9.-
La sociedad
Tradicionalmente
existe una división social característica en el mundo griego entre las
dos polis principales y rivales entre sí: Atenas y Esparta. La sociedad
espartana está caracterizada por su rigidez. Tres clases constituyen esta
sociedad dividida en espartanos, periecos e hilotas. Los espartanos eran
todos los nacidos en Esparta durante generaciones y recibían la consideración
de ciudadanos, siendo considerados iguales ante la ley. Los periecos solían
ser extranjeros que se dedicaban a la artesanía y el comercio; debían
pagar impuestos y servir al ejército en tiempos de guerra. Los ilotas
no tenían ningún tipo de derecho ya que eran siervos del Estado; en caso
de necesidad eran reclutados para el ejército y trabajaban las tierras
de los ciudadanos a cambio de un tributo. Los espartanos eran educados
para formar parte del ejército. Los niños discapacitados eran arrojados
al barranco del Taigeto. A los siete años, niños y niñas iniciaban su
adiestramiento físico a cargo del Estado mediante carreras, saltos, manejo
de las armas o lanzamiento de jabalina. La música formaba parte del adiestramiento
ya que consideraban que los ejércitos entonando una canción marcial asustaban
al enemigo. Las adolescentes abandonaban el adiestramiento para ser educadas
como madres de soldados. Durante trece años los muchachos se preparaban,
teniendo que vivir una temporada en solitario en el campo y matar al menos
a un ilota. Entre los 20 y 30 años se integraban en el ejército donde
continuaban su perfeccionamiento militar. A los 30 años alcanzaban la
edad adulta y pasaban a desempeñar cargos públicos hasta los 60. Los ciudadanos
espartanos se regían por una constitución en la que se reflejan las instituciones
que forman el poder en la polis. La Diarquía está compuesta por dos reyes
con carácter hereditario y tienen como función la máxima autoridad sacerdotal
y la jefatura de las fuerzas armadas. El Consejo de Ancianos está constituido
por 28 ancianos miembros de la nobleza y menores de 60 años, cuyas funciones
son preparar los asuntos que trata la Asamblea y juzgar los litigios entre
los ciudadanos. La Asamblea del Pueblo la forman los espartanos mayores
de 30 años y deben aprobar o rechazar las propuestas del Consejo. El Eforato
está compuesto por cinco éforos elegidos cada cinco años por los ciudadanos,
teniendo en su mano el poder ejecutivo y el control sobre la conducta
moral de los magistrados, los reyes y el Estado. La sociedad ateniense
de la época clásica viene determinada por la división entre hombres libres
y esclavos, a pesar del sistema democrático vigente. Se considera que
de los 500.000 habitantes de la península Atica, sólo 40.000 eran ciudadanos
libres. Estos ciudadanos tenían una amplia serie de derechos como el gobierno
de la ciudad a través de la participación en la Asamblea y del control
sobre los magistrados y los jueces, la propiedad de la tierra o la remuneración
por desarrollar actividades públicas (siempre que el ciudadano en cuestión
no tuviera suficientes rentas). A cambio de estos derechos deben participar
en la guerra y correr con los gastos ocasionados por las campañas militares.
Los metecos eran los extranjeros, considerándose que llegarían a los 70.000.
Se dedicaban al comercio y a la artesanía, estando sus bienes protegidos.
No podían poseer bienes inmuebles ni tierras, ni casarse con ciudadanas
atenienses. Participaban en las fiestas sociales y religiosas y podían
recibir encargos del Estado y concesiones mineras. Los deberes de los
metecos eran acudir al servicio militar y pagar sus impuestos. Los esclavos
serían unos 300.000 y carecían de derechos; debían trabajar para el Estado
o sus propietarios particulares sin recibir nada a cambio, excepto la
manutención. Se podían vender e incluso dar muerte ya que eran una propiedad
más de sus dueños. Los esclavos procedían en su mayoría de las campañas
de guerra, siendo capturados como prisioneros. El ciudadano o meteco que
no pagara sus impuestos podía ser reducido a la esclavitud. En algunas
ocasiones los esclavos eran reclutados para formar parte del ejército,
siendo manumitidos si destacaban en alguna acción de armas. Los libertos
quedaban vinculados a sus antiguos dueños. La educación ateniense era
diferente a la espartana. Los niños acudían a la escuela a los siete años,
iniciándose en primer lugar en las humanidades y después en los deportes,
entre los 12 y los 14 años. A los 18 eran declarados efebos, siendo desde
ese momento el Estado quien se ocupaba de su educación militar, política
y administrativa durante tres años. A los 21 eran declarados ciudadanos
de pleno derecho. La democracia ateniense sólo implicaba a los ciudadanos
en las tareas de gobierno y en la elaboración de las leyes. Todos los
ciudadanos eran iguales ante la ley, sólo existía diferenciación económica
entre ellos. La elección de cargos públicos se realizaba por sorteo, remunerando
a aquellos ciudadanos que no tenían posibles suficientes para dedicarse
en exclusiva a la política. De esta manera se impedía que los poderosos
coparan los cargos más importantes. El poder legislativo está en manos
de la Asamblea (Ecclesia) que tiene la función de aprobar las leyes y
los impuestos; en ella participan unos 3.000 ciudadanos aunque está formada
por los 40.000. La dirección de la Asamblea recae en un consejo llamado
Boule integrado por 5.000 ciudadanos elegidos por sorteo, siendo el consejo
quien propone las leyes. El poder judicial está constituido por un tribunal
(Helieo) que juzga las quejas de los ciudadanos; está formado por ciudadanos
elegidos por sorteo en la Asamblea y tiene un equipo asesor integrado
por juristas llamados arcontes. El poder ejecutivo está formado por los
magistrados, dirige el ejército, la política exterior y la economía; su
control está en manos de la Asamblea y debe obedecerla.
10.-
El arte griego
El
arte prehelénico se suele dividir en dos periodos: el minoico y el micénico.
La etapa minoica tiene lugar en la isla de Creta, situándose cronológicamente
entre el 1800 y el 1450 a. C. mientras que el periodo micénico se desarrolla
en la península del Peloponeso y las costas de Asia Menor entre los años
1400 y 1100 a. C. En ambos momentos se utilizarán las estructuras adinteladas,
apareciendo la columna con un papel determinante. Incluso parece estar
rodeada de cierto culto religioso al aparecer en Creta con el amuleto
del hacha doble (labris) y flanqueada por leones en Micenas. Son columnas
de madera que tienen el fuste en disminución hacia abajo y un capitel
constituido por un grueso toro y un ábaco en forma de paralelepípedo.
En este periodo se configurará un tipo de edificio que tendrá importancia
en la época clásica: el megarón, núcleo del palacio y germen del futuro
templo griego. La arquitectura minoica está caracterizada por los palacios,
de los que conocemos un buen número, siendo los más importantes los de
Cnosos, Faistós, Hagia Triada y Malia. Aunque diferenciados entre sí,
existen una serie de características comunes como su situación sobre una
colina; su orientación norte-sur; el patio central en torno al que se
disponen las habitaciones unidas por corredores y escaleras; la división
del espacio en áreas especializadas con una zona administrativa, las dependencias
residenciales y los almacenes; la existencia de dos pisos, al menos; el
pavimentado de los suelos; o la estructura de drenaje para retretes y
baños. El palacio de Cnosos es el mejor conocido gracias a las excavaciones
realizadas por Evans en los años iniciales del siglo XX. Se considera
que sería la residencia del mítico rey Minos, donde estaría el laberinto,
palabra que procede de las hachas dobles - labris - que decoran las columnas
y numerosas estancias. La mayoría de las dependencias estaban decoradas
por pinturas al fresco, apareciendo escenas de jóvenes que saltan sobre
toros, procesiones de portadores de ofrendas o figuras aisladas como la
Parisina o el Príncipe de los lirios. Al igual que en la pintura egipcia,
las figuras continúan apareciendo de perfil mientras los colores son planos.
La escultura minoica está definida por un grupo de pequeñas figuras realizadas
en cerámica vidriada o loza que reciben el nombre de diosas de las serpientes
aunque se piensa que se trataría de sacerdotisas. Llevan el pecho al descubierto
y las serpientes se enroscan en sus brazos. También destacan cabezas de
toro realizadas en esteatita negra con ojos de cristal de roca incrustados.
Los relieves de tres vasos procedentes de Hagia Triada son los mejores
exponentes de la calidad de los artistas minoicos. En el Vaso de los segadores
podemos contemplar un grupo de campesinos que regresan del trabajo con
sus herramientas, apareciendo en varios niveles de profundidad, intentando
dar sensación de perspectiva. Los Vasos de Vafio también tienen relieves,
realizados sobre oro, representando escenas campestres. Así mismo han
aparecido extraordinarios relieves cerámicos con cabras y vacas amamantando
a sus crías. Los recipientes cerámicos serán decorados con temáticas vegetales
y animales, siendo característicos los estilos de Kamáres y de Palacio.
Son escasos los restos arqueológicos que han quedado de la cultura micénica,
denominada de esta manera por Schliemann al trabajar en las excavaciones
del Círculo A de tumbas en Micenas. Quizá sean estos enterramientos los
monumentos más característicos de esta civilización. En primer lugar encontramos
las tumbas de fosa o de pozo, situadas en las afueras de las ciudades
y señaladas mediante estelas clavadas en el suelo y rodeadas de un muro
circular. Después vendrán las tumbas con largo corredor (llamado dromos)
y cámara circular al fondo(denominada tholos), cubierta con falsa bóveda.
Las más importantes son las de Micenas donde destaca el llamado Tesoro
de Atreo, realizada en sillería. Las ciudades micénicas que se han conservado
tienen una serie de elementos comunes: situación elevada, preferentemente
una colina, en cuya parte más alta - acrópolis - se construye la residencia
del príncipe y el templo, amurallando especialmente este espacio; murallas
exteriores construidas con grandes bloques de piedra sin tallar, denominado
muro ciclópeo porque consideraban que lo habían realizado los cíclopes;
acceso por rampas; entradas monumentales junto a otros accesos protegidos
con torres. Las ciudades mejor conservadas son Tirinto, Micenas y Pilos.
En Micenas se encuentra la llamada Puerta de los Leones construida por
grandes sillares de piedra, cerrada por un grueso dintel cuya carga ha
sido aligerada con un vano triangular en el que se introduce el relieve
que le da nombre, donde se representan dos leones enfrentados teniendo
como eje una columna. En Tirinto hallamos una excelente fortificación
que se extiende a la acrópolis rodeada con otra serie de murallas. A la
acrópolis se accede por una entrada monumental denominada propileos permitiendo
el paso al palacio edificado sobre la base del megarón. Nos han quedado
algunos restos de las pinturas que decoraban los palacios micénicos, realizadas
también al fresco con colores intensos como el amarillo, rojo, azul o
blanco. La temática continúa la tradición minoica apareciendo procesiones
de oferentes, animales, escenas de toros, apareciendo como novedad escenas
de guerra y caza. En cuanto a la escultura, destaca la ausencia de la
escultura monumental a excepción del relieve de la Puerta de los Leones.
Serán más frecuentes las pequeñas figurillas, realizadas en piedra, terracota
o marfil, y los relieves de las estelas. Abundan los ídolos de somero
modelado encontrados en tumbas y las representaciones de animales, incluso
de carros de guerra. En esas tumbas también se han hallado las llamadas
máscaras de oro fino donde se ha intentado representar la fisonomía de
los difuntos, destacando la llamada Máscara de Agamenón. Las diferentes
invasiones de eolios, jonios y dorios acabarán con el arte prehelénico,
sentándose las bases para el desarrollo de un nuevo estilo que se divide
en tres grandes etapas: arcaico, hasta el siglo V a. C.; clásico que corresponde
a los siglos V y IV a. C., y helenístico que abarca desde la etapa de
Alejandro hasta la colonización romana. La arquitectura griega vendrá
determinada por el equilibrio, el orden, la proporción y la medida. El
material preferido será el mármol, cortado a la perfección para formar
sillares con los que se levantarán los edificios que en su mayoría son
adintelados, a pesar de conocer el arco. El monumento más importante para
los griegos es el templo y allí se crearon los órdenes clásicos, la sucesión
de las diferentes partes del soporte y de la techumbre según tres estilos
diferentes denominados dórico, jónico y corintio. El orden dórico es el
más austero y sobrio de los tres. Se eleva sobre unas gradas desde donde
arranca directamente el fuste decorado por unas veinte estrías unidas
a arista viva, ensanchándose ligeramente en la parte central. El capitel
está formado del equino, especie de almohadilla sobre la que descansa
el ábaco, paralelepípedo de base cuadrada. Sobre el capitel se desarrolla
el entablamento que tiene tres partes: arquitrabe, friso y cornisa. El
arquitrabe es liso mientras que en el friso encontramos triglifos (estrías
verticales) y metopas (espacios decorados con relieves). La cornisa carga
en saledizo sobre el friso; al ser la cubierta a dos aguas se forma en
las fachadas el frontón, en cuyo tímpano aparecen relieves. El orden jónico
es más esbelto y femenino. El fuste descansa sobre unas molduras denominadas
basa; 24 estrías que finalizan en redondo decoran el fuste que acaba con
un hilo de perlas llamado contario. El capitel consta del cimacio decorado
con ovas y flechas sobre el que descansan las volutas, elemento definitorio
del orden jónico. El arquitrabe está formado por tres fajas que avanzan
progresivamente mientras que el friso está decorado con relieves. La cornisa
es similar al orden dórico. El orden corintio sigue las normas del jónico,
incorporando novedades en el capitel. El cuerpo troncocónico tiene forma
de cesto adornado con hojas de agua, caulículos y rosas debido a una leyenda
que narra como la diosa Gea quiso homenajear a una joven doncella fallecida.
Sus familiares depositaron el cesto de labor sobre su tumba e inmediatamente
empezaron a crecer de él una doble fila de hojas de acanto y cuatro parejas
de tallos que se enrollan sobre si mismos, situándose sobre el conjunto
una rosa o palmeta. Presente el platero Calímaco en este "milagro"
decidió plasmarlo, dando lugar al capitel corintio. En algunas ocasiones
el fuste de la columna es reemplazado por figuras. Si son masculinas se
denominan atlantes o telamones mientras que si se trata de figuras femeninas
se llaman cariátides. Como dijimos, el templo es el edificio principal
de la arquitectura helénica. Tiene planta rectangular y suele estar formado
por tres partes: el pronao o vestíbulo abierto definido por la prolongación
de las naves laterales y dos columnas entre ellas; la nao o cella dividido
habitualmente en diferentes naves separadas con columnas, situándose en
su interior la estatua del dios titular del templo; el opistodomo, estructura
similar al pronao pero en el lado opuesto, utilizado habitualmente para
guardar los tesoros de la ciudad o del templo. El más famoso de los templos
griegos es el Partenón de Atenas, levantado en honor de la diosa Atenea
Partenos por los arquitectos Ictinos y Calícrates, siguiendo las órdenes
de Pericles. Es de orden dórico y está realizado en mármol blanco del
Pentélico mientras que las tejas son de mármol de Paros. En su conjunto
destaca la perfecta simetría con que fue construido, guardando las proporciones
de tal manera que algunas líneas se han curvado o las columnas se han
inclinado para que la deformación visual las enderece. La decoración de
los frisos pertenece a Fidias al igual que la famosa estatua de marfil
y oro que guardaba la cella. Otros ejemplos importantes son el templo
de Apolo en Figalia, realizado también por Ictinos; el Erecteion ateniense,
posiblemente el más bello ejemplar de orden jónico donde contemplamos
a las famosas cariátides; el de Apolo en Didima o el de Zeus en Pérgamo,
levantado en época helenística y caracterizado por la gradería de acceso
y los cuerpos laterales que la encuadran, dando origen al podium de los
templos romanos. El teatro griego tiene tres partes: la escena donde se
representa la obra en cuestión; la orquestra de planta circular utilizada
por el coro y la gradería de planta semicircular rodeando a la orquestra.
El de Epidauro es el más importante, edificado por Policleto el joven.
El odeón tiene una forma similar al teatro, es de proporciones más reducidas
y se utiliza para audiciones musicales. Los sepulcros no tienen especial
importancia para los griegos siendo el más representativo el Mausoleo
de Halicarnaso, levantado para el sátrapa Mausolo por su viuda, constituido
por un cuerpo jónico porticado y un remate piramidal en gradas coronado
por la cuadriga de Mausolo. Las acrópolis ocupan la parte más importante
de las ciudades. Quizá la de Atenas sea la más famosa, presidida por el
Partenón y los demás templos levantados en el lugar. El acceso se realizaba
por los propileos, puertas monumentales con dos fachadas levantados por
Menesicles. La escultura griega también se puede dividir en tres grandes
etapas: arcaica, clásica y helenística. El estilo arcaico viene caracterizado
por la representación de los jóvenes atletas vencedores en los juegos.
Son figuras rígidas que con el paso del tiempo alcanzan mayor dinamismo,
manifestando siempre una perfecta proporción basada en la simetría. Se
busca la conquista del cuerpo humano y la expresión del rostro. Estas
estatuas arcaicas se dividen en kuroi - los atletas, cuyo singular es
kuros - y korai - las muchachas, cuyo singular es kore -. Estas esculturas
obedecen a la llamada ley de la frontalidad, conservando los brazos pegados
al cuerpo y rígidos, avanzando habitualmente la pierna izquierda. Los
kuroi aparecen desnudos, siendo su anatomía el principal reto del escultor.
Los labios se arquean hacia arriba resultando la llamada sonrisa arcaica
mientras que sus ojos son abultados. Su cabellera en zig-zag cae sobre
los hombros. A medida que avanza el tiempo se manifiesta un mayor conocimiento
anatómico y aumenta la expresividad del rostro. Las korai se representan
vestidas, reduciendo su cuerpo a una especie de tablero de mármol con
un estrechamiento en las caderas y un abultamiento en el pecho. En algunas
ocasiones se presentan con la forma del tronco de árbol. El cambio de
moda supondrá una interesante evolución aunque siempre reflejen las figuras
la típica sonrisa arcaica y el convencional rizo en el cabello. El avance
de la figura en movimiento se pone de manifiesto en los frontones de Egina
y Olimpia realizados hacia el año 490. En ellos aparecen adecuaciones
al marco - las figuras se ubican adecuadamente en el espacio del frontón
-, mayor dinamismo y una estructura anatómica más perfecta pero aún encontramos
sonrisas arcaicas lo que reduce la calidad del conjunto. De esta época
de transición también destaca el magnífico relieve del Nacimiento de Afrodita
que decora el llamado Trono Ludovisi. El Auriga en bronce y el grupo de
los Tiranicidas sirven de enlace con la etapa clásica. El estilo clásico
es el momento de los grandes autores, suponiendo el hito de la escultura
griega. A Mirón y Policleto debemos el dominio del cuerpo humano que caracteriza
este periodo. Mirón se especializará en el movimiento, siendo su obra
más famosa el Discóbolo, aunque posiblemente la expresión aún no alcance
desarrollo posterior. Policleto está interesado por las proporciones del
cuerpo humano, escribiendo la Symmetria donde establece el canon de belleza,
considerando que la cabeza es la séptima parte del cuerpo humano, dividiéndose
en tres partes el rostro. El Dorífero y el Diadúmeno recogen a la perfección
estos planteamientos. Con Fidias culminan los esfuerzos hacia la conquista
de la belleza, consiguiendo las figuras más equilibradas y perfectas.
Será el autor de la decoración del Partenón, donde establece la técnica
de los paños mojados que inciden en el estudio de la anatomía sin recurrir
al desnudo. Algunas de sus obras eran de carácter monumental como la Atenea
Partenos que hizo para el Partenón en oro y marfil, alcanzando los 15
metros de altura. Praxíteles será el maestro de las suaves curvas que
caracterizan sus figuras como la Afrodita de Cnido - para la que posó
como modelo la hetaira Friné-, el Fauno o el Apolo sauróctono, alcanzando
cierta blandura y expresividad romántica. Scopas se preocupará por buscar
los estados del alma, interesándose por la pasión incluso la violencia
como se manifiesta en la Ménade o las estatuas del Mausoleo de Halicarnaso,
rayando las expresiones de las figuras casi la tragedia. Lisipo busca
las proporciones y la multiplicidad de los puntos de vista, desvirtuando
el frontalismo de momentos anteriores. El Apoxiomeno o el Ares Ludovisi
son magníficos ejemplos del estilo lisipeo, interesándose también el maestro
por los retratos, especialmente los de Alejandro, de cuyo entorno formó
parte como escultor de cámara, o de Aristóteles. Los retratos griegos
buscan la individualización del personaje representado, utilizando la
figura entera. La etapa helenística vendrá determinada por el desarrollo
de las escuelas. En Atenas destacan Boetas, con su Joven orante, y Apolonio,
autor del Torso del Belvedere. La escuela de Pérgamo nos ofrece unos excelentes
grupos de figuras violentas que recogen las luchas contra los galos, obra
de Epígono, Isígono y Antígono. El patetismo también se aprecia en los
relieves de la Gigantomaquia que decoran el altar de Zeus. En la escuela
de Rodas se aprecia un significativo gusto por lo gigantesco, el movimiento
y la expresión del dolor como se aprecia en el grupo de Laoconte y sus
hijos, obra de Agesandro, Polidoro y Atenodoro, o el Toro Farnesio de
Apolonio y Taurisco. Alejandría se especializa en temas populares como
los Enanos danzando o el Negrito cantando. La pintura griega ha desaparecido
casi en su totalidad, disponiendo sólo de textos literarios, de vasos
pintados o de copias romanas. Polignoto será la primera gran figura, dotando
al dibujo de un importante papel y limitando los colores al rojo, el blanco,
el negro y el amarillo. En el siglo V destacan Parrasio - interesado por
esfumar los contornos y sugerir la continuidad de la superficie - y Zeuxis
- autor de unas uvas tan reales que los pájaros acudieron a picotearlas,
según narra la leyenda -. Apeles será la gran figura pictórica griega,
quedando muestras de su estilo en la copia romana del mosaico de Alejandro
vencedor de Darío en la batalla de Issos de una casa pompeyana. La cerámica
griega alcanzó un importante desarrollo, siendo interesante para conocer
cómo sería la gran pintura y la vida cotidiana. A lo largo del siglo VI
a. C. los ceramistas atenienses impondrán su estilo, caracterizado por
las figuras negras sobre fondo rojizo. El cuerpo del vaso sirve para representar
toda clase de temas, imponiéndose lo narrativo sobre lo decorativo. A
finales del siglo VI se produce un significativo cambio en el cromatismo
de las piezas ya que las figuras tendrán el color rojo del barro y el
fondo se pintará de negro. No se producirá, sin embargo, un cambio en
la temática ni en la disposición de los asuntos en las piezas. Los lékythos
tienen un carácter exclusivamente funerario ya que sirven para guardar
las cenizas del difunto. Al ser alargado, deforma menos la figura e incluye
policromía con azules, amarillos, ocres o morados.
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