César Cantú - Compendio de la Historia universal

Libro XIII

155.- La imprenta. La pólvora. Otros inventos

La edad que sigue se señaló por inventos que cambiaron la faz del mundo.

Papel 

Los antiguos escribían sobre cuero, en hojas de palmera o en la segunda corteza de las plantas; después se preparó el papel, o con las fibras del papiro, caña peculiar de Egipto, o bien con la piel de oveja, que se llamó pergamino, porque se perfeccionó en Pérgamo. Escribíase a la mano, trabajo que antiguamente hicieron los esclavos al servicio de sus amos, y en la Edad Media los frailes, que lo consideraron meritorio. Por consiguiente, los libros eran raros y costosos, máxime cuando se acostumbraba adornarlos con miniaturas y bellos lazos. Sin embargo se formaron bibliotecas, principalmente en el Vaticano y en los conventos, de donde proceden todos los libros antiguos que poseemos. Lo costoso del pergamino hacía tal vez que se borrase lo escrito para escribir otra cosa, y donde antes había obras clásicas hubo después algún sermón.

Cuanto más aumentaban los estudios más se dejaba sentir aquella escasez de libros. Los Chinos desde tiempos muy remotos fabricaban papel de bambú, de paja, de capullos de gusano de seda, de corteza de morera y hasta de trapo viejo triturado. Los Árabes conocieron la fabricación del papel, para la cual empleaban el algodón, que fue más tarde sustituido por el cáñamo y el lino que forman la base del papel moderno. Desde España, esta fabricación se extendió por Europa después del año mil.

Imprenta 

Los Chinos también sabían imprimir, es decir tallar la madera y con ella estampar en el papel. En Italia se empleaba igualmente este procedimiento para imprimir imágenes de santos, ciertas oraciones y los naipes. Lorenzo Coster de Harlem, Juan Gutenberg y Juan Faust introdujeron los caracteres metálicos movibles hacia el año 1436, y en seguida aquel arte se difundió por Alemania, Italia y otros países, haciendo continuos progresos; introdujéronse imágenes y entalladuras, y se concedieron privilegios para las ediciones costosas. La gran clase de los amanuenses se lamentaba del pan perdido, pero creció la de los impresores, encuadernadores y vendedores de libros. Estos pudieron adquirirse a bajo precio, y fue una parte importante de los estudios el buscar manuscritos, escoger los mejores textos y expurgarlos de los errores cometidos por los copistas.

Pólvora 

Los caballeros de la Edad Media se habían cuidado de proporcionarse armas robustísimas para resistir a los golpes de las ballestas y de las lanzas; y creyeron que habían muerto el valor y el heroísmo al verse heridos por las armas de fuego, con que el más vil y cobarde puede matar de lejos al campeón más valiente. También estas armas eran conocidas por los Chinos, que adoptaron cañones contra los Mogoles a fines de 1222; luego los Moros se sirvieron de ellos en las guerras de España. Aparecen entre los Cristianos a principios del siglo XIV; y se cree que un fraile llamado Schwartz, haciendo experimentos de alquimia, descubrió la pólvora, formada de carbón, azufre y nitro.

Los primeros cañones eran de madera con aros de hierro; después se hicieron con una mezcla de cobre y estaño. Pesaban mucho y se manejaban con dificultad. Al principio servían para sustituir a las catapultas, manganas y otras máquinas de la balística antigua. Pareció cosa extraordinaria que Francisco Sforza, durante el sitio de Placencia, hubiese disparado sesenta tiros de bombarda en una noche. Fueron perfeccionándose poco a poco hasta llegar a los actuales, algunos de los cuales alcanzan a diez mil metros. Pero en las batallas de los tiempos que describimos, contribuyeron muy poco a las decisiones de las jornadas.

La pólvora se empleaba con más éxito en las minas para hacer volar las fortificaciones del enemigo.

No tardaron en introducirse cañones de mano, es decir fusiles, que se disparaban por medio de un pedernal; girando bajo de él una rueda de acero, montada por medio de una manecilla, hacía saltar la chispa que prendía fuego al cebo. Esto da a comprender cuán lento era su ejercicio; y como los soldados no sabían hacer fuego continuo, ni podían servirse del arcabuz como arma defensiva, se introdujo la bayoneta. Andando el tiempo se inventaron los cartuchos, la cartuchera, la baqueta, y últimamente el fulminante, que hizo posible el uso de los pistones.

Entre los inventos de aquella época figuran el aguardiente, los combustibles fósiles, las velas de sebo, los anteojos, las esclusas para navegar contra la corriente de los canales. Los correos a caballo y las cartas fueron introducidos en Alemania por la familia italiana de los Taxis, con privilegio exclusivo y alta dignidad. La rapidez de las carreras y la comodidad de las comunicaciones fueron siempre en aumento, y las antiguas postas y correos han desaparecido ante los ferro-carriles y telégrafos.

156.- Imperio de Oriente

Constantinopla adquirió nueva vida al ser tomada por los Cruzados, y fue rodeada de reinos e imperios como el de Trebisonda, el del Epiro, el de Nicea, donde reinaban los Lascaris, que recuperaron el trono de Constantinopla, terminando con Balduino II el imperio de los Latinos. Sin embargo conservaron allí posesiones y privilegios Venecia, Génova y Pisa, y se trató de reconciliar a la Iglesia griega con la latina.

1305 

Entonces comparecieron los primeros Turcos en Europa, con Azzedin Kaikan, sultán de Iconio, que obtuvo del emperador, la libertad de establecerse en la Dubrucia. Desde allí amenazaron a Constantinopla, por cuyo motivo Andrónico llamó en su defensa a los Almogávares, aventureros catalanes que se ponían a sueldo del que solicitaba su ayuda. Fueron estos a Constantinopla con una buena escuadra, al mando de Roger de Flor, que obtuvo el título de gran duque de la Rumania, derrotó a los Genoveses y a los Turcos, y causó tales inquietudes a los mismos aliados, que Andrónico lo hizo coser a puñaladas. Los suyos, conservados como «ejército de los Francos que reinaba en Tracia y Macedonia», continuaron las empresas y devastaron a la Grecia, repartiéndola entre sus jefes.

Otomanos – 1329 – 1360 

El Imperio disminuía cada vez más, cuando sobrevinieron los Otomanos, de otra raza turca, que ocuparon hasta Brusa. Aladino dio a estos una constitución civil; Orcan organizó el ejército permanente de los genízaros, con los cuales se apoderó de Nicea, y entró por fin en Constantinopla, si bien se contentó con obtener allí fiestas aparatosas con motivo del casamiento de su hija con el emperador Paleólogo. Aprovechándose de las guerras civiles suscitadas por los pretendientes y contra los Genoveses, los Otomanos adquirían siempre mayor fuerza, sobre todo bajo Murad , que extendió sus conquistas sobre la Rumania, la Tracia, la Bulgaria y la Servia, y estableció en Andrinópolis el centro de un gobierno y de una religión contrarios a los de Constantinopla, donde ya mandaba como dueño. El emperador Paleólogo pasó a Italia en demanda de auxilio; el Papa prometió ayudarle, pero murió antes, y Paleólogo llegó a tan miserable estado de fortuna, que en Venecia fue arrestado por deudas.

Servia 

Los Servios, tribu guerrera de origen eslavo, se habían mezclado con las razas griegas sojuzgadas, y parecía que iban a formar un gran imperio, cuando los Otomanos les derrotaron arrebatándoles la independencia. Pero Milosc Kobilovitz, levantándose en medio de los cadáveres, degolló a Amurates, y su nombre se perpetuó en las canciones de los Servios, como las glorias del emperador Esteban y de Marcos Craglievitz.

Bayaceto - 1389 

Bayaceto, sucesor de Amurates, y apellidado el Rayo, emprendió conquistas sobre los Cristianos y los Musulmanes; obtuvo del califa de Egipto la patente de sultán; invadió la Hungría, a pesar de que el emperador Segismundo había reunido 100 mil hombres para impedirlo, y Bayaceto escribió al emperador Manuel: «Con el favor de Dios, nuestra cimitarra ha subyugado casi todo el Asia y una gran parte de Europa; solo nos falta Constantinopla; sal de ella, y déjanosla bajo las condiciones que quieras, o tiembla por ti y por tu pueblo».

Pero al conquistador le salió otro más terrible.

157.- Tamerlán

1336 – 1402 El vasto imperio de los Mogoles, fundado por Gengis-kan, estaba en decadencia, cuando de la Samarcanda surgió Timur el Cojo, quien después de haber formado un ejército, fue el terror de los pueblos vecinos al principio, y de los lejanos después; sojuzgó a la Persia y al Kalpchak; pasó el Volga, y se echó sobre el imperio ruso; devastó los establecimientos mercantiles europeos del mar de Azov; embelleció a Samarcanda y desplegó en ella una bárbara pompa, titulándose Gran Kan; se propuso conquistar la India para defender en ella el islamismo; tomó a Delhi robando sus portentosas riquezas y degollando a millares de Indios. Vuelto al Asia Anterior, intima la sumisión a Bayaceto; oprime entre tanto a los Cristianos; doma al Egipto; manda de Damasco a Samarcanda los famosos tejedores y fabricantes de lanas damasquinas; y en la llanura de Ancira, donde perecieron 400000 combatientes, derrota a los Turcos y hace prisionero a Bayaceto. Entonces hubiera podido destruir el imperio Otomano, si su furor no se hubiese dirigido principalmente contra los Cristianos, con cuyas cabezas levantaba pirámides.

1404 

Tamerlán se halló, pues, a la cabeza de un imperio que desde el Irtisch y el Volga se extendía hasta el Golfo Pérsico, y desde el Ganges hasta Damasco y el Archipiélago. Destrozó y se ciñó las diademas de 27 reyes; recibía un tributo del emperador de Constantinopla; su nombre era recitado en las oraciones en El Cairo. Pensaba conquistar el África, penetrar por Gibraltar en Europa, atravesarla, y volver por la Rusia a la Tartaria. El mar lo detuvo, y habiendo regresado a Samarcanda, recibió grandes homenajes y se preparó para conquistar la China. Mientras tanto daba reglamentos y códigos, fundaba escuelas, atraía a la Corte literatos e historiadores, y escribía él mismo sus propias empresas. Murió a la edad de sesenta y nueve años.

Pero murió sin haber fundado nada estable, y su estirpe, no reinó más que en la India con el nombre de Gran Mogol. Los demás países recobraron su independencia.

Cíngaros 

La irrupción de Tamerlán en la India es notable porque obligó a salir de allí a los Cíngaros o Gitanos, probablemente de la ínfima clase del país de los Maratas, que siguieron las huellas de los Mogoles como espías o merodeadores. En Europa aparecieron en 1417, haciéndose pasar por originarios de Egipto, por penitentes, o por saltimbanquis, y hasta el presente han vivido sin residencia fija, ora perseguidos, ora tolerados, vilipendiados siempre, y tenidos por rateros, brujos y ladrones de niños.

158.- Fin del imperio de Oriente

1413 – Amurates – 1440 – 1451 

La irrupción de los Tártaros dio algún desahogo al imperio griego, pero quedaba reducido a la ciudad de Constantinopla, donde no tardaron los Turcos en amenazarlo, sin que la Europa pudiese o quisiese socorrerlo, por cuanto los papas, y particularmente Eugenio IV, así lo manifestaron. Mahomet es contado entre los mejores reyes como turco; embelleció a Adrianópolis y a Brusa, y favoreció a los literatos. Amurates, su hijo, sitió a Constantinopla, pero fue rechazado, como fue derrotado en Hungría por Juan Hunyadi , voivoda de Transilvania; luego venció en Varna a un buen armamento de Venecianos, Genoveses, Pontificios y Flamencos, matando a 10 mil cristianos. Se le interpuso Scanderberg, príncipe de la Albania, el cual excitó al país a defender la religión antigua, derrotó a los Turcos e hizo morir de despecho a Amurates.

Mahomet II 

Sucedió a éste su hijo Mahomet II, el más insigne entre los príncipes otomanos, tremendo en la batalla y sanguinario y lascivo en la paz. A la disciplina enteramente militar de los Turcos, nada podían oponer los corrompidos y débiles Bizantinos. Juan III Paleólogo, emperador, pasó a Italia en demanda de subsidios, aceptando en cambio los dogmas que separaban la Iglesia griega de la latina, aunque para repudiarlos en breve.

Toma de Constantinopla – 1453 

El último de aquellos emperadores fue Constantino XII. Mahomet le declaró la guerra y sitió a Constantinopla con un formidable tren de artillería. El emperador, asistido por Romanos, Genoveses y Venecianos, se defendió con valor; sin embargo la ciudad fue tomada y saqueada, y muerto Constantino. Mahomet no acababa de admirar la magnificencia de aquella ciudad, que fue inundada de sangre, y en cuyos campanarios, convertidos desde aquel día en minaretes, resonaron cantos de alabanza a Alá y las oraciones diarias.

Scanderberg – 1402 – 1581 

De esta manera se estableció entre los europeos un Estado bárbaro, y Mahomet juró no deponer la espada hasta haber hollado con su caballo los Dioses de cobre, oro, madera y pintura fabricados por los Cristianos. Sojuzgó a los príncipes de Atenas y Tebas, de Lesbos y Focea, y de Morea; Scanderberg, jefe de una liga de los príncipes latinos de la Albania, se opuso a Mahomet, hasta que murió en Lissa, después de haber procurado a los suyos un refugio en la Calabria, donde aún viven sus descendientes. De la sojuzgada Bosnia, Mahomet se arrojó sobre la Servia y la Hungría, como camino para Viena y Roma; Juan de Capistrano predicó la Cruzada; Pío II procuró empeñar en ella a toda la Cristiandad, poniéndose al frente él mismo, pero la fe había disminuido, y Mahomet procedía con matanzas, cuyo horror podemos creer exagerado por el espanto. Mahomet arrojó a los Genoveses de Caffa, mató en Transilvania a 30 mil guerreros con el rey Esteban Batori. Los Venecianos se defendieron con intrepidez en Negroponte, pero fue tomada la ciudad, y a Pablo Erizo se le aserró la cabeza que Mahomet había prometido salvar. La sitiada Rodas fue defendida por los Caballeros de San Juan, que se habían refugiado allí después de la toma de Jerusalén, hostigando sin tregua a los Musulmanes, y se defendieron de tal manera, que al cabo de ochenta y nueve días de sitio, los 100 mil Turcos que la atacaban tuvieron que retirarse. Estos, con una formidable escuadra, se apoderaron de Scutari y de Lepanto y llevaron la esclavitud al Tagliamento y al Isonzo, como la habían llevado a Otranto, y Mahomet murió exclamando: «Quería conquistar a Rodas y la Italia».