Edad del Bronce y Grecia Antigua

15.- Colonización del Asia Menor. Grandes migraciones

 

La tradición que atribuía a la llegada de los Heráclidas el final del mundo micénico, relacionada con la invasión doria, se completaba al situarse dentro de un movimiento más amplio que afectaba a todos los territorios del continente, de las islas y de las costas de Asia Menor. Tanto los protagonistas como los efectos de sus movimientos superan las delimitaciones propias del pueblo griego. El fenómeno, de consecuencias sociales y culturales, afecta a griegos y prehelénicos y a las relaciones entre ambos, así como al carácter de la nueva civilización que surgirá como consecuencia del final de la edad oscura. Movimientos de pueblos y contactos entre civilizaciones sirvieron de motor para el desarrollo de un mundo nuevo donde, en todos los aspectos, se dejan notar las huellas de unos y de otros no de modo preponderante, sino como factores coadyuvantes para la aparición de una realidad distinta. Todas las nuevas señas de identidad de la civilización griega aparecen como efecto de los contactos, tanto en el aspecto religioso, donde no es posible hallar los elementos puros de los dioses, producto también del proceso de asimilación al estilo del que llevó al Apolo de los licios a formar parte del panteón griego, como en el aspecto literario, donde la tradición micénica, en la nueva épica en formación, se ve impregnada de tradiciones y leyendas microasiáticas, donde elementos lidios, frigios o carios se entremezclan, aportando aspectos exóticos, caracterizadores, a pesar de todo, del renacimiento cultural. Los nuevos santuarios buscan sus raíces en el pasado de la Edad del Bronce, pero incorporan las divinidades ahora triunfantes, del mismo modo que en la poesía épica se incorporan las preocupaciones de los pueblos recientes configurados como nueva cultura. El nuevo particularismo en el que se articula la vida económica favorece la nueva colonia de divinidades primitivas con las que se había asimilado en el mundo estatal de los despotismos del Bronce. El panorama ahora se caracteriza por su carácter variado y heterogéneo, en la supervivencia de divinidades atávicas, de cultos particulares, preexistentes a la presencia griega, con la religiosidad griega de pueblos en movimiento y de pueblos largamente asentados, que han logrado reavivar sus tradiciones antiguas como elemento sostenedor de la realidad nueva, adaptados a las nuevas necesidades de la reproducción de la comunidad.

 

Pueblos prehelénicos del Egeo

 

La tradición se refiere a diversos pueblos que habitaban las islas y las costas asiáticas antes del asentamiento definitivo de los griegos. Sus nombres étnicos se identifican habitualmente con los que aparecen en los documentos orientales relativos a los Pueblos del Mar. Entre los licios, situados históricamente en la región suroccidental de Asia Menor, mantenían según la tradición prácticas de sucesión matrilineal que se reproducían en contacto con los helenos de cuya emigración se hacen eco las leyendas. Con ellas se relaciona igualmente el culto primitivo a Apolo Liceo. El nombre se relaciona igualmente con el griego lykos, lobo, animal que aparece en la leyenda relacionado con su madre Leto, a la que en ocasiones guía y que en ocasiones se transforma en una loba, antes del nacimiento del dios, por lo que éste recibe a veces el epíteto de Licógenes, nacido del lobo. En las leyendas, primero Belerofonte y luego Sarpedón se convirtieron en reyes por sus matrimonios con la hija del rey en cada ocasión. El segundo era el conductor de las tropas licias, aliadas de los troyanos en la guerra de Troya, aunque estaba presente Glauco, el mismo hijo de Hipóloco, que era a su vez hijo de Belerofonte. Glauco, sin embargo, aparece al servicio de Sarpedón. Al noroeste del territorio ocupado por los licios se hallaban los carios, de quienes todavía en época histórica se dice que estaban gobernados por una reina de nombre Artemisia en la ciudad principal de la región, Halicarnaso. Los contactos de la costa occidental de Asia Menor, en la parte más meridional, fueron el fenómeno clave para la penetración del culto de Ártemis, desde su independencia como diosa de la fecundidad y fertilidad, a la integración en la tríada con Leto y Apolo y, finalmente, a su adopción como hija de Zeus. Los contactos sexuales de los inmigrantes tuvieron que ser conflictivos, según se desprende de un capítulo de Heródoto (I, 146), donde se cuenta cómo los griegos mataron a los varones carios e hicieron suyas a sus esposas, que luego se negaron a comer con ellos y a llamarlos por sus nombres. La dominación constituyó al mismo tiempo un motivo de conflicto que afectaba a las prácticas relacionadas con la posición de los sexos en la sociedad. Los antiguos identificaban a los carios con los léleges, habitantes, de modo confuso en la tradición, de diversas zonas de la Grecia continental balcánica. El pueblo que en Grecia se consideraba más unánimemente como antecesor de los griegos era el de los pelasgos, que sobrevivía en algunos lugares como la isla de Lemnos, en denominaciones tradicionales de dioses como el de Zeus Pelasgio en Dodona, en la Grecia del norte, y de quienes los atenienses se consideraban descendientes directos. Eran autóctonos por ser pelasgos helenizados, según una tradición muy utilizada con fines propagandísticos para justificar la superioridad ateniense en los derechos territoriales. Se decía que los pelasgos eran tirrenos, como los etruscos, que según la tradición recogida por Heródoto descendían de los lidios, pueblo situado en Asia Menor al norte de los carios. Los lidios tuvieron un importante protagonismo en las condiciones en que estallaron las guerras médicas. Durante la época oscura, el mar Egeo se convierte en un mar griego, aunque la supervivencia de poblaciones prehelénicas sea evidente en muchos casos y la población resultante sea producto de un proceso de integración, donde ambos elementos formen un todo nuevo, que desde luego es el que define realmente a lo griego, étnica y culturalmente. La lengua griega, con sus dialectos, se configuró aquí en el mismo proceso de ocupación e integración. La dialectología y las variantes, los rasgos indoeuropeos de la lengua junto a los propios de las lenguas prehelénicas que en ciertos aspectos son dominantes, constituyen fenómenos paralelos a los que en la historia fáctica están representados por las tradiciones sobre piratas carios, unidos a las que insisten sobre las relaciones matrimoniales entre individuos de procedencia aquea con los aborígenes, hijos del rey, adoptando sus tradiciones matrilineales. La violencia y los pactos están presentes. Junto a esto, se conocen auténticas acciones de violencia como la que llevaron a cabo los atenienses entre los pelasgos de Lemnos.

 

Nueva distribución territorial

 

El proceso migratorio de la edad oscura constituye el fundamento territorial para la formación de los dialectos griegos conocidos históricamente. En el nuevo mapa, la lengua griega queda dividida en cinco grupos principales, producto de procesos históricos que, en sus líneas más importantes, responden a las vicisitudes de la Edad Oscura, sobre una previa distribución, mucho más difícil de determinar, generada en la Edad del Bronce. En la larga duración, el proceso resulta, en los estudios dialectológicos, extremadamente complejo, pues la diversificación se alterna constantemente con procesos de homogeneización y en combinaciones y mutuas influencias que colaboran a crear un escenario de límites no totalmente bien definidos. En líneas generales, sin embargo, a través de un cierto mecanismo de abstracción, se puede admitir la existencia de un grupo que reúne al arcadio con el chipriota, en una distribución geográfica, en el centro del Peloponeso y en la cuenca extrema del Mediterráneo oriental, que plantea problemas acerca de la explicación histórica del proceso que pudo llevar a ella. Parecería responder a una época de difusión griega desde el Peloponeso hacia el Oriente, que sólo podía situarse en época micénica, pero sus arcaísmos no coinciden con los de la lengua micénica de las tablillas de la Edad del Bronce. Ello da pistas sobre la falta de unidad lingüística de esa época. Por otra parte, el eolio, que suele dividirse en tres subdialectos, lesbio, tesalio y beocio, responde a la distribución de la época de las migraciones, pues el lesbio, conocido principalmente a través de la poesía lírica de Alceo y Safo, se convierte en modelo de toda la región norte de la costa asiática, habitada por emigrantes de las zonas ocupadas en el continente por beocios y tesalios. La lengua eolia, en su conjunto, se ha revelado como producto de una formación postmicénica. La diferencia del eolio con respecto al resto y la que se produce en su interior resultan dinámicamente complejas y no en la línea de diferenciación propia de los árboles genealógicos. De otra parte, en su origen, no aparece como totalmente diferenciado del jonicoático, lo que explica muchos rasgos confusos de las primeras expresiones lingüísticas literarias. El jonicoático, extendido desde Ática y Eubea hasta la zona central de la costa de Asia Menor, ofrece, por su parte, rasgos que hacen pensar a Adrados en la existencia independiente en época micénica de grupos paramicénicos más vitales que el micénico como lengua burocrática, pero igualmente adquiere plenamente sus rasgos en la configuración geográfica de la época oscura y en el momento de definición de los orígenes de la época arcaica. Finalmente, el dorio parece el dialecto más profundamente condicionado por los movimientos de pueblos, pues su colocación geográfica parece responder a ellos. Sin embargo, tanto en la zona noroccidental como en el Peloponeso, de donde se extiende a las islas del sur del Egeo y a la costa suroccidental de Asia Menor, el dorio comparte rasgos, arcaicos unos e innovadores otros, con las demás formaciones dialectales, síntoma de la pervivencia de los contactos desde épocas del Bronce, seguramente en el noreste de Grecia, hasta los períodos diferenciadores de la Edad Oscura.

 

Nuevos asentamientos

 

El final del mundo micénico y la inestabilidad territorial, producto de la inseguridad y de las presiones de pueblos que actúan como piratas o bandidos, favorece la reclusión de los grupos, más o menos sedentarizados o en proceso de hacerlo, en torno a figuras que adquieren cierta autoridad sobre la base de poderes, previos o en formación, capaces de protegerlos o de conducirlos a empresas para buscar nuevos asentamientos más productivos o seguros. Muchos de los nuevos asentamientos vienen a ser continuidad de los micénicos, pero otros parecen situarse sobre lugares no previamente habitados. En cualquier caso, lo característico es el inicio de un nuevo proceso formativo en la península balcánica, así como en Asia Menor. Con ello se iniciaría un proceso, al parecer a partir del siglo XI, de concentración y dispersión, con ciudades que, recientemente configuradas como poleis, se encuentran en condiciones de fundar nuevas ciudades en lugares más o menos remotos. Tras el final del mundo micénico, la lenta recuperación vino a consistir en la nueva concentración de los grupos gentilicios en entidades superiores de carácter tribal, normalmente cuatro entre los pueblos jonios y tres entre los dorios, que sirvieron para consolidar el poder de las aristocracias en el momento de la distribución de las nuevas tierras. Los jefes capaces de conquista y protección, con el nombre de basileis, consolidan su poder al monopolizar la distribución del botín guerrero o de las tierras conquistadas, así como al organizar nuevas campañas para proceder a nuevas ocupaciones. Sobre estas bases, se estructuran las comunidades sobre los sistemas previos adaptados a nuevas necesidades, en el sistema tribal habitual, por el que los gene se agrupan en phratriai y éstas en philai, a través de un sistema jerarquizado con jefes de tribu que pertenecen a los fuerza más poderosos, los que se han hecho con las mejores partes del botín y reúnen a su alrededor más nutridas clientelas, capaces de proporcionarles la mayor victoria y los productos más ricos, en una forma específica de dependencia. Las nuevas comunidades constituyen formas de colaboración, específicamente a través de un organismo que se generaliza con el nombre de boulé, centro deliberador al que acuden representantes de las clases dominantes para, solidariamente, gobernar al conjunto de la población.

 

Presente y pasado

 

Los asentamientos en torno a los jefes aristocráticos, junto con el aprovechamiento de lugares de tradición micénica, favorecen la tendencia a la identificación con un pasado conservado y rehecho en la tradición oral. Los mitos y leyendas cobran nueva vida. En los nuevos centros de Asia Menor o las islas es donde recibieron su última forma los poemas homéricos y allí fue también donde se propagó el panhelenismo como forma de potenciar la identidad con los pueblos de la península europea. Pero allí también se formaron mitos de fundaciones y leyendas propias que afectaron principalmente a las genealogías. Dada la enorme trascendencia que tendría la colonización jónica para las islas y las ciudades de Asia Menor, para Eubea y para Atenas, acerca de las migraciones correspondientes existen ciclos completos y variantes que afectan a los aristócratas atenienses que se consideraban vinculados a los primeros inmigrantes de Pilos, en Mesenia, que habían huido de los Heraclidas, y a las ciudades fundadas, como Mileto, a donde acudiría un nuevo Neleo, antepasado de ilustres familias aristocráticas. También los de Colofón, según el poema "Esmirneida", escrito por el poeta Mimnermo de Colofón, de fines del siglo VII, se consideraban descendientes de Neleo. Eran cantos a las hazañas del pasado que justificarían la actual conquista de Esmirna, sobre la base de la virtud guerrera de los primeros navegantes que llegaban junto a sus basilei. También los espartanos acudían a las antiguas hazañas de los hijos de Heracles en Mesenia, cuando, a través del poeta Tirteo, se exhortaban para la batalla en la segunda guerra mesénica, de la época arcaica. Algunas rivalidades provocaron incluso versiones diferentes en las leyendas más respetables, como la de la guerra de Troya. Atenienses y lesbios se disputaban el control del Helesponto y en esa disputa se involucraban las interpretaciones que hacían intervenir a los hijos de Teseo en la guerra. Lesbos por su parte había llevado a cabo una profunda colonización hasta Ténedo, que utilizaba como modo de competir con la tradición jónica representada por Atenas. Otros lugares del Egeo, como Quíos y Eritras, suelen relacionarse, en cambio, más bien con viajes procedentes de la isla de Eubea, en una época en que se conocen los viajes euboicos que los llevan hasta las costas orientales del Mediterráneo y en que se hace cada vez más clara la existencia de contactos productivos con Atenas, traducidos en innovaciones comunes y en actividades renovadoras. De hecho, los viajes a Chipre y la fundación de Salamina potencien la vinculación de los Ayantes con el pasado de la isla.

 

Nuevas formas artísticas y culturales

 

Suelen atribuirse a Atenas las nuevas formas artísticas que se identifican con el estilo protogeométrico, pues desde allí se extienden siguiendo, en gran medida, las rutas de la colonización jónica, pero también a los centros de producción de cerámica tardía, con lo que se deriva un cierto paralelismo con movimientos dialectales más complejos, producto de agrupaciones y diferenciaciones sucesivas a lo largo del periodo de crisis y recuperación conflictiva. Al protogeométrico suele vincularse la difusión de la incineración, aunque el paralelismo hay que tomarlo con matices y muchas precauciones. Los mayores vínculos formados son los que se aprecian entre Ática, Eubea y Chipre, con lo que la arqueología corrobora ciertos aspectos de la tradición legendaria. En el siglo X, la cerámica de Lefkandi en Eubea y la ateniense ofrecen múltiples rasgos comunes. Lo mas característico del estilo geométrico ateniense en la decoración de las cráteras es precisamente la temática recurrente de los héroes de la edad de oro del mundo micénico, con lo que se muestra cómo en este aspecto también las preocupaciones ideológicas se dirigen a la búsqueda de un pasado prestigioso en el que asentar la nueva situación. Escenas fúnebres, comparables a los funerales de Patroclo, o guerreros armados en carros constituyen el fondo decorativo acompañado del geométrico repetitivo, modo de expresar las necesidades de un mundo estable, ahora en formación después del período crítico.

 

Los fenicios

 

La entidad de los fenicios como pueblo sólo puede definirse a partir de la crisis de 1200 a.C., resultado de la nueva estructuración que se produce en la zona oriental del Mediterráneo. Como es natural, los primeros dos siglos, por lo menos, resultan igualmente oscuros, pero en ellos va paulatinamente notándose su presencia en la arqueología y en la tradición legendaria, hasta hacerse plena a partir del año 900 a.C. en los ambientes marítimos de casi todo el Mediterráneo. Desde entonces, a partir de asentamientos costeros y con contactos pacíficos u hostiles con los grandes imperios del Próximo Oriente, los fenicios se convirtieron en el vehículo principal de los intercambios crecientes que van poniendo en contacto a los pueblos mediterráneos, al tiempo que estimulan la colaboración de algunos de modo más directo, sobre todo cuando, como en el caso de los griegos, las propias transformaciones internas los van configurando como pueblos aptos para la participación activa en tales intercambios. Desde el punto de vista de la expansión colonial por el Mediterráneo, el enclave principal fue la ciudad de Tiro, de donde partían los navegantes que empezaron a establecer los contactos y los fundadores de las principales colonias. También eran conocidos por los griegos los navegantes sidonios desde fines de la Edad Oscura. La época de los expansionismos imperialistas del primer milenio a Occidente, junto a los sucesivos problemas internos de las ciudades, reflejados en las tradiciones que cuentan las vicisitudes de los conflictos familiares, influyó en que los modos de intervención fenicios en los distintos lugares a lo largo del tiempo sufrieran transformaciones. Sin embargo, lo que resulta trascendente desde el punto de vista de la configuración de la Grecia arcaica fue la formación de una infraestructura de relaciones marítimas que, desde muy pronto, aparece como básica para los viajes de Menelao o de Odiseo. Barcos y navegantes fenicios sirven de ayuda o aparecen como elemento de fondo en los escenarios donde los héroes se mueven por fines aparentemente propios de su rango, aunque a veces se muestra claramente que sus viajes también sirven para obtener beneficios. Así, los fenicios aparecen mezclados en tradiciones legendarias griegas, como la de la participación de Cadmo en la fundación de Tebas. Los contactos resultan, sin embargo, basados en realidades constatables arqueológicamente. Tanto en Al-Mina, en la costa siria, como en Chipre, los objetos griegos se encuentran mezclados con objetos fenicios, como depósitos de viajes en que sin duda unos y otros entraban en contacto. Más tarde, también será evidente que, tanto en Rodas como en otros puntos del Mediterráneo, los fenicios se asentaban en lugares relativamente diferenciados, pero suficientemente conectados a los griegos como para dar lugar a desarrollos culturales específicos.

 

LOS METALES. Después de la crisis del siglo XII a.C., la recuperación que empieza a producirse aproximadamente en el cambio de milenio viene a constituir el inicio de lo que, desde el punto de vista de la cultura material, se conoce como Edad del Hierro. Ello significó una utilización más intensa de todos los metales, incluidos el bronce y la plata, lo que sirvió de estímulo para el desarrollo técnico y para las relaciones de intercambio entre los pueblos del Mediterráneo. Todos los aspectos de la vida económica se vieron profundamente alterados, desde la agricultura y las distintas manufacturas hasta la guerra, con la introducción de instrumental agrícola y de armas. Así, se aumentaba la rentabilidad del trabajo y se creaban nuevas profesiones, con actividades que absorbían los excedentes de mano de obra. Al mismo tiempo, la industria bélica facilitaba la defensa de los territorios y las empresas dirigidas a controlar las zonas de donde provenían los metales. Las inversiones se hacían posibles igualmente gracias a la creciente rentabilidad y la producción. Los viajes dirigidos a la búsqueda de los metales fueron protagonizados sobre todo por fenicios, en un primer momento. Ellos fueron los intermediarios que abastecían a los grandes señores de los imperios despóticos del Próximo Oriente. En esas condiciones, en que los fenicios tienen acceso a mercados griegos y abren nuevas rutas marítimas, tuvo lugar el inicio de la participación griega en el mundo de los intercambios a gran escala. Hesíodo está preocupado por el hecho de que su hermano Perses, a quien dedica el poema "Los trabajos y los dias", pueda abandonar la tierra para buscar riqueza fácil en los viajes que se organizan por parte de los comerciantes, emporoi, dispuestos a realizar negocios al margen de las actividades nobles del campesinado. El poeta parece diferenciar la realización de determinadas campañas, en época del año que no afecte al trabajo del campo, con ánimo de intercambiar excedentes. Otra cosa es el tipo de viaje que se puede comparar al que habitualmente llevan a cabo los desprestigiados fenicios.

 

Griegos y asiáticos al final de la Edad Oscura

 

El último período de la época oscura, a partir de las grandes migraciones en que los griegos cruzaron el mar Egeo, los puso en contacto en Asia con los pueblos del interior, que a su vez se hallaban en contacto con las culturas del Próximo Oriente. Por eso, "La Iliada", fraguada definitivamente en la península de Anatolia, punto final de una tradición que recoge de una parte la herencia micénica, constituye de otra el resultado de ese encuentro de culturas. La aparición de griegos y de asiáticos en el famoso catálogo del canto II revela cómo el inicio del panhelenismo es más bien la aparición de la conciencia de una identidad cultural que poco a poco comenzará a disolverse, precisamente a partir de ese momento. Mazzarino identificaba esa conciencia con la generalización del uso del término jonios. La cultura jónica, como término que encuadra culturalmente a los griegos de Asia Menor, se forma paralelamente a la recuperación de los pueblos que se identifican como consecuencia de las alteraciones de la crisis del siglo XII. Tras la desaparición del imperio hitita, parecen cobrar nueva vida poblaciones anteriormente sometidas, identificadas con los luvitas que, para algunos, pueden considerarse idénticas a los pueblos que combatían en "La Ilíada" del bando troyano. Por otro lado, las tradiciones revelan desde muy pronto la presencia frigia, como pueblo que llegó a configurar un reino basado en el control de los metales, que se presenta como heredero de tradiciones hititas y hurritas. La leyenda del rey Midas, que sufrió como castigo las consecuencias de haber obtenido que se cumpliera su máxima aspiración, que todo lo que tocara se transformara en oro, se convirtió para los griegos de la edad arcaica en paradigma de los peligros que podía traer consigo la obtención de riquezas al estilo de los orientales. Así llegaron a ser a la larga las relaciones entre unos y otros, atractivas, pero con diferencias marcadas en el plano de la ideología y de los principios regidores del comportamiento. Los frigios sirvieron de enlace con el posterior reino de los lidios, que entraran en relaciones conflictivas con los griegos asiáticos de la época arcaica. Las tradiciones griegas hacían de Midas, por otra parte, un rey filohelénico, casado con una griega, el primer extranjero que envió una ofrenda al santuario de Delfos. Todos estos contactos, junto con los realizados a través de los mercaderes fenicios, son los que explican la presencia de un impulso oriental en el renacimiento con que acabó, en el siglo VIII, la edad oscura de los griegos. Aquí se produce una cultura original, pero en ella están presentes elementos aglutinantes y estimulantes, al tiempo que aspectos formales, que proceden del rico mundo cultural del Próximo Oriente, continuación y renovación de una civilización ya milenaria.

 

La esclavitud

 

En los poemas atribuidos a Homero y a Hesíodo se encuentra presente la esclavitud, a través de términos que aluden a la captura o a los servicios domésticos. La situación del sistema de explotación parece bastante diferente a la de las formas de dependencia del mundo micénico tanto como a la de la esclavitud clásica. El crecimiento de los cambios y del comercio fenicio favorece el papel intermediario desempeñado por éste en el tráfico humano que permite el desarrollo de la esclavitud como objeto de la actividad mercantil, pero la base productiva parece centrarse en la presión sobre los campesinos libres, que empiezan a mostrar sus resistencias a través de las formas mentales que aparecen en Hesíodo. Los principales servicios aparecen prestados por mujeres y, en todo caso, pertenecen al ámbito del oikos, lo que sin duda se revela en el hecho de que la terminología dominante sea la relacionada con esta palabra. Sin embargo, en los mismos poemas Garlan observa un proceso de cambio entre "La Ilíada" y "La Odisea", en el sentido de un aumento del número de varones en la segunda realizando funciones serviles en las casas de los reyes y de la sumisión obtenido a través de la rapiña, de acciones de piratas, cada vez más frecuentes a costa de la acción de los héroes guerreros. El mundo de los cambios y de la navegación se impone en la realidad social, del mismo modo que "La Odisea" refleja más el mundo de los navegantes y del oikos que el del campo de batalla. El elemento diferenciador continúa situándose, por tanto, no en los medios de obtención, sino más bien en el sistema de explotación que permite colocar el mundo homérico en el plano de la esclavitud patriarcal, resultado del proceso de configuración del oikos desarrollado a lo largo de los siglos oscuros.