3.-
Europa Oriental. Asentamientos.
La
división tradicional en escitas reales o nómadas y escitas agricultores
sedentarios debería permitir analizar un modelo de asentamiento, que,
sin embargo, todavía no se conoce. En el área de la cultura de Chernoles,
en la fase anterior a la supuesta intrusión escita, el poblamiento se
caracterizaba por un hábitat abierto. En el distrito de Poltava, el modelo
más característico es un poblado de 10 ha con las casas, en un caso hasta
22, dispuestas en círculo. Hacia el este el modelo se modifica por la
aparición, sobre todo en el valle de Tjasmin, de pequeños núcleos fortificados
por empalizada y con un foso inmediatamente delante; se sitúan en posiciones
estratégicas y su tamaño oscila entre 40 y 100 metros de diámetro. La
función y el origen de este nuevo modelo no queda bien definido, aunque
en algún caso se ha interpretado como una expansión del grupo de Chernoles
hacia el este. A partir del siglo V a.C., es decir, cuando esta población
ya es definida como escita, el modelo sufre un nuevo cambio, ya que si
por una parte se observa la continuidad del poblamiento en llano y sin
defensas, caso de Ostroverkhovka con cinco grupos de casas cada una de
las cuales presenta más de diez habitaciones, por otra algunos de los
núcleos fortificados crecen considerablemente, como lo muestran Belskoïe
en el valle del Volga o el fuerte de Tjasmin. En el primer caso, durante
el siglo VII a.C., el lugar correspondía a dos fortines circulares, de
los estudiados en la cultura de Chernoles; en el siglo VI a.C. ambos núcleos
fueron incluidos en una estructura fortificada; por último, en la fase
de los siglos V-IV a.C., se le añadió una nueva fortificación que dio
la estructura definitiva al asentamiento hasta su abandono, en el siglo
III a.C. Es difícil saber, en este momento de la investigación, cuál era
la función de estos grandes centros; para Gimbutas, fueron lugares de
reunión y defensa, y en todo caso de almacenaje del excedente; en cambio,
para Chelov, pudieron ser centros de intercambio, almacenaje y producción
industrial. La disposición de Belskoïe en el límite de dos territorios
tribales hace pensar a este autor que se trata de Gelonus, citada por
Heródoto, la capital de una unión tribal, que se encargaría de la redistribución
de la madera y otros productos artesanales. Elizavétoskaïa, por citar
otro caso, de 52 hectáreas y sobre el río Don, ofrece una interesante
información, ya que el 80 por 100 de la cerámica recogida pertenece a
ánforas griegas. Como en el caso anterior, el asentamiento desarrolló
su vida hasta el siglo III a.C., siendo abandonado seguramente por la
presión de los sármatas reales que ocuparon el Don hacia esta fecha; es
entonces cuando se produce la aparición de Neapolis en Crimea, en un área
periférica a las estepas. En el ámbito inmediato de las colonias griegas,
la tendencia a imitar los modelos de la ciudad helénica fueron continuos,
tanto en el área escita como en otras próximas. El asentamiento tracio
de Seutopolis en Bulgaria, creado en el siglo IV a.C., muestra todas las
tradiciones griegas en materia de defensa y de planificación, pero, como
señala Champion, bajo esta apariencia nunca dejó de ser una residencia
principesca.
Naturaleza-Tecnología-Sociedad
Salvo
para muy pocos autores, se acepta que es el paso del segundo al primer
milenio el que marca la aparición de la sociedad y la economía nómada.
Uno de los grandes problemas que ha debatido la hasta hace poco tiempo
arqueología soviética, ha sido precisamente el paso de una economía trashumante
pastoril, pero sedentaria y con movimiento de una pequeña parte de la
población para desarrollar esta labor, a otra de corte nómada. Klejn ha
resumido las diferentes opiniones en una serie de teorías: *Teoría de
la expulsión. Según la cual la población nómada fue expulsada de las raras
y escasas zonas de la agricultura de regadío por la presión de los pueblos
que habitaban estas áreas. *Teoría del desarrollo de las fuerzas productivas.
Ha sido la tradicional en la ortodoxia marxista soviética y justifica
la aparición del nomadismo por el crecimiento de las manadas de animales
y la imposibilidad, por parte del modelo económico, de posibilitar pastos
para este desarrollo; con tal motivo se recurrió a la dispersión como
fórmula para continuar el crecimiento económico. *Teorías catastrofistas.
Encierran algunas variantes como la climática, básicamente determinista,
que valora el cambio en razones muy simples, como la tendencia a la aridez
en la zona o, incluso al contrario, es decir, que el fin de ésta hizo
posible un aumento de los pastos y la especialización. Markov ha defendido
también como causa el factor antrópico, provocador de la deforestación
y la salinización de los suelos. *Teoría demográfica. Importada de la
historiografía occidental, ha sustituido la presión del medio por la presión
demográfica. *Teoría del intercambio y la tesaurización. Para algunos
autores, como Rudenko, el contacto continuado con las poblaciones sedentarias
vecinas, que ya otros autores como Shilov habían defendido como causa
de la aparición y consolidación de los nómadas, terminó por definir un
doble sistema social de familias pobres y ricas, las últimas de las cuales
al enriquecerse optaron por un sistema más ágil para mantener su poder:
el nomadismo. *Teorías militaristas. Defendida por el propio Klejn, y
asimismo presente en la obra de Masson, se fundamenta en el principio
de que la guerra articulada a la movilidad fue un sector económico que
posibilitó una relativa estabilidad económica, permitió un desarrollo
económico en las limitadas condiciones que imponía el medio ambiente y
fortaleció la estratificación social. Conviene señalar que algunos autores,
como Marcov, han planteado la articulación de algunas de las anteriores
causas citadas en un modelo multicausal, muy al gusto de la teoría de
los sistemas. Si la diversidad rige el análisis capaz de explicar la aparición
de la economía nómada, hay mayor coincidencia a la hora de seleccionar
entre sus principales características el concepto de dispersión como el
que mejor define el funcionamiento de la cría nómada, como actividad económica
específica y dominante. Para Masanov la aparición y desarrollo de esta
práctica se produce en el marco de una serie de límites impuestos en unas
determinadas condiciones medio ambientales, que son absolutamente necesarias
para la existencia de este tipo de modelo económico. Las condiciones climáticas
naturales de estas áreas no permiten grandes concentraciones estabilizadas
de ganado, debido a los limitados recursos forrajeros de la cobertera
vegetal. En las estepas de Kazakhstán, un caballo necesita para su reproducción
un mínimo de 20 hectáreas de pastos por año, y un cordero entre 5 y 7;
en Mongolia, entre 1,6 y 6,7 para el segundo de los casos citados, y en
las zonas subdesérticas esta medida puede ampliarse significativamente.
En el plano de la cualidad, el problema es también complejo y afecta directamente
a la selección racional de las especies. En los pastos desérticos del
Kazakhstán, las Quenopodiáceas, que son la base fundamental de los pastos,
presentan una variedad de 180 especies, de ellas los corderos consumen
hasta 132, en tanto que los bueyes sólo 24. Un segundo limite ecológico
lo aporta la ausencia de agua, en una zona claramente clasificable como
árida o subdesértica, cuando no desértica. En general, casi todos los
puntos de agua conocidos son artificiales, lo que exige una tecnología
capaz de conocer y poner en práctica esta posibilidad: no deben ser pozos
muy profundos y no deben encontrarse lejos de la zona de pastos y exige
también la conciencia de que estos puntos no pueden mantener durante mucho
tiempo una gran concentración ganadera. A ello hay que añadir que no todas
las especies animales necesitan la misma cantidad de agua al día, lo que
interviene en el campo de la selección racional de las especies que componen
la ganadería nómada. Cumplidos estos requisitos, la red de pozos y áreas
de pastos articulan el modelo de desplazamiento. A estos factores hay
que añadir la capacidad de las especies no sólo para adaptarse a este
medio ambiente, sino para desplazarse, es decir, su velocidad y su resistencia.
Este hecho marca significativas diferencias entre la elección de un ganado
u otro, por ejemplo, entre los rebaños de pequeños o grandes animales,
y de hecho la distancia a los puntos de agua está en relación directa
con la capacidad de desplazamiento del ganado: un caballo exige tener
el punto de agua no más allá de cinco kilómetros, y un camello en cambio
puede ampliar esta distancia hasta los 8 ó 10. En fin, un desplazamiento
superior a la capacidad de la especie aumenta las condiciones de deterioro
de los animales, y si además es desordenado, puede entrañar importantes
pérdidas entre el ganado joven y aumentar las enfermedades. Las características
de las diferentes áreas y la adecuación a éstas de una variedad de especies
con distinta capacidad de respuesta al medio, ofrecen dos alternativas
en la organización de los grupos de producción: o bien pequeñas unidades
no especializadas o, por el contrario, amplias comunidades repartidas
en grupos pequeños y especializadas en diferentes especies. En general,
la estructura de la economía nómada se organiza en un débil grado de división
territorial del trabajo, con un desarrollo tecnológico limitado a productos
que fueran fácilmente transportables, para permitir una mayor capacidad
de respuesta cuando las condiciones ambientales fuesen muy negativas,
y siempre con la idea de que la dispersión fuese aceptada racionalmente
como una norma ante el peligro que suponía su incumplimiento para la supervivencia
del grupo social. Para Akichev, al desarrollo del nomadismo, que no deja
de ser sino una adaptación histórica y, por tanto, se define como un modelo
especializado a un nicho ecológico particular, contribuyen dos hechos
tecnológicos fundamentales que se definen a partir del siglo X a.C., fecha
en que se impone como modelo económico único, ya que desde el siglo XIV
d.C., se conoce como modelo semisedentario, articulado a la agricultura
y con desplazamientos estacionales; se trata del control de la tecnología
para la obtención de agua con pozos artificiales y, de otro lado, la domesticación
del caballo y la invención de las bridas, lo cual posibilitó el desplazamiento
montado. A estos factores hay que añadir la importancia reconocida al
armamento, seguramente en razón a los continuos conflictos que debieron
existir entre grupos por el control de los nichos ecológicos básicos.
En este aspecto, interesa destacar la presencia de la flecha y el carcaj
y el desarrollo de la metalurgia del hierro, que son los elementos definidores
de la cultura escita. Del hierro sabemos que esta comunidad llegó a controlar
todo el proceso de extracción, pero, además, profundizó en ciertos aspectos
cualitativos a través de la técnica del templado y por el soldado de las
láminas. Uno de los centros más importantes de esta producción es Kamenka,
en el Dniéper, fundado a fines del siglo V a.C., aunque conviene destacar
que las pruebas sobre el avance en la metalurgia del hierro allí obtenidas
se produjeron cuando los escitas se encontraban en un proceso de transición
hacia un modelo sedentario, tal y como lo demuestran las fuentes históricas
literarias, con referencias a su rey Ateo a mediados del siglo IV a.C.
Este cambio en el modelo económico no debe entenderse, tal como lo ha
expresado parte de la tradición historiográfica europea, como un proceso
natural y deseado por los nómadas, sino como un modelo de interacción
-así lo ha valorado Masson - que se produce preferentemente en la periferia
del área de las estepas con el consiguiente intercambio cultural y simbiosis
étnica con otras culturas. Es interesante recordar que las comunidades
que se incorporaron a este proceso transformador como los escitas, los
saces o los tagaros, están en contacto con altas civilizaciones, son la
periferia de éstas, y en muchos casos, como lo recuerda el caso escita,
han terminado por ocupar territorios que ya no les impone la limitación
que les había llevado a la fijación del modelo económico nómada.
Relaciones
de distribución y circulación
El
modelo escita del norte del mar Negro, con una gran población agrícola,
producía un importante excedente en trigo que, según Chelov, se destinaba
al intercambio con la ciudad griega de Olbia; en sentido contrario, el
asentamiento de Elizavétosvskaïa con su abundancia de ánforas griegas
es indicativo de los fuertes contactos que existieron entre los dos mundos;
sin embargo, salvo estos puntos de distribución de productos importados,
la gran mayoría de los objetos de valor circuló hacia las tumbas de piedra
con túmulo o kurganes de los escitas reales. La tradición se documenta
ya desde los siglos VIII-VII a.C. como lo muestra el gran kurgán de Arjan,
con 110 metros de diámetro y con habitaciones que rodeaban la tumba central,
en la que se encontraron individuos de diferente sexo. En el conjunto
habían sido enterrados en las habitaciones laterales hasta 15 individuos
de edad y 160 caballos, además de documentarse los restos de un gran banquete.
Aunque para algunos investigadores no cabe definirlo como propio de la
cultura escita, es bien cierto que en él ya se documentan objetos que
lo vinculan a ella, como una placa de bronce decorada con el típico estilo
animalístico de esta cultura. A partir de los siglos V-IV a.C., la tendencia
al enriquecimiento se hace evidente en los grandes kurganes, como el de
Tchertomlyk, caracterizado por la riqueza de su ajuar, donde se documenta
el conocido vaso de plata, con grabados de escitas domesticando caballos,
además de animales, hojas de acanto y figuras de mujer de factura griega,
y las características panoplias defensivas. A partir del siglo IV a.C.
se observa un cierto empobrecimiento de las tumbas secundarias, donde
llegan a desaparecer las armas, aun cuando sabemos por las fuentes que
no disminuyó la importancia social del factor militar. El kurgán de Gaïmanova
Moquila en Ucrania permite reconstruir el modelo característico de la
ordenación espacial de un grupo de escitas: el gran túmulo, de 8 metros
de altura y 70 de diámetro, se disponía entre varias decenas de túmulos
más pequeños; aunque parte de la estructura había sido expoliada, en la
fosa de acceso se encontraron dos caballos enjaezados con adornos de oro
y plata. En una de las cámaras laterales había cuatro individuos, dos
masculinos y dos femeninos, y dos carros de madera de cuatro ruedas. En
general, se advierten varios niveles de riqueza en los ajuares: el primero
lo constituye la simple tumba de fosa con el individuo inhumado; otro
nivel lo conforman los enterramientos de caballeros, como el que se ha
mencionado de Gaïmanova Moguila, en los que suelen documentarse por individuo
masculino una espada, hasta dos lanzas y el clásico arco y flechas con
su carcaj, se trata de túmulos de tipo medio o cámaras adjuntas a los
grandes kurgartes; por último, destacan las grandes tumbas reales.
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