Reflexiones sobre Historia Divina

El misterio del origen esenio de juan el Bautista

La estructura de los hechos alrededor del Nacimiento del Reino de Dios deja poco margen para intervenir desde el futuro en los acontecimientos determinantes de su Fundación. Habiendo Dios dado por finalizada la Era de su Imperio y proclamado la Unificación de todas las Coronas del Universo en la Cabeza de su Unigénito, la trascendencia de la Humanidad en este Capítulo para la Eternidad se deduce del lugar donde ese cambio revolucionario de Era se produjo: La Tierra. Fueron hombres quienes pusieron sobre sus vidas este Proyecto y cuando tuvieron que entregarla no dudaron en poner el cuello sobre la bandeja. Ante la sangre no hay duda; la duda es para los espíritus sutiles, genios del vacío, amantes de la forma. El ser humano es algo más que una criatura del abismo. Y esto es lo que se va a demostrar en estas Reflexiones.

Voy a dejar por ahora el regreso al asunto de la Nacionalidad Romana "por derecho" de los Judíos, que existió, caso San Pablo, contemporáneo de Jesús si mal no recuerdo, aunque no paisano en el sentido de la patria chica sí de la raza, etcétera, y en lugar de preguntarnos cuándo el Imperio se despojó de su Ciudadanía para vestir con ella a sus súbditos sería más conveniente postularnos por qué Octavio Augusto no extendió esta Universalidad, que procede del Derecho, cuando, una vez estudiado su genio, desde sus obras se deduce que esta Universalidad no podía escaparsele a su pensamiento, pues lo que le conviene al Genio no es la Vulgaridad sino la ruptura con la sinfonía agónica de las tradiciones sociales aglutinantes y monolíticas, contra cuyo ritmo esquizoide, traducido en guerras civiles, Octaviano el hombre se enfrentó a vida y muerte, de donde se entiende que muy difìcilmente a su Mente se le hubiera podido escapar los beneficios finales de una Expansión Revolucionaria del Derecho Humano-Romano a todos los pueblos del mundo civilizado. Raiz filo-ideológica desde la que vendría a luz el Movimiento de Empadronamiento Universal como puerta de acceso a la Ciudadanía Romana que, procediendo del Derecho, derribaría el muro entre romanos y demás pueblos del Imperio. Movimiento en cuyo marco debemos ver el Empadronamiento Universal que obligó a José, el padre de Jesús, a moverse de Nazaret a Belén, pero que vemos rodeado de sangre, como no podía ser menos, en alzamiento de protesta contra el Intento del Romano de Hermanar a todos los puebos en el Derecho, y sería la prueba material definitiva que Octavio necesitaba para convencerse de que en muchos aspectos él había nacido para un Futuro que no conocería en carne y para vivir a la luz de cuyo Derecho el mundo no estaba mi mucho menos preparado. Octavio el Político le ganó la partida a Octavio el Hombre y ante la sangrienta respuesta judía a su Intento de Exportación de la Ciudadanía Romana a todos los Pueblos del Imperio, Augusto se hizo a los hechos y dejó para el Futuro la consecución de un bien tan grande.

Apedreamiento segun la moda del Islam, primerola entierran y después la apedrean. Mientras menos se mueva"la perra" menos yerran el tiro " los santos"

Habrá tiempo, entonces, para regresar al Juicio de Jesús y maravillarnos delante del Hecho de su presencia, no ya ante el Sanedrín sino ante el mismísimo gobernador romano, cuando en el curso de los propios evangelios vemos cómo los judíos aplicaban la pena de muerte a diestro y siniestro con total impunidad. No crucificando a "los perros", pues la Crucifixión era la silla eléctrica del momento, reservada para el Imperio, pero sí apedreando en la vía pública lo mismo a una ramera, caso adúltera de los Evangelios, "el que esté libre de pecado tire la primera piedra", que a un santo (San Sebastián por ejemplo). El Imperio no anuló el Derecho Patrio de los Pueblos; dejó a los Estados súbditos el poder sobre la vida y la muerte referido a causas internas.

Algunos historiadores han pretendido hacernos comulgar con ruedas de coche de los tiempos de los Picapiedras al afirmarnos que los Judíos fueron privados del poder sobre la vida y la muerte. Y esto nos lo dicen sobre el cadáver de San Sebastián y el de aquella adúltera atrapada in fraganti, y que se ganó el famosísimo "yo no te condeno, vete y no peques más" de Jesús. Si Jesús no fue apedreado ni sentenciado a muerte por el Templo, cuando el Templo mataba a pedradas a todos sus enemigos y pecadores con total impunidad, ¿a qué se debió este trato : contra el Derecho Romano que prohibía al Gobernador del Imperio meterse en asuntos internos que no tocasen al César? ¿Acaso Jesús era Ciudadano Romano? ¿Y de hecho del único crimen por el que debía responder un Gobernador Imperial ante el César no se limitaba a su actuación criminal contra Ciudadanos Romanos?

De todas formas en esta sección vamos a saltar de Jesús a Juan. La pregunta de partida es importante: ¿De dónde sale Juan el Bautista?

Dios podía sacarle a Abraham hijos de las piedras. Nadie se tomrá al pie de la letra este dicho sin embargo. No porque Dios no pueda, poder que confirma la realidad haciendo que cabezas de piedra a dos patas llenen la tierra. Y si es por el corazón, que algunos tienen tan duro como las rocas ... Fuera de esta constatación, la cuestión sobresale imperiosa: ¿De dónde salió Juan el Bautista? ¿Y quién sabía, y cómo lo sabía, y por qué lo sabía ése que lo sabía: Que aquél Juan era el hijo de aquélla Isabel y aquél Zacarías?

Este punto clavado en la mesa será conveniente amartillarlo afirmando, o al menos insinuar que para correr el velo de los siglos y penetrar en el sancta sanctorum de la Memoria del mismo Dios tenemos que desprendernos de la naturaleza de nuestro siglo. Y esto que vale para nosotros vale para todos los tiempos y sitios. Nacemos y nos formamos en un determinado ambiente, y por lógica la naturaleza de ese ambiente conforma las propiedades de nuestra forma de ver y entender el mundo.

Pero esto funciona mientras somos chiquillos. El fin de esta relación entre el sujeto y el mundo es parir en el ser un espíritu libre, perfectamente formado para abstraerse de sus circunstancias y contemplar el mundo, en tanto que objeto, desde el punto de vista del sujeto que observa la realidad tal que si él mismo no perteneciera a ella.

Referida la realidad universal como un ente en sí mismo, con sus propias leyes objetivas, y regida por sus propios juicios, la legalidad biohistórica de una mirada alternativa se fomenta en el propio individuo, determinando la recreación de unos acontecimientos cuya memoria se mueve en el tiempo a la manera de las sombras en una pantalla china. No olvidemos nunca que el muro más alto contra el que se bate nuestra inteligencia es la muralla formada por los libros de los que se llamaron en su día "historiadores".

Sea porque no existen, sea porque los que existen son documentos manipulados con fines específicos, quien quiera recrear los tiempos pasados debe por fuerza poner sobre la mesa un método de reconstrucción dentro de cuyo cajón de herramientas ésos docs "oficiales" formen un instrumento más, pero en ningún caso el único válido para abrir la puerta. Olvidar que los actores de la Historia tuvieron a su servicio a ésos mismos que escribieron su "historia", y les pagaron para que contaran lo que contaron, este olvido es una renuncia imperdonable a los ojos de un amante apasionado y sin fisuras de la Historia, y aunque a los pies de los historiadores científicos : sin docs no hay Recreación del Pasado y esta Recreación debe ajustarse a esos docs, hay que afirmarse en la negación de su método científico y declarar dementia pretender alcanzar la verdad siguiendo los pasos de quienes se dedicaron a ocultarla. Flavio Josefo no es el único "historiador" que amó la verdad sobre todas las cosas y por ese amor cogió y la crucificó.

Asi que: ¿de dónde salió Juan? ¿Por qué se alimentaba de miel y langostas como las bestias? Siendo hijo de aquél Zacarías, del turno de Abías, príncipe del Templo de Jerusalén, hijo único de su padre, heredero de su Turno ¿a qué se debió su retirada al desierto, su renuncia a la herencia multicentenaria de su padre?

Esto se entiende afirmando la Revelación del Evangelio, y asumiendo su valor como doc histórico. Pero si el Evangelio es una novela en este caso esta cuestión es fantasía y la discusión que le sigue pura ciencia-ficción.

La elección es cosa de cada cual. Yo no estuve allí cuando los hechos sucedieron y me remito a la tinta que se usó para escribir este Doc: La sangre.

Porque si en la sangre está la vida y el espíritu es la vida, el espíritu está en la sangre. De manera que pesando el valor de unos "historiadores científicos" cuya dementia se congratula en basar la recreación de la Historia Universal en Docs, sacrificando la verdad en el origen de esos documentos, en cuyo valor no entran; contra el valor de la sangre como "Doc Histórico" cada cual debe emitir su juicio.

Ejemplo.

Si referida la Historia de Enrique VIII a los Docs, aquel criminal fue un santo. ¿Y entre los historiadores británicos dónde se encuentra aquél que llama al pan, pan, y al vino, vino, trate de criminal a aquel "santo" y a semejante santo lo llame por su nombre : criminal? Y criminal en serie, la peor especie de bestia a dos patas, tanto más monstruoso su crimen cuando en su victoria una nación entera renunció a lo más sagrado, el juicio de la mente.

Luego a la hora de la Historia hay que prevenirse, sobre todo y ante todo, de los historiadores. Hay que referirse a Flavio Josefo al viajar a los tiempos de los judíos, y al mismo tiempo hay que tocar con guantes de hierro sus libros. Y cualquiera que no tome sus precauciones acaba tirándole piedras a "los perros cristianos".

 

Esta decisión tomada, a saber: el Evangelio es un Doc Histórico, apartamos el velo y miramos cara a cara el recuerdo de aquéllos tiempos cuando... Zacarías, hijo de Abías, el "Abtalión" de los últimos días de los Asmoneos según Flavio Josefo ... en el nombre de cuyo personaje la manipulación de los mismos hechos que narra "el Historiador" se desprende del increíble caso que presenta, al darle un nombre griego a un hebreo de pura cepa, para más inri un alto sacerdote.

El hijo de Abías-Abtalión, heredero de uno de los 24 turnos del Templo, casado con Isabel, de la estirpe aarónica para mayor gloria de su heredero, que sería nuestro Juan; aquél Zacarías se halla tumbado bajo una de las puerta del Templo. Allí lo dejamos en una sección anterior. Lo habían matado a puñetazos, a patadas, a bocados... Es sobre esta muerte que Jesús emitió por su boca el juicio de Dios contra los asesinos de su siervo, un anciano octogenario, cuando dijo que "desde Abel a Zacarías..."

¿Cómo se atreven a matar a un anciano, príncipe del Templo, a las puertas de la tumba ya, de todos modos? ¿Por qué, y concretamente a escasos días pasados de la Matanza de los Inocentes? ¿No se había enterado Zacarías de lo que había pasado en Belén de Judá?

Sería inútil por mi parte pararme a buscar un Doc que me sirva de prueba a la hora de enraizar el comportamiento de los personajes de la Historia Divina acorde al movimiento que recreo sobre la marcha de los recuerdos de sus vidas. La Biohistoria está para mover las fichas a la manera que una vez jugada la partida no hay misterio en el aire,a no ser como juego sin mancha ante quien no se enteró de la marcha de los acontecimientos que le dieron la victoria al Vencedor. Y si para cada paso hubiera que recordar la secuencia en el tiempo la recreación sería una pérdida de tiempo, a la manera que interpretar un idioma a quien desconoce incluso el idioma sobre el que se realiza la traducción es gastar saliva. Así pues, ¿no se había enterado Zacarías, el padre de Juan el Bautista e hijo del Abías-Abtalión de la Historia Manipulada de los Judios por Josefo, de la Matanza de los Inocentes que fue, y como cordero con el olfato perdido, se metió en la cueva del lobo hambriento?

Por supuesto que Zacarías estaba al corriente de la Matanza de los Inocentes y, a sabiendas de que de aparecer por el Templo le costaría la vida, Zacarías tomó la decisión que le valdría a su nombre la Gloria de la Eternidad: Echarle a los perros más carne a fin de evitar que el hambre mantuviera fino el olfato de la Bestia tras el verdadero Niño que andaba buscando. ¡Esa carne iba a ser la suya propia!

Tengamos en cuenta que al cobarde el valor del héroe le parece nacido de la locura, y al déspota la sangre de la revolución le sabe a rebelión, de donde basar sobre el juicio de tales testigos la naturaleza de los acontecimientos históricos esd simplemente renunciar a lo que diferencia al homnbre de las bestias: el espíritu de la Verdad. Y no porque haya sido la Ciencia la que matara la verdad del Espíritu debemos admitir como Natural lo que le repugna a la conciencia. Es decir, quienquiera que desee tratar con otro ser de tú a tú debe ver la persona en la plenitud de sus facultades ontológicas y no mutiarla amoutando sus propiedades en razón de los tiempos. Fenómemo muy común en los historiadores, sobre todo teniendo en cuenta que entre los miles de "profesores" apenas si podemos encontrar unos pocos que no estuviesen al servicio de sus señores, y en cuanto mercenarios de la pluma buscar entre ellos a más de un Procopius es, si no jugar a la gallinita ciega, sí hacer el tonto por el placer de hacer el tonto.

Antiguamente los hombres de a dos patas, reconocidos como vulgo por sus excelencias, sin saber leer y escribir teníamos que tomar las Nibelungiadas de los emperadores, reyes y papas como si fuesen palabra de dios, aunque nos venía dictada por mercenarios de la pluma, perros fieles a sus amos, y si no fieles al menos sí pagados y bien comidos. Actualmente tenemos la oportunidad de leer por nosotros mismos, ver con los ojos d ela cara y recurrir al divino ejercicio de quemar el granero a fin de encontrar la aguja sin hacer el ridìculo para felicidad y nirvana de sus eminencias, excelentísimas y divinas coronadas cabezas. Lo cual no quiere decir que el proverbio suicida de ser más feliz el ignorante que el que sabe mucho haya por fin muerto. Es de creer que aún, aunque no por mucho, tendremos que esperar el dia del entierro.

Volviendo a nuestro tema, la Muerte de Zacarías, padre de Juan el Bautista, digamos que si a un cobarde la mente de un valiente le es un enigma, tanto más insondable le es la de un santo a un pecador de las letras. Habiendo sido este tipo de manos las que se limpiaron sus faltas en la sangre de taes locos, ¡cómo creer que hubiera podido ser de otra forma a la que ha sido!

Desde que Flavio Josefo, buscando la supervivencia de su raza despojara a su pueblo del espíritu natural a los Patriarcas y Profetas, esperar que los historiadores de los gentiles encomtraran en el cadáver del Judío el alma del Hebreo devino un dilema de la naturaleza que la Serpiente le planteó a los demás bestias del Paraíso: ¿Condenará Dios por el pecado de un solo hombre a todo el mundo? La respuesta de Josefo fue: Imposible. La respuesta de Pablo fue: Por supuesto. Y desde entonces Judíos y Cristianos hemos vivido como los perros y los gatos. Así as cosas, habiendo despojado el Judìo al Hebreo de su espíritu, ¡quién creerá que Israel pueda ver a Dios en Cristo! Y si no puede ver lo que hay en su propia carne ¿cómo accederá a su memoria?

Frente a la santidad del Hebreo el Judío se encuentra en la misma posición que el cobarde frente al héroe, es incapaz de comprender la raiz de sus movimientos. El judío, no queriendo asumir que Dios condenase por un hombre a todo el mundo, fue capaz de asumir como necesaria la muerte de un hombre a fin de que todo su pueblo viviera, siguiendo andando por cuya senda luego fueron las vidas de dos, más tarde las de tres, y siguiendo siguiendo se lanzó a la solucion final que el famoso Saulo de Tarso traía en su mano cuando se cayó del caballo, porque le salió Jesús según los Cristianos, porque era un cobarde según los Judíos. Pero volviendo al tema:

Zacarías, el padre de Juan en pañales, estaba perfectamente al tanto de la Matanza de los Inocentes cuando decidiera presentarse en el Templo con el objeto de mediante el escándalo de su muerte ganarle a José y María el tiempo necesario para empaquetar y emigrar al Egipto.

Vemos cómo, ajenos a la Matanza, José y María se presentan en el Templo, y allí encuentran al otro Protagonista Estelar de la Segunda Parte de la Historia Divina de Jesús, Simeón el Joven, hijo de Simeón el Babilonio, el Semeí de la historia de Flavio Josefo, el socio del Abtalión.

Para la Tradición queda el pobre viejito adorando al Mesías. Para José las palabras que aquel "viejito" le soltó al oído: "Huye José, coge al Hijo de David y vete a Egipto, porque escrito está: De Egipto llamé a mi hijo". El resto está escrito en la Historia Divina. En esta sección vamos a tocar lo que no escribí allí.

Por supuesto que Zacarías sabía que se enfrentaba a su pena de muerte de abandonar los montes de Judea en los que vivía y regresaba a Jerusalén después de su etapa de mudez, precisamente cuando ya se repartían su Turno los aspirantes a entrar en el Templo de los 24 príncipes que gobernaban el Estado Teocrático de Jerusalén. Zacarías sabía que el escándalo de su asesinato por los perros del Templo obligaría a sus amos a controlarlos, encerrarlos y mantenerlos tranquilos por un tiempo, el tiempo que necesitaba José para coger al Niño y salir de Israel.

Pero antes de sacrificarse Zacarías tomó las disposiciones para salvar la vida de su hijo, aquél que había nacido para hacer que se oyera la Voz en el desierto. ¡Cómo no irían a asesinar a su hijo Juan una vez que la noticia de su nacimiento llegara a Jerusalén y entrase en la oreja de los Herodes! Un niño que nace a la manera de Isaac, de unos padres más viejos que Matusalén ... ¡un Mesías, por supuesto!

Este es el verdadero origen de Juan el Bautista.

Zacarías le manda a su mujer que tome a su niño y se lo lleve a las cuevas de los esenios, en el mar Muerto. Sin nombre, como quien ha salvado su nieto de alguna matanza, o como quien salva al hijo de una hija sorprendida en adulterio y asesinada a pedradas, aquélla que era por su linaje hermana de María, la hermana de Moisés, y por familia era hermana de la madre de María, Madre de Jesús, aquélla Isabel, nacida princesa en el seno de los clanes aaronitas de Jerusalén, culta como solo ella, obedece a su marido, sabe dónde va Zacarías, se despoja de todas las ropas de señora, coge a su hijo recién de seis meses, siete a lo sumo, y se esconde en las sombras de una de las cuevas donde vivían aquellas comunidades esenias de los tiempos de Herodes y sus hijos. Si alguna vez alguno de aquéllos cavernícolas conoció a la mujer de Zacarías, el hijo de Abías, en otros tiempos, después del Milagroso nacimiento de su Juan nadie hubiera podido decir que aquélla mujer era la misma que conociera. El milagro del rejuvenecimiento de su carne había borrado de su aspecto la abuela que por su edad debiera ser.

 

 

 

Allí, en una de aquellas comunidades esenias, permitidas por los poderes establecidos judíos del momento, Isabel alimentó a su hijo y vivió para enseñarle quién fue su padre, cómo mataron a Zacarías, su padre; cómo nació él, Juan, la mudez de su padre y la necesidad de su muerte. Isabel cultivó el alma de su hijo durante toda su Infancia y Pubertad en el Misterio de la Anunciación de Jesús, quiénes eran José y María, sus padres, por qué debían huir y por qué Zacarías se impuso el deber de ocultar su Huida ofreciéndose como víctima de escándalo. El, Juan, era "la Voz del que había de clamar en el desierto..."

El hecho de ser ella mujer, y en consecuencia no poder ser admitida como miembro de pleno derecho en la comunidad esenia del mar Muerto, mantuvo a la "hermandad" lejos de su hijo Juan, quien, a la muerte de su madre, se retiró al desierto en preparación de su Hora, sobreviviendo a base de miel y langostas.

Isabel moriría al tiempo de José, el de María, cuando ya su hijo se valía por sí mismo y no había nadie en este mundo que pudiera someterlo a más reglas que las de su Nacimiento.

La filosofía religiosa de los esenios y el ambiente de fraternidad interna supuso una formación moral de un poder tremendo sobre el futuro Bautista, tanto más cuanto que el origen de los Esenios se basaba en la imposibilidad de convivir bajo una Nación que, con el encumbramiento de los Asmoneos, firmó su destrucción al rebelarse contra la Ley de la Corona, dada por el Señor a perpetuidad a los hijos de David.

Este es el verdadero origen de los esenios.

Los Esenios se negaron a vivir bajo el pecado de rebelión contra el Decreto del Señor cometido por los hijos de los Macabeos, y, cuando la derrota del Movimiento Prodavídico Antiasmoneo se consumó, los derrotados prefirieron la pobreza y el aislamiento a vivir bajo la ley del rey rebelde a Dios.

Durante toda la Dinastía de los Asmoneos los Esenios vivieron aislados y crecieron mediante el constante goteo de los espíritus sutiles hacia una Comunidad cuasi troglodita, que gracias a que los parientes los alimentaron fielmente pudo sobrevivir a la causa de su origen. Una vez que la corona asmonea fue abolida, 66 a.C., cuando Pompeyo entra y conquista el Oriente Medio, los Esenios regresaron a la Nación. Pero cuando Herodes subió al Poder, cometiendo a sus ojos la Nación un crimen infinitamente más grave contra el Señor Dios, pues si antes fue un Judío el rebelde, ahora era un palestino el usurpador, los Esenios volvieron a sus cuevas.

 

Si pacíficamente u obligados por Herodes y sus judíos es agua de otro molino. El hecho es que la Galilea entró en rebelión contra la casa de los Herodes desde que Antípater comenzó a apoyarse en Roma para elevar su casa al trono que los Asmoneos habían dejado vacante. Herodes en persona, aunque joven, se encargó de aniquilar esta oposición a su familia, y su triunfo contra los Galileos rebeldes le ganaría fama y gloria a los ojos de sus futuros padrinos romanos.

Sería durante esta fase de humillación de los judíos, dominados por una Casa Antidavídica no Hebrea, que la comunidad esenia del desierto del mar Muerto se hizo numerosa. Herodes, por su parte, se limitó a ignorarlos. Aquéllos cavernícolas del desierto, en las costas del mar Muerto, se habían dado la Paz y la Fraternidad por dioses y mientras más como ellos ... mejor para su dinastía. No le hacían daño a nadie y eran venerados por santos por quienes los conocían .... mejor para ellos ...

¿Qué otro sitio mejor que aquéllas Cuevas para esconder a un "niño y su madre de las manos asesinas de la Bestia que devorara al padre y esposo de ambas criaturas?

Las palabras de Juan contra los judíos del Templo, continuamente llamándolos viboras, se entienden desde esta formación y crianza que su madre le inculcara. Juan sabía quién era él y quién era el Mesías, los lazos que unían sus casas y sus sangres, conocía el nombre del hijo de María, sobrina nieta de su madre, conocía el nombre del Mesías, de Aquel que había nacido sin conocer varón, según su madre se lo había revelado. Lo que Juan no conocía era el rostro de Jesús.

 

Cristo Raul