HISTORIA
DE LA ANTIGUA GRECIA
EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO A.C.
3. Creta desde el
siglo XXX hasta el XII a. C.
El florecimiento del antiguo Estado cretense, en el II milenio
anterior a nuestra era, dejó profundas huellas en el recuerdo de las
generaciones posteriores. Según las antiguas leyendas, fue el rey Minos el
fundador de la potencia marítima cretense. Así quedó grabado en las obras de
Herodoto y Tucídides. Los mitos se refieren a Creta como centro cultural, de
donde pasaron a Grecia muchos inventos técnicos y ciertos cultos. Son
habitualmente poco mencionadas fuentes egipcias que se refieren a Creta; no
obstante, tienen gran importancia. Durante mucho tiempo, sin embargo, no se dio
la debida significación a estas noticias.
La historia antigua de Creta fue conocida solamente después de las
excavaciones de 1893 a 1931, realizadas por Arthur Evans (1851—1941), quien
propuso también la división cronológica de la antigua historia de Creta hasta
la aparición de los griegos. Evans la dividió en tres períodos, llamándolos
minoicos, por el nombre del mítico rey Minos. Los límites cronológicos de estos
períodos fueron establecidos por Evans, de acuerdo con los hallazgos hechos en
Creta, fechándolos en estrecha correspondencia con los objetos de la
Mesopotamia y Egipto.
Con las rectificaciones posteriores, el esquema cronológico de Evans
es el siguiente:
Minoico antiguo:
1.° De 3000 a 2800 a. C.
2.° De 2800 a 2500 a. C.
3.° De 2500 a 2200 a. C.
Minoico medio:
1.° De 2200 a 1750 a. C. (para toda la isla). En Cnosos y Festos
termina alrededor del 2000 a. C.
2.° De 2000 a 1750 a. C. (solamente en Cnosos y Festos).
3.° De 1750 a 1600 a. C.
Posminoico:
1.° De 1600 a 1400 a. C. (su iniciación coincide con el comienzo
del nuevo reino de Egipto).
2.° De 1450 a 1400 a. C. (solamente en Cnosos).
3.° De 1400 a alrededor de 1250 a. C.
Recientes cambios en la cronología del Antiguo Egipto invitan a la rectificación
de la datación absoluta del comienzo del período minoico antiguo, que se fecha
actualmente alrededor del 2600 a. C.
Creta en el III
milenio a. C.
La sociedad cretense, en el III milenio antes de nuestra era, tenía un
nivel más elevado de desarrollo que la sociedad de la Grecia continental y la
de las islas del mar Egeo. La explicación de esto hay que buscarla en las
condiciones extraordinariamente favorables que existían en Creta para el
desarrollo de las fuerzas productivas. Desde muy antiguo era famosa por su
fecundidad y riqueza. Los bosques que cubrían el territorio de la Creta antigua
retenían la humedad, lo que aumentaba la fecundidad del suelo. Rodeadas por
montañas, las mesetas de Creta eran aptas para el desarrollo de la agricultura
y la ganadería. En esa época, los habitantes utilizaban primordialmente todo lo
que les daba el mar: se ocupaban de la pesca y comerciaban activamente con
otros países.
La sociedad cretense del III milenio se caracterizaba por tener rasgos
de desarrollo del régimen comunal. Aunque predominaban las relaciones
patriarcales, aún existían vestigios del régimen matriarcal. La propiedad
privada en algunos miembros trajo consigo la división del patrimonio social.
Alrededor del III milenio, en Creta existían ya familias ricas, que eran
propietarias no solamente de los medios de producción, sino también de objetos
de lujo, como, por ejemplo, adornos de oro. Las tribus más ricas eran las que
vivían en la parte oriental de la isla. Probablemente, el desarrollo de la
producción fue mayor en la parte oriental que en la occidental.
La población de Creta era bastante numerosa. Particularmente densa por
entonces era la de la fértil llanura alrededor de la actual Mesaria, en la
costa sur, donde durante muchos siglos existieron colonias tribales. Alrededor
de ellas se disponía gran número de tumbas gentilicias de forma circular y
cubiertas con un techo cónico de madera y paja. En estas bóvedas redondas se
enterraba, en el transcurso de mucho tiempo, a los miembros de un mismo clan.
La cantidad de inhumaciones en tumbas de clanes aislados alcanzaba algunos
centenares.
La cultura material de la sociedad cretense de ese tiempo se
manifiesta en el considerable desarrollo de sus fuerzas productivas. Los
cretenses empleaban en sus menesteres, con amplitud, las herramientas de cobre,
cuchillos, sierras, etc. La alfarería estaba muy desarrollada. Particularmente
notable era la producción de recipientes de piedra que se observa a mediados
del III milenio: para ello se utilizaban piedras locales, a veces muy duras;
una serie de formas de estos recipientes fue imitada de las de los recipientes
de cerámica.
Hacia el final de este período abundaron los sellos de marfil o
esteatita coloreada. Su distribución, inicialmente en el sur de la isla,
permite suponer la imitación de los sellos egipcios; el mismo uso de los sellos
muestra el desarrollo de la propiedad privada dentro de la sociedad cretense.
En la segunda mitad del III milenio, los vínculos de Creta con el
exterior eran amplios: en Creta fueron encontrados objetos de Egipto, de las
islas Cícladas, y probablemente de Siria. La difusión del bronce en los países
que carecían del mismo fue muy ventajosa para la población, ya que Creta era
intermediaria en el comercio de cobre y bronce entre Chipre y las islas, y la
Grecia continental. Es posible que ya en este tiempo la flor de los cretenses
participara en la importación de estaño desde el Asia Menor y, como suponen
algunos científicos, desde España. Hacia el final del III milenio, poblaciones
procedentes de las islas Moclos, Psira y Palecastros emigraron a Creta, donde
fundaron colonias distribuidas en la parte oriental y central de la isla, dando
lugar al desarrollo de Malia, Festos, Hagia—Triada y otras ciudades.
Origen y desarrollo
del Estado en Creta
Ya a principios del II milenio antes de nuestra era, el proceso de
descomposición de la sociedad comunista primitiva mediante la formación de
clases alcanzó en Creta un desarrollo considerable. Los palacios reales son
testimonio del crecimiento de las diferenciaciones sociales que surgieron en
Cnosos, Festos, Malia y otros puntos. La diferencia entre la vida lujosa de los
amos de los palacios de Cnosos y Festos y las condiciones de vida de otras
poblaciones de Creta muestra que hacia los siglos XXI a XX a. C. ya había
terminado el proceso de formación del poder real hereditario. La desigualdad de
fortunas en la población de la isla se muestra claramente en el ritual fúnebre.
En el II milenio a. C. los cretenses enterraban a las familias por
separado y el inventario de lo hallado en las tumbas testimonia acerca de la
acumulación de riquezas en manos de los nobles y de la vida modesta de grandes
masas de la población. Asimismo aparecen con claridad los contrastes cuando se
comparan las viviendas de diferentes capas de la población de Creta. En las
placas de loza del siglo XVIII a. C. se conservan las imágenes de las
grandes casas de dos y tres pisos construidas con grandes bloques de piedra.
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Sobre la parte central de los techos planos se elevaban pequeñas
torres. Todos los detalles de estas casas muestran las riquezas de sus
moradores. Las viviendas de los pobres eran simples, pequeñas y estrechamente
unidas entre sí, en contraposición a las de los ricos, que estaban
perfectamente delimitadas unas de otras. El plano de la pequeña población de
Gurnia muestra la densidad que imperaba en los barrios de los pobres.
En los siglos XX a XVIII a. C., Creta no era todavía un Estado
unificado. En el territorio de la isla existían algunas regiones que se
encontraban, por lo visto, bajo el poder de gobernantes independientes. La
situación de esos señores, particularmente en los comienzos del período
analizado, recordaba probablemente la situación de los basileus homéricos.
Acerca de la riqueza de los gobernantes cretenses de esa época, ilustra la
colección de lujosas armas de Malia adornadas con oro, marfil y cristales,
espadas y puñales de bronce, que fueron probablemente propiedad del basileus,
rey y jefe militar.
Las guerras entre los gobiernos de las regiones señalaron la necesidad
de construir fortalezas defensivas. Muchas de las poblaciones de Creta estaban
rodeadas, en ese tiempo, por fuertes murallas. En los límites entre el III y el
II milenios a. C., los poderosos gobiernos de Creta eran Cnosos y Festos.
Menos significativos, en cambio, eran los gobiernos de Malia y otras ciudades.
En el siglo XVIII tuvieron lugar en Creta ciertos acontecimientos, a
consecuencia de los cuales los palacios reales y una cantidad de poblaciones
resultaron destruidos. Según la opinión de algunos científicos (D. Pendelberg y
A. Evans), la causa radicaría en los terremotos, a los cuales Creta estaba muy
expuesta. De acuerdo con la opinión de otros (E. Meyer), el abandono de la
población fue determinado por circunstancias políticas exteriores: la incursión
de los hicsos asiáticos establecidos en el delta del Nilo. La ausencia de
huellas de incendio en las ruinas de construcciones de ese tiempo habla contra
esta última suposición, a la que se opone también la circunstancia de que el
palacio de Festos, que se encontraba en la costa meridional, resultó mucho
menos destruido que el de Cnosos. En caso de invasión de los hicsos que venían
de Egipto, hubiera sido víctima precisamente la costa meridional.
reconstrucciones artisticas delpalacio de Cnosos |
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Los grandes trabajos de reconstrucción, comenzados en Creta a mediados
del siglo XVIII, a. C. fueron hechos de acuerdo con la planificación
anterior. Esto demuestra que la población de la isla conservaba sus rasgos
culturales y sociales después de producida la catástrofe, y desmiente la teoría
de la conquista por los hicsos, con las guerras intestinas y el reforzamiento
paulatino del reino de Cnosos a expensas de otras regiones. Por lo visto, hacia
el principio del siglo XVI a. C., la dinastía de Cnosos unificó a toda
Creta bajo su poder.
La completa reconstrucción de todas las poblaciones de Creta tuvo
lugar aproximadamente en el siglo XVI, cuando comienza el segundo período del
florecimiento de Creta, que continuó durante dos siglos. Ésta fue la época de
mayor poderío de Creta, tanto interior como exterior. Se puede suponer que
tanto las leyendas griegas como los poemas homéricos reflejaron precisamente
este período.
La sociedad cretense, ya en los comienzos del II milenio a. C.,
alcanzó un nivel considerable de desarrollo económico y social. El desarrollo
de las fuerzas productivas dio lugar a la existencia de oficios desligados de
la actividad agraria, al desarrollo del cambio y a una gran ampliación del
comercio marítimo. Los cambios en la producción se acompañaron de importantes
mutaciones en la estructura social: separación de una aristocracia
relativamente pequeña que explotaba amplias masas de la población agrícola y
artesana libre. Se produjo la división de la sociedad en clases.
Esta fue una antigua sociedad de clases, que conservaba todavía muchos
rasgos del régimen de comunidad primitiva. Podemos suponer que el desarrollo de
la desigualdad social fue más intensivo en la parte oriental de la isla, donde
surgieron muchas ciudades y poblaciones de tipo urbano.
El progresivo desarrollo de las diferencias sociales internas entre
los libres corrió parejo a la aparición de la esclavitud. Sin duda, el trabajo
de los esclavos, hacia mediados del II milenio a. C., alcanzó una difusión
considerablemente mayor que antes, aunque la escala en que se empleó no permite
afirmar su predominio en la producción de aquellos tiempos.
Por desgracia, la extraordinaria pobreza de las fuentes impide aclarar
las particularidades concretas de las relaciones esclavistas en Creta. Por lo
visto, entre los cretenses la inmensa mayoría de los esclavos estaba
constituida por gentes tomadas en cautiverio o asignadas en calidad de tributos
vivientes. Algunas referencias se conservan en las leyendas de los griegos que
se refieren a la época del poder cretense. Las fuentes escritas que hoy se
conocen de los cretenses muestran el empleo del trabajo de los esclavos en los
palacios de los señores grandes y pequeños. Solamente en un palacio, el Cnosos,
para el servicio de las vastas posesiones del rey se utilizaba multitud de
esclavos. En los trabajos pesados, como por ejemplo el cuidado y recuento de
gran cantidad de productos y artículos de la artesanía en los depósitos reales,
se exigía un constante empleo de un elevado número de trabajadores. Sin duda,
en estos trabajos se empleaba esclavos.
Es posible que el trabajo de los esclavos se utilizara en algunas
actividades junto con el trabajo de los libres, como, por ejemplo, en la
erección de palacios, en la construcción de caminos, etc.
Sería incorrecto considerar que el trabajo de los esclavos desplazó en
Creta al de los productores libres. La perfección de los artículos cretenses de
esta época muestra el predominio, en los oficios, del trabajo de artesanos
libres. Las particularidades específicas de la economía agrícola en Creta,
entre ellas la ausencia del sistema de riego, que hubiera requerido gran
cantidad de esclavos, y las relativamente pequeñas dimensiones de las parcelas
de tierra labrantía, condicionaron sin duda el predominio del trabajo del
pequeño campesino libre. Por lo visto, el trabajo esclavo en la economía
campesina se empleaba en pequeña escala, y probablemente no en todas las regiones
de Creta. En las zonas más atrasadas de la isla las relaciones comunales
conservaban todavía una fuerza considerable y la esclavitud tenía un carácter
patriarcal.
De este modo, aunque en la isla de Creta la esclavitud se desarrollaba
hacia mediados del II milenio antes de nuestra era, no perdió significación
para la producción social el trabajo de los productores libres, artesanos y
agricultores vinculados con la comunidad.
Los cambios de la estructura social cretense condujeron al
fortalecimiento del Estado, y entre los siglos XVI y XV a. C., la isla
constituía una monarquía unida. Esta unidad fue alcanzada por los habitantes de
Cnosos. En su relato, Herodoto (I, 173) se refiere a la lucha por el poder real
en Creta entre los dos hijos de Zeus y Europa —es decir, entre Minos y
Sarpedón—, la que se encuentra reflejada indirectamente en la larga lucha por
la primacía entre los gobernantes de Cnosos y de Festos. La formación del
Estado unificado con poder real hereditario colocó a Creta en la misma situación
de los Estados clasistas más antiguos: los egipcios, hititas y babilonios.
Se debe señalar que la definición de la sociedad cretense como
sociedad clasista, que se acerca por su tipo a las sociedades esclavistas
primitivas del Oriente, fue defendida por los historiadores soviéticos en lucha
contra las teorías modernizadoras de los científicos burgueses, así como contra
el erróneo punto de vista de V. L. Bogaievski. A. Evans traspasaba las normas
de la sociedad capitalista a la sociedad cretense del segundo milenio antes de
nuestra era y veía en el estado cretense una potente monarquía marítima que
había sometido y colonizado toda la costa del mar Mediterráneo hasta España. V.
L. Bogaisevski, que había luchado contra las teorías modernizadoras de la ciencia
burguesa, no pudo, sin embargo, dar una explicación marxista correcta de la
estructura social de la sociedad cretense. Atendiendo exclusivamente al régimen
tribal gentilicio de Creta, Bogaievski definió a la sociedad cretense como una
sociedad preclasista, primitiva. Este punto de vista fue rechazado
decididamente por la mayoría de los historiadores soviéticos. Documentos
cretenses de la mitad del siglo XV a. C., recientemente descifrados,
confirman la justeza de la caracterización de Creta como Estado esclavista
primitivo.
Entre los siglos XVII y XV a. C., el Gobierno de Creta se
fortaleció y desarrolló. Los cortesanos del rey estaban formados por los
funcionarios estatales y por los servidores personales del rey. Los escribas
reales llevaban anotaciones detalladas; en el palacio de Cnosos y en otros
lugares se encontraron muchas inscripciones en tablas de arcilla con listas de
objetos y nombres de personas. Si para las necesidades de la dirección estatal
eran necesarias las anotaciones, hay que hacer constar que existían, a la par
de ellas, leyes y costumbres no escritas. El rey de Creta, el legendario Minos,
es presentado en el papel de sabio legislador en las antiguas leyendas griegas.
En ellas, el rey Minos aparece en el reino subterráneo, con cetro de oro,
juzgando a los muertos.
El Estado cretense se desarrolló a expensas de territorios de
ultramar. Sus reyes subyugaron a las islas Cícladas y trasladaron a ellas parte
de los habitantes de Creta. Hicieron lo posible por subyugar el Ática, pero,
según las leyendas, el ensayo de los cretenses de afirmarse en la Megárida no
tuvo éxito. La tradición ática recuerda las malogradas guerras de los cretenses
en Sicilia.
La expansión del Estado cretense dejó considerables huellas en la
tradición griega posterior, y Herodoto y Tucídides describen al rey Minos como
soberano del mar que subyugaba las islas del Egeo. Sin duda, los griegos se
basaban en ello para llamar al Estado cretense dominador del mar.
El proceso de formación del Estado cretense se extendió por lo visto
durante algunas centurias.
Es difícil determinar el carácter de las relaciones del reino de Creta
con pueblos nativos. La tradición griega se refiere a que el rey de Creta
conducía la lucha contra los piratas. Por ese medio, evidentemente, tendía a
garantizar vínculos sin obstáculos con las regiones que dominaba y libertad de
navegación para sus barcos mercantes, y a asegurar la percepción de tributos. A
esta circunstancia la considera Tucídides como la causa principal de las luchas
contra los piratas. Las rentas reales estaban probablemente constituidas
también por tributos pagados en especie. Los enormes depósitos de Cnosos
guardaban los tesoros que se recibían en tal concepto. El tributo también se
pagaba en seres humanos: algunas tribus suministraban al rey tripulación para
sus barcos, y el Ática, que era muy pobre, pagaba tributos en gente (de acuerdo
con la leyenda, jóvenes y doncellas), la cual, evidentemente, se transformaba
en esclava del rey de Creta.
Las huellas de la permanencia de los cretenses en las islas del mar
Egeo son muchísimas; se han encontrado no solamente artículos de la producción
de Creta, sino monumentos de las escrituras cretenses (por ejemplo, en las
islas de Melos y Tera).
Es difícil juzgar acerca de la organización interna de la potencia
cretense a mediados del segundo milenio antes de nuestra era. El testimonio de
Tucídides acerca de que Minos nombró a sus hijos gobernantes de las diferentes
islas permite suponer que los miembros de la familia real desempeñaron un papel
predominante en la administración del Estado, particularmente en las naciones
conquistadas. Es posible que Androgeo, legendario hijo de Minos, fuera uno de
los gobernantes de Creta que ejerció poder sobre el Ática a mediados del
segundo milenio antes de nuestra era.
La presencia de una fuerte flota permitió a Creta establecer su
dominio en el mar. Hay que señalar que los cretenses fueron los primeros de
todos los pueblos del Mediterráneo en crear una potente flota, constituida,
como muestran los grabados en recipientes, sellos, etc., por barcos a vela y a
remo.
La principal fuerza militar en Creta era la infantería, armada con
largas lanzas, arcos, puñales y espadas. Las armas de defensa eran yelmos y
grandes escudos. Un importante papel en el ejército cretense lo desempeñaban
los carros de guerra, en los cuales combatían los reyes y los guerreros nobles.
En los depósitos del palacio de Cnosos se conservaron carros de guerra que, por
lo visto, constituían una parte importante de los bienes del rey. Las fuerzas
militares de Creta a veces incluían también inmigrantes de otros países: en uno
de los frescos cretenses se representaba un destacamento de negros.
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La base de la economía cretense era la economía rural. Los labradores
de la «Creta feraz», como se la llama en los poemas de Homero, desde muy
antiguo, ya a comienzos del II milenio antes de nuestra era, empleaban el
arado, lo cual elevó considerablemente la fertilidad del suelo. Cultivaban
trigo, cebada, habas, garbanzos y lentejas; conocían además cultivos tales como
lino, azafrán, etc., y estaban muy difundidos los cultivos de huerta: olivo,
vid, higuera, palma datilera. Igualmente se dedicaban a la ganadería; los
cretenses criaban vacunos, lanares, porcinos y variados tipos de aves, como
patos, gansos, etc. Por lo visto, había propietarios individuales de grandes
rebaños. En los dibujos de los vasos, a principios del II milenio a. C.,
se encuentran representados rebaños. Sin duda, la mayor importancia se otorgaba
a la cría del vacuno, pues no sólo se obtenía de él carne y leche, sino que se
le utilizaba para el trabajo, por ejemplo, para el laboreo de la tierra.
Importante papel desempeñó en Creta la pesca, de lo cual dan
testimonio las muchas imágenes de peces y otros animales marinos en el arte
cretense. La pesca, íntimamente ligada con la navegación, ocupó desde los
tiempos antiguos a una parte considerable de los habitantes del litoral de
Creta. A mediados del II milenio a. C. surgieron nuevas poblaciones ribereñas,
las cuales se ocuparon predominantemente de la pesca.
En este período, en Creta, la artesanía había cobrado ya un alto
desarrollo. La separación de los oficios de la economía rural se advertía a
fines del III milenio. En el II milenio existían ya muchos oficios. Los
artículos cretenses de esa época, especialmente los de piedra, bronce, marfil,
arcilla, loza y madera, impresionan por su elegancia. La metalurgia alcanzó en
Creta la perfección. En la época del desarrollo del bronce (desde el siglo XX hasta
el XII a. C.), los maestros cretenses hacían armas de bronce: láminas de
espada, puñales, escudos defensivos, puntas para lanzas y flechas, etcétera,
objetos de uso doméstico y herramientas artesanales: hachas, azuelas, sierras,
tenazas, martillos, etc. Especialmente delicada era la manufactura de vajilla
de bronce (gran número de ollas grandes, diferentes tipos de copas,
candelabros, etc.) en formas a menudo imitadas de las de cerámica. La
elaboración de todos estos objetos exigía un gran dominio técnico de los
procesos de fundición, forja y cincel. Los objetos de lujo para uso de los
reyes y aristócratas, y también los que pertenecían al culto, se hacían de oro
y plata. Así, entre las hachas dobles depositadas en el santuario de la caverna
de Arcalocori, se encuentran estos instrumentos bellamente ornamentados de oro
y plata (siglos XVI—XV antes de nuestra era). Al florecimiento de la metalurgia
en Creta contribuyó la aparición de sus yacimientos de cobre, que se encuentran
cerca de Gurnia. La alfarería ocupó un importante lugar en la producción de los
cretenses. Se desarrolló especialmente después de la introducción de la rueda
de alfarero, hacia fines del III milenio. La calidad de la arcilla amasada y
del arte del alfarero alcanzaron su más alto desarrollo en la manufactura de
las tacitas de paredes muy finas llamadas «cáscaras de huevo», difundidas en el
primer cuarto del II milenio antes de nuestra era, y en los jarrones de estilo
«camares». Las formas de los recipientes es muy variada. Al lado de grandes
toneles de dos metros y medio de altura, utilizados para guardar líquidos y
como medidas de capacidad para cuerpos áridos, se encuentra gran cantidad de
copas, fruteras, recipientes con pico, tazas, etc.
Considerable desarrollo alcanzó la elaboración de madera, que se
empleaba, sobre todo en la construcción de barcos, reparación de materiales de
construcción, producción de muebles y otros objetos de uso doméstico.
Probablemente, los cretenses exportaron también madera a otros países, ya que
en la isla abundaban cipreses y otros valiosos árboles.
El tallado de la piedra en Creta alcanzó su florecimiento a mediados
del II milenio a. C. Por entonces se utilizaban en gran cantidad los
bloques de piedra y columnas.
Entre las actividades artesanales de Creta cabe destacar la textil.
Las telas eran teñidas con diferentes colores, lo que está testimoniado por las
vestimentas femeninas que aparecen representadas en los frescos. La amplia
difusión de la pintura mural, en el período del segundo florecimiento de Creta,
requirió sobre todo colores claros y vivos. Los cretenses los extraían de
plantas y algas marinas. Las joyas, muy elegantes, eran pendientes de oro,
abalorios y amuletos que se hacían de amatistas, ágatas, cornalinas y otras
piedras, vinchas doradas, revestimientos de piedra en los recipientes, sellos y
anillos. En el oficio de joyero, además del arte del tallado de la piedra se
utilizaba el tallado en los artículos hechos de marfil. Los talladores
cretenses adornaban los sellos con dibujos artísticos que interesan no
solamente como obras de arte, sino que constituyen un material ilustrativo para
el estudio de los oficios cretenses, la economía rural, la navegación, la
religión, etc.
Los transportes marítimos y terrestres de los cretenses representaron
un importante papel en el desarrollo de los oficios y del comercio. Ya a
comienzos del II milenio, en Creta fue construido el camino hacia el norte, de
Cnosos a Festos, y las carreteras que unían la costa septentrional con la
meridional; asimismo, muchas carreteras fueron trazadas en la parte central y
oriental de la isla. Los cretenses utilizaban carros de cuatro ruedas. Ya en el
comienzo del siglo XVIII a. C. aparecieron carros ligeros de dos ruedas,
tirados por caballos.
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No cabe duda, sin embargo, de que el papel más importante en el Estado
cretense lo desempeñó no la vía terrestre, sino el transporte marítimo; sobre
esto se puede juzgar por las muchas representaciones de barcos a remo y vela.
La proa, particularmente en los barcos de guerra, estaba hecha de tal manera
que pudiera embestir. La dirección se hacía por intermedio del timón. Fue al
principio un timón reforzado, más tarde se pasó al sistema de dos remos que
hacen la vez de timón. En la cubierta se erigía a veces una vivienda, lo cual
demuestra una larga permanencia de los barcos en la ruta. La construcción de
barcos y de la flota marítima era una de las manifestaciones del espíritu
creador de los cretenses en la rama de la cultura y de la técnica. Es posible
que la técnica de la construcción se basara en la construcción naval de los
fenicios y de los griegos. El desarrollo de la navegación cretense estaba
íntimamente vinculado con el comercio y la piratería.
Dicho comercio, como ya se ha señalado, data de tiempos remotos. Al
principio no tenía un gran radio de acción y el volumen de intercambios era
pequeño, no yendo más allá de las Cícladas. Gran trascendencia para el
desarrollo del comercio cretense tuvo en esta época el establecimiento de la
llamada «talasocracia de Cnosos».
Creta estaba vinculada desde muy antiguo con la península balcánica,
en cuyas regiones más septentrionales, en la Tesalia, han sido hallados
artículos de los artesanos cretenses. Los jefes de las tribus utilizaron gran
número de artículos suntuarios de los cretenses: armas artísticas, recipientes,
joyas.
Es posible que en el primer cuarto del II milenio a. C., la
cultura de Creta ejerciera ya gran influencia en la cultura helénica. Esta
influencia se observa en el hábitat de la aristocracia, y en medida
considerablemente menor, en las poblaciones de los pequeños centros agrícolas,
tales como Cinuria y otros. Evans y Pendelberg consideran que la fuerte
influencia de la cultura cretense sobre la aquea en los siglos XVII a XV
a. C. fue consecuencia del dominio político de Creta sobre el continente,
e identifican a los gobernantes aqueos como vasallos del rey de Creta, es
decir, como reyes cretenses que residían en castillos fortificados entre las
tribus subyugadas de la Hélade. Sin embargo, la suposición del dominio de Creta
sobre el Peloponeso es refutada por una serie de fuentes, en primer lugar por
la reciente lectura de las inscripciones micénicas, ninguna de las cuales da
base para suponer que el Peloponeso dependiera de Creta. En los estudios más
cuidadosos de la cultura de los aqueos del Peloponeso, realizadas en los
últimos tiempos, se aclara su gran diferencia con la cultura cretense, a pesar
de algunos rasgos de imitación (tinta de los frescos, corte de la vestimenta
femenina, etc.).
Los datos de la tradición antigua tampoco dan base para deducir el
predominio de los cretenses sobre la península helénica, pues tanto Herodoto
como Tucídides hablan sobre la sujeción a Creta sólo de las Cícladas y del
Ática.
En las dos últimas décadas, en la ciencia burguesa se difunde cada vez
más otro punto de vista: Weiss y otros científicos niegan la dependencia
política de la Grecia continental con respecto a Creta entre los siglos XVII y
XIII a. C., señalan considerables diferencias entre las culturas micénica
y cretense y observan mucha influencia de la misma península en la Creta de
esta época. Entre sus argumentos destaca el hecho, ahora ya establecido, de que
las mercancías cretenses fueran desplazadas por las micénicas en los países que
antes comerciaran activamente con Creta.
Todavía más audaces conclusiones sacaron los científicos burgueses del
hecho de que pertenezcan a mediados del II milenio a. C. los monumentos de
la escritura griega (se trata de documentos denominados «escritura lineal B»,
que veremos más adelante) que fueron hallados en Creta solamente en una de las
capas de Cnosos y que datan aproximadamente de 1450 a 1400 a. C. Los
documentos de la «escritura lineal B» no fueron descubiertos en las restantes
ciudades y poblaciones de Creta; los científicos de que hablamos lo explican
exclusivamente por el sometimiento de Cnosos a los gobernantes micénicos y
transforman de este modo a Cnosos casi en colonia de los aqueos del Peloponeso.
En nuestra opinión, tal punto de vista no se justifica.
El encuentro de los documentos de la «escritura lineal B» solamente en
Cnosos se puede explicar por la concentración, durante muchas décadas, de todos
los vínculos comerciales con el Peloponeso en manos del rey de Cnosos. Si se
toma en cuenta cuán fuerte era la centralización de Creta bajo el poder de
Cnosos, en los siglos XVI a XV antes de nuestra era, es posible comprender la
situación monopolista del palacio de Cnosos en las relaciones con los aqueos a
mediados del siglo XV a. C., es difícil suponerlo también, porque las
fuentes arqueológicas no constituyen prueba alguna de la conquista del palacio
en esa época. El período aqueo en la historia de Grecia comienza, como lo hemos
señalado en forma reiterada, solamente a finales del siglo XV a. C., cuando
fueron destruidos los palacios de Cnosos y Festos. No es posible considerar los
vínculos comerciales intensivos entre los países en general, como prueba del
dominio político y de la influencia de una cultura sobre la otra.
Los vínculos de Creta con la Grecia continental no se limitan
solamente a la exportación de artículos de lujo. Para los artesanos cretenses
era importante recibir algunas variedades de materias primas desde Grecia; así,
por ejemplo, importaban excelente basalto de Laconia, que era elaborado por los
talladores de piedra de Cnosos. Los comerciantes de Creta comerciaban no
solamente su mercancía, sino que actuaban como intermediarios. En sus barcos,
posiblemente, llegaban a Grecia gran número de artículos de Egipto y Siria. Los
cretenses desempeñaron un gran papel en el comercio de la península helénica
con el sudeste del Mediterráneo, sólo hasta el siglo XV, cuando comenzaron a
ser desplazados por los aqueos. El comercio de Creta con los países del oeste
del Mediterráneo está testimoniado en tiempo relativamente más tardío, a
mediados del II milenio a. C. Probablemente los comerciantes cretenses
llegaron a España, rica en plata y estaño.
Las excavaciones llevadas a cabo en el Asia Menor y Siria muestran los
lejanos vínculos de las poblaciones de estos países con la cuenca egea, con
Creta, y más tarde con el Peloponeso. Las relaciones intensivas de Creta y
Chipre están probadas por los hallazgos, en Chipre, de gran cantidad de
artículos cretenses y micénicos. El comercio se hacía también con el Asia
Menor, con Troya, con el imperio hitita y con las otras regiones. Las
relaciones más intensas tuvieron lugar en la primera mitad del II milenio
a. C.
Son muy interesantes los datos existentes sobre las relaciones de
Creta con el reino de Ugarit, que existió al norte de Siria, desde finales del III
milenio a. C. hasta mediados del II. En Ugarit fueron encontrados
numerosos productos artesanales cretenses, y, por otra parte, la misma
producción artesanal de Ugarit en el II milenio a. C. pone de manifiesto
la influencia de los motivos artísticos cretenses en las pinturas decorativas,
en las formas de los recipientes, etc.
Hasta en la arquitectura de las construcciones funerarias de los
siglos XVIII a XVII a. C. se puede encontrar las huellas de la influencia
cretense. Tan profunda influencia de la cultura de Creta no es posible
explicarla solamente por vínculos comerciales. Probablemente en Siria y, como
se supone, también en Egipto existieron colonias de artesanos y maestros
artesanos cretenses, surgidas en la época de mayor florecimiento del comercio
con Creta.
Los artículos cretenses penetraron en el interior de los países,
alcanzando inclusive el curso medio del Eufrates, como muestran los motivos
ornamentales en espiral en las pinturas del palacio en Mari. En la misma Creta
fueron encontrados cilindros babilónicos de la época del rey Hamurabi (siglo XVIII
a. C.). Estos datos son, sin duda, el resultado de las extensas relaciones
de Creta con los países del Asia Menor.
Sin embargo, en el período de decadencia de la potencia de Creta,
durante el siglo XVII y primera mitad del XVI, el comercio con Siria se
interrumpe.
Un lugar importante en la política exterior de Creta, en el II
milenio, debió ocuparlo su potente vecino meridional, Egipto. Los lazos
económicos y culturales entre ambos están testimoniados por gran número de
fuentes determinadas por el hallazgo de objetos egipcios en Creta y de
artículos cretenses en Egipto. Particularmente durante la época de los faraones
de la XII dinastía (alrededor del 2000 al 1740 a. C.). En los tiempos de
estos faraones, los egipcios importaban gran cantidad de mercancías cretenses,
tales como recipientes artísticos de estilo «camares», que fueron encontrados
en capas de esa época en un oasis en el Egipto medio: en tiempos de Amenenhat
III (1849—1801 a. C.), en el Egipto superior, no lejos de Luxor, fue
inhumado un tesoro de objetos cretenses muy valiosos conteniendo recipientes:
uno de oro, 150 de plata (tesoro de Todd).
El fortalecimiento de Creta a mediados del II milenio a. C., se
reflejó también en sus relaciones con los egipcios. En los tiempos del faraón
Tutmosis o Tutmés III (1503 a 1491 a. C.) los egipcios estaban
particularmente orgullosos de sus relaciones pacíficas con los príncipes de
Creta. La llegada de los embajadores desde Creta se registraba en los frescos
que adornaban la tumba de Regmir, gran funcionario de Tutmosis III, y del mismo
Tutmosis III. El himno de victoria en homenaje a su dios Amón expresa: «Creta y
Chipre os temen». Por lo visto, los reyes de Creta no siempre se referían
amistosamente a Egipto, y el establecimiento de las más pacíficas relaciones
era mirado por los egipcios como un considerable triunfo diplomático. Se debe
señalar que Tutmosis III no se decide a afirmar nada acerca del subyugamiento
de Creta: él señala solamente que ellos «os temen».
Algunos científicos burgueses, basados en estos textos y frescos en
tumbas, hablan del subyugamiento político de Creta a Egipto en los comienzos
del siglo XV a. C. Pero estos datos son absolutamente insuficientes para
tal afirmación. La comparación de la fuerza militar de Egipto con la del Estado
marítimo cretense hace esta suposición todavía más inverosímil: Egipto no tenía
una considerable flota marítima.
Los prolongados vínculos económicos y políticos de Creta y Egipto
condicionaron su mutua influencia cultural. En el arte cretense aparece toda
una serie de métodos copiados del arte egipcio. En el valle del Nilo la
influencia cretense se manifiesta particularmente clara en algunos monumentos
artísticos descubiertos en el lugar de la antigua residencia del faraón Ignatón
(1424 a 1388 a. C.) excavados en el lugar de la contemporánea Tel—Amarni.
Sin duda, todas estas relaciones fueron las que condicionaron el
interés económico de Creta y Egipto en un activo intercambio. Los cretenses
enviaban artículos artesanales y en cambio recibían de Egipto productos rurales
y diferentes materias primas: oro, marfil, plumas de avestruz, huevos,
etcétera. Los mercaderes cretenses transportaban de Siria a Egipto cedro del
Líbano y probablemente otras mercancías.
A finales del siglo XV a. C. el comercio de Creta con Egipto
decayó considerablemente. Los artículos cretenses fueron reemplazados por una
gran cantidad de mercancías importadas de la Grecia Continental. En Creta, que
no estaba ya incluida en este área de relaciones comerciales, casi no se
encuentra este tipo de mercancías.
Tal es el cuadro general del desarrollo del comercio en Creta en la
primera mitad del segundo milenio a. C.
La amplia difusión de las relaciones exteriores de los cretenses y el
importante volumen de su comercio condujeron a la creación de un sistema de
pesas y medidas y a una ulterior unidad monetaria. La mayor unidad del sistema
de pesas de Creta era, en medidas actuales, de 29 kilos, hecha con piedra y
cobre, de forma plana y piramidal. Sobre la superficie de la pesa de piedra se
esculpían a menudo figuras de pulpos, cuyos tentáculos la abarcaban totalmente.
Cualquier variación y deterioro del patrón de pesas era en estas condiciones
inmediatamente visible. La más pequeña unidad de peso era también de piedra, en
forma de disco grueso, y sus bordes redondeados o en forma de tonel. Se han
encontrado pesas de bronce en forma de cabeza de toro con plomo fundido en su
interior.
El peso de la medida muestra su parentesco con el sistema egipcio y
mesopotámico. El talento liviano de los egipcios pesa también 29 kilos, y esto
era aproximadamente el peso del talento babilónico. La pequeña unidad cretense
pesa de 6 a 6,5 gramos y correspondía a la mitad de la unidad de oro egipcia,
cuyo peso era de 13 gramos. Otras unidades de peso de 3,5 gramos correspondían
plenamente a la unidad del sistema babilónico. La unidad del sistema de pesas
de Creta, Egipto y Babilonia era consecuencia natural de los vínculos
comerciales intensivos entre estos países.
Las excavaciones en las ciudades cretenses proporcionan importantes
informes para la investigación de la historia de la sociedad clasista de Creta.
El estudio de las poblaciones de la época minoica casi se limita a las
excavaciones de ciudades medias y grandes. En cuanto a las aldeas, todavía hoy
se conoce poco.
Es interesante señalar que todas las grandes ciudades de Creta estaban
situadas no en la orilla del mar, sino algo distantes de él. Tal distribución
fue condicionada por la amplia difusión de la piratería en aquella época.
La ciudad más importante de Creta, en el II milenio a. C., fue
Cnosos. Al principio, y hasta el siglo XXI a XX a. C., las casas
particulares estaban unidas a las paredes del antiguo palacio. A mediados del
siglo XVI, la capital de Minos fue construida de tal modo, que las viviendas de
la población más pobre estaban desplazadas hacia los suburbios.
En el centro de la ciudad, en las cercanías del palacio y también en
parte de su anterior territorio fueron construidas las residencias de la
aristocracia y de los funcionarios del palacio.
Actualmente, en Cnosos se descubrieron muchos restos de casas
construidas en la primera mitad del II milenio. Su estudio muestra que la
aristocracia de Cnosos construía sus casas de varios pisos, a veces con sótano.
Algunos edificios tenían espacios libres entre sí. Las ventanas a menudo se
distribuían en los pisos altos de la casa, y de vez en cuando en los
inferiores.
La casa se construía con grandes y pequeñas piedras con solución de
arcilla. En el interior, las paredes estaban recubiertas de estuco coloreado.
Fueron encontradas varias de color rojo. Las casas de los pobres eran pequeñas,
de un solo piso y de trazado simple.
Otras ciudades cretenses, como Tilisos, Gurnia, Festos, tenían rasgos
comunes con Cnosos. También en ellas las casas privadas de los ricos estaban
construidas en forma parecida: la entrada se hacía a través de los claros entre
casa y casa, en los pisos bajos estaban las salas de recepción y el santuario
familiar, en los pisos superiores las habitaciones privadas. Las calles de la
ciudad estaban empedradas y sus diferentes niveles estaban a menudo salvados
con peldaños. Como en Cnosos, en el centro de otras ciudades de Creta se
elevaban edificios que eran probablemente residencia de las autoridades de la
ciudad. Al costado se encontraba la plaza de espectáculos, de forma rectangular,
con escaleras que llevaban hacia ella. Existían también poblaciones más
pequeñas, especialmente en el siglo XV al XIV. A mediados del II milenio, el
estado sanitario de las ciudades cretenses era bastante bueno. El sistema de
cloacas aseguraba en ellas la limpieza. Por tubos de cerámica, el agua de los
depósitos, pozos y fuentes llegaba a las viviendas. Un admirable monumento de
la cultura cretense era el palacio de Cnosos, al cual los griegos llamaron
«Laberinto».
El plan general de los palacios cretenses recuerda fuertemente a los
palacios hititas de Hattusa (actual Bogazköy), que corresponde a la primera
mitad del II milenio a. C. Los palacios de los reyes hititas, a semejanza
de los palacios cretenses, ocupaban también amplias superficies y desempeñaban
el mismo papel: en ellos había locales para depósitos donde guardaban las
provisiones y artículos de artesanía, los tesoros del rey y archivos de
tabletas de arcilla.
El palacio de Cnosos se desarrolló como resultado de muchos siglos de
actividad arquitectónica de los cretenses. La construcción de los palacios
corresponde a las cercanías del siglo xxi. En el transcurso de su larga
historia, el de Cnosos más de una vez fue destruido y reconstruido. Después de
la destrucción que tuvo lugar en los límites del siglo XV al XIV, ya no se
volvió a reconstruir de verdad, y fueron habitados sólo algunos sectores.
En la actualidad permanece intacto únicamente un piso bajo. Es
necesario señalar lo relativo de la fidelidad de las reproducciones en la
reconstrucción de los monumentos originales, reproducciones que no pueden ser
miradas como exactas, por los convencionalismos de todo género, tanto en lo
tocante a la arquitectura como a las pinturas del palacio.
El palacio de Cnosos está constituido por estancias de recepción,
habitaciones privadas, depósitos de productos domésticos y talleres.
Su planificación, como la de otros palacios descubiertos en Creta, se
distingue por su extraordinaria sencillez y, al mismo tiempo, por la abundancia
de locales. Por ejemplo, en la parte occidental del palacio de Cnosos existen
18 depósitos situados a lo largo de un corredor, lo cual permitía conservar en
un mismo lugar las grandes reservas de artículos de artesanía y productos
rurales.
El enorme cuerpo del palacio ocupaba un terreno de alrededor de 16.000
metros cuadrados. Su centro era el patio principal, de forma rectangular, que
ocupaba la mitad del cuerpo arquitectónico a lo largo y un tercio a lo ancho.
Estaba vinculado al conjunto de grandes y pequeñas habitaciones del palacio y
servía para iluminarlas. El mismo papel lo representaban otros patios.
En el palacio de Cnosos predominaban las habitaciones rectangulares,
lo cual era, en general, la característica de las construcciones cretenses. En
las salas de los palacios de Creta se utilizaban ampliamente pilares en forma
de columna que se estrechaban hacia abajo y sostenían los cielos rasos y los
descansos de las escaleras. El palacio de Cnosos tenía tres y, según la opinión
de algunos científicos, hasta cuatro pisos. En el piso bajo se encontraban los
talleres reales y los enormes depósitos con productos destinados al consumo y
posiblemente para la venta. Acerca de las medidas de las reservas palaciegas,
se puede juzgar por los enormes recipientes de arcilla, que superaban la
estatura humana y que se guardaban en gran cantidad en los subterráneos del
palacio. Sólo en los depósitos occidentales se podían guardar cerca de 78.000
litros de aceite o de vino. Al lado de los depósitos con los productos había
locales de depósitos de armas, carros de guerra y tesoros reales. Locales
especiales estaban destinados a la servidumbre palaciega y los artesanos de los
talleres reales, así como también dedicados al culto.
Las salas de recepción del palacio estaban distribuidas,
preponderantemente, en los pisos superiores, vinculados con los inferiores por
todo un sistema de escaleras. De la pequeña sala del trono, que se encontraba
en el primer piso, por una escalera ancha se podía ascender a grandes salas, de
las cuales, en lo que respecta a la belleza de la ornamentación, hablan los
fragmentos de pinturas y cerámicas hallados, revestidos de baldosas adornadas
por relieves. La más grande de las salas conservadas es la denominada Sala de
la doble hacha, que se encontraba en la mitad oriental del palacio. Era
probablemente la gran sala del trono, destinada a las ceremonias oficiales y al
culto.
Al lado de la Sala de la doble hacha se encontraban las habitaciones
privadas de la reina, la sala de recepciones, la tesorería, etc. Para las
necesidades del palacio, como en general en las grandes casas cretenses, había
bañeras y cuartos de baño. Para el descenso de las aguas de lluvia y de desagüe
existía un sistema de canalización. El agua para los baños, servicios
sanitarios y piletas venía por tubería de cerámica desde las fuentes, que se
encontraban fuera del palacio.
A su interior conducían algunas entradas en las cuales se encontraban
locales para la guardia palaciega. En la época de la dominación de los mares,
el palacio no estaba fortificado; el poder de los reyes cretenses era tan
grande, que no había necesidad de fortalecer su residencia.
El palacio de Cnosos estaba situado en un lugar hermoso, desde el cual
se divisaba un pintoresco panorama sobre el río, los jardines circundantes, los
campos y huertas; a lo lejos se veían los montes Ida e Iuctas. A pequeña
distancia del palacio principal había otros dos edificios que pertenecían a su
cuerpo, los cuales llevaban el nombre de pequeño palacio y villa real.
Estaban unidos con el gran palacio por admirables caminos empedrados.
La sala principal de la villa, dividida en tres partes, tenía el cielo raso
sostenido por columnas.
La técnica de construcción de los palacios era diferente a la empleada
en las casas comunes. A principios del II milenio las paredes de los palacios
estaban hechas de bloques de piedra muy bien tallados. Más tarde, en los siglos
XVI y XV, las paredes se erigían de trozos de piedra unidos con arcilla y
revestidos de baldosas o de estuco. Los pisos altos tenían paredes de adobe.
Además del de Cnosos, en la isla se descubren otros palacios en
Festos, Malia y Hagia—Tríada: los dos primeros, en principio, tenían el mismo
plano que el palacio de Cnosos.
En 1949, a 15 kilómetros de Cnosos, en Vatipietro, al excavar se
encontró otro palacio, por lo visto construido alrededor del 1600 a. C. y
que subsistió alrededor de un siglo. En la excavación aparecieron una serie de
locales (entre ellos alas con restos de columnas, grandes depósitos con 16
recipientes, que se descubrieron en 1953 y que son el abastecimiento del
santuario del palacio) y otros aún no terminados de excavar.
Creta del siglo XIV al
XIII a.C.
El desarrollo del Estado cretense bajo el poder de los reyes de la
dinastía mítica de Minos (se puede pensar que el nombre de Minos era en Creta
tan tradicional como el nombre del faraón Ramsés en Egipto del siglo XIII al XI
a. C.) se interrumpió bruscamente alrededor de 1400.
La causa de esto fue buscada en un gran terremoto. Sin embargo, las
excavaciones mostraron que en Cnosos, Festos, Hagia—Tríada, Malia, Zacro y
Moclos los palacios y poblaciones fueron destruidos y quemados. Esto prueba una
cierta agresión del exterior. El problema de quién destruyó la potencia
cretense, hasta ahora no ha sido resuelto. Los partidarios de la teoría del
auge de Micenas parten de la situación de Creta sometida al yugo de los
micenios, en el período 1450 a 1400 a. C., y suponen que la catástrofe se
produjo como consecuencia del levantamiento de las poblaciones locales de Creta
contra ese poder extranjero. En el actual estado de las fuentes, semejante
explicación no es convincente. Más probable es otra reconstrucción de los
acontecimientos, de acuerdo con la cual la potencia cretense —a finales del
siglo XV— fue aniquilada por los aqueos que vinieron del Peloponeso. El golpe
fue inferido, por lo visto, a los más importantes centros de Creta. El problema
no se limita a la rapiña de los valores materiales de la isla, sino que parte
de su población fue probablemente reducida a esclavitud. La vida se interrumpió
en muchos puntos (Palecastro, Niru—Kani, Platis, Tilisos). Es posible que en el
mito acerca de la permanencia de los argonautas en Creta en el tiempo en el
cual Medea aniquiló al gigante que guardaba la isla, se conserve en recuerdo de
la campaña de los aqueos contra Creta.
De la destrucción de las ciudades cretenses se salvaron algunas
poblaciones que trataron de reconstituir sus viviendas y los edificios dañados.
En el siglo XIV a. C. fue en parte limpiado y poblado el palacio de
Cnosos, y se produjeron algunos desplazamientos de poblaciones hacia la mitad
occidental de la isla. Es probable que entonces tuviera lugar el desplazamiento
de habitantes desde el continente, puesto que en algunos lugares se encuentran
casas de tipo megarense, característico para la Grecia del II milenio
a. C. En Hagia—Tríada fueron descubiertas típicas tumbas de tipo
continental, con túmulos llamados tolos.
Desde mediados del siglo XIII a. C., Creta pierde manifiestamente
su independencia y cae en la esfera de influencia de la Grecia continental. La
población de este tiempo no era numerosa, y puede creerse que los testimonios
homéricos acerca de los 80 barcos cretenses que participaron en el sitio de
Troya eran un recuerdo del antiguo poder cretense. El dominio aqueo sobre Creta
fue evidentemente aniquilado por los dorios. En lo sucesivo, la población doria
predominó en Creta. Sin embargo, y en tiempos históricos, de acuerdo con
Herodoto, Creta era habitada por cretenses autóctonos, que no sabían hablar en
griego.
La escritura cretense
En muchas ciudades cretenses fueron halladas inscripciones. Su
abundancia permite seguir el gradual desarrollo de la cultura en Creta. Ya
alrededor del siglo XXII a. C., los cretenses conocían la escritura
pictográfica, que transmite a través del dibujo conceptos aislados, es decir,
vocablos, como hacían los egipcios por medio de los jeroglíficos. Los diferentes
pictogramas (figuras de hombre, árbol, flecha, doble hacha, herramientas de
trabajo, etc.) eran tallados por los cretenses en sellos o grabados en
recipientes. Se leía de izquierda a derecha; a veces se utilizaban crucecitas
para destacar los grupos de signos.
En el siglo XVIII a. C., los cretenses elaboraron una escritura,
el sistema llamado lineal, en la que cada signo representaba una sílaba. La
cantidad de monumentos disponible de la antigua escritura lineal no es tan
grande; son inscripciones en sellos, en objetos, en precintos, etc. La
escritura lineal, difundida en toda Creta, estaba constituida por 137 signos.
Un tercio de los signos estaba vinculado, en cuanto a su origen, con la antigua
escritura pictográfica. Los restantes fueron introducidos por primera vez. Esta
escritura, más antigua, silábica, convencionalmente se designa en la ciencia
contemporánea con la letra «A». Hasta ahora el problema de en qué lengua está
escrito el texto de la «escritura lineal A» no ha quedado resuelto. En el mismo
comienzo del corriente siglo, en Cnosos, y luego en las excavaciones de
1939—1952 en Pilos, fueron descubiertos unos archivos de escritura cuneiforme
en tabletas de arcilla recubiertas con la escritura lineal del tipo «B», los
cuales, según la lectura propuesta por Vendris y Chadwick, resultan escrituras
de la variedad arcaica de la lengua griega, muy cercanas al dialecto de Homero
(como veremos más adelante).
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Además de los monumentos cretenses, una escritura lineal pictográfica
fue encontrada en Festos, en ambos lados de un disco de arcilla cocida. Los
signos sobre el disco son diferentes de los mencionados anteriormente del
sistema de escritura cretense. El llamado disco de Festos queda aún sin
descifrar. La única deducción a la cual llegaron los científicos es que el
documento es de origen extranjero y fue enviado a Creta desde no se sabe qué
región del Asia Menor.
Al par de la escritura, los cretenses tenían nítidamente elaborado el
sistema de numeración. Estaba basado en el sistema decimal. No solamente tenía
cuatro reglas u operaciones aritméticas (suma, resta, multiplicación y
división), sino también quebrados. Los cretenses representaban las cifras de la
siguiente manera: unidad, I; decena, — ; centena, o y millar, x
. Los quebrados se representaban con el signo I—. Es importante señalar que, al
representar las cifras, los cretenses guardaban siempre un orden en la
distribución de los signos. Por ejemplo, la cifra 7 la representaban
así: y no ; 5 solamente ; etc. También las decenas se
representaban de acuerdo con un esquema definido; por ejemplo: 40, ;
70, ; etc.
El arte cretense
La época del surgimiento y florecimiento del Estado en Creta fue
acompañada por un extraordinario ascenso del arte cretense, representado por
gran cantidad de obras arquitectónicas y decorativas.
El arte cretense era peculiar y se diferencia del arte contemporáneo
de otros pueblos del mundo antiguo.
Los cretenses no construyeron, como los egipcios, grandiosos templos y
pirámides. Sus principales creaciones de arquitectura eran palacios y
viviendas, que testimonian el carácter más gentil de toda la cultura cretense.
No crearon colosales estatuas de muchos dioses y jefes divinizados. Su arte
representativo sirvió predominantemente para adornar las viviendas y
diferentes, y habitualmente suntuosos, objetos de uso doméstico. Esto no podía
dejar de reflejarse del más favorable modo en el desarrollo de la cultura
artística. El arte cretense dependió en mucha menor medida de los cánones
religiosos, que ponían freno al arte egipcio, y su fantasía creadora podía
expresarse con mayor libertad. Fácil y directamente reflejaba la naturaleza que
lo rodeaba. En la cultura cretense en general no se nota tan acentuada
influencia de la casta sacerdotal como en Egipto.
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Los artistas de la primera mitad del II milenio crearon no solamente
admirables ornamentaciones, sino que representaron escenas de la vida corriente
y ceremonias del culto que se distinguen por su forma viva, su aguda
observación y el virtuosismo técnico, extraordinario para aquel tiempo.
En los siglos XVI—XV, es decir, en la última época de la potencia
cretense (el posminoico del esquema cronológico de Evans), se pueden notar
algunos rasgos determinados, por lo visto, por la diferenciación de las capas
de la sociedad cretense. Tenemos en cuenta la aparición del, sui generis, «arte
de palacio».
Su rasgo característico era la estilización, la transición en los
motivos ornamentales hacia la consideración de la naturaleza viva.
En el tiempo del florecimiento de su arte, los cretenses prestaron
mucha atención a los adornos murales. En los siglos XIX y XVIII las paredes de
los palacios y de las casas de los cretenses ricos se adornaron con tablillas
de loza con relieves representativos y con relieves coloreados en estuco. Como
ejemplo de estos últimos puede servir el conocido relieve del «rey—sacerdote»,
de Cnosos. Representan un joven esbelto, de talle fino y musculatura bien
desarrollada, vestido con un delantal ricamente adornado, que rodea su cadera,
y con una toca de vivos colores en su cabeza, que cuelga hacia atrás.
En el siglo XVII la pintura —frescos— desplaza al relieve. Los temas
de los frescos tienen carácter ritual y mundano, extraordinariamente diferente.
La maestría de los artistas cretenses aparece particularmente en la
representación de la naturaleza viva. Sin embargo, con el transcurso del
tiempo, la aguda observación del mundo circundante se debilita, aparecen
representaciones artísticas estándar, más abstractas y de carácter decorativo.
Esta salida de la realidad hacia lo convencional se siente con fuerza en
Cnosos.
Una muestra de fresco de la época del «arte de palacio» es el llamado
«fresco de las sillas plegadizas», en las paredes del santuario de Cnosos. El
fresco consiste en dos franjas de dibujos, en que se utilizan los tonos azules,
amarillos y rojo ladrillo. Las figuras aquí representadas en iguales tipos
estilísticos son parejas de jóvenes y doncellas sentadas en sillas y que se
sirven mutuamente recipientes. Esto tenía probablemente significación ritual.
Parte de esta composición es la muy conocida representación de la doncella
(«Parisina») con cabellos peinados magistralmente y vestido azul y granate, de
cuello plegado.
En los últimos siglos anteriores a la caída de Cnosos, en las paredes
del palacio se hicieron muchas nuevas pinturas en las cuales muy a menudo se
representaron juegos con toros. Los artistas cretenses grabaron diferentes
momentos de este juego, que exigía gran destreza y audacia.

El estilo palaciego del siglo xv aparece principalmente en Cnosos. En
todas las ciudades de Creta se conservan viejas tradiciones en el arte representativo
de la naturaleza viva. Es interesante observar que los dibujos de las paredes
en los centros secundarios de Creta representan sólo animales; no se encuentra
en ellos la figura humana. Pueden servir de ejemplo los conocidos frescos del
palacio de Hagia—Tríada.
La escultura monumental, al parecer, no jugó un gran papel en el arte
cretense. Mayor significación tenía la pequeña escultura. A la época del
florecimiento del Estado cretense pertenecen las estatuillas de loza de diosas,
con serpientes en las manos, vestidas con suntuosas prendas, que dejan los
pechos al desnudo. De loza se hacían también imágenes con relieves de un solo
lado, que representaban escenas vivas; por ejemplo, representaciones de vacas y
terneros, cabras y cabritos.
Un lugar especial en el arte aplicado lo ocuparon los dibujos en
cerámica. En el III milenio a. C., las pinturas de recipientes se
limitaban a dibujos geométricos; en el II milenio los dibujos eran múltiples.
Se representaban con líneas multicolores, espirales, pétalos y rosetas;
habitualmente se hacían diferentes motivos vegetales y animales
predominantemente marítimos (pulpos, moluscos, peces). Los dibujos en cerámica
en el período de desarrollo del estilo palaciego presentan las huellas de una
exquisita estilización.
Alrededor del 1600 al 1400 a. C., alcanzó significativo
desarrollo en Creta la talla artística en piedra, acerca de la cual testimonian
muchos grabados, y también recipientes de piedra con representaciones en
relieve de diferentes escenas de la vida campesina, en las casas, en el palacio
y otras.
Aunque la vida diaria de los nobles se diferencia marcadamente de la
existencia del pueblo simple, se puede pensar que en todos sus trabajos los
maestros cretenses siguieron las tradiciones populares del arte cretense. Esto
llevó a un avance de los oficios artísticos de Creta. Después de la destrucción
del Estado cretense y el aniquilamiento de una parte importante de su
población, las formas artísticas, creadas en el siglo anterior, en parte
cambiaron bruscamente, en parte degeneraron gradualmente y perdieron su
contenido inicial.
La religión cretense
La visión religiosa cretense en el período analizado sufrió un cambio
extraordinario. En el III milenio la representación religiosa de los habitantes
de Creta era muy primitiva. El totemismo (respecto a animales y plantas) y los
cultos de la divinidad femenina y de los antepasados, del período anterior a la
época del matriarcado, constituían la base de su religión.
Y en el II milenio el culto de la divinidad femenina era todavía el
principal entre los cretenses. La gran diosa (cuyo nombre en la lectura de las
inscripciones es aún desconocido) recibía culto de diferentes modos. Ante todo,
era diosa de la naturaleza y así se la consagraba en muchos santuarios de
cavernas montañosas (en los montes Iuctas, Ida y otros). En algunas cavernas
(por ejemplo, en la de Pesixto) servía para el culto local de manera
interrumpida en el III, II y I milenios. Los árboles sagrados o las ramas eran
atributos de la diosa. Al parecer, en muchos templos campesinos había altares y
grupos de árboles sagrados. Los monumentos del arte cretense conservan dibujos
que representan plantaciones y riego de estos árboles. Con el culto de los
dioses de la naturaleza estaban vinculados los pájaros, sobre todo las palomas.
Se inclinaban a representarlas en danzas rituales que tenían carácter
orgiástico.
En los santuarios palaciegos y hogareños, a menudo se encuentran
representaciones de la divinidad femenina, cuyo principal atributo era la
serpiente. Cabe suponer que el culto de la diosa de la serpiente alcanzó
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