205.-
Aspecto general. El imperio
El
descubrimiento de América y el paso por el Cabo de Buena
Esperanza, mientras que dan al comercio diferente dirección
e introducen en la vida nuevas comodidades y nuevas necesidades,
dirigen la política hacia otros intereses en beneficio del
tráfico, de las colonias, y del dinero que aumentan. Y esto
y el diferente sistema militar y un nuevo derecho público,
no dejan ya que predomine sobre todos una idea moral; sino
que cada Estado se dirige según sus propios intereses a
conquistar una provincia, o a concluir un tratado matrimonial,
o a adquirir una sumisión, o a establecer un equilibrio.
Terminada la guerra de soberanos con vasallos y de los Comunes
con los feudatarios, principian las de gobierno a gobierno,
de pueblo a pueblo.
Subsisten todas las formas de gobierno; la monarquía hereditaria
en Francia y España; la electiva en Polonia; la ilimitada
en Rusia; la constitucional en Hungría; la nominal en Alemania;
la sacerdotal en Roma; la feudal en los pequeños Estados
italianos, hay repúblicas oligárquicas en Alemania, aristocráticas
en Venecia, Génova y Lucca; militar en la Orden Teutónica;
democrática en los cantones suizos; mercantil en Lübeck.
Pero el elemento monárquico va prevaleciendo, donde más
que por las aspiraciones y la opinión del pueblo, los hechos
son determinados por la voluntad y el cálculo de los gobernantes.
Para
que los príncipes no se inclinen al despotismo, se introducen
contrapesos en el gobierno, y se establece el equilibrio
entre los Estados, respetando la independencia de cada uno.
Son
intereses generales: los religiosos, que aún tienden a rechazar
las amenazas de los Turcos; las colonias; el desarrollo
del pensamiento y los fáciles medios de comunicarlo por
el estudio de las lenguas, por la imprenta y por los correos.
Pero no ha desaparecido el antagonismo entre los países
de estirpe romana y los de raza germánica.
A
medida que cesan los privilegios, las libertades alcanzan
al mayor número.
En
Asia el imperio Chino cae bajo el dominio de los Tártaros
(1644); declinan los sofíes en Persia (1500-1723); los Mogoles
se concentran en la India. Los Turcos establecidos en Europa
se hacen poderosos merced a los genízaros y a su fuerza
marítima. Pero el comercio no depende ya de Constantinopla,
desde que los Españoles y los Portugueses lo han trasladado
del Mediterráneo al Océano.
La
Escandinavia, trastornada por la unión de Kalmar, permanece
extraña al movimiento europeo. La Polonia, sin sus desórdenes
interiores, amenazaría a la Rusia, que apenas ha sacudido
el yugo tártaro y aún vive fieramente. Los Húngaros acampan
cual centinela avanzada de Europa contra los Turcos; y aquellos
y los Bohemios, resistiendo a estos, hubieran podido engrandecerse.
España
ha arrojado a los Moros y se lanza a gigantescas empresas.
Pero la unión de todos sus reinos en uno sólo y bajo un
solo rey, inclina a éste a violar las constituciones históricas.
La
corona de Francia aumenta su poder a expensas del de los
grandes vasallos, el último de los cuales desaparecía con
la muerte de Carlos el Temerario .
En
Inglaterra, Enrique VII establece la monarquía absoluta
y la unidad territorial sometiendo a la Irlanda y luego
agregando la Escocia.
1485
En
Alemania no están bien determinados los derechos del imperio,
desprovisto de dinero y reducido a una especie de federación
sin fuerza. En medio de aquellos principados se ha engrandecido
la Casa de Austria, y Maximiliano I (1499-1519) posee el
Austria, la Estiria, la Carintia, la Carniola, el Tirol,
la Suabia, la Alsacia, la Borgoña, Brisgau y Sudgau. Amante
de las letras y las artes, al par que aficionado a la guerra,
Maximiliano debe el mal éxito de sus empresas a su constante
escasez de dinero. En la Dieta de Worms se publica la Paz
perpetua, especie de constitución del imperio, por la cual
se prohíben las guerras particulares, una Cámara imperial
juzga las causas de los miembros inmediatos al Imperio;
un Consejo de gobierno vela sobre la Cámara imperial, y
en casos extraordinarios puede convocar al emperador y a
los seis electores.
Para
distribuir la justicia suprema en los Estados hereditarios,
Maximiliano instituye por último una Cámara áulica.
206.- Italia. Toscana. El Milanesado. Carlos VIII
La
Italia no adquiere nuevos países, ni consolida una autoridad
central, a pesar de ser el foco del saber y de la civilización,
y se convierte en palestra de las ambiciones, En otro lugar
hemos hablado del estado floreciente de las letras. El menor
suceso proporcionaba motivo para fiestas y ceremonias, en
que desplegar el lujo y el buen gusto. Los gobiernos establecidos
procuraban concentrar en sí las prerrogativas reales, quitándolas
a los barones; pero no se formaba la opinión que se necesita
para llegar a la unidad nacional; ninguno de los cuatro
Estados principales era bastante poderoso para someter a
los demás; las repúblicas temían a los grandes señores,
y sin embargo tenían que utilizar sus armas.
El
equilibrio, establecido por Francisco Sforza, y Lorenzo
el Magnífico, degeneró en egoísmo y astucia; y la política
fue el arte de llegar al poder y conservarse en él por todos
los medios, sin la menor idea generosa; y esta perfidia
política fue en aumento cuando sirvió para combatir a los
Alemanes, a los Franceses, a los Suizos y a los Españoles,
en mal hora mezclados en los asuntos de Italia.
1402
Inocencio VIII, que se entregó demasiado a las vicisitudes
políticas, tuvo por sucesor a Alejandro VI, de pésima reputación,
por su inmoralidad; fue sin embargo en extremo hábil y enérgico
para reprimir a los barones, pero su principal intento consistía
en asegurar una elevada posición a los hijos que había tenido
de su querida la Venozza.
Savonarola
Florencia había adquirido el predominio sobre las ciudades
toscanas, sus enemigas; pero el hijo de Lorenzo, Pedro II,
no lograba dominar a las facciones. hízose órgano de los
descontentos Jerónimo Savonarola, natural de Ferrara, fraile
que asociaba una sincera devoción a una decidida inclinación
republicana, predicador muy popular, que mezclando la religión
con la política, combatía al gobierno inmoral de los Médicis,
a quienes acusaba de haber quitado la libertad a la patria.
Los vividores, la corte y los amigos del placer, a quienes
se llamó Tiepidi (tibios), trataban de ridiculizar a los
que titulaban Piagnoni (llorones), partidarios del fraile,
el cual era sostenido por el pueblo, tanto que éste cambió
por cánticos sagrados las canciones lúbricas, y quemó una
infinidad de libros obscenos y pinturas deshonestas. Savonarola
quería regenerar la República por medio de la moralidad,
y para conseguirlo podían mucho la educación de la juventud
y el mejoramiento de las bellas artes.
En
el Milanesado se había establecido con los Sforzas el despotismo
militar, extendido entonces por la mayor parte de Italia.
Luis Sforza lo ejercía en nombre de su sobrino Juan Galeazzo;
y queriendo además el titulo de amo, invitó a Carlos VIII,
rey de Francia, a que fuera a hacer valer las razones que
le asistían para aspirar al trono de Nápoles como heredero
de la casa de Anjou.
1483 - Carlos VIII – 1485 - 6 de julio
Carlos
VIII, caballeroso y vano, soñaba con el imperio del Oriente,
para cuyo logro aspiraba desde luego a la conquista de Italia
y ésta, asustada de aquella nueva invasión, procuró defenderse
con las leyes. Pero Fernando de Nápoles se había enemistado
con los barones que minaban su ruina; los Florentinos esperaban,
con la ayuda de Carlos, librarse de los Médicis; Alejandro
VI, dar un principado a su familia; Luis, hacerse duque.
A la llegada de Carlos, Juan Galeazzo acababa de morir y
Luis reinó; Pedro de Médicis le prestó homenaje; el Papa
le entregó a Zizim, aspirante al trono otomano; Fernando
de Nápoles tuvo que huir; pero los Franceses con su preponderancia
y su orgullo disgustaron a todo el mundo en Italia, y su
ruina fue tan rápida como lo había sido su victoria. Carlos
se vio obligado a retirarse, y los confederados italianos
trataron de cortarle la retirada; en la batalla de Fornovo
pudo a duras penas salvarse y volver a Francia.
1493
Fernando
recuperó el reino. Pedro de Médicis había sido rechazado
por los Florentinos, que proclamaron la República bajo la
presidencia de Jesucristo, inspirados por Savonarola. Este
reprobaba la corrupción de la sociedad y los vicios de la
familia del pontífice; fue durante algún tiempo elevado
hasta las nubes; luego el favor popular se convirtió en
ira, y Savonarola fue procesado y condenado a la hoguera
con otros dos frailes.
207.- Luis XII. Los Borgia. Julio II. Liga de Cambray
1498 – 1500
La
expedición de Carlos VIII resultó funestísima para Italia,
porque dio principio a una serie de guerras, en las cuales
parecía que los extranjeros rivalizaban en causarle daño,
y concluyeron por quitarle la independencia. Luis XII, sucesor
de Carlos VIII, titulándose rey de las Dos Sicilias y duque
de Milán, manifestó sus pretensiones como heredero de los
Anjou y de Valentina Visconti. Los Venecianos reconocieron
sus pretensiones, mediante la cesión de Cremona y de la
Geradadda. En Milán, Luis Sforza desplegaba gran lujo, construía
bellos edificios y protegía la agricultura y la industria;
pero su corte era un semillero de inmoralidades y de intrigas.
Era enemigo suyo mortal Jacobo Trivulzio, que guió a los
Franceses contra Milán, de donde huyó Luis para ir a solicitar
el auxilio del emperador Maximiliano; no pudiendo conseguir
esto, asalarió a muchos Suizos y recuperó la Lombardía;
pero al cabo de poco tiempo cayó en Novara prisionero del
rey Luis, que lo tuvo encerrado en el castillo de Loches
hasta que murió.
Luis
XII invadió a Nápoles; trató con Fernando el Católico, ansioso
siempre de poseer aquel reino, y convinieron en que lo repartirían
entre ambos. Fernando envió a Nápoles a Gonzalo de Córdoba,
el Gran Capitán, quien mandó prisionero a España al rey
Federico II. En seguida los Españoles se apoderaron de todo
el reino; pero tuvieron que luchar con los Franceses. Maximiliano
rehusaba la investidura del Milanesado a Luis XII y preparaba
una Cruzada contra los Turcos.
Las
victorias de los Franceses exaltaron a Alejandro VI y a
su hijo César Borgia, duque de Valentinois, modelo de tiranuelos,
resuelto a engrandecerse con la traición y la violencia,
y digna personificación de la política descrita por Maquiavelo.
Con tales artes quitó de en medio a los señores entre los
cuales estaba dividida la Romania, ansioso de formar un
señorío único. También ambicionaba el ducado de Urbino,
la Toscana y el reino de Nápoles. Los muchos capitanes que
aún disponían de todas las fuerzas de Italia, trataron de
oponerse al duque de Valentinois, pero éste iba de éxito
en éxito, hasta que de pronto murió Alejandro VI, envenenado
según se cree. Julio II, que le sucedió en el solio pontificio,
reprimió al duque de Valentinois, quien después de haber
visto convertirse en humo sus soberbios designios, murió
en Francia.
1503
Luis
XII combatió a los Españoles con tropas francesas y suizas,
y aquella época se señaló por heroicos hechos de armas que
honraban a vencedores y a vencidos. Por fin se quedó Francia
con el Milanesado, y España con Nápoles. Pisa, Florencia
y Génova eran teatro de discordias civiles. Florencia recuperó
a Pisa, que perdió entonces su antigua importancia. Julio
II, más rey que Papa, quiso subyugar a la Romania, y se
propuso libertar a Italia de los bárbaros, es decir de las
tropas mercenarias, a cuyo fin llamaba ora a Maximiliano,
ora a Luis.
Liga de Cambray – 1508 – 1513
Los
nuevos príncipes tuvieron celos de Venecia, que se hallaba
en el colmo de su grandeza y prosperidad. El Papa, el emperador,
los reyes de Francia y de Nápoles, inventaron pretextos
para coaligarse contra ella. Venecia les opuso la fuerza
y la política, pero se hallaba reducida al último extremo.
Los Franceses pudieron contar con los grandes capitanes
que entonces campeaban en Italia (Bayardo, Gastón de Foix,
La Tremouille, La Palisse), a quienes oponía otros valientes
la España, mientras que otros capitaneaban a los Suizos,
enemigos todos de Italia. Por último Venecia logró descomponer
aquella torpe liga, y aliarse a su vez con Julio II, el
cual siempre despótico, pretendió que cesaran las enemistades
contra Venecia; armó a los Suizos que destinaba como barrera
protectora de la libertad italiana, y no paró hasta morir
exclamado: ¡No más Franceses en Italia!
1513 – 1515 - 6 de junio – 1516 - 14 de setiembre
Los
Suizos, en efecto, eran poderosos por su excelente infantería,
y devolvieron la Lombardía a Maximiliano Sforza, y derrotaron
a los Franceses en Novara. Francisco I, nuevo rey de Francia,
no pudo atraérselos, en vista de lo cual se puso de acuerdo
con los Venecianos, y en Marignan derrotó a los Suizos,
que concluyeron con Francia la Paz perpetua. Maximiliano
Sforza fue llevado prisionero a Francia, y Francisco I quedó
dueño del Milanesado. Después de tantos desastres se firmó
la paz en Noyon. Los dominios papales se habían aumentado
con Urbino y Perusa; Venecia recuperó con la paz cuanto
había perdido en la guerra; y después de pérdidas inmensas
de riquezas y de hombres, y la ruina de su comercio, la
Italia se hallaba expuesta a los Turcos y a los ambiciosos.
208.- Francisco I y Carlos V
1519
Aquí
la historia consigna con dolor la enemistad de dos grandes
reyes. Carlos V heredó de su abuela María de Borgoña gran
parte de los Países Bajos y del Franco Condado; de su abuelo
Fernando y de su madre Juana la España y los reinos de Navarra,
Nápoles, Sicilia y Cerdeña; de Maximiliano los países austriacos;
a todo lo cual hay que añadir media América y un retazo
del África. En competencia con Enrique VIII y Francisco
I, obtuvo también la corona imperial; y por medio de sus
generales en la guerra, y con su propia política y su incansable
actividad, pudo rivalizar con Francisco I, heroico y generoso.
El
fundamento de su poder era la España, donde no supo respetar
las franquicias históricas ni las buenas disposiciones del
gran cardenal Jiménez de Cisneros, por cuyo motivo se sublevaron
los Comuneros, con el apoyo de Juan de Padilla; pero éste
sucumbió, y Carlos aprovechó la coyuntura para quitar autoridad
a las Cortes.
1522 - 29 de abril
Los
convenios con el Papa impedían que a la corona imperial
se uniese la de Nápoles, que Francisco I reclamaba por la
misma razón. Pero León X, que hubiera podido mantener la
balanza entre los dos contendientes, se asoció con Carlos
V. Este era aborrecido de los Italianos, como heredero de
las pretensiones gibelinas, como flamenco, o sea de una
nación rival de Italia en el comercio; y como dueño de aquel
nuevo mundo que les había arrebatado el cetro de los mares.
Sus capitanes se apoderaron del Milanesado, con espantosas
devastaciones, y en la Bicocca derrotaron al francés Lautrec;
devolvieron el ducado a Francisco II Sforza, y contra Francia
se coaligaron el archiduque de Austria, el rey de Inglaterra,
Florencia, Génova, Siena y Lucca. Muerto Próspero Colonna,
el capitán más prudente de aquella época, se hallaban al
frente de los imperiales. Carlos de Lannoy, el marqués de
Pescara, el condestable de Borbón, desertor de Francia,
y Juan de Médicis, jefe de las bandas negras, que introdujo
de nuevo la costumbre de las armas a la ligera. Bayardo
murió en Romagnano, y los Franceses tuvieron que abandonar
la Italia a aquellos enemigos que la devastaban.
1523 – 1525 - 24 de febrero - Saqueo de Roma – 1527 – 1525
Al
espléndido León X sucedió Clemente VII, que asustado del
incremento de Carlos V, se inclinó hacia Francia. Francisco
I rechazó una invasión de su reino; luego volvió a pasar
los Alpes y recobró el Milanesado; pero cayó prisionero
en la batalla de Pavía. Las condiciones fijadas por Carlos
V para darle la libertad eran demasiado gravosas, y se complicó
aún más la política; veíase que Carlos V quería el Milanesado
para su familia; Venecia sentía amenazada su libertad; Florencia
veía desaparecer la suya; Clemente vacilaba, tanto más cuanto
que Carlos V podía oponerle los nuevos heresiarcas. Francisco
I recobró la libertad dejando en rehenes a sus propios hijos;
pero faltó a sus promesas y entró en una liga con el Papa
y con los Venecianos para arrojar de Italia a los Imperiales.
Estalló, en efecto, la guerra; el Milanesado sufrió una
devastación terrible, y el condestable de Borbón dirigió
contra Roma el ejército imperial, o mejor dicho, las bandas
capitaneadas por Jorge Freundsberg, que no obedecían a nadie,
pero que querían predominio y saqueo. Sitiada Roma, y habiendo
sido muerto el de Borbón, la ciudad fue entregada a un saqueo
de los más atroces que se recuerdan, figurando entre sus
víctimas los numerosos doctores y prelados que de todas
partes acudían a Roma, metrópoli del cristianismo y de la
civilización.
1529 - Paz de Cambray
Aquel
acto de barbarie hizo estremecer a todo el mundo civilizado.
Francisco I y Enrique VIII se coaligaron para libertar al
Papa y a los hijos de Francia, asegurar a Sforza el ducado
de Milán y reprimir al monarca austriaco. Un ejército, mandado
por Lautrec sitió en Nápoles al príncipe de Orange, retirado
allí con el ejército imperial. La falta de dinero y las
epidemias redujeron sus 25 mil hombres a 4 mil, los cuales,
muerto Lautrec, se vieron obligados a rendirse. A las otras
desventuras de Francia se añadió la deserción del genovés
Andrés Doria, que se pasó al servicio de Carlos V, y excitó
a Génova a libertarse de los Franceses.
Finalmente, en Barcelona y en Cambray se concluyó la paz;
el pontífice obtuvo de los Venecianos la restitución de
Rávena y Cerva, y del duque de Ferrara, la de Módena, Reggio
y Rubiera. Los Médicis eran establecidos en Florencia y
Sforza en Milán; el Papa daba a Carlos V la corona imperial
y la investidura del reino de Nápoles; Francisco renunciaba
a Flandes y Carlos a la Borgoña. Habiendo cedido las Molucas
a los Portugueses, Carlos llamó a Andrés Doria, y a bordo
de su nave capitana marchó hacia Italia; en Bolonia recibió
la corona de hierro y la de oro. Génova, Lucca y Siena quedaron
libres; Federico de Mantua obtuvo el título de duque; el
papado era gibelino, y la independencia italiana expiraba.
Sitio de Florencia -1530
Florencia no era comprendida en la paz, porque la ambicionaban
los Médicis, que habían sido arrojados de ella durante los
últimos trastornos. Los Florentinos simpatizaban más con
la Francia que con Carlos V pero el rey, que frustraba sus
esperanzas, los abandonó a merced del Papa Clemente, el
cual mandó contra ellos al ejército alemán, capitaneado
por el príncipe de Orange. El sitio de Florencia es memorable
por el heroísmo desplegado por los últimos güelfos; pero
al fin tuvo que capitular y aceptar como duque a Alejandro
de Médicis.
1544 - Paz de Crépy
Francisco I no sabía resignarse a la pérdida del Milanesado,
y promovió una tercera guerra, cuando Carlos V hubo fracasado
en la expedición contra los Argelinos, cuando la Hungría
era invadida por el gran turco Solimán, y Flandes era igualmente
amenazada. Francisco se coaligó hasta con la Turquía; pero
los imperiales, aliados con Inglaterra y otros países, invadieron
la Francia y se dirigieron contra París. Después de recíprocos
daños, se concluyó la paz de Crépy, por la cual la Francia
renunciaba al dominio de Flandes y del Artois, y a sus pretensiones
sobre Nápoles, y restituía a la Saboya los arrebatados dominios.
Carlos renunciaba a la Borgoña y Enrique VIII conservaba
a Bolonia.
1537 – Lorenzino – 1546 – 1534
La
Italia, que había sido el pretexto de tantos desastres,
yacía debilitada por cuatro guerras. Alejandro de Médicis
disgustaba a los Florentinos con su tiranía y liviandades;
su cómplice Lorenzino de Médicis le hizo dar muerte, y tuvo
por sucesor a Cosme, hijo de Juan el de las Bandas Negras;
opusiéronse sin resultado los Piagnoni, fieles a las ideas
republicanas del fraile Savonarola, y los Strozzi, que fueron
derrotados en Montermurlo. Conservaba su libertad Lucca,
donde Francisco Burlamachi intentó una revolución que dio
fuerza a la aristocracia. Siena, sostenida por los Strozzi
y por los Franceses, después de un largo sitio se sometió
a los Médicis, dejando a los Españoles los puertos de Orbitello,
Talamome, Portercole, Monteargentaro y San Esteban, que
se llamaron presidios.
1557
Génova,
dividida entre güelfos y gibelinos, nobles y burgueses,
ciudadanos y plebeyos, mercaderes y artesanos, Adornos y
Fegosos, iba modificando su constitución. Pedro Luis Fiesco,
conde de Lavagna, trató de abatir el poder de los Doria,
pero quedó muerto.
Placencia había gemido bajo la brutal tiranía de Pedro Luis
Farnesio, hijo del Papa; fue muerto el tiranuelo en una
conjuración, pero su hijo Octavio pudo recuperar el ducado.
En
cada una de estas y otras revoluciones aparecían las rivalidades
entre Austriacos y Franceses. Paulo IV, de la familia de
los Caraffa, pensaba emancipar a Italia y formó una liga
santa contra el imperio; pero no fue secundado, mucho menos
siendo vencidos los Franceses en la famosa batalla de San
Quintín. Al fin la paz de Cateau-Cambrésis dio término a
las hostilidades entre Francia y Austria, y colocó los negocios
de Italia en el estado en que debían permanecer mucho tiempo.
El Imperio perdió las ciudades de Metz, Toul y Verdún; la
Inglaterra a Calais. La Córcega fue entregada a los Genoveses;
Placencia a los Farnesio; la Saboya, cuyo duque Manuel Filiberto
se había distinguido en la batalla de San Quintín, aumentó
en territorio y fue considerada como potencia italiana.
209.-
Estados musulmanes
Con
las discordias de los Cristianos, los Turcos estuvieron
a punto de ocupar la Alemania y la Italia. Tenían tropas
bien organizadas, excelente marina, formidable artillería,
y felizmente para la cristiandad, los Musulmanes estaban
sumidos en discordias políticas y religiosas. Mahomet II,
después de la toma de Constantinopla, sojuzgó extensísimos
países y la Grecia. En ésta respetó la Iglesia, pero los
dignatarios tenían que comprar la patente al gran señor,
quien los arrojaba del país o les daba muerte si oponían
resistencia. El patriarca ecuménico, residente en Constantinopla,
estaba encargado de proteger a los Griegos cerca de la Sublime
Puerta. Otros pueblos habían conservado también ciertos
privilegios sobre todo los montañeses que vivían armados
en una especie de independencia.
1482
Mahomet
dio un Canon, que unido a la Ley, es decir, al Corán, servía
de regla a los pueblos. En este Código se establece el despotismo
más desenfrenado; el gran señor es dueño de vidas y haciendas,
árbitro de elevar el esclavo a primer ministro, y de cortarle
la cabeza.
Bayaceto – 1512
Bayaceto
se hizo proclamar sultán a despecho y con perjuicio de su
hermano Zizim, que huyó al quedar vencido; éste fue reclamado
por todo el que quiso tener un pretexto de guerra contra
el sultán; Alejandro VI consiguió que le fuese entregado,
pero lo cedió a Carlos VIII, después de lo cual murió. Bayaceto
devastó las provincias austriacas y el Friul, llegó a Vicenza,
y quitó a Venecia Lepanto, Corone, Navarino y Durazzo. Fue
derrotado por su hijo Selim, que estranguló a todos sus
parientes, como a 40 mil Siítas que encontró en su reino.
Persia
Mientras
tanto en la Persia se consolidaba la dinastía de los Ssafi,
dominando la Media, la Mesopotamia, la Siria y la Armenia;
declarando religión nacional la siíta, y por señal distintiva
el bonete rojo. Fueron más cultos, aunque menos experimentados
en política. Ismaíl, fundador de la dinastía de los Sofíes,
estuvo en guerra con Selim y lo venció.
Los
Mahometanos de Egipto, bastante perjudicados por las nuevas
vías del comercio, fueron vencidos por Selim, quien después
de haber sometido a toda la Siria, los destruyó y encargó
a un bajá el gobierno de Egipto; le prestó obediencia el
jerife de La Meca, y desde entonces la Puerta pudo
enviar todos los años un ejército al través del país.
Solimán el Grande – 1520 – 1526 – 1532 – 1542
La
Moldavia, se había hecho tributaria de los Turcos, que amenazaban
extirpar a la raza cristiana. Después del sanguinario Selim,
se ciñó la cimitarra Solimán el Grande, valiente, culto,
generoso y emprendedor, que elevó el Imperio Otomano a su
apogeo. Habiendo invadido la Hungría, se apoderó de Belgrado,
baluarte de la cristiandad; atacó con 300 velas y cien mil
hombres la isla de Rodas, que se defendió heroicamente,
pero que tuvo que rendirse al fin, y la Orden se trasladó
a Malta. Entonces Solimán atacó la Bohemia, donde las discordias
civiles y religiosas le facilitaron la victoria; y en tanto
la Europa indolente miraba sucumbir sus centinelas avanzados.
Después de haberse unido la Bohemia y la Hungría bajo el
archiduque Maximiliano, sobrevino el Gran Turco y se apoderó
de Buda y Estrigonia, y embistió a Viena; pero tuvo que
retirarse a causa de trastornos ocurridos en Asia. Había
conferido la corona de Hungría a Juan Zapolsky, voivoda
de la Transilvania; se había llevado 60 mil esclavos y colocado
guarniciones en Buda; regresó en breve, devastó el Austria
y la Estiria, y obligó a Carlos V y a Fernando a capitular
con él y pedirle perdón. Sin embargo continuaban las recíprocas
ofensas. Zapolsky, al morir, recomendó a su hijo al gran
señor, el cual, como tutor del joven príncipe, ocupó a Buda.
Fernando, que pretendía, siempre aquella corona, fue vencido
delante de Pest por Solimán, el cual se alzó con Francisco
I para invadir a Nápoles si no se hubiese opuesto Venecia.
Expedición de Argel – 1531
El
pirata Barbarroja, que se había hecho bey de Argel, asolaba
las costas del Mediterráneo; llevose de Andalucía 60 mil
Moriscos, devastó a Nápoles, sometió a Túnez a la soberanía
de la Puerta, y el príncipe destronado se refugió junto
a Carlos V. Éste sintió la necesidad de apoderarse de las
costas de Berbería, y dirigió contra ellas 500 naves mandadas
por Doria; repuso al sultán de Túnez, libertó a los millares
de cristianos que había allí esclavos y sitió a Argel. Pero
una tempestad destruyó parte de la escuadra y causó a la
otra grandes averías; Carlos pudo escaparse después de grandes
fatigas y peligros.
Aunque
Venecia había renovado con Solimán algunos tratados, éste
le quitó algunas islas, por cuyo motivo se coaligó ella
con Carlos V, con los caballeros de Malta y otras potencias
para reprimir el Turco. Pero por último los Venecianos se
encontraron solos y tuvieron que hacer la paz con la Puerta,
mediante la cesión de importantes islas y puertos de la
Dalmacia. En tanto, Barbarroja asolaba las costas de Francia,
y se apoderó de Niza. Sucediolo Dragut, que ocupó a Bastia
y amenazaba a Ancona y a Roma. Hasta 1562 no se concluyó
la paz entre los Austriacos y Solimán, quedando comprendidos
el Papa, Francia y Venecia, En todas aquellas empresas habían
dado relevantes pruebas de valor los caballeros de Malta,
para quienes fue aquélla la época heroica.
1535
Solimán
había vuelto siete veces a Alemania, a pesar de que al mismo
tiempo hacía la guerra en Asia, organizaba el Egipto, invadía
la Persia tomando a Tabriz y Bagdad. No llegó a la India,
donde Babur pensó renovar el imperio de Tamerlán; se engrandeció
sobre las ruinas de los príncipes turcos, mogoles y uzbekos
y se aseguró el imperio del Gran Mogol. Protector de la
ortodoxia musulmana, Babur escribió en turco sus propias
memorias. Muerto él, se renovaron las discusiones entre
los diferentes príncipes, mientras los Portugueses extendían
sus conquistas.
1530
Fue
fortuna para Europa que con Solimán cesara en los Turcos
la manía de las conquistas, pues las hubiera favorecido
en demasía la Guerra de los Treinta, Años. Había enriquecido
inmensamente el tesoro del imperio; cultivó las letras,
favoreció a los poetas, publicó códigos, y pensaba unir
el Volga con el Don, poniendo de esta manera en comunicación
el mar Caspio con el mar Negro, lo cual hubiera arruinado
a la Rusia. Para impedir las discordias entre hermanos,
dispuso que los hijos reales se educasen en el harem, lejos
de las armas y del gobierno, con lo cual preparó jefes pusilánimes
para un pueblo exclusivamente guerrero. |