César Cantú - Compendio de la Historia universal

Apéndice

La Historia Universal de César Cantú termina en 1844. En ediciones sucesivas, el autor se ocupó de los sucesos más recientes; el cuadro en que describe los progresos de la humanidad entera, concluye en vísperas de los grandes acontecimientos que habían de transformar el mundo político, económico y moral; de modo que aquella obra será elocuente testimonio del estado de la civilización en la edad moderna, en el momento de entrar en la contemporánea. En el presente Compendio, destinado a la juventud, creemos útil añadir una rápida noticia de los hechos posteriores, siguiendo exactamente el mismo método y aun el mismo espíritu de la obra de Cantú, con lo cual respetamos hasta el fin las ideas de este eminente autor, que difieren de las nuestras en muchas ocasiones. (J. B. E.)

De los últimos acontecimientos

1846 

La elección de Pío IX pareció iniciar un fausto movimiento después do la calma de treinta y tres años. El entusiasmo inexplicable con que fue aclamado por todo el mundo, expresaba las desmedidas esperanzas de mejoras, doquiera acariciadas, y nutridas por el incremento de la industria, de los estudios, de las comodidades, de la cultura, de la filantropía y del espíritu de igualdad. Los pueblos conmovidos reclamaban la libertad en nombre de la religión, y acariciaba le mente de todos la idea de adquirir la plenitud de los derechos, sin efusión de sangre. Mas pronto el céfiro se convirtió on huracán. Las aspiraciones se dirigían principalmente a la nacionalidad, cuya voz hicieron resonar de pronto los Polacos y los Croatas. La Galitzia convirtiola después en furor comunista, degollando a los ricos; el Austria tuvo para este pueblo una sangrienta represión, que aumentó el odio contra ella. Los Croatas, guiados por el poeta y guerrero Jellacie, querían que los Húngaros cesasen de ser sus tiranos, por cuyo motivo favorecían al Austria, deseosos de someter a los Magiares mismos a la uniformidad administrativa.

1848 febrero 

En Italia, se repetían las explosiones del odio nacional contra el Austria, de la cual esperaba emanciparse obteniendo de los príncipes las franquicias a que no se resignaba ésta. En efecto, los príncipes tuvieron de pronto que conceder reformas, y prometer después la Constitución. Créese que el impulso fue dado por los Franceses, que languidecían al cabo de los diez y ocho años del tranquilo reinado de Luis Felipe y del largo ministerio Guizot. Después de haber atentado varias veces contra la vida del rey, y clamado contra los Jesuitas, los Franceses pidieron reformas en el sistema electoral, celebraron ruidosos banquetes, y por último se sublevaron en París. Huyó Luis Felipe y se proclamó la república.

Esta cayó en manos de personas exageradas, que proclamaban doctrinas comunistas. Sentado el principio de que todos tenían derecho al trabajo, tuvo que proporcionarlo el Gobierno, abriendo talleres donde laboriosos y holgazanes eran igualmente retribuidos. Estos talleres fueron nidos de facciosos y focos de incesantes tumultos. Hasta en provincias cada cual se veía obligado a proveerse de armas para la defensa de sus intereses.

1848 marzo 

Este acontecimiento alteró el desarrollo de las revoluciones en todo el resto de Europa. El Austria se veía agitada, porque los mismos Bohemios pedían la igualdad de todas las razas eslavas y de todos los credos religiosos. En Croacia, las estirpes supeditadas querían usar su propia lengua y tener magistrados propios. Los Húngaros, guiados por Kossut, querían tener sujetos a estos Croatas, al paso que pedían la independencia para sí. Para calmar estos desórdenes, convocó el Austria los estados en Viena; mas los estudiantes se insurreccionaron, formando barricadas; obligaron al emperador Fernando a prometer una asamblea constituyente, y mientras tanto exigieron una guardia nacional y libertad de imprenta en todo el imperio.

¿Debían los Lombardo-Venecianos aprovecharse de aquellas circunstancias para alcanzar la libertad? Esto aconsejaban unos, mientras que otros consideraron la ocasión oportuna para conquistar la independencia. Subleváronse (las cinco jornadas) y arrojaron de cada ciudad a las guarniciones austriacas, las cuales se retiraron al cuadrilátero formado por las fortalezas de Peschiera, Mantua, Verona y Legnago .

Se dio entonces principio a la Cruzada, sostenida por fuerzas procedentes de toda Italia; pero los Austriacos recuperaron el territorio veneciano, la Lombardía y los ducados de Toscana.

1849 

El rey de Sicilia había reprimido la revolución en Nápoles. El Papa, idolatrado al principio y vilipendiado después, tuvo que huir de Roma, donde los Mazzinianos proclamaron la república. Pero la Francia repuso al Papa con sus fuerzas. Venecia resistió largo tiempo, mas tuvo que capitular al fin.

1849 

La llama no estaba extinguida; el gobierno militar fue necesario en todas partes para contener la oposición a los príncipes restablecidos. Contra los Austriacos se sublevaron la Bohemia y la misma capital. En los demás Estados europeos se había sentido la sacudida, ya con violentas sublevaciones como en los principados de Alemania, ya con la petición de reformas como en Bélgica y en Holanda. En Alemania se reconstituyó el imperio, con el archiduque D. Juan de Austria a la cabeza. Fue disuelta la asamblea de Francfort y quedó el país más dividido que antes. El Austria recuperó a costa de mucha sangre su capital, la Bohemia y la Hungría, luego el Lombardo-Véneto, y reconstituyó la monarquía. El nuevo emperador Francisco José dio una Constitución, que nunca pudo aplicarse, dada la diversidad de razas, leyes, historia y costumbres. La Hungría vio atacados sus derechos históricos, por cuyo motivo proclamó la independencia y la república. El Austria tuvo que acudir a la Rusia, que ayudó a someterla. Pero se había realizado la emancipación de los campesinos en vez de los señores, y se había proclamado la igualdad de títulos de propiedad y la abolición de la servidumbre.

1851 - 10 de diciembre – 1852 - 2 de diciembre 

La Francia había tenido buenos jefes, como Lamartine y Cavaignac, pero siempre prevalecía el tumulto popular o la charla de los periódicos y de la Asamblea. En ésta se había introducido Luis Napoleón, hijo del ex-rey de Holanda, y supo hacerse declarar presidente de la misma, por 6048872 votos. De pronto, mandó prender en una noche a todos los prohombres de los partidos liberales, y se hizo proclamar emperador. Declaró concluido el reino de los sofistas parlamentarios y subrogada la autoridad al libre examen. La Europa lo aceptó como presagio de represión y de paz. Bajo Napoleón III adquirió la Francia una portentosa prosperidad material, siendo enérgicamente reprimidos los excesos de las masas y de la imprenta. Había proclamado que el imperio era la paz, y sin embargo, después de 33 años de paz europea, fue el espíritu de las conquistas, de los ensanchamientos y de las subversiones. Se proponía aniquilar los tratados de 1815, y habiendo adquirido preponderancia en los consejos europeos, se entrometía en todas las cuestiones políticas interiores y exteriores, sin saber resolver ninguna.

1855 - 8 de setiembre 

Con el pretexto de que la Rusia sola quería proteger la Tierra Santa y sobrepujaba a la Turquía, Napoleón movió contra aquella a los monarcas para sostener la integridad de la Puerta otomana. La Crimea fue el campo de batalla. Ingleses, Franceses y Sardos desplegaron los medios más mortíferos, hasta expugnar a Sebastopol. Perdiéronse 245000 hombres y 7000 millones en treinta y cinco meses, y se formó una paz que de ningún provecho era para los vencedores; imponía al vencido el no salir del mar Negro, y se declaraba libre el Danubio.

1849 marzo - 1856 marzo 

Escocía a Napoleón que el Austria no le hubiese secundado, y pensó trastornarla en Italia. El Piamonte había intentado una reconquista, pero derrotado en Novara, Carlos Alberto abdicó, y Víctor Manuel, que le sucedió en el trono, concluyó con el Austria la paz de Milán. Él conservó la Constitución que los demás países quebrantaron. En el Piamonte se habían refugiado los prófugos, dándole inusitada vida y prosperidad, y consejos perjudiciales a los dominadores de sus respectivos países. Lograron que se enviase un ejército a Crimea, con lo cual consiguieron que un representante del Piamonte tuviese su puesto con los de las grandes potencias en el congreso de París. El emperador permitió que se hablase allí de los males de Italia, y principalmente del detestable gobierno de los Estados pontificios.

Esto fue en seguida motivo de discusiones en toda Europa, sobre todo en la prensa; se pintó con sombríos colores la situación de Italia; se invocó la intervención extranjera; se excitó a los Lombardos contra el Austria; hubo conatos de insurrecciones; se abrieron suscriciones para armar a los insurrectos; a tal extremo se llevaron las provocaciones, que el Austria intimó al Piamonte que disminuyera sus armamentos y que no volviese a promover las deserciones de soldados; si no, guerra.

1859 junio 

Semejante anuncio regocijó a los jefes, que estaban en inteligencia con Napoleón. Este atacó con 200 mil hombres, y después de las victorias de Magenta y Solferino, ofreció la paz al Austria, que le cedió la Lombardía hasta el Mincio, cuyo territorio entregó Napoleón al rey del Piamonte.

La guerra había sacudido toda la Italia. Los ducados de Parma y Placencia y de Módena pidieron ser agregados al Piamonte; y lo mismo hicieron las Legaciones pontificia y la Toscana. El armisticio de Villafranca y la paz de Zúrich parecían reconocer los derechos de los príncipes antiguos y sobre todo los del Papa; pero se redujo la cuestión a invocar el sufragio universal, mediante el cual todos aquellos países fueron anexados al Piamonte. Las tropas sardas invadieron las Marcas y la Umbría, y al Papa no le quedó más que el Patrimonio de San Pedro. La Francia quiso, en cambio, la Saboya y Niza. A vuelta de algunas protestas, todos los gobiernos acabaron por reconocer los hechos consumados.

1860 mayo - 1861 marzo 

Los cuerpos francos de Garibaldi invadieron la Sicilia, y habiéndola tomado, ocuparon a Nápoles. El rey Francisco II tenía buen ejército y podía resistir, a pesar de las traiciones; pero se le echó encima el ejército sardo y lo asedió en Gaeta, donde después de larga resistencia tuvo que rendirse. Entonces las Dos Sicilias fueron también agregadas al Piamonte, cuyo rey tomó el título de rey de Italia. Para completar la unidad, solo faltaban la Venecia y el Patrimonio de San Pedro.

La Francia indujo al nuevo reino a una Convención, en virtud de la cual la capital se trasladaba de Turín a Florencia, y se adquiría el compromiso de no aspirar a Roma sino por medios morales.

En Alemania se había difundido el deseo de la unidad, aunque solo subsistían 38 Estados de los 350 de antes. Entre ellos crecía la Rusia, creada por las armas, y que sin embargo aumentó más en la paz que en la guerra, y mejoró su forma con la agregación de varios países. Además, agrupó los intereses comerciales de la Alemania con la ley aduanera, los religiosos y los intelectuales con su Iglesia y sus Universidades. La unidad parecía indispensable para resistir a la Rusia y a la Francia, codiciosas, la una del Oder y la otra del Rin. Temíase sobre todo que Dinamarca fuese absorbida por el coloso ruso por herencia, con lo cual se hubiese hecho dueña del Sund al Norte y de los Dardanelos al Sur. Habiéndose sublevado los ducados de Schleswig y Holstein, la dieta germánica encargó a la Prusia que fuera a sostenerlos, y el rey de Dinamarca tuvo que renunciar a ellos en favor del Austria y Prusia. Estas se disputaron el predominio, y la Prusia lo conquistó al fin para sí. De este modo tuvo excelentes puertos en el mar del Norte.

1866 

Tal engrandecimiento no podía ser tolerado por el Austria. El nuevo rey de Prusia propuso una nueva forma para el imperio germánico, concluyendo la Confederación. La Prusia se agregó el Hannover, el Hesse Electoral , el ducado de Nassau y el Lauenburgo. Formose luego una Confederación del Norte, con exclusión del Austria.

Esta se opuso a ella, naturalmente, y las dos rivales se armaron de una manera formidable. Pero la Prusia, que durante cuarenta años de paz se había provisto de dinero, de armas y de oficiales, rompió las hostilidades, invadió el Hesse, la Sajonia y el Hannover, y el ejercito austríaco fue desastrosamente derrotado en la batalla de Sadowa. La Prusia estaba de acuerdo con Italia, la cual amenazó a la Venecia; de modo que parte del ejército austriaco, que hubiera podido aminorar o evitar el desastre, tuvo que permanecer en la defensiva. Por último la Venecia fue agregada al reino.

La batalla de Sadowa destruyó el equilibrio europeo; la Prusia absorbió a muchos de los Estados alemanes que habían sido partidarios del Austria, y reconstituyó por fin el imperio germánico, poniendo a su rey en el solio imperial. En el tratado de Praga, el Austria abandonó sus pretensiones sobre el Schleswig, y dejó de formar parte de la Germania, lo mismo que el rey de los Países bajos. Baviera, Würtemberg, Baden y Hesse quedaron aislados.

1870 - 8 de mayo 

La Francia parecía haber llegado al colmo de la prosperidad y la riqueza, a pesar de sus 8000 millones de deuda y su presupuesto de gastos de 2060 millones; los partidos liberales eran reprimidos, mas no extirpados; bullían las sociedades secretas; se pedía que el emperador coronase el edificio, es decir que restituyese las libertades que había quitado so pretexto de orden. Viose obligado a condescender en parte, mas quiso que la Francia aprobase sus actos con un nuevo plebiscito. La aprobación fue inmensa, y el imperio pareció consolidado precisamente en vísperas de su hundimiento.

4 de setiembre - 1873 setiembre 

El emperador, de inciertas miras y falto de resolución, comprendió demasiado tarde que la Francia se hallaba amenazada por el engrandecimiento de la Prusia. Preparóse para la guerra, con la esperanza de conquistar la línea del Rin y dictar la paz en la capital de Prusia. Declaró la guerra, en efecto, pero la Prusia invadió la Francia, destruyó al ejército francés en la batalla de Sedán, e hizo prisionero al emperador. Estrasburgo fue bombardeado; Metz se rindió con 150 mil hombres. Proclamóse entonces la República en Francia; los comunalistas encendieron la guerra civil; París fue sitiado y tomado por los Prusianos. Impuesta la paz, la Francia tuvo que ceder al enemigo la Alsacia y la Lorena y una indemnización de cinco mil millones de francos, que pagó en pocos meses, librándose de la ocupación extranjera.

A pesar de tan grave desastre, que le costó once o doce mil millones; a pesar de haber perdido las Antillas, el Canadá, la Luisiana y cuanto poseía en la India, y por último las provincias rinianas y las fortalezas con que Luis XIV había protegido la frontera; a pesar de hallarse al lado de dos Potencias robustas y de haber aumentado en 600 millones sus impuestos, la Francia cambia el oro a la par, mantiene elevada su renta y fácil el servicio de la deuda pública, aumentada en 8 millones, lo cual demuestra una gran actividad y un crédito extraordinario. Por otra parte, conserva una gran fuerza moral; es universal su literatura, que propaga las ideas modernas; su espíritu generoso obedece más al sentimiento que al cálculo; admiró al mundo entero con su maravillosa Exposición de 1876, y servirá de ejemplo tanto si conserva la República como si restaura la monarquía.

1870 - 20 de setiembre 

La Italia aprovechó esta otra ocasión, y en tanto que la Francia no se hallaba en situación de exigirle que observase el convenio del 63, ocupó a Roma, destruyendo el poder temporal del Papa. Partiendo de estos dos hechos se desarrollarán los acontecimientos futuros.

El rey Guillermo de Prusia fue proclamado emperador de Alemania, y el sacro romano imperio fue a manos de un protestante. El día 14 de Noviembre de 1868 se cambió el nombre de imperio de Austria por el de austro-húngaro, y cuesta gran trabajo conciliar las diferentes naciones de que se compone. Libre, afortunadamente, de las provincias italianas, se ve todavía amenazado en el Trentino y en el Triestino; y la Bohemia quiere ser autónoma como la Hungría. Esta última, en la dieta de 1873, igualó a los Croatas con los Magiares, de que antes eran siervos.

Los Estados Unidos de América han aumentado hasta cincuenta y dos, con una población de más de veintitrés millones, fabulosa prosperidad y portentosos progresos. Basta indicar la ciudad de Chicago, cuasi improvisada, la California, poblada ya, el ferro-carril del Atlántico al Pacífico, desde Nueva York hasta San Francisco en un trayecto de 6000 kilómetros. El telégrafo eléctrico mantiene en continua correspondencia aquellos dos puntos entre sí, y con el continente europeo a través del Atlántico.

Según declaración de Monroe, la América es de los Americanos y no de los colonos. Así los Americanos amenazan continuamente a Cuba y otros países centrales, y se envalentonan con Inglaterra, que les tolera muchas cosas por evitar una guerra.

En la cuestión de los esclavos, los Norteamericanos se hallan desunidos; los Demócratas se niegan rotundamente a redimirlos, como quisieran los Republicanos, so pretexto de que con ello cesaría el cultivo del algodón y de los productos coloniales. La disensión estalló en una guerra de las más terribles, donde toda la fuerza y el genio de la civilización se aplicaron a la destrucción recíproca. Allí se vieron buques acorazados, arietes marinos que los perforaban y torpedos que los hacían volar. Los Federados armaron 437 buques de 840086 toneladas, con 8026 cañones. Se gastaron 2250 millones de dólares e innumerables vidas. Los Estados del Sur, que se habían sublevado, quedaron vencidos y agregados de nuevo. El 14 de abril de 1865 fue asesinado el presidente Lincoln, que había dirigido de un modo estupendo aquella horrorosa guerra.

Toda Europa había sufrido por la falta del rey algodón, que es el alimento de las manufacturas. Este se cultiva en los Estados Unidos en una extensión de 450000 millas cuadradas, y da ocupación a 800000 toneladas de buques nacionales y 140000 de extranjeros, con 40000 hombres de mar.

En los Estados Unidos se cuentan hoy 33 millones y medio de blancos, 5 millones de negros, 25000 indios y 100000 chinos y japoneses,

La América meridional experimenta las sacudidas propias de un terreno volcánico. Méjico y el Perú han sacudido el yugo de España, y el Brasil se ha trocado en un floreciente imperio. Las colonias españolas no han sabido evitar los trastornos de la revolución, y en las ciudades aparecen las ruinas de la antigua prosperidad. La Francia, enemistada con Méjico, le impuso por emperador a Maximiliano de Austria, que no tardó en ser fusilado. Las incesantes guerras entre Estado y Estado, impiden la prosperidad que les darían un suelo fértil, abundantes minas y frecuentes inmigraciones. Se concluye el ferro-carril a través de los Andes, y están en proyecto la apertura del istmo de Panamá y la navegación del Misisipí.

La España se vio agitada por los partidos nacionales y por la ingerencia extranjera. Expulsada Isabel II, el elemento militar que había hecho la revolución no supo constituir en seguida un gobierno firme; anduvo mendigando un rey por toda Europa, y por fin halló uno en la casa de Saboya. Pero Amadeo se vio pronto obligado a abandonar el trono, y se proclamó la República. Mal podía ésta afianzarse teniendo en contra los excesos de los Cantonales, la insurrección de Cuba, la guerra carlista y el desacuerdo y la confusión en el seno mismo del partido republicano. El pronunciamiento de Sagunto, en 1874, puso al joven Alfonso XII en el trono. Los Estados Unidos siguen codiciando la isla de Cuba, el más rico florón de la corona de España. En el sitio más oportuno para el gran comercio, conserva las Filipinas, pero su escasa marina no basta a protegerlas de la codicia inglesa y los piratas filipinos. No se ha extinguido el deseo de rescatar a Gibraltar, aunque sea cediendo a los Ingleses las fortalezas africanas. No falta quien aspira a la unión ibérica.

Después de la guerra de Crimea, la Rusia permaneció aislada, construyendo ferro-carriles, y preparando, además de un buen ejército, una nueva flota con que burlarse de las restricciones que le fueron impuestas por la paz de París; aspira a ejercer cierto dominio sobre la Europa y el Imperio turco, y amenaza a las posesiones inglesas de la India. Alejandro II realizó el grande acto de la emancipación de los siervos, y varias mejoras, interrumpidas por una nueva sublevación de la Polonia, que reclamaba la independencia; mas fue de nuevo arrollada en 1867. Por siete millones de dólares vendió la Rusia sus posesiones de América a los Estados Unidos. Al advenimiento de Pedro el Grande, el imperio del Norte contaba 16 millones de habitantes; hoy pasan de 66 millones. Cuando haya unido Moscú a Oremburgo, y éste a Tashkent, en las fronteras de Bujara , por medio de ferro-carriles, habrá asegurado su dominio sobre el centro y la parte occidental del Asia, y está destinada a poblar de ciudades y caminos el istmo Táurico y la Siberia. Ya aspira al Mediterráneo, ella que hace un siglo limitaba sus ambiciones al mar Blanco. Pensose renovar la unión de Kalmar, es decir, la fusión de la Escandinavia. La Prusia, que también aspira al mar del Norte, tratará de oponerse a este proyecto, aunque sea reconstituyendo la Polonia, a lo cual podría oponerse la Rusia realzando al Austria. Ésta adquirió, con la paz de Berlín, la Bosnia y la Herzegovina, y sirve de obstáculo a la extensión de la Rusia.

El centro del Asia , cuyas alturas separan el imperio anglo-indio del ruso siberiano, está ocupado por los pacíficos budistas del Tíbet. Bokara, metrópoli de los Samánidas; Samarcanda, una de las ciudades santas del islamismo y sede de Tamerlán; Balk, patria de Zoroastro, ejercen todavía un comercio muy activo con los países circunvecinos, y podrán volver a su antiguo estado floreciente, ahora que empieza una nueva era para las regiones comprendidas entre el Caspio y la China, la Siberia y la Persia. La Rusia, que con lenta perseverancia se había corrido en el Cáucaso hacia el Asia central, adquirió en 1868, con la guerra de Bokara, las provincias más bellas de aquel imperio, incluso Samarcanda. Después de haber asegurado aquel dominio, renovó el orden, regularizó el comercio, favoreció las inmigraciones de países menos afortunados, y prepara una vía a las comunicaciones con la China, la India y la Persia. So pretexto de dar nuevas salidas a su comercio, somete al kanato de Kiva, y penetrando en el Oxo hasta cerca de Bulk, llega por un lado a la frontera China y por otro al imperio indo-inglés; explora con un carácter científico el centro del Asia, y vence en Oriente a los que se le oponen en el Báltico y en el Danubio.

La Turquía trata de regenerarse con la civilización cristiana, pero le falta el fundamento de toda buena constitución, que es la familia. Sale perdiendo de la guerra con la Rusia en 1878, y tiene que ceder la isla de Chipre a Inglaterra. Sus 369700 kilómetros cuadrados de territorio europeo quedan reducidos a 178430. La Besarabia es declarada independiente, y se engrandecen la Rumelia, la Serbia y el Montenegro (Paz de Berlín, 1878). Crecen los Griegos mayormente en la Anatolia, y los Armenios, que prevalecerán tal vez. Candía se subleva varias veces. El Egipto se reforma a la europea, y la navegación del istmo de Suez atrae a los buques que se dirigen a la India.

La Inglaterra, país donde todo el mundo es libre y obediente, cada cual obra sin aguardar la iniciativa del gobierno. Se gastan centenares de millones en puentes, vías férreas, puertos y demás obras públicas, hasta el punto de unirse a Irlanda con un viaducto sobre un brazo de mar, y a Francia por medio del túnel submarino que está en construcción. La Gran Bretaña ha alcanzado cuatro grandes victorias legales: la emancipación de los católicos en 1829; la reforma parlamentaria en 1830; la abolición de la esclavitud en 1833, y el libre comercio de granos en 1836. Abre siempre nuevos mercados-en el Indo, y tiene que emprender conquistas para conservar la tranquilidad interior. Tiene colonias que hablan todas las lenguas, al paso que ninguna nación las tiene que hablen inglés. Ha hecho sondar minuciosamente todos los mares y ríos navegables; abre caminos y canales a través de los Andes y Ceilán. Sin embargo ha perdido algo de su anterior importancia a causa de la política vacilante de Palmerston y a causa de la formación de los grandes imperios continentales. En el interior se ve siempre atormentada por el pauperismo, por los obreros, por los comunistas, y por los Fenianos, que no sólo quieren reformas en la antigua Constitución, sino que piden la subversión social y la comunidad de bienes. Ocúpase, pues, en dar salida a sus manufacturas a fin de ocupar a los obreros. Hizo la guerra a la Abisinia, al Zanzíbar, a los Acantos, y a los Maoríes de la Nueva Zelanda en 1873. Renunció espontáneamente a la soberanía de las islas Jónicas, que fueron agregadas al reino de Grecia. En la guerra del 78 defendió a Turquía y adquirió a Chipre, y compró casi todas las acciones del canal de Suez. En 1833 hizo la prueba de la redención de los esclavos en sus colonias americanas. Continuó sus conquistas en la India, donde adquirió territorios por la fuerza de las armas, por deudas, por compra y por herencia. Por todas partes construye canales de riego y vías de comunicación. La India ocupa 500 mil leguas cuadradas, es decir, más que la Europa, quitando la Rusia, con una población numerosa, inteligente, fuerte y activa.

La admiración que los filosofistas por espíritu de oposición y los misioneros por interés evangélico demostraban por la China, cedió a un examen más concienzudo de aquella tiranía patriarcal que invade los actos más personales, de aquella legislación religiosa sin espiritualismo en los Letrados y llena de superstición en los budistas. La Rusia se dirige al centro y la Inglaterra al extremo de la China; por esto la una favorece a los rebeldes y la otra al gobierno del país.

La civilización y el comercio tienen abiertas las barreras de la China y del Japón. Ya todo el mundo tiende a cambiar sus productos y sus ideas. Las razas europeas adquieren predominio en todas partes sobre las indígenas, y penetran en los países más recónditos. Los Anglo-Americanos van ocupando el territorio del Oregón a razón de medio grado de longitud cada año, y cada año emigra un millón de europeos a América.

Continuaron los viajes de exploración. En Asia, Brewalsky llegó a la meseta de Juldus, y Gill remontó el Yang-tse. En África, Ladislao Magyar penetró en 1847 entre los salvajes, y Livingston reconoció en 1857 las tan buscadas fuentes del Nilo, que nacen del lago Nianza, y fue ella travesía del Atlántico al Océano Indio. El Sahara, ya no pasa por un nido de leones y serpientes; es un archipiélago de oasis, que se piensa enlazar por medio de una vía férrea.

Continúan las expediciones a los mares de la zona glacial y se establece la diferencia que existe entre el polo terrestre, el magnético y el filológico. En 1878, el capitán Schavenenberg realizó en cien días el viaje del Yenisei a San Petersburgo, andando 11700 kilómetros casi siempre sobre el hielo. En 1879 un buque sueco pasó los hielos y llegó al Japón.

En la Oceanía se agitan más de 25 millones de hombres en una superficie de 600 mil leguas cuadradas. Sidney y Melbourne son ciudades que viven a la europea. La colonia de Victoria, que en 1838 tenía 177 habitantes, cuenta ahora 729 mil.

Continúan los progresos de la industria; canales marítimos, vías fluviales, ferro-carriles y telégrafos, ponen en comunicación todos los pueblos del globo. La naturaleza prodiga el oro y la plata, cada vez más necesarios para las transacciones.

La piscicultura, el daguerrotipo , la fotografía, el estereóscopo [sic] y el estereoscopio, el teléfono y el fonógrafo, la anestesia por medio del éter, la dinamita y el aluminio, son inventos de estos últimos años. Maury, Dove y Piddington han encontrado un orden hasta en los vientos y en los meteoros. Se procura unificar los pesos, las medidas y la moneda; y la humanidad hace ostentación de sus progresos en las Exposiciones universales de Londres, París, Viena y Filadelfia.

Se ha proclamado un nuevo derecho, que empieza con la insurrección y concluye por reconocer los hechos consumados.

El libro sucumbe al periódico, y el periódico se convierte en arma de partido. El positivismo predomina en el campo filosófico. Los delirios deducidos del magnetismo animal turban las creencias y el progreso moral del hombre.

Iníciase un gran movimiento de concentración según las afinidades de lengua o de raza, y los pequeños Estados se disuelven para formar gigantescas agregaciones, que se hacen árbitras del mundo, aboliendo las franquicias locales en provecho del despotismo administrativo y de la omnipotencia del Estado.

Esto, que al parecer había de contribuir a la paz, ha hecho más frecuentes y desastrosas las guerras.

La Europa mantiene cuatro millones de soldados que cuestan 2811 millones anuales. En vano se buscan medios para destruir el predominio absoluto de la fuerza. Cunden las ideas republicanas y no faltan exaltados que predican la liquidación social.

La instrucción no ha logrado suprimir los delitos; la ambición de popularidad no perjudica menos que la del dinero y del poder. Parece que los intereses materiales desvían de la contemplación de la verdad pura y de la virtud generosa. La misma ciencia no es más que la aplicación de las facultades humanas y la conquista del mundo físico.

Pero el adelanto material realiza mejoras y procura comodidades, aumenta la actividad y saca partido de los descubrimientos de la ciencia. La igualdad se extiende; todo se vulgariza, y las innovaciones todas favorecen al pueblo. El mundo aspira a una restauración moral, y sobre mil encontradas pasiones se cierne el amor a la libertad y al progreso.

Fin.