Vassili V. Struve
(1889-1965)

HISTORIA DE LA ANTIGUA GRECIA

EL MUNDO EGEO DEL III AL II MILENIO A.C.
  1. La Grecia continental desde el siglo XXV hasta el siglo XVII a. C.
  2. Las islas del mar Egeo en el III y comienzos del II milenio a. C.
  3. Creta desde el siglo XXX hasta el XII a. C.
  4. Troya
  5. Micenas
LAS ANTIGUAS POBLACIONES GRIEGAS EN LA PENINSULA BALCANICA Y EN EL ASIA MENOR
LA GRECIA HOMÉRICA
  1. Vida económica y régimen social de la sociedad homérica
  2. El Régimen Político de la Sociedad Homérica
ESPARTA, CRETA, TESALIA Y BEOCIA EN EL SIGLO IX Y COMIENZOS DEL V a.C.
  1. Esparta
  2. Creta
  3. Tesalia
  4. Beocia
   
LA COLONIZACIÓN GRIEGA EN LOS SIGLOS VIII—VI A.C.
  1. Causas y carácter de la colonización. Siglos VIII—VI a. C.
  2. Las orientaciones básicas de la colonización griega
EL ATICA EN LOS SIGLOS VII Y VI A. C.
  1. La antigua Ática
  2. La legislación de Solón
  3. La tiranía de Pisístrato. Los pisistrátidas
  4. La Legislación de Clístenes
  5. La situación política exterior de Atenas a finales del siglo VI a. C.
EL DESARROLLO ECONÓMICO DE GRECIA EN LOS SIGLOS VII Y VI A.C.
LAS GUERRAS GRECO—PERSAS
  1. Persia en la segunda mitad del siglo VI a. C.
  2. La insurrección jónica y sus consecuencias
  3. La lucha política en los Estados griegos
  4. La primera y segunda campañas de Darío
  5. La campaña de los persas en los años 480—499 a. C
LA ALIANZA NAVAL ATENIENSE
  1. La pentecontecia
  2. Salida de Esparta y de sus aliados de la liga helénica
  3. Formación de la alianza de Delos
  4.Transformación de la Liga de Delos en potencia naval ateniense
CONSOLIDACION DEL REGIMEN DE LA DEMOCRACIA ESCLAVISTA EN ATENAS. PERICLES
  1-El régimen estatal de Atenas
  2.-Características del régimen democrático
LA VIDA ECONOMICA DE GRECIA EN EL PERIODO CLASICO
LA GUERRA DEL PELOPONESO
EL LITORAL MERIDIONAL, OCCIDENTAL Y SEPTENTRIONAL DEL MAR NEGRO EN LOS SIGLOS V-VI A.C.

PPrólogo

Los Antecedentes

La peripecia vital desarrollada por la antigua Grecia presenta unas características no igualadas por ninguna otra civilización a lo largo de la Historia. Todos los elementos que actúan en este proceso parecen haber sido dispuestos para ofrecer un panorama armónico y completo del nacimiento, evolución, auge, decadencia y muerte de la organización de una sociedad dotada de muy específicas señas de identidad.

A partir del asentamiento de pueblos procedentes de centroeuropa y del Medio Oriente, el espacio griego habría de adquirir progresivamente rasgos muy singulares en medio de un ámbito definido, ante todo por la confusión y mezcla de poderes, poblaciones e intereses. La cuenca del Egeo servirá como indispensable plataforma para la aparición, desarrollo y, finalmente, decadencia de esta civilización a lo largo de los diferentes y consecutivos periodos que la conforman.

Este mar sirve como espacio central de asentamiento de los pueblos que de forma sucesiva contribuyen a formar los estratos necesarios para la obtención del resultado final básico: la civilización griega. Este ámbito es ante todo un centro de intercambio de influencias y corrientes de pensamiento, así como correa de transmisión de conocimientos y experiencias adquiridas por civilizaciones precedentes, sobre todo la egipcia y la mesopotámica. Egipto, Babilonia y Fenicia, sobre todo, aportarán a la naciente civilización griega algunos de sus elementos fundamentales, desde aplicaciones prácticas en materia económica hasta referencias de orden sobrenatural o conocimientos científicos.

Está fuera de toda duda la determinante influencia que en la organización primitiva de las poblaciones situadas sobre el territorio de la Grecia clásica tuvo la vecindad egipcia. El país del Nilo, situado en medio de un marco de decadencia que conocía periódicas recuperaciones temporales, actuaría sobre las islas y el espacio continental que se situaban frente a sus costas. Así, Grecia partiría inicialmente de unas bases dotadas de un alto valor, que el Egipto faraónico le prestaba por medio de una expansión poco interesada en la colonización, según la actual idea que tenemos de este concepto.

La Grecia arcaica se vería de esta forma determinada por sus ámbitos geográficos más meridionales, situados en las islas y sobre todo en Creta, que habría de desarrollar una perfeccionada civilización y serviría como punto de partida de la posterior evolución conjunta del territorio griego. En aquellos primeros momentos, es característica la falta de unidad entre las diversas entidades políticas de carácter marcadamente rudimentario que se reparten el suelo del país. A esta primera presión ejercida sobre el espacio griego a partir del sur seguirá la oleada de penetraciones procedentes del noroeste, que conseguirán estabilizar la presencia de nuevas poblaciones y ordenar los fundamentos que harán posible la aparición de unidades políticas que ya configuran el aspecto general de la Grecia propiamente clásica.

Los Hechos

A partir de la acción de estas dos corrientes centrípetas, que tendrían en Atenas su mejor plasmación práctica, debe efectuarse toda observación de la evolución histórica de la Grecia clásica. La Atenas de Pericles centra con toda justicia este prolongado período, y lo hace debido a una serie de motivaciones específicas de las que carecían los demás ordenamientos socioeconómicos existentes hasta entonces. Todos los historiadores están de acuerdo en que la existencia de una Atenas ordenada en función de principios que entonces se manifestaban como verdaderamente revolucionarios sería capaz de transformar a fondo la historia del mundo occidental. El clasicismo griego en todas sus manifestaciones, sociales y políticas, literarias y plásticas, vendría determinado por un interés enfocado hacia la sencillez. Grecia ofrecería al mundo muestras de las posibilidades de aplicación de este practicismo sobre todos los ámbitos de la vida, tanto los de carácter personal como aquellos que trascendían de éste para convertirse en directo reflejo de necesidades de índole comunitaria. La mentalidad burguesa que constituía la base ideológica de Atenas en sus etapas de esplendor determinaría la implantación del pragmatismo en todas sus manifestaciones posibles.

Al lado de esta realidad —que tampoco debe ser elevada a los niveles de mitificación que de forma tradicional han sido utilizados para su consideración— la Grecia antigua ofrece toda una amplia gama de presencias en el orden de la organización social y política. Así, del modélico ejemplo de Estado policial que presentaba Esparta puede pasarse hasta el propuesto por una Macedonia en trance de pasar de ser un reducido espacio marginal hasta convertirse en la primera potencia mundial del momento. Mejor que cualquier manual actual de comportamientos públicos, una aproximación a la gran aventura colectiva que fue el desarrollo y decadencia de la Grecia clásica aporta al lector de hoy informaciones dotadas de una validez y vigencia que incluso pueden alcanzar niveles sorpresivos.

El practicismo que centra toda consideración de la Atenas clásica es la obligada clave de referencia del prolongado periodo tratado en un estudio de la cuestión. Los aspectos intelectuales de la vida eran para los atenienses posibilidades concretas de realización de actos encaminados a la consecución de finalidades de orden práctico. La filosofía y la poesía, la retórica y el teatro eran de esta forma instrumentos de utilización directa, y no meros elementos de distracción ofrecidos a la población. Existen muestras de la escasa tolerancia que en la Atenas de Pericles existía hacia cualquier clase de enseñanza filosófica que no se encontrase encaminada a la aplicación práctica.

El florecimiento de los estudios físicos y matemáticos, de forma paralela con los ya citados de creación puramente intelectual, definiría ya por sí misma el ambiente reinante en el Ática durante su siglo de oro. Con todo, también deben efectuarse las necesarias salvedades ante toda posible mitificación del mismo, que contó con sus ámbitos oscuros y negativos del que el proceso y muerte de Sócrates puede servir, como ejemplo, más ilustrativo. Sin embargo, el contraste ofrecido por la Atenas de Pericles y el resto de las organizaciones estatales del momento no puede resultar más llamativo.

Pero el equilibrio establecido entre este sistema y el de los que lo rodeaban por completo carecía de posibilidades de mantenimiento efectivo. Así, resulta posible acercarse el declive material —demostrado mediante los sucesivos fracasos bélicos— de una Atenas incapaz de enfrentarse con la fuerza de sus oponentes, organizados en primer término hacia un fortalecimiento de tipo material. En primer lugar serian los persas, más tarde Esparta, luego Macedonia y finalmente Roma quienes decidirían el marco vital del espacio griego. Persia y Roma constituían poderes exteriores a esta realidad, pero Macedonia y Esparta formaban parte de aquella Grecia varia en sus expresiones y absolutamente opuesta al espíritu que emanaba de Atenas en multitud de conceptos esenciales.

Las Consecuencias

Si la actuación del fortalecido Imperio romano convirtió a la totalidad del territorio griego en un conjunto de provincias de segundo orden dentro del entramado común mediterráneo, el prestigio de Atenas seguiría manteniéndose a pesar de las adversas circunstancias dominantes. De ello provendría la atención aplicada —en forma muy moderada, es cierto— por algunos gobernantes del Imperio sobre el espacio del que provenían sus principios inspiradores más valiosos. Pero Grecia ya se había convertido de hecho en un espacio deprimido e incapaz de competir con las demás zonas integrantes del conglomerado mundial.

La implantación del cristianismo como religión oficial del Imperio por Constantino en el año 313, o la prohibición de la celebración de los juegos olímpicos por Teodosio en el 394, serían algunos de los hechos más relevantes en el desarrollo histórico de Grecia tras su sumisión a los poderes situados al otro lado del mar Adriático. La partición del Imperio en dos fracciones tampoco habría de aportar a Grecia consecuencias de interés práctico, ya que el traslado de todos los centros de decisión a Bizancio la privaría de toda posibilidad de actuación en defensa y cuidado de los mismos.

La presencia bizantina en Grecia constituiría el elemento determinante de su posterior evolución, ya que la Iglesia griega habría de constituirse en depositaria de los valores y esencias que la fragmentación del cristianismo otorgaría a su mitad oriental de actuación. El año 1054 significaría la fecha clave para la escisión definitiva de estas dos posiciones, y la denominada Iglesia ortodoxa griega se erige como intérprete exclusivo de las creencias oficiales en el Imperio bizantino, que se encuentra sometido a la creciente presión ejercida desde el este por los turcos. Grecia conocería posteriormente episodios definidos por la fundamental movilidad de los hechos acaecidos durante los mismos; de entre éstos resulta preciso mencionar siquiera someramente la prolongada presencia catalana en su territorio, período durante el cual Atenas volvió a alcanzar la consideración —siquiera en el plano teórico— que merecía debido a su esplendoroso pasado. En el año 1456 los turcos ocupan la que fuera centro de civilización universal durante siglos; a partir de entonces una Grecia convertida, de igual forma que bajo la dominación romana, en provincia de segundo orden vegeta bajo el dominio de sus tradicionales enemigos.

La rebelión en contra del ocupante, iniciada en el año 1821, supondría el comienzo de la liberación del país y la recuperación de su soberanía nacional, que es alcanzada ocho años más tarde. La Grecia de nuevo independiente se vería afectada a partir de entonces en todos sus niveles de desarrollo, tanto en el plano exterior como en el interno. Situada en una zona permanentemente conflictiva dentro del continente europeo, la Grecia moderna no dejaría en ningún momento de erigirse como disminuida sucesora de los fastos intelectuales que habían definido a su edad dorada. Precaria descendiente de una grandeza pasada, Grecia tendría que admitir que los valores que habían informado a sus sociedades en los momentos de esplendor habían trascendido ampliamente su propio espacio físico, para convertirse en elementos de imprescindible referencia para toda consideración civilizada del hombre y de todo el mundo occidental a partir del momento en que fueron expresados.

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