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EL MISTERIO DEL ROSTRO DE LA MADRE DE JESUS
Hemos entrado en la naturaleza del problema
(Introducción al Evangelio de San Marcos). El resumen que habeis leído es
ejemplo de la problemática que ha existido durante las Edades del cristianismo
y ha llegado a nosotros enriquecido por el pensamiento de una montaña de
teólogos y especialistas en el tema. De la lectura se saca una cuestión final,
reducción de todo el problema y a la vez su origen: ¿Quién fue Marcos?
Parece evidente que no siendo yo un especialista, o
sea, no habiendo estado mi cerebro tocado por la varita mágica de la formación
de su estructura de pensamiento al método natural en uso en la escuela de los
teólogos, y porque no ha sido tocada se entenderá que mi forma de ver el
problema se distancie del de los especialistas en lo que se refiere al enfoque
y en lo que se ciñe a la fuente. Hemos visto que los especialistas se afirman y
se refutan entre ellos a la hora de resolver el misterio de la Identidad del
Evangelista Marcos. Un misterio que existe y cobra cuerpo a partir de ellos, y
sólo porque ellos así lo entienden la Identidad de Juan Marcos pasa a ser
objeto de misterio. El hecho es que Juan, que vivió hasta finales del Siglo
Primero, y por tanto era la Autoridad Divina en la Cristiandad, Juan no sacó
jamás a relucir la existencia de dicho Misterio y sólo vino a estrado cuando
Juan dejó la escena de la Tierra y subió al Cielo. ¿Por qué Juan, cuyo
Pensamiento teológico se alzó hasta las alturas del Verbo, tal que en toda la
Historia del Cristianismo no ha habido teólogo digno de desatarle las correas
de las sandalias, inluyendo a los San Agustines y los Santo Tomases en el lote,
con todo el amor que la memoria de éstos santos nos merece; por qué Juan,
viviendo hasta finales de siglo, cuando ya el Evangelio de Marcos llevaba
escrito tres decenios lo menos, no entró en el Problema del Misterio de la
Identidad del Evangelista? ¿O acaso al mismo Juan que cual águila que otea el
valle desde su risco y viera con sus ojos el despertar del Anticristo, se le
escapó el Tema de la Identificación de este misterioso Evangelista? ¿Muertos
Pedro y Santiago no era Juan la Autoridad suprema en la haz del Cristianismo?
Tenemos que convenir, a raiz del Silencio de Juan,
que la Identidad de Marcos no fue un Misterio ni un Problema para la generación
de los Apóstoles y los Primeros Cristianos. Mateo, Lucas, Felipe, Pedro, Pablo,
Judas, y resto de Hermanos, todos conocían la verdadera Identidad del autor del
Evangelio de Marcos. Fue sólo cuando Juan y sus discípulos desaparecieron de la
escena que nació el Misterio, y con el tiempo devino Problema.
Yo no voy a meterme en discusiones con los expertos
ni a seguir su método, cuya estructura desconozco, pues no he sido formado en
ella. Pero sí voy a tomar por Fuente los Evangelios, y, cómo no, el Espíritu de
Dios.
"Mujer, he ahi a tu hijo; (a Juan), he ahí a tu
Madre".
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Las razones tienen por defecto perderse en el
discurso de las vanidades cirquenses en cuya arena al final los expertos
dirimen quién de entre todos tiene más genio. Reducida la sabiduría a una corona
de laureles con la que pasear el arte de la mente, para humillación de los
perdedores en la contienda del intelecto, la naturaleza de la Verdad queda
sujeta al interés de la victoria del ego sobre la necesidad del conocimiento
como Camino hacia la Vida eterna. De aquí que crucificaran a Cristo. La Verdad,
sin embargo, sigue su curso.
Tenemos el Origen del Misterio en su verdadero
contexto. A saber, Jesús era hijo único de su madre. Si le damos la vuelta a la
tortilla esto quiere decir que María, siendo Jesús su unigénito y primogénito,
se quedaba sola en medio de un mundo que acababa de crucificar a su único hijo
y que, más tarde más temprano, se volvería contra ella. Habiendo comenzado los
judíos por asesinar al Mesías una vez que sus Discípulos abriesen su Mensaje al
Mundo los asesinos no dudarían en lanzarse contra la Madre del hijo de David a
fin de borrar ese Título de su Genealogía, efecto que sólo podrìan conseguir
eliminando a María en tanto en cuanto la heredera legítima de Salomón, a través
de la cual pasó la Corona de los Judíos a su hijo Jesús.
Jesús, el Hijo de Dios, se adelanta a sus enemigos y
dispone desde su Cruz, como todos leemos, que Juan, un muchacho en su
adolescencia, tome el lugar que El deja en el Corazón de su Madre. Juan deviene,
por Mandato Suyo, hijo para María y María madre para Juan, y en consecuencia
Juan no debía abandonar a la Madre de Jesús ni de noche ni de día.
Juan, el hijo de Zebedeo.
Juan, el hermano de Santiago, ambos hijos de
Zebedeo, y porque se desprende de los Evangelios toda objeción queda obsoleta,
era un adolescente cuando Jesús entra en la escena de la Historia Universal.
Mientras su hermano Santiago, lo mismo que Pedro, el hermano de Andrés, andaban
atareados en las cosas de los adultos, Juan, junto a Andrés, el hermano de
Pedro, anda rondando al Bautista. Es decir, Juan y Andrés eran para la fecha
del Bautismo de Jesús dos adolescentes. No tenían responsabilidades familiares propias
y de aquí que pasasen el tiempo dando vueltas alrededor del Último Profeta.
¿Qué edad podían tener Andrés y Juan? ¿17, 18 años? Jesús era un hombre en sus
33 años cuando Juan reposa en su pecho y le pregunta a Jesús quién era el
traidor. Un hombre de 30 años no se echa en el pecho de otro de 33, ni uno de
33 acepta que otro de 30 descanse su cabeza sobre él. Por tanto Juan es aún un
adolescente cuando asiste a la Última Cena.
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Más. La edad de Juan tampoco podía ser inferior a la
de un adolescente en plena posesión de sus facultades físicas y mentales
cuanndo Jesús y Juan se encuentran en el Jordán. Ningún padre hubiera permitido
que sus hijos, sin considerarlos ya hombrecitos capaces de defenderse por sí
mismos, ningún padre de aquéllos tiempos hubiera permitido que un hijo suyo
fuese solo al desierto, ¡por muy santo que fuera el Bautista "ése"!
Juan, lo mismo que Andrés, en consecuencia, debía tener ya sus 17-19 años. (No
hay que olvidar nunca que en aquéllos días y en Israel la mayoría de edad se
daba por alcanzada a los 14 años, aproximadamente. El caso de Jesús, a los doce
ya intelectualmente un adulto, es sui géneris, único en la Historia e
irrepetible en el contexto de la Creación. Juan es un hombre nacido de hombre y
su persona estaba sujeta a la ley en todos los aspectos del ser. Luego a los 18
aproximadamente, que debía tener Juan, a los ojos de otro que no fuera su padre
Juan era ya un hombre).
Más. Que el Zebedeo, el padre de Juan, no era
precisamente un pescador asalariado se desprende de la libertad de su hijo
menor. A esa edad todos los muchachos estaban ya metidos en verea. Los tiempos
no eran fáciles y si se pertenecía a la clase de supervivencia, esclava del día
a día, un muchacho como Juan estaba ya en faena y esclavizado al trabajo. Juan
no lo está; ni tampoco Andrés. La deducción que saco es lógica: sus padres no
era ricos pero vivían lo suficientemente cómodos para permitirle a sus hijos
pequeños darse un baldeo por el desierto.
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Estos dos puntales los asentamos sobre roca a fin de
montar sobre ellos el peso de la Identidad de Marcos. Uno es la edad de Juan,
un adolescente en la plenitud de su fuerza física y mental, en las fronteras de
la vida adulta, y el otro la clase social a la que pertenecía Juan; pues no
olvidemos que Juan tiene amigos en el Templo de Jerusalén, y no un amigo
cualquiera; "este discípulo (Juan) era conocido del Pontìfice".
Con el Pontìfice de Jerusalén pasaba lo mismo que
con el obispo de Roma, todo el mundo sabe quién es el Papa pero el Papa conoce
a muy pocos. Uno de estos conocidos del Pontìfice de Jerusalén era Juan. Es
decir, el Zebedeo no era precisamente un pescador asalariado, sino alguien de
peso en el Mercado de los Pescados de Jerusalén, tanto que hasta el propio
Pontífice conocía a su hijo Juan. No olvidemos estos dos factores cuando
lleguemos a la altura del velo que vamos a descorrer.
La vocación espiritual de Juan
Parece del todo sensato y más propio de sabio que de
tonto afirmar que si Juan rondaba al Bautista a la edad en que por regla
general los muchachos judíos ya estaban metidos en faena y trayendo al mundo
churumbelitos, esta tendencia al vagabundeo más que curiosidad era en Juan
vocación espiritual, fuerza ontológica de origen divino que mantuvo a Juan
lejos de las cosas a las que se dedican los jóvenes a tal edad: el vino, las
mujeres y el dinero. Si Juan hubiese estado por los dineros a su edad, y en
aquéllos tiempos, Juan, partiendo de la posición del Zebedeo, su papá, Juan
hubiese estado ya manejando la plata.
Si a Juan le hubiese tirado más la carne que el
espíritu, a su edad ya habría estado casado y con algún hijo, máxime en una
sociedad en la que el amor era cosa de locos y las bodas cuestión de negocios.
Siendo el vino y las mujeres la uña y la carne del hombre natural, que Juan no
andase metido entre los brazos de ninguna mujer confirma que la causa por la
que Juan tiraba para el desierto era su vocación espiritual. Juan estaba
impregnado de la Razón Mesiánica y las nubes en las que se desenvolvía su
Cabeza tenían en el Hijo de David el Sol bajo el que se desplazaban sus
pensamientos, sus sueños, sus ilusiones.
Juan, cuando Jesús entra en el Jordán, era virgen en
todos los aspectos.
La experiencia que vive Juan a la Luz de su Maestro,
el Hijo de David en persona, hubiese sido sólo eso, una experiencia en el alma
de un hombre cualquiera, pero en Juan fue una revolución ontológica,
definitiva, total, sublime, suprema; es tal su magnitud que mientras los demás
se esconden, Juan es el único que asiste a todos los actos de la Pasión y es
él, el más joven de todos, quien le da a la Madre su Brazo para que se apoye en
él por la Cuesta del Calvario. Mientras los demás huyen, se esconden,
aterrorizados por la confusión que las tinieblas del momento han echado sobre
ellos, Juan sigue a su Maestro hasta la Cruz y lleva consigo, como si fuera él
su bastón, a Aquella Mujer a la que él quería como a una madre antes ya de las
bodas de Canaán.
Entremos en el misterio de la conexión sanguínea
entre el Zebedeo y la Madre de Jesús. Y para basar la fuerza en inteligencia, y
no al revés, copio aquí un documento histórico, escrito en sl siglo X,
aproximadamente, por Severus Al-Ushmunain, obispo de Hermópolis de Egipto,
tratando el asunto de los orígenes de la Iglesia de Alejandría en la
predicación de Juan Marcos, el Evangelista.
Se observará que este documento en circulación en la
iglesia copta egipcia consta de dos elementos básicos, uno: los hechos en la
distancia, y el otro: la transformación de los mismos en sombras apócrifas
debido a esa misma distancia. Pero veámos la traducción en la siguiente sección
antes de entrar en detalles.
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II
HISTORIA DE LOS PATRIARCAS COPTOS DE LA IGLESIA DE
ALEJANDRIA
Vida del Apostol y Evangelista Marcos por Severus,
Obispo de Al-Ushmunain (955-987d.C.)
Traducido del Inglés por C.R. (la version en Inglés
esta AQUI)
En nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
el Unico Dios. Esta es la primera biografía de la historia de la Santa Iglesia.
La historia de San Marcos, el Discípulo y Evangelista, Arzobispo de la gran
ciudad de Alejandría, y primero de sus Obispos.
En el tiempo del Ministerio del misericordioso Señor
y Salvador Jesucristo, en los días en que eligió a sus discípulos, había dos
hermanos en una ciudad de Pentapolis, al Oeste, llamada Cyrene. El nombre del
mayor era Aristóbulo, y el nombre del menor era Barnabás; eran agricultores, y
tenían grandes posesiones. Ambos conocían la Ley de Moisés a la perfección, y
se sabían de memoria muchos de los libros del Antiguo Testamento. Pasó pues que
en los días de Augusto César, príncipe de los romanos, los bereberes y los
etíopes cayeron sobre ellos y les robaron sus posesiones y los echaron de sus
tierras. A fin de salvar sus vidas huyeron de aquella provincia, y viajaron a
la tierra de los Judíos.
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Aristóbulo tenía un hijo llamado Juan. Asentados,
pues, Aristóbulo y Barnabás en los alrededores de Jerusalén, Juan creció lleno
de la gracia del Espíritu Santo. Su padre y su tío tenían a un primo, la esposa
de Simón Pedro, el que fuera el jefe de los discípulos del Cristo, el Señor; y
Juan, al que comenzaron a llamar Marcos, solía visitar a Pedro, para
aprender de él todo lo concerniente a las Escrituras Sagradas.
Un cierto día, Aristóbulo llevó a su hijo Marcos
consigo al Jordán, y en el camino un león y una leona les salieron al
encuentro. Cuando Aristobulo los vio acercarse, y percibió la violencia de su
rabia, le dijo a su hijo Marcos: ¿"hijo mío, ves con qué furia este león
viene a destruirnos? Huye y sálvate, hijo mío, mientras se entretienen
devorándome, porque tal es la voluntad de Dios Omnipotente." Pero el
discípulo de Cristo, San Marcos, contestó y le dijo a su padre: "no tengas
miedo, padre mío, Cristo, en quien creo nos librará de todo peligro."
Y cuando los leones se acercaron a ellos, Marcos, el
discípulo del Señor Cristo, gritó contra ellos con una voz fuerte, diciendo:
"el Señor Jesucristo, el hijo de Dios Vivo, ordena que desaparezcais de
estas montañas, y no tengáis más descendientes de aquí ahora para
siempre."
En eso el león y la leona cayeron muertos en el
acto; y sus crías igualmente. Cuando Aristóbulo, el padre de Marcos, vio este
gran milagro manifestado en su hijo por el poder del invencible Señor
Jesucristo, le dijo a su hijo: "soy tu padre que te ha traido al mundo,
Marcos, hijo mío; pero hoy eres tú mi padre y mi salvador. Y ahora, querido
hijo, ruega por mí y por mi hermano para convertirnos al Señor Jesucristo, a
quien tú predicas." Entonces el padre de San Marcos y su hermano
comenzaron a conocer la doctrina de Cristo a partir de aquel día.
María, la madre de Marcos, era la hermana de
Barnabás, el discípulo de los apóstoles.
Después de esto, ocurrió el acontecimiento
siguiente. Había en aquellas regiones, en una ciudad llamada Azoto, un olivo
muy grande, enormemente admirado por su tamaño. Como la gente de aquella ciudad
era adoradores de la luna, le rezaban a aquel olivo.
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Cuando San Marcos los vio rezar, les dijo:
¿"qué será de este olivo que adorais como Dios, después de comer su fruto
y quemar sus ramas? Mirad, por la palabra de Dios al que adoro, ordeno que este
árbol se caiga a la tierra sin ser tocado por hierro alguno."
Entonces ellos le contestaron: "Sabemos que tú
practicas la magia de tu maestro el Galileo, y como quieres que sea así se
hace. Pero nosotros le rezaremos a nuestra Diosa, y ésta hará resurgir el olivo
para que la adoremos."
San Marcos les contestó: “Muy bien, yo lo echaré
abajo y si vuestra diosa puede ponerlo de pie de nuevo yo me convertiré
a vuestra religión”.
Ellos aceptaron y miraron que nadie estuviese
escondido alrededor del árbol para engañarles.
Entonces San Marcos levantó su rostro al cielo, se
volvió hacia el Este, abrió su boca y rezó diciendo: "Señor mío
Jesucristo, el Hijo del Dios Vivo, oye a tu siervo, y manda a la luna, tu
segundo asistente en este mundo, que da la luz a la noche, que su voz sea oída
por decreto y autoridad tuya, para que estos hombres que no tienen ningún Dios,
conozcan al Creador de todas las cosas y se conviertan; aunque yo sé, mi Señor
y Dios, que la Luna no tiene voz ni poder para hablar, permite que por medio de
tu Poder así sea, para que estos hombres sepan que la Luna no es Dios, sino tu
sierva, y que tú eres su Dios. Y que le ordene a este árbol, al que ellos le
rezan, caerse a tierra, de modo que puedan reconocer tu Poder, y que no hay
ningún Dios, sino tú, con el Padre y el Espíritu Santo, dador de la vida
eterna. Amén."
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Y en aquella hora, tan pronto como hubo terminado su
rezo, se cirnió una gran oscuridad, al mediodía, y la Luna les apareció
brillante en el cielo, y oyeron su voz, diciendo: "Oh hombres de poca de
fe, no soy Dios para que me adoreis, sino su sierva y una de sus criaturas, soy
ministro de Cristo el Señor, a quien Marcos, su discípulo, predica; y solo a El
servimos y adoramos". Al momento el olivo cayó por tierra. Y un gran miedo
se apoderó de todos los presentes.
Pero las gentes que adoraban al árbol se levantaron
contra San Marcos, lo agarraron, lo apalearon y se lo entregaron a los judíos,
que lo metieron en la cárcel. Esa noche San Marcos vio en su sueño al Señor
Cristo, que le decía a Pedro: "Esta noche liberaré a todos los que están
en prisión." Cuando despertó de su sueño, Marcos vio las puertas de su
prisión abierta; y él y todos aquellos con él en la prisión salieron; pues los
carceleros se habían quedado dormidos como muertos. Pero las multitudes que
fueron testigos dijeron: "No se acabará nunca nuestra persecución de
Galileos, pues Belzebú, el jefe de los diablos, está con ellos."
Marcos fue uno de los Setenta Discípulos. Y fue uno
de los criados que vertieron el agua en las tinajas que Nuestro Señor convirtió
en vino, en las bodas de Caná de Galilea. Y fue él quien llevó el jarro de agua
a la casa de Simon el Cireneo, para la celebración de la Última Cena. Y fue
también él quien acogió a los discípulos en su casa durante la Pasión del Señor,
y después de su resurrección de los muertos, donde él entró aunque estaban
cerradas las puertas.
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Y después de su Ascensión al cielo, San Marcos fue
con Pedro a Jerusalén, y predicaron la palabra de Dios a las multitudes. Pero
el Espíritu Santo se le apareció a Pedro y mandó que se fuera por las ciudades
y los pueblos del país. Así que Pedro, y Marcos con él, pasaron a Betania, a
predicar la palabra de Dios; y permanecieron allí algunos días. Y estando en
Betania vio en un sueño al ángel de Dios, que le dijo: "en dos sitios hay
gran hambre." Pedro le dijo al ángel: "¿En cuáles?" Él le
contestó: "En la ciudad de Alejandría, en tierra de Egipto, y en Roma. No
es una hambre de pan ni sed de agua, pero el hambre que proviene de la
ignorancia de la Palabra de Dios, que tú predicas." Cuando Pedro se
despertó, le dijo a Marcos lo que había visto en su sueño. Y después de esto,
Pedro y Marcos pasaron a la región de Roma, y allí predicaron la palabra de
Dios.
Y en el quince año después de la Ascensión de Cristo,
Pedro santo envió a San Marcos el evangelista a la ciudad de Alejandría, a
anunciar las Buena Nueva, predicar la palabra de Dios y el evangelio del Señor
Jesucristo, de quien es la gloria, el honor y la adoración, con el Padre y el
Espíritu Santo, Dios eterno. Amén.
Martirio de la San Marcos, y su predicación en la
ciudad de Alejandría.
Durante el tiempo del Ministerio del Señor y
Salvador Jesucristo, después de su Ascensión al Cielo, el Espíritu Santo envió
a los Apóstoles a todas las naciones a fin de anunciarles la Palabra del Señor
Jesucristo. Y en el reparto de territorios le tocó a San Marcos la gran ciudad
de Alejandría, a fin de que oyesen y se convirtiesen, pues sus gentes estaban
hundidas en la adoración de los ídolos, sirviendo a la criatura en lugar de al
Creador. Había allí muchos templos dedicados a dioses desdeñables, a los que
servían en iniquidad y artes mágicas. Fue él, San Marcos, el primero en
predicar en la provincia de Egipto, en África, Pentapolis, y todas aquellas
regiones.
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Así pues, cuando San Marcos volvió de Roma, se
encaminó primero a la Pentapolis, donde predicó en todos sus distritos la
palabra de Dios, e hizo muchos milagros, curó a los enfermos, limpió a los
leprosos, y expulsó a diablos por la gracia de Dios que estaba en él. Y muchos
creyeron en el Señor Cristo por él, abandonaron los ídolos a los que solían
adorar, y fueron liberados del poder de los diablos. Y él los bautizó en nombre
del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, Dios Único.
Entonces el Espíritu Santo se le apareció, y le
dijo: "levántate y vete a la ciudad de Alejandría, y siembra allí la
semilla de la palabra de Dios." El discípulo de Cristo se levantó y
emprendió el camino revestido de la fuerza del Espíritu Santo como guerrero
vestido para la guerra; se despidió de sus hermanos y les dijo: "el Señor
Jesucristo me abrirá camino para que pueda predicar su evangelio allí."
Entonces rezó diciendo: "Señor refuerza a los hermanos que han conocido tu
nombre santo y pueda alegrarme en ellos a mi vuelta." Y se despidieron.
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San Marcos llegó a la ciudad de Alejandría; y cuando
entraba por la puerta se rompió la correa de su zapato. Viendo esto pensó para
sí: "ahora sé que el Señor me guía." Fue pues a un zapatero que allí
había a que le reparara el zapato. Y cuando el zapatero cogió la lezna se
perforó la mano. Entonces dijo: "Heis ho Theos", que quiere decir,
"Dios es Uno". Al oir San Marcos que mencionaba el nombre de Dios, se
alegró enormemente, y girando su rostro al Este dijo: "Señor mío Jesús,
eres tí quien allanas mi camino allá donde voy." Después escupió en
tierra, y el barro se lo puso sobre el lugar donde la lezna había perforado la
mano del zapatero, diciendo: "en nombre del Padre y el Hijo y el Espíritu
Santo, Dios eterno, que la mano de este hombre se cure en este momento, para
gloria de tu nombre." Y su mano se curó.
San Marcos le dijo: "¿si sabes que Dios es Uno,
por qué sirves a muchos dioses?" El zapatero le contestó:
"mencionamos a Dios con nuestras bocas, pero es todo; ya que no sabemos quién
es él."
Maravillado el zapatero por el poder de Dios en San
Marcos, le dijo: "Te ruego, hombre de Dios, que vengas a la casa de tu
siervo, a descansar y comer." Entonces San Marcos le contestó con alegría:
"¡que el Señor te dé el pan de vida del cielo!" Y se fue con él a su
casa. ¡Y cuándo entró en su vivienda, dijo, "Que la bendición de Dios sea
con esta casa!", y rezó.
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Después de comer, el zapatero le dijo: "Padre
mío, te ruego que me des a conocer a Aquel en cuyo nombre has hecho este
milagro." Entonces el santo le contestó: "sirvo a Jesucristo, el Hijo
del Dios vivo." El zapatero exclamó: "Ojalá yo pudiera verle."
San Marco le dijo: "yo haré que asi sea."
Entonces comenzó a enseñarle el evangelio, y la
doctrina de la gloria y poder y dominio que pertenecen a Dios desde el
principio, y le exhortó con muchas instrucciones, de las cuales su historia
atestigua, y terminó diciéndole: "el Señor Cristo se encarnó en la Virgen
María, vino al mundo, y nos salvó de nuestros pecados." Y a continuación
le explicó los Profetas, paso por paso.
El zapatero le dijo: "nunca he oído hablar de
estos libros que hablas; los libros de los filósofos griegos son los libros que
que se enseñan aquí, y los de los egipcios también."
Entonces San Marcos le dijo: "la sabiduría de
los filósofos de este mundo es vanidad ante Dios." Cuando el zapatero hubo
oído la sabiduría y las palabras de las Escrituras de boca de San Marcos, junto
al milagro de la curación de su mano, su corazón creyó en el Señor, y fue
bautizado, él y toda la gente de su casa, y todos sus vecinos. Su nombre era
Anianus.
Pero cuando los que creían en el Señor se fueron
multiplicando, y la gente de la ciudad oyó que un Judío y Galileo había entrado
en la ciudad, con la intención de derribar los ídolos, sus dioses, y había
persuadido ya a muchos de abstenerse de servirlos, le buscaron por todas
partes; y pusieron hombres tras él. Viendo San Marcos que se confabulaban
contra él, ordenó obispo de Alejandría a Anianus, ordenó tres sacerdotes y
siete diáconos, y confirmó estos once para servir y consolar a los hermanos
fieles. Pero él se marchó y regresó a la Pentapolis, donde permaneció por dos
años, predicando y confirmando obispos, sacerdotes y diáconos por todos sus
distritos.
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Luego se volvió a Alejandría, y encontró que los
hermanos habían sido reforzados en la fe, y se habían multiplicado por la
gracia de Dios, y habían encontrado los medios de construir una iglesia en un
lugar llamaron el Pasto del Ganado, cerca del mar, al lado de una roca.
Entonces San Marcos se alegró enormemente; y cayendo sobre sus rodillas bendijo
a Dios por haber confirmado en la fe a los que él había instruido en las
doctrinas del Señor, y por haberse alejado del servicio de los ídolos.
Pero cuando aquellos incrédulos supieron que San
Marcos estaba de vuelta en Alejandría, llenos de furia contra los creyentes en
Cristo, por sus milagros, curando a los enfermos, expulsando a los diablos,
soltando las lenguas de los mudos, abriendo los oídos del sordo, y limpiando a
los leprosos; buscaron a San Marcos con gran furia, pero no le encontraron; y
rechinando dientes en sus templos, llenos de ira les decían a sus ídolos:
¿"no veis la maldad de este hechicero?"
Así pues, durante el primer día de la semana, el día
del festival de la Pascua del Señor, que cayó ese año en el 29 de Barmudah,
justo el tiempo en que los idólatras celebraban sus festivales paganos, le
buscaron con celo, y le encontraron en el santuario. Le apresaron y le ataron
una cuerda alrededor del cuello, con la que le arrastraron por los suelos,
diciendo: ¡"arrastrad a esa serpiente!" Pero el santo, mientras ellos
le arrastraban, glorificaba a Dios diciendo: "bendito seas, Señor, porque
me has hallado digno de sufrir por tu nombre." Y laceraron su carne contra
las piedras de la calle y corrió su sangre pr el suelo.
Al caer la tarde, lo metieron en prisi
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ón mientras
decidían qué iban a hacer con él, qué clase de muerte habían de darle. A la
medianoche, estando las puertas de la prisión cerradas, y dormidos los
centinelas, hubo un gran terremoto. El ángel del Señor descendió del cielo, y
vino al santo, que le dijo: "Marcos, siervo de Dios, tu nombre está
escrito en el libro de vida, y figura en el número de asamblea de los santos, y
tu alma cantará alabanzas con los ángeles en el cielo; tu cuerpo no fallecerá,
ni dejará de existir sobre la tierra."
Y cuando se despertó de su sueño levantó sus ojos al
cielo, y dijo: "Oh mi Señor Jesucristo, te ruego de recibirme para que
pueda ser feliz en tu presencia." Cuando terminó estas palabras, se durmió
otra vez; y el Señor se le apareció en la forma en la cual los discípulos le
conocían y le dijo: "¡Salud Marcos, el evangelista y elegido!"
Entonces el santo le dijo: "Te agradezco, Oh mi Salvador Jesucristo,
porque me has encontrado digno de sufrir por tu santo nombre." Y el Señor
y Salvador le saludó, y desaparecieró.
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Cuando despertó la mañana había venido, y reunida la
multitud, sacaron al santo de la prisión, pusieron otra vez alrededor de su
cuello la cuerda, y dijeron: ¡"arrastrad a esa serpiente al Campo del
Ganado!" Y le arrastraron por los suelos mientras él daba gracias al Señor
Cristo, y le glorificaba, diciendo: ¡"En tus manos pongo mi espíritu, Dios
mío!". Después el santo expiró.
Tras estas cosas los ministros de los ídolos
reunieron madera en un lugar llamado Angelion, a fin de quemar el cuerpo del
santo. Pero por orden de Dios se levantó una niebla espesa y un viento fuerte,
de modo que la tierra tembló; y cayó mucha lluvia, tanta que muchas de las
personas murieron de miedo y terror; y se dijeron: "Ciertamente, Serapis,
ha venido a recoger al muerto."
Luego los hermanos fieles se reunieron, fueron a
recoger el cuerpo de San Marcos de entre las cenizas, y hallaron que nada había
sufrido su apariencia. Lo llevaron a la iglesia en la cual ellos solían
celebrar la Liturgia; lo perfumaron y envolvieron, y rezaron sobre él según los
ritos establecidos. Cavaron un lugar para él y sepultaron su cuerpo allí; a fin
de conservar su memoria siempre con alegría y bendición por la gracia que el
Señor Cristo le concedió a la ciudad de Alejandría por su siervo. Le colocaron
en la parte Este de la iglesia, durante el día en que su martirio tuvo lugar
(siendo él el primero de los Galileos martirizados por el nombre del Señor
Jesucristo en Alejandría), a saber, el día anterior de Barmudah según el
cálculo de los egipcios, que es equivalente al octavo día antes de las kalendas
de mayo entre los meses de los romanos, y 24 de Nisan entre los meses de los
hebreos.
Y también nosotros, los hijos de la ortodoxia,
ofrecemos gloria y santificación y alabanza a nuestro Señor y Salvador
Jesucristo, a quien es toda alabanza y honor y adoración, con el Padre y el
Espíritu Santo, Dador de Vida y Consustantial, ahora y para siempre.
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III
la Madre de Jesucristo
A
Se observa en el relato copto de la vida de San
Marcos los dos elementos que señalé antes: la distancia, natural a quien
escribió el relato diez siglos más tarde, y su parentesco con el estilo de los
apócrifos gnósticos de los primeros siglos, en los que un elemento de trasfondo
popular sirve de núcleo a una bío sin valor histórico formal.
El elemento populista de trasfondo es la relación
entre el Apóstol Juan y el Evangelista Marcos, misterio alrededor del cual gira
todo el problema de la Identidad del Evangelista. La identidad de Juan el
Apóstol fuera de toda duda, la del Evangelista Marcos, es decir, Juan en tanto
que Evangelista bajo el nombre de Marcos, es el Misterio. ¿Por qué Juan no se
dio a conocer tal cual y empleó el nombre clave bajo el que ocultó la verdadera
identidad del hijo menor del Trueno?
Para acercarnos a este Misterio vamos a partir de la
Mente de Jesús.
Ya he dicho antes que una vez crucificado “el perro”
los judíos, cuando viesen que no habían acabado con la rabia, se lanzarían, con
la misma piedad y misericordia que habían tratado al hijo, contra la Madre. Era
María la única persona en el mundo, no estando José en escena, que podía
demostrar con documentos la Identidad del Crucificado, y con ellos en la mano
probar la legitimidad de Jesús al Trono de David, hecho que, de probarse,
demostraría que en verdad el título sobre la Cruz, rey de los judìos, era tan
real como la corona de espinas con la que los romanos entronaron al Hijo de
David.
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Era solamente natural que Jesús, siendo el que era,
y conociendo todas las cosas que habrían de ser efecto de la causa que El mismo
había movido, viese a sus jueces y verdugos dirigirse contra la Madre del
Cordero y, mediante su eliminación, destruir todas las pruebas genealógicas que
pudiesen conectar al “perro Galileo” con la Corona de los Judíos.
La causa que había puesto en movimiento este efecto
era imposible de ser parada o de desviar sus consecuencias. Este acto estaba
fuera del Poder del Hijo de Dios. Dios Padre había determinado la causa y esta
causa debía proceder a sus efectos. Ahora bien, en ningún momento Dios Padre
había determinado una Necesidad de la Muerte de la Madre de Cristo a la manera
que había determinado la Necesidad de la Muerte de su Hijo.
Dios Padre toma la vida de esta Mujer en sus manos y
consumada la Necesidad Perfecta de su Muerte, desde la Cruz Jesús le dispone a la Madre de su
Hijo un querubín, un guardián, un guardaespaldas personal, que El mismo ha formado
desde el vientre de su madre, la mujer del Zebedeo, para ser “el hijo menor del
Trueno”. Aquí es donde empieza el Misterio de Juan-Marcos.
Cuando los historiadores-teólogos del futuro
enfocaron el problema ninguno partió de esta Fuente, como hemos visto. Y es
que, perdóneme el diablo, uno de los defectos más notables de la Teología es
ser una ciencia, y como toda ciencia la Teología tiene por virtud hacer de su
amante un verdadero necio que prefiere el conocimiento de los hombres como
fuente a Dios como Fuente de todo conocimiento. Porque como todo el mundo
comprenderá y hasta el obispo de Roma, el que a sí mismo se llama Santo Padre,
igual a Dios excepto en la carne, y sólo por la carne -maldición- igual a
nosotros, ¿por qué buscar en el Dios Vivo lo que está en los libros? ¿O acaso
Dios tiene Memoria?
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¿Y la Memoria no es ése disco duro donde se guardan
los acontecimietos vividos? Con la diferencia que el disco duro podemos
borrarlo y las cosas que se graban en la Memoria Viva permanecen mientras hay
vida, y claro, siendo Dios eterno, la Memoria del Universo tiene en El su Libro
a prueba de fuego. ¿Así que por qué preferir los libros como fuente de
conocimiento sobre los Misterio Divinos cuando está ahí Dios para descubrirnos
su Mente?
En descargo de todos digamos que la Ley de Silencio
bajo la que fueron encerrados los siglos, en razón de la cual dijo San Pablo
aquello de que “la Ignorancia mantiene al mundo en la corrupción” etcétera,
operó su efecto y la crítica al Pasado es lección para el Futuro, a fin de no
volver a caer en la misma piedra.
B
Hay dos métodos para conocer a alguien: acercarse a
él y entablar un diálogo, o bien dirigirse a terceros y a partir de ellos
formarse una idea.
La Biblia no está ahí para ser un tercero sino para
ser el Camino a Aquel que se quiere conocer. El método primero es el de la
Teología; el segundo es el del que abre esta Introducción al Misterio de la
Identidad de Juan-Marcos. ¡Estando Dios ahí! ¿por qué preguntarle a nadie sobre
Dios? Sigamos pues.
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Hemos tomado la posición del Hijo de Dios. El es el
Cordero de Dios y nada ni nadie podía impedirle a Dios ofrecer su Sacrificio
Expiatorio por los pecados de todo el Mundo. Esto ya está escrito y no es el tema.
Nuestro interés comienza cuando la Madre de ese Cordero va, inevitablemente, a
devenir la diana del instinto criminal de los judíos. Ya antes de la
Crucifixión los judíos se las habían arreglado para hacer sus averiguaciones
sobre la identidad de aquel profeta galileo. Y hurgando en la memoria de
Nazaret desenterraron el recuerdo del Episodio de la Anunciación en la versión
no Cristiana, de la cual dedujeron los judìos que Jesús era “un perro bastardo”
y su Madre “una ramera”, deducción que le echaron en cara en la Fiesta aquélla
cuando le dijeron:
“Nosotros sabemos quién es nuestro padre, ¿quién es
el tuyo?”
A lo que Jesús, conociendo de qué estaban hablando,
les respondiera:
“Vuestro padre es el diablo”, porque ciertamente
sólo un hijo de Satanás podìa llamar “ramera” a la Esposa del Dios que se
declaró Padre de su Hijo, y “perro bastardo” al Hijo de Dios. Esos mismos hijos
del Diablo no dudarían un nanosegundo en usar el “secreto” que hallaron,
hacerlo público y llevar a la Madre de Cristo a la calle para ser apedreada, a
posteriori, por adúltera, delito condenado en la Ley de Moisés con la muerte.
El mismo Jesús que les dijera: “Sois hijos del Diablo”, es el Jesús que le dice
a Juan: “he ahí a tu madre”.
Y sería en esa Mente y en aquél Corazón Divino que Juan se convirtió en Marcos. Y sería desde esta Necesidad de Proteger a la Madre de Jesacristo que el primer Evangelio de Juan, el que lleva el nombre de Marcos, surgió de la Ley, que dice: “Por el testimonio de dos será válido el juicio”. Habiendo escrito Mateo el suyo, Juan, que tiene a su custodia a la Madre, y para todos, excepto para los Apóstoles, es Marcos, ocultando así la Identidad de la Mujer que iba siempre con él, a la que él llamaba Madre, y ésta a él Hijo, Juan-Marcos escribe su Evangelio para que se cumpliera la Ley, y de aquí que el Evangelio de San Marcos sea un simple Testimonio de apoyo al de Mateo. Juan-Marcos no pretende en su primer Evangelio decir más ni menos que Mateo, y se limita a poner el suyo al lado a fin de que por la Ley, qu
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e
requería de dos Testigos para la validez del Testimonio, se cumpliera la Ley.
Siendo esta la razón del Evangelio de Marcos la
naturaleza escueta, pero firme de quien ha vivido todos y uno por uno los
acontecimientos narrados por Mateo, es el carácter más visible de la Narración
de Marcos y la causa por la que los “teólogos” quisieron ver su origen en
Pedro, respecto al cual Marcos era su “secre” e iba poniendo por escrito lo que
el “Jefazo” iba largando.
Mala memoria debía ser la de Pedro y peor secretario
el tal Marcos para reducir la Memoria de Jesucristo en el Apóstol a un simple
Testimonio de apoyo al Evangelio de San Mateo. Pero infinita la del Marcos que,
siendo Juan, firma de corrido todo lo atestiguado por su Colega Mateo sin darle
más importancia de la debida al estilo literario de su propio Testimonio. Esta
despreocupación, tan pudiente y exquisita en los sabios teólogos, es la que,
alucinándoles el hecho de que un paleto en las ciencias de las letras fuese
capaz de dar a luz un librito de tal gracia y gloria, no pudieran comprender el
valor original del Evangelio de Marcos acorde a la Ley. Mas como ya he dicho
que la Ignorancia ha sido Universal en razón de la Presciencia y Omnisciencia
del Padre de todas las cosas, mirando a la Esperanza de Salvación de todas las
naciones de la Tierra, no voy a insistir en el fracaso escrito de la teología
para penetrar tras el Velo de la Mente Divina. Y sigo.
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C
Un factor clave hace posible la asunción natural de
la filiación de Juan respecto a la Madre a los ojos de todos los extraños, y
será el velo gracias al cual ni los judíos ni nadie pudieron adivinar la
verdadera naturaleza tras relación madre-hijo bajo la que se presentan Juan y
la Madre de Jesús ante todo el mundo, incluyendo a los propios Cristianos,
entre los que sólo un círculo muy selecto, del que diría luego San Pablo,
“hablamos entre los perfectos una sabiduría secreta..” etcétera, estaban al
corriente de la verdadera Identidad de la “madre” de “Marcos”. Este factor
sería, y fue, la perfecta Juventud que la Madre de Jesús conservó hasta la
Muerte de su Hijo, y en función de la cual era imposible sospechar que aquélla
“mujer”, que por la apariencia estaba en sus 40, no fuese la madre de aquel
joven en sus 21 años, aproximadamente.
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En números cuadrados la edad de María para la fecha
de la Resurrección de su Hijo debía rondar los 60, año arriba año abajo. En
aquéllos tiempos 60 eran muchos años. De haber privado la ley de la Caída sobre
la Inmaculada Madre de Jesucristo el Velo bajo el que Dios Padre defendió a la
Madre de su Hijo no hubiera funcionado. Y en todo caso hubiera funcionado en
contra. Porque ¿quién se hubiera tragado que aquella anciana de 60 y tantos
podía ser la madre de aquel jovencito?, a no ser que hubiera parido a la manera
que Sara a Isaac, punto más contra este hijo, y puente hacia la naturaleza del
teatro en cuyo escenario el Galileo quería poner a salvo a su Madre.
Dios Padre rompe el maleficio de la Caída y pone a
la Madre de su Hijo fuera de la Ley de la Carne, de aquí que a nadie entre los
presentes en la escena de la Crucifixión se le pasase por la cabeza relacionar
a aquella Mujer, Madura pero joven, que a los pies de la Cruz lloraba a lágrima
viva con la Madre del Crucificado y, en cualquier caso sí con una de “esas
mujeres” que le seguían por todos sitios y de las que vivía el Maestro.
Fue Jesús mismo quien guardó la Identidad de su
Madre más de una vez. Estando en público, mediante aquellas verdades suyas que
decía: “¿quién es mi madre y quiénes mis hermanos sino quien hace la voluntad
de mi Padre?”, mediante esta sutil manera Jesús desviaba siempre la mirada de
todos del rostro de su Madre, un rostro que, por su Juventud, nadie relacionaba
en principio con El.
Era sólo natural que Marcos presentase a la Madre
como “su madre”. Y dada la mitología de la Leyenda en vivo: “los Apóstoles del
Señor Jesús”, simplemente natural que Pedro y Pablo tomasen consigo a “Marcos y
su madre” como parte de su equipaje, por decirlo de una forma coloquial.
Aquella Mujer era Sagrada para Pedro y los
Apóstoles, y nada ni nadie en este mundo tenía acceso a Ella y su Corazón.
Juan, el hijo del Trueno, permanece en todo momento alrededor de la Madre como
Querubín armado con espada de fuego y el fuego siempre vivo, como la Zarza:
ardiendo siempre sin consumirse. Es la Misión de Juan. Su misión no es predicar
ni morir, su Misión es cerrarle el paso a todo hombre a la Madre del Señor
Jesús y permanecer con Ella hasta que Dios Padre dispusiera de su vida en este
Mundo.
Marcos se mueve constantemente y tanto Pedro como
Pablo cubren sus idas y venidas mediante historias de celos y necesidades
contingentes. Sería en uno de esos viajes que Marcos llegara a Alejandría,
donde dejó en la Comunidad Original el recuerdo imborrable de su Presencia
entre los Primeros Cristianos de aquella Ciudad, que, pasando el tiempo los intereses
patriarcales, etcétera, transformaron en la Historieta sobre la Vida de Marcos
que habeis leido en la sección anterior. Hasta aquí ésta. Seguiremos otro día.