3.- Sistemas económicos. La tierra.
La variedad del panorama político que se ofrece en
el mundo helenístico responde a una variedad económica que por lo menos
presenta igual complejidad, determinante de aquélla, pero también producto de
los distintos caminos que toma en ese enorme espacio territorial el modo de
actuación de los gobernantes. En cada uno de los reinos resultantes del proceso
de disolución del estado de Alejandro, las formas de explotación se definen de
acuerdo con sus tradiciones, pero en todos se impone el hecho político
representado por el despotismo en su vertiente económica. El despotismo sirve
de vehículo para normalizar los sistemas de explotación. En Egipto perviven las
explotaciones faraónicas, mientras que en los territorios asiáticos son las
formas heredadas de las estructuras aqueménidas las que subsisten. En el mundo
griego de las ciudades, éstas mantienen, a través de los órganos
representativos supervivientes, un control sobre la explotación agraria. Sin
embargo, todo ello puede estructurarse de acuerdo con un esquema general dentro
del que perviven particularidades y se desarrollan elementos específicos, sobre
trayectorias previas y a partir de nuevas condiciones integradas en los
sistemas de intercambio y contactos que el mundo helenístico permite. De este
modo, incluso las entidades que permanecen políticamente al margen de la
integración regia están condicionadas por el sistema en que ésta es dominante.
Además, la heterogeneidad de los pueblos que llega a ser característica de
algunos de los reinos, sobre todo del de Siria, también se hace notar en la
persistencia de formas de explotación colectiva que sirven para definir algunas
de las medidas étnicas que sobreviven bajo el reino, conservando sus propias
características, pero sometidas a las aportaciones tributarias que parcialmente
definen el sistema global. En general, la tierra que pertenece a las unidades
étnicas (chora ethniké) puede explotarse colectivamente o haberse atribuido a
los templos o a los particulares por el rey. La tierra del rey (chora basiliké)
puede explotarse directamente por la administración real o por la aldea que
entrega el tributo, aunque puede adjudicarse, directamente para su explotación
o a través de la cesión del tributo, a los particulares, a los templos o a las
ciudades. La entregada a los particulares puede estar asignada o no al
territorio de las ciudades (chora politiké), mientras que la entregada a las
ciudades puede quedar en manos de la colectividad, de algún particular
encargado de gestionarla o de determinados grupos específicos de ciudadanos privilegiados,
definidos como politai o klerouchoi. Según los casos, el punto de partida del
proceso se lleva a cabo desde la economía regia o desde la economía politiké,
de la polis. Dentro de los reinos, todo tiende a quedar integrado en ese
sistema, donde un texto atribuido a Aristóteles, distingue, en su período
formativo, cuatro formas de economía: basiliké, satrapiké, politiké, idiotiké.
Cada término pone el acento en un aspecto específico: la realeza, la percepción
regional del tributo, las ciudades y los particulares, pero en el fondo son los
modos específicos de una forma de explotación que tiende a la homogeneidad,
pues las ciudades y los individuos privados sólo conservan sus privilegios
dentro de las garantías proporcionadas por el sistema despótico. Pero ello
tiende a ocurrir de la misma manera en las zonas donde la acción política de la
monarquía se ejerce indirectamente o en tensiones alternativas con sistemas no
personalizados. De hecho, ligas y ciudades terminan gobernadas por sistemas
igualmente despóticos, por Arato de Sición o Agis de Esparta, o por la alianza
de Demetrio de Fálero con los macedonios.
Producción artesanal e industrial
El paso de la Grecia clásica al mundo helenístico
no se caracteriza por haberse producido una transformación revolucionaria de la
capacidad productiva en el terreno de las manufacturas. Sólo cabe aludir a la
especificidad de los modos de producción, integrados en el sistema dominante,
el mismo de la explotación agraria, ya que el desarrollo de las cortes provocó
un aumento de la demanda de objetos de lujo, que favoreció el auge de algunos
talleres, generalmente vinculados asimismo a las cortes reales. Así, en la
producción cerámica se generalizó la elaboración de vasos con relieves, a
imitación de los metálicos, lo que servia para difundir entre las clases
propietarias dentro de las ciudades los gustos refinados de la corte. Las
terracotas y los vidrios se encuentran en el mismo terreno productivo. Más
incidencia en el mundo económico tuvo la producción metalúrgica, creadora,
junto con la fabricación de objetos de lujo, de instrumentos agrarios y de
vehículos para el transporte. Ello se encuentra relacionado con la producción
minera, que experimentó un importante progreso, no tanto por el refinamiento de
las técnicas extractivas, como por el acceso a nuevas fuentes de riqueza minera
en territorios lejanos, de Nubia y del Ponto, favorecido por el desarrollo de los
nuevos sistemas políticos capaces de asegurar el control territorial. La
actividad industrial más sobresaliente del mundo helenístico fue sin duda la
relacionada con el urbanismo y la construcción. Los reyes y los ricos de las
ciudades dedicaron un importante esfuerzo de inversión de sus rentas al
fortalecimiento y al embellecimiento de las ciudades, a la construcción de
puertos y faros que garantizaran la seguridad de los intercambios y de los
viajes, de negocios y de placer, cada vez más frecuentes, así como a la
edificación de lugares públicos y, sobre todo, de templos. Al aspecto
utilitario se añade el aspecto ideológico, al promover la existencia de lugares
de reunión, teatros, estadios, simbólicos de la unidad ciudadana apoyada
habitualmente en la producción procedente de una chora cada vez más desligada
de la polis. La nueva ciudad no simboliza, como la ciudad clásica, la unión de
campo y urbe, sino, todo lo contrario, la exclusión del productor agrícola. Muy
próxima a este campo constructivo se hallaba la labor de los ingenieros
militares, destinada fundamentalmente a fortalecer la ciudad y a desarrollar
las técnicas de la poliorcética, pues la defensa y la victoria se han
consolidado, dentro de este mundo, como parte de la vida económica, método de
subsistencia y de control de poblaciones y recursos. La actividad militar de
Demetrio Poliorcetes, sitiador de ciudades, tenía su paralelo científico en el
desarrollo de la ingeniería y en el protagonismo de figuras como Ctesibio,
Filón o Arquímedes, que aplicaban a la guerra el progreso del conocimiento
científico, poco útil para aplicarse en cambio al mundo productivo, distanciado
y sólo conocido de cerca por sectores de la población alejados del acceso a la
ciencia.
Desarrollo de los cambios
El nuevo escenario ecuménico del mundo helenístico
favoreció el desarrollo de los cambios de largo alcance, no sólo por el hecho
de que se controlaran nuevos territorios, sino también porque los límites
entran en contacto con poblaciones como las de la India e incluso de la China,
productoras de ricos objetos de lujo, atractivos para las nuevas clases
dominantes. El poder político estaba en condiciones de controlar rutas por
territorios exóticos para garantizar el acceso de los traficantes a esos
lugares. También se desarrollaron los intercambios dentro del mundo
mediterráneo, donde alguna ciudad adquiere en este campo un protagonismo
específico, como Alejandría, convertida dentro de Egipto en una especie de
isla, más comunicada por mar que por tierra. El caso más sobresaliente es el de
Rodas, protegida por los grandes reinos como puerto libre de obstáculos, el
mercado de esclavos más notable de la época. El desarrollo de los cambios a
escala ecuménica favoreció la difusión e intensificación del uso de la moneda,
apoyado en el renacimiento del sistema redistributivo basado en el evergetismo.
Las grandes acumulaciones de capital se ven aliviadas por la labor de reyes y
ricos en las ciudades, como distribuidores entre las poblaciones de parte de
sus ganancias gracias al uso de la moneda, instrumento especialmente adecuado
para ese momento. Paralelamente, el asentamiento de los ejércitos mercenarios
favoreció al mismo tiempo el desarrollo de esa otra forma de distribución de
las ganancias garantizadas con el esfuerzo de los soldados, a través de esa
forma precapitalista de trabajo asalariado. La moneda fue asimismo el más
eficaz instrumento de propaganda regia, por el que se transmitían las consignas
del poder y se daba a conocer a las colectividades la personalidad de los
gobernantes y su extremada capacidad para protegerlas. Las poblaciones de la
ciudad reciben sin duda las repercusiones de todas estas transformaciones, pero
los intercambios internos no dejaron de ser los mismos de antes, los que
proporcionan el suministro a una población alejada de la producción de
alimentos.