15.-
Colonización del Asia Menor. Grandes migraciones
La
tradición que atribuía a la llegada de los Heráclidas el final del mundo
micénico, relacionada con la invasión doria, se completaba al situarse
dentro de un movimiento más amplio que afectaba a todos los territorios
del continente, de las islas y de las costas de Asia Menor. Tanto los
protagonistas como los efectos de sus movimientos superan las delimitaciones
propias del pueblo griego. El fenómeno, de consecuencias sociales y culturales,
afecta a griegos y prehelénicos y a las relaciones entre ambos, así como
al carácter de la nueva civilización que surgirá como consecuencia del
final de la edad oscura. Movimientos de pueblos y contactos entre civilizaciones
sirvieron de motor para el desarrollo de un mundo nuevo donde, en todos
los aspectos, se dejan notar las huellas de unos y de otros no de modo
preponderante, sino como factores coadyuvantes para la aparición de una
realidad distinta. Todas las nuevas señas de identidad de la civilización
griega aparecen como efecto de los contactos, tanto en el aspecto religioso,
donde no es posible hallar los elementos puros de los dioses, producto
también del proceso de asimilación al estilo del que llevó al Apolo de
los licios a formar parte del panteón griego, como en el aspecto literario,
donde la tradición micénica, en la nueva épica en formación, se ve impregnada
de tradiciones y leyendas microasiáticas, donde elementos lidios, frigios
o carios se entremezclan, aportando aspectos exóticos, caracterizadores,
a pesar de todo, del renacimiento cultural. Los nuevos santuarios buscan
sus raíces en el pasado de la Edad del Bronce, pero incorporan las divinidades
ahora triunfantes, del mismo modo que en la poesía épica se incorporan
las preocupaciones de los pueblos recientes configurados como nueva cultura.
El nuevo particularismo en el que se articula la vida económica favorece
la nueva colonia de divinidades primitivas con las que se había asimilado
en el mundo estatal de los despotismos del Bronce. El panorama ahora se
caracteriza por su carácter variado y heterogéneo, en la supervivencia
de divinidades atávicas, de cultos particulares, preexistentes a la presencia
griega, con la religiosidad griega de pueblos en movimiento y de pueblos
largamente asentados, que han logrado reavivar sus tradiciones antiguas
como elemento sostenedor de la realidad nueva, adaptados a las nuevas
necesidades de la reproducción de la comunidad.
Pueblos
prehelénicos del Egeo
La
tradición se refiere a diversos pueblos que habitaban las islas y las
costas asiáticas antes del asentamiento definitivo de los griegos. Sus
nombres étnicos se identifican habitualmente con los que aparecen en los
documentos orientales relativos a los Pueblos del Mar. Entre los licios,
situados históricamente en la región suroccidental de Asia Menor, mantenían
según la tradición prácticas de sucesión matrilineal que se reproducían
en contacto con los helenos de cuya emigración se hacen eco las leyendas.
Con ellas se relaciona igualmente el culto primitivo a Apolo Liceo. El
nombre se relaciona igualmente con el griego lykos, lobo, animal que aparece
en la leyenda relacionado con su madre Leto, a la que en ocasiones guía
y que en ocasiones se transforma en una loba, antes del nacimiento del
dios, por lo que éste recibe a veces el epíteto de Licógenes, nacido del
lobo. En las leyendas, primero Belerofonte y luego Sarpedón se convirtieron
en reyes por sus matrimonios con la hija del rey en cada ocasión. El segundo
era el conductor de las tropas licias, aliadas de los troyanos en la guerra
de Troya, aunque estaba presente Glauco, el mismo hijo de Hipóloco, que
era a su vez hijo de Belerofonte. Glauco, sin embargo, aparece al servicio
de Sarpedón. Al noroeste del territorio ocupado por los licios se hallaban
los carios, de quienes todavía en época histórica se dice que estaban
gobernados por una reina de nombre Artemisia en la ciudad principal de
la región, Halicarnaso. Los contactos de la costa occidental de Asia Menor,
en la parte más meridional, fueron el fenómeno clave para la penetración
del culto de Ártemis, desde su independencia como diosa de la fecundidad
y fertilidad, a la integración en la tríada con Leto y Apolo y, finalmente,
a su adopción como hija de Zeus. Los contactos sexuales de los inmigrantes
tuvieron que ser conflictivos, según se desprende de un capítulo de Heródoto
(I, 146), donde se cuenta cómo los griegos mataron a los varones carios
e hicieron suyas a sus esposas, que luego se negaron a comer con ellos
y a llamarlos por sus nombres. La dominación constituyó al mismo tiempo
un motivo de conflicto que afectaba a las prácticas relacionadas con la
posición de los sexos en la sociedad. Los antiguos identificaban a los
carios con los léleges, habitantes, de modo confuso en la tradición, de
diversas zonas de la Grecia continental balcánica. El pueblo que en Grecia
se consideraba más unánimemente como antecesor de los griegos era el de
los pelasgos, que sobrevivía en algunos lugares como la isla de Lemnos,
en denominaciones tradicionales de dioses como el de Zeus Pelasgio en
Dodona, en la Grecia del norte, y de quienes los atenienses se consideraban
descendientes directos. Eran autóctonos por ser pelasgos helenizados,
según una tradición muy utilizada con fines propagandísticos para justificar
la superioridad ateniense en los derechos territoriales. Se decía que
los pelasgos eran tirrenos, como los etruscos, que según la tradición
recogida por Heródoto descendían de los lidios, pueblo situado en Asia
Menor al norte de los carios. Los lidios tuvieron un importante protagonismo
en las condiciones en que estallaron las guerras médicas. Durante la época
oscura, el mar Egeo se convierte en un mar griego, aunque la supervivencia
de poblaciones prehelénicas sea evidente en muchos casos y la población
resultante sea producto de un proceso de integración, donde ambos elementos
formen un todo nuevo, que desde luego es el que define realmente a lo
griego, étnica y culturalmente. La lengua griega, con sus dialectos, se
configuró aquí en el mismo proceso de ocupación e integración. La dialectología
y las variantes, los rasgos indoeuropeos de la lengua junto a los propios
de las lenguas prehelénicas que en ciertos aspectos son dominantes, constituyen
fenómenos paralelos a los que en la historia fáctica están representados
por las tradiciones sobre piratas carios, unidos a las que insisten sobre
las relaciones matrimoniales entre individuos de procedencia aquea con
los aborígenes, hijos del rey, adoptando sus tradiciones matrilineales.
La violencia y los pactos están presentes. Junto a esto, se conocen auténticas
acciones de violencia como la que llevaron a cabo los atenienses entre
los pelasgos de Lemnos.
Nueva
distribución territorial
El
proceso migratorio de la edad oscura constituye el fundamento territorial
para la formación de los dialectos griegos conocidos históricamente. En
el nuevo mapa, la lengua griega queda dividida en cinco grupos principales,
producto de procesos históricos que, en sus líneas más importantes, responden
a las vicisitudes de la Edad Oscura, sobre una previa distribución, mucho
más difícil de determinar, generada en la Edad del Bronce. En la larga
duración, el proceso resulta, en los estudios dialectológicos, extremadamente
complejo, pues la diversificación se alterna constantemente con procesos
de homogeneización y en combinaciones y mutuas influencias que colaboran
a crear un escenario de límites no totalmente bien definidos. En líneas
generales, sin embargo, a través de un cierto mecanismo de abstracción,
se puede admitir la existencia de un grupo que reúne al arcadio con el
chipriota, en una distribución geográfica, en el centro del Peloponeso
y en la cuenca extrema del Mediterráneo oriental, que plantea problemas
acerca de la explicación histórica del proceso que pudo llevar a ella.
Parecería responder a una época de difusión griega desde el Peloponeso
hacia el Oriente, que sólo podía situarse en época micénica, pero sus
arcaísmos no coinciden con los de la lengua micénica de las tablillas
de la Edad del Bronce. Ello da pistas sobre la falta de unidad lingüística
de esa época. Por otra parte, el eolio, que suele dividirse en tres subdialectos,
lesbio, tesalio y beocio, responde a la distribución de la época de las
migraciones, pues el lesbio, conocido principalmente a través de la poesía
lírica de Alceo y Safo, se convierte en modelo de toda la región norte
de la costa asiática, habitada por emigrantes de las zonas ocupadas en
el continente por beocios y tesalios. La lengua eolia, en su conjunto,
se ha revelado como producto de una formación postmicénica. La diferencia
del eolio con respecto al resto y la que se produce en su interior resultan
dinámicamente complejas y no en la línea de diferenciación propia de los
árboles genealógicos. De otra parte, en su origen, no aparece como totalmente
diferenciado del jonicoático, lo que explica muchos rasgos confusos de
las primeras expresiones lingüísticas literarias. El jonicoático, extendido
desde Ática y Eubea hasta la zona central de la costa de Asia Menor, ofrece,
por su parte, rasgos que hacen pensar a Adrados en la existencia independiente
en época micénica de grupos paramicénicos más vitales que el micénico
como lengua burocrática, pero igualmente adquiere plenamente sus rasgos
en la configuración geográfica de la época oscura y en el momento de definición
de los orígenes de la época arcaica. Finalmente, el dorio parece el dialecto
más profundamente condicionado por los movimientos de pueblos, pues su
colocación geográfica parece responder a ellos. Sin embargo, tanto en
la zona noroccidental como en el Peloponeso, de donde se extiende a las
islas del sur del Egeo y a la costa suroccidental de Asia Menor, el dorio
comparte rasgos, arcaicos unos e innovadores otros, con las demás formaciones
dialectales, síntoma de la pervivencia de los contactos desde épocas del
Bronce, seguramente en el noreste de Grecia, hasta los períodos diferenciadores
de la Edad Oscura.
Nuevos
asentamientos
El
final del mundo micénico y la inestabilidad territorial, producto de la
inseguridad y de las presiones de pueblos que actúan como piratas o bandidos,
favorece la reclusión de los grupos, más o menos sedentarizados o en proceso
de hacerlo, en torno a figuras que adquieren cierta autoridad sobre la
base de poderes, previos o en formación, capaces de protegerlos o de conducirlos
a empresas para buscar nuevos asentamientos más productivos o seguros.
Muchos de los nuevos asentamientos vienen a ser continuidad de los micénicos,
pero otros parecen situarse sobre lugares no previamente habitados. En
cualquier caso, lo característico es el inicio de un nuevo proceso formativo
en la península balcánica, así como en Asia Menor. Con ello se iniciaría
un proceso, al parecer a partir del siglo XI, de concentración y dispersión,
con ciudades que, recientemente configuradas como poleis, se encuentran
en condiciones de fundar nuevas ciudades en lugares más o menos remotos.
Tras el final del mundo micénico, la lenta recuperación vino a consistir
en la nueva concentración de los grupos gentilicios en entidades superiores
de carácter tribal, normalmente cuatro entre los pueblos jonios y tres
entre los dorios, que sirvieron para consolidar el poder de las aristocracias
en el momento de la distribución de las nuevas tierras. Los jefes capaces
de conquista y protección, con el nombre de basileis, consolidan su poder
al monopolizar la distribución del botín guerrero o de las tierras conquistadas,
así como al organizar nuevas campañas para proceder a nuevas ocupaciones.
Sobre estas bases, se estructuran las comunidades sobre los sistemas previos
adaptados a nuevas necesidades, en el sistema tribal habitual, por el
que los gene se agrupan en phratriai y éstas en philai, a través de un
sistema jerarquizado con jefes de tribu que pertenecen a los fuerza más
poderosos, los que se han hecho con las mejores partes del botín y reúnen
a su alrededor más nutridas clientelas, capaces de proporcionarles la
mayor victoria y los productos más ricos, en una forma específica de dependencia.
Las nuevas comunidades constituyen formas de colaboración, específicamente
a través de un organismo que se generaliza con el nombre de boulé, centro
deliberador al que acuden representantes de las clases dominantes para,
solidariamente, gobernar al conjunto de la población.
Presente
y pasado
Los
asentamientos en torno a los jefes aristocráticos, junto con el aprovechamiento
de lugares de tradición micénica, favorecen la tendencia a la identificación
con un pasado conservado y rehecho en la tradición oral. Los mitos y leyendas
cobran nueva vida. En los nuevos centros de Asia Menor o las islas es
donde recibieron su última forma los poemas homéricos y allí fue también
donde se propagó el panhelenismo como forma de potenciar la identidad
con los pueblos de la península europea. Pero allí también se formaron
mitos de fundaciones y leyendas propias que afectaron principalmente a
las genealogías. Dada la enorme trascendencia que tendría la colonización
jónica para las islas y las ciudades de Asia Menor, para Eubea y para
Atenas, acerca de las migraciones correspondientes existen ciclos completos
y variantes que afectan a los aristócratas atenienses que se consideraban
vinculados a los primeros inmigrantes de Pilos, en Mesenia, que habían
huido de los Heraclidas, y a las ciudades fundadas, como Mileto, a donde
acudiría un nuevo Neleo, antepasado de ilustres familias aristocráticas.
También los de Colofón, según el poema "Esmirneida", escrito
por el poeta Mimnermo de Colofón, de fines del siglo VII, se consideraban
descendientes de Neleo. Eran cantos a las hazañas del pasado que justificarían
la actual conquista de Esmirna, sobre la base de la virtud guerrera de
los primeros navegantes que llegaban junto a sus basilei. También los
espartanos acudían a las antiguas hazañas de los hijos de Heracles en
Mesenia, cuando, a través del poeta Tirteo, se exhortaban para la batalla
en la segunda guerra mesénica, de la época arcaica. Algunas rivalidades
provocaron incluso versiones diferentes en las leyendas más respetables,
como la de la guerra de Troya. Atenienses y lesbios se disputaban el control
del Helesponto y en esa disputa se involucraban las interpretaciones que
hacían intervenir a los hijos de Teseo en la guerra. Lesbos por su parte
había llevado a cabo una profunda colonización hasta Ténedo, que utilizaba
como modo de competir con la tradición jónica representada por Atenas.
Otros lugares del Egeo, como Quíos y Eritras, suelen relacionarse, en
cambio, más bien con viajes procedentes de la isla de Eubea, en una época
en que se conocen los viajes euboicos que los llevan hasta las costas
orientales del Mediterráneo y en que se hace cada vez más clara la existencia
de contactos productivos con Atenas, traducidos en innovaciones comunes
y en actividades renovadoras. De hecho, los viajes a Chipre y la fundación
de Salamina potencien la vinculación de los Ayantes con el pasado de la
isla.
Nuevas
formas artísticas y culturales
Suelen
atribuirse a Atenas las nuevas formas artísticas que se identifican con
el estilo protogeométrico, pues desde allí se extienden siguiendo, en
gran medida, las rutas de la colonización jónica, pero también a los centros
de producción de cerámica tardía, con lo que se deriva un cierto paralelismo
con movimientos dialectales más complejos, producto de agrupaciones y
diferenciaciones sucesivas a lo largo del periodo de crisis y recuperación
conflictiva. Al protogeométrico suele vincularse la difusión de la incineración,
aunque el paralelismo hay que tomarlo con matices y muchas precauciones.
Los mayores vínculos formados son los que se aprecian entre Ática, Eubea
y Chipre, con lo que la arqueología corrobora ciertos aspectos de la tradición
legendaria. En el siglo X, la cerámica de Lefkandi en Eubea y la ateniense
ofrecen múltiples rasgos comunes. Lo mas característico del estilo geométrico
ateniense en la decoración de las cráteras es precisamente la temática
recurrente de los héroes de la edad de oro del mundo micénico, con lo
que se muestra cómo en este aspecto también las preocupaciones ideológicas
se dirigen a la búsqueda de un pasado prestigioso en el que asentar la
nueva situación. Escenas fúnebres, comparables a los funerales de Patroclo,
o guerreros armados en carros constituyen el fondo decorativo acompañado
del geométrico repetitivo, modo de expresar las necesidades de un mundo
estable, ahora en formación después del período crítico.
Los
fenicios
La
entidad de los fenicios como pueblo sólo puede definirse a partir de la
crisis de 1200 a.C., resultado de la nueva estructuración que se produce
en la zona oriental del Mediterráneo. Como es natural, los primeros dos
siglos, por lo menos, resultan igualmente oscuros, pero en ellos va paulatinamente
notándose su presencia en la arqueología y en la tradición legendaria,
hasta hacerse plena a partir del año 900 a.C. en los ambientes marítimos
de casi todo el Mediterráneo. Desde entonces, a partir de asentamientos
costeros y con contactos pacíficos u hostiles con los grandes imperios
del Próximo Oriente, los fenicios se convirtieron en el vehículo principal
de los intercambios crecientes que van poniendo en contacto a los pueblos
mediterráneos, al tiempo que estimulan la colaboración de algunos de modo
más directo, sobre todo cuando, como en el caso de los griegos, las propias
transformaciones internas los van configurando como pueblos aptos para
la participación activa en tales intercambios. Desde el punto de vista
de la expansión colonial por el Mediterráneo, el enclave principal fue
la ciudad de Tiro, de donde partían los navegantes que empezaron a establecer
los contactos y los fundadores de las principales colonias. También eran
conocidos por los griegos los navegantes sidonios desde fines de la Edad
Oscura. La época de los expansionismos imperialistas del primer milenio
a Occidente, junto a los sucesivos problemas internos de las ciudades,
reflejados en las tradiciones que cuentan las vicisitudes de los conflictos
familiares, influyó en que los modos de intervención fenicios en los distintos
lugares a lo largo del tiempo sufrieran transformaciones. Sin embargo,
lo que resulta trascendente desde el punto de vista de la configuración
de la Grecia arcaica fue la formación de una infraestructura de relaciones
marítimas que, desde muy pronto, aparece como básica para los viajes de
Menelao o de Odiseo. Barcos y navegantes fenicios sirven de ayuda o aparecen
como elemento de fondo en los escenarios donde los héroes se mueven por
fines aparentemente propios de su rango, aunque a veces se muestra claramente
que sus viajes también sirven para obtener beneficios. Así, los fenicios
aparecen mezclados en tradiciones legendarias griegas, como la de la participación
de Cadmo en la fundación de Tebas. Los contactos resultan, sin embargo,
basados en realidades constatables arqueológicamente. Tanto en Al-Mina,
en la costa siria, como en Chipre, los objetos griegos se encuentran mezclados
con objetos fenicios, como depósitos de viajes en que sin duda unos y
otros entraban en contacto. Más tarde, también será evidente que, tanto
en Rodas como en otros puntos del Mediterráneo, los fenicios se asentaban
en lugares relativamente diferenciados, pero suficientemente conectados
a los griegos como para dar lugar a desarrollos culturales específicos.
LOS
METALES. Después de la crisis del siglo XII a.C., la recuperación que
empieza a producirse aproximadamente en el cambio de milenio viene a constituir
el inicio de lo que, desde el punto de vista de la cultura material, se
conoce como Edad del Hierro. Ello significó una utilización más intensa
de todos los metales, incluidos el bronce y la plata, lo que sirvió de
estímulo para el desarrollo técnico y para las relaciones de intercambio
entre los pueblos del Mediterráneo. Todos los aspectos de la vida económica
se vieron profundamente alterados, desde la agricultura y las distintas
manufacturas hasta la guerra, con la introducción de instrumental agrícola
y de armas. Así, se aumentaba la rentabilidad del trabajo y se creaban
nuevas profesiones, con actividades que absorbían los excedentes de mano
de obra. Al mismo tiempo, la industria bélica facilitaba la defensa de
los territorios y las empresas dirigidas a controlar las zonas de donde
provenían los metales. Las inversiones se hacían posibles igualmente gracias
a la creciente rentabilidad y la producción. Los viajes dirigidos a la
búsqueda de los metales fueron protagonizados sobre todo por fenicios,
en un primer momento. Ellos fueron los intermediarios que abastecían a
los grandes señores de los imperios despóticos del Próximo Oriente. En
esas condiciones, en que los fenicios tienen acceso a mercados griegos
y abren nuevas rutas marítimas, tuvo lugar el inicio de la participación
griega en el mundo de los intercambios a gran escala. Hesíodo está preocupado
por el hecho de que su hermano Perses, a quien dedica el poema "Los
trabajos y los dias", pueda abandonar la tierra para buscar riqueza
fácil en los viajes que se organizan por parte de los comerciantes, emporoi,
dispuestos a realizar negocios al margen de las actividades nobles del
campesinado. El poeta parece diferenciar la realización de determinadas
campañas, en época del año que no afecte al trabajo del campo, con ánimo
de intercambiar excedentes. Otra cosa es el tipo de viaje que se puede
comparar al que habitualmente llevan a cabo los desprestigiados fenicios.
Griegos
y asiáticos al final de la Edad Oscura
El
último período de la época oscura, a partir de las grandes migraciones
en que los griegos cruzaron el mar Egeo, los puso en contacto en Asia
con los pueblos del interior, que a su vez se hallaban en contacto con
las culturas del Próximo Oriente. Por eso, "La Iliada", fraguada
definitivamente en la península de Anatolia, punto final de una tradición
que recoge de una parte la herencia micénica, constituye de otra el resultado
de ese encuentro de culturas. La aparición de griegos y de asiáticos en
el famoso catálogo del canto II revela cómo el inicio del panhelenismo
es más bien la aparición de la conciencia de una identidad cultural que
poco a poco comenzará a disolverse, precisamente a partir de ese momento.
Mazzarino identificaba esa conciencia con la generalización del uso del
término jonios. La cultura jónica, como término que encuadra culturalmente
a los griegos de Asia Menor, se forma paralelamente a la recuperación
de los pueblos que se identifican como consecuencia de las alteraciones
de la crisis del siglo XII. Tras la desaparición del imperio hitita, parecen
cobrar nueva vida poblaciones anteriormente sometidas, identificadas con
los luvitas que, para algunos, pueden considerarse idénticas a los pueblos
que combatían en "La Ilíada" del bando troyano. Por otro lado,
las tradiciones revelan desde muy pronto la presencia frigia, como pueblo
que llegó a configurar un reino basado en el control de los metales, que
se presenta como heredero de tradiciones hititas y hurritas. La leyenda
del rey Midas, que sufrió como castigo las consecuencias de haber obtenido
que se cumpliera su máxima aspiración, que todo lo que tocara se transformara
en oro, se convirtió para los griegos de la edad arcaica en paradigma
de los peligros que podía traer consigo la obtención de riquezas al estilo
de los orientales. Así llegaron a ser a la larga las relaciones entre
unos y otros, atractivas, pero con diferencias marcadas en el plano de
la ideología y de los principios regidores del comportamiento. Los frigios
sirvieron de enlace con el posterior reino de los lidios, que entraran
en relaciones conflictivas con los griegos asiáticos de la época arcaica.
Las tradiciones griegas hacían de Midas, por otra parte, un rey filohelénico,
casado con una griega, el primer extranjero que envió una ofrenda al santuario
de Delfos. Todos estos contactos, junto con los realizados a través de
los mercaderes fenicios, son los que explican la presencia de un impulso
oriental en el renacimiento con que acabó, en el siglo VIII, la edad oscura
de los griegos. Aquí se produce una cultura original, pero en ella están
presentes elementos aglutinantes y estimulantes, al tiempo que aspectos
formales, que proceden del rico mundo cultural del Próximo Oriente, continuación
y renovación de una civilización ya milenaria.
La
esclavitud
En
los poemas atribuidos a Homero y a Hesíodo se encuentra presente la esclavitud,
a través de términos que aluden a la captura o a los servicios domésticos.
La situación del sistema de explotación parece bastante diferente a la
de las formas de dependencia del mundo micénico tanto como a la de la
esclavitud clásica. El crecimiento de los cambios y del comercio fenicio
favorece el papel intermediario desempeñado por éste en el tráfico humano
que permite el desarrollo de la esclavitud como objeto de la actividad
mercantil, pero la base productiva parece centrarse en la presión sobre
los campesinos libres, que empiezan a mostrar sus resistencias a través
de las formas mentales que aparecen en Hesíodo. Los principales servicios
aparecen prestados por mujeres y, en todo caso, pertenecen al ámbito del
oikos, lo que sin duda se revela en el hecho de que la terminología dominante
sea la relacionada con esta palabra. Sin embargo, en los mismos poemas
Garlan observa un proceso de cambio entre "La Ilíada" y "La
Odisea", en el sentido de un aumento del número de varones en la
segunda realizando funciones serviles en las casas de los reyes y de la
sumisión obtenido a través de la rapiña, de acciones de piratas, cada
vez más frecuentes a costa de la acción de los héroes guerreros. El mundo
de los cambios y de la navegación se impone en la realidad social, del
mismo modo que "La Odisea" refleja más el mundo de los navegantes
y del oikos que el del campo de batalla. El elemento diferenciador continúa
situándose, por tanto, no en los medios de obtención, sino más bien en
el sistema de explotación que permite colocar el mundo homérico en el
plano de la esclavitud patriarcal, resultado del proceso de configuración
del oikos desarrollado a lo largo de los siglos oscuros.
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