César Cantú - Compendio de la Historia universal

Libro III

7. -Los Persas

 

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Más bien que por el orden cronológico, muy mal determinado, nosotros hablamos de los pueblos a medida que se presentan en la escena de la historia más notable. Ya en la hebrea, se habla mucho de los Persas, que habitaban el país de aquende el Cáucaso, entre la Mesopotamia y la India, llamado Irán, en oposición al Turán, que era el país de los Escitas y de los Tártaros. Los poetas Heliodoro y Diodoro, es posible que hablasen de ellos, valiéndose de los registros que de todos los hechos poseían, aunque con diversidad de apreciaciones, y poco conocimiento de aquella civilización. Los hechos más seguros son las guerras entre el Irán y el Turán. Cuéntase de un tal Deyoces, que dictó leyes a los Medos, valientes montañeses del Turán, los cuales habían extendido su imperio hasta el Tigris y el Ali; su hijo Fraorte echó del todo a los Asirios de la Media, y sojuzgó a la Persia: Ciaxares, que le sucedió, fue tributario de los Escitas, pero recobrando luego su independencia, tomó Nínive y destruyó el imperio asirio. Astiages, último rey medo, fue destronado por Ciro, de la estirpe de los Aqueménidas. Otra cosa refiere Diodoro, y aún más diversamente se expresan los historiadores nacionales, entre cuyas obras figura el “Shah-nameh” , o libro de los reyes, debido a Firdusi, y los libros del Dabistán y del Desatir.

Según estos, la primera civilización se debe a Mahabali, probablemente indio; largo tiempo duró la dinastía de los Shamanes, y más tarde reinó la de los Yasauidas, hasta que Kajumarot instituyó la de los Pisdadiamos; rodeadas siempre de fábulas, con héroes que vivían miles de años y combatían con Ahriman, genio del mal.

Muchos sistemas se estudiaron para conciliar esto con los clásicos, pero no eran bastante satisfactorios. Los libros sagrados (Naska) de los Persas, se parecen a los Veda de los Indios, como parecido es el idioma (pelvi), aunque algo más áspero, y conforme a la mitología: todos pertenecían a los Arios, algunos de los cuales se trasladaron al Occidente y fueron los Medos y los Persas. Estos cayeron pronto bajo el dominio de los Asirios, de los Árabes y de los Caldeos, y muy tarde fue cuando sacudieron su yugo por obra de Feridun, héroe mítico, en quien están personificadas las empresas de toda la nación. Sigue aquí una serie de victorias y desastres, hasta Ciro, que juntó las dos estirpes del Irán y del Turán.

Las historias antiguas no dejan de hablar de las grandezas de Babilonia, Ecbatana y Nínive, ni de la sabiduría de los Caldeos, famosos astrónomos, que contaban los años desde Nabonasar.

Más tarde, Nabucodonosor conquista a Nínive, vence al Egipto y destruye a Jerusalén, pero su imperio concluye bajo Baltasar.

 

Creso – 518 

 

Los Pasagardos eran la principal de las diez tribus persas, estacionada en las montañas comprendidas entre la frontera de la Media y el Golfo Pérsico; de ella salió Ciro, nombre envuelto también en fábulas, quien sometió a los Batros, Indios, Cilicios, Sacios, Paflagones, Mariadinos, Griegos del Asia, Chipriotas y Egipcios, además de los Sirios, Asirios, Capadocios, Frigios, Lidios, Carios, Fenicios y Babilonios. De este modo querían tener libre el comercio de Babilonia a Nínive, hasta el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Gran tráfico hacían los Lidios, antiquísimo reino donde había muchas posadas para los extranjeros: en él trabajaban pequeños objetos de lujo, y fue la patria de insignes poetas, entre los cuales sobresalió Homero; por esto se dice que el Pattolo, rodeado de arenas de oro, estaba poblado de cisnes. Pero las costumbres estaban muy corrompidas. El rey Creso conquistó a Éfeso y subyugó el Asia Menor, pero vencido por Ciro en la batalla de Timbrea fue condenado a la hoguera. Estando atado en el suplicio, exclamó. «¡Oh, Solón, Solón!» acordándose del sabio que le había dicho que nadie podía llamarse feliz mientras viviese. Ciro, al tener conocimiento del hecho, tomó en cuenta la lección, y dejó en libertad al prisionero.

 

Ciro 

 

Ciro se encontró amo del Asia Anterior, fundó diez satrapías, la principal de las cuales fue la de Lidia, entre Meandro y el Caistro. Habiendo vencido a Baltasar, rey de Babilonia, dio la libertad a los Israelitas que allí gemían bajo la esclavitud.

Los Medos adoptaron la civilización de los Persas, deprimiendo la casta de los magos. Cambises conquistó a Egipto, que había vuelto a unirse con Psamético, pero que había introducido a Griegos, Jonios, Carios y soldados mercenarios, por lo cual la casta de los guerreros emigró al fondo de Etiopía. Amasis (568 a. de C.-525 a. de C.) fue vencido por Cambises, quien redujo el Egipto a provincia persa, trató de destruir aquella tosca idolatría y derribó edificios que parecían eternos: hizo armas contra los famosos santuarios de Meroc y Amonio, pero su ejército fue sepultado en la arena. Quiso atacar a Cartago, pero los Fenicios la negaron la flota. Los magos persas, disgustados, levantaron a un falso Smerdi; pero este fue vencido, y con él la primera religión del Irán.

 

Darío – 522 

 

Aquí aparece Darío de Histaspes, el más grande de los reyes persas, por sus conquistas y sus disposiciones. Expugnó a Babilonia y atacó a los Escitas (Saci) valiente pueblo que vivía entre el Don y el Danubio; pero en aquellas agrestes montañas no podía tomar los desfiladeros, por lo cual le molestaban incesantemente los indígenas, y tuvo que retirarse. Con mejor suerte acometió a la India, después de cuya campaña, su imperio tenía por confines al Sur el mar de las Indias, el golfo Pérsico y la Península Arábiga; al Norte el mar Negro, el Cáucaso y el Caspio; al Este el Indo y al Oeste el Mediterráneo: fue vituperado por los Griegos, porque atentó contra su independencia. Estableció pesas y medidas, y concluyó el canal del Mediterráneo al Golfo Arábigo.

 

Zoroastro 

 

Las primeras leyes religiosas de los Persas, habían sido dictadas por Hom, simbolizado por la estrella Sirio, y símbolo también de la primera palabra. Los magos, que conservaban esta religión, eran una tribu particular, como los Levitas en Israel, pero no una casta hereditaria, puesto que encontramos que entraron en ella Daniel y Temístocles. Adoraba el fuego y los astros, y fue Zoroastro quien reformó el culto. Este no es una encarnación divina, sino un hombre, a quien reveló Ormus el orden del universo y la senda del bien y del mal, con el Zend-Avesta. Vivió sin hacer sufrir a ningún animal, estuvo en comunicación con los sacerdotes hebreos, caldeos y brahmanes . El Zend-Avesta está escrito parte en zendo y parte en pelvi, pero no presenta un completo sistema de cosmogonía, sino una leyenda. Según ella, Dios es el principio de todo bien: está en la naturaleza, pero es distinto de ella. Eternos como él son el espacio y el tiempo. Pero con él entra en el mundo el genio del mal, Ahriman , y el mundo es todo una lucha entre estos dos principios. 12 mil años dura su conflicto; y Ormus creó 6 potencias llamadas Amaschiaspands, 28 Izedes, jefes del ejército celeste, y tantos Fervares cuantos hombres hay. En la tierra había creado el toro, que contiene los gérmenes de toda la vida orgánica. Ahriman introdujo la muerte por el pecado del primer hombre: las almas de los justos son acogidas entre las bienaventuranzas de los amaschiaspands, y precipitadas las otras en el abismo para expiar sus pecados, pudiendo ser redimidas por los sufragios de los parientes. Las creencias y las fiestas se relacionan con la astronomía, y tienen muchos puntos de contacto con las de los Indios y de los Hebreos; pero su religión, muy sencilla al principio, cayó luego en la idolatría; y adoptaron de los Asirios el culto de Mitra , diosa de la fecundidad, de la vida y del amor.

Encerraba gran moralidad la doctrina de Zoroastro, tendiendo a hacer al hombre semejante a Dios, a la luz pura; a los sátrapas y al rey ofrecía el ejemplo de los tiempos antiguos, en que los hombres vivían en armonía y sin esclavitud, aborrecían la mentira y el acto de contraer deudas, que induce a mentir, respetaban y veneraban a los animales, proscribían el libertinaje y ordenaban la monogamia. Esta religión duró a través de la antigüedad, hasta la conquista de los Mahometanos, y entonces los fieles, antes que renegar de ella, se retiraron a los desiertos del Kermán y del Indostán, conservando su código y el fuego inmortal, por lo cual también hoy los Guebros viven tranquilos, saludando con exclamaciones y abrazos la salida del sol.

Jenofonte, describiendo la vida de Ciro, quiso más bien exhibir la verdad que tomarlo como modelo, así es que pintó a los Persas como tipos de virtud; de todos modos, no podía referirse más que a la tribu noble de los Pasagardos. Se dividían en cuatro clases: sacerdotes, guerreros, agricultores e industriales. De ellos proceden las sombrillas, las literas, los sofás y otros muebles; hoy, como en los tiempos de Darío, se tiñen las cejas, comen al son de músicas y cantos de bayaderas, son aficionados a las flores y a los jardines, y prodigan los títulos más fastuosos a los reyes. Pasagarda fue la capital de los sucesores de Ciro, pero los cortesanos se trasladaban, según la estación, a Ecbatana, a Babilonia y a Susa.

Según costumbre oriental, los soberanos eran dueños de vidas y haciendas. En la Biblia vemos que se castigaba con la muerte a toda persona que, sin ser llamada, se presentase en el serrallo de Asuero. Grandes jardines rodeaban el palacio real, en memoria de la vida nómada; principal diversión era la caza, y en las provincias recogíase lo más exquisito para abastecer la mesa real, como también las jóvenes más bellas para el harem. Las intrigas del harén nos son reveladas por el libro de Ester. Los sátrapas, o gobernadores, vigilaban para la buena administración de las provincias, las que se hallaban en comunicación por medio de los correos: exigían contribuciones en géneros o en barras de oro para el sostenimiento de la corte y de los ejércitos; pedían un caballo cada día a los Cilicios, cien mil cabritos y cuatro mil caballos anuales a la Media; 20 mil potros a la Armenia; la Babilonia debía mantener ochocientos caballos de remonta y seis mil yeguas; y el Egipto tenía que proporcionar los granos. Dice Heródoto que de provincias afluían 14560 talentos euboicos, y como esta suma no llegaba a 90 millones de pesetas, puede ser que se refiera al adelanto líquido, después de los gastos. Contribuían a las rentas del rey la pesca, el riego y los dones.

Los jueces eran viejos y de la clase sacerdotal; las penas que imponían eran muy crueles, y castigaban severamente la ingratitud. El imperio estaba dividido en distritos militares, y la caballería era objeto de especial cuidado. En las guerras nacionales, el pueblo en masa estaba obligado a levantarse en armas. En el mar se servían de las flotas fenicias.

La lengua persa tiene las mismas raíces que la indogermánica; el zendo, en que están escritos los libros sagrados, es la lengua intermedia entre la india y la germánica. Usaban la escritura cuneiforme, es decir, figurando colas de golondrina, con alfabeto parecido al caldeo. Es posible que los sacerdotes hablasen el zendo, y la demás gente el pelvo, y más tarde el persa, inmortalizado en el poema de Firdusi. Cítase a Locman, que vivió por los años 1000, y fue autor de fábulas. Al contrario de los Indios, que adoraban en efigie a las divinidades, representaban a hombres en actitudes tranquilas y venerables. La Gran Media conserva inmensos edificios anteriores a Ciro; y en el Fardistán, hay aún los más auténticos debidos a la estirpe de los Aqueménidas, como las ruinas de Persépolis. Últimamente fueron descubiertos los restos de Nínive (Korsabad), con inscripciones cuneiformes, que, alineadas, harían muchos miles de miles de metros, y que nos revelan hechos desconocidos, confirmándonos los indicados en la Biblia.