César Cantú - Compendio de la Historia universal

Libro XV

205.- Aspecto general. El imperio

El descubrimiento de América y el paso por el Cabo de Buena Esperanza, mientras que dan al comercio diferente dirección e introducen en la vida nuevas comodidades y nuevas necesidades, dirigen la política hacia otros intereses en beneficio del tráfico, de las colonias, y del dinero que aumentan. Y esto y el diferente sistema militar y un nuevo derecho público, no dejan ya que predomine sobre todos una idea moral; sino que cada Estado se dirige según sus propios intereses a conquistar una provincia, o a concluir un tratado matrimonial, o a adquirir una sumisión, o a establecer un equilibrio. Terminada la guerra de soberanos con vasallos y de los Comunes con los feudatarios, principian las de gobierno a gobierno, de pueblo a pueblo.

Subsisten todas las formas de gobierno; la monarquía hereditaria en Francia y España; la electiva en Polonia; la ilimitada en Rusia; la constitucional en Hungría; la nominal en Alemania; la sacerdotal en Roma; la feudal en los pequeños Estados italianos, hay repúblicas oligárquicas en Alemania, aristocráticas en Venecia, Génova y Lucca; militar en la Orden Teutónica; democrática en los cantones suizos; mercantil en Lübeck. Pero el elemento monárquico va prevaleciendo, donde más que por las aspiraciones y la opinión del pueblo, los hechos son determinados por la voluntad y el cálculo de los gobernantes.

Para que los príncipes no se inclinen al despotismo, se introducen contrapesos en el gobierno, y se establece el equilibrio entre los Estados, respetando la independencia de cada uno.

Son intereses generales: los religiosos, que aún tienden a rechazar las amenazas de los Turcos; las colonias; el desarrollo del pensamiento y los fáciles medios de comunicarlo por el estudio de las lenguas, por la imprenta y por los correos. Pero no ha desaparecido el antagonismo entre los países de estirpe romana y los de raza germánica.

A medida que cesan los privilegios, las libertades alcanzan al mayor número.

En Asia el imperio Chino cae bajo el dominio de los Tártaros (1644); declinan los sofíes en Persia (1500-1723); los Mogoles se concentran en la India. Los Turcos establecidos en Europa se hacen poderosos merced a los genízaros y a su fuerza marítima. Pero el comercio no depende ya de Constantinopla, desde que los Españoles y los Portugueses lo han trasladado del Mediterráneo al Océano.

La Escandinavia, trastornada por la unión de Kalmar, permanece extraña al movimiento europeo. La Polonia, sin sus desórdenes interiores, amenazaría a la Rusia, que apenas ha sacudido el yugo tártaro y aún vive fieramente. Los Húngaros acampan cual centinela avanzada de Europa contra los Turcos; y aquellos y los Bohemios, resistiendo a estos, hubieran podido engrandecerse.

España ha arrojado a los Moros y se lanza a gigantescas empresas. Pero la unión de todos sus reinos en uno sólo y bajo un solo rey, inclina a éste a violar las constituciones históricas.

La corona de Francia aumenta su poder a expensas del de los grandes vasallos, el último de los cuales desaparecía con la muerte de Carlos el Temerario .

En Inglaterra, Enrique VII establece la monarquía absoluta y la unidad territorial sometiendo a la Irlanda y luego agregando la Escocia.

1485 

En Alemania no están bien determinados los derechos del imperio, desprovisto de dinero y reducido a una especie de federación sin fuerza. En medio de aquellos principados se ha engrandecido la Casa de Austria, y Maximiliano I (1499-1519) posee el Austria, la Estiria, la Carintia, la Carniola, el Tirol, la Suabia, la Alsacia, la Borgoña, Brisgau y Sudgau. Amante de las letras y las artes, al par que aficionado a la guerra, Maximiliano debe el mal éxito de sus empresas a su constante escasez de dinero. En la Dieta de Worms se publica la Paz perpetua, especie de constitución del imperio, por la cual se prohíben las guerras particulares, una Cámara imperial juzga las causas de los miembros inmediatos al Imperio; un Consejo de gobierno vela sobre la Cámara imperial, y en casos extraordinarios puede convocar al emperador y a los seis electores.

Para distribuir la justicia suprema en los Estados hereditarios, Maximiliano instituye por último una Cámara áulica.

206.- Italia. Toscana. El Milanesado. Carlos VIII

La Italia no adquiere nuevos países, ni consolida una autoridad central, a pesar de ser el foco del saber y de la civilización, y se convierte en palestra de las ambiciones, En otro lugar hemos hablado del estado floreciente de las letras. El menor suceso proporcionaba motivo para fiestas y ceremonias, en que desplegar el lujo y el buen gusto. Los gobiernos establecidos procuraban concentrar en sí las prerrogativas reales, quitándolas a los barones; pero no se formaba la opinión que se necesita para llegar a la unidad nacional; ninguno de los cuatro Estados principales era bastante poderoso para someter a los demás; las repúblicas temían a los grandes señores, y sin embargo tenían que utilizar sus armas.

El equilibrio, establecido por Francisco Sforza, y Lorenzo el Magnífico, degeneró en egoísmo y astucia; y la política fue el arte de llegar al poder y conservarse en él por todos los medios, sin la menor idea generosa; y esta perfidia política fue en aumento cuando sirvió para combatir a los Alemanes, a los Franceses, a los Suizos y a los Españoles, en mal hora mezclados en los asuntos de Italia.

1402 

Inocencio VIII, que se entregó demasiado a las vicisitudes políticas, tuvo por sucesor a Alejandro VI, de pésima reputación, por su inmoralidad; fue sin embargo en extremo hábil y enérgico para reprimir a los barones, pero su principal intento consistía en asegurar una elevada posición a los hijos que había tenido de su querida la Venozza.

Savonarola 

Florencia había adquirido el predominio sobre las ciudades toscanas, sus enemigas; pero el hijo de Lorenzo, Pedro II, no lograba dominar a las facciones. hízose órgano de los descontentos Jerónimo Savonarola, natural de Ferrara, fraile que asociaba una sincera devoción a una decidida inclinación republicana, predicador muy popular, que mezclando la religión con la política, combatía al gobierno inmoral de los Médicis, a quienes acusaba de haber quitado la libertad a la patria. Los vividores, la corte y los amigos del placer, a quienes se llamó Tiepidi (tibios), trataban de ridiculizar a los que titulaban Piagnoni (llorones), partidarios del fraile, el cual era sostenido por el pueblo, tanto que éste cambió por cánticos sagrados las canciones lúbricas, y quemó una infinidad de libros obscenos y pinturas deshonestas. Savonarola quería regenerar la República por medio de la moralidad, y para conseguirlo podían mucho la educación de la juventud y el mejoramiento de las bellas artes.

En el Milanesado se había establecido con los Sforzas el despotismo militar, extendido entonces por la mayor parte de Italia. Luis Sforza lo ejercía en nombre de su sobrino Juan Galeazzo; y queriendo además el titulo de amo, invitó a Carlos VIII, rey de Francia, a que fuera a hacer valer las razones que le asistían para aspirar al trono de Nápoles como heredero de la casa de Anjou.

1483 - Carlos VIII – 1485 - 6 de julio

Carlos VIII, caballeroso y vano, soñaba con el imperio del Oriente, para cuyo logro aspiraba desde luego a la conquista de Italia y ésta, asustada de aquella nueva invasión, procuró defenderse con las leyes. Pero Fernando de Nápoles se había enemistado con los barones que minaban su ruina; los Florentinos esperaban, con la ayuda de Carlos, librarse de los Médicis; Alejandro VI, dar un principado a su familia; Luis, hacerse duque. A la llegada de Carlos, Juan Galeazzo acababa de morir y Luis reinó; Pedro de Médicis le prestó homenaje; el Papa le entregó a Zizim, aspirante al trono otomano; Fernando de Nápoles tuvo que huir; pero los Franceses con su preponderancia y su orgullo disgustaron a todo el mundo en Italia, y su ruina fue tan rápida como lo había sido su victoria. Carlos se vio obligado a retirarse, y los confederados italianos trataron de cortarle la retirada; en la batalla de Fornovo pudo a duras penas salvarse y volver a Francia.

1493 

Fernando recuperó el reino. Pedro de Médicis había sido rechazado por los Florentinos, que proclamaron la República bajo la presidencia de Jesucristo, inspirados por Savonarola. Este reprobaba la corrupción de la sociedad y los vicios de la familia del pontífice; fue durante algún tiempo elevado hasta las nubes; luego el favor popular se convirtió en ira, y Savonarola fue procesado y condenado a la hoguera con otros dos frailes.

207.- Luis XII. Los Borgia. Julio II. Liga de Cambray

1498 – 1500 

La expedición de Carlos VIII resultó funestísima para Italia, porque dio principio a una serie de guerras, en las cuales parecía que los extranjeros rivalizaban en causarle daño, y concluyeron por quitarle la independencia. Luis XII, sucesor de Carlos VIII, titulándose rey de las Dos Sicilias y duque de Milán, manifestó sus pretensiones como heredero de los Anjou y de Valentina Visconti. Los Venecianos reconocieron sus pretensiones, mediante la cesión de Cremona y de la Geradadda. En Milán, Luis Sforza desplegaba gran lujo, construía bellos edificios y protegía la agricultura y la industria; pero su corte era un semillero de inmoralidades y de intrigas. Era enemigo suyo mortal Jacobo Trivulzio, que guió a los Franceses contra Milán, de donde huyó Luis para ir a solicitar el auxilio del emperador Maximiliano; no pudiendo conseguir esto, asalarió a muchos Suizos y recuperó la Lombardía; pero al cabo de poco tiempo cayó en Novara prisionero del rey Luis, que lo tuvo encerrado en el castillo de Loches hasta que murió.

Luis XII invadió a Nápoles; trató con Fernando el Católico, ansioso siempre de poseer aquel reino, y convinieron en que lo repartirían entre ambos. Fernando envió a Nápoles a Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán, quien mandó prisionero a España al rey Federico II. En seguida los Españoles se apoderaron de todo el reino; pero tuvieron que luchar con los Franceses. Maximiliano rehusaba la investidura del Milanesado a Luis XII y preparaba una Cruzada contra los Turcos.

Las victorias de los Franceses exaltaron a Alejandro VI y a su hijo César Borgia, duque de Valentinois, modelo de tiranuelos, resuelto a engrandecerse con la traición y la violencia, y digna personificación de la política descrita por Maquiavelo. Con tales artes quitó de en medio a los señores entre los cuales estaba dividida la Romania, ansioso de formar un señorío único. También ambicionaba el ducado de Urbino, la Toscana y el reino de Nápoles. Los muchos capitanes que aún disponían de todas las fuerzas de Italia, trataron de oponerse al duque de Valentinois, pero éste iba de éxito en éxito, hasta que de pronto murió Alejandro VI, envenenado según se cree. Julio II, que le sucedió en el solio pontificio, reprimió al duque de Valentinois, quien después de haber visto convertirse en humo sus soberbios designios, murió en Francia.

1503 

Luis XII combatió a los Españoles con tropas francesas y suizas, y aquella época se señaló por heroicos hechos de armas que honraban a vencedores y a vencidos. Por fin se quedó Francia con el Milanesado, y España con Nápoles. Pisa, Florencia y Génova eran teatro de discordias civiles. Florencia recuperó a Pisa, que perdió entonces su antigua importancia. Julio II, más rey que Papa, quiso subyugar a la Romania, y se propuso libertar a Italia de los bárbaros, es decir de las tropas mercenarias, a cuyo fin llamaba ora a Maximiliano, ora a Luis.

Liga de Cambray – 1508 – 1513 

Los nuevos príncipes tuvieron celos de Venecia, que se hallaba en el colmo de su grandeza y prosperidad. El Papa, el emperador, los reyes de Francia y de Nápoles, inventaron pretextos para coaligarse contra ella. Venecia les opuso la fuerza y la política, pero se hallaba reducida al último extremo. Los Franceses pudieron contar con los grandes capitanes que entonces campeaban en Italia (Bayardo, Gastón de Foix, La Tremouille, La Palisse), a quienes oponía otros valientes la España, mientras que otros capitaneaban a los Suizos, enemigos todos de Italia. Por último Venecia logró descomponer aquella torpe liga, y aliarse a su vez con Julio II, el cual siempre despótico, pretendió que cesaran las enemistades contra Venecia; armó a los Suizos que destinaba como barrera protectora de la libertad italiana, y no paró hasta morir exclamado: ¡No más Franceses en Italia!

1513 – 1515 - 6 de junio – 1516 - 14 de setiembre 

Los Suizos, en efecto, eran poderosos por su excelente infantería, y devolvieron la Lombardía a Maximiliano Sforza, y derrotaron a los Franceses en Novara. Francisco I, nuevo rey de Francia, no pudo atraérselos, en vista de lo cual se puso de acuerdo con los Venecianos, y en Marignan derrotó a los Suizos, que concluyeron con Francia la Paz perpetua. Maximiliano Sforza fue llevado prisionero a Francia, y Francisco I quedó dueño del Milanesado. Después de tantos desastres se firmó la paz en Noyon. Los dominios papales se habían aumentado con Urbino y Perusa; Venecia recuperó con la paz cuanto había perdido en la guerra; y después de pérdidas inmensas de riquezas y de hombres, y la ruina de su comercio, la Italia se hallaba expuesta a los Turcos y a los ambiciosos.

208.- Francisco I y Carlos V

1519 

Aquí la historia consigna con dolor la enemistad de dos grandes reyes. Carlos V heredó de su abuela María de Borgoña gran parte de los Países Bajos y del Franco Condado; de su abuelo Fernando y de su madre Juana la España y los reinos de Navarra, Nápoles, Sicilia y Cerdeña; de Maximiliano los países austriacos; a todo lo cual hay que añadir media América y un retazo del África. En competencia con Enrique VIII y Francisco I, obtuvo también la corona imperial; y por medio de sus generales en la guerra, y con su propia política y su incansable actividad, pudo rivalizar con Francisco I, heroico y generoso.

El fundamento de su poder era la España, donde no supo respetar las franquicias históricas ni las buenas disposiciones del gran cardenal Jiménez de Cisneros, por cuyo motivo se sublevaron los Comuneros, con el apoyo de Juan de Padilla; pero éste sucumbió, y Carlos aprovechó la coyuntura para quitar autoridad a las Cortes.

1522 - 29 de abril 

Los convenios con el Papa impedían que a la corona imperial se uniese la de Nápoles, que Francisco I reclamaba por la misma razón. Pero León X, que hubiera podido mantener la balanza entre los dos contendientes, se asoció con Carlos V. Este era aborrecido de los Italianos, como heredero de las pretensiones gibelinas, como flamenco, o sea de una nación rival de Italia en el comercio; y como dueño de aquel nuevo mundo que les había arrebatado el cetro de los mares. Sus capitanes se apoderaron del Milanesado, con espantosas devastaciones, y en la Bicocca derrotaron al francés Lautrec; devolvieron el ducado a Francisco II Sforza, y contra Francia se coaligaron el archiduque de Austria, el rey de Inglaterra, Florencia, Génova, Siena y Lucca. Muerto Próspero Colonna, el capitán más prudente de aquella época, se hallaban al frente de los imperiales. Carlos de Lannoy, el marqués de Pescara, el condestable de Borbón, desertor de Francia, y Juan de Médicis, jefe de las bandas negras, que introdujo de nuevo la costumbre de las armas a la ligera. Bayardo murió en Romagnano, y los Franceses tuvieron que abandonar la Italia a aquellos enemigos que la devastaban.

1523 – 1525 - 24 de febrero - Saqueo de Roma – 1527 – 1525 

Al espléndido León X sucedió Clemente VII, que asustado del incremento de Carlos V, se inclinó hacia Francia. Francisco I rechazó una invasión de su reino; luego volvió a pasar los Alpes y recobró el Milanesado; pero cayó prisionero en la batalla de Pavía. Las condiciones fijadas por Carlos V para darle la libertad eran demasiado gravosas, y se complicó aún más la política; veíase que Carlos V quería el Milanesado para su familia; Venecia sentía amenazada su libertad; Florencia veía desaparecer la suya; Clemente vacilaba, tanto más cuanto que Carlos V podía oponerle los nuevos heresiarcas. Francisco I recobró la libertad dejando en rehenes a sus propios hijos; pero faltó a sus promesas y entró en una liga con el Papa y con los Venecianos para arrojar de Italia a los Imperiales. Estalló, en efecto, la guerra; el Milanesado sufrió una devastación terrible, y el condestable de Borbón dirigió contra Roma el ejército imperial, o mejor dicho, las bandas capitaneadas por Jorge Freundsberg, que no obedecían a nadie, pero que querían predominio y saqueo. Sitiada Roma, y habiendo sido muerto el de Borbón, la ciudad fue entregada a un saqueo de los más atroces que se recuerdan, figurando entre sus víctimas los numerosos doctores y prelados que de todas partes acudían a Roma, metrópoli del cristianismo y de la civilización.

1529 - Paz de Cambray 

Aquel acto de barbarie hizo estremecer a todo el mundo civilizado. Francisco I y Enrique VIII se coaligaron para libertar al Papa y a los hijos de Francia, asegurar a Sforza el ducado de Milán y reprimir al monarca austriaco. Un ejército, mandado por Lautrec sitió en Nápoles al príncipe de Orange, retirado allí con el ejército imperial. La falta de dinero y las epidemias redujeron sus 25 mil hombres a 4 mil, los cuales, muerto Lautrec, se vieron obligados a rendirse. A las otras desventuras de Francia se añadió la deserción del genovés Andrés Doria, que se pasó al servicio de Carlos V, y excitó a Génova a libertarse de los Franceses.

Finalmente, en Barcelona y en Cambray se concluyó la paz; el pontífice obtuvo de los Venecianos la restitución de Rávena y Cerva, y del duque de Ferrara, la de Módena, Reggio y Rubiera. Los Médicis eran establecidos en Florencia y Sforza en Milán; el Papa daba a Carlos V la corona imperial y la investidura del reino de Nápoles; Francisco renunciaba a Flandes y Carlos a la Borgoña. Habiendo cedido las Molucas a los Portugueses, Carlos llamó a Andrés Doria, y a bordo de su nave capitana marchó hacia Italia; en Bolonia recibió la corona de hierro y la de oro. Génova, Lucca y Siena quedaron libres; Federico de Mantua obtuvo el título de duque; el papado era gibelino, y la independencia italiana expiraba.

Sitio de Florencia -1530 

Florencia no era comprendida en la paz, porque la ambicionaban los Médicis, que habían sido arrojados de ella durante los últimos trastornos. Los Florentinos simpatizaban más con la Francia que con Carlos V pero el rey, que frustraba sus esperanzas, los abandonó a merced del Papa Clemente, el cual mandó contra ellos al ejército alemán, capitaneado por el príncipe de Orange. El sitio de Florencia es memorable por el heroísmo desplegado por los últimos güelfos; pero al fin tuvo que capitular y aceptar como duque a Alejandro de Médicis.

1544 - Paz de Crépy 

Francisco I no sabía resignarse a la pérdida del Milanesado, y promovió una tercera guerra, cuando Carlos V hubo fracasado en la expedición contra los Argelinos, cuando la Hungría era invadida por el gran turco Solimán, y Flandes era igualmente amenazada. Francisco se coaligó hasta con la Turquía; pero los imperiales, aliados con Inglaterra y otros países, invadieron la Francia y se dirigieron contra París. Después de recíprocos daños, se concluyó la paz de Crépy, por la cual la Francia renunciaba al dominio de Flandes y del Artois, y a sus pretensiones sobre Nápoles, y restituía a la Saboya los arrebatados dominios. Carlos renunciaba a la Borgoña y Enrique VIII conservaba a Bolonia.

1537 – Lorenzino – 1546 – 1534 

La Italia, que había sido el pretexto de tantos desastres, yacía debilitada por cuatro guerras. Alejandro de Médicis disgustaba a los Florentinos con su tiranía y liviandades; su cómplice Lorenzino de Médicis le hizo dar muerte, y tuvo por sucesor a Cosme, hijo de Juan el de las Bandas Negras; opusiéronse sin resultado los Piagnoni, fieles a las ideas republicanas del fraile Savonarola, y los Strozzi, que fueron derrotados en Montermurlo. Conservaba su libertad Lucca, donde Francisco Burlamachi intentó una revolución que dio fuerza a la aristocracia. Siena, sostenida por los Strozzi y por los Franceses, después de un largo sitio se sometió a los Médicis, dejando a los Españoles los puertos de Orbitello, Talamome, Portercole, Monteargentaro y San Esteban, que se llamaron presidios.

1557 

Génova, dividida entre güelfos y gibelinos, nobles y burgueses, ciudadanos y plebeyos, mercaderes y artesanos, Adornos y Fegosos, iba modificando su constitución. Pedro Luis Fiesco, conde de Lavagna, trató de abatir el poder de los Doria, pero quedó muerto.

Placencia había gemido bajo la brutal tiranía de Pedro Luis Farnesio, hijo del Papa; fue muerto el tiranuelo en una conjuración, pero su hijo Octavio pudo recuperar el ducado.

En cada una de estas y otras revoluciones aparecían las rivalidades entre Austriacos y Franceses. Paulo IV, de la familia de los Caraffa, pensaba emancipar a Italia y formó una liga santa contra el imperio; pero no fue secundado, mucho menos siendo vencidos los Franceses en la famosa batalla de San Quintín. Al fin la paz de Cateau-Cambrésis dio término a las hostilidades entre Francia y Austria, y colocó los negocios de Italia en el estado en que debían permanecer mucho tiempo. El Imperio perdió las ciudades de Metz, Toul y Verdún; la Inglaterra a Calais. La Córcega fue entregada a los Genoveses; Placencia a los Farnesio; la Saboya, cuyo duque Manuel Filiberto se había distinguido en la batalla de San Quintín, aumentó en territorio y fue considerada como potencia italiana.

209.- Estados musulmanes

Con las discordias de los Cristianos, los Turcos estuvieron a punto de ocupar la Alemania y la Italia. Tenían tropas bien organizadas, excelente marina, formidable artillería, y felizmente para la cristiandad, los Musulmanes estaban sumidos en discordias políticas y religiosas. Mahomet II, después de la toma de Constantinopla, sojuzgó extensísimos países y la Grecia. En ésta respetó la Iglesia, pero los dignatarios tenían que comprar la patente al gran señor, quien los arrojaba del país o les daba muerte si oponían resistencia. El patriarca ecuménico, residente en Constantinopla, estaba encargado de proteger a los Griegos cerca de la Sublime Puerta. Otros pueblos habían conservado también ciertos privilegios sobre todo los montañeses que vivían armados en una especie de independencia.

1482 

Mahomet dio un Canon, que unido a la Ley, es decir, al Corán, servía de regla a los pueblos. En este Código se establece el despotismo más desenfrenado; el gran señor es dueño de vidas y haciendas, árbitro de elevar el esclavo a primer ministro, y de cortarle la cabeza.

Bayaceto – 1512 

Bayaceto se hizo proclamar sultán a despecho y con perjuicio de su hermano Zizim, que huyó al quedar vencido; éste fue reclamado por todo el que quiso tener un pretexto de guerra contra el sultán; Alejandro VI consiguió que le fuese entregado, pero lo cedió a Carlos VIII, después de lo cual murió. Bayaceto devastó las provincias austriacas y el Friul, llegó a Vicenza, y quitó a Venecia Lepanto, Corone, Navarino y Durazzo. Fue derrotado por su hijo Selim, que estranguló a todos sus parientes, como a 40 mil Siítas que encontró en su reino.

Persia 

Mientras tanto en la Persia se consolidaba la dinastía de los Ssafi, dominando la Media, la Mesopotamia, la Siria y la Armenia; declarando religión nacional la siíta, y por señal distintiva el bonete rojo. Fueron más cultos, aunque menos experimentados en política. Ismaíl, fundador de la dinastía de los Sofíes, estuvo en guerra con Selim y lo venció.

Los Mahometanos de Egipto, bastante perjudicados por las nuevas vías del comercio, fueron vencidos por Selim, quien después de haber sometido a toda la Siria, los destruyó y encargó a un bajá el gobierno de Egipto; le prestó obediencia el jerife de La Meca, y desde entonces la Puerta pudo enviar todos los años un ejército al través del país.

Solimán el Grande – 1520 – 1526 – 1532 – 1542 

La Moldavia, se había hecho tributaria de los Turcos, que amenazaban extirpar a la raza cristiana. Después del sanguinario Selim, se ciñó la cimitarra Solimán el Grande, valiente, culto, generoso y emprendedor, que elevó el Imperio Otomano a su apogeo. Habiendo invadido la Hungría, se apoderó de Belgrado, baluarte de la cristiandad; atacó con 300 velas y cien mil hombres la isla de Rodas, que se defendió heroicamente, pero que tuvo que rendirse al fin, y la Orden se trasladó a Malta. Entonces Solimán atacó la Bohemia, donde las discordias civiles y religiosas le facilitaron la victoria; y en tanto la Europa indolente miraba sucumbir sus centinelas avanzados. Después de haberse unido la Bohemia y la Hungría bajo el archiduque Maximiliano, sobrevino el Gran Turco y se apoderó de Buda y Estrigonia, y embistió a Viena; pero tuvo que retirarse a causa de trastornos ocurridos en Asia. Había conferido la corona de Hungría a Juan Zapolsky, voivoda de la Transilvania; se había llevado 60 mil esclavos y colocado guarniciones en Buda; regresó en breve, devastó el Austria y la Estiria, y obligó a Carlos V y a Fernando a capitular con él y pedirle perdón. Sin embargo continuaban las recíprocas ofensas. Zapolsky, al morir, recomendó a su hijo al gran señor, el cual, como tutor del joven príncipe, ocupó a Buda. Fernando, que pretendía, siempre aquella corona, fue vencido delante de Pest por Solimán, el cual se alzó con Francisco I para invadir a Nápoles si no se hubiese opuesto Venecia.

Expedición de Argel – 1531 

El pirata Barbarroja, que se había hecho bey de Argel, asolaba las costas del Mediterráneo; llevose de Andalucía 60 mil Moriscos, devastó a Nápoles, sometió a Túnez a la soberanía de la Puerta, y el príncipe destronado se refugió junto a Carlos V. Éste sintió la necesidad de apoderarse de las costas de Berbería, y dirigió contra ellas 500 naves mandadas por Doria; repuso al sultán de Túnez, libertó a los millares de cristianos que había allí esclavos y sitió a Argel. Pero una tempestad destruyó parte de la escuadra y causó a la otra grandes averías; Carlos pudo escaparse después de grandes fatigas y peligros.

Aunque Venecia había renovado con Solimán algunos tratados, éste le quitó algunas islas, por cuyo motivo se coaligó ella con Carlos V, con los caballeros de Malta y otras potencias para reprimir el Turco. Pero por último los Venecianos se encontraron solos y tuvieron que hacer la paz con la Puerta, mediante la cesión de importantes islas y puertos de la Dalmacia. En tanto, Barbarroja asolaba las costas de Francia, y se apoderó de Niza. Sucediolo Dragut, que ocupó a Bastia y amenazaba a Ancona y a Roma. Hasta 1562 no se concluyó la paz entre los Austriacos y Solimán, quedando comprendidos el Papa, Francia y Venecia, En todas aquellas empresas habían dado relevantes pruebas de valor los caballeros de Malta, para quienes fue aquélla la época heroica.

1535 

Solimán había vuelto siete veces a Alemania, a pesar de que al mismo tiempo hacía la guerra en Asia, organizaba el Egipto, invadía la Persia tomando a Tabriz y Bagdad. No llegó a la India, donde Babur pensó renovar el imperio de Tamerlán; se engrandeció sobre las ruinas de los príncipes turcos, mogoles y uzbekos y se aseguró el imperio del Gran Mogol. Protector de la ortodoxia musulmana, Babur escribió en turco sus propias memorias. Muerto él, se renovaron las discusiones entre los diferentes príncipes, mientras los Portugueses extendían sus conquistas.

1530 

Fue fortuna para Europa que con Solimán cesara en los Turcos la manía de las conquistas, pues las hubiera favorecido en demasía la Guerra de los Treinta, Años. Había enriquecido inmensamente el tesoro del imperio; cultivó las letras, favoreció a los poetas, publicó códigos, y pensaba unir el Volga con el Don, poniendo de esta manera en comunicación el mar Caspio con el mar Negro, lo cual hubiera arruinado a la Rusia. Para impedir las discordias entre hermanos, dispuso que los hijos reales se educasen en el harem, lejos de las armas y del gobierno, con lo cual preparó jefes pusilánimes para un pueblo exclusivamente guerrero.