HISTORIA UNIVERSAL BAJO LA REPUBLICA ROMANA
DE POLIBIO DE MEGALOPOLIS
Libro Segundo
CAPÍTULO PRIMERO
Resumen de lo tratado en el libro anterior.- Muerte
de Amílcar en la España.- Asdrúbal le sucede. - Primer pensamiento de pasar a
la Iliria los romanos. - Sitio de Midionia por los etolios y combate de éstos
con los ilirios.
El libro precedente sirvió para exponer en qué
tiempo los romanos, asegurada la Italia, iniciaron el emprender las conquistas
exteriores, cómo pasaron más tarde a la Sicilia y por qué causas sostuvieron
guerra contra los cartagineses sobre esta isla; después, cuándo empezaron a
formar por primera vez armadas navales, y lo acaecido durante la guerra a uno y
otro pueblo hasta su terminación; en la que los cartagineses cedieron la
Sicilia y los romanos se apoderaron de toda ella, a excepción de la parte que
obedecía a Hierón. A resultas de esto procuramos explicar de qué modo los
extranjeros sublevados contra Cartago provocaron la guerra llamada Líbica;
hasta qué extremo llegaron las impiedades ocurridas en ella, y qué éxito
tuvieron sus absurdos atentados hasta la terminación y victoria de los
cartagineses. Ahora intentaremos demostrar sumariamente lo que se sigue,
apuntando cada cosa según el plan que nos propusimos al principio.
Después que se concluyó la guerra de África (239
años antes de J, C.), levantaron tropas los cartagineses, y enviaron
seguidamente a Amílcar a la España. Éste, una vez que se hubo hecho cargo del
ejército y de su hijo Aníbal, entonces de nueve años de edad, pasó a las
columnas de Hércules y restableció en España los intereses de su república. En
el espacio de casi nueve años que permaneció en este país, sometió a Cartago
muchos pueblos, unos por las armas, otros por la negociación, terminando sus
días de una manera digna a sus anteriores acciones. Efectivamente, hallándose
al frente de un enemigo, el más esforzado y poderoso, su audacia y temeridad le
precipitó en lo vivo de la acción, donde vendió cara su vida. Los cartagineses
otorgaron después el mando a Asdrúbal, su pariente y trierarco.
Por este tiempo emprendieron los romanos el pasar
por primera vez con ejército a la Tliria y estas partes de Europa; expedición
que no deben mirar de paso, sino con atención, los que deseen enterarse a fondo
del plan que nos hemos propuesto y del auge y fundamento de la dominación
romana. Los motivos que les impulsaron a este tránsito (238 años antes de J.
C.), son éstos; Agrón, rey de Tliria, hijo de Pleurato, excedía muchísimo en
fuerzas terrestres y marítimas a sus predecesores. Éste, sobornado con dádivas
por Demetrio, padre de Filipo, había prometido que socorrería a los midionios,
sitiados por los etolios, gentes que, por no haber podido de ninguna manera
conseguir que los asociasen a su república, habían resuelto reducirlos a viva
fuerza. Para esto habían reclutado un ejército de todo el pueblo, habían
acampado alrededor de su ciudad y empleaban continuamente toda fuerza y
artificio para su asedio. Ya se encontraban los midionios en un estado
deplorable, y esperaban de día en día su rendición, cuando el pretor anterior,
a la vista de aproximarse el tiempo de las elecciones y ser forzoso el
nombramiento de otro, dirigiendo la palabra a los etolios, les dijo: que
supuesto que él había sufrido las incomodidades y peligros del cerco, era
también razonable que, tomada la ciudad, se le confiase la administración del
botín y la inscripción de las armas. Algunos, principalmente aquellos que
aspiraban al mismo cargo, se opusieron a la petición y exhortaron a las tropas
a que no diesen su voto antes de tiempo, sino que lo dejasen indeciso para
quien la fortuna quisiese dispensar esta gloria. Por fin llegaron al acuerdo de
que el nuevo pretor que tomase la ciudad repartiría con su predecesor la
administración del botín y la inscripción de las armas.
Al día siguiente de esta resolución, día en que se
debía hacer la elección y dar la posesión de la pretura, según la costumbre de
los etolios, arriban durante la noche a las inmediaciones de Midionia cien
bergantines con cinco mil ilirios a bordo, y fondeando en el puerto al rayar el
día, hacen un pronto desembarco sin ser vistos, se ordenan en batalla a su
manera y avanzan en cohortes al campo enemigo. Los etolios, apercibidos del
suceso, aunque por el pronto les sobrecogió la audacia inesperada de los
ilirios, conservaron no obstante su antiguo valor, confiados en el aliento de
sus tropas. Colocaron en un llano al frente del campo la pesada infantería y
caballería, de que tenían abundancia. Ocuparon con anticipación los puestos
elevados y ventajosos que había frente de los reales con un trozo de caballería
y gente armada a la ligera. Mas los ilirios, superiores en número y fuerza,
rompieron al primer choque la formación de los ballesteros, y obligaron a la
caballería que peleaba cerca a retroceder hasta los pesadamente armados. Luego,
atacando desde las alturas a los que estaban formados en el llano, al mismo
tiempo que los midionios realizaban sobre ellos una salida de la plaza, con
facilidad los hicieron huir. Muchos quedaron sobre el campo, pero fue mayor aun
el número de prisioneros, apoderándose de las armas y de todo el bagaje. Los
ilirios, una vez que hubieron ejecutado la orden de su rey, llevaron a bordo el
botín y demás despojos, y se hicieron a la vela inmediatamente, dirigiendo el
rumbo hacia su patria.
Libres del asedio los midionios de un modo tan
inesperado convocaron a junta y deliberaron, entre otras cosas, sobre la
inscripción de las armas. Estuvieron de acuerdo en que éstas se distribuyesen,
según la decisión de los etolios, entre el que en la actualidad poseía la
pretura y los que en adelante le sucediesen. En este ejemplo demuestra con
estudio la fortuna cuál es su poder a los demás mortales. En un corto espacio
de tiempo permite a los midionios realicen en sus contrarios aquello mismo que
ya casi esperaban sufrir de ellos.
Este imprevisto infortunio de los etolios es una
lección para todos, de que en ningún tiempo debemos deliberar de lo futuro como
de lo ya pasado, ni contar como seguras anticipadas esperanzas sobre lo que es
factible aun acaezca lo contrario, sino que, considerándonos mortales, demos
cabida a la incertidumbre en todo acontecimiento, y principalmente en las
operaciones militares.