HISTORIA
DE LA ANTIGUA GRECIA
V
ESPARTA, CRETA, TESALIA Y BEOCIA
EN EL SIGLO IX Y COMIENZOS DEL V A.C.
2. Creta
Cuenta la leyenda que, antes de formular y publicar las leyes que han
quedado vinculadas a su nombre, Licurgo habría visitado también a Creta durante
los viajes que hiciera con el fin de estudiar las constituciones de otros
países. Sin duda, esta leyenda se apoya en el hecho histórico de que entre las
organizaciones estatales de Esparta y de Creta se observan muchos rasgos
similares. Dichos rasgos se explican históricamente por el hecho de que, tanto
en Esparta como en Creta, en el primer milenio anterior a nuestra era, la
población dominante fue la doria, que sometió a los pobladores de la isla;
entre ellos a los aqueos, eteocretes (cretenses autóctonos) y otros.
Sin embargo, la similitud entre Esparta y Creta se observa más bien en
sus instituciones sociales que en las estatales. Para conocer a unas y otras es
especialmente importante, aparte de una reducida cantidad de fuentes
literarias, una gran inscripción encontrada en una ciudad de la costa
meridional de Creta: Gortis, la que, junto a Cnosos, desempeñó gran papel en la
historia de esa isla. Aun cuando esta inscripción, a la que a veces se denomina
«la verdad gortinense», fue grabada en la pared de un edificio público ya a
mediados del siglo V a. C., ella representa la codificación de la
legislación cretense perteneciente a una época muy anterior.
Las fuentes mencionadas permiten formarse cierta idea acerca del régimen
social de la sociedad cretense. La población de esta isla estaba formada por
dos grupos fundamentales: libres y dependientes. Los tributos eran los
ciudadanos, pertenecientes a las tribus dorias, que gozaban de plenos derechos;
los llamados «súbditos», equivalentes a los periecos espartanos, que
conservaban la libertad personal, pero carecían de la plenitud de los derechos
civiles; los manumitidos, a los que de acuerdo con las leyes nadie podía privar
de la libertad; y los extranjeros que moraban en la isla. Los ciudadanos era
reunidos en hetairías (sociedades). Además de esto, junto a las tres filai en
que se dividía la población doria, en algunas ciudades cretenses en las que la
población estaba mezclada, había otras filai más (por ejemplo, la de los
aitaleos). Cada una de ellas no era más que una gens o una familia ampliada.
Semejantes filai existían también en el seno de la sociedad de los
"súbditos". Las hetairías estaban formadas por compañías de jóvenes
amigos (agelas) pertenecientes a la clase dominante (en consecuencia, no podían
ingresar a las mismas los «súbditos», los manumitidos y los extranjeros, todos
los cuales se consideraban como «fuera de las hetairías»). A la cabeza de cada
hetairía había un arconte. Para la vista de las causas o procesos que surgían
entre los que se hallaban «fuera de las hetairías» (athetairíos) y los miembros
de las mismas, se nombraban jueces especiales. Y dado que los miembros de las
familias nobles, al ser distribuidos según las hetairías, trataban de conservar
los vínculos con su gens, las hetairías coincidían mayormente con las filai.
Una subdivisión de la filai era el claros. Del seno de la file emanaba el
claros militar que soportaba obligaciones especiales; entre sus miembros se
elegía los cosmos (estrategas), que tenían en sus manos el supremo poder
militar del Estado. Los "súbditos", agrupados en comunidades rurales,
también estaban divididos en filai. Junto con la agricultura estaban
desarrollados los oficios y el comercio. Para los manumitidos, o libertos, se
destinaban en las ciudades cretenses barrios especiales. Finalmente, para la
administración y para la vigilancia de los extranjeros que moraban en la isla
existía un funcionario ad hoc.
A semejanza de las comidas en común de Esparta ("Syssitia"),
en Creta se efectuaban también banquetes públicos, conocidos como "comidas
de varones" (andreiai). Según algunas fuentes, estas comidas eran
organizadas por los aportes efectuados por los miembros del claros. Según otras
fuentes, era el propio Estado quien destinaba a las mismas una parte de los
ingresos del fisco. Cada una de estas andreias estaba bajo la vigilancia de un
llamado paidónomo. En las andreias se hallan presentes los niños varones, que
recibían la mitad de la ración. Al cumplir los diecisiete años, el joven era
registrado y anotado en una agela, teniendo que frecuentar los gimnasios, en
los que se prestaba principal atención al entrenamiento físico y una atención
mucho menor a la instrucción intelectual; un lugar esencial era destinado al
aprendizaje de memoria de las leyes, redactadas en verso. Al terminar la agela,
en la que probablemente permanecían unos diez años, los jóvenes ingresaban en
la hetairías. Los miembros de cada promoción estaban obligados a contraer
simultáneamente matrimonio, pero la esposa entraba en la casa del marido sólo
cuando estaba en condiciones de manejar la economía de la misma. El matrimonio
era considerado sagrado, y toda violación del mismo era severamente castigada.
La población no libre, o dependiente, de Creta se componía de mnoitas
y de esclavos. Los mnoitas eran agricultores, cargados de gravosas
obligaciones, que habitaban las tierras del Estado. Quizás en éstos ha de verse
a los descendientes de la antigua población de la Creta minoica. En cuanto a
los esclavos, pertenecientes a particulares, se los puede subdividir en dos
categorías. Unos, cuya situación correspondía a la de los ilotas espartanos,
labraban las parcelas (cleros) de sus amos, a los que debían entregar una parte
de los productos que obtenían; estaban fijados inseparablemente a los cleros, y
recibían la denominación de afamiotas o clerotes. Podían formar familias e
inclusive contraer matrimonio con mujeres libres; tenían su hacienda doméstica
y podían adquirir bienes domésticos también. Otros, utilizados para los
trabajos y quehaceres de las casas, eran esclavos comprados.
Las particularidades de la sociedad en Creta habían condicionado la
singularidad del régimen estatal de las cuarenta y seis polis cretenses. Las
constituciones de las mismas tenían un rasgo común: cada una de ellas era
regida por los ya mencionados cosmos. Aristóteles desaprueba este orden estatal
considerándolo la peor clase de oligarquía: el caso es que dichos cosmos
estaban investidos entre los cretenses del supremo poder tan sólo formalmente,
pues en la realidad se encontraban supeditados a la tiranía de los
representantes de las familias nobles, que tenían el derecho de reemplazarlos
durante el ejercicio del poder. Escribe Aristóteles: "Tal preponderancia
de la nobleza y, en general, de los hombres del poder que no desean someterse a
un veredicto de los cosmos, lleva a la anarquía, a constantes disensiones y a
una lucha intestina, de manera que el régimen cretense tiene tan sólo alguna
que otra similitud con un régimen estatal". Al colegio o senado de los
cosmos estaban adscriptos un secretario y otros funcionarios, entre ellos los
que entendían de las finanzas.
El poder judicial también se hallaba bajo la jurisdicción de los
cosmos, a los cuales estaban sometidos los jueces. Debajo de los cosmos se
encontraba el Consejo de ancianos; eran sus miembros los mismos cosmos una vez
que habían cumplido el término reglamentario de su función; eran integrantes
vitalicios de este Consejo, que representaba la suprema instancia gubernamental
y judicial, poseía plenipotencias casi ilimitadas y gobernaba el demos a su
albedrío (al decir de Aristóteles, "arbitrariamente, y no sobre la base de
las leyes escritas"). El número de miembros de este Consejo llegaba a
veintiocho o treinta.
La asamblea popular ocupaba un lugar secundario, puesto que sólo
poseía el derecho formal de confirmar las resoluciones tomadas por el Consejo o
por el Cosmos. Hacia mediados del siglo III a. C., la Asamblea popular
adquirió gran significado y valor. Dada la democratización del régimen estatal
realizada entonces en Creta, al lado del Consejo de ancianos se formó incluso
un consejo de «jóvenes», investidos de poderes especiales, y que también
cumplía funciones judiciales.
Las sesiones de la Asamblea popular tenían lugar en la plaza pública
(ágora), donde había una piedra especial desde la cual los oradores
pronunciaban sus discursos y arengas. La Asamblea popular estaba autorizada
para tomar resoluciones sólo con la presencia de no menos de quinientos
miembros.
La «verdad gortinense» contiene también una serie de artículos
vinculados con asuntos de herencia, deudas, violaciones de reglas sociales,
etc. Los procesos en Creta eran orales, en presencia de testigos, los que
hacían sus declaraciones bajo juramento.
En cuanto a la historia de Creta durante el período prehelénico, de la
misma se han conservado tan sólo hechos aislados carentes de valor para la
historia griega general. Así, se sabe que durante las guerras greco—persas, los
ciudadanos cretenses despacharon una embajada a Delfos, pero no tomaron parte
alguna en dichas guerras. Tampoco tomaron parte alguna las ciudades cretenses
en la primera Liga marítima ateniense, aparecida en el siglo V a. C.

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