HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA Los Antecedentes
A partir del asentamiento de pueblos procedentes de centroeuropa y del
Medio Oriente, el espacio griego habría de adquirir progresivamente rasgos muy
singulares en medio de un ámbito definido, ante todo por la confusión y mezcla
de poderes, poblaciones e intereses. La cuenca del Egeo servirá como
indispensable plataforma para la aparición, desarrollo y, finalmente,
decadencia de esta civilización a lo largo de los diferentes y consecutivos
periodos que la conforman.
Este mar sirve como espacio central de asentamiento de los pueblos que
de forma sucesiva contribuyen a formar los estratos necesarios para la
obtención del resultado final básico: la civilización griega. Este ámbito es
ante todo un centro de intercambio de influencias y corrientes de pensamiento,
así como correa de transmisión de conocimientos y experiencias adquiridas por
civilizaciones precedentes, sobre todo la egipcia y la mesopotámica. Egipto,
Babilonia y Fenicia, sobre todo, aportarán a la naciente civilización griega
algunos de sus elementos fundamentales, desde aplicaciones prácticas en materia
económica hasta referencias de orden sobrenatural o conocimientos científicos.
Está fuera de toda duda la determinante influencia que en la
organización primitiva de las poblaciones situadas sobre el territorio de la
Grecia clásica tuvo la vecindad egipcia. El país del Nilo, situado en medio de
un marco de decadencia que conocía periódicas recuperaciones temporales,
actuaría sobre las islas y el espacio continental que se situaban frente a sus
costas. Así, Grecia partiría inicialmente de unas bases dotadas de un alto
valor, que el Egipto faraónico le prestaba por medio de una expansión poco
interesada en la colonización, según la actual idea que tenemos de este
concepto.
La Grecia arcaica se vería de esta forma determinada por sus ámbitos
geográficos más meridionales, situados en las islas y sobre todo en Creta, que
habría de desarrollar una perfeccionada civilización y serviría como punto de
partida de la posterior evolución conjunta del territorio griego. En aquellos
primeros momentos, es característica la falta de unidad entre las diversas
entidades políticas de carácter marcadamente rudimentario que se reparten el
suelo del país. A esta primera presión ejercida sobre el espacio griego a
partir del sur seguirá la oleada de penetraciones procedentes del noroeste, que
conseguirán estabilizar la presencia de nuevas poblaciones y ordenar los
fundamentos que harán posible la aparición de unidades políticas que ya
configuran el aspecto general de la Grecia propiamente clásica.
Los Hechos
A partir de la acción de estas dos corrientes centrípetas, que
tendrían en Atenas su mejor plasmación práctica, debe efectuarse toda
observación de la evolución histórica de la Grecia clásica. La Atenas de
Pericles centra con toda justicia este prolongado período, y lo hace debido a
una serie de motivaciones específicas de las que carecían los demás
ordenamientos socioeconómicos existentes hasta entonces. Todos los historiadores
están de acuerdo en que la existencia de una Atenas ordenada en función de
principios que entonces se manifestaban como verdaderamente revolucionarios
sería capaz de transformar a fondo la historia del mundo occidental. El
clasicismo griego en todas sus manifestaciones, sociales y políticas,
literarias y plásticas, vendría determinado por un interés enfocado hacia la
sencillez. Grecia ofrecería al mundo muestras de las posibilidades de
aplicación de este practicismo sobre todos los ámbitos de la vida, tanto los de
carácter personal como aquellos que trascendían de éste para convertirse en
directo reflejo de necesidades de índole comunitaria. La mentalidad burguesa
que constituía la base ideológica de Atenas en sus etapas de esplendor
determinaría la implantación del pragmatismo en todas sus manifestaciones
posibles.
Al lado de esta realidad —que tampoco debe ser elevada a los niveles
de mitificación que de forma tradicional han sido utilizados para su
consideración— la Grecia antigua ofrece toda una amplia gama de presencias en
el orden de la organización social y política. Así, del modélico ejemplo de
Estado policial que presentaba Esparta puede pasarse hasta el propuesto por una
Macedonia en trance de pasar de ser un reducido espacio marginal hasta convertirse
en la primera potencia mundial del momento. Mejor que cualquier manual actual
de comportamientos públicos, una aproximación a la gran aventura colectiva que
fue el desarrollo y decadencia de la Grecia clásica aporta al lector de hoy
informaciones dotadas de una validez y vigencia que incluso pueden alcanzar
niveles sorpresivos.
El practicismo que centra toda consideración de la Atenas clásica es
la obligada clave de referencia del prolongado periodo tratado en un estudio de
la cuestión. Los aspectos intelectuales de la vida eran para los atenienses
posibilidades concretas de realización de actos encaminados a la consecución de
finalidades de orden práctico. La filosofía y la poesía, la retórica y el
teatro eran de esta forma instrumentos de utilización directa, y no meros
elementos de distracción ofrecidos a la población. Existen muestras de la
escasa tolerancia que en la Atenas de Pericles existía hacia cualquier clase de
enseñanza filosófica que no se encontrase encaminada a la aplicación práctica.
El florecimiento de los estudios físicos y matemáticos, de forma
paralela con los ya citados de creación puramente intelectual, definiría ya por
sí misma el ambiente reinante en el Ática durante su siglo de oro. Con todo,
también deben efectuarse las necesarias salvedades ante toda posible
mitificación del mismo, que contó con sus ámbitos oscuros y negativos del que
el proceso y muerte de Sócrates puede servir, como ejemplo, más ilustrativo.
Sin embargo, el contraste ofrecido por la Atenas de Pericles y el resto de las
organizaciones estatales del momento no puede resultar más llamativo.
Pero el equilibrio establecido entre este sistema y el de los que lo
rodeaban por completo carecía de posibilidades de mantenimiento efectivo. Así,
resulta posible acercarse el declive material —demostrado mediante los
sucesivos fracasos bélicos— de una Atenas incapaz de enfrentarse con la fuerza
de sus oponentes, organizados en primer término hacia un fortalecimiento de
tipo material. En primer lugar serian los persas, más tarde Esparta, luego
Macedonia y finalmente Roma quienes decidirían el marco vital del espacio
griego. Persia y Roma constituían poderes exteriores a esta realidad, pero
Macedonia y Esparta formaban parte de aquella Grecia varia en sus expresiones y
absolutamente opuesta al espíritu que emanaba de Atenas en multitud de
conceptos esenciales.
Las Consecuencias
Si la actuación del fortalecido Imperio romano convirtió a la
totalidad del territorio griego en un conjunto de provincias de segundo orden
dentro del entramado común mediterráneo, el prestigio de Atenas seguiría
manteniéndose a pesar de las adversas circunstancias dominantes. De ello
provendría la atención aplicada —en forma muy moderada, es cierto— por algunos
gobernantes del Imperio sobre el espacio del que provenían sus principios
inspiradores más valiosos. Pero Grecia ya se había convertido de hecho en un
espacio deprimido e incapaz de competir con las demás zonas integrantes del
conglomerado mundial.
La implantación del cristianismo como religión oficial del Imperio por
Constantino en el año 313, o la prohibición de la celebración de los juegos
olímpicos por Teodosio en el 394, serían algunos de los hechos más relevantes
en el desarrollo histórico de Grecia tras su sumisión a los poderes situados al
otro lado del mar Adriático. La partición del Imperio en dos fracciones tampoco
habría de aportar a Grecia consecuencias de interés práctico, ya que el
traslado de todos los centros de decisión a Bizancio la privaría de toda
posibilidad de actuación en defensa y cuidado de los mismos.
La presencia bizantina en Grecia constituiría el elemento determinante
de su posterior evolución, ya que la Iglesia griega habría de constituirse en
depositaria de los valores y esencias que la fragmentación del cristianismo
otorgaría a su mitad oriental de actuación. El año 1054 significaría la fecha
clave para la escisión definitiva de estas dos posiciones, y la denominada
Iglesia ortodoxa griega se erige como intérprete exclusivo de las creencias
oficiales en el Imperio bizantino, que se encuentra sometido a la creciente
presión ejercida desde el este por los turcos. Grecia conocería posteriormente
episodios definidos por la fundamental movilidad de los hechos acaecidos
durante los mismos; de entre éstos resulta preciso mencionar siquiera
someramente la prolongada presencia catalana en su territorio, período durante
el cual Atenas volvió a alcanzar la consideración —siquiera en el plano
teórico— que merecía debido a su esplendoroso pasado. En el año 1456 los turcos
ocupan la que fuera centro de civilización universal durante siglos; a partir
de entonces una Grecia convertida, de igual forma que bajo la dominación
romana, en provincia de segundo orden vegeta bajo el dominio de sus
tradicionales enemigos.
La rebelión en contra del ocupante, iniciada en el año 1821, supondría el comienzo de la liberación del país y la recuperación de su soberanía nacional, que es alcanzada ocho años más tarde. La Grecia de nuevo independiente se vería afectada a partir de entonces en todos sus niveles de desarrollo, tanto en el plano exterior como en el interno. Situada en una zona permanentemente conflictiva dentro del continente europeo, la Grecia moderna no dejaría en ningún momento de erigirse como disminuida sucesora de los fastos intelectuales que habían definido a su edad dorada. Precaria descendiente de una grandeza pasada, Grecia tendría que admitir que los valores que habían informado a sus sociedades en los momentos de esplendor habían trascendido ampliamente su propio espacio físico, para convertirse en elementos de imprescindible referencia para toda consideración civilizada del hombre y de todo el mundo occidental a partir del momento en que fueron expresados. rólogo
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