La
Historia Universal de César Cantú termina en 1844. En ediciones
sucesivas, el autor se ocupó de los sucesos más recientes;
el cuadro en que describe los progresos de la humanidad
entera, concluye en vísperas de los grandes acontecimientos
que habían de transformar el mundo político, económico y
moral; de modo que aquella obra será elocuente testimonio
del estado de la civilización en la edad moderna, en el
momento de entrar en la contemporánea. En el presente Compendio,
destinado a la juventud, creemos útil añadir una rápida
noticia de los hechos posteriores, siguiendo exactamente
el mismo método y aun el mismo espíritu de la obra de Cantú,
con lo cual respetamos hasta el fin las ideas de este eminente
autor, que difieren de las nuestras en muchas ocasiones.
(J. B. E.)
De
los últimos acontecimientos
1846
La
elección de Pío IX pareció iniciar un fausto movimiento
después do la calma de treinta y tres años. El entusiasmo
inexplicable con que fue aclamado por todo el mundo, expresaba
las desmedidas esperanzas de mejoras, doquiera acariciadas,
y nutridas por el incremento de la industria, de los estudios,
de las comodidades, de la cultura, de la filantropía y del
espíritu de igualdad. Los pueblos conmovidos reclamaban
la libertad en nombre de la religión, y acariciaba le mente
de todos la idea de adquirir la plenitud de los derechos,
sin efusión de sangre. Mas pronto el céfiro se convirtió
on huracán. Las aspiraciones se dirigían principalmente
a la nacionalidad, cuya voz hicieron resonar de pronto los
Polacos y los Croatas. La Galitzia convirtiola después en
furor comunista, degollando a los ricos; el Austria tuvo
para este pueblo una sangrienta represión, que aumentó el
odio contra ella. Los Croatas, guiados por el poeta y guerrero
Jellacie, querían que los Húngaros cesasen de ser sus tiranos,
por cuyo motivo favorecían al Austria, deseosos de someter
a los Magiares mismos a la uniformidad administrativa.
1848 febrero
En
Italia, se repetían las explosiones del odio nacional contra
el Austria, de la cual esperaba emanciparse obteniendo de
los príncipes las franquicias a que no se resignaba ésta.
En efecto, los príncipes tuvieron de pronto que conceder
reformas, y prometer después la Constitución. Créese que
el impulso fue dado por los Franceses, que languidecían
al cabo de los diez y ocho años del tranquilo reinado de
Luis Felipe y del largo ministerio Guizot. Después de haber
atentado varias veces contra la vida del rey, y clamado
contra los Jesuitas, los Franceses pidieron reformas en
el sistema electoral, celebraron ruidosos banquetes, y por
último se sublevaron en París. Huyó Luis Felipe y se proclamó
la república.
Esta
cayó en manos de personas exageradas, que proclamaban doctrinas
comunistas. Sentado el principio de que todos tenían derecho
al trabajo, tuvo que proporcionarlo el Gobierno, abriendo
talleres donde laboriosos y holgazanes eran igualmente retribuidos.
Estos talleres fueron nidos de facciosos y focos de incesantes
tumultos. Hasta en provincias cada cual se veía obligado
a proveerse de armas para la defensa de sus intereses.
1848 marzo
Este
acontecimiento alteró el desarrollo de las revoluciones
en todo el resto de Europa. El Austria se veía agitada,
porque los mismos Bohemios pedían la igualdad de todas las
razas eslavas y de todos los credos religiosos. En Croacia,
las estirpes supeditadas querían usar su propia lengua y
tener magistrados propios. Los Húngaros, guiados por Kossut,
querían tener sujetos a estos Croatas, al paso que pedían
la independencia para sí. Para calmar estos desórdenes,
convocó el Austria los estados en Viena; mas los estudiantes
se insurreccionaron, formando barricadas; obligaron al emperador
Fernando a prometer una asamblea constituyente, y mientras
tanto exigieron una guardia nacional y libertad de imprenta
en todo el imperio.
¿Debían
los Lombardo-Venecianos aprovecharse de aquellas circunstancias
para alcanzar la libertad? Esto aconsejaban unos, mientras
que otros consideraron la ocasión oportuna para conquistar
la independencia. Subleváronse (las cinco jornadas) y arrojaron
de cada ciudad a las guarniciones austriacas, las cuales
se retiraron al cuadrilátero formado por las fortalezas
de Peschiera, Mantua, Verona y Legnago .
Se
dio entonces principio a la Cruzada, sostenida por fuerzas
procedentes de toda Italia; pero los Austriacos recuperaron
el territorio veneciano, la Lombardía y los ducados de Toscana.
1849
El
rey de Sicilia había reprimido la revolución en Nápoles.
El Papa, idolatrado al principio y vilipendiado después,
tuvo que huir de Roma, donde los Mazzinianos proclamaron
la república. Pero la Francia repuso al Papa con sus fuerzas.
Venecia resistió largo tiempo, mas tuvo que capitular al
fin.
1849
La
llama no estaba extinguida; el gobierno militar fue necesario
en todas partes para contener la oposición a los príncipes
restablecidos. Contra los Austriacos se sublevaron la Bohemia
y la misma capital. En los demás Estados europeos se había
sentido la sacudida, ya con violentas sublevaciones como
en los principados de Alemania, ya con la petición de reformas
como en Bélgica y en Holanda. En Alemania se reconstituyó
el imperio, con el archiduque D. Juan de Austria a la cabeza.
Fue disuelta la asamblea de Francfort y quedó el país más
dividido que antes. El Austria recuperó a costa de mucha
sangre su capital, la Bohemia y la Hungría, luego el Lombardo-Véneto,
y reconstituyó la monarquía. El nuevo emperador Francisco
José dio una Constitución, que nunca pudo aplicarse, dada
la diversidad de razas, leyes, historia y costumbres. La
Hungría vio atacados sus derechos históricos, por cuyo motivo
proclamó la independencia y la república. El Austria tuvo
que acudir a la Rusia, que ayudó a someterla. Pero se había
realizado la emancipación de los campesinos en vez de los
señores, y se había proclamado la igualdad de títulos de
propiedad y la abolición de la servidumbre.
1851 - 10 de diciembre – 1852 - 2 de diciembre
La
Francia había tenido buenos jefes, como Lamartine y Cavaignac,
pero siempre prevalecía el tumulto popular o la charla de
los periódicos y de la Asamblea. En ésta se había introducido
Luis Napoleón, hijo del ex-rey de Holanda, y supo hacerse
declarar presidente de la misma, por 6048872 votos. De pronto,
mandó prender en una noche a todos los prohombres de los
partidos liberales, y se hizo proclamar emperador. Declaró
concluido el reino de los sofistas parlamentarios y subrogada
la autoridad al libre examen. La Europa lo aceptó como presagio
de represión y de paz. Bajo Napoleón III adquirió la Francia
una portentosa prosperidad material, siendo enérgicamente
reprimidos los excesos de las masas y de la imprenta. Había
proclamado que el imperio era la paz, y sin embargo, después
de 33 años de paz europea, fue el espíritu de las conquistas,
de los ensanchamientos y de las subversiones. Se proponía
aniquilar los tratados de 1815, y habiendo adquirido preponderancia
en los consejos europeos, se entrometía en todas las cuestiones
políticas interiores y exteriores, sin saber resolver ninguna.
1855 - 8 de setiembre
Con
el pretexto de que la Rusia sola quería proteger la Tierra
Santa y sobrepujaba a la Turquía, Napoleón movió contra
aquella a los monarcas para sostener la integridad de la
Puerta otomana. La Crimea fue el campo de batalla. Ingleses,
Franceses y Sardos desplegaron los medios más mortíferos,
hasta expugnar a Sebastopol. Perdiéronse 245000 hombres
y 7000 millones en treinta y cinco meses, y se formó una
paz que de ningún provecho era para los vencedores; imponía
al vencido el no salir del mar Negro, y se declaraba libre
el Danubio.
1849 marzo - 1856 marzo
Escocía
a Napoleón que el Austria no le hubiese secundado, y pensó
trastornarla en Italia. El Piamonte había intentado una
reconquista, pero derrotado en Novara, Carlos Alberto abdicó,
y Víctor Manuel, que le sucedió en el trono, concluyó con
el Austria la paz de Milán. Él conservó la Constitución
que los demás países quebrantaron. En el Piamonte se habían
refugiado los prófugos, dándole inusitada vida y prosperidad,
y consejos perjudiciales a los dominadores de sus respectivos
países. Lograron que se enviase un ejército a Crimea, con
lo cual consiguieron que un representante del Piamonte tuviese
su puesto con los de las grandes potencias en el congreso
de París. El emperador permitió que se hablase allí de los
males de Italia, y principalmente del detestable gobierno
de los Estados pontificios.
Esto
fue en seguida motivo de discusiones en toda Europa, sobre
todo en la prensa; se pintó con sombríos colores la situación
de Italia; se invocó la intervención extranjera; se excitó
a los Lombardos contra el Austria; hubo conatos de insurrecciones;
se abrieron suscriciones para armar a los insurrectos; a
tal extremo se llevaron las provocaciones, que el Austria
intimó al Piamonte que disminuyera sus armamentos y que
no volviese a promover las deserciones de soldados; si no,
guerra.
1859 junio
Semejante anuncio regocijó a los jefes, que estaban en inteligencia
con Napoleón. Este atacó con 200 mil hombres, y después
de las victorias de Magenta y Solferino, ofreció la paz
al Austria, que le cedió la Lombardía hasta el Mincio, cuyo
territorio entregó Napoleón al rey del Piamonte.
La
guerra había sacudido toda la Italia. Los ducados de Parma
y Placencia y de Módena pidieron ser agregados al Piamonte;
y lo mismo hicieron las Legaciones pontificia y la Toscana.
El armisticio de Villafranca y la paz de Zúrich parecían
reconocer los derechos de los príncipes antiguos y sobre
todo los del Papa; pero se redujo la cuestión a invocar
el sufragio universal, mediante el cual todos aquellos países
fueron anexados al Piamonte. Las tropas sardas invadieron
las Marcas y la Umbría, y al Papa no le quedó más que el
Patrimonio de San Pedro. La Francia quiso, en cambio, la
Saboya y Niza. A vuelta de algunas protestas, todos los
gobiernos acabaron por reconocer los hechos
consumados.
1860 mayo - 1861 marzo
Los
cuerpos francos de Garibaldi invadieron la Sicilia, y habiéndola
tomado, ocuparon a Nápoles. El rey Francisco II tenía buen
ejército y podía resistir, a pesar de las traiciones; pero
se le echó encima el ejército sardo y lo asedió en Gaeta,
donde después de larga resistencia tuvo que rendirse. Entonces
las Dos Sicilias fueron también agregadas al Piamonte, cuyo
rey tomó el título de rey de Italia. Para completar la unidad,
solo faltaban la Venecia y el Patrimonio de San Pedro.
La
Francia indujo al nuevo reino a una Convención, en virtud
de la cual la capital se trasladaba de Turín a Florencia,
y se adquiría el compromiso de no aspirar a Roma sino por
medios morales.
En
Alemania se había difundido el deseo de la unidad, aunque
solo subsistían 38 Estados de los 350 de antes. Entre ellos
crecía la Rusia, creada por las armas, y que sin embargo
aumentó más en la paz que en la guerra, y mejoró su forma
con la agregación de varios países. Además, agrupó los intereses
comerciales de la Alemania con la ley aduanera, los religiosos
y los intelectuales con su Iglesia y sus Universidades.
La unidad parecía indispensable para resistir a la Rusia
y a la Francia, codiciosas, la una del Oder y la otra del
Rin. Temíase sobre todo que Dinamarca fuese absorbida por
el coloso ruso por herencia, con lo cual se hubiese hecho
dueña del Sund al Norte y de los Dardanelos al Sur. Habiéndose
sublevado los ducados de Schleswig y Holstein, la dieta
germánica encargó a la Prusia que fuera a sostenerlos, y
el rey de Dinamarca tuvo que renunciar a ellos en favor
del Austria y Prusia. Estas se disputaron el predominio,
y la Prusia lo conquistó al fin para sí. De este modo tuvo
excelentes puertos en el mar del Norte.
1866
Tal
engrandecimiento no podía ser tolerado por el Austria. El
nuevo rey de Prusia propuso una nueva forma para el imperio
germánico, concluyendo la Confederación. La Prusia se agregó
el Hannover, el Hesse Electoral , el ducado de Nassau
y el Lauenburgo. Formose luego una Confederación del Norte,
con exclusión del Austria.
Esta
se opuso a ella, naturalmente, y las dos rivales se armaron
de una manera formidable. Pero la Prusia, que durante cuarenta
años de paz se había provisto de dinero, de armas y de oficiales,
rompió las hostilidades, invadió el Hesse, la Sajonia y
el Hannover, y el ejercito austríaco fue desastrosamente
derrotado en la batalla de Sadowa. La Prusia estaba de acuerdo
con Italia, la cual amenazó a la Venecia; de modo que parte
del ejército austriaco, que hubiera podido aminorar o evitar
el desastre, tuvo que permanecer en la defensiva. Por último
la Venecia fue agregada al reino.
La
batalla de Sadowa destruyó el equilibrio europeo; la Prusia
absorbió a muchos de los Estados alemanes que habían sido
partidarios del Austria, y reconstituyó por fin el imperio
germánico, poniendo a su rey en el solio imperial. En el
tratado de Praga, el Austria abandonó sus pretensiones sobre
el Schleswig, y dejó de formar parte de la Germania, lo
mismo que el rey de los Países bajos. Baviera, Würtemberg,
Baden y Hesse quedaron aislados.
1870 - 8 de mayo
La
Francia parecía haber llegado al colmo de la prosperidad
y la riqueza, a pesar de sus 8000 millones de deuda y su
presupuesto de gastos de 2060 millones; los partidos liberales
eran reprimidos, mas no extirpados; bullían las sociedades
secretas; se pedía que el emperador coronase el edificio,
es decir que restituyese las libertades que había quitado
so pretexto de orden. Viose obligado a condescender en parte,
mas quiso que la Francia aprobase sus actos con un nuevo
plebiscito. La aprobación fue inmensa, y el imperio pareció
consolidado precisamente en vísperas de su hundimiento.
4 de setiembre - 1873 setiembre
El
emperador, de inciertas miras y falto de resolución, comprendió
demasiado tarde que la Francia se hallaba amenazada por
el engrandecimiento de la Prusia. Preparóse para la guerra,
con la esperanza de conquistar la línea del Rin y dictar
la paz en la capital de Prusia. Declaró la guerra, en efecto,
pero la Prusia invadió la Francia, destruyó al ejército
francés en la batalla de Sedán, e hizo prisionero al emperador.
Estrasburgo fue bombardeado; Metz se rindió con 150 mil
hombres. Proclamóse entonces la República en Francia; los
comunalistas encendieron la guerra civil; París fue sitiado
y tomado por los Prusianos. Impuesta la paz, la Francia
tuvo que ceder al enemigo la Alsacia y la Lorena y una indemnización
de cinco mil millones de francos, que pagó en pocos meses,
librándose de la ocupación extranjera.
A
pesar de tan grave desastre, que le costó once o doce mil
millones; a pesar de haber perdido las Antillas, el Canadá,
la Luisiana y cuanto poseía en la India, y por último las
provincias rinianas y las fortalezas con que Luis XIV había
protegido la frontera; a pesar de hallarse al lado de dos
Potencias robustas y de haber aumentado en 600 millones
sus impuestos, la Francia cambia el oro a la par, mantiene
elevada su renta y fácil el servicio de la deuda pública,
aumentada en 8 millones, lo cual demuestra una gran actividad
y un crédito extraordinario. Por otra parte, conserva una
gran fuerza moral; es universal su literatura, que propaga
las ideas modernas; su espíritu generoso obedece más al
sentimiento que al cálculo; admiró al mundo entero con su
maravillosa Exposición de 1876, y servirá de ejemplo tanto
si conserva la República como si restaura la monarquía.
1870 - 20 de setiembre
La
Italia aprovechó esta otra ocasión, y en tanto que la Francia
no se hallaba en situación de exigirle que observase el
convenio del 63, ocupó a Roma, destruyendo el poder temporal
del Papa. Partiendo de estos dos hechos se desarrollarán
los acontecimientos futuros.
El
rey Guillermo de Prusia fue proclamado emperador de Alemania,
y el sacro romano imperio fue a manos de un protestante.
El día 14 de Noviembre de 1868 se cambió el nombre de imperio
de Austria por el de austro-húngaro, y cuesta gran trabajo
conciliar las diferentes naciones de que se compone. Libre,
afortunadamente, de las provincias italianas, se ve todavía
amenazado en el Trentino y en el Triestino; y la Bohemia
quiere ser autónoma como la Hungría. Esta última, en la
dieta de 1873, igualó a los Croatas con los Magiares, de
que antes eran siervos.
Los
Estados Unidos de América han aumentado hasta cincuenta
y dos, con una población de más de veintitrés millones,
fabulosa prosperidad y portentosos progresos. Basta indicar
la ciudad de Chicago, cuasi improvisada, la California,
poblada ya, el ferro-carril del Atlántico al Pacífico, desde
Nueva York hasta San Francisco en un trayecto de 6000 kilómetros.
El telégrafo eléctrico mantiene en continua correspondencia
aquellos dos puntos entre sí, y con el continente europeo
a través del Atlántico.
Según
declaración de Monroe, la América es de los Americanos y
no de los colonos. Así los Americanos amenazan continuamente
a Cuba y otros países centrales, y se envalentonan con Inglaterra,
que les tolera muchas cosas por evitar una guerra.
En
la cuestión de los esclavos, los Norteamericanos se hallan
desunidos; los Demócratas se niegan rotundamente a redimirlos,
como quisieran los Republicanos, so pretexto de que con
ello cesaría el cultivo del algodón y de los productos coloniales.
La disensión estalló en una guerra de las más terribles,
donde toda la fuerza y el genio de la civilización se aplicaron
a la destrucción recíproca. Allí se vieron buques acorazados,
arietes marinos que los perforaban y torpedos que los hacían
volar. Los Federados armaron 437 buques de 840086 toneladas,
con 8026 cañones. Se gastaron 2250 millones de dólares e
innumerables vidas. Los Estados del Sur, que se habían sublevado,
quedaron vencidos y agregados de nuevo. El 14 de abril de
1865 fue asesinado el presidente Lincoln, que había dirigido
de un modo estupendo aquella horrorosa guerra.
Toda
Europa había sufrido por la falta del rey algodón, que es
el alimento de las manufacturas. Este se cultiva en los
Estados Unidos en una extensión de 450000 millas cuadradas,
y da ocupación a 800000 toneladas de buques nacionales y
140000 de extranjeros, con 40000 hombres de mar.
En
los Estados Unidos se cuentan hoy 33 millones y medio de
blancos, 5 millones de negros, 25000 indios y 100000 chinos
y japoneses,
La
América meridional experimenta las sacudidas propias de
un terreno volcánico. Méjico y el Perú han sacudido el yugo
de España, y el Brasil se ha trocado en un floreciente imperio.
Las colonias españolas no han sabido evitar los trastornos
de la revolución, y en las ciudades aparecen las ruinas
de la antigua prosperidad. La Francia, enemistada con Méjico,
le impuso por emperador a Maximiliano de Austria, que no
tardó en ser fusilado. Las incesantes guerras entre Estado
y Estado, impiden la prosperidad que les darían un suelo
fértil, abundantes minas y frecuentes inmigraciones. Se
concluye el ferro-carril a través de los Andes, y están
en proyecto la apertura del istmo de Panamá y la navegación
del Misisipí.
La
España se vio agitada por los partidos nacionales y por
la ingerencia extranjera. Expulsada Isabel II, el elemento
militar que había hecho la revolución no supo constituir
en seguida un gobierno firme; anduvo mendigando un rey por
toda Europa, y por fin halló uno en la casa de Saboya. Pero
Amadeo se vio pronto obligado a abandonar el trono, y se
proclamó la República. Mal podía ésta afianzarse teniendo
en contra los excesos de los Cantonales, la insurrección
de Cuba, la guerra carlista y el desacuerdo y la confusión
en el seno mismo del partido republicano. El pronunciamiento
de Sagunto, en 1874, puso al joven Alfonso XII en el trono.
Los Estados Unidos siguen codiciando la isla de Cuba, el
más rico florón de la corona de España. En el sitio más
oportuno para el gran comercio, conserva las Filipinas,
pero su escasa marina no basta a protegerlas de la codicia
inglesa y los piratas filipinos. No se ha extinguido el
deseo de rescatar a Gibraltar, aunque sea cediendo a los
Ingleses las fortalezas africanas. No falta quien aspira
a la unión ibérica.
Después
de la guerra de Crimea, la Rusia permaneció aislada, construyendo
ferro-carriles, y preparando, además de un buen ejército,
una nueva flota con que burlarse de las restricciones que
le fueron impuestas por la paz de París; aspira a ejercer
cierto dominio sobre la Europa y el Imperio turco, y amenaza
a las posesiones inglesas de la India. Alejandro II realizó
el grande acto de la emancipación de los siervos, y varias
mejoras, interrumpidas por una nueva sublevación de la Polonia,
que reclamaba la independencia; mas fue de nuevo arrollada
en 1867. Por siete millones de dólares vendió la Rusia sus
posesiones de América a los Estados Unidos. Al advenimiento
de Pedro el Grande, el imperio del Norte contaba 16 millones
de habitantes; hoy pasan de 66 millones. Cuando haya unido
Moscú a Oremburgo, y éste a Tashkent, en las fronteras de
Bujara , por medio de ferro-carriles, habrá asegurado
su dominio sobre el centro y la parte occidental del Asia,
y está destinada a poblar de ciudades y caminos el istmo
Táurico y la Siberia. Ya aspira al Mediterráneo, ella que
hace un siglo limitaba sus ambiciones al mar Blanco. Pensose
renovar la unión de Kalmar, es decir, la fusión de la Escandinavia.
La Prusia, que también aspira al mar del Norte, tratará
de oponerse a este proyecto, aunque sea reconstituyendo
la Polonia, a lo cual podría oponerse la Rusia realzando
al Austria. Ésta adquirió, con la paz de Berlín, la Bosnia
y la Herzegovina, y sirve de obstáculo a la extensión de
la Rusia.
El
centro del Asia , cuyas alturas separan el imperio
anglo-indio del ruso siberiano, está ocupado por los pacíficos
budistas del Tíbet. Bokara, metrópoli de los Samánidas;
Samarcanda, una de las ciudades santas del islamismo y sede
de Tamerlán; Balk, patria de Zoroastro, ejercen todavía
un comercio muy activo con los países circunvecinos, y podrán
volver a su antiguo estado floreciente, ahora que empieza
una nueva era para las regiones comprendidas entre el Caspio
y la China, la Siberia y la Persia. La Rusia, que con lenta
perseverancia se había corrido en el Cáucaso hacia el Asia
central, adquirió en 1868, con la guerra de Bokara, las
provincias más bellas de aquel imperio, incluso Samarcanda.
Después de haber asegurado aquel dominio, renovó el orden,
regularizó el comercio, favoreció las inmigraciones de países
menos afortunados, y prepara una vía a las comunicaciones
con la China, la India y la Persia. So pretexto de dar nuevas
salidas a su comercio, somete al kanato de Kiva, y penetrando
en el Oxo hasta cerca de Bulk, llega por un lado a la frontera
China y por otro al imperio indo-inglés; explora con un
carácter científico el centro del Asia, y vence en Oriente
a los que se le oponen en el Báltico y en el Danubio.
La
Turquía trata de regenerarse con la civilización cristiana,
pero le falta el fundamento de toda buena constitución,
que es la familia. Sale perdiendo de la guerra con la Rusia
en 1878, y tiene que ceder la isla de Chipre a Inglaterra.
Sus 369700 kilómetros cuadrados de territorio europeo quedan
reducidos a 178430. La Besarabia es declarada independiente,
y se engrandecen la Rumelia, la Serbia y el Montenegro (Paz
de Berlín, 1878). Crecen los Griegos mayormente en la Anatolia,
y los Armenios, que prevalecerán tal vez. Candía se subleva
varias veces. El Egipto se reforma a la europea, y la navegación
del istmo de Suez atrae a los buques que se dirigen a la
India.
La
Inglaterra, país donde todo el mundo es libre y obediente,
cada cual obra sin aguardar la iniciativa del gobierno.
Se gastan centenares de millones en puentes, vías férreas,
puertos y demás obras públicas, hasta el punto de unirse
a Irlanda con un viaducto sobre un brazo de mar, y a Francia
por medio del túnel submarino que está en construcción.
La Gran Bretaña ha alcanzado cuatro grandes victorias legales:
la emancipación de los católicos en 1829; la reforma parlamentaria
en 1830; la abolición de la esclavitud en 1833, y el libre
comercio de granos en 1836. Abre siempre nuevos mercados-en
el Indo, y tiene que emprender conquistas para conservar
la tranquilidad interior. Tiene colonias que hablan todas
las lenguas, al paso que ninguna nación las tiene que hablen
inglés. Ha hecho sondar minuciosamente todos los mares y
ríos navegables; abre caminos y canales a través de los
Andes y Ceilán. Sin embargo ha perdido algo de su anterior
importancia a causa de la política vacilante de Palmerston
y a causa de la formación de los grandes imperios continentales.
En el interior se ve siempre atormentada por el pauperismo,
por los obreros, por los comunistas, y por los Fenianos,
que no sólo quieren reformas en la antigua Constitución,
sino que piden la subversión social y la comunidad de bienes.
Ocúpase, pues, en dar salida a sus manufacturas a fin de
ocupar a los obreros. Hizo la guerra a la Abisinia, al Zanzíbar,
a los Acantos, y a los Maoríes de la Nueva Zelanda en 1873.
Renunció espontáneamente a la soberanía de las islas Jónicas,
que fueron agregadas al reino de Grecia. En la guerra del
78 defendió a Turquía y adquirió a Chipre, y compró casi
todas las acciones del canal de Suez. En 1833 hizo la prueba
de la redención de los esclavos en sus colonias americanas.
Continuó sus conquistas en la India, donde adquirió territorios
por la fuerza de las armas, por deudas, por compra y por
herencia. Por todas partes construye canales de riego y
vías de comunicación. La India ocupa 500 mil leguas cuadradas,
es decir, más que la Europa, quitando la Rusia, con una
población numerosa, inteligente, fuerte y activa.
La
admiración que los filosofistas por espíritu de oposición
y los misioneros por interés evangélico demostraban por
la China, cedió a un examen más concienzudo de aquella tiranía
patriarcal que invade los actos más personales, de aquella
legislación religiosa sin espiritualismo en los Letrados
y llena de superstición en los budistas. La Rusia se dirige
al centro y la Inglaterra al extremo de la China; por esto
la una favorece a los rebeldes y la otra al gobierno del
país.
La
civilización y el comercio tienen abiertas las barreras
de la China y del Japón. Ya todo el mundo tiende a cambiar
sus productos y sus ideas. Las razas europeas adquieren
predominio en todas partes sobre las indígenas, y penetran
en los países más recónditos. Los Anglo-Americanos van ocupando
el territorio del Oregón a razón de medio grado de longitud
cada año, y cada año emigra un millón de europeos a América.
Continuaron los viajes de exploración. En Asia, Brewalsky
llegó a la meseta de Juldus, y Gill remontó el Yang-tse.
En África, Ladislao Magyar penetró en 1847 entre los salvajes,
y Livingston reconoció en 1857 las tan buscadas fuentes
del Nilo, que nacen del lago Nianza, y fue ella travesía
del Atlántico al Océano Indio. El Sahara, ya no pasa por
un nido de leones y serpientes; es un archipiélago de oasis,
que se piensa enlazar por medio de una vía férrea.
Continúan las expediciones a los mares de la zona glacial
y se establece la diferencia que existe entre el polo terrestre,
el magnético y el filológico. En 1878, el capitán Schavenenberg
realizó en cien días el viaje del Yenisei a San Petersburgo,
andando 11700 kilómetros casi siempre sobre el hielo. En
1879 un buque sueco pasó los hielos y llegó al Japón.
En
la Oceanía se agitan más de 25 millones de hombres en una
superficie de 600 mil leguas cuadradas. Sidney y Melbourne
son ciudades que viven a la europea. La colonia de Victoria,
que en 1838 tenía 177 habitantes, cuenta ahora 729 mil.
Continúan los progresos de la industria; canales marítimos,
vías fluviales, ferro-carriles y telégrafos, ponen en comunicación
todos los pueblos del globo. La naturaleza prodiga el oro
y la plata, cada vez más necesarios para las transacciones.
La
piscicultura, el daguerrotipo , la fotografía, el estereóscopo
[sic] y el estereoscopio, el teléfono y el fonógrafo, la
anestesia por medio del éter, la dinamita y el aluminio,
son inventos de estos últimos años. Maury, Dove y Piddington
han encontrado un orden hasta en los vientos y en los meteoros.
Se procura unificar los pesos, las medidas y la moneda;
y la humanidad hace ostentación de sus progresos en las
Exposiciones universales de Londres, París, Viena y Filadelfia.
Se
ha proclamado un nuevo derecho, que empieza con la insurrección
y concluye por reconocer los hechos consumados.
El
libro sucumbe al periódico, y el periódico se convierte
en arma de partido. El positivismo predomina en el campo
filosófico. Los delirios deducidos del magnetismo animal
turban las creencias y el progreso moral del hombre.
Iníciase
un gran movimiento de concentración según las afinidades
de lengua o de raza, y los pequeños Estados se disuelven
para formar gigantescas agregaciones, que se hacen árbitras
del mundo, aboliendo las franquicias locales en provecho
del despotismo administrativo y de la omnipotencia del Estado.
Esto,
que al parecer había de contribuir a la paz, ha hecho más
frecuentes y desastrosas las guerras.
La
Europa mantiene cuatro millones de soldados que cuestan
2811 millones anuales. En vano se buscan medios para destruir
el predominio absoluto de la fuerza. Cunden las ideas republicanas
y no faltan exaltados que predican la liquidación social.
La
instrucción no ha logrado suprimir los delitos; la ambición
de popularidad no perjudica menos que la del dinero y del
poder. Parece que los intereses materiales desvían de la
contemplación de la verdad pura y de la virtud generosa.
La misma ciencia no es más que la aplicación de las facultades
humanas y la conquista del mundo físico.
Pero
el adelanto material realiza mejoras y procura comodidades,
aumenta la actividad y saca partido de los descubrimientos
de la ciencia. La igualdad se extiende; todo se vulgariza,
y las innovaciones todas favorecen al pueblo. El mundo aspira
a una restauración moral, y sobre mil encontradas pasiones
se cierne el amor a la libertad y al progreso.
Fin. |