgos principales. Las nuevas sociedades de la Grecia arcaica adoptan
como arma ideológica las tradiciones creadas cuando las aristocracias
regias de la época oscura consolidan su poder en el mundo del oikos, en
el que se apoyaron las civilizaciones urbanas de la época arcaica. A las
puertas del arcaísmo, la sociedad homérica representa un modo específico
de organización cuyo rasgo más duradero ha sido el de la creación de una
imagen perdurable, patrimonio cultural de la humanidad. Su capacidad para
expresar la vinculación con el pasado de las sociedades en formación es
precisamente parte del secreto que permite seguir disfrutando de sus logros
como de un bien eterno, productor de emociones y de sensaciones relacionadas
con la creencia en la solidaridad humana no porque enmascare, sino más
bien porque revela de modo ejemplar el sentido de los conflictos entre
los hombres, entre las clases, entre los pueblos, entre las generaciones.
Ése es el primer momento favorable a que la humanidad se piense críticamente
a sí misma. El renacimiento constituye un fenómeno que realmente se forma
en el proceso del palacio a la polis.
De
la tribu a la ciudad
Las
agrupaciones gentilicias y las relaciones de clientelas que se consolidan
durante el período oscuro, en la misma dinámica organizativa en que se
sustenta el renacimiento, hacen posible la organización tribal como modo
de encuentro de la dinámica que lleva a la polis. Así, es difícil establecer
la procedencia, una vez eliminada la concepción lineal que exige la creación
de una institución detrás de la otra. En efecto, frente a una concepción
excesivamente evolucionista, que concibe el proceso como una marcha ascendente
hacia el Estado, desde genos y la phratría hacia la phylé y la polis para
llegar al Estado territorial helenísticorromano, culminación de la historia
antigua, algunos autores, sobre la tradición de Max Weber y de De Sanctis,
a partir de nuevos argumentos de Bourriot y Roussel, han llegado al extremo
opuesto para considerar que genos y tribu son sólo formas de organizarse
la ciudad a través de la subdivisión funcional. En cualquier caso, gracias
a tales argumentaciones se ha podido llegar a una actitud más flexible
y capaz de observar en cada caso formas específicas de desarrollo. En
cada caso, el genos ha adoptado un papel diferente, según la capacidad
de control que han sido capaces de acumular determinadas familias para
imponer su presencia en el tránsito hacia la organización estatal. En
ese proceso, las grandes familias dirigentes, al acumular el poder y el
control sobre bienes materiales y sobre colectividades humanas, han podido
igualmente controlar los hilos de la organización colectiva para hacer
del propio genos el único reconocible. Sólo sus miembros necesitan imponer
la genealogía para hacerse reconocer como eugeneis, herederos de un genos
conocido, gnorismós. Al organizarse las comunidades en tribus, los gene
pudieron convertirse en elementos clave para la integración y, de ese
modo, el control de los medios de agrupación fue acaparándose por los
miembros de aquellos. Cuando en el proceso formativo y en los movimientos
migratorios las agrupaciones se consolidaron a través de acciones dirigentes
de la ascendente clase dominante, la tribu se va haciendo campo de ejercicio
de su mismo dominio. Sin embargo, las tribus como tales parecen estar
presentes por lo menos desde las épocas previas a la distribución y a
los asentamientos. Los dorios, por su parte, con sus tres tribus repetidas
en las organizaciones de cada ciudad, y los jonios con las suyas, cuatro
en este caso, parecen portadores de esa tradición desde el período postmicénico,
cuando las comunidades sufren el proceso de dispersión desde previas organizaciones
que han creado en ellos criterios de agrupamiento. En lo que se refiere
a las agrupaciones intermedias, trittyes, fratrías o heterías participan
igualmente de una naturaleza dinámica, pues si bien en el primer caso
la terminología refleja un contenido exclusivamente numérico y, por tanto,
resultado de un acto voluntario, las otras dos reflejan aspectos del parentesco,
restos de las organizaciones primitivas basadas en el mismo. La dinámica
organizativa de la ciudad parece haberse servido, una vez más, de instituciones
primitivas para adaptarlas a las formas de organización estatal en crecimiento
que resultan así nuevas, pero también arraigadas en la tradición que reflejaría
la naturaleza genética del grupo.
El
sinecismo
Los
primeros asentamientos que darían lugar al desarrollo de una polis aparecen
normalmente relacionados con sitios más antiguos, santuarios o palacios
que habían quedado abandonados o poco utilizados y ahora vuelven a cobrar
vida como lugar de desarrollo de las comunidades que tienden a asentarse.
Los señores aprovechan los lugares y los vuelven a utilizar, a veces como
tumbas donde identificarse con el pasado heroico. Los centros donde se
manifiesta el prestigio de los príncipes se transforman, con el asentamiento
mismo, en el centro de la vida pública, donde se imparte justicia y se
regula la vida de la comunidad, donde la autoridad garantiza su protección
y su arbitraje y recibe los dora de los miembros de la comunidad. El desarrollo
económico que lleva al renacimiento, paralelamente al desarrollo cultural,
provoca al mismo tiempo, sin embargo, el inicio de conflictos que afectan
a las relaciones del oikos al agudizarse las formas de explotación junto
con el crecimiento de los bienes de consumo que incitan a aumentar el
excedente. Asentamiento del poder y acumulación de tierras, coincidentes
con la consolidación de una colectividad asentada, tendente a la autoconciencia
como comunidad, se convierten en foco de conflictos. Los gérmenes ya aparecen
en "Los trabajos y los días" del poeta beocio Hesíodo, pero
sus efectos se revelan en la búsqueda de nuevas solidaridades entre los
miembros de la clase dominante. Da la impresión de que los diferentes
oikoi tienden a juntarse bajo el rey sólo con motivo de acciones bélicas,
de defensa o conquista. La capacidad de cohesión y de reparto, en sus
tensiones, se reflejan en "La Ilíada". Aquiles puede apartarse
del grupo como reacción al comportamiento de Agamenón, que actúa de modo
despótico en el reparto del botín. La cohesión definitiva se produce cuando
el conflicto procede de los antagonismos sociales. Ante la presión campesina,
los oikoi se juntan en el sinecismo, syn-oik-ismós, unión de oikoi, para
crear nuevos organismos de gobierno, de solidaridad aristocrática, para
repartirse la arché. El basileus queda integrado en el sistema como archon-basileus,
uno más de los arcontes, el encargado de los aspectos religiosos de la
actividad común. Los phylobasilei pueden conservar su función militar
a la cabeza de la tribu, phylé, pero el poder objetivo se reparte entre
los arcontes, símbolo de la solidaridad aristocrática que acumula el poder
al tiempo que impide que nadie lo monopolice. Tal es al menos lo que ocurre
en muchas ciudades conocidas, aunque en otras, como Corinto, la aristocracia
siguió significando el gobierno de una sola familia, los Baquíadas.
Nacimiento
de la civilización griega
Al
final de la Edad Oscura ha tenido lugar ya el nacimiento de la civilización
griega como cultura capaz de expresarse, aunque sea muy parcialmente,
por escrito. Entre las condiciones necesarias para ello se encuentra tanto
la posibilidad objetiva de los griegos de cobrar en contacto con los fenicios
como la subjetiva de asimilar y adaptar el correspondiente préstamo exterior.
Así, da la impresión de que las diferentes variedades de escritura que
se difunden en Grecia al principio de la edad arcaica se derivan de una
sola, resultante de los contactos de los griegos asentados en Siria antes
del final del siglo VIII. Éstos fueron capaces de difundirla entre varias
ciudades de Grecia gracias a sus viajes y al desarrollo de las formas
de cambio que también favorecían la difusión del instrumento representado
por la escritura, que facilitaba el registro y los cálculos. La tradición
que atribuye al legendario Cadmo la introducción del alfabeto sirve de
testimonio, tanto para reconocer entre los griegos la conciencia del origen
fenicio del mismo como para determinar algunos de los puntos por los que
se extendió en primer lugar, Creta, Rodas y las Cícladas, presentes en
el recorrido legendario del héroe. Los materiales escritos más antiguos
conservados son lógicamente los duros, en que hay huellas de actividades
económicas y expresiones de propiedad sobre objetos de uso y prestigio.
Ahora bien, también comenzaron a utilizarse materiales blandos, como las
pieles, que permitían una mayor agilidad para la redacción, favorecida
por el nuevo tipo de escritura, de signos sencillos y de valor multiplicativo,
gracias a las posibilidades combinatorias, con valores fonéticos abstractos
adaptables a las sílabas. Ahora bien, esto sólo era posible gracias a
las modificaciones introducidas en el sistema a través de las vocales
y de los sonidos que no existían en la lengua semitica. Por ello, el alfabeto
griego fue, a pesar de todo, una creación original, la única que permitió
que la tradición oral de ricos matices se plasmara en creaciones literarias
duraderas y modélicas, para constituir la base canónica de los instrumentos
ideológicos donde se asentaba la nueva sociedad, la que igualmente se
ha confinado a lo largo de los siglos oscuros.
Festivales
La
nueva civilización, en su aspecto panhelénico, se manifestaba principalmente
a través de los poemas escritos y de los festivales donde, entre otras
actividades, se realizaban concursos de aedos que los recitaban, al tiempo
que se iban estableciendo los cánones característicos de una cultura atenta
a modelos específicos. Según la tradición, el año 776 se inauguraron las
Olimpiadas, una vez que se habían reglamentado las formas espontáneas
correspondientes a pruebas de iniciación y competiciones por el acceso
a distintas formas de realeza. Ahora ya se han establecido calendarios
rigurosos y se han reglamentado las pruebas para la participación de individuos
de diversa procedencia. Pruebas atléticas y concursos literarios y artísticos
se conjugan para llevar a cabo una grandiosa demostración de los aspectos
mas significativos de la cultura griega en su renacimiento. Las pruebas
se realizan primeramente para celebrar los funerales de los héroes, como
Patroclo, en los que, según "La Ilíada", se hacían sacrificios
en su honor, incluidos los de prisioneros, al tiempo que los jóvenes participaban
en juegos, índice de heroización que beneficiaba a los aristócratas o
basilei. El propio Hesíodo asiste en Eubea a los juegos en honor de Anfidamante,
para competir con un himno que le dio la victoria y que consagró a las
musas del Helicón. Luego, los festivales quedaban consagrados a los dioses,
a los que ofrecían sus habilidades los miembros de la comunidad helénica,
representados por los miembros de la aristocracia que, para conservar
su capacidad de control, se habían integrado en las comunidades concretas
en que se fragua la polis. Allí se exhibían realmente los áristoi para
consolidar su poder como representantes de una clase privilegiada, heredera
de las virtudes de los héroes homéricos y de los basilei de la Edad Oscura.
Mitología
En
la imagen que Grecia ha transmitido de sí misma, es muy difícil prescindir
del mito como algo que sirve de punto de referencia para cualquier aproximación.
Literatura y artes plásticas se sirven de la mitología griega para expresar
ideas estéticas o para reflejar una determinada concepción del mundo.
Que ello sea así encuentra sus fundamentos en los mismos orígenes de la
civilización griega, pues sus primeras expresiones tuvieron que ver en
gran medida con ese mito. Todo el bagaje cultural recopilado oralmente
desde la época en que la actividad predominante era la caza va acumulándose
a lo largo de los siglos en un proceso de conservación, cambio y adaptación
que lo convierten en un material riquísimo, al tiempo que provisto de
una gran complejidad y dificultad de interpretación. Cada cambio deja
su huella en un producto vivo de la memoria colectiva, seguramente por
su carácter eminentemente oral. Sin embargo, cuando llega el momento de
la plasmación por escrito, el mito continúa vivo y el que existan versiones
canónicas no impide que los artistas lo usen de manera libre para expresar
nuevas preocupaciones relacionadas con nuevos cambios en la marcha del
proceso histórico. No obstante, igual que para la épica y para la estructuración
del panteón, el momento crítico para la estabilización del mito es la
época arcaica en sus orígenes, cuando el final de los siglos oscuros permite
arrojar nueva luz sobre el pasado, adaptarlo a las necesidades presentes
y encuadrarlo en un conjunto que ofrece los instrumentos para apoyar ideológicamente
tanto el panhelenismo como el particularismo de cada una de las entidades
que tienden a transformarse en una polis. El período oral, del Paleolítico
a la escritura alfabética, se sintetiza en un sistema complejo y polisémico,
suficientemente ágil para conservar su vitalidad como instrumento del
pensamiento y de las mentalidades los períodos arcaico y clásico de la
cultura griega.
CULTO.
La evolución histórica que puede identificarse con el período de la edad
oscura significó también en el plano religioso la sistematización de los
cultos, en el tránsito de los palacios a la ciudad, de la prehistoria
a la historia. Junto a los cultos panhelénicos, relacionados con el desarrollo
de los grandes santuarios, en torno a antiguos restos de centros religiosos
micénicos, pero también de otro tipo de huellas, sobre todo si contenían
testimonios que pudieran interpretarse como fragmentos corporales de héroes
del pasado, se concretaron formas culturales que aprovechaban las huellas
del pasado para exaltar figuras semidivinas con las que vincular las estirpes
de la realeza y de la aristocracia, que así afirmaban su poder. Sin embargo,
paralelamente, al producirse el nuevo sistema integrador representado
por la polis, la comunidad misma tiende a asumir funciones religiosas
en las que se manifiesta colectivamente, como comunidad cívica. La devoción,
que en las primeras manifestaciones arqueológicas del renacimiento griego
se dirige a los héroes, tiende, en el mismo proceso formativo de la ciudad,
a prestar atención preferente a los dioses protectores, de la polis o
de las cosechas, dioses que marcan el calendario cívico y vinculan a la
colectividad con su pasado como entidad social, divinidades poliadas,
en la Acrópolis, o extraurbanas, protectoras de los campos y del territorio
cuyos límites señalan con su presencia. El templo es una creación del
renacimiento. Aquí se recoge arquitectónicamente la tradición micénica.
En su funcionalidad, sin embargo, se señalan principalmente el altar,
el lugar de los sacrificios, generalmente heredero de un lugar que se
reconoce por las huellas dejadas por las cenizas de los animales sacrificados,
y el témenos, el recinto que puede identificarse con el primitivo bosque
sagrado, donde se selecciona un espacio marcado y señalado entre árboles,
lugar primitivo de reunión, adonde acuden las comunidades de cazadores
para el reparto del botín y para hacer partícipes a las divinidades que
han colaborado con su ayuda sobrenatural al éxito de la empresa. Ahora,
como símbolo de la colectividad cívica, el lugar se marca arquitectónicamente.
Los dioses que ahora reciben culto son principalmente los miembros sobresalientes
del panteón olímpico, sobre todo Atenea y Apolo, junto con el padre de
los dioses, Zeus, y su esposa Hera. Con ello se produce una nueva coincidencia
entre la tendencia a formar entidades reducidas, donde se identifican
y afirman las comunidades tribales, y la que conduce a la cultura panhelénica,
como forma de expresión de la solidaridad aristocrática, vinculada a un
pasado institucional que se refuerza en el movimiento hacia la recuperación.
Ahora bien, los cultos locales son al mismo tiempo herederos de las prácticas
ancestrales, expresión de las preocupaciones del grupo por la propia reproducción
y la garantía de los medios de subsistencia. Por ello, los templos se
convierten en objeto de las ofrendas de los jóvenes que entran en la edad
viril o de las doncellas que se disponen a convertirse en esposas o madres
y, sobre todo, en los santuarios extraurbanos, en objeto de practicas
simbólicas de la fertilidad de los campos y la fortaleza de los jóvenes,
como las que se revelan en la historia del Cleobis y Bitón, que llevaron
a su madre al templo de Hera uncidos al carro en sustitución de los bueyes.
Los ritos de fecundidad y de kourotrophia, de la crianza del kouros, del
joven que se transforma en hombre, se juntan como partes de una misma
preocupación reproductora. Las korai y los kouroi vienen a representar
la imagen plástica del culto cívico, aglutinador de las preocupaciones
de una colectividad cuya actividad agraria se manifiesta ahora en el marco
de una ciudad, donde el matrimonio se transforma en acto público y la
fuerza del joven se aprovecha colectivamente en la función militar. La
ciudad se convierte así en el marco de los cultos cívicos. En ella perduran
los cultos agrarios que tienden a pervivir en ese mismo marco, más o menos
adaptados alas nuevas formas de vida, pero, en cualquier caso, conservando
gran parte de su sentido originario, sobre todo en festivales de tipo
femenino, como las Tesmoforias o Adonías, que sobreviven al tiempo que
marcan el sentido preciso de la polis, crisol privilegiado de la síntesis
entre ciudad y territorio. |