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Reflexiones
sobre Historia Divina, de Cristo Raul.
Estas reflexiones son un
complemento a la Historia Divina de Jesús. Pues alrededor de la Estrella de los
Evangelios obervamos la presencia de un sistema de astros con vida propia, que,
dependiendo su existencia histórica de la Estrella Central, sus historias personales
quedan absorvidas por el resplandor todopoderoso del Héroe Principal de la
Historia. Oservamos la existencia de una montaña historiográfica sobre la
Estrella del Nuevo Testamento, ¿y los Discípulos no se han merecido siquiera
una colina, aunque sea un montecito de arena literaria?
Ciertamente la vida del
Hombre está en Jesucristo y todo hombre, desde el obispo de Roma al cura de mi
pueblo - por quedarnos en casa, que Dios ya se encargará de juzgar al vecino-
es instrumento de su acción, y siendo la mano la autora y el cincel o la brocha
o el bisturí un medio de su actuación, a nadie se le ocurre darle la gloria de
la acción al instrumento del que se sirviera la mano para alcanzar el resultado
digno de nuestra excitación. Es siguiendo esta filosofía que los Discípulos
pasaron a un segundo plano, y relegados a la naturaleza de instrumento, toda la
gloria de su Apostolado se dirigió al Autor de la Acción por ellos
protagonizada.
Aquí está la Santidad, y
en esta filosofía vivida como praxis hasta la muerte vemos en toda su grandeza
la manifestación del Espíritu.
Pero el problema
comienza -y de aquí estas Reflexiones- cuando la acción del Espíritu es juzgada
por una razón animal, como si dijeramos que los gusanos de repente se pusiesen
a juzgar la actividad humana. Parece obvio que únicamente un igual puede juzgar
a su semejante, y que un tribunal sentase en el banquillo a un lobo o a un
águila sólo pondría de relieve la demencia del tribunal, y jamás la naturaleza
del comportamiento del lobo y del águila acorde a leyes que no tienen sentido
en la esfera de la razón animal. De donde se ve que el problema de la humanidad
es respecto a su inteligencia, y partiendo de que el ser humano se define por
la materia y no por el Espíritu: el hombre, renegando de su Naturaleza y
declarándose animal racional, por esta misma renuncia al Ser se incapacita para
juzgar al hombre espiritual, y su juicio queda, por esta ruptura ontológica,
reducido a la condición del tribunal de la demencia juzgando a otras especies
acorde a las leyes específicas de los miembros componentes.
Que la casta de los
intelectuales se declarase animal, y al mismo tiempo tomase como propiedad
ontológica el juicio contra el Ser, creó un problema de consciencia en el seno
de la civilización. Pues si la Civilización es ante todo y sobre todo el
triunfo del espíritu sobre la materia, la victoria de la inteligencia
espiritual sobre la razón animal, la casta de los intelectuales quiso destruir
la Civilización -sin pretenderlo - mediante la extirpación de la Civilización
de aquella propiedad original sin la cual la civilización se desploma y se
desintegra: el Espíritu.
La reducción del
espíritu a una suma de instintos revierte sobre la naturaleza de la
Civilización definiendo lo que la Civilización sea a partir de una lucha de
clases o de intereses. Mas la Civilización no es eso. La Civilización es,
precisamente, lo contrario de todo eso. La Civilización es la adopción del Bien de
todos por el universo que formamos todos. O sea, si un hombre sufre sufrimos
todos y en consecuencia la responsabilidad de todos es luchar contra el
sufrimiento de todos, que se manifiesta en uno cualquiera de nosotros. Aquí es
donde la Civilización tiene su Origen, y cuando el Poder se hizo razón animal el espíritu fue
encadenado y reducido a instintos, justamente los de ese Poder Anticivilizador
que impuso como Derecho de Propiedad su Deber de aniquilación del Principio
Natural de la Civilización, y buscando justificar el cual en la estructura de
la Naturaleza ese Poder Homicida parió la Teoria Genocida del Hombre como
producto de una Selección Natural, de la misma manera que para justificar el
crimen de la esclavitud la Filosofía y la Ciencia -en los días de su Infancia,
hablando del Mundo Clásico Precristiano- parieron la teoria de la División del
Hombre en Esclavos y Libres...por Naturaleza.
Y como la cabra tira al
monte era de inocentes esperar que la Ciencia, una vez criada, no tendiera a
imponer de nuevo su Teoría de la División de la Humanidad en dos especies, en
este caso la del Fuerte y la del Débil, Teoria Super-Nazi que finalmete puso el
siglo XX en acción, y la Civilización debe computarle los crímenes de Alemania
a la Ciencia que impuso su ley del Derecho del Fuerte a aniquilar y exterminar
al Débil. Pues cualquiera que estudie las Naciones en el Habitat de la Alemania
de los 40s verá que en verdad, juzgado el caso desde la teoría genocida de la
Evolución de la Vida según la Academia de las Ciencias, la Alemania de los 30s
era la nación -intelectualmente hablando- más avanzada del Planeta, y en
consecuencia aplicándose a sí misma la teoría nazi de las Ciencias, era suyo el
Derecho a la expansión y conquista de suelo sobre el cadáver de las naciones
débiles. Y como ya hemos dicho que es la propia Ciencia la que bendice esta ley
del Genocidio como Medio Natural y promueve la Guerra como mecanismo de
evolución civilizadora, el único crimen de Alemania estuvo en su fracaso, pero
no en la aplicación de la teoría a la acción. De donde se ve que la Ciencia se
limpió las manos en la piscina de sangre que la casta de los Nobeles cavó con su
pensamiento en la consciencia de las naciones.
Luego tenemos una casta
de intelectuales que, creyéndose superior, y haciendo de profeta con su brazo
levantado bendiciendo todo tipo de crímenes contra la Humanidad en el Derecho
del Fuerte a sobrevivir sobre el cadáver de los Débiles, o sea, la mayoría de
todos nosotros, y porque somos los débiles este discurso es un delito contra la
Evolución de las especies, o sea, contra el Derecho Natural de unos pocos a
matarnos a la mayoría acorde a su necesidad de supervivencia del momento. Y
porque esa clase de intelectuales promueve el Derecho de unos pocos a
sobrevivir pisando el cadáver de la inmensa mayoría de la especie humana, esa
clase superior es el peor enemigo de la Civilización entendida como el triunfo
de la Inteligencia Espiritual sobre la Razón Animal. Y es desde esta lucha a
muerte que se desencadenó la famosa batalla de la Razón contra la Fe -que hubo
de haberse dado entre la Inteligencia y el Poder, pero que el Poder desvió muy
astutamente contra la Fe- y se entiende -desde esta necesidad de imponerse
sobre los débiles- la necesidad que tiene la casta de los intelectuales de destruir el Cristianismo, baluarte útimo y definitivo de la
Declaración de ese Derecho como un crimen contra Humanidad.
Es por tanto
consustancial a la realidad del Poder la debilitación de la inteligencia del
pueblo y su reducción a la condición de la razón animal, imponiendo mediante
esta transformación de la vida humana en una lucha por la supervivencia la
alienación del espíritu del seno de la Sociedad. Y no habiendo espíritu, en
definitiva, no hay hombre, y sólo animal racional, y pues que todo animal está
al servicio del hombre, sea para su alimentación sea para la experimentación,
sea para su placer y deporte, reducido el hombre a la condición del animal su
existencia depende en tanto que sirve al interés de la casta cuyo Derecho al
Poder deviene Título de Propiedad.
Así pues, las
consecuencias derivadas de la reducción del ser Humano a la condición de un
animal racional y la esclavización de su pensamiento a una Teoría de la
Necesidad del Crimen, Genocidio si necesario, como Derecho del Poder, tuvo y
tiene como enemigo incondicional y eterno al Cristianismo. Pero como quien tiene
el Poder tiene la sartén es solo natural que el discurso de la declaración de
la División del Ser Humano en dos clases como delito contra la Humanidad
revierta en su autor y el Poder, defendiendo su Derecho al Delito por la
Necesidad -teoría criminal que amparan todas las Constituciones del Planeta
bajo el concepto de Razón de Estado- teniendo todos los medios para defenderse-
encuentre mil formas de mantener el status quo que le garantiza el ofrecimiento
voluntario de las masas en sacrificio de adoración perpetua al Líder, al
Presidente, al Gran Hermano Caín.
Vemos, pues que,
Jesucristo rompió con toda esta dinámica del Poder, declaró al Hombre un Ser a
cuyos pies está la Civilización y a la vez cuyo camino se hace en esta
Civilización que abole la División del Ser en dos clases naturales -Esclavos y
Libres (léase Aristoteles)- y funda la Civilización en la Unidad del ser Humano
en el seno del Género Humano, de manera que es en esta dimensión donde se vive
el drama, la tragedia de la Humanidad, y es en este escenario donde la Historia
deviene Guerra Civil Perpetua. Cuando pues la Ciencia impone la División del
Hombre en dos clases -Débiles y Fuertes (léase Darwin)- la Civilización sufrió
una involución hacia la animalidad y le abrió al bestialismo, que en el siglo
XX se desarrollaría en toda su extensión, un campo de batalla en el que el
enemigo sería la Fe, y de aquí la famosa batalla Razón versus Fe del XIX. La
aplicación final del Hombre como Animal implica, en consecuencia, la reducción
de los pueblos a bestias que existen sólo y únicamete para alimentar el Hambre
de Riquezas y Poder de esa casta superior nacida para ser el Fuerte y en la
cual el Derecho al Delito contra la Humanidad es solo natural; y desde la casta
de los "intelectuales": la reducción del hombre a una especie animal
apta para la experimentacion en razón de la evolución de la especies, la
clonación, la transgenia, la eutanasia, el aborto... simples mecanismos para
controlar el crecimiento de los ganados nacionales y establecer los fundamentos
del Poder Internacional sobre un número equilibrado de cabezas.
Toda esta serie de
conclusiones procede de la Involución que causó la Teoría de la Evolución según
Darwin en el seno del Derecho Universal Jesucristiano, según cuyos Principios
el Hombre es una Realidad Indivisible y la Civilización existe para promover su
crecimiento y facultarle su desarrollo libre en el seno de la Sociedad en la que
la Razón de Estado queda abolida y el Poder existe únicamente como ejercicio de
las facultades sociales del hombre en requerimiento de su Deber respecto a sus
hijos. Es respecto a éstos que el hombre en tanto que persona social, pues vive
en ella y se cría en ella y es en ella donde alcanzan su apogeo sus facultades
ontológicas, que la persona interviene en el futuro y la estructura de la sociedad
a fin de mantenerla activa y siempre ordenada de acuerdo a la naturaleza
tecnológica y mental de los tiempos
Pero ya hemos visto que
el Poder como Derecho es un Delito contra la Humanidad e interviene en la
Sociedad para estructurarla acorde a la necesidad que tiene el Poder de
legitimación de su existencia como Derecho de Casta. Observamos que el
cristianismo es el primer enemigo a eliminar en la carrera de esa
estructuración de la Sociedad al servicio de una casta cuyo objetivo es la
Identificación de su grupo con el Poder y que usa la Democracia para llegar a
su fin, o sea, la Dictadura del Poder. Y viceversa, donde vemos que se procede
a la eliminación del Cristianismo observamos que existe esa identificación, y
de ahí la política de dicho Grupo.
La Civilización,
resumiendo la causa por la que vino a luz estas Reflexiones, no dio un paso de
gigante cuando Jesucristo rechazó la teoría de la División del ser Humano en
Esclavos y Libres, que la Ciencia Clásica estableció por el Poder que le concedía
su Autoridad Académica. ¡No, en absoluto! La Civilización no dio un paso de
gigante el día que Jesucristo abolió para sí y su Escuela la División del Ser
en Castas y Especies, la Civilización pegó un Salto Divino del Bestialismo al
Espíritu.
La Civilización,
resumiendo el discurso consecuente, no pegó un salto atrás el día que la
Academia de las Ciencias adoptó la División del ser Humano en dos especies.
¡No, en absoluto! El día que la Academia de las Ciencias adoptó como Doctrina
Oficial de las Universidades la División del ser en dos especies, recuperando
el discurso aristotélico de los Esclavos y los Libres -transmutadas ahora las
especies en Fuertes y Débiles-, ese día la Academia de las Ciencias se declaró
Nazi por ideología y fundó el Derecho al Delito contra la Humanidad en la Razón
de Estado, connatural al Fuerte, o sea, al Poder.
Estas Reflexiones
surgieron como apoyo a la Historia Divina, sí pero sobre todo y ante todo para
fundar la Historia Divina en la admiración de su autor por Aquel que se
enfrentó a su Mundo y se adelantó a los Milenios estableciendo en nosotros el
Concepto de Ser como Realidad Espiritual Indivisible.
C.R.

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