César Cantú - Compendio de la Historia universal

Libro XIV

183.- Geografía. Viajes antiguos

Este libro está especialmente dedicado a los viajes, es decir a la extensión de la humanidad en espacio, como la hemos seguido en su extensión en el terreno de la moral, de los conocimientos y de la libertad.

Las necesidades lanzaron a la especie humana desde el suelo natal a remotos países; pero se ignora quién fue el primero que domó el caballo, el asno, el camello, quién los unció a los carros, quién se abandonó por la vez primera a las olas del mar en una frágil nave, y concibió el uso de los remos y las velas. ¡Cuánto tiempo, cuántos estudios, experimentos y errores debieron de necesitarse para que el hombre, desde un tronco ahuecado por el fuego, que sería su primera embarcación, llegase a saber derribar los bosques cuidados con tal objeto y construir verdaderas naves, aptas para cruzar los mares, a despecho de las tormentas y de los vientos contrarios! Los pueblos semíticos, hebreos, árabes, fenicios, fueron los primeros que se dedicaron al comercio. Sus caravanas atravesaban las vastas llanuras del Asia y las tostadas arenas del África. Tiro y Sidón sacaban de los bosques del Líbano los troncos para construir naves con que trasladarse de Ofir a “Tartessos” , en el Atlántico, y fundaron colonias hasta en España y en Irlanda.

La India fue el principal objeto del comercio marítimo y terrestre, por ser el país de donde procedían los objetos preciosos, los tintes, el marfil, las especias, que los indígenas aportaban a la confluencia de los ríos y junto a los santuarios. Hasta por curiosidad se emprendieron algunos viajes y Necao, rey de Egipto, después de haber puesto en comunicación el Nilo con el golfo Arábigo, envió desde allí naves fenicias, que dando la vuelta al África, volvieron por el estrecho gaditano. El Hércules fenicio personifica a las numerosas colonias establecidas en las costas del Mediterráneo y del Atlántico. Son concepciones poéticas, que poco enseñan, los viajes de Ulises, que en un día llega a los confines del Océano, y los de los Argonautas, que en un día también dan la vuelta a Europa, llevando a remolque las naves a lo largo de las costas. A los héroes de Homero les parece portentosa la travesía desde el África a la Sicilia, cuando ya los Fenicios desafiaban el Océano. Heródoto viajó bastante, e investigó y refirió muchas cosas, aun sin entenderlas; la escasez de libros le dejó en la ignorancia de gran número de cosas, y hasta de los descubrimientos de los Cartagineses. Los Griegos debieron el conocimiento de éstos aEscílax de Carianda, que citó por la primera vez a Roma y Marsella. De ésta última ciudad salió Piteas, que navegó antes de la época de Alejandro por las costas de la España y la Galia hasta la Bretaña, y desde allí al Báltico. Los viajes de Ctesias y de Jenofonte dieron a conocer la India y la Persia, pero más todavía los de Alejandro Magno, que llevaba consigo un verdadero estado mayor de geógrafos y naturalistas. Bajo sus sucesores, muchos exploraron y describieron nuevos países; pero como estaban engreídos de su propia civilización, despreciaban los países que visitaban, y sus incompletas descripciones se resentían de ese menosprecio.

La conquista de los Romanos derrocando las antiguas repúblicas marítimas, impidió hacer ulteriores tentativas. Mas así como las victorias de Alejandro revelaron la existencia del Oriente, las de Mitridates dieron a conocer el Norte de Europa, y las de Roma el Occidente. En realidad, los conocimientos científicos habían adelantado poco hasta entonces, y Estrabón no supo mucho más de lo que se sabía 1100 años antes. Discute si la Italia es un triángulo o un cuadrado, y cree que el mar Caspio comunica con el Océano Septentrional. No tenía noticia de lo que los viajeros habían referido de la Arabia y del centro del África. Pomponio Mela, Dionisio, Plinio son compiladores; pero en tiempo de Plinio se descubrió la regularidad de los vientos que soplan periódicamente en los mares situados entre el África y la India, la mitad del año del Sudoeste, y la otra mitad del Sudeste; este descubrimiento dio nueva vida al comercio de la India. Nadie fundaba la geografía en las matemáticas; pero Tolomeo, un siglo después de Cristo, sirviéndose de las obras recogidas en la biblioteca de Alejandría, aplicó las medidas de longitud y latitud, dio un catálogo de los lugares con su respectiva posición; mas como toma por base las medidas itinerarias de los mercaderes y de los navegantes, se equivoca con frecuencia.

En la antigüedad, cada uno colocaba a su país en el centro de la tierra. Alrededor de este centro se hallaban distribuidos los pueblos civilizados, y a lo lejos los extranjero, o bárbaros, designados por monstruos, osos o monos, gigantes o pigmeos. La escasez de libros hacía que se ignorase lo que ya se había hecho a escrito; suplíalos la imaginación. Y esta creaba una Atlántida, o Gran Tierra, o Continente Croniano, que se suponía haber existido más allá de las Columnas de Hércules, asilo de delicias, que se había sumergido en el mar. Redonda o cuadrada, la tierra se suponía dividida en cinco zonas, dos heladas, a los extremos, dos templadas, y una tórrida en el centro. Se suponían habitables las dos templadas, sin que se pudiese pasar de una a otra (Sueño de Escipión).

Edad Media 

Los primeros misioneros cristianos llegaron a remotísimas comarcas, mas fue para el bien de las almas y no para el de la ciencia. Otro tanto hicieron los Mahometanos, algunos de los cuales fueron expedidos por los califas a visitar colonias musulmanas, hasta Samarcanda y China; y los hubo que, poco después del año mil, pasaron el estrecho y encontraron islas que llamaron Azores por las muchas aves de esta especie que allí había.

Edrisi 

Los califas hicieron medir y delinear sus posesiones. Poseemos muchos viajes de musulmanes, entre los cuales sobresale Edrisi (Muhammad al-Sarif al-Idrisi) , que por encargo de Roger de Sicilia escribió las Peregrinaciones de un curioso que va a explorar las maravillas del mundo, en cuya obra explica las indicaciones de un globo de ochocientos marcos de plata que aquel rey había mandado construir. Ibn Batuta , de Tánger, hacia el año 1300, se puso en camino con el objeto de conocer hasta qué punto se había extendido el islamismo. Benjamín de Tudela, hebreo, viajó por la Palestina, la India, la Etiopía y el Egipto, buscando los progresos de la religión mosaica.

Escandinavos – 982 – 1380 

Los Escandinavos, adiestrados en las correrías por mares tempestuosos, descubrieron las Hébridas, la Islandia, desde la cual se adelantaron hacia un país que llamaron Groenlandia, y de allí al Vinland, que parece debía estar situado en Terranova; lo que supone que llegaron al continente americano.

Nicolás y Antonio Zeno, venecianos, visitaron y delinearon aquellas tierras, y colocaron a más de mil millas al Oeste de Frisland, y al Sur de Groenlandia, dos costas llamadas Estotiland y Droceo, que corresponderían a Terranova, Nueva Escocia y Nueva Inglaterra; y designaron un pueblo culto, que debía ser Méjico o la Florida. En esto se fundan los eruditos daneses para pretender que a ellos se debe el descubrimiento de América.

Entre los viajeros europeos, el más ilustre es el veneciano Marco Polo, que en la China y el Japón estuvo en la Corte de los Mogoles.

Mapas 

Los primeros mapas se atribuyen a Anaximandro, discípulo de Tales . Eratóstenes aplico a los mismos la graduación gnómica, pero con la proyección plana, a cuyo método sustituyó Hiparco el de los meridianos convergentes. Es probable que las cartas que acompañan al texto de Tolomeo hayan sido variadas a medida que se adquirían nuevos conocimientos. El único monumento que nos han dejado los Romanos, es la tabla de Peutinger, diseño muy grosero, sin proporciones, de veintidós pies de largo y uno de ancho, que solo podía servir como carta itineraria. En las bibliotecas se hallan mapas de la Edad Media, que se iban perfeccionando paulatinamente; es notable el planisferio de fray Mauro en el palacio ducal de Venecia, donde se encuentran marcados hasta los países conocidos por los Árabes; el África termina en punta, y se duda si está indicada la posibilidad de darle la vuelta, que tanto trabajo costó y que se había olvidado.

A esta empresa se lanzaron los Portugueses, y el príncipe Enrique estableció en Sagres, en los Algarbes, una escuela de náutica, donde se hicieron mapas mejores.

184.- Comercio antiguo

El aliciente principal para los viajes era el comercio, y ya dimos una idea de las caravanas y de las colonias. En la época de su grandeza, Roma fue el mercado principal del mundo; después lo fue Constantinopla, magníficamente situada. Uno de los géneros más importantes era la seda, que se traía de la China; queriendo los Persas ejercer el monopolio de este género, no permitían que fueran otros a buscarlo; de este modo permanecieron los Griegos tributarios de los Persas en el comercio de seda, hasta que, en tiempo de Justiniano, algunos misioneros trajeron semilla del gusano que la cría y se plantaron moreras en Europa.

La primera irrupción de los Musulmanes destruyó el comercio con los Persas, con la India y con la China; pero lo continuaron ellos mismos después. Basora arrebató sus ventajas a Alejandría; sus monedas, que se hallan en Rusia, en la Bukaria, en la Noruega, atestiguan sus frecuentes relaciones con estos países. También iban los Árabes a la China, por el Kabul y el Tíbet. Los Bizantinos, excluidos de los puertos árabes, iban a la India, haciendo un largo trayecto y remontándose hasta Kiev en Rusia.

La Europa se hallaba demasiado agitada por los invasores para poder atender al comercio en grande escala; por esto mismo lo favoreció Carlomagno. Las cruzadas, además de hacer considerar a Europa como una sola nación, abrieron nuevos caminos y facilitaron establecimientos comerciales, que proporcionaron riquezas sobre todo a las repúblicas italianas. Los Genoveses y Venecianos marcharon al frente de los demás países, abrieron el Egipto, llegaron a la China, mientras que del Norte traían maderas, cáñamo, pez, cera y tuvieron grandes establecimientos en Alejandría de Egipto, donde los Mamelucos les favorecían merced a los derechos que cobraban de los negociantes.

La conquista de Constantinopla pobló con colonias europeas el litoral de Levante, pero los reinos que allí fundaron los latinos fueron de muy corta duración. Sin embargo, los príncipes musulmanes, en vez de arrojar de allí a los Europeos, comprendieron cuán útil era favorecerlos. Muchas ciudades del Mediodía de Italia, además de Nápoles, Trani y Gaeta, comerciaban con el África y con los puertos del Mar Negro.

En Francia el comercio no se avivó hasta que Luis IX adquirió el puerto de Aguasmuertas. En España, los Árabes introdujeron sus costumbres mercantiles, el cultivo del azúcar, del algodón, del azafrán, y las preparaciones del papel, del cordobán y del alumbre. Los Berberiscos llevaban a las costas septentrionales del África los productos de la Nigricia.

Alimentaban el comercio las especias y demás productos de la India, mayormente la pimienta, tan común entonces como ahora el azúcar, la goma, el alcanfor, la sandáraca y las maderas tintóreas. Creció el consumo de la seda, con la cual rivalizaban las pieles. Cada feudatario fabricaba sus armas, pero las de mayor reputación eran las de Milán y de Damasco. Los barrios de Brescia y del Friul dieron nueva exportación a los Venecianos. Del Norte venían los pescados salados, sobre todo que Guillermo Beukelzoon hubo inventado el sistema de salar los arenques.

Hasta el siglo XIII no se formaron compañías comerciales en Inglaterra para traficar con Flandes, que adquirió singular vida por el comercio y la fabricación de los tejidos, con lanas que compraba a los Ingleses. El Parlamento de Oxford prohibió luego el exportarlas; y Eduardo III, sacando partido de las discordias de los Flamencos, prometioles entre otras cosas, buena vaca y buen carnero para que fuesen a ejercer su industria en Inglaterra, como efectivamente hicieron. No tardaron los mercaderes en adquirir la importancia que antes se daba únicamente a los propietarios, a los legistas y a los guerreros. Pronto los Ingleses tuvieron bancos en el Báltico y en las costas prusianas y danesas, y la navegación por las costas enseñó a desafiar los peligros del Océano.

Obstáculos 

El comercio halló un grave obstáculo en la piratería, que para los antiguos no era más deshonrosa que hoy la conquista, y la vemos, ejercida por los héroes de Homero. En la Edad Media se constituyeron ciudades para ejercerla. Los Anseáticos trataron al principio de destruirla, con no dar cuartel a los buques corsarios, y prohibir la compra de sus presas.

Otro obstáculo era la prohibición del Papa impidiendo comerciar con los infieles. Según el derecho de represalias, el que había recibido una injuria, podía indemnizarse con los bienes y personas de los conciudadanos del ofensor. En virtud del albinage, los bienes de un extranjero pertenecían al señor en cuyas tierras muriese; y en virtud del derecho de naufragio, todo buque que naufragaba en las costas era presa del primer ocupante.

No había correos que permitiesen mantener correspondencia seguida; se escribía poco; no se usaba apenas la comisión, sitio que el mismo fabricante iba a vender o cambiar sus productos.

La Iglesia prohibió despojar a los náufragos; poco a poco se introdujeron costumbres más humanas, a medida, que aumentaba el comercio y se estipulaban tratados.

Hablamos ya del florecimiento de las ciudades italianas. La industria se organizó en asociaciones jerárquicas, dentro de las cuales quedaban colectivamente emancipadas las personas, cuya igualdad civil y política no estaba generalmente reconocida, y fuera de las cuales no se podían ejercer las artes y oficios. Los síndicos, los consejos, los prohombres, las cámaras de disciplina contribuían a la educación popular, al estímulo del trabajo y a la desaparición de los fraudes. Establecidos los reyes, quisieron éstos aprovecharse de la ganancia de los súbditos laboriosos, exigiendo tributos, gabelas y tasas.

El dinero 

El comercio daba importancia al dinero en efectivo. El cuño y título de la moneda variaban hasta el infinito, de modo que se estipulaba la verificación de los pagos en moneda de tal o cual país determinado. Hubo después cambiantes lombardos, sieneses y florentinos, que recibían cantidades en depósito, y las iban entregando a medida que llegaban órdenes del depositante. De esto se pasó al uso de las letras de cambio.

Fundáronse también bancos de depósito o de crédito, como los de Venecia y de Génova, que empleaban los capitales impuestos e instituciones útiles, en empresas y hasta en conquistas.

Gran preponderancia adquirían los Judíos, los cuales, no pudiendo comprar tierras, empleaban sus capitales en el tráfico, mayormente en préstamos, en cuyo negocio les imitaron los Lombardos. Eran crecidos los intereses, sobre todo donde estaba prohibida la usura, pues los prestamistas se hacían pagar el peligro que corrían.

Los Frescobaldi, los Bardi, los Peruzzi, los Capponi, los Acciajuoli, los Corsini y los Ammanati de Florencia eran en el siglo XIV los banqueros más célebres de Inglaterra y de los Países Bajos.

Los seguros marítimos, al principio de uso poco habitual, se hicieron obligatorios poco después del año mil.

Derecho marítimo 

Las ligas marítimas más antiguas eran las de Rodas, adoptadas por los antiguos. Un catalán o un italiano recogió en el siglo XII las costumbres de los puertos del Mediterráneo, según las cuales, los cónsules de los diferentes países juzgaban en las cuestiones marítimas. A ejemplo de estos usos, se recogieron también los del Océano bajo el título de Juzgado de Olerón. Las Ordenanzas de Wisby estaban en vigor en el Norte. De estas leyes de diferente origen surgió un cuerpo de derecho marítimo, que después fue común a toda Europa.

En 1403 Venecia estableció el primer lazareto, donde habían de hacer cuarentena los buques procedentes de países infestados.

185.- La brújula. Descubrimientos de los Portugueses

Como todas las artes, progresó también la de construir buques; pero no era preciso que estos fuesen muy grandes, mientras se veían reducidos a costear, por falta de aparato que permitiese orientarse al perder de vista la tierra. Hacia el año 1200 se conoció la propiedad de la aguja imantada de dirigirse constantemente hacia el polo, y se construyó la brújula, cuya invención se atribuye a Flavio Gioja, de Amalfi. El congreso de sabios, reunido en tiempo de don Juan de Portugal, enseñó a aplicar a la navegación el astrolabio, con el cual se señalaban los grados de altura en que se hallaba el buque.

1486 – 1497 

Con tales medios, los Portugueses salieron de las Columnas de Hércules, consideradas como límites del mundo; y las aventuras de algunos navegantes italianos, que habían ido en busca de la Atlántida y de las islas Fortunatas, hicieron esperar que se llegaría al extremo del África, y se continuaría hasta las Indias por un camino más corto que el terrestre, seguido por los Venecianos. Pero a poco se descubrieron las Canarias, Madeira, la Costa de Oro y la Guinea. Los reyes de Portugal, a impulsos del mismo deseo que animaba a las Cruzadas, es decir, el de ganar almas para Cristo, alentaban las esperanzas, hasta que Bartolomé Díaz vio el cabo de Buena Esperanza. Vasco de Gama le dio la vuelta con tres buques y 60 hombres; llegó hasta Melinda y Calicut, la ciudad más rica y comercial de la India, y al cabo de dos años volvió lleno de gloria.

186.- Colón y los primeros descubridores de América

1492 – 1506 

Toda persona culta debe conocer con más detalles que no caben en un compendio las razones que movieron a Colón y la constancia con que efectuó su empresa, cuya originalidad no consiste en el buscar tierras nuevas, sino en el aventurarse más adentro en el Océano, para llegar a la India siguiendo un rumbo opuesto al de costumbre. Habiendo estudiado los libros peculiares, y consultado matemáticos y pilotos, se persuadió de que la tierra era esférica y de que no debía distar más de 4000 millas de Lisboa la provincia del Catai descrita por Marco Polo. Allí podría convertir a la religión de Cristo millares de hombres, y adquirir riquezas tanto para invertirlas en sufragio de las almas del purgatorio, como para reconquistar la Tierra Santa. Después de haber sufrido las penalidades y los desdenes que el mundo guarda siempre para los genios, Colón zarpó de Palos con tres naves, y ancló en San Salvador, una de las islas Lucayas, de donde trajo a España algunos salvajes y riquezas. En seguida fue encumbrado hasta las nubes; diéronle grandes promesas y auxilios para continuar la empresa; alentados con ellas, millares de aventureros acudieron a la India (tal creían que era el nuevo continente), pero de pronto estallaron desórdenes, se indisciplinaron los advenedizos; la avidez de oro hizo cometer crueldades contra los indígenas; se desencadenó la envidia contra Colón, que a lo último fue encadenado y devuelto así a España, donde los Reyes Católicos, que le habían prodigado promesas impróvidamente, se las negaron con deslealtad, y él murió de abatimiento, sin saber que había descubierto un nuevo mundo al que otro iba a dar nombre.

Los Portugueses, que habían tratado de impedir la empresa de Colón, procuraron oscurecer su descubrimiento. Pretendían que España, al ocupar el nuevo territorio, violaba los derechos que les había concedido Martín V sobre aquellas tierras; pues, según el derecho de entonces, tocaban al Papa las islas y las regiones nuevas. Alejandro VI marcó sobre el mapamundi una línea del Polo Ártico al Antártico, a 100 leguas de distancia de las Azores; y cedió a Portugal el país anterior, y a la España el posterior a la línea divisoria.

1499 – 1526 

Extendiéronse los descubrimientos y las conquistas; Alonso de Ojeda costeó desde Venezuela hasta el cabo de la Vela; Pedro Alonso Niño llegó hasta la Colombia; Vicente Pinzón tocó en el Brasil y vio el río de las Amazonas. Francia e Inglaterra, envueltas en guerras intestinas, no participaron de aquellas primeras glorias; pero apenas se vio tranquilo, el inglés Enrique, VII mandó al veneciano Cabot, que reconoció a Terranova y desembarcó en el Labrador y en la bahía de Hudson, buscando el camino de las Indias por la parte del Noroeste. El portugués Álvarez de Cabral ocupó el Brasil; Sebastián Cabot penetró en el inmenso Río de la Plata y descubrió el Paraguay; Lucas Vázquez de Ayllón fundó una colonia entre las dos Carolinas, a ochocientas leguas del punto donde por primera vez desembarcó Colón.

1520 

Entre tanto, otros habían encontrado ya el mar Pacífico; Ponce de León descubrió la Florida; Álvarez de Pineda reconoció el golfo de Méjico, y Juan de Grijalva la Nueva España. Vasco Núñez de Balboa fundó la primera colonia española del continente en Santa María de Darién, y de la cumbre de la cordillera vio el inmenso Océano (golfo de Panamá), que después se llamó el Pacífico, y entró vestido y armado en el mar, tomando posesión en nombre de España. Ignorábase aún si entre el mar del Sur y el Atlántico había un pasaje que permitiese dar la vuelta al mundo. Quiso verlo Fernando Magallanes, que al servicio de Carlos V penetró, por el estrecho que conserva su nombre, en aquel mar que había saludado Balboa; y si bien fue muerto él en defensa de un rey aliado, su nave volvió a España por el lado opuesto, habiendo dado la vuelta al mundo en tres años y catorce días. Los relatos de tan maravillosos acontecimientos eran recogidos de boca de los navegantes por doctos italianos, que los divulgaban, ya para satisfacer la curiosidad, ya por espíritu de erudición cosmográfica, con harto pocas de aquellas particularidades características, que aún hacen inestimable lo poco que de ellas recogió después Juan Bautista Ramusio. Américo Vespucio, primer piloto de España, no hizo notables descubrimientos, pero en cartas dirigidas a Lorenzo de Médicis, describió sus viajes, y los nuevos países empezaron por esto a llamarse tierra de América. Más tarde se hicieron historias de viajes, descripciones y toda clase de estudios. Los estadistas indagaban las nuevas producciones; los filósofos investigaban la naturaleza de aquellas razas diferentes, la civilización, la educación, la procedencia de aquellos pueblos, que no todos merecían el calificativo de bárbaros. La literatura tenía un nuevo campo abierto con la descripción de aquellos inusitados climas, de aquellas aventuras maravillosas y de aquellas poéticas costumbres.