HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA

EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO A.C.

3. Creta desde el siglo XXX hasta el XII a. C.

 

El florecimiento del antiguo Estado cretense, en el II milenio anterior a nuestra era, dejó profundas huellas en el recuerdo de las generaciones posteriores. Según las antiguas leyendas, fue el rey Minos el fundador de la potencia marítima cretense. Así quedó grabado en las obras de Herodoto y Tucídides. Los mitos se refieren a Creta como centro cultural, de donde pasaron a Grecia muchos inventos técnicos y ciertos cultos. Son habitualmente poco mencionadas fuentes egipcias que se refieren a Creta; no obstante, tienen gran importancia. Durante mucho tiempo, sin embargo, no se dio la debida significación a estas noticias.

La historia antigua de Creta fue conocida solamente después de las excavaciones de 1893 a 1931, realizadas por Arthur Evans (1851—1941), quien propuso también la división cronológica de la antigua historia de Creta hasta la aparición de los griegos. Evans la dividió en tres períodos, llamándolos minoicos, por el nombre del mítico rey Minos. Los límites cronológicos de estos períodos fueron establecidos por Evans, de acuerdo con los hallazgos hechos en Creta, fechándolos en estrecha correspondencia con los objetos de la Mesopotamia y Egipto.

Con las rectificaciones posteriores, el esquema cronológico de Evans es el siguiente:

Minoico antiguo:

1.° De 3000 a 2800 a. C.

2.° De 2800 a 2500 a. C.

3.° De 2500 a 2200 a. C.

Minoico medio:

1.° De 2200 a 1750 a. C. (para toda la isla). En Cnosos y Festos termina alrededor del 2000 a. C.

2.° De 2000 a 1750 a. C. (solamente en Cnosos y Festos).

3.° De 1750 a 1600 a. C.

Posminoico:

1.° De 1600 a 1400 a. C. (su iniciación coincide con el comienzo del nuevo reino de Egipto).

2.° De 1450 a 1400 a. C. (solamente en Cnosos).

3.° De 1400 a alrededor de 1250 a. C.

Recientes cambios en la cronología del Antiguo Egipto invitan a la rectificación de la datación absoluta del comienzo del período minoico antiguo, que se fecha actualmente alrededor del 2600 a. C.

Creta en el III milenio a. C.

La sociedad cretense, en el III milenio antes de nuestra era, tenía un nivel más elevado de desarrollo que la sociedad de la Grecia continental y la de las islas del mar Egeo. La explicación de esto hay que buscarla en las condiciones extraordinariamente favorables que existían en Creta para el desarrollo de las fuerzas productivas. Desde muy antiguo era famosa por su fecundidad y riqueza. Los bosques que cubrían el territorio de la Creta antigua retenían la humedad, lo que aumentaba la fecundidad del suelo. Rodeadas por montañas, las mesetas de Creta eran aptas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería. En esa época, los habitantes utilizaban primordialmente todo lo que les daba el mar: se ocupaban de la pesca y comerciaban activamente con otros países.

La sociedad cretense del III milenio se caracterizaba por tener rasgos de desarrollo del régimen comunal. Aunque predominaban las relaciones patriarcales, aún existían vestigios del régimen matriarcal. La propiedad privada en algunos miembros trajo consigo la división del patrimonio social. Alrededor del III milenio, en Creta existían ya familias ricas, que eran propietarias no solamente de los medios de producción, sino también de objetos de lujo, como, por ejemplo, adornos de oro. Las tribus más ricas eran las que vivían en la parte oriental de la isla. Probablemente, el desarrollo de la producción fue mayor en la parte oriental que en la occidental.

La población de Creta era bastante numerosa. Particularmente densa por entonces era la de la fértil llanura alrededor de la actual Mesaria, en la costa sur, donde durante muchos siglos existieron colonias tribales. Alrededor de ellas se disponía gran número de tumbas gentilicias de forma circular y cubiertas con un techo cónico de madera y paja. En estas bóvedas redondas se enterraba, en el transcurso de mucho tiempo, a los miembros de un mismo clan. La cantidad de inhumaciones en tumbas de clanes aislados alcanzaba algunos centenares.

La cultura material de la sociedad cretense de ese tiempo se manifiesta en el considerable desarrollo de sus fuerzas productivas. Los cretenses empleaban en sus menesteres, con amplitud, las herramientas de cobre, cuchillos, sierras, etc. La alfarería estaba muy desarrollada. Particularmente notable era la producción de recipientes de piedra que se observa a mediados del III milenio: para ello se utilizaban piedras locales, a veces muy duras; una serie de formas de estos recipientes fue imitada de las de los recipientes de cerámica.

Hacia el final de este período abundaron los sellos de marfil o esteatita coloreada. Su distribución, inicialmente en el sur de la isla, permite suponer la imitación de los sellos egipcios; el mismo uso de los sellos muestra el desarrollo de la propiedad privada dentro de la sociedad cretense.

En la segunda mitad del III milenio, los vínculos de Creta con el exterior eran amplios: en Creta fueron encontrados objetos de Egipto, de las islas Cícladas, y probablemente de Siria. La difusión del bronce en los países que carecían del mismo fue muy ventajosa para la población, ya que Creta era intermediaria en el comercio de cobre y bronce entre Chipre y las islas, y la Grecia continental. Es posible que ya en este tiempo la flor de los cretenses participara en la importación de estaño desde el Asia Menor y, como suponen algunos científicos, desde España. Hacia el final del III milenio, poblaciones procedentes de las islas Moclos, Psira y Palecastros emigraron a Creta, donde fundaron colonias distribuidas en la parte oriental y central de la isla, dando lugar al desarrollo de Malia, Festos, Hagia—Triada y otras ciudades.

Origen y desarrollo del Estado en Creta

Ya a principios del II milenio antes de nuestra era, el proceso de descomposición de la sociedad comunista primitiva mediante la formación de clases alcanzó en Creta un desarrollo considerable. Los palacios reales son testimonio del crecimiento de las diferenciaciones sociales que surgieron en Cnosos, Festos, Malia y otros puntos. La diferencia entre la vida lujosa de los amos de los palacios de Cnosos y Festos y las condiciones de vida de otras poblaciones de Creta muestra que hacia los siglos XXI a XX a. C. ya había terminado el proceso de formación del poder real hereditario. La desigualdad de fortunas en la población de la isla se muestra claramente en el ritual fúnebre. En el II milenio a. C. los cretenses enterraban a las familias por separado y el inventario de lo hallado en las tumbas testimonia acerca de la acumulación de riquezas en manos de los nobles y de la vida modesta de grandes masas de la población. Asimismo aparecen con claridad los contrastes cuando se comparan las viviendas de diferentes capas de la población de Creta. En las placas de loza del siglo XVIII a. C. se conservan las imágenes de las grandes casas de dos y tres pisos construidas con grandes bloques de piedra.

Sobre la parte central de los techos planos se elevaban pequeñas torres. Todos los detalles de estas casas muestran las riquezas de sus moradores. Las viviendas de los pobres eran simples, pequeñas y estrechamente unidas entre sí, en contraposición a las de los ricos, que estaban perfectamente delimitadas unas de otras. El plano de la pequeña población de Gurnia muestra la densidad que imperaba en los barrios de los pobres.

En los siglos XX a XVIII a. C., Creta no era todavía un Estado unificado. En el territorio de la isla existían algunas regiones que se encontraban, por lo visto, bajo el poder de gobernantes independientes. La situación de esos señores, particularmente en los comienzos del período analizado, recordaba probablemente la situación de los basileus homéricos. Acerca de la riqueza de los gobernantes cretenses de esa época, ilustra la colección de lujosas armas de Malia adornadas con oro, marfil y cristales, espadas y puñales de bronce, que fueron probablemente propiedad del basileus, rey y jefe militar.

Las guerras entre los gobiernos de las regiones señalaron la necesidad de construir fortalezas defensivas. Muchas de las poblaciones de Creta estaban rodeadas, en ese tiempo, por fuertes murallas. En los límites entre el III y el II milenios a. C., los poderosos gobiernos de Creta eran Cnosos y Festos. Menos significativos, en cambio, eran los gobiernos de Malia y otras ciudades.

En el siglo XVIII tuvieron lugar en Creta ciertos acontecimientos, a consecuencia de los cuales los palacios reales y una cantidad de poblaciones resultaron destruidos. Según la opinión de algunos científicos (D. Pendelberg y A. Evans), la causa radicaría en los terremotos, a los cuales Creta estaba muy expuesta. De acuerdo con la opinión de otros (E. Meyer), el abandono de la población fue determinado por circunstancias políticas exteriores: la incursión de los hicsos asiáticos establecidos en el delta del Nilo. La ausencia de huellas de incendio en las ruinas de construcciones de ese tiempo habla contra esta última suposición, a la que se opone también la circunstancia de que el palacio de Festos, que se encontraba en la costa meridional, resultó mucho menos destruido que el de Cnosos. En caso de invasión de los hicsos que venían de Egipto, hubiera sido víctima precisamente la costa meridional.

reconstrucciones artisticas delpalacio de Cnosos

Los grandes trabajos de reconstrucción, comenzados en Creta a mediados del siglo XVIII, a. C. fueron hechos de acuerdo con la planificación anterior. Esto demuestra que la población de la isla conservaba sus rasgos culturales y sociales después de producida la catástrofe, y desmiente la teoría de la conquista por los hicsos, con las guerras intestinas y el reforzamiento paulatino del reino de Cnosos a expensas de otras regiones. Por lo visto, hacia el principio del siglo XVI a. C., la dinastía de Cnosos unificó a toda Creta bajo su poder.

La completa reconstrucción de todas las poblaciones de Creta tuvo lugar aproximadamente en el siglo XVI, cuando comienza el segundo período del florecimiento de Creta, que continuó durante dos siglos. Ésta fue la época de mayor poderío de Creta, tanto interior como exterior. Se puede suponer que tanto las leyendas griegas como los poemas homéricos reflejaron precisamente este período.

La sociedad cretense, ya en los comienzos del II milenio a. C., alcanzó un nivel considerable de desarrollo económico y social. El desarrollo de las fuerzas productivas dio lugar a la existencia de oficios desligados de la actividad agraria, al desarrollo del cambio y a una gran ampliación del comercio marítimo. Los cambios en la producción se acompañaron de importantes mutaciones en la estructura social: separación de una aristocracia relativamente pequeña que explotaba amplias masas de la población agrícola y artesana libre. Se produjo la división de la sociedad en clases.

Esta fue una antigua sociedad de clases, que conservaba todavía muchos rasgos del régimen de comunidad primitiva. Podemos suponer que el desarrollo de la desigualdad social fue más intensivo en la parte oriental de la isla, donde surgieron muchas ciudades y poblaciones de tipo urbano.

El progresivo desarrollo de las diferencias sociales internas entre los libres corrió parejo a la aparición de la esclavitud. Sin duda, el trabajo de los esclavos, hacia mediados del II milenio a. C., alcanzó una difusión considerablemente mayor que antes, aunque la escala en que se empleó no permite afirmar su predominio en la producción de aquellos tiempos.

Por desgracia, la extraordinaria pobreza de las fuentes impide aclarar las particularidades concretas de las relaciones esclavistas en Creta. Por lo visto, entre los cretenses la inmensa mayoría de los esclavos estaba constituida por gentes tomadas en cautiverio o asignadas en calidad de tributos vivientes. Algunas referencias se conservan en las leyendas de los griegos que se refieren a la época del poder cretense. Las fuentes escritas que hoy se conocen de los cretenses muestran el empleo del trabajo de los esclavos en los palacios de los señores grandes y pequeños. Solamente en un palacio, el Cnosos, para el servicio de las vastas posesiones del rey se utilizaba multitud de esclavos. En los trabajos pesados, como por ejemplo el cuidado y recuento de gran cantidad de productos y artículos de la artesanía en los depósitos reales, se exigía un constante empleo de un elevado número de trabajadores. Sin duda, en estos trabajos se empleaba esclavos.

Es posible que el trabajo de los esclavos se utilizara en algunas actividades junto con el trabajo de los libres, como, por ejemplo, en la erección de palacios, en la construcción de caminos, etc.

Sería incorrecto considerar que el trabajo de los esclavos desplazó en Creta al de los productores libres. La perfección de los artículos cretenses de esta época muestra el predominio, en los oficios, del trabajo de artesanos libres. Las particularidades específicas de la economía agrícola en Creta, entre ellas la ausencia del sistema de riego, que hubiera requerido gran cantidad de esclavos, y las relativamente pequeñas dimensiones de las parcelas de tierra labrantía, condicionaron sin duda el predominio del trabajo del pequeño campesino libre. Por lo visto, el trabajo esclavo en la economía campesina se empleaba en pequeña escala, y probablemente no en todas las regiones de Creta. En las zonas más atrasadas de la isla las relaciones comunales conservaban todavía una fuerza considerable y la esclavitud tenía un carácter patriarcal.

De este modo, aunque en la isla de Creta la esclavitud se desarrollaba hacia mediados del II milenio antes de nuestra era, no perdió significación para la producción social el trabajo de los productores libres, artesanos y agricultores vinculados con la comunidad.

Los cambios de la estructura social cretense condujeron al fortalecimiento del Estado, y entre los siglos XVI y XV a. C., la isla constituía una monarquía unida. Esta unidad fue alcanzada por los habitantes de Cnosos. En su relato, Herodoto (I, 173) se refiere a la lucha por el poder real en Creta entre los dos hijos de Zeus y Europa —es decir, entre Minos y Sarpedón—, la que se encuentra reflejada indirectamente en la larga lucha por la primacía entre los gobernantes de Cnosos y de Festos. La formación del Estado unificado con poder real hereditario colocó a Creta en la misma situación de los Estados clasistas más antiguos: los egipcios, hititas y babilonios.

Se debe señalar que la definición de la sociedad cretense como sociedad clasista, que se acerca por su tipo a las sociedades esclavistas primitivas del Oriente, fue defendida por los historiadores soviéticos en lucha contra las teorías modernizadoras de los científicos burgueses, así como contra el erróneo punto de vista de V. L. Bogaievski. A. Evans traspasaba las normas de la sociedad capitalista a la sociedad cretense del segundo milenio antes de nuestra era y veía en el estado cretense una potente monarquía marítima que había sometido y colonizado toda la costa del mar Mediterráneo hasta España. V. L. Bogaisevski, que había luchado contra las teorías modernizadoras de la ciencia burguesa, no pudo, sin embargo, dar una explicación marxista correcta de la estructura social de la sociedad cretense. Atendiendo exclusivamente al régimen tribal gentilicio de Creta, Bogaievski definió a la sociedad cretense como una sociedad preclasista, primitiva. Este punto de vista fue rechazado decididamente por la mayoría de los historiadores soviéticos. Documentos cretenses de la mitad del siglo XV a. C., recientemente descifrados, confirman la justeza de la caracterización de Creta como Estado esclavista primitivo.

Entre los siglos XVII y XV a. C., el Gobierno de Creta se fortaleció y desarrolló. Los cortesanos del rey estaban formados por los funcionarios estatales y por los servidores personales del rey. Los escribas reales llevaban anotaciones detalladas; en el palacio de Cnosos y en otros lugares se encontraron muchas inscripciones en tablas de arcilla con listas de objetos y nombres de personas. Si para las necesidades de la dirección estatal eran necesarias las anotaciones, hay que hacer constar que existían, a la par de ellas, leyes y costumbres no escritas. El rey de Creta, el legendario Minos, es presentado en el papel de sabio legislador en las antiguas leyendas griegas. En ellas, el rey Minos aparece en el reino subterráneo, con cetro de oro, juzgando a los muertos.

El Estado cretense se desarrolló a expensas de territorios de ultramar. Sus reyes subyugaron a las islas Cícladas y trasladaron a ellas parte de los habitantes de Creta. Hicieron lo posible por subyugar el Ática, pero, según las leyendas, el ensayo de los cretenses de afirmarse en la Megárida no tuvo éxito. La tradición ática recuerda las malogradas guerras de los cretenses en Sicilia.

La expansión del Estado cretense dejó considerables huellas en la tradición griega posterior, y Herodoto y Tucídides describen al rey Minos como soberano del mar que subyugaba las islas del Egeo. Sin duda, los griegos se basaban en ello para llamar al Estado cretense dominador del mar.

El proceso de formación del Estado cretense se extendió por lo visto durante algunas centurias.

Es difícil determinar el carácter de las relaciones del reino de Creta con pueblos nativos. La tradición griega se refiere a que el rey de Creta conducía la lucha contra los piratas. Por ese medio, evidentemente, tendía a garantizar vínculos sin obstáculos con las regiones que dominaba y libertad de navegación para sus barcos mercantes, y a asegurar la percepción de tributos. A esta circunstancia la considera Tucídides como la causa principal de las luchas contra los piratas. Las rentas reales estaban probablemente constituidas también por tributos pagados en especie. Los enormes depósitos de Cnosos guardaban los tesoros que se recibían en tal concepto. El tributo también se pagaba en seres humanos: algunas tribus suministraban al rey tripulación para sus barcos, y el Ática, que era muy pobre, pagaba tributos en gente (de acuerdo con la leyenda, jóvenes y doncellas), la cual, evidentemente, se transformaba en esclava del rey de Creta.

Las huellas de la permanencia de los cretenses en las islas del mar Egeo son muchísimas; se han encontrado no solamente artículos de la producción de Creta, sino monumentos de las escrituras cretenses (por ejemplo, en las islas de Melos y Tera).

Es difícil juzgar acerca de la organización interna de la potencia cretense a mediados del segundo milenio antes de nuestra era. El testimonio de Tucídides acerca de que Minos nombró a sus hijos gobernantes de las diferentes islas permite suponer que los miembros de la familia real desempeñaron un papel predominante en la administración del Estado, particularmente en las naciones conquistadas. Es posible que Androgeo, legendario hijo de Minos, fuera uno de los gobernantes de Creta que ejerció poder sobre el Ática a mediados del segundo milenio antes de nuestra era.

La presencia de una fuerte flota permitió a Creta establecer su dominio en el mar. Hay que señalar que los cretenses fueron los primeros de todos los pueblos del Mediterráneo en crear una potente flota, constituida, como muestran los grabados en recipientes, sellos, etc., por barcos a vela y a remo.

La principal fuerza militar en Creta era la infantería, armada con largas lanzas, arcos, puñales y espadas. Las armas de defensa eran yelmos y grandes escudos. Un importante papel en el ejército cretense lo desempeñaban los carros de guerra, en los cuales combatían los reyes y los guerreros nobles. En los depósitos del palacio de Cnosos se conservaron carros de guerra que, por lo visto, constituían una parte importante de los bienes del rey. Las fuerzas militares de Creta a veces incluían también inmigrantes de otros países: en uno de los frescos cretenses se representaba un destacamento de negros.

La base de la economía cretense era la economía rural. Los labradores de la «Creta feraz», como se la llama en los poemas de Homero, desde muy antiguo, ya a comienzos del II milenio antes de nuestra era, empleaban el arado, lo cual elevó considerablemente la fertilidad del suelo. Cultivaban trigo, cebada, habas, garbanzos y lentejas; conocían además cultivos tales como lino, azafrán, etc., y estaban muy difundidos los cultivos de huerta: olivo, vid, higuera, palma datilera. Igualmente se dedicaban a la ganadería; los cretenses criaban vacunos, lanares, porcinos y variados tipos de aves, como patos, gansos, etc. Por lo visto, había propietarios individuales de grandes rebaños. En los dibujos de los vasos, a principios del II milenio a. C., se encuentran representados rebaños. Sin duda, la mayor importancia se otorgaba a la cría del vacuno, pues no sólo se obtenía de él carne y leche, sino que se le utilizaba para el trabajo, por ejemplo, para el laboreo de la tierra.

Importante papel desempeñó en Creta la pesca, de lo cual dan testimonio las muchas imágenes de peces y otros animales marinos en el arte cretense. La pesca, íntimamente ligada con la navegación, ocupó desde los tiempos antiguos a una parte considerable de los habitantes del litoral de Creta. A mediados del II milenio a. C. surgieron nuevas poblaciones ribereñas, las cuales se ocuparon predominantemente de la pesca.

En este período, en Creta, la artesanía había cobrado ya un alto desarrollo. La separación de los oficios de la economía rural se advertía a fines del III milenio. En el II milenio existían ya muchos oficios. Los artículos cretenses de esa época, especialmente los de piedra, bronce, marfil, arcilla, loza y madera, impresionan por su elegancia. La metalurgia alcanzó en Creta la perfección. En la época del desarrollo del bronce (desde el siglo XX hasta el XII a. C.), los maestros cretenses hacían armas de bronce: láminas de espada, puñales, escudos defensivos, puntas para lanzas y flechas, etcétera, objetos de uso doméstico y herramientas artesanales: hachas, azuelas, sierras, tenazas, martillos, etc. Especialmente delicada era la manufactura de vajilla de bronce (gran número de ollas grandes, diferentes tipos de copas, candelabros, etc.) en formas a menudo imitadas de las de cerámica. La elaboración de todos estos objetos exigía un gran dominio técnico de los procesos de fundición, forja y cincel. Los objetos de lujo para uso de los reyes y aristócratas, y también los que pertenecían al culto, se hacían de oro y plata. Así, entre las hachas dobles depositadas en el santuario de la caverna de Arcalocori, se encuentran estos instrumentos bellamente ornamentados de oro y plata (siglos XVI—XV antes de nuestra era). Al florecimiento de la metalurgia en Creta contribuyó la aparición de sus yacimientos de cobre, que se encuentran cerca de Gurnia. La alfarería ocupó un importante lugar en la producción de los cretenses. Se desarrolló especialmente después de la introducción de la rueda de alfarero, hacia fines del III milenio. La calidad de la arcilla amasada y del arte del alfarero alcanzaron su más alto desarrollo en la manufactura de las tacitas de paredes muy finas llamadas «cáscaras de huevo», difundidas en el primer cuarto del II milenio antes de nuestra era, y en los jarrones de estilo «camares». Las formas de los recipientes es muy variada. Al lado de grandes toneles de dos metros y medio de altura, utilizados para guardar líquidos y como medidas de capacidad para cuerpos áridos, se encuentra gran cantidad de copas, fruteras, recipientes con pico, tazas, etc.

Considerable desarrollo alcanzó la elaboración de madera, que se empleaba, sobre todo en la construcción de barcos, reparación de materiales de construcción, producción de muebles y otros objetos de uso doméstico. Probablemente, los cretenses exportaron también madera a otros países, ya que en la isla abundaban cipreses y otros valiosos árboles.

El tallado de la piedra en Creta alcanzó su florecimiento a mediados del II milenio a. C. Por entonces se utilizaban en gran cantidad los bloques de piedra y columnas.

Entre las actividades artesanales de Creta cabe destacar la textil. Las telas eran teñidas con diferentes colores, lo que está testimoniado por las vestimentas femeninas que aparecen representadas en los frescos. La amplia difusión de la pintura mural, en el período del segundo florecimiento de Creta, requirió sobre todo colores claros y vivos. Los cretenses los extraían de plantas y algas marinas. Las joyas, muy elegantes, eran pendientes de oro, abalorios y amuletos que se hacían de amatistas, ágatas, cornalinas y otras piedras, vinchas doradas, revestimientos de piedra en los recipientes, sellos y anillos. En el oficio de joyero, además del arte del tallado de la piedra se utilizaba el tallado en los artículos hechos de marfil. Los talladores cretenses adornaban los sellos con dibujos artísticos que interesan no solamente como obras de arte, sino que constituyen un material ilustrativo para el estudio de los oficios cretenses, la economía rural, la navegación, la religión, etc.

Los transportes marítimos y terrestres de los cretenses representaron un importante papel en el desarrollo de los oficios y del comercio. Ya a comienzos del II milenio, en Creta fue construido el camino hacia el norte, de Cnosos a Festos, y las carreteras que unían la costa septentrional con la meridional; asimismo, muchas carreteras fueron trazadas en la parte central y oriental de la isla. Los cretenses utilizaban carros de cuatro ruedas. Ya en el comienzo del siglo XVIII a. C. aparecieron carros ligeros de dos ruedas, tirados por caballos.

No cabe duda, sin embargo, de que el papel más importante en el Estado cretense lo desempeñó no la vía terrestre, sino el transporte marítimo; sobre esto se puede juzgar por las muchas representaciones de barcos a remo y vela. La proa, particularmente en los barcos de guerra, estaba hecha de tal manera que pudiera embestir. La dirección se hacía por intermedio del timón. Fue al principio un timón reforzado, más tarde se pasó al sistema de dos remos que hacen la vez de timón. En la cubierta se erigía a veces una vivienda, lo cual demuestra una larga permanencia de los barcos en la ruta. La construcción de barcos y de la flota marítima era una de las manifestaciones del espíritu creador de los cretenses en la rama de la cultura y de la técnica. Es posible que la técnica de la construcción se basara en la construcción naval de los fenicios y de los griegos. El desarrollo de la navegación cretense estaba íntimamente vinculado con el comercio y la piratería.

Dicho comercio, como ya se ha señalado, data de tiempos remotos. Al principio no tenía un gran radio de acción y el volumen de intercambios era pequeño, no yendo más allá de las Cícladas. Gran trascendencia para el desarrollo del comercio cretense tuvo en esta época el establecimiento de la llamada «talasocracia de Cnosos».

Creta estaba vinculada desde muy antiguo con la península balcánica, en cuyas regiones más septentrionales, en la Tesalia, han sido hallados artículos de los artesanos cretenses. Los jefes de las tribus utilizaron gran número de artículos suntuarios de los cretenses: armas artísticas, recipientes, joyas.

Es posible que en el primer cuarto del II milenio a. C., la cultura de Creta ejerciera ya gran influencia en la cultura helénica. Esta influencia se observa en el hábitat de la aristocracia, y en medida considerablemente menor, en las poblaciones de los pequeños centros agrícolas, tales como Cinuria y otros. Evans y Pendelberg consideran que la fuerte influencia de la cultura cretense sobre la aquea en los siglos XVII a XV a. C. fue consecuencia del dominio político de Creta sobre el continente, e identifican a los gobernantes aqueos como vasallos del rey de Creta, es decir, como reyes cretenses que residían en castillos fortificados entre las tribus subyugadas de la Hélade. Sin embargo, la suposición del dominio de Creta sobre el Peloponeso es refutada por una serie de fuentes, en primer lugar por la reciente lectura de las inscripciones micénicas, ninguna de las cuales da base para suponer que el Peloponeso dependiera de Creta. En los estudios más cuidadosos de la cultura de los aqueos del Peloponeso, realizadas en los últimos tiempos, se aclara su gran diferencia con la cultura cretense, a pesar de algunos rasgos de imitación (tinta de los frescos, corte de la vestimenta femenina, etc.).

Los datos de la tradición antigua tampoco dan base para deducir el predominio de los cretenses sobre la península helénica, pues tanto Herodoto como Tucídides hablan sobre la sujeción a Creta sólo de las Cícladas y del Ática.

En las dos últimas décadas, en la ciencia burguesa se difunde cada vez más otro punto de vista: Weiss y otros científicos niegan la dependencia política de la Grecia continental con respecto a Creta entre los siglos XVII y XIII a. C., señalan considerables diferencias entre las culturas micénica y cretense y observan mucha influencia de la misma península en la Creta de esta época. Entre sus argumentos destaca el hecho, ahora ya establecido, de que las mercancías cretenses fueran desplazadas por las micénicas en los países que antes comerciaran activamente con Creta.

Todavía más audaces conclusiones sacaron los científicos burgueses del hecho de que pertenezcan a mediados del II milenio a. C. los monumentos de la escritura griega (se trata de documentos denominados «escritura lineal B», que veremos más adelante) que fueron hallados en Creta solamente en una de las capas de Cnosos y que datan aproximadamente de 1450 a 1400 a. C. Los documentos de la «escritura lineal B» no fueron descubiertos en las restantes ciudades y poblaciones de Creta; los científicos de que hablamos lo explican exclusivamente por el sometimiento de Cnosos a los gobernantes micénicos y transforman de este modo a Cnosos casi en colonia de los aqueos del Peloponeso. En nuestra opinión, tal punto de vista no se justifica.

El encuentro de los documentos de la «escritura lineal B» solamente en Cnosos se puede explicar por la concentración, durante muchas décadas, de todos los vínculos comerciales con el Peloponeso en manos del rey de Cnosos. Si se toma en cuenta cuán fuerte era la centralización de Creta bajo el poder de Cnosos, en los siglos XVI a XV antes de nuestra era, es posible comprender la situación monopolista del palacio de Cnosos en las relaciones con los aqueos a mediados del siglo XV a. C., es difícil suponerlo también, porque las fuentes arqueológicas no constituyen prueba alguna de la conquista del palacio en esa época. El período aqueo en la historia de Grecia comienza, como lo hemos señalado en forma reiterada, solamente a finales del siglo XV a. C., cuando fueron destruidos los palacios de Cnosos y Festos. No es posible considerar los vínculos comerciales intensivos entre los países en general, como prueba del dominio político y de la influencia de una cultura sobre la otra.

Los vínculos de Creta con la Grecia continental no se limitan solamente a la exportación de artículos de lujo. Para los artesanos cretenses era importante recibir algunas variedades de materias primas desde Grecia; así, por ejemplo, importaban excelente basalto de Laconia, que era elaborado por los talladores de piedra de Cnosos. Los comerciantes de Creta comerciaban no solamente su mercancía, sino que actuaban como intermediarios. En sus barcos, posiblemente, llegaban a Grecia gran número de artículos de Egipto y Siria. Los cretenses desempeñaron un gran papel en el comercio de la península helénica con el sudeste del Mediterráneo, sólo hasta el siglo XV, cuando comenzaron a ser desplazados por los aqueos. El comercio de Creta con los países del oeste del Mediterráneo está testimoniado en tiempo relativamente más tardío, a mediados del II milenio a. C. Probablemente los comerciantes cretenses llegaron a España, rica en plata y estaño.

Las excavaciones llevadas a cabo en el Asia Menor y Siria muestran los lejanos vínculos de las poblaciones de estos países con la cuenca egea, con Creta, y más tarde con el Peloponeso. Las relaciones intensivas de Creta y Chipre están probadas por los hallazgos, en Chipre, de gran cantidad de artículos cretenses y micénicos. El comercio se hacía también con el Asia Menor, con Troya, con el imperio hitita y con las otras regiones. Las relaciones más intensas tuvieron lugar en la primera mitad del II milenio a. C.

Son muy interesantes los datos existentes sobre las relaciones de Creta con el reino de Ugarit, que existió al norte de Siria, desde finales del III milenio a. C. hasta mediados del II. En Ugarit fueron encontrados numerosos productos artesanales cretenses, y, por otra parte, la misma producción artesanal de Ugarit en el II milenio a. C. pone de manifiesto la influencia de los motivos artísticos cretenses en las pinturas decorativas, en las formas de los recipientes, etc.

Hasta en la arquitectura de las construcciones funerarias de los siglos XVIII a XVII a. C. se puede encontrar las huellas de la influencia cretense. Tan profunda influencia de la cultura de Creta no es posible explicarla solamente por vínculos comerciales. Probablemente en Siria y, como se supone, también en Egipto existieron colonias de artesanos y maestros artesanos cretenses, surgidas en la época de mayor florecimiento del comercio con Creta.

Los artículos cretenses penetraron en el interior de los países, alcanzando inclusive el curso medio del Eufrates, como muestran los motivos ornamentales en espiral en las pinturas del palacio en Mari. En la misma Creta fueron encontrados cilindros babilónicos de la época del rey Hamurabi (siglo XVIII a. C.). Estos datos son, sin duda, el resultado de las extensas relaciones de Creta con los países del Asia Menor.

Sin embargo, en el período de decadencia de la potencia de Creta, durante el siglo XVII y primera mitad del XVI, el comercio con Siria se interrumpe.

Un lugar importante en la política exterior de Creta, en el II milenio, debió ocuparlo su potente vecino meridional, Egipto. Los lazos económicos y culturales entre ambos están testimoniados por gran número de fuentes determinadas por el hallazgo de objetos egipcios en Creta y de artículos cretenses en Egipto. Particularmente durante la época de los faraones de la XII dinastía (alrededor del 2000 al 1740 a. C.). En los tiempos de estos faraones, los egipcios importaban gran cantidad de mercancías cretenses, tales como recipientes artísticos de estilo «camares», que fueron encontrados en capas de esa época en un oasis en el Egipto medio: en tiempos de Amenenhat III (1849—1801 a. C.), en el Egipto superior, no lejos de Luxor, fue inhumado un tesoro de objetos cretenses muy valiosos conteniendo recipientes: uno de oro, 150 de plata (tesoro de Todd).

El fortalecimiento de Creta a mediados del II milenio a. C., se reflejó también en sus relaciones con los egipcios. En los tiempos del faraón Tutmosis o Tutmés III (1503 a 1491 a. C.) los egipcios estaban particularmente orgullosos de sus relaciones pacíficas con los príncipes de Creta. La llegada de los embajadores desde Creta se registraba en los frescos que adornaban la tumba de Regmir, gran funcionario de Tutmosis III, y del mismo Tutmosis III. El himno de victoria en homenaje a su dios Amón expresa: «Creta y Chipre os temen». Por lo visto, los reyes de Creta no siempre se referían amistosamente a Egipto, y el establecimiento de las más pacíficas relaciones era mirado por los egipcios como un considerable triunfo diplomático. Se debe señalar que Tutmosis III no se decide a afirmar nada acerca del subyugamiento de Creta: él señala solamente que ellos «os temen».

Algunos científicos burgueses, basados en estos textos y frescos en tumbas, hablan del subyugamiento político de Creta a Egipto en los comienzos del siglo XV a. C. Pero estos datos son absolutamente insuficientes para tal afirmación. La comparación de la fuerza militar de Egipto con la del Estado marítimo cretense hace esta suposición todavía más inverosímil: Egipto no tenía una considerable flota marítima.

Los prolongados vínculos económicos y políticos de Creta y Egipto condicionaron su mutua influencia cultural. En el arte cretense aparece toda una serie de métodos copiados del arte egipcio. En el valle del Nilo la influencia cretense se manifiesta particularmente clara en algunos monumentos artísticos descubiertos en el lugar de la antigua residencia del faraón Ignatón (1424 a 1388 a. C.) excavados en el lugar de la contemporánea Tel—Amarni.

Sin duda, todas estas relaciones fueron las que condicionaron el interés económico de Creta y Egipto en un activo intercambio. Los cretenses enviaban artículos artesanales y en cambio recibían de Egipto productos rurales y diferentes materias primas: oro, marfil, plumas de avestruz, huevos, etcétera. Los mercaderes cretenses transportaban de Siria a Egipto cedro del Líbano y probablemente otras mercancías.

A finales del siglo XV a. C. el comercio de Creta con Egipto decayó considerablemente. Los artículos cretenses fueron reemplazados por una gran cantidad de mercancías importadas de la Grecia Continental. En Creta, que no estaba ya incluida en este área de relaciones comerciales, casi no se encuentra este tipo de mercancías.

Tal es el cuadro general del desarrollo del comercio en Creta en la primera mitad del segundo milenio a. C.

La amplia difusión de las relaciones exteriores de los cretenses y el importante volumen de su comercio condujeron a la creación de un sistema de pesas y medidas y a una ulterior unidad monetaria. La mayor unidad del sistema de pesas de Creta era, en medidas actuales, de 29 kilos, hecha con piedra y cobre, de forma plana y piramidal. Sobre la superficie de la pesa de piedra se esculpían a menudo figuras de pulpos, cuyos tentáculos la abarcaban totalmente. Cualquier variación y deterioro del patrón de pesas era en estas condiciones inmediatamente visible. La más pequeña unidad de peso era también de piedra, en forma de disco grueso, y sus bordes redondeados o en forma de tonel. Se han encontrado pesas de bronce en forma de cabeza de toro con plomo fundido en su interior.

El peso de la medida muestra su parentesco con el sistema egipcio y mesopotámico. El talento liviano de los egipcios pesa también 29 kilos, y esto era aproximadamente el peso del talento babilónico. La pequeña unidad cretense pesa de 6 a 6,5 gramos y correspondía a la mitad de la unidad de oro egipcia, cuyo peso era de 13 gramos. Otras unidades de peso de 3,5 gramos correspondían plenamente a la unidad del sistema babilónico. La unidad del sistema de pesas de Creta, Egipto y Babilonia era consecuencia natural de los vínculos comerciales intensivos entre estos países.

Las excavaciones en las ciudades cretenses proporcionan importantes informes para la investigación de la historia de la sociedad clasista de Creta. El estudio de las poblaciones de la época minoica casi se limita a las excavaciones de ciudades medias y grandes. En cuanto a las aldeas, todavía hoy se conoce poco.

Es interesante señalar que todas las grandes ciudades de Creta estaban situadas no en la orilla del mar, sino algo distantes de él. Tal distribución fue condicionada por la amplia difusión de la piratería en aquella época.

La ciudad más importante de Creta, en el II milenio a. C., fue Cnosos. Al principio, y hasta el siglo XXI a XX a. C., las casas particulares estaban unidas a las paredes del antiguo palacio. A mediados del siglo XVI, la capital de Minos fue construida de tal modo, que las viviendas de la población más pobre estaban desplazadas hacia los suburbios.

En el centro de la ciudad, en las cercanías del palacio y también en parte de su anterior territorio fueron construidas las residencias de la aristocracia y de los funcionarios del palacio.

Actualmente, en Cnosos se descubrieron muchos restos de casas construidas en la primera mitad del II milenio. Su estudio muestra que la aristocracia de Cnosos construía sus casas de varios pisos, a veces con sótano. Algunos edificios tenían espacios libres entre sí. Las ventanas a menudo se distribuían en los pisos altos de la casa, y de vez en cuando en los inferiores.

La casa se construía con grandes y pequeñas piedras con solución de arcilla. En el interior, las paredes estaban recubiertas de estuco coloreado. Fueron encontradas varias de color rojo. Las casas de los pobres eran pequeñas, de un solo piso y de trazado simple.

Otras ciudades cretenses, como Tilisos, Gurnia, Festos, tenían rasgos comunes con Cnosos. También en ellas las casas privadas de los ricos estaban construidas en forma parecida: la entrada se hacía a través de los claros entre casa y casa, en los pisos bajos estaban las salas de recepción y el santuario familiar, en los pisos superiores las habitaciones privadas. Las calles de la ciudad estaban empedradas y sus diferentes niveles estaban a menudo salvados con peldaños. Como en Cnosos, en el centro de otras ciudades de Creta se elevaban edificios que eran probablemente residencia de las autoridades de la ciudad. Al costado se encontraba la plaza de espectáculos, de forma rectangular, con escaleras que llevaban hacia ella. Existían también poblaciones más pequeñas, especialmente en el siglo XV al XIV. A mediados del II milenio, el estado sanitario de las ciudades cretenses era bastante bueno. El sistema de cloacas aseguraba en ellas la limpieza. Por tubos de cerámica, el agua de los depósitos, pozos y fuentes llegaba a las viviendas. Un admirable monumento de la cultura cretense era el palacio de Cnosos, al cual los griegos llamaron «Laberinto».

El plan general de los palacios cretenses recuerda fuertemente a los palacios hititas de Hattusa (actual Bogazköy), que corresponde a la primera mitad del II milenio a. C. Los palacios de los reyes hititas, a semejanza de los palacios cretenses, ocupaban también amplias superficies y desempeñaban el mismo papel: en ellos había locales para depósitos donde guardaban las provisiones y artículos de artesanía, los tesoros del rey y archivos de tabletas de arcilla.

El palacio de Cnosos se desarrolló como resultado de muchos siglos de actividad arquitectónica de los cretenses. La construcción de los palacios corresponde a las cercanías del siglo xxi. En el transcurso de su larga historia, el de Cnosos más de una vez fue destruido y reconstruido. Después de la destrucción que tuvo lugar en los límites del siglo XV al XIV, ya no se volvió a reconstruir de verdad, y fueron habitados sólo algunos sectores.

En la actualidad permanece intacto únicamente un piso bajo. Es necesario señalar lo relativo de la fidelidad de las reproducciones en la reconstrucción de los monumentos originales, reproducciones que no pueden ser miradas como exactas, por los convencionalismos de todo género, tanto en lo tocante a la arquitectura como a las pinturas del palacio.

El palacio de Cnosos está constituido por estancias de recepción, habitaciones privadas, depósitos de productos domésticos y talleres.

Su planificación, como la de otros palacios descubiertos en Creta, se distingue por su extraordinaria sencillez y, al mismo tiempo, por la abundancia de locales. Por ejemplo, en la parte occidental del palacio de Cnosos existen 18 depósitos situados a lo largo de un corredor, lo cual permitía conservar en un mismo lugar las grandes reservas de artículos de artesanía y productos rurales.

El enorme cuerpo del palacio ocupaba un terreno de alrededor de 16.000 metros cuadrados. Su centro era el patio principal, de forma rectangular, que ocupaba la mitad del cuerpo arquitectónico a lo largo y un tercio a lo ancho. Estaba vinculado al conjunto de grandes y pequeñas habitaciones del palacio y servía para iluminarlas. El mismo papel lo representaban otros patios.

En el palacio de Cnosos predominaban las habitaciones rectangulares, lo cual era, en general, la característica de las construcciones cretenses. En las salas de los palacios de Creta se utilizaban ampliamente pilares en forma de columna que se estrechaban hacia abajo y sostenían los cielos rasos y los descansos de las escaleras. El palacio de Cnosos tenía tres y, según la opinión de algunos científicos, hasta cuatro pisos. En el piso bajo se encontraban los talleres reales y los enormes depósitos con productos destinados al consumo y posiblemente para la venta. Acerca de las medidas de las reservas palaciegas, se puede juzgar por los enormes recipientes de arcilla, que superaban la estatura humana y que se guardaban en gran cantidad en los subterráneos del palacio. Sólo en los depósitos occidentales se podían guardar cerca de 78.000 litros de aceite o de vino. Al lado de los depósitos con los productos había locales de depósitos de armas, carros de guerra y tesoros reales. Locales especiales estaban destinados a la servidumbre palaciega y los artesanos de los talleres reales, así como también dedicados al culto.

Las salas de recepción del palacio estaban distribuidas, preponderantemente, en los pisos superiores, vinculados con los inferiores por todo un sistema de escaleras. De la pequeña sala del trono, que se encontraba en el primer piso, por una escalera ancha se podía ascender a grandes salas, de las cuales, en lo que respecta a la belleza de la ornamentación, hablan los fragmentos de pinturas y cerámicas hallados, revestidos de baldosas adornadas por relieves. La más grande de las salas conservadas es la denominada Sala de la doble hacha, que se encontraba en la mitad oriental del palacio. Era probablemente la gran sala del trono, destinada a las ceremonias oficiales y al culto.

Al lado de la Sala de la doble hacha se encontraban las habitaciones privadas de la reina, la sala de recepciones, la tesorería, etc. Para las necesidades del palacio, como en general en las grandes casas cretenses, había bañeras y cuartos de baño. Para el descenso de las aguas de lluvia y de desagüe existía un sistema de canalización. El agua para los baños, servicios sanitarios y piletas venía por tubería de cerámica desde las fuentes, que se encontraban fuera del palacio.

A su interior conducían algunas entradas en las cuales se encontraban locales para la guardia palaciega. En la época de la dominación de los mares, el palacio no estaba fortificado; el poder de los reyes cretenses era tan grande, que no había necesidad de fortalecer su residencia.

El palacio de Cnosos estaba situado en un lugar hermoso, desde el cual se divisaba un pintoresco panorama sobre el río, los jardines circundantes, los campos y huertas; a lo lejos se veían los montes Ida e Iuctas. A pequeña distancia del palacio principal había otros dos edificios que pertenecían a su cuerpo, los cuales llevaban el nombre de pequeño palacio y villa real.

Estaban unidos con el gran palacio por admirables caminos empedrados. La sala principal de la villa, dividida en tres partes, tenía el cielo raso sostenido por columnas.

La técnica de construcción de los palacios era diferente a la empleada en las casas comunes. A principios del II milenio las paredes de los palacios estaban hechas de bloques de piedra muy bien tallados. Más tarde, en los siglos XVI y XV, las paredes se erigían de trozos de piedra unidos con arcilla y revestidos de baldosas o de estuco. Los pisos altos tenían paredes de adobe.

Además del de Cnosos, en la isla se descubren otros palacios en Festos, Malia y Hagia—Tríada: los dos primeros, en principio, tenían el mismo plano que el palacio de Cnosos.

En 1949, a 15 kilómetros de Cnosos, en Vatipietro, al excavar se encontró otro palacio, por lo visto construido alrededor del 1600 a. C. y que subsistió alrededor de un siglo. En la excavación aparecieron una serie de locales (entre ellos alas con restos de columnas, grandes depósitos con 16 recipientes, que se descubrieron en 1953 y que son el abastecimiento del santuario del palacio) y otros aún no terminados de excavar.

Creta del siglo XIV al XIII a.C.

El desarrollo del Estado cretense bajo el poder de los reyes de la dinastía mítica de Minos (se puede pensar que el nombre de Minos era en Creta tan tradicional como el nombre del faraón Ramsés en Egipto del siglo XIII al XI a. C.) se interrumpió bruscamente alrededor de 1400.

La causa de esto fue buscada en un gran terremoto. Sin embargo, las excavaciones mostraron que en Cnosos, Festos, Hagia—Tríada, Malia, Zacro y Moclos los palacios y poblaciones fueron destruidos y quemados. Esto prueba una cierta agresión del exterior. El problema de quién destruyó la potencia cretense, hasta ahora no ha sido resuelto. Los partidarios de la teoría del auge de Micenas parten de la situación de Creta sometida al yugo de los micenios, en el período 1450 a 1400 a. C., y suponen que la catástrofe se produjo como consecuencia del levantamiento de las poblaciones locales de Creta contra ese poder extranjero. En el actual estado de las fuentes, semejante explicación no es convincente. Más probable es otra reconstrucción de los acontecimientos, de acuerdo con la cual la potencia cretense —a finales del siglo XV— fue aniquilada por los aqueos que vinieron del Peloponeso. El golpe fue inferido, por lo visto, a los más importantes centros de Creta. El problema no se limita a la rapiña de los valores materiales de la isla, sino que parte de su población fue probablemente reducida a esclavitud. La vida se interrumpió en muchos puntos (Palecastro, Niru—Kani, Platis, Tilisos). Es posible que en el mito acerca de la permanencia de los argonautas en Creta en el tiempo en el cual Medea aniquiló al gigante que guardaba la isla, se conserve en recuerdo de la campaña de los aqueos contra Creta.

De la destrucción de las ciudades cretenses se salvaron algunas poblaciones que trataron de reconstituir sus viviendas y los edificios dañados. En el siglo XIV a. C. fue en parte limpiado y poblado el palacio de Cnosos, y se produjeron algunos desplazamientos de poblaciones hacia la mitad occidental de la isla. Es probable que entonces tuviera lugar el desplazamiento de habitantes desde el continente, puesto que en algunos lugares se encuentran casas de tipo megarense, característico para la Grecia del II milenio a. C. En Hagia—Tríada fueron descubiertas típicas tumbas de tipo continental, con túmulos llamados tolos.

Desde mediados del siglo XIII a. C., Creta pierde manifiestamente su independencia y cae en la esfera de influencia de la Grecia continental. La población de este tiempo no era numerosa, y puede creerse que los testimonios homéricos acerca de los 80 barcos cretenses que participaron en el sitio de Troya eran un recuerdo del antiguo poder cretense. El dominio aqueo sobre Creta fue evidentemente aniquilado por los dorios. En lo sucesivo, la población doria predominó en Creta. Sin embargo, y en tiempos históricos, de acuerdo con Herodoto, Creta era habitada por cretenses autóctonos, que no sabían hablar en griego.

La escritura cretense

En muchas ciudades cretenses fueron halladas inscripciones. Su abundancia permite seguir el gradual desarrollo de la cultura en Creta. Ya alrededor del siglo XXII a. C., los cretenses conocían la escritura pictográfica, que transmite a través del dibujo conceptos aislados, es decir, vocablos, como hacían los egipcios por medio de los jeroglíficos. Los diferentes pictogramas (figuras de hombre, árbol, flecha, doble hacha, herramientas de trabajo, etc.) eran tallados por los cretenses en sellos o grabados en recipientes. Se leía de izquierda a derecha; a veces se utilizaban crucecitas para destacar los grupos de signos.

En el siglo XVIII a. C., los cretenses elaboraron una escritura, el sistema llamado lineal, en la que cada signo representaba una sílaba. La cantidad de monumentos disponible de la antigua escritura lineal no es tan grande; son inscripciones en sellos, en objetos, en precintos, etc. La escritura lineal, difundida en toda Creta, estaba constituida por 137 signos. Un tercio de los signos estaba vinculado, en cuanto a su origen, con la antigua escritura pictográfica. Los restantes fueron introducidos por primera vez. Esta escritura, más antigua, silábica, convencionalmente se designa en la ciencia contemporánea con la letra «A». Hasta ahora el problema de en qué lengua está escrito el texto de la «escritura lineal A» no ha quedado resuelto. En el mismo comienzo del corriente siglo, en Cnosos, y luego en las excavaciones de 1939—1952 en Pilos, fueron descubiertos unos archivos de escritura cuneiforme en tabletas de arcilla recubiertas con la escritura lineal del tipo «B», los cuales, según la lectura propuesta por Vendris y Chadwick, resultan escrituras de la variedad arcaica de la lengua griega, muy cercanas al dialecto de Homero (como veremos más adelante).

Además de los monumentos cretenses, una escritura lineal pictográfica fue encontrada en Festos, en ambos lados de un disco de arcilla cocida. Los signos sobre el disco son diferentes de los mencionados anteriormente del sistema de escritura cretense. El llamado disco de Festos queda aún sin descifrar. La única deducción a la cual llegaron los científicos es que el documento es de origen extranjero y fue enviado a Creta desde no se sabe qué región del Asia Menor.

Al par de la escritura, los cretenses tenían nítidamente elaborado el sistema de numeración. Estaba basado en el sistema decimal. No solamente tenía cuatro reglas u operaciones aritméticas (suma, resta, multiplicación y división), sino también quebrados. Los cretenses representaban las cifras de la siguiente manera: unidad, I; decena, — ; centena, o y millar, x . Los quebrados se representaban con el signo I—. Es importante señalar que, al representar las cifras, los cretenses guardaban siempre un orden en la distribución de los signos. Por ejemplo, la cifra 7 la representaban así: y no ; 5 solamente ; etc. También las decenas se representaban de acuerdo con un esquema definido; por ejemplo: 40, ; 70, ; etc.

El arte cretense

La época del surgimiento y florecimiento del Estado en Creta fue acompañada por un extraordinario ascenso del arte cretense, representado por gran cantidad de obras arquitectónicas y decorativas.

El arte cretense era peculiar y se diferencia del arte contemporáneo de otros pueblos del mundo antiguo.

Los cretenses no construyeron, como los egipcios, grandiosos templos y pirámides. Sus principales creaciones de arquitectura eran palacios y viviendas, que testimonian el carácter más gentil de toda la cultura cretense. No crearon colosales estatuas de muchos dioses y jefes divinizados. Su arte representativo sirvió predominantemente para adornar las viviendas y diferentes, y habitualmente suntuosos, objetos de uso doméstico. Esto no podía dejar de reflejarse del más favorable modo en el desarrollo de la cultura artística. El arte cretense dependió en mucha menor medida de los cánones religiosos, que ponían freno al arte egipcio, y su fantasía creadora podía expresarse con mayor libertad. Fácil y directamente reflejaba la naturaleza que lo rodeaba. En la cultura cretense en general no se nota tan acentuada influencia de la casta sacerdotal como en Egipto.

 

Los artistas de la primera mitad del II milenio crearon no solamente admirables ornamentaciones, sino que representaron escenas de la vida corriente y ceremonias del culto que se distinguen por su forma viva, su aguda observación y el virtuosismo técnico, extraordinario para aquel tiempo.

En los siglos XVI—XV, es decir, en la última época de la potencia cretense (el posminoico del esquema cronológico de Evans), se pueden notar algunos rasgos determinados, por lo visto, por la diferenciación de las capas de la sociedad cretense. Tenemos en cuenta la aparición del, sui generis, «arte de palacio».

Su rasgo característico era la estilización, la transición en los motivos ornamentales hacia la consideración de la naturaleza viva.

En el tiempo del florecimiento de su arte, los cretenses prestaron mucha atención a los adornos murales. En los siglos XIX y XVIII las paredes de los palacios y de las casas de los cretenses ricos se adornaron con tablillas de loza con relieves representativos y con relieves coloreados en estuco. Como ejemplo de estos últimos puede servir el conocido relieve del «rey—sacerdote», de Cnosos. Representan un joven esbelto, de talle fino y musculatura bien desarrollada, vestido con un delantal ricamente adornado, que rodea su cadera, y con una toca de vivos colores en su cabeza, que cuelga hacia atrás.

En el siglo XVII la pintura —frescos— desplaza al relieve. Los temas de los frescos tienen carácter ritual y mundano, extraordinariamente diferente. La maestría de los artistas cretenses aparece particularmente en la representación de la naturaleza viva. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, la aguda observación del mundo circundante se debilita, aparecen representaciones artísticas estándar, más abstractas y de carácter decorativo. Esta salida de la realidad hacia lo convencional se siente con fuerza en Cnosos.

Una muestra de fresco de la época del «arte de palacio» es el llamado «fresco de las sillas plegadizas», en las paredes del santuario de Cnosos. El fresco consiste en dos franjas de dibujos, en que se utilizan los tonos azules, amarillos y rojo ladrillo. Las figuras aquí representadas en iguales tipos estilísticos son parejas de jóvenes y doncellas sentadas en sillas y que se sirven mutuamente recipientes. Esto tenía probablemente significación ritual. Parte de esta composición es la muy conocida representación de la doncella («Parisina») con cabellos peinados magistralmente y vestido azul y granate, de cuello plegado.

En los últimos siglos anteriores a la caída de Cnosos, en las paredes del palacio se hicieron muchas nuevas pinturas en las cuales muy a menudo se representaron juegos con toros. Los artistas cretenses grabaron diferentes momentos de este juego, que exigía gran destreza y audacia.

El estilo palaciego del siglo xv aparece principalmente en Cnosos. En todas las ciudades de Creta se conservan viejas tradiciones en el arte representativo de la naturaleza viva. Es interesante observar que los dibujos de las paredes en los centros secundarios de Creta representan sólo animales; no se encuentra en ellos la figura humana. Pueden servir de ejemplo los conocidos frescos del palacio de Hagia—Tríada.

La escultura monumental, al parecer, no jugó un gran papel en el arte cretense. Mayor significación tenía la pequeña escultura. A la época del florecimiento del Estado cretense pertenecen las estatuillas de loza de diosas, con serpientes en las manos, vestidas con suntuosas prendas, que dejan los pechos al desnudo. De loza se hacían también imágenes con relieves de un solo lado, que representaban escenas vivas; por ejemplo, representaciones de vacas y terneros, cabras y cabritos.

Un lugar especial en el arte aplicado lo ocuparon los dibujos en cerámica. En el III milenio a. C., las pinturas de recipientes se limitaban a dibujos geométricos; en el II milenio los dibujos eran múltiples. Se representaban con líneas multicolores, espirales, pétalos y rosetas; habitualmente se hacían diferentes motivos vegetales y animales predominantemente marítimos (pulpos, moluscos, peces). Los dibujos en cerámica en el período de desarrollo del estilo palaciego presentan las huellas de una exquisita estilización.

Alrededor del 1600 al 1400 a. C., alcanzó significativo desarrollo en Creta la talla artística en piedra, acerca de la cual testimonian muchos grabados, y también recipientes de piedra con representaciones en relieve de diferentes escenas de la vida campesina, en las casas, en el palacio y otras.

Aunque la vida diaria de los nobles se diferencia marcadamente de la existencia del pueblo simple, se puede pensar que en todos sus trabajos los maestros cretenses siguieron las tradiciones populares del arte cretense. Esto llevó a un avance de los oficios artísticos de Creta. Después de la destrucción del Estado cretense y el aniquilamiento de una parte importante de su población, las formas artísticas, creadas en el siglo anterior, en parte cambiaron bruscamente, en parte degeneraron gradualmente y perdieron su contenido inicial.

La religión cretense

La visión religiosa cretense en el período analizado sufrió un cambio extraordinario. En el III milenio la representación religiosa de los habitantes de Creta era muy primitiva. El totemismo (respecto a animales y plantas) y los cultos de la divinidad femenina y de los antepasados, del período anterior a la época del matriarcado, constituían la base de su religión.

Y en el II milenio el culto de la divinidad femenina era todavía el principal entre los cretenses. La gran diosa (cuyo nombre en la lectura de las inscripciones es aún desconocido) recibía culto de diferentes modos. Ante todo, era diosa de la naturaleza y así se la consagraba en muchos santuarios de cavernas montañosas (en los montes Iuctas, Ida y otros). En algunas cavernas (por ejemplo, en la de Pesixto) servía para el culto local de manera interrumpida en el III, II y I milenios. Los árboles sagrados o las ramas eran atributos de la diosa. Al parecer, en muchos templos campesinos había altares y grupos de árboles sagrados. Los monumentos del arte cretense conservan dibujos que representan plantaciones y riego de estos árboles. Con el culto de los dioses de la naturaleza estaban vinculados los pájaros, sobre todo las palomas. Se inclinaban a representarlas en danzas rituales que tenían carácter orgiástico.

En los santuarios palaciegos y hogareños, a menudo se encuentran representaciones de la divinidad femenina, cuyo principal atributo era la serpiente. Cabe suponer que el culto de la diosa de la serpiente alcanzó par