HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO A.C.
1. La Grecia
continental desde el siglo XXV hasta el siglo XVII a. C.
Hasta la década del setenta del siglo XIX, la historia de la Grecia antigua comenzaba habitualmente con el llamado período homérico, es decir, el período que halló su reflejo en la Ilíada y la Odisea. Se consideraba entonces que en ambos poemas se reflejaba el cuadro de la sociedad griega del siglo XI al VIII a. C. Entretanto, entre los mismos griegos se conservaba el recuerdo de un período considerablemente más antiguo de la historia de su país, grabado en una serie de leyendas y mitos y transmitidos por los escritores antiguos de una época posterior. Algunos monumentos de la época antigua que se encuentran en la Grecia balcánica y en las islas, tales como ruinas de construcciones de piedra toscamente tallada, también recordaban el pasado. Acerca de estas ciclópeas construcciones, los mismos griegos antiguos no podían decir nada definido; la tradición las atribuía a los grandes cíclopes monóculos (un solo ojo). Estos escasos datos de la tradición la ciencia burguesa los pasaba por alto, lo que en considerable medida se explica por el predominio de orientaciones hipercríticas entre los científicos especializados de aquel entonces. Los partidarios de esta orientación tuvieron como objetivos fijar límites claros, a menudo injustos, entre el material histórico y el no histórico, es decir, el legendario. No se orientaron hacia el análisis del material mitológico con el objeto de encontrar en él reflejada la realidad histórica. En fin, al concepto de los antiguos griegos sobre el pasado remoto de su país casi se lo ignoraba completamente.
La
crisis en este sentido se produjo entre los años setenta y noventa del siglo
pasado, cuando, en directa vinculación con los grandes descubrimientos
arqueológicos, se aclaró que el período homérico de la historia de Grecia en la
cuenca del mar Egeo fue precedido en muchos siglos por la existencia de una
cultura desarrollada cuyos centros principales fueron Creta, la Hélade y la
ciudad de Troya. Las investigaciones del siglo XX demostraron así que en el II milenio antes de nuestra era existieron allí civilizaciones casi tan
desarrolladas como sus contemporáneas egipcia, babilónica e hitita. El estudio
de la historia de las poblaciones que crearon esta cultura colocó frente a la
ciencia contemporánea una serie de importantes problemas de principio: el
problema de la clasificación en periodos, el problema de la pertenencia étnica
de las tribus egeas, lo que en modo estrechísimo se vinculaba con el estudio de
la lengua y de la escritura creto—micénica, el problema de las características
económico—sociales de la Creta antigua y de las antiguas ciudades del
Peloponeso, el problema de la conquista de los reinos aqueos por los dorios, y
otros.
El paso esencial para resolver todos estos problemas se esbozó sólo en los últimos años, condicionado tanto por considerables acumulaciones de material de investigaciones arqueológicas como por el trabajo perseverante de una cantidad numerosa de científicos en el dominio de la interpretación de las inscripciones creto—micénicas. En 1953, cuando dos científicos ingleses,
Ventris y Chadwick, publicaron sus investigaciones acerca de los nuevos métodos
para descifrar las inscripciones micénicas, estos trabajos fructificaron.
Aunque ello todavía ni de lejos puede considerarse como concluido y las
dificultades en el camino de un estudio más profundo de las inscripciones
micénicas son todavía muy grandes, los métodos propuestos por Ventris y
Chadwick para descifrarlas conquistan el reconocimiento cada vez mayor de los
científicos de todo el mundo. A la luz de una más rigurosa lectura de las
inscripciones, se abre una perspectiva completamente nueva y extremadamente
amplia en la investigación del período remoto de la historia griega, hasta los
tiempos posteriores, conocidos casi exclusivamente por los monumentos de la
cultura material.
Los primeros pobladores Las tribus que poblaban la península balcánica, las islas del
archipiélago del mar Egeo y las costas del Asia Menor se encontraban desde los
tiempos antiguos en estrecho contacto unas con otras, lo que era posibilitado
por la vinculación por mar de todos estos países.
Esos íntimos vínculos determinaron no solamente los rasgos generales
en el desarrollo de la población que allí habitaba, sino que, comparativamente
con los primitivos países de la cuenca del mar Egeo, crearon originales centros
culturales que existieron contemporáneamente con otros antiguos focos de la
civilización, como la antigua Babilonia, Egipto, India y China.
Gran parte de la población de los países de la cuenca egea pertenecen,
de acuerdo con los datos científicos de que se dispone, al comienzo de la época
neolítica, es decir, aproximadamente del VII al VI milenio a. C.
Muchos restos de población y tumbas de la época neolítica a lo largo
de los países mediterráneos hasta los límites del IV al III milenio a. C.
fueron encontrados en las excavaciones de la península balcánica, en el Asia
Menor y en las islas del archipiélago del mar Egeo, Creta entre ellas.
El estudio de los monumentos testimonia que en ese tiempo la comunidad
primitiva se basaba fundamentalmente en la agricultura de azada y la ganadería.
El estudio de estos monumentos arqueológicos de la península balcánica, hacia
el sur de Duna, muestra que todos estos territorios estaban habitados por tribus
que se encontraban casi a igual nivel de desarrollo. La cultura de las
poblaciones neolíticas, los futuros tracios, macedonios, tesalios y griegos, no
difería de la cultura de las poblaciones de las islas del mar Egeo. Gran
cantidad de restos de la época neolítica en Creta autorizan a sostener algunas
ideas acerca de la vida de la población de la isla.
Como muestran las excavaciones arqueológicas, los poblados comunales
estaban constituidos en aquel entonces por chozas hechas con materiales
calcáreos no elaborados, de forma cuadrangular. Para la cerámica cretense son
característicos los vasos en forma de torre, decorados con arabescos tallados.
El arte primitivo también estaba representado por figuras groseras de pájaros,
animales y hombres. La gran mayoría de las estatuillas representan la figura
femenina, lo que es el rasgo natural del arte de todos los pueblos en la época
del matriarcado.
La era de los Metales Desde el III milenio a. C., en las tribus egeas se conocía el uso
de los metales. Primero el cobre, luego el bronce. Para la población de la
cuenca egea éste fue un gran paso adelante en el desarrollo de las fuerzas
productivas.
La ciencia burguesa vincula la aparición de los metales con las
migraciones en la cuenca egea de nuevas tribus de Anatolia (Asia Menor). En el
fondo de esta opinión de muchos científicos burgueses yace la teoría de los
pueblos «elegidos y rectores» que, según ellos, serían la fuerza motriz de la
historia. Sin negar la importancia de las migraciones de tribus, nosotros
debemos señalar que el comienzo en la utilización de los metales no fue
consecuencia obligada de las mismas. De las investigaciones de las últimas
décadas se deduce que los metales se emplearon simultáneamente en diferentes
lugares de la cuenca egea, así como Chipre, costas del Asia Menor y Macedonia,
es decir, en todos aquellos países donde había yacimientos de cobre. Gracias al
nivel alcanzado por las tribus egeas en la producción y a la existencia entre
ellas de antiguos lazos, el arte de producir herramientas metálicas se difundió
relativamente pronto entre las poblaciones de los territorios vecinos. Los más
antiguos artículos de cobre datan aproximadamente de finales del IV milenio y
comienzos y primera mitad del III a. C.
La unidad cultural de las tribus que habitaban en la cuenca del mar
Egeo, en la edad del bronce, autoriza su generalización bajo el nombre de
cultura egea.
La clasificación cronológica de la cultura egea fue realizada
detalladamente por A. Evans, quien trazó la cronología de
Creta y, de acuerdo con ese modelo, otros científicos elaboraron la cronología
griega de la edad del bronce: la antigua cultura griega fue dividida en tres
períodos helénicos: antiguo, del año 2600 al 2000; medio, del 2000 al 1600;
tardío, del 1600 al 1100 a. C. Del mismo modo, la cultura en las islas
Cícladas (período antiguo, 3000 a 2200; medio, 2200 a 1600, y posterior, del
1600 al 1200 a. C). Esta clasificación es fundamentalmente formal, puesto que
no ha sido elaborada teniendo en cuenta las transformaciones de las relaciones
de producción entre las tribus egeas. Se basa, en lo esencial, en el desarrollo
de la cerámica. No obstante, esta clasificación puede cumplir un papel
auxiliar.
Desde la primera mitad del III milenio a. C., la población de la
península balcánica comenzó a utilizar artículos de cobre. El territorio de
Grecia es comparativamente pobre en minerales de cobre. Aunque ahora se conocen
algunas minas, que se utilizaban ya hacia el III milenio a. C., al
principio el cobre fue, por lo visto, importado por mar desde Chipre y las
islas Cícladas (Siros). En la distribución de los artículos de cobre se
encuentra una secuencia conocida. Al principio surge en la parte sur de Grecia,
es decir, en el Peloponeso, y sólo paulatinamente penetra en las regiones
septentrionales del país. Por lo visto, el conocimiento de estos metales llegó
a la población de la Grecia continental de los habitantes de las islas de las
costas del Asia Menor.
En la época antigua del bronce surgió gran número de poblaciones en
las regiones antes despobladas del Peloponeso y la Grecia central. Precisamente
en ese tiempo aparece la población de puntos que posteriormente fueron tan
conocidos como Tirinto, Micenas, Orcómenos y Delfos. A la vez surge una serie
de poblaciones más pequeñas, como Cinuria, Asina, etc. El rasgo característico
de estas poblaciones muy antiguas era su distribución en colinas, que
garantizaban su capacidad defensiva. La arquitectura de sus viviendas era
diversa. Por ejemplo, en Orcómenos (Beocia) fueron descubiertas casas de forma
circular, con cimientos de piedra y paredes de adobe. Pero también se conocen
otros tipos de casas, de forma oval o rectangular con un lado redondeado. La
casa tenía dos cuartos unidos por puertas; en el centro del más grande había un
fogón, y en las paredes, muchas vasijas de arcilla en las cuales se guardaban
diferentes provisiones domésticas.
Arquitectura y sociedad
A la segunda mitad del III milenio a. C. pertenece la aparición
de edificios más grandes, que se diferenciaban netamente de las viviendas de
las comunidades, más sencillas. Tales construcciones redondeadas, con un
diámetro de alrededor de 28 metros, fueron descubiertas en la acrópolis de
Tirinto. Sus paredes de adobe descansaban sobre cimientos de piedra y están
cubiertos por un techo de tejas. Protegidos por dos fuertes murallas
circulares, estos edificios constituían poderosas ciudadelas. Por supuesto,
eran las viviendas de los antiguos amos de Tirinto. En otra población, Lerna
(Argólida), fue erigido en ese período un edificio con aspecto y
características de palacio, que ha sido descubierto en 1945. Una parte del
mismo era de forma rectangular, de más de 25 metros de largo. Sus fuertes
paredes de adobe (de aproximadamente 90 cm. de espesor) descansaban sobre
cimientos de piedra y estaban cubiertas con dos capas de estucado de arcilla.
Algunas escaleras comunicaban el primer piso con el segundo. En el piso bajo
fueron descubiertos más de diez locales destinados a diferentes usos: grandes
cuartos y pequeñas despensas.
Los habitantes de la Hélade, en el III milenio a. C., se ocupaban
de manera principal de la ganadería y la agricultura. Los habitantes de
Cinuria, por ejemplo, tenían mucho ganado: vacunos, lanares, caprinos y porcinos.
La alfarería no había salido todavía del estado de producción doméstica: las
vasijas se hacían a mano. Sus formas eran muy barrocas. El difícil juzgar
acerca del significado de las vajillas encontradas. Aunque se preparaban sin
contar con la rueda del alfarero, la calidad del trabajo de éste era
relativamente elevada. Es de destacar que ya en ese tiempo se hacían en Grecia
las tejas que cubrían no sólo las casas de los nobles (en Tirinto y Lerna),
sino también las viviendas de las casas medias de la población. Después del
siglo XX a. C., el arte de la preparación de tejas se perdió, para renacer
sólo en el siglo VII a, C. La metalurgia hasta finales del III milenio se
desarrolló débilmente. El cobre se utilizaba sólo para producir algunos objetos,
como puñales, alfileres, etc.
Aparecieron ya en esa época sellos e inscripciones en las vajillas.
Los dibujos de esos sellos recuerdan un poco las imágenes de los de la misma
época en la isla de Creta.
Relaciones comerciales Las tribus de la Hélade, en el III milenio a. C., se encontraban
en constante relación con los habitantes de los países vecinos, es decir,
Macedonia, Tracia y Asia Menor. Estas relaciones no se limitaban a los simples
cambios de artículos y llevaron a influencias culturales mutuas, que se
hicieron sentir particularmente en la producción de cerámica. Más estrechas
eran las relaciones con las poblaciones de las islas del mar Egeo, ante todo
con las Cícladas. De allí los habitantes de la Hélade importaban obsidiana,
vajillas de cerámica, figuras de mármol. Las colonias del Peloponeso tenían
fuertes vínculos con Creta, separada del continente sólo por 150—160
kilómetros. De allí procedían los sellos de piedra y las vajillas, amuletos de
esteatita y cerámica. Sin duda, el contacto entre la Hélade y Egipto se hacía entonces
por intermedio de los cretenses.
El problema de la historia social en el período que analizamos es muy
complicado. Su principio se remonta al período de predominio de las relaciones
matriarcales en el interior de la comunidad tribal, que luego dejan lugar a las
relaciones patriarcales. El régimen de la comunidad primitiva en la Hélade de
finales del III milenio a. C. se caracterizaba por la aparición de
desigualdades económicas en el seno de la comunidad.
Se observa ya el crecimiento de la riqueza de algunos, por ejemplo, de
la aristocracia en las tribus de Tirinto y Lerna, lo que atestigua el
surgimiento de las condiciones para una futura división en clases de la
sociedad.
Alrededor del año 2000 a. C. tuvieron lugar grandes
acontecimientos en la Hélade. Hasta Tucídides llega a recordar los grandes
desplazamientos de poblaciones en la antigua Hélade. Estos datos de la
historiografía antigua se ven confirmados por las recientes excavaciones. Por
lo visto, en los límites del III y II milenios a. C., las tribus que
habitaban en el norte se pusieron en movimiento hacia el sur, hacia Beocia y el
Peloponeso. Según la tradición griega, estas nuevas tribus eran aqueas.
Los Aqueos Algunos científicos burgueses, por ejemplo, Glotz y Blieguer,
consideran que con la llegada de los aqueos a la Hélade se rompió con el
pasado, y que la razonable y fuerte asimilación de razas trajo el florecimiento
de la cultura de la península. Blieger llama a los aqueos «nuevos elementos
raciales». Ninguna de estas características determina el cuadro real de los
cambios étnicos que tienen lugar en la Hélade al final del III milenio
a. C.
Los aqueos que emigraron a la Grecia septentrional y meridional
probablemente eran parientes de las tribus que poblaban en aquel entonces la
Hélade. Es conocido que en la cultura de las tribus de la península balcánica,
en la segunda mitad del III milenio a. C., se siguen las huellas de los
rasgos comunes, lo que explica no sólo la uniformidad del nivel de su
desarrollo económico y social, sino también la cercanía étnica de estas tribus.
El movimiento de las mismas entre el III y el II a. C. se puede explicar
por las transformaciones que se produjeron en la sociedad primitiva, vinculadas
al crecimiento demográfico y a la baja productividad general del trabajo, que
dieron lugar al desplazamiento de unas tribus por otras como resultado de
guerras intertribales. La llegada de las tribus de Tesalia y Macedonia (cuya
residencia primitiva todavía no se ha definido con exactitud) a la Hélade fue
uno de los episodios de esta lucha intertribal. La invasión de dichas tribus
despertó la resistencia enconada de las tribus locales. El país sufrió
fuertemente las consecuencias de las largas luchas. Una serie de colonias y
ciudades: Cinuria, Tirinto, Asina y otras fueron destruidas; algunas de ellas,
como Cinuria, quedaron abandonadas por completo, mientras otras se
reconstruyeron, aunque con dimensiones más reducidas.
Los aqueos se asimilaron paulatinamente a las tribus locales. Sin
embargo, la cultura de la Hélade en los siguientes siglos (del XX al XVII
a. C.) no es uniforme. En las ramas de la arquitectura, por ejemplo, se
mantiene y alcanza difusión la planeación absidal de las casas, pero muy a
menudo se encuentra la forma rectangular del tipo megarense, con locales centrales
y patios interiores. En este último tiempo surgen las fortalezas en los
alrededores de algunos puntos poblados, como, por ejemplo, Tirinto, Malfi
(Mesenia) y otros lugares.
La producción se hace considerablemente más complicada. Al lado de la
ganadería se desarrolla la agricultura: los habitantes de la Grecia continental
cultivan ya trigo, cebada, guisantes y habas. Se desarrolla la producción
artesanal. Un gran logro de la metalurgia es el arte de elaborar el bronce
aleando el cobre con otros metales más duros y que se fundían más fácilmente
que él. La técnica de la producción del bronce se difunde rápidamente; muchos
de los artículos hallados datan de los siglos XVIII y XVII a. C. La
alfarería, gracias a la introducción de la rueda de alfarero, se transforma en
oficio independiente.
Las relaciones sociales en esta época sufrieron cambios considerables.
El desarrollo de la agricultura y de la ganadería llevó a la concentración de
riquezas en manos de algunas familias, a la ulterior separación y fortalecimiento
de la propiedad privada como contrapeso en la propiedad comunal.
Es de suponer que la diferencia patrimonial dentro de la comunidad
primitiva complicó aún mucho más la desigualdad entre las tribus y poblaciones
locales y sus conquistadores aqueos, como mostró Marx: «El régimen tribal, por
sí mismo, llevó a la división entre clanes de elevada y baja producción. Estas
diferencias se desarrollan todavía más con la fusión de los vencedores con las
tribus subyugadas». Entre las tribus aisladas se produjeron choques bélicos, lo
que también posibilitó el crecimiento de las desigualdades entre las tribus y
en el interior de las mismas, la separación de los jefes militares y sus
guerreros en grupos aislados de la aristocracia tribal.
En el primer tercio del II milenio, los lazos externos de las tribus
que poblaban la Hélade continuaron ensanchándose. Lo prueban claramente las
relaciones directas de la Grecia balcánica con Troya. Los contactos con Creta
se desarrollaron de forma irregular. Inmediatamente después de la invasión de
los aqueos, estas relaciones, por lo visto, disminuyeron mucho y se
restablecieron sólo después de uno o dos siglos. Testimonio de esto son, por
ejemplo, las vajillas de la producción de Tirinto, hechas según la manera de la
cerámica cretense de los siglos XVIII a XVI a. C. Por ejemplo, los toros
en relieve de Micenas son imitación de los relieves cretenses de ese tiempo, y
lo mismo ocurre con otros objetos. Se reforzaron los contactos con las islas
Cícladas, con la cultura de su población, y las Cícladas, a su vez,
experimentaron al mismo tiempo la influencia continental y de la isla de Creta.
El problema de las relaciones con las regiones septentrionales de la
península balcánica está todavía insuficientemente investigado. Se ha
encontrado en Macedonia la llamada cerámica minoica, la cual estaba distribuida
por toda Grecia, y permite suponer un contacto continuo de la población de
ambos lados. El desarrollo de la sociedad aquea alcanzó su apogeo en el período
comprendido entre el siglo XVI y el XII a. C., y se caracteriza por el
avance de Micenas, Pilos y otros centros del Peloponeso.
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