7.
-Los Persas
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Más bien que por el orden cronológico, muy mal determinado,
nosotros hablamos de los pueblos a medida que se presentan
en la escena de la historia más notable. Ya en la hebrea,
se habla mucho de los Persas, que habitaban el país de aquende
el Cáucaso, entre la Mesopotamia y la India, llamado Irán,
en oposición al Turán, que era el país de los Escitas y
de los Tártaros. Los poetas Heliodoro y Diodoro, es posible
que hablasen de ellos, valiéndose de los registros que de
todos los hechos poseían, aunque con diversidad de apreciaciones,
y poco conocimiento de aquella civilización. Los hechos
más seguros son las guerras entre el Irán y el Turán. Cuéntase
de un tal Deyoces, que dictó leyes a los Medos, valientes
montañeses del Turán, los cuales habían extendido su imperio
hasta el Tigris y el Ali; su hijo Fraorte echó del todo
a los Asirios de la Media, y sojuzgó a la Persia: Ciaxares,
que le sucedió, fue tributario de los Escitas, pero recobrando
luego su independencia, tomó Nínive y destruyó el imperio
asirio. Astiages, último rey medo, fue destronado por Ciro,
de la estirpe de los Aqueménidas. Otra cosa refiere Diodoro,
y aún más diversamente se expresan los historiadores nacionales,
entre cuyas obras figura el “Shah-nameh” , o libro
de los reyes, debido a Firdusi, y los libros del Dabistán
y del Desatir.
Según estos, la primera civilización se debe a Mahabali,
probablemente indio; largo tiempo duró la dinastía de los
Shamanes, y más tarde reinó la de los Yasauidas, hasta que
Kajumarot instituyó la de los Pisdadiamos; rodeadas siempre
de fábulas, con héroes que vivían miles de años y combatían
con Ahriman, genio del mal.
Muchos sistemas se estudiaron para conciliar esto con los
clásicos, pero no eran bastante satisfactorios. Los libros
sagrados (Naska) de los Persas, se parecen a los Veda de
los Indios, como parecido es el idioma (pelvi), aunque algo
más áspero, y conforme a la mitología: todos pertenecían
a los Arios, algunos de los cuales se trasladaron al Occidente
y fueron los Medos y los Persas. Estos cayeron pronto bajo
el dominio de los Asirios, de los Árabes y de los Caldeos,
y muy tarde fue cuando sacudieron su yugo por obra de Feridun,
héroe mítico, en quien están personificadas las empresas
de toda la nación. Sigue aquí una serie de victorias y desastres,
hasta Ciro, que juntó las dos estirpes del Irán y del Turán.
Las
historias antiguas no dejan de hablar de las grandezas de
Babilonia, Ecbatana y Nínive, ni de la sabiduría de los
Caldeos, famosos astrónomos, que contaban los años desde
Nabonasar.
Más
tarde, Nabucodonosor conquista a Nínive, vence al Egipto
y destruye a Jerusalén, pero su imperio concluye bajo Baltasar.
Creso – 518
Los Pasagardos eran la principal de las diez tribus persas,
estacionada en las montañas comprendidas entre la frontera
de la Media y el Golfo Pérsico; de ella salió Ciro, nombre
envuelto también en fábulas, quien sometió a los Batros,
Indios, Cilicios, Sacios, Paflagones, Mariadinos, Griegos
del Asia, Chipriotas y Egipcios, además de los Sirios, Asirios,
Capadocios, Frigios, Lidios, Carios, Fenicios y Babilonios.
De este modo querían tener libre el comercio de Babilonia
a Nínive, hasta el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Gran
tráfico hacían los Lidios, antiquísimo reino donde había
muchas posadas para los extranjeros: en él trabajaban pequeños
objetos de lujo, y fue la patria de insignes poetas, entre
los cuales sobresalió Homero; por esto se dice que el Pattolo,
rodeado de arenas de oro, estaba poblado de cisnes. Pero
las costumbres estaban muy corrompidas. El rey Creso conquistó
a Éfeso y subyugó el Asia Menor, pero vencido por Ciro en
la batalla de Timbrea fue condenado a la hoguera. Estando
atado en el suplicio, exclamó. «¡Oh, Solón, Solón!» acordándose
del sabio que le había dicho que nadie podía llamarse feliz
mientras viviese. Ciro, al tener conocimiento del hecho,
tomó en cuenta la lección, y dejó en libertad al prisionero.
Ciro
Ciro se encontró amo del Asia Anterior, fundó diez satrapías,
la principal de las cuales fue la de Lidia, entre Meandro
y el Caistro. Habiendo vencido a Baltasar, rey de Babilonia,
dio la libertad a los Israelitas que allí gemían bajo la
esclavitud.
Los Medos adoptaron la civilización de los Persas, deprimiendo
la casta de los magos. Cambises conquistó a Egipto, que
había vuelto a unirse con Psamético, pero que había introducido
a Griegos, Jonios, Carios y soldados mercenarios, por lo
cual la casta de los guerreros emigró al fondo de Etiopía.
Amasis (568 a. de C.-525 a. de C.) fue vencido por Cambises,
quien redujo el Egipto a provincia persa, trató de destruir
aquella tosca idolatría y derribó edificios que parecían
eternos: hizo armas contra los famosos santuarios de Meroc
y Amonio, pero su ejército fue sepultado en la arena. Quiso
atacar a Cartago, pero los Fenicios la negaron la flota.
Los magos persas, disgustados, levantaron a un falso Smerdi;
pero este fue vencido, y con él la primera religión del
Irán.
Darío
– 522
Aquí aparece Darío de Histaspes, el más grande de los reyes
persas, por sus conquistas y sus disposiciones. Expugnó
a Babilonia y atacó a los Escitas (Saci) valiente pueblo
que vivía entre el Don y el Danubio; pero en aquellas agrestes
montañas no podía tomar los desfiladeros, por lo cual le
molestaban incesantemente los indígenas, y tuvo que retirarse.
Con mejor suerte acometió a la India, después de cuya campaña,
su imperio tenía por confines al Sur el mar de las Indias,
el golfo Pérsico y la Península Arábiga; al Norte el mar
Negro, el Cáucaso y el Caspio; al Este el Indo y al Oeste
el Mediterráneo: fue vituperado por los Griegos, porque
atentó contra su independencia. Estableció pesas y medidas,
y concluyó el canal del Mediterráneo al Golfo Arábigo.
Zoroastro
Las primeras leyes religiosas de los Persas, habían sido
dictadas por Hom, simbolizado por la estrella Sirio, y símbolo
también de la primera palabra. Los magos, que conservaban
esta religión, eran una tribu particular, como los Levitas
en Israel, pero no una casta hereditaria, puesto que encontramos
que entraron en ella Daniel y Temístocles. Adoraba el fuego
y los astros, y fue Zoroastro quien reformó el culto. Este
no es una encarnación divina, sino un hombre, a quien reveló
Ormus el orden del universo y la senda del bien y del mal,
con el Zend-Avesta. Vivió sin hacer sufrir a ningún animal,
estuvo en comunicación con los sacerdotes hebreos, caldeos
y brahmanes . El Zend-Avesta está escrito parte en
zendo y parte en pelvi, pero no presenta un completo sistema
de cosmogonía, sino una leyenda. Según ella, Dios es el
principio de todo bien: está en la naturaleza, pero es distinto
de ella. Eternos como él son el espacio y el tiempo. Pero
con él entra en el mundo el genio del mal, Ahriman ,
y el mundo es todo una lucha entre estos dos principios.
12 mil años dura su conflicto; y Ormus creó 6 potencias
llamadas Amaschiaspands, 28 Izedes, jefes del ejército celeste,
y tantos Fervares cuantos hombres hay. En la tierra había
creado el toro, que contiene los gérmenes de toda la vida
orgánica. Ahriman introdujo la muerte por el pecado del
primer hombre: las almas de los justos son acogidas entre
las bienaventuranzas de los amaschiaspands, y precipitadas
las otras en el abismo para expiar sus pecados, pudiendo
ser redimidas por los sufragios de los parientes. Las creencias
y las fiestas se relacionan con la astronomía, y tienen
muchos puntos de contacto con las de los Indios y de los
Hebreos; pero su religión, muy sencilla al principio, cayó
luego en la idolatría; y adoptaron de los Asirios el culto
de Mitra , diosa de la fecundidad, de la vida y del
amor.
Encerraba
gran moralidad la doctrina de Zoroastro, tendiendo a hacer
al hombre semejante a Dios, a la luz pura; a los sátrapas
y al rey ofrecía el ejemplo de los tiempos antiguos, en
que los hombres vivían en armonía y sin esclavitud, aborrecían
la mentira y el acto de contraer deudas, que induce a mentir,
respetaban y veneraban a los animales, proscribían el libertinaje
y ordenaban la monogamia. Esta religión duró a través de
la antigüedad, hasta la conquista de los Mahometanos, y
entonces los fieles, antes que renegar de ella, se retiraron
a los desiertos del Kermán y del Indostán, conservando su
código y el fuego inmortal, por lo cual también hoy los
Guebros viven tranquilos, saludando con exclamaciones y
abrazos la salida del sol.
Jenofonte, describiendo la vida de Ciro, quiso más bien
exhibir la verdad que tomarlo como modelo, así es que pintó
a los Persas como tipos de virtud; de todos modos, no podía
referirse más que a la tribu noble de los Pasagardos. Se
dividían en cuatro clases: sacerdotes, guerreros, agricultores
e industriales. De ellos proceden las sombrillas, las literas,
los sofás y otros muebles; hoy, como en los tiempos de Darío,
se tiñen las cejas, comen al son de músicas y cantos de
bayaderas, son aficionados a las flores y a los jardines,
y prodigan los títulos más fastuosos a los reyes. Pasagarda
fue la capital de los sucesores de Ciro, pero los cortesanos
se trasladaban, según la estación, a Ecbatana, a Babilonia
y a Susa.
Según costumbre oriental, los soberanos eran dueños de vidas
y haciendas. En la Biblia vemos que se castigaba con la
muerte a toda persona que, sin ser llamada, se presentase
en el serrallo de Asuero. Grandes jardines rodeaban el palacio
real, en memoria de la vida nómada; principal diversión
era la caza, y en las provincias recogíase lo más exquisito
para abastecer la mesa real, como también las jóvenes más
bellas para el harem. Las intrigas del harén nos son reveladas
por el libro de Ester. Los sátrapas, o gobernadores, vigilaban
para la buena administración de las provincias, las que
se hallaban en comunicación por medio de los correos: exigían
contribuciones en géneros o en barras de oro para el sostenimiento
de la corte y de los ejércitos; pedían un caballo cada día
a los Cilicios, cien mil cabritos y cuatro mil caballos
anuales a la Media; 20 mil potros a la Armenia; la Babilonia
debía mantener ochocientos caballos de remonta y seis mil
yeguas; y el Egipto tenía que proporcionar los granos. Dice
Heródoto que de provincias afluían 14560 talentos euboicos,
y como esta suma no llegaba a 90 millones de pesetas, puede
ser que se refiera al adelanto líquido, después de los gastos.
Contribuían a las rentas del rey la pesca, el riego y los
dones.
Los jueces eran viejos y de la clase sacerdotal; las penas
que imponían eran muy crueles, y castigaban severamente
la ingratitud. El imperio estaba dividido en distritos militares,
y la caballería era objeto de especial cuidado. En las guerras
nacionales, el pueblo en masa estaba obligado a levantarse
en armas. En el mar se servían de las flotas fenicias.
La lengua persa tiene las mismas raíces que la indogermánica;
el zendo, en que están escritos los libros sagrados, es
la lengua intermedia entre la india y la germánica. Usaban
la escritura cuneiforme, es decir, figurando colas de golondrina,
con alfabeto parecido al caldeo. Es posible que los sacerdotes
hablasen el zendo, y la demás gente el pelvo, y más tarde
el persa, inmortalizado en el poema de Firdusi. Cítase a
Locman, que vivió por los años 1000, y fue autor de fábulas.
Al contrario de los Indios, que adoraban en efigie a las
divinidades, representaban a hombres en actitudes tranquilas
y venerables. La Gran Media conserva inmensos edificios
anteriores a Ciro; y en el Fardistán, hay aún los más auténticos
debidos a la estirpe de los Aqueménidas, como las ruinas
de Persépolis. Últimamente fueron descubiertos los restos
de Nínive (Korsabad), con inscripciones cuneiformes, que,
alineadas, harían muchos miles de miles de metros, y que
nos revelan hechos desconocidos, confirmándonos los indicados
en la Biblia. |