HISTORIA
DE LA ANTIGUA GRECIA
VII
EL ÁTICA EN LOS SIGLOS VII Y VI A.
C.
4. La Legislación de Clístenes
Después de caer la tiranía, la lucha social en Atenas se desencadenó
con fuerza renovadora. Los Alcmeónidas encabezaron la parte más revolucionaria
del demos ático, en oposición a la nobleza reaccionaria que intentaba el
renacimiento de sus perdidos privilegios, ansiosa del regreso al orden previo a
Solón. Nuestras fuentes omiten el lugar y el papel desempeñado por los esclavos
en esta lucha. Pero no se puede dudar de que también ellos tomaron parte en el
movimiento. En este período precoz de la existencia del Estado ateniense no
encontramos aún intervenciones independientes de los esclavos, como las que
tuvieron lugar más adelante, y sólo podemos suponer que su protesta contra la
esclavitud se fundía con la lucha del demos del Ática por sus derechos. En esto
consistía la peculiaridad de la lucha de clases en Atenas en el período
inicial.
El partido de los Alcmeónidas lo encabezó Clístenes. Los aristócratas
tuvieron a su frente a Iságoras, hijo de Tisandro, elegido en Atenas como
arconte para el período de los años 508—507. La tentativa de la aristocracia de
restablecer su dominio indujo a Clístenes a presentar el proyecto de una nueva
organización estatal que liquidaría para siempre las supervivencias gentilicias
arrancando los cimientos del poder de la nobleza.
La correlación de las fuerzas sociales había cambiado radicalmente
desde los tiempos de Solón. La población rural no tenía ya sus antiguos motivos
de descontento y se mantenía pasiva. Al mismo tiempo había crecido el número y
el peso específico de la población urbana artesanal y comercial. He aquí por
qué Clístenes, en su calidad de representante de los intereses del demos, era
la cabeza de la democracia. Correspondiendo a la nueva correlación de las
fuerzas, las reformas de Clístenes, a diferencia de las de Solón, tenían por
fin dar predominio en la vida política a la población urbana. Con el apoyo de
éstas, Clístenes triunfó fácilmente sobre su rival Iságoras, quien se vio
obligado a buscar la ayuda de Esparta.
No sé conoce con exactitud si la intervención de Esparta se produjo
antes o después de las reformas. Pero es evidente que Clístenes presentó su
proyecto, y tal vez lo realizó en parte, antes de que Iságoras recurriera a
Esparta, ya que fue precisamente la promesa de las reformas lo que produjo que
el demos revolucionario apoyara a Clístenes.
Naturalmente, sólo eliminando la intervención espartana podrían
llevarse a cabo las reformas. El pretexto para la intervención fue el
requerimiento de Esparta de que se expulsara a Clístenes, porque su gens
llevaba la mancha de un antiguo crimen (durante la conspiración de Cilón).
Clístenes voluntariamente se ausentó del país, pero, a pesar de eso, el rey
espartano Cleómenes entró en el Ática con un destacamento armado en el año
508—507. Merced a ello fueron expulsadas de Atenas setecientas familias y se
intentó eliminar el Consejo de los Cuatrocientos y establecer en cambio el
gobierno oligárquico de los Trescientos, encabezado por Iságoras. Esto provocó
la rebelión del demos ateniense. Cleómenes e Iságoras fueron sitiados en la
acrópolis y forzados a irse del Ática, después de lo cual muchos de sus
partidarios fueron ejecutados. Clístenes, junto con otros exiliados, regresó a
Atenas y tuvo la posibilidad de llevar a cabo las reformas iniciadas.
«La nobleza trataba de reconquistar sus privilegios y volvió a tener
otra vez, por lo tanto, vara alta; hasta que la revolución de Clístenes la
derribó definitivamente, pero también con ella el último vestigio de la gens.»
Establecimiento de fíleas territoriales
Clístenes tenía un doble objetivo: por un lado, quebrantar
definitivamente la importancia de las gens y con este fin «mezclar» a toda la
población. Y por el otro, elevar el papel y significado de la población urbana
del Ática en la vida política. Para conseguir su primer objetivo, Clístenes
sustituyó la división anterior en cuatro filai subdivididos en fratrías y gens,
por diez nuevas filai, territoriales y no gentilicias, que tuvieron por
epónimos a héroes míticos del Ática. Cada una de las nuevas filai se subdividía
en tritias, y éstas, en demos. A diferencia de la gens, que unía a todos sus
miembros independientemente de su ubicación, el demos era una unidad puramente
territorial. Todos los ciudadanos fueron inscritos en su lugar de nacimiento y
no según la gens, sino según el nuevo demos. De este modo se rompían los
vínculos entre los miembros de la gens. Una vez roto el vínculo gentilicio, los
ciudadanos que antes estaban fuera de las gens tuvieron por primera vez acceso
a la administración, por cuanto cada uno de los demos era una unidad, además
del territorial, también autónoma. El demos elegía a su demarca, poseía tierras
comunales, tenía sus ingresos locales y su tesoro y promulgaba sus
disposiciones. También tenía la obligación de llevar registros de sus
ciudadanos.
Según el testimonio de Herodoto, el numero total de los demos
alcanzaba a cien (diez por file); más adelante esta cifra llegó paulatinamente
hasta ciento setenta y cuatro. Las pequeñas poblaciones se fundían en un sólo
demos; por lo contrario, en la ciudad de Atenas hubo varios demos. Los nombres
de los demos coincidían en parte con los de las gens y en parte eran nuevos.
Aunque la nueva división se basaba fundamentalmente en el principio
territorial, las filai y tritias instituidas por Clístenes no ocupaban
territorios continuos. Esto fue hecho intencionalmente para evitar la
proximidad territorial de la población de la Diacría, que prestaba su apoyo a
la tiranía, y la reaccionaria Pediea. Las tritias pertenecían a una misma file,
no estaban situadas una al lado de la otra, sino de a una en cada una de las
tres regiones del Ática: en la ciudad con sus alrededores, en el litoral y en
la Mesogea, que ocupaba el territorio restante del Ática. Las antiguas filai,
fratrías y gens no fueron anuladas, pero perdieron toda su importancia
política. Esto debía asegurar en cada file el predominio del elemento urbano
(la exparalia). Al parecer, con el mismo objetivo fue instituida la análoga
proporcionalidad en la elección de los miembros del consejo: el número de
miembros del consejo del demos debía corresponder al número de sus ciudadanos.
En esto, por lo visto, se tomaba en cuenta tanto la mayor población como el
crecimiento de los demos urbanos por cuenta de los rurales.
El crecimiento del peso político de la población urbana
La segunda tarea reformadora de Clístenes, como ya se ha dicho, fue
elevar el peso político de la población urbana. Desde la época de Solón, la
correlación entre las fuerzas de la población rural y de la urbana había cambiado
en favor de esta última. La población urbana crecía rápidamente, en gran parte
con los extranjeros, metecos, libertos, sin hablar de los privados de derechos,
los esclavos. Ampliando la composición del demos ateniense, Clístenes otorgó
derecho de ciudadanía a muchos metecos y tal vez a unos cuantos esclavos.
Acrecentando de este modo el número de la población urbana, Clístenes elevó al
mismo tiempo, gracias a su distribución de las tritias, el peso específico de
la misma en la vida política.
Es de gran importancia en la economía ateniense el paso del censo
territorial al monetario, puesto que mediante ello la economía mercantil y
monetaria desplazaba a la economía natural.
Instituciones políticas en la época de Clístenes
Importantes cambios se hicieron también en la estructura de las
principales instituciones, y, en primer término, en el senado ateniense. Fue
abolido el Consejo de los Cuatrocientos. En su lugar fue instituido el nuevo
Consejo de los Quinientos, para el cual se elegían cincuenta representantes de
cada una de las filai y demos, de forma proporcional al número de sus
ciudadanos. Las naucrarías sustituidas por los demos no fueron abolidas, pero
perdieron su importancia, quedándoles exclusivamente el papel de unidades
pagadoras de impuestos. Aumentó considerablemente el número de funcionarios.
Con el fin de regular las finanzas, se creó un colegio de diez apodectos (según
el número de filai); a partir de los años 501—500 a. C. se eligen ya diez
estrategas (también por el número de las filai), que formaban un colegio
militar encabezado por el arconte polemarca.
En la distribución de funciones entre todos estos órganos, viejos y
nuevos, se hicieron cambios en un sentido democratizador. El areópago conservó
su función judicial en asuntos criminales, pero los asuntos de alta traición
pasaron a la asamblea popular. Esta se convocó con mayor frecuencia y comenzó a
jugar un papel destacado en Atenas. Las funciones del Consejo de los Quinientos
fueron considerablemente ampliadas: se transformó en el órgano administrativo
superior, que desplazó al colegio de arcontes. Las elecciones a este Consejo se
hacían echando suertes, mas ningún ciudadano podía ser su miembro más de dos
veces en su vida. El año se dividía en diez períodos de 35 y 36 días,
denominados pritanías, y cada file ejercía la presidencia del Consejo durante
una pritanía. Creció mucho también el papel de la heliea (tribunales).
De este modo se acrecentó considerablemente el peso específico de las
instituciones democráticas, lo que debía servir de garantía tanto contra la
reacción de la aristocracia gentilicia, como contra la tiranía.
Para eliminar el peligro de una nueva tiranía, Clístenes instituyó una
medida especial: el ostracismo, destierro, decidido por votación popular, de
las personas sospechosas. Cada sexta pritanía (que coincidía con el comienzo de
nuestro año), a la asamblea popular se le planteaba la pregunta de si habría
que recurrir al ostracismo en el año en curso. En caso de respuesta afirmativa
se hacía una votación en la octava pritanía para resolver quiénes serían los
sometidos a la medida; para la validez de la votación se requería no menos de
seis mil votos. La persona cuyo nombre estaba en el mayor número de los
tejuelos empleados para votar debía abandonar los límites del Ática en un plazo
de diez días, por el término de diez años, sin perder, empero, los derechos a
sus bienes.
De modo que la reforma política del Ática, comenzada por Solón, fue
coronada por la legislación de Clístenes. Los pilares de la organización
gentilicia fueron casi destruidos en la vida social y liquidado el régimen
aristocrático de gobierno, pasando éste a los poseedores de esclavos.
Toda la población del Ática fue dividida según el principio
territorial, alterados los viejos vínculos gentilicios y creadas nuevas
instituciones desconocidas para la sociedad de estructura gentilicia.
Así formuló F. Engels los rasgos fundamentales del Estado que llegó a
sustituir a la vieja estructura gentilicia.
En Atenas surgió un Estado, órgano de explotación, instrumento en las
manos de los esclavistas para la opresión de los esclavos. «El Estado surgió
sobre la base de la escisión de la sociedad en clases antagónicas, surgió para
tener bajo su freno a la mayoría explotada en interés de la minoría
explotadora.»
En lo sucesivo, el ejército ateniense y su flota servirían ya no sólo
para la defensa contra los enemigos extranjeros, sino también como protección
contra los esclavos. Hasta un apologista tal de la esclavitud como Platón tuvo
que reconocer que, si no existiera el Estado, los esclavistas se encontrarías
bajo un constante y enorme terror por su propia vida, la de su mujer y la de
sus hijos.

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