5.-
Ciudades y casas
La
disposición de las ciudades griegas está determinada por la orografía
del lugar donde se asentaban si bien en la mayoría de ellas encontramos
determinados elementos significativos como son la acrópolis, el ágora
y las murallas. La acrópolis era el lugar sagrado, situado generalmente
sobre una colina, sirviendo como espacio de reunión de la población en
caso de ataque o asedio enemigo. El ágora era el centro de la vida ciudadana
y allí se desarrollaban las actividades políticas y económicas. Las casas
estaban situadas sin un plan urbanístico preconcebido, con calles estrechas
y sinuosas, sin ningún tipo de pavimento, presentando, por regla general,
un aspecto descuidado, llenas de suciedad. Era frecuente que los niños
fueran abandonados por sus padres en las calles; también existía un amplio
número de vagabundos que vivían donde les era posible. A pesar de la existencia
de un grupo de funcionarios que debían vigilar las vías públicas, el aspecto
general de las urbes griegas debía ser bastante deplorable. La ciudad
estaba dividida en barrios diferenciados según las clases sociales o la
ocupación artesanal de sus habitantes. La excepción a este caos urbanístico
debió ser la ciudad de Mileto donde el arquitecto Hipodamo desarrolló
una traza cuadriculada, que en su memoria se llama también red hipodámica.
Teniendo como ejemplo la ciudad de Mileto se construyeron un buen número
de urbes en las colonias y en Asia cuando se produjo la expansión helenística
con Alejandro. La mayoría de la población helénica habitaba en unas casas
bastante modestas, construidas con materiales absolutamente perecederos
por lo que apenas conservamos testimonios arqueológicos. Estas casas estaban
organizadas alrededor de un pequeño patio donde solía estar el pozo en
el que se recogía el agua de la lluvia, patio que servía de punto de partida
para el acceso a las diferentes habitaciones que apenas tenían ventanas.
Los techos eran planos y en numerosas ocasiones sirvieron para levantar
sobre ellos una segunda planta que sobresalía sobre el eje de la calle,
lo que era castigado por la administración pública con tributos. Los suelos
de las viviendas eran de barro. Para evitar incendios el fuego era encendido
en la calle, aunque no era muy frecuente la existencia de braseros ni
chimeneas debido a la carestía de la leña y la práctica inexistencia de
conductos de ventilación en los hogares. Cuando el agua del pozo no era
suficiente debía acudirse a la fuente pública, trabajo casi siempre reservado
a las mujeres. Las casas de los potentados disponían de mucho más lujo
aunque también tenían como eje un patio central con columnas llamado peristilo.
Al fondo de este patio encontramos la sala principal, denominada androceo,
y en un lugar más alejado se halla el gineceo, habitación matrimonial.
Los primitivos suelos de barro fueron posteriormente cubiertos con mosaicos.
Parece ser que el mobiliario utilizado por los griegos no era muy abundante,
independientemente del grado de riqueza de los habitantes de las casas.
Quizá el elemento más importante fuera la cama, utilizada en variadas
funciones, acompañada de mesas, sillas, cofres y almohadones.
6.-
Las mujeres
A
pesar de la existencia de un sistema democrático en Atenas, las mujeres
carecían de derechos ciudadanos. Su función primordial era el matrimonio
que se realizaba a edad temprana, aproximadamente a los 15 años. Las niñas
de las clases acomodadas iniciaban su educación a los seis años, bajo
la tutela de sus madres, enfocada al conocimiento de las labores domésticas,
el hilado y el tejido. Sólo en época tardía acudirán a las escuelas. El
matrimonio solía ser concertado por los padres, quienes debían dotar a
la novia. Se hacía pública la intención de casar a una hija e inmediatamente
se presentaban los pretendientes que a veces se aposentaban en la casa
como se manifiesta en la Odisea cuando el héroe de Itaca no llega y Penélope
debe contraer matrimonio. Una vez elegido el mejor pretendiente, éste
hace diversos regalos a su futuro suegro. El amor entre los cónyuges,
como es lógico pensar, no era el instrumento que llevaba a la boda. La
mujer quedaba absolutamente sometida al marido, siendo el objetivo de
la esposa tener hijos varones con los que perpetuar la especie. Ni siquiera
tenía derecho a las propiedades del esposo y podía ser expulsada del hogar
cuando éste fallecía. La viuda era de nuevo casada con otro pretendiente
elegido por el tutor. La vida de las mujeres atenienses acomodadas no
debía ser muy divertida. Normalmente estaban encerradas en casa, saliendo
con ocasión de las fiestas religiosas o para visitar amistades. Su ocupación
giraba en torno a la educación de los hijos y a la dirección de las labores
domésticas realizadas por la servidumbre. No participaban en los grandes
banquetes y dormían separadas de su esposo, que las requería en la cámara
nupcial cuando deseaba mantener relaciones sexuales con ella. La dependencia
del marido era tal que podía amonestarla, repudiarla o matarla en caso
de adulterio, siempre que éste estuviera probado. Las mujeres de menor
rango social tenían una vida más agradable ya que podían salir de sus
casas sin ningún inconveniente, acudir al mercado o a las fuentes públicas
e incluso regentar algún negocio. Al no existir presiones económicas ni
sociales, los matrimonios apenas estaban concertados, siendo difícil la
existencia de dotes. Si es cierto que numerosas niñas eran abandonadas
por sus padres ya que se consideraban auténticas cargas para la familia.
Los ciudadanos atenienses con posibles contaban con un buen número de
concubinas con las que mantener relaciones sexuales a su deseo. Algunas
de ellas vivían en su propia casa, bajo el techo conyugal y con el "visto
bueno" de la esposa legítima. Pero también podía acudir a las numerosas
prostitutas que vivían en la ciudad. La mayoría eran extranjeras ya que
Solón en el siglo VI a. C. reclutó un buen número de mujeres y las introdujo
en burdeles (llamados dicteria) dirigidos por un funcionario público,
regulando de esa manera la prostitución. En el exterior de los burdeles
se colocaban símbolos fálicos para indicar la actividad del negocio. El
precio solía rondar el óbolo, la sexta parte de la dracma de plata. Estos
establecimientos incluían en sus servicios masajes, baños y comida, la
mayoría de carácter afrodisiaco e incluso algunas para estimular la virilidad
como los testículos de asno salvaje. Para atraer al público, las mujeres
solían vestir atuendos llamativos y llevar el cabello más largo que las
atenienses, incluso algunas caminaban con un seno descubierto. Con el
paso del tiempo las atenienses imitaron las modas de las prostitutas,
proceso que se repetirá en numerosos momentos de la Historia. Así las
prostitutas se maquillaban de manera ligeramente escandalosa con vistosos
coloretes, utilizaban zapatos que elevasen su altura, se teñían el cabello
de rubio y se depilaban, utilizando navajas de afeitar, cremas u otros
útiles. Utilizaban todo tipo de postizos y pelucas. Estas modas serán
rápidamente adaptadas por las mujeres decentes, provocando continuas equivocaciones
según nos cuentan algunos cronistas. Las prostitutas de lujo recibían
el nombre de hetairas. Eran una mezcla entre compañera espiritual, poetisa,
artista y mercancía sexual. Solían vestir con una ligera gasa que permitía
contemplar sus encantos e incluso llevar un pecho descubierto. Los más
importantes políticos, artistas y filósofos gozaban de su compañía. El
escultor Praxíteles estuvo locamente enamorado de Friné quien sirvió de
modelo para algunas estatuas. La encantadora Friné vivía con cierta discreción,
acudiendo a tertulias literarias y artísticas, aunque fue acusada de impiedad
y condenada a muerte, salvándose al mostrarse desnuda al tribunal por
indicación de su abogado. En un momento de su vida, Friné acumuló tal
fortuna que decidió reconstruir las murallas de su ciudad natal, Tebas.
Aspasia fue la amante y esposa de Pericles, siendo también acusada de
impiedad y salvada tras las lágrimas derramadas por su marido. Aspasia
colaboraba estrechamente con Pericles según nos cuentan los poetas cómicos,
quienes la acusan de ser la promotora de la mayoría de las guerras que
vivió Atenas en aquellos momentos. Otra de las más famosas hetairas será
Lais de Corinto, considerada la mujer más bella que se haya visto jamás.
El escultor Mirón ofreció a la dama todas sus posesiones a cambio de una
noche, lo que Lais rechazó. Pero no tuvo inconveniente de entregarse a
Diógenes por un óbolo ya que tenía ilusión de acostarse con un filósofo.
Targelia será la amante del persa Jerjes I. A pesar de la importancia
de la prostitución griega, los filósofos más importantes como Sócrates,
Platón o Aristóteles ensalzaron el amor que se daba entre los hombres.
Quizá esa homosexualidad impidió una relación más estrecha entre hombres
y mujeres.
7.-
Diversiones
El
ocio en Grecia debía ocupar buena parte de la jornada de los ciudadanos
ya que en la mayoría de las polis estaba mal considerado el trabajo manual.
Para estos menesteres disponían de numerosos esclavos y de extranjeros,
llamados metecos, que constituían un amplio porcentaje de la población.
Acudir a los baños era una actividad frecuente entre los ciudadanos helenos
ya que en la mayoría de las casas no había agua corriente, al tiempo que
servían como centro de reunión. Estos baños públicos serán numerosos durante
el siglo IV a. C. y pasarán a Roma. También era habitual dar largos paseos,
utilizando las stoas, largos pórticos en ocasiones de dos pisos y dos
naves cerrados por un testero, siempre decorados con frescos, mosaicos
o cuadros. Recordemos que una escuela filosófica será denominada estoica
por reunirse sus discípulos en una stoa. La stoa de Eco en Olimpia tenía
doscientos metros de longitud. Pero la actividad favorita por excelencia
entre los ciudadanos será la política. Podemos afirmar que los griegos
gozaban de la política, participando activamente en el gobierno de sus
polis. No olvidemos que todos los ciudadanos atenienses podían participar
en la Asamblea donde se toman las decisiones más relevantes de la ciudad.
La música y el teatro serán dos de las actividades favoritas para disfrutar
del ocio. Existían dos edificios destinados a tal fin, el odeón y el teatro,
contando todas las polis con significativos ejemplos, siendo el más importante
el teatro de Epidauro por su configuración acústica ya que desde todos
los puntos se alcanza una calidad de sonido difícilmente superable. Al
teatro acuden casi todas las clases sociales, recibiendo los ciudadanos
más pobres una subvención para poder adquirir las entradas. Los actores
iban cubiertos con máscaras y vestidos con trajes concretos para que el
espectador pudiera identificar claramente a quien representaban. Los griegos
daban mucha importancia al ejercicio físico, siendo una de las actividades
educativas más importantes. Los atletas competían en juegos, celebrados
en cada una de las polis, aunque existían algunos que tenían carácter
supranacional como los Olímpicos o los Píticos, dedicados a Zeus y Apolo
respectivamente. Tenían lugar cada cuatro años y durante el tiempo que
duraba la celebración existía una tregua panhelénica. Los atletas participaban
desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba
la belleza de sus cuerpos, y sólo los hombres tenían acceso a contemplar
las pruebas. Durante casi un año se entrenaban en las cercanías del templo
de Zeus y los ganadores recibían una rama de olivo como triunfo, aunque
obtenían numerosos beneficios a posteriori como exención de impuestos
o derecho a manutención gratuita.
8.-
Cómo vestían
Los
materiales que utilizaban los griegos para confeccionar sus vestidos eran,
preferentemente, el lino, la lana y las pieles. Los hombres vestían una
simple túnica que podía variar de tamaño en función de su uso. Solía dejar
un hombro al descubierto y se ajustaban a la cintura con un cinturón de
piel. Las túnicas cortas eran empleadas para realizar trabajos mientras
que las largas se utilizaban para ocasiones especiales. Como complemento
se utilizaba un manto llamado himatión que podía colocarse de diferentes
maneras Si bien el vestido masculino apenas sufrió evolución, la indumentaria
femenina sí cambió con el paso del tiempo. Hasta mediados del siglo VI
a. C. las damas vestían una túnica cilíndrica llamada peplo que dejaba
los hombros al descubierto, como podemos apreciar en la Dama de Auxerre
del Museo del Louvre. El peplo dórico dejará paso al chitón e himatión
jónicos, túnica cubierta con un manto, abundando ahora los pliegues. Las
mujeres espartanas dejaban uno de los lados de su túnica sin cerrar. Numerosos
complementos servían para adornar los vestidos.
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