Edad del Bronce y Grecia Antigua

11.- La poesía de Hesiodo

 

La poesía que se atribuye a Hesíodo ofrece un panorama bastante diferente. La hipótesis de que existe una tradición épica que permanece en el continente, y por ello experimenta otra evolución, se ve corroborada por las peculiaridades de sus preocupaciones temáticas. La tradición experimenta así una cierta bifurcación que sirve para completar la comprensión general de la época. La nueva sociedad ha sido capaz también de organizar un todo complejo en el que se integra el mundo fantástico del imaginario primitivo, lleno de seres monstruosos, gigantes y titanes, en constantes luchas entre ellos, presidido por el Caos, para en una compleja genealogía abrir las puertas a un nuevo mundo presidido por Zeus. La nueva jerarquía sirve de modelo a los reyes que presiden en la realidad las comunidades que se han configurado a lo largo de la edad arcaica. "La Teogonía" es el relato del origen de los dioses, pero también el de la creación de una estructuración integrada superadora del mundo primitivo de los seres excesivos. La monarquía impone la unidad, pero es ya el modelo del nuevo basileus, noble aristócrata cuyo poder se ejerce a escala local. Este aristócrata es quien se erige con unos poderes que afectan profundamente al campesino, en el momento en que, a consecuencia del proceso de asentamiento, se define la propiedad. El campesino puede verse desprovisto de su tierra si no trabaja. Por ello, Hesíodo aconseja a su hermano que se afane, no vaya a ser que alguien acapare su tierra. El problema está en esos reyes, devoradores de regalos: dorophagoi. Los campesinos libres corren el riesgo de convertirse en dependientes por este procedimiento. Zeus, el rey monárquico, modelo de los reyes, representa también la unidad perdida, donde los campesinos depositan su confianza en la esperanza de que triunfe Dike, la Justicia. Los actuales reyes emiten sentencias torcidas y Hesíodo aconseja la sumisión, aunque en algún momento se deja arrastrar por la ira y expresa el deseo de no ser tan justo, porque obtiene más justicia el que se comporta más injustamente. Sin embargo, termina triunfando la postura partidaria de la sumisión a ese Zeus, contrapuesto e identificado al mismo tiempo con el poder aristocrático.

 

12.- Basileia, oikos, genos

 

A veces, da la impresión de que el Zeus de los poemas homéricos, igual que los reyes de "La Ilíada" y "La Odisea", es realmente el señor de un oikos, es decir, el jefe y organizador de una unidad económica compuesta por sus familiares y grupos de personas que se encuentran con respecto a él en diversos grados de dependencia. La basileia que se define a lo largo de la época oscura, al configurarse una propiedad acumulativa definida en ese oikos, viene a ser una forma de aristocracia, que recibe el mismo nombre que los señores que, en época micénica, tenían un poder militar que les permita ir a la guerra con sus huestes, su laós, pero que dependían, al menos en momentos de guerra, del señor supremo que se identifica con el ánax. También el nuevo basileus es jefe militar y puede emprender campañas para conquistar tierras y fundar ciudades, sobre todo en la época de las migraciones, en que se consolida su poder y capitaliza en su favor la organización gentilicia. Ésta se convierte en el vehículo por el que se transmiten las dependencias y favorece el predominio de los mejores que se convierten en eugeneis, pertenecientes a los buenos gene, los que se pueden conocer, gnorismoi, coincidentes con aquellos que son capaces de realizar hazañas excelentes, aristeiai, por lo que ellos mismos sobresalen por su virtud, areté, y se erigen en áristoi, en los mejores. El sistema aristocrático favorece la existencia de la basilea, representada por los miembros de las familias sobresalientes y que en algunos casos pueden convertirse en auténticos reyes, en el sentido de monopolizar el poder sobre una comunidad incluso después de que ésta se haya instalado como comunidad ciudadana, como politeia, circunstancia en que, normalmente, la comunidad afirma su organización tribal para convertirla en vehículo de participación colectiva, controlada por los aristócratas de modo colegiado. Lo normal es que esa realeza quede relegada, salvo en casos como el espartano, a una funcionalidad religiosa, ejercida indistintamente por diferentes miembros de la aristocracia.

 

13.- Demos y thetes

 

Las primitivas comunidades vivían en demos, asentamientos donde se explota la tierra repartida, dasmós, que entran en relaciones complejas con los señores, en el proceso acumulativo que se refleja en el poema hesiódico de "Los trabajos y los días". Su capacidad de supervivencia como demos libre resultó variable a lo largo del espacio geográfico griego. En algunos lugares se convirtieron en comunidades dependientes, en otras forzaron los agrupamientos en comunidades urbanas donde asentaron su identidad como comunidad, con funciones militares y capacidad para disfrutar de parcelas de tierra, siempre en relaciones conflictivas con los poderosos y de resultado variable. Al margen de las comunidades, los acontecimientos de la edad oscura permitieron la aparición de personas o grupos marginales, carentes de identidad como grupo, sólo capaces de subsistir cuando se alquilaban como mano de obra a cambio de la manutención o de un salario, misthós. Son los thetes, los que carecen de arraigo en la comunidad y con la tierra, que se encuentran en las condiciones adecuadas para caer en formas de dependencia individual que se orientan hacia la esclavitud, fenómeno que poco a poco se ve favorecido por el desarrollo de los viajes con intenciones comerciales y de las expediciones bélicas que tendían, no ya a controlar las tierras vecinas, sino a la captura de hombres para someter a los incipientes mercados de esclavos.

 

14.- Fundamentos teológicos. El Rey divino.

 

Los padres de la religión griega son, en cierto modo, Homero y Hesíodo. La realidad, vista desde otro ángulo, consiste en que las formas de estructuración social que se llevan a cabo a lo largo de la Edad Oscura vienen a plasmarse ideológicamente en sus obras, como resultado cultural del mismo proceso que lleva al final de la edad oscura. En ellos aparece la nueva situación sin dejar de estar presente el entramado complejo de relaciones conflictivas que vino a desembocar en el nuevo mundo. El panteón recientemente estructurado revela la complejidad de sus orígenes. Por una parte, la realeza divina de Zeus se impone sobre el Caos y sus secuelas, a través de la victoria sobre los Gigantes y la sustitución de su propio padre, Crono, que devoraba a sus hijos tras haber derrotado a su progenitor, Urano. De la fuerza celestial, representada por este último, hasta el nuevo rey, igualmente celestial, carácter revelado por la etimología del nombre y la comparación con otras lenguas indoeuropeas, el resultado ha sido el establecimiento de un poder organizado, comparable al Estado, más allá de la anarquía de los poderes monstruosos anteriores. Sin embargo, ciertas tradiciones revelan que, al menos, una parte de la población verá en la época de Crono una edad de oro.

 

Casa de Zeus

 

Según una tradición, la época de Zeus habría traído consigo el trabajo. En cierta medida, representaba el final de la edad de oro, pero también, para el campesino, la época en que a través de su hija Dike, la Justicia, era posible la concordia entre nobles y campesinos. Su carácter de divinidad estable y estática, junto a su realidad históricamente condicionada, produce la ambigüedad que permite una mayor eficacia, porque el Zeus de los poemas homéricos, junto a las posibles referencias a la realeza auténticamente micénica y a la realeza idealizada de la época antigua donde había justicia, también representa al jefe de un oikos, con una familia compleja a su alrededor, dependiente en diferentes grados, profundamente patriarcal, a pesar de que algunos rasgos de los dioses de sus familias puedan resultar chocantes, sólo lo suficiente para revelar la pervivencia de funcionalidades primitivas, relacionadas con la producción y la reproducción. Las diosas pasan a convertirse en sus esposas o sus hijas y, a pesar de los celos de Hera, se le permite la poligamia productora de nuevos dioses o héroes, en lo que también revela los rasgos propios de sociedades primitivas, perdurables por su vigencia como punto de referencia para crear una nueva cohesión actual. En su casa se representa el triunfo del patriarcado dinámicamente, resultado de la concentración del poder, de la victoria sobre seres primitivos y de la integración de las divinidades femeninas. Así, Zeus representa al jefe del oikos, sublimado en sus referencias a la realeza antigua.

 

Tradición e innovación

 

En los poemas homéricos, junto a los cultos y a las divinidades que remontan su tradición a época micénica, están igualmente presentes otros que responden a los cambios que han tenido lugar a lo largo de los siglos oscuros. Más que a las migraciones relacionadas con la nueva implantación doria en la península, las innovaciones resultan como consecuencia de la integración de las poblaciones consideradas prehelénicas. El culto de Apolo, procedente de Licia, que atraviesa el Egeo pasando por Delos; el culto de Afrodita, divinidad oriental que se asienta primero en Chipre, en el mundo temprano de los viajes mediterráneos, están ya presentes en los poemas, configurando lazos familiares dentro del panteón olímpico. Apolo, con Ártemis, divinidad igualmente asiática, de profundas raíces en los pueblos que entran en contacto con los griegos en torno a Efeso, y con Leto como madre de ambos, forman una trinidad clásica de procedencia prehistórica, aunque ya en los poemas la madre haya formado una nueva pareja con Zeus. Afrodita, reina diosa de Chipre, se amolda en los poemas a un papel secundario con relación a los valores del panteón, así como con relación a los dioses directamente vinculados con funciones masculinas como Atenea, o integrados en el mundo matrimonial, como Hera. Afrodita sufre la libertad de su feminidad al aparecer en posiciones que ridiculizan su debilidad o critican su capacidad de atractivo hacia los varones.

 

Ethos aristocrático

 

Cuando Aquiles consigue que Agamenón devuelva a la esclava Briseida, hija del sacerdote de Apolo, porque este dios castiga con la epidemia a las tropas de los aqueos, el señor, ánax, que se hallaba al frente de las tropas atacantes de Troya, el rey de Micenas Agamenón, se venga arrebatándole a la esclava que le había correspondido a él, Briseida, en un acto despótico que Aquiles le recrimina, pues se dedica a quedarse con el mejor botín obtenido de las hazañas de los demás. La estructura aquí representada tiene una doble cara, pues el basileus Aquiles se ve obligado a plegarse a las decisiones del jefe que reparte el botín, pero puede romper la coalición y retirarse del combate, dominado por la cólera, tema de "La llíada" como motivo de las desgracias que sufrían ahora los aqueos. La ambigüedad entre la realeza micénica y la coalición aristocrática, reflejo del paso de los tiempos anquilosados en los poemas, es también el valor máximo en que se revela el sentido ideológico de los mismos. El héroe aristocrático encuentra sus raíces en el mundo heroico de la edad micénica y, en la simulación literaria, desde ese mismo momento inicia su reproducción a través del canto de las hazañas correspondientes. Aquiles, dominado por la ira, se retira junto a las naves, lejos del campo de batalla, y allí se dedica a cantar las hazañas de los héroes, modo de entretenimiento propio de los de su clase y de sus herederos, hasta el siglo VIII por lo menos. Sin embargo, es más normal que el canto se deje en manos de los profesionales, de los aedos, desde que Odiseo regresaba a su casa y fue arrojado por las olas a la isla de Esqueria. Allí el ciego Demódoco ya era capaz de cantar las hazañas en las que él mismo había participado. La tradición continúa hasta la época arcaica, donde los poemas pasan a redactarse por escrito, y en ellos continúan cantándose las excelencias de los héroes, aristeia, que sirve de factor calificativo para los aristoi, que han adquirido la condición a lo largo del proceso en que las campañas han terminado por ser el recuerdo remoto sobre el que justificar el poder económico que la sustenta. Ahora el aristócrata se parece más a Alcinoo, poseernos de un oikos que incluso puede estar situado dentro de la ciudad. El héroe se ha convertido en un fenómeno del pasado, pero sus rasgos sirven de modelo y de justificación. De hecho, la aristocracia griega vuelve ahora a establecer relaciones entre sus miembros, a larga distancia, sobre la base de la tradición representada por los poemas, a causa de que, en la realidad, cada vez necesitan establecer con mayor claridad lazos de solidaridad que fortalezcan la posición de todos y de cada uno en el nuevo panorama que ofrece la sociedad, tal como aparece reflejada en Hesíodo. La culminación, representada por el siglo VIII es, al tiempo, el momento en que las relaciones con los dependientes requiere una nueva orientación, antes de lo cual el procedimiento consistente en fortalecer ideológicamente los elementos justificadores de la superioridad resulta un arma útil y capaz, por lo menos, de aplazar los conflictos. De este modo, resulta especialmente significativa la institución de la xenia, hospitalidad, para que cada uno se sienta seguro en otras tierras, sin riesgos de verse sometido a ningún tipo de dependencia. Entre ellos, los aristócratas fortalecían sus lazos con el intercambio de regalos, de modo que cuando se encontraban, incluso en el combate homérico, no sólo no combatían entra ellos, sino que reproducían la tradición, como Glauco hijo de Hipóloco y Diomedes hijo de Tideo, en el canto VI de "La Iliada". Ahora se intercambian los escudos en lugar de combatir aunque, según el poeta, eran de diferente valor. El guerrero homérico es un aristócrata del siglo VIII y, al mismo tiempo, un guerrero de época heroica, lo que hace de este último modelo el espejo vivo donde fortalecer las propias tradiciones y divulgarlas en la nueva sociedad renaciente, en que se consolida la cultura, la escritura y la navegación. Por ello también toman como modelo a Odiseo, que soportó muchas aventuras, pero mantuvo su carácter aristocrático, a pesar de que se vio obligado a pasar por lugares difíciles, a enfrentarse a pueblos primitivos y a tener contacto con mercaderes, símbolo de los nuevos tiempos. Al final, Odiseo reposa y recupera su oikos, gracias al carácter ejemplar de su esposa, que mantuvo a raya a los pretendientes que trataban de hacerse con la fortuna de Odiseo. Pero los pretendientes, a pesar de todo, son igualmente áristoi, que se mueven en el mismo ambiente competitivo de la clase de Odiseo e intentan vencerlo por todas las armas, de las que tampoco prescinde el astuto héroe de Itaca. Lo que importa es la gloria que se traduce ya en la época de redacción de los poemas en el arma más sutil del control social. De hecho, lo importante es vencer, apoderarse de las vacas del vecino o vengarse por ello, conquistar una nueva esclava o impedírselo a otro. El ethos es exclusivamente el del prestigio, la victoria y la gloria.

 

Santuarios

 

Del mismo modo que al final de la Edad Oscura se recuperan las tradiciones sobre los héroes que habitaron en época micénica, adaptadas a las nuevas necesidades, también la nueva aristocracia trata de forjarse las señas de identidad a través de los lugares de culto que considera vinculados a ese mismo pasado. Algunos antiguos santuarios comienzan a recuperarse a partir del siglo X, como ocurre en Olimpia, en el Peloponeso; otras veces el lugar parece haber conservado su función cultural, aunque a través de una etapa muy pobre, como Eleusis, cerca de Atenas, y, finalmente, en ocasiones, parece transformarse en centro de culto lo que no era más que el resto material de cualquier asentamiento abandonado, que por su vetustez ha adquirido prestigio y ha comenzado a recibir ofrendas a lo largo del período oscuro. De este modo, al tiempo que se configura un panteón y se recuperan los héroes del pasado en la literatura oral o escrita, del mismo modo se recupera el espacio para dar forma a nuevos fenómenos religiosos propios de los tiempos que se viven, pero asentados en un pasado real que se convierte en factor para el desarrollo del mundo imaginario.