Reflexiones sobre Historia Divina. Contra el Anticristo

EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO

Comentarios a los capítulos de Cristo Raúl.

I-Dolor de Joaquín

1. Consta en las historias de las doce tribus de Israel que había un hombre llamado Joaquín, rico en extremo, el cual aportaba ofrendas dobles, diciendo: El excedente de mi ofrenda será para todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiación de mis faltas será para el Señor, a fin de que se me muestre propicio.

2. Y, habiendo llegado el gran día del Señor, los hijos de Israel aportaban sus ofrendas. Y Rubén se puso ante Joaquín, y le dijo: No te es lícito aportar tus ofrendas el primero, porque no has engendrado, en Israel, vástago de posteridad.

3. Y Joaquín se contristó en gran medida, y se dirigió a los archivos de las doce tribus de Israel, diciéndose: Veré en los archivos de las doce tribus si soy el único que no ha engendrado vástago en Israel. E hizo sus pesquisas, y halló que todos los justos habían procreado descendencia en Israel. Mas se acordó del patriarca Abraham, y de que Dios, en sus días postrimeros, le había dado por hijo a Isaac.

 4. Y Joaquín quedó muy afligido, y no se presentó a su mujer, sino que se retiró al desierto. Y allí plantó su tienda, y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, diciendo entre sí: No comeré, ni beberé, hasta que el Señor, mi Dios, me visite, y la oración será mi comida y mi bebida.

C.R.-Ciertamente y sin ninguna duda hay que romper tabúes que, a lomos de la moda antieclesiástica del XIX y del XX, resucitaron espectros perdidos en los abismos de la estupidez humana, y apoyándose en aquel complejo anticristiano de la modernidad rescatara de las fosas abisales de los siglos iconos y signos anticientíficos en pro de la victoria de la Razón contra la Fe, que se avecinaba ardua. Pero claro, hay primero que juzgar si el cristianismo es área que le pertenezca a la Historia y sea tema para los historiadores, porque a raiz del silencio sepulcral que los historiadores han mantenido respecto a la tremenda discusión literaria sobre Jesucristo y el Nacimiento del Cristianismo, cualquiera diría que el Cristianismo no ha existido jamás, sino que ha sido una invención de unos payasos sin ningún peso en el curso de la Historia Universal. Cosa que de ser cierta tendríamos que darle la razón a la Razón y convenir con ella en que el Cristianismo es el producto final de una Neurosis singular caracterizada por una alucinación contagiosa, cuya pervivencia a través de los milenios, cosa curiosa, se ha debido a haberse convertido el Cristianismo en la Fuerza social más determinante, constante y revolucionaria, aún durante sus ataques de apoplejía reaccionaria, que ha conocido la Historia en toda su historia, valga la redundancia. Es pues, alucinante y produce vértigo apoteósico haber asistido al ataque masivo de la intelectualidad de opereta del siglo XX contra la Fuerza Social más Poderosa de la Historia; y digo que es alucinante el haber contemplado en vivo el silencio de cadáver momificado que la escuela histórica del siglo XX mantuvo sobre el Actor Estelar Indiscutible de los dos Últimos Milenios, ¡Jesucristo! Es más, hemos asistido no sólo al silencio que otorga sino a la aprobación silenciosa que concede la condena y ordena la muerte del Personaje en tanto que Actor de la Historia. ¿Y todo para qué? Para descubrir que la base de la crítica contra la Personalidad del Héroe de los Evangelios hunde sus raíces en un lago de lodo, sobre cuya superficie la visión de un Jesús Anticristo venía andando para determinar el fin del Cristianismo. Este Protoevangelio es el prototipo del cúmulo de seudos que quisieron en su día destruir con su Jesús Anticristo al Cristo Jesús de los Apóstoles. Desde el principio, desde el primer párrafo el autor del protoevangelio cuenta con un factor clave para intentar desbancar a los Edificadores del Cristianismo. ¡Cómo no! Estoy hablando de la ignorancia. El autor da por descontado que su lector es un perfecto idiota a la hora del conocimiento de la mentalidad, tradiciones e historia del pueblo judío, de donde se deduce que el público al que el gnosticismo se dirigía tenía su cuna entre los Gentiles, porque, se entiende, cualquier judío de nacimiento una vez leído el primer punto no dudara en coger el libro y hacer con él lo que a falta de papel se suele hacer con los libros, encender una hoguera, digo. Recordemos el texto: un judío riquísimo en los tiempos de Herodes al que le para los pies un sacerdote y lo humilla en público porque no tiene hijos. Aquí no se trata de judeofobia. Cuando los tiempos no están para brevas lo cierto es que hay que estar algo flojo de la mollera para salir a por higos. En la oreja de un extranjero esta fábula entre el tal Joaquín el Rico y un tal Rubén el Loco, que se supone tenía que ser un personaje sacerdotal de mucha alcurnia para atreverse a despreciar el oro del pobre Joaquinito, en oreja de un público no judío este celo antihumano podía sonar a divino. El hecho es que en las listas sacerdotales de los días de Herodes no hay ningún Santo Rubén, ni en las listas canónicas de la genealogía de la Virgen figura un Joaquín el Rico, futuro padre de María según este autor cobarde que se se escuda en el nombre de otro para colar su rueda de molina en plena misa negra del gnosticismo simoniano. Para comulgar con esta rueda de molino había ciertamente que tener el cuello de un burro. San Mateo da por cuenta sagrada como padres de María a Jacob, Matán, Eleazar, Eliud, Aquin y Sadoc. Y sigue hasta Salomón, rey, hijo de David. San Lucas se fija en el esposo de la Virgen y da para San José por padres a Helí, Matat, Leví, Melqui, Janai, José, Matatías y Amós. O sea, ningún Joaquín Rico por ninguna parte, y ningún Loco Rubén por ningún sitio. Ya con esta reseña es suficiente para aplaudir la decisión salomónica de la Iglesia Católica que echara fuera de su Casa esta corriente de falsos discípulos y apóstoles que le salieran a Jesús al cabo de los años de haber hecho Historia. Y suficiente para reirse en las barbas de todos los pobres lectores del siglo XX que en su ignorancia y en su fobia contra lo eclesiástico arremetieron contra la Historia cual si el Héroe de los Evangelios fuese un mito, una estatua sobre pedestal incapaz de resistir el embite de la moda de un siglo que, enloquecido por sus genios y sabios, se olvidó que ese ídolo lleva resistiendo ataques de más virulencia no uno ni dos sino 20 siglos; ya es hora de convencerse de que dándose cabezazos contra el muro se acaba rompiendo el cráneo. Y sin embargo lo que le es natural a las generaciones de todo siglo es creerse los únicos, los más poderosos, el no va más, el producto final de la evolución de los milenios, el engendro sofisticado, insuperable y fantástico fruto de la convergencia donde entre sus piernas se juntan de todas las fuerzas del universo. El siglo XX no podía escapar a esa ley. Y no sólo no escapó sino que pretendió hacer de dicha ley moderna dogma científico. Cuando, pues, estudiamos el Pasado debemos mantener esta dulce debilidad de juventud en la punta de la nariz de las generaciones en movimiento, a fin de que sus alegrías y sus penas no se nos escurra por los dedos como arenas de desierto que queman y no ofrecen más que la ruina del que creyó haber cogido oro y descubre que metió la mano en el polvo que un día fuera hueso y carne, si no de hombres al menos de árboles. El listo tiende por necedad innata a hacer de su soberbia la ley de su sabiduría, que usa como látigo de ignorancia contra quien considera el causante del fracaso de su genialidad frustrada. Acorde a este imperio el siglo XX, siguiendo la moda del XIX, hizo de la Iglesia la causa de todos los males del mundo, y de la Fe el núcleo neurótico desde el que las naves de la estupidez humana parten hacia la locura del fanatismo. Y es que es bueno tiener siempre a mano un chivo expiatorio sobre el que descargar la ira que la propia falsedad recolecta entre la masa de los adoradores del modernismo progresista de las fuerzas revolucionarias y científicas, bla bla bla. De siempre fue este tipo de antropólatra el caldo de cultivo donde inteligencias sin futuro pretendieron hacer de su ignorancia ciencia, empresa a la que de siempre arrimó el hombro el silencio de los expertos que, por orgullo profesional, aunque sin fe o irle el asunto, debieran pedir permiso y poner las íes sobre los puntos, al menos para ver qué hace con su libertad el público. No tendría que seguir adelante, digo, pero lo haré a fin de hacer de este Protoevangelio el prototipo de Antihistoria sobre cuyo campo recolectaron sus obras los Benìtez del siglo pasado y los Dan Brown del que corre. El fin de la primera parrafada, un anciano super rico que se va de camping a un monte, en plan Moisés apocalíptico, sin una caravana de criados y sin su despensa hasta el techo, donde aguanta el tipo los 40 días y las 40 noches preceptivas es para lectores de manicomio. Los aguantó Moisés porque Dios hace esa clase de cosas, y los aguantó su Hijo porque, como su Padre, es quien las hace. Pero como fábula atrapabobos queda como bonita. Ahora le toca a ella. Veamos qué nos depara este simoniano, padre de los masones de hoy día.

II-Dolor de Ana

1. Y Ana, mujer de Joaquín, se deshacía en lágrimas, y lamentaba su doble aflicción, diciendo: Lloraré mi viudez, y lloraré también mi esterilidad.

2. Y, habiendo llegado el gran día del Señor, Judit, su sierva, le dijo: ¿Hasta cuándo este abatimiento de tu corazón? He aquí llegado el gran día del Señor, en que no te es lícito llorar. Mas toma este velo, que me ha dado el ama del servicio, y que yo no puedo ceñirme, porque soy una sierva, y él tiene el signo real.

3. Y Ana dijo: Apártate de mi lado, que no me pondré eso, porque el Señor me ha humillado en gran manera. Acaso algún perverso te ha dado ese velo, y tú vienes a hacerme cómplice de tu falta. Y Judith respondió: ¿Qué mal podría desearte, puesto que el Señor te ha herido de esterilidad, para que no des fruto en Israel?

4. Y Ana, sumamente afligida, se despojó de sus vestidos de duelo, y se lavó la cabeza, y se puso su traje nupcial, y, hacia la hora de nona, bajó al jardín, para pasearse. Y vio un laurel, y se colocó bajo su sombra, y rogó al Señor, diciendo: Dios de mis padres, bendíceme, y acoge mi plegaria, como bendijiste las entrañas de Sara, y le diste a su hijo Isaac.

C.R.-El caso del nombre de la madre de la Virgen, que la propia Tradición de la Iglesia ha recogido desde el principio, y se entiende que lo hiciera pensando en la relación familiar entre los Apóstoles y la Madre de Jesús, de quienes recibiera la Iglesia Católica por herencia natural el conocimiento del nombre de la madre de la Virgen, este conocimiento será el único dato real que aporte este Proto-Seudo a su relato ficticio. Que siendo el Gnosticismo un enemigo frontal del Cristianismo el autor gnóstico no encontrara la posibilidad de desmentir la Tradición nos sirve a nosotros para situar a los actores en su sitio, y destacar que el nombre de la madre de la Virgen era de conocimiento general entre los cristianos y círculos de allegados sobre los que el autor pretendía sembrar su antievangelio. Y claro, siendo él, el padre de la Virgen, inmensamente rico, su esposa no iba para nada a ser la mujer de condición humilde que dado el oficio de su nieto, Carpintero, por figura derivativa debiera ser. Al contrario, el padre de la Virgen fue inmensamente rico y su madre una señora que a casa paso que daba meneaba oro y plata, zafiros y ópalos, aromas de Arabia y hasta pachuli de la India, fragancias exóticas, aromáticas rosas para la abuela del Cristo. Y una sierva déspota y tirana que agarra por los pelos a su ama y le suelta en el moño respuestas escabrosas: Por golfa, eso, por mala no tienes hijos, anda que ya te vale, más te valiera ser pobre y madre de familia numerosa que rica podrida de dinero y estéril como una asna sin marido... Mas el dolor no es ocasión para que se vista de saco y ceniza o se arrodille la señora a sol plano y pida misericordia: No, va y se pone a la sombra de un laurel a pedirle a Dios que le dé un hijo. Vamos, que un poco más y se lo suelta bebiéndose un chupito y la boca llena de caviar: "Tú, el de arriba, hazte una gracia, por tus cuernos; espera que me ahogo, y es que este moscatel está riquísimo. Ya, ahora, ¡a qué esperas para verme con barriga!..." Que no, que sí, que le funcionó el truco. Apuntad esta oración y la poneis en el grimorio de Santa Ana:

III-Trenos de Ana

1. Y, levantando los ojos al cielo, vio un nido de gorriones, y lanzó un gemido, diciéndose: ¡Ay! ¡Desventurada de mí! ¿Quién me ha engendrado, y qué vientre me ha dado a luz? ¡Ay! que me he convertido en objeto de maldición para los hijos de Israel, que me han ultrajado y expulsado con irrisión del templo del Señor.

2. ¡Ay! ¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a los pájaros del cielo, porque aun los pájaros del cielo son fecundos ante ti, Señor.

3. ¡Ay! ¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a las bestias de la tierra, porque aun las bestias de la tierra son fecundas ante ti, Señor.

4. ¡Ay! ¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a estas aguas, porque aun estas aguas son fecundas ante ti, Señor.

5. ¡Ay! ¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a esta tierra, porque aun esta tierra produce fruto a su tiempo, y te bendice, Señor.

C.R.-Como toda buena oración grimoriana debe ir acompañada de algún pentaculo. ¿Que qué es un pentaculo? No son cinco culetes, no. Hasta hace poco mi menda no tenía la menor idea de brujería, oraciones mágicas, invocaciones a las fuerzas de arriba para dominar a las de abajo, y esas payasadas de circo. Últimamente estoy hecho un hacha y voy ampliando mi diccionario según escribo, leo y pienso. Creo que en la Jhistoria he includío un Grimorio, aunque también lo llaman Enchiridion. Si quereis os dais una vuelta y veis por vososotros mismos qué es una oración grimoriana. En este caso concreto se le adjudica a un Papa. No es el único a quien se le adjudica ser un brujo. ¡Qué no se le adjudica al obispo de Roma! Ya se sabe, cría mala fama y échate a dormir, que cuando te despiertes ya verás la que se te viene encima. En el caso de León III ni afirmo ni niego. En fin, vedlo por vosotros mismos.

SATANALES del papa León III el hechicero