7.-
Poemas homéricos
Al
final de la Edad Oscura, entre los siglos VIII y VII, se llevó a cabo
la redacción de los poemas que la tradición atribuye al poeta Homero.
Ya en el siglo XVIII se planteó la duda de que un solo poeta, en los albores
de la creación literaria de la humanidad, fuera capaz de realizar una
obra de tal envergadura. Al mismo tiempo, una cierta crítica literaria,
que ya había funcionado entre los eruditos de la Biblioteca de Alejandría,
en los momentos finales de la historia independiente de Grecia, tendía
a considerar impropio de la personalidad de Homero el hecho de que en
los poemas se advirtieran contradicciones o repeticiones. El resultado
fue el nacimiento de la querella homérica, en torno a la unidad de los
poemas, en la que algunos defienden que se trata de dos obras únicas,
compuestas por un individuo genial, donde es inevitable la apreciación
de determinados fallos, y otros que se trata de un conglomerado de obras
sueltas irregularmente compuestas y enlazadas, hasta que, a través de
la comparación con la época viva de algunos pueblos eslavos, Parry planteó
la hipótesis de la oralidad. Los poemas habrían tenido, antes de su redacción
escrita, una larga prehistoria, que se revela en algunas de sus específicas
características formales, sobre todo en la llamada fórmula o expresión
hecha a que recurre el poeta como método memorístico, adecuada para cubrir
de modo recurrente determinados esquemas métricos en circunstancias a
veces adecuadas y a veces no, pues se puede hablar del casco brillante
de Héctor, aunque se halle rodando por el suelo con su dueño herido y
caído tras el ataque de Aquiles. Con una gran cantidad de matices y de
variaciones, tiende a generalizarse la opinión de que los poemas conocidos
por haberse sometido a la forma escrita representan el punto culminante
de una larga tradición, aunque el hecho mismo de haberse escrito, en un
momento cultural determinado, con características propias, ha dado un
nuevo tono a las obras, sometidas ahora a las nuevas necesidades de la
sociedad que se configura con los inicios de la época arcaica. Como en
otros aspectos culturales, la poesía que se desarrolla en la época oscura
es nueva y va renovándose de acuerdo con los cambios producidos a lo largo
de varios siglos, pero se apoya en una tradición de la que se sirve y
a la que manipula en consonancia con las nuevas formaciones sociales que
buscan un nuevo modo de controlar la cultura, en el que parece desempeñar
un importante papel el uso del pasado.
8.-
Homero y Micenas
Desde
el momento en que los trabajos arqueológicos comenzaron a sacar a la luz
las realidades materiales del mundo micénico, cuyo impulso procedía del
interés de Schliemann por encontrar los escenarios de los poemas homéricos,
los objetivos de la investigación histórica se definían en ese sentido.
Las correspondencias y los desfases se han ido poniendo de relieve en
una sucesión de trabajos caracterizados por posturas bipolarizantes. Las
mismas actitudes han presidido en gran medida las preocupaciones de quienes
se acercaban con ánimo de desentrañar la realidad histórica a las tablillas
micénicas, una vez descifrada la escritura lineal B. Los resultados son
cada vez más matizados frente a la bipolaridad que sólo admitió el reflejo
de la realidad o la falsedad mitificadora como actitudes contrapuestas.
Los poemas son el producto vivo del final de la Edad Oscura. Sin embargo,
también se detectan los rasgos de una estructura monárquica de tipo palaciego,
en la figura del ánax, equiparable al wa-ne-ka-te de las tablillas, señor
de poder soberano cuyo título se aplica igualmente al señor de dioses
y de hombres, a Zeus, sublimación del poder monárquico, aunque a veces
su casa se parezca a la hacienda de un noble de los inicios de la época
arcaica. Las tablillas tratan de un ra-wa-ke-ta, que se interpreta como
conductor del laós, del pueblo en armas, ayudante del rey que, aunque
carece de correspondencia léxica en los poemas, puede identificarse con
el papel de Héctor, jefe guerrero junto al rey Príamo, retirado del combate.
El basileus homérico, especie de rey subordinado al ánax, puede tener
su equivalencia en el pa-si-re-wa. Todo ello, sobre la base de que en
la escritura lineal de base silábica, cada una de las sílabas expresada
en transcripción entre guiones, refleja imperfectamente la fonética griega
y no distingue, por ejemplo, entre -r- y -l-. La ke-ru-si-ya micénica
equivale sin duda a la gerousía, reunión de gérontes, que de ancianos
han pasado a identificarse con la nobleza de los héroes guerreros. Con
todo, el análisis preciso de las realidades que subyacen a esos términos,
así como el estudio del conjunto histórico, llevan a autores como Finley
a considerar mucho más significativas las diferencias que las similitudes.
La época ha cambiado sustancialmente. La realidad micénica aparece, por
tanto, como pura arqueología y lo que se revela en los poemas es la preocupación
de los habitantes de la Grecia del siglo VIII o VII por dar un nuevo valor
a su propio pasado. Esta preocupación despierta un espíritu anticuario
que hace recuperar recuerdos lejanos, a veces en una confusión donde los
anacronismos resultan el elemento más significativo.
9.-
El panhelenismo
La
historia de la elaboración de los poemas homéricos a lo largo de la época
oscura es, al mismo tiempo, la historia del pueblo griego y de su formación
como tal. Desde el punto de vista geográfico, entonces se produce el gran
movimiento migratorio que los llevó a ocupar las islas del Egeo y la costa
de Asia Menor en su parte occidental. Fue ya en esa nueva disposición
donde los poemas se pusieron por escrito y este mismo hecho significó
una cierta toma de conciencia de la unidad de los griegos, basada precisamente
en la constitución de tradiciones comunes, entre las que la más eficaz
fue la referente a la expedición a Asia Menor para emprender la guerra
de Troya. En ella habían participado tropas y naves procedentes de toda
Grecia, de norte a sur, y de las islas, incluida Creta, es decir, de todos
los emplazamientos que se consideraban vinculados, directa o indirectamente,
a los recuerdos de la civilización palacial. Los catálogos del libro II
de "La Ilíada" sirven para dar nuevo prestigio a la Grecia en
su conjunto, así como para justificar su presencia en las fundaciones
de Asia Menor. El pasado se usa, se manipula e incluso se inventa, a pesar
de que arqueológicamente se apoya en bases constatables, lo que da un
nuevo valor histórico a los poemas como visión del pasado desde el pasado,
para comprender un nuevo aspecto de la realidad micénica: el de la imagen
que era capaz de transmitir y hacer perdurar a lo largo de los siglos
oscuros. A través de las transformaciones sociales y políticas, a través
de las migraciones, el sistema social se considera modelo de prestigio
para la aristocracia que entonces se constituye y su realidad de conjunto
sirve de apoyo para un nuevo panhelenismo, el que se forja como fundamento
de la sociedad aristocrática que muestra su solidaridad de clase al participar
en prácticas religiosas que se desarrollan en santuarios panhelénicos,
fenómeno paralelo al del panhelenismo de la épica. La tradición oral,
dúctil, permite las adecuaciones al momento vivido hasta que la tradición
confía en la diosa Mnemosyne para mantener íntegras unas estructuras a
las que ahora acudir con nuevos objetivos, como cuando se hacen nuevas
ofrendas en lugares micénicos, capaces de pervivir en el tiempo a pesar
de las transformaciones.
10.-
Los ciclos épicos
La
épica griega no se limita a los poemas atribuidos a Homero. Además de
las obras atribuidas a Hesíodo, hubo una extensísima producción conservada
muy parcialmente en fragmentos y testimonios indirectos que sirven al
menos para dar a conocer la existencia de gran cantidad de temas que abarcaban
las historias de muchos personajes de la mitología agrupados en ciclos,
que serían posteriormente utilizados por los poetas líricos y trágicos,
por los pintores de vasos de cerámica y por los escultores que adornaban
frisos y frontones de todos los templos. En la Edad Oscura se configura
el conjunto de la temática que nutre toda la cultura griega y su fundamento
se hallaba en los tiempos heroicos, identificados con el mundo micénico.
Así pues, toda esa cultura posee un constante referente situado en ese
mundo, cuya realidad histórica se ha manipulado hasta transformarla en
mito. Los poemas homéricos forman parte, en su temática, del ciclo troyano,
donde se incluyen los antecedentes de la guerra, así como los regresos
de los héroes, de los que el de Odiseo-Ulises sirve como tema de "La
Odisea" y el de Agamenón como argumento de la trilogía trágica de
Esquilo, "La Orestíada", ya en el siglo V. Los fundamentos son
difíciles de captar, pero a través de toda clase de manipulaciones, parece
notarse la huella de preocupaciones específicas, relacionadas posiblemente
con el final de aquel mundo. Lo mismo ocurre con el otro ciclo famoso,
el de Edipo y sus descendientes, causantes con sus conflictos internos
de los grandes dramas sufridos por la ciudad de Tebas. Los ciclos se transmiten
todos ellos por vía oral a través de cantores que viajan por las comunidades
griegas, aprovechando las tendencias panhelénicas que permiten la comunicación.
El oficio tiende a especializarse dentro de clanes determinados, entre
los que el más famoso llegó a ser el de los Homéridas, que se convirtió
con el tiempo en el monopolizador de la tradición épica, aunque también
se nota en manifestaciones cerámicas que los suyos no son todavía en época
arcaica los temas predominantes. La formación del mundo cultural que favoreció
la actividad de los santuarios panhelénicos permitió también el inicio
de la celebración de festivales donde se recitaban los poemas, lo que
llevó paulatinamente a la creación de formas canónicas tendentes a la
fijación por escrito. Los temas épicos representaban el mismo fenómeno
de recuperación del pasado que estaba implícito en la renovación de cultos
en centros tradicionalmente considerados como herencia micénica. La recuperación
cobra así todo su sentido en diferentes campos de la vida cultural.
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