X.- CIVILIZACIÓN HELENÍSTICA
Inicio: Año 323 a. C.
Fin: Año 200 a. C.
Un nuevo mundo, que puede encuadrarse tanto en la
historia de Grecia como en la historia de Oriente, se abre con la muerte de
Alejandro, efecto de la influencia de todos los factores que llevaron a su
propio protagonismo e hicieron de él el eje de los cambios y el teórico
responsable de toda la historia de la época, imitado y rechazado. El nuevo
mundo, imaginado como creación de Alejandro, interpretado como resultado de
factores múltiples, es el ejemplo de una unidad sólo comprensible en su más
variada complejidad, entre oriente y occidente, entre el clasicismo griego y la
romanidad del Mediterráneo, entre la ciudad estado y el poder personal, donde
lo más característico sería su naturaleza sintética. La síntesis se lleva a
cabo entre lo griego y lo oriental, pero en lo griego se ha encontrado ya la
ciudad con los pueblos periféricos, macedonios, etolios, epirotas, y en Oriente
los estados despóticos, con palacios, templos y poblaciones sometidas a
dependencias colectivas se encuentran con pueblos nómadas, libres. La unidad
sólo se entiende como síntesis de la diversidad y la contradicción. Las
complejidades se resolverán en el imperio romano, donde el poder personal se
erige en único sistema de control de ciudades y pueblos, donde las estructuras
mercantiles, heredadas de la ciudad, aunque superadoras de la misma, encuadran
en su propio sistema de realidades sociales de la parte oriental.
1.- Acontecimientos políticos. La sucesión.
A la muerte de Alejandro, en el plano militar, el
cargo de quiliarca, "el primero después del Rey", estaba en manos de
Perdicas. Era una titulación cargada de connotaciones orientales, imitada de
los persas, desempeñada por un hombre de confianza, lo que le atribuía un
importante poder en este momento clave. La propuesta triunfante inicialmente
fue la de esperar a que el hijo de Roxana se convirtiera en el sucesor en el
desempeño de la realeza, propuesta en que, igualmente, triunfaban las
expectativas orientalizantes, apoyadas por la caballería, especialmente por los
mercenarios, partidarios de acentuar los aspectos carismáticos del jefe
militar, capaz de seguir proporcionando la victoria, en la imagen del sucesor y
en la realidad del quiliarca. El plan se materializaba en el proyecto de unir
Macedonia con Oriente, en una auténtica unidad política, donde se impondrían
los aspectos nuevos de la realeza. Sin embargo, en Macedonia las opiniones se
inclinaban en favor de Filipo Arrideo, sucesor por línea directa de Filipo II,
medio hermano de Alejandro. Ello significaba la continuidad macedónica
propiamente dicha, encarnada en una figura tachada de poco capaz, pero apoyada
por los soldados de la falange macedónica y por el conjunto de campesinado.
Habría sido el triunfo de una visión de la realeza inspirada en la tradición y
en la concepción aristotélica, válida para un campesinado poco atraído ya por
la empresa de la gran conquista territorial, más allá de fronteras
controlables, entre pueblos de costumbres sorprendentes. En principio, en
Babilonia, se plantea como solución el reparto del poder entre los reyes, lo
que significaba un reparto, cargado de expectativas, entre los auténticos
hombres fuertes, Crátero, consejero del Rey en Macedonia, Antípatro, jefe de
los ejércitos, estratego del ejército macedonio, y Perdicas. Macedonia y Grecia
parecen definirse por una sucesión más identificada con Filipo que con
Alejandro, lo contrario de lo que ocurre en los ejércitos de Asia. Perdicas se
apoya en ello para adquirir fuerza en las negociaciones, donde también
interviene Ptolomeo, apoyado en algunas de sus heroicas acciones, entre ellas
en la de presentarse como salvador de Alejandro. En Asia, Crátero se erige en
prostates de los reyes para iniciar las negociaciones, pero muere en el año
321, lo que sin duda complica enormemente los resultados anteriores, sometidos
ahora a nuevas presiones. En la nueva reunión de Triparadiso, en el año 321,
Antígono, que había sido sátrapa de Anatolia, es nombrado estratego para Asia,
Ptolomeo, interesado por la conservación de la independencia de las satrapías,
se sitúa en Egipto, apoyado en la posesión del cadáver de Alejandro, Lisímaco
domina el territorio de Tracia, mientras que Éumenes queda situado en la zona
de Paflagonia y Capadocia. A pesar de todas las tendencias orientalizantes de
Alejandro, ha predominado la presencia de los generales grecomacedonios.
Nueva división del poder
La muerte de Alejandro mostró hasta qué punto en
los ejércitos griegos y en los pueblos sometidos tenía vigencia el carácter
carismático de su poder personal. Aunque la rebelión de los soldados
establecidos como colonos en las Altas Satrapías, bases del reino
greco-oriental de la Bactriana, estuviera fundamentada en razones reales,
relacionadas con su falta de adecuación a la nueva situación, alejada de la
polis, lo cierto es que sólo las noticias sobre la muerte del Rey sirvieron de
estímulo para que se materializaran en un movimiento de este tipo. El final de
Alejandro se interpretaba como el final de la capacidad de control del sistema
estatal. De hecho, no fue así y el movimiento fue controlado, aunque en otros
aspectos los resultados políticos respondieran a esa imagen, dado que sin
Alejandro el reino no permaneció como un estado unitario. De un modo parecido
puede interpretarse lo que ocurrió en Atenas en el año 323, donde se inicia el
movimiento de rebelión conocido como guerra Lamíaca. La hazaña cobró un aspecto
eminentemente individualista, síntoma de las realidades en que va desembocando
la estructura de la polis, sólo sustentada ya en jefes militares, en este caso Leóstenes,
apoyados en ejércitos mercenarios, orientados en un sentido cada vez más
difícil de distinguir de aquél que trataban de evitar. En el interior, la
ciudad se convirtió en escenario de la lucha política de las fuerzas
contrapuestas representadas por personajes como Foción e Hipérides. La derrota
trajo como consecuencia la imposición de una guarnición por parte de los
macedonios para apoyar el gobierno de la oligarquía. De este modo, Grecia
resulta pacificada y sólo quedan movimientos de resistencia en Etolia. Los
problemas sólo permanecen entre los mismos diádocos, sucesores en diversos
campos del mando de Alejandro. En efecto, tras derrotar a Crátero en Asia en
321, no pudo hacer lo mismo con Ptolomeo y sus propios soldados se volvieron
contra él. Sólo la victoria garantiza la lealtad de las tropas. Antípatro, en
cambio, será en Triparadiso el nuevo epimeletes de los reyes con poderes
autocráticos. Su objetivo será la lucha contra Éumenes, que inicialmente se ha
situado junto a Perdicas, representante de la tendencia orientalizante frente a
la macedónica. Pero Antígono, encargado de la ejecución de esa lucha, se sitúa
cada vez más en el mismo lado orientalizante. Cada vez se define más claramente
el partido tomado por Antípatro y, a su muerte, por su hijo Casandro, como
opuesto al representado por Antígono. Casandro había sido primero el quiliarco
de Antígono, situado allí por Antípatro, pero, a la muerte de éste, entra en
competencia con Poliperconte, nombrado epimeletes, que proclama la libertad y autonomía
de las ciudades griegas. Si por un lado esto significa tan sólo un modo de
ganar adhesiones en Grecia, sin embargo, en la práctica representó el ambiente
que permitió la revolución democrática en Atenas donde se llevó a cabo el
juicio y la condena de Foción. La democracia duraría hasta el año 317, en que
la victoria de Casandro sobre Poliperconte trajo consigo la instauración del
régimen censatario, bajo la tutela de Demetrio de Fálero. Se dice que entonces
se llevó a cabo un censo en Atenas en el que constaba la existencia de
cuatrocientos mil esclavos, cifra que los historiadores suelen considerar
inverosímil, pero que tal vez refleje, no en números exactos, el proceso de
deterioro de la polis como comunidad de hombres libres. Poliperconte ha nombrado
entre tanto a Éumenes jefe del ejército real en Asia, para luchar contra
Antígono, pero es éste el que resulta vencedor. Casandro es ahora el dueño de
Macedonia y Grecia y se enfrenta a Olimpia, que muere en 316 acusada de haber
matado a Filipo. El joven Alejandro es hecho prisionero. El siguiente paso será
la formación de la realeza helenística.
Formación de la realeza helenística
Las posibilidades de negociación son cada vez más
difíciles tras la nueva división del poder. Antígono, dueño del territorio
asiático dirige sus esfuerzos hacia occidente, proclamando la libertad de los
griegos y el establecimiento de la demokratía, que hay que empezar a entender
como la concesión de una cierta autonomía vigilada para los asuntos internos de
las ciudades. En la guerra emprendida en 315 se alían Casandro, Lisímaco y
Ptolomeo y terminó con el reconocimiento de los territorios correspondientes.
Antígono tiene que contar ahora con el sátrapa de Babilonia, Seleuco, que se ha
fortalecido tras diversas campañas y alianzas, con lo que ha conseguido el
reconocimiento como rey de Babilonia posiblemente desde el año 307, con la
firma de la paz. Antígono y su hijo Demetrio dedican sus empeños a recuperar el
control sobre Grecia, renovando su programa de liberación de Atenas y del resto
de las ciudades, definido ahora claramente como salvador del demos. En Atenas,
Demetrio llega a identificarse con las divinidades mistéricas y soteriológicas,
con Dioniso y como pareja homónima de la diosa Deméter. Tras la victoria en
Chipre, Antígono se proclama rey, ejemplo seguido de modo inmediato por
Ptolomeo, Lisímaco y Casandro. Después, las acciones se centran en las luchas
por el control de Grecia entre Casandro y Demetrio. Éste obtuvo la alianza de
Pirro, que ahora intervenía por primera vez en los asuntos de la Hélade, pero,
en cambio, en el lado contrario se formó una importante coalición, que acabó
con Antígono en la batalla de Ipso, en Frigia, en el año 301. El movimiento de
recuperación de Demetrio se dirigió en el mismo sentido, hacia Chipre y las
islas griegas, sobre la base de una fuerza cada vez más basada en la flota. El
período, de guerras y alianzas, ve modificada su orientación con la muerte de
Casandro, en 297, que estimuló las acciones ofensivas de Demetrio. La muerte de
Alejandro, en 294, le permitió modificar su titulo en el sentido de llamarse
rey de Macedonia. El control del territorio griego sólo se ve obstaculizado por
la rivalidad con Pirro. Pero la intervención de Lisímaco en apoyo de este
último hizo que perdiera Macedonia. Ello provocó un movimiento de oposición a
Demetrio que puso a toda Grecia en manos de Lisímaco. Las nuevas rivalidades de
éste con Pirro favorecieron que Antígono Gonatas, hijo de Demetrio, buscara la
alianza con el rey del Epiro. Una nueva modificación en el plano individual
tuvo lugar en el año 283, con la muerte de Demetrio y de Ptolomeo. El
movimiento expansivo de Lisímaco, que así intentaba aprovecharse de la nueva
situación, fue cortado por un movimiento similar iniciado por Seleuco desde
Asia, que lo derrotó en Curupedio en 281. Allí murió Lisímaco, pero también
murió poco después Seleuco, a manos de Ptolomeo Cerauno, medio hermano de
Ptolomeo Filadelfo y que fue proclamado rey por el ejército macedonio en el año
280, aunque inmediatamente fue derrotado por Antígono Gonatas.
Reinos helenísticos
Desde el año 280 se consolidan las tendencias a
formarse estados monárquicos hereditarios, resultado de los múltiples factores
que se han ido desarrollando de múltiples maneras en el período de los
Diádocos, la monarquía macedónica, el despotismo oriental y la ciudad griega,
tras haberse fundido en la compleja obra de Alejandro. El resultado es una
realidad múltiple y diversa, tendente a la unidad, sobre la base de que ésta
sólo era posible en la conciencia de su propia heterogeneidad. Los reinos se
han configurado en torno a las principales entidades territoriales que se formaron
a la muerte de Alejandro. Ptolomeo II Filadelfo hereda el reino de Egipto;
Antíoco, hijo de Seleuco, hereda el reino de Siria, formado sobre la satrapía
de Babilonia y las conquistas llevadas a cabo sobre todo a costa de Antígono,
mientras que Antígono Gonatas, el hijo de Demetrio, se convierte en rey de
Macedonia. Aparecen en la escena entidades étnicas como la de los etolios,
donde no llegó a formarse el tipo de comunidad identificado con la ciudad
estado. Ahora actuaron en colaboración con Antígono Gonatas, para rechazar a
los galos, actuación que luego utilizarían en su propia propaganda. También
están presentes desde el principio de esta época las aspiraciones de Pirro, que
primero las proyecta hacia Macedonia, para luego desviarlas hacia Italia y Sicilia
y terminar intentando el control de Grecia. En Occidente trataba de reproducir
la guerra de Troya, defendiendo a los griegos contra los sucesores de Eneas. Su
muerte en Argos, en 272, sirvió para consolidar el poder de Antígono, sobre
todo en la Grecia del norte, donde recibía el apoyo de las nuevas tiranías,
consolidadas gracias a su propia presencia. En 275, en cambio, Antíoco era
derrotado y frenado en sus aspiraciones occidentales, lo que significó el
desarrollo de algunos reinos más pequeños en Asia Menor: los de Nicomedes de
Bitinia, Mitríades del Ponto y, sobre todo, Éumenes de Pérgamo, independiente
desde el año 262, fundador de la importante dinastía de los Atálidas. Egipto
fue convirtiéndose en el reino más fuerte del Egeo, donde apoyaba la
independencia protegida de Atenas, de la Liga Aquea, nueva entidad confederal
formada con las ciudades del norte del Peloponeso, y de Esparta. En los años
setenta, la primera guerra siria sirvió para la consolidación de las grandes
propiedades de Ptolomeo, que, en los sesenta, apoyó a Atenas en la guerra de
Cremónidas frente a Antígono. La posterior alianza de Macedonia y Siria frente
a Egipto llevó a la segunda guerra siria, en la década de los cincuenta, que
convirtió a Antígono en el señor de Grecia por unos años, hasta 251, en que
comenzó su declive, materializado en la independencia de las ciudades y, sobre
todo, de la Liga Aquea, que comenzó así su etapa más gloriosa en la época en
que estaba dirigida por Arato de Sición. El periodo sucesivo, de gran oscuridad,
está marcado por la tercera guerra siria y los problemas internos del reino de
Siria, donde se señalan múltiples muestras de inquietud entre las heterogéneas
poblaciones que lo forman. En el mar Egeo, los etolios manifiestan su poder
actuando como piratas y poniendo sus propias condiciones para proteger la
navegación contra la acción de los mismos piratas. Las pretensiones de la Liga
Aquea de dominar el Peloponeso fueron frenadas por la oposición del rey Agis de
Esparta, que recibe para ello el apoyo de los reyes Lágidas de Egipto. La
Macedonia de Antigono Dosón los derrota y el rey consigue con ello hacerse
dueño de Grecia, excepto del territorio controlado por los etolios. Ésta será
la misión de Filipo V, su sucesor, cuando ataque Grecia en 219. Entre tanto, el
reino seléucida experimenta un proceso de desintegración que le afectó sobre
todo en los territorios orientales, complicado por las guerras dinásticas y la
formación del reino de Pérgamo en occidente. La muerte, entre los años 223 y
221, de Antígono Dosón, de Seleuco III de Siria y de Ptolomeo Evérgetes señala
simbólicamente el final de los reinos helenísticos independientes, continuados
por Filipo V y Antioco III, que tuvieron como principal objetivo la lucha
defensiva contra los romanos, mientras en Egipto y Pérgamo se iniciaba un
proceso integrador que llevó a soluciones más pacificas en el mismo sentido.