Con el paso del tiempo
solemos dar por naturales cosas que no tienen ningún sentido. Hablando de los
primeros siglos de la Primera Era de Cristo suele producirse este fenómeno de
proyección antinatural de la mentalidad moderna a los habitantes de un mundo tan
diferente del nuestro como lo es la noche del día. Debemos entender que en los
días del Nacimiento de los Evangelios la inmensa mayoría de la población del
planeta no sabía ni leer ni escribir. Y por tanto ni el analfabetismo era una
verguenza ni por ser analfabeto era la persona humana menos persona que quien
sí sabía escribir y leer. Frente a aquella realidad la Transmisión Oral era el
vehículo natural y el pueblo hebreo, que desde siglos había convertido este
vehículo en una herencia genética, a fuerza de ejercicio milenario era el
pueblo más capacitado para retener la Palabra y transmitirla según la Palabra
le era comunicada.
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Los judíos y los romanos
no sabían lo que hacían cuando crucificaron a Jesús, pero Dios sí sabía lo que
hacía al forjar en la fragua de los siglos una Memoria capaz de retener entre
oreja y oreja hasta la última letra de la Palabra oída. Quienes después acusaron
a la Iglesia de monopolizar las Escrituras cometieron falso testimonio delante
del tribunal de Dios porque contra la Realidad mintieron al hacer creer al
jurado de la Historia que en aquéllos primeros siglos todo el mundo sabía leer
y escribir.
Cuando los famosos y
magníficos exegetas - creo que así se llaman a sí mismos - analizan las
Escrituras y se ponen a comparar la concordancia entre los Textos Canónicos se
saltan sin más el hecho del mundo en el que esos Evangelios fueron escritos.
Pues si es verdad que sin Dios no hubiera habido Evangelio no es menos cierto
que sin un mundo de aquellas características jamás hubiera habido Cristo. En un
mundo analfabeto no tenía sentido sentarse a escribir y esperar que se leyera
la maravillosa historia de los acontecimientos ocurridos en Israel durante los
días del gobernador Poncio Pilatos.
Dios conocía de antemano
la naturaleza del mundo desde el que su Hijo declararía el Fin del Imperio y el
principio de su Reino Universal. Previsto el choque y las consecuencias forjó
la Memoria Hebrea para servirse de ella como vehículo de propagación de la
Buena Nueva: El Universo no tiene más que un solo Dios, Yavé, y un solo Rey,
Jesucristo. Fue esta Memoria Específica el caballo de batalla al paso del cual
el Evangelio recorrió las tierras del Imperio de los Romanos. La concordancia
entre el Tetraevangelio procede de esa Obra Divina centrada en el Pueblo
hebreo, famoso en el mundo entero por la profundidad y extensión de su Memoria,
origen de su gloria y de su desgracia. Porque siendo una bendición para el
sabio una memoria profunda y extensa, esa misma memoria se transforma en una
maldición en quien no resiste el peso de su volumen y queda aplastado en las
profundidades del pasado.
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Es decir, no hay
concordancia entre los textos de los Cuatro Evangelios. Los 4 Evangelios son
las 4 caras de un mismo ser, un ser que habla con 4 bocas pero tiene una sola
Palabra. Es la misma Memoria la que reproduce en 4 textos diferentes lo que
oyera y viera. Los autores son la pluma con la que ese ser con 4 caras escribió
la Memoria de los acontecimientos maravillosos protagonizados por el Hijo de
Dios en la Tierra.
Dios engendró a ambos,
al Protagonista y al cronista; El hizo al Héroe y al Historiador. Y a ambos los
sometió a la misma Ley de Silencio. Ley de Silencio que sería la puerta trasera
por la que los autores de los evangelios apócrifos se colarían entre los
cristianos para desde dentro volar el Edificio que estaban construyendo: ¡La
Iglesia!, el Cuerpo de Cristo, que movido por la Voluntad de su Cabeza y Rey
revolucionaría el Mundo en el Día de la Plenitud de las naciones. Hasta
entonces la Ley del Silencio bajo la que vivió y muriera quien nació para ser
ese Rey y Cabeza que mueve el Cuerpo del Cristianismo, articulado universalmente
alrededor de las iglesias para la Salvación de todas las naciones de la Tierra,
esa misma Ley de Silencio seguiría su curso sobre las cabezas de sus Discípulos
a la espera del nacimiento de esa generación de hijos de Dios, hijos de Cristo
y la Iglesia: "nacidos para disfrutar de la gloria de la libertad
divina".
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Esta verdad - la ley de
Silencio a la que quedaron sujetos bajo Mandato por Jesús cuando les dijo:
"El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi Nombre, ése os lo enseñará
todo y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho"- y por esa Ley,
la estructura del Tetraevangelio Divino quedó fijada dentro de los estrechos
límites impuestos por lo que oyeron y vieron quienes los escribieron. !Quiénes
mejor para biografiar la Vida de la Sagrada Familia que ésos mismos que
conocían a María y José de toda la vida y tuvieron entre ellos a sus
"hermanos y hermanas"! ¿Acaso Santiago, hijo del hermano pequeño de
María, el marido de aquella María de Cleofás que presenciara en vivo el traspaso
del Corazón de su cuñada María la noche que le traspasaron con una lanza el
corazón a su Hijo; acaso ese mismo Santiago, primo de Jesús, luego obispo de
Jerusalén y mártir a manos de sus compatriotas judíos; acaso ese mismo Santiago
no hubiera podido escribir la biografía más completa del hombre con el que se
crió como un hermano, compartiera el exilio de su casa al Egipto y codo a codo
con él levantara sus familias cuando sus padres se murieron? ¿Y no quedó al
cuidado de Juan el Evangelista, el menor de los hermanos del Trueno, la madre
de Jesús? ¿Qué Ley, sabiendo escribir y leer tanto Mateo como Lucas, tanto Juan
como Marcos, les cerró el paso y les prohibió abrir la Puerta que daba acceso
al secreto mejor guardado del Universo, todo él contenido en "el Corazón
de María"?
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Habiendo sido reconocido
por ellos mismos y Lucas no lo oculta en su prólogo, que otros, aprovechándose
de su Silencio, ya empezaban a manipular la Verdadera Historia Divina de la
Sagrada Familia, ¿por qué no les cerraron a todos la boca poniendo sobre la
mesa la Doctrina del Alfa y la Omega, y la Historia de la Casa de Jesús? ¿Por
qué permitieron que impostores como el autor del "evangelio armenio de la
infancia" dieran a luz relatos basados en la ignorancia de aquellos a quienes
iban destinados y la malicia de quienes los escribieran? ¿El tal Santiago que
firma el apócrifo armenio fue uno de los hermanos de Jesús? ,¿y cómo siendo
judío y de familia davídica podía tener un conocimiento tan falso de la
Religión Judía y la estructura del Templo de Jerusalén durante los días de
Herodes el Grande? En las orejas de un armenio semejantes noticias sobre una
escuela de vírgenes críadas entre los muros del Templo debía parecer natural
... si el Templo de Jerusalén hubiese funcionado alguna vez como un templo
pagano cualquiera. No el desconocimiento, la manipulación de la verdad
histórica es tan rotunda y gnósticamente tan densa que sólo a un anticristo y a
un idiota puede parecerle antinatural el juicio de los sabios de la Iglesia
contra el universo de los relatos apócrifos y la escuela gnóstica que los
pariera.
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Y sin embargo toda
mentira que quiera hacerse pasar por verdad debe basar su background en hechos
de alguna forma presentes en el ambiente entre los que va a plantar su tienda.
Tengamos en cuenta que al dejar bajo la Custodia del hijo del Trueno a su
Madre, el acceso al Corazón de María quedó tan imposible para todo hombre como
lo fuera pasar por el cadáver del querubín que Dios pusiera delante del Arbol
de la vida. Pero ... impedirle la entrada a Nazaret al curioso que desease
conocer más sobre Jesús, José y María era algo tan imposible como lo otro. El
éxito de estos evangelios de la infancia, entre los que este armenio ocupa la
plaza de honor, estuvo en el sondeo realizado alrededor de la periferia una vez
que el acceso al núcleo había quedado prohibido.
Muy pocos hombres, en
verdad, vieron con sus ojos los dos rollos genealógicos por los que se
declaraba a su Portador legítimo heredero de la Corona de David y Salomón.
Rollos genealógicos contra los que, creyendo que registrando en los archivos
del templo se podía llegar a ellos, los hijos de quienes mataron a su Rey, para
borrar las huellas del crimen de sus padres le metieron fuego a los Archivos
del Templo, pereciendo bajo las llamas el propio Templo y la misma Jerusalén. Y
ciertamente las llamas podían devorar papel, maderas y piedras, pero no
destruir lo que Dios había creado, la Memoria Hebrea.
Estas dos fuentes,
Nazaret y Jerusalén, serían las aguas de donde los apócrifos sacarían sus
hechos, entre los que el recuerdo del asesinato de Zacarías, padre del
Bautista, asesinato narrado en la Historia Divina dentro de su contexto
histórico real, sería recuperado del olvido por los autores apócrifos, si bien
desde la óptica judía más pura: No fueron los sacerdotes quienes mataron a
Zacarías sino los soldados del mismo Herodes que ordenara la Matanza de los
Inocentes. !Por supuesto que no! Tampoco ellos tuvieron que ver nada con la
Muerte de Jesús, fueron los Romanos. !Por supuesto que sí!