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Reflexiones
sobre Historia Divina.
Cristo Jesús-Contra
el Anticristo
Pocas generaciones
históricas acumulan en su haber un tesoro revolucionario tan inmenso como el
que nos legaron aquéllos que hicieron de la Historia Humana parte de la
Historia Divina. Tanto más impresionante su legado mientras más se profundiza
en la naturaleza de quienes llevaron para adelante la mayor revolución
concebida a lo largo de la Historia de la Humanidad. Fenómeno impresionante que
extiende sus bordes hasta el área de lo divino cuando se tiene en cuenta que
fueron sencillos trabajadores de toda la vida quienes condujeron su revolución
a la victoria, y, he aquí donde el enigma se hace misterio, sin mediar el
empleo de la fuerza.
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Durante todas las
décadas de la Edad Atómica los revitalistas del imperio romano y su Cultura, -
la Fuerza del Capital y el Poder de las Armas-, no dudaron en centrar los
ataques de su crítica subjetiva y demencial contra el valor de la Ideología del
Cristianismo en base a los errores cometidos por ciertos sectores de su cuerpo
histórico. Queriendo ser jueces de la Historia quienes se mostraron incapaces
para hacer Historia, ésos mismos pretendieron hacerla mediante el artificio
manido e hiperfascista de reescribir la Historia para uso y consumo de cerebros
sin mente propia. Vimos durante todo el paso del águila bicéfala atómica cómo,
incapaces de alzar una crítica con visado de realidad científica contra los
creadores del cristianismo, oh sorpresa y fascinación, dignos descendientes de
animales políticos, centraron su ataque masivo contra el Fundador de la
Revolución más grande conocida por la Humanidad, Nuestro Rey, Jesucristo.
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No pudieron con sus
guerreros y se atrevieron con el Héroe. Jajajajaja. Va por semejante fábrica de
lavadoras de cerebros mi risa.
¿Acaso el Ateísmo contra
el que se alzara el Cristianismo era algo más que una Apología de la Esclavitud
y del Derecho de la Fuerza como Razón suprema de Poder? ¿Quienes criticaron al
Cristianismo por los errores de esos ciertos sectores de su cuerpo histórico se
olvidaron que atacando al Vencedor defendían al vencido?
Tras sus lágrimas por la
muerte del imperio del Ateísmo descubrimos nosotros el verdadero rostro
antisocial y esclavista de este Neoliberalismo que, haciendo de la Ciencia su
religión, pretende imponer la Cultura del Derecho que fuera aplastada por aquél
grupo de trabajadores sin ejércitos en el origen de esta reflexión.
El hecho es que antes de
Aquéllos fueron muchos los hombres que intentaron transformar el mundo. Y
ninguno pudo conseguir hermanar a todos los hombres más allá de sus orígenes
étnicos en una única Familia. Ni los Sócrates, Platón y Aristóteles, gloria del
movimiento anticristiano neoliberal de la Edad Atómica, se atrevieron jamás de
los jamases a llevar tan lejos la idea de la necesidad de refundar la
Civilización sobre bases universales comunes a la plenitud de las naciones.
A pesar de sus buenas
intenciones la Ciencia Clásica se encontraba perfectamente identificada con su
mundo de esclavos y libres, fuertes y débiles, pobres y ricos. No serían la
Ciencia y sus hombres quienes lograrían plantar en la conciencia de las
naciones, no sólo la Necesidad sino también, la Posibilidad de acabar con aquel
Mundo Antiguo y traer a luz uno Nuevo. Serían un Carpintero y un grupo de
Pescadores, maravilla para la eternidad, quienes, sin ejércitos ni libros
llenos de ecuaciones, ni numerologías alfabéticas judías, abrirían la brecha en
el Muro por donde las aguas de la Historia del Futuro comenzarían a socavar la
estructura de aquella Cultura de Salvajes de Hierro nacidos para aplastar y
dominar en la selva de su Imperio.
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Un Carpintero, un
médico, un recaudador de impuestos, un curtidor de pieles y nueve pescadores
contra el Imperio del Capital como fundamento del Poder y la Fuerza por todo
Derecho. ¿No será motivo para la reflexión semejante gesta para la eternidad?
Un Carpintero, un médico, un recaudador de impuestos, un curtidor de pieles y
nueve pescadores lograron hacer del ser humano algo más que una especie animal
compuesta por múltiples clanes étnico-nacionalistas. Increíble pero cierto,
ninguno de ellos pasó por la Academia de las Letras y las Ciencias. Ninguno de
ellos recibió, tampoco, formación en Ciencias Económicas y Políticas. Fueron
verdaderos analfabetos -desde el punto de vista de la Ciencia- quienes uniendo
a todos los pueblos de la Civilización de su tiempo en un espíritu, el de
Cristo, crearon Europa. Y Europa ha creado el resto del mundo. La Humanidad le
debe esta Creación a un hombre, a un hijo de Dios, Aquel que llaman Cristo
Jesús.
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Curioso, como es, todo
movimiento social que pretende demonizar al Vencedor, desde los primeros días y
durante los veinte siglos que han transcurrido hasta nosotros, han sido muchos
los hombres y los pueblos que han intentado destruir el Cristianismo, bien por
las armas del pensamiento bien por las armas de la guerra. En lo que a la
actualidad palpitante se refiere, poca y mucha diferencia hay entre el
Gnosticismo de los primeros siglos y el Neopaganismo liberal literario de estos
días. El acto que más allá de sus diferencias los une es aquel intento de
borrar de la conciencia de las naciones la impronta ideológica con la que el
Hijo de Dios selló el Futuro del Mundo. Los primeros mediante la burda
manipulación del Evangelio al servicio de sus ambiciones, y los últimos
mediante el borrado de la existencia ideológica cristiana, los unos como los
otros probaron a destruir aquélla transformación maravillosa de la Historia
Humana en parte de la Historia Divina. Unos por una cosa y todos por la misma
ninguno ha podido cortarle el paso a la generación sobre la que el más pequeño
entre los Apóstoles en su alegría profética se felicitara, diciendo:
"Porque el mundo entero está sujeto a ignorancia a la espera del
nacimiento de la gloria de la Libertad de los hijos de Dios". Libres por
fin de las cadenas contra las que nuestro mundo ha labrado su camino en la
Historia recogemos la Palabra para volver a empezar por el Principio, es decir,
la Palabra como identificador de la esencia del Hombre.
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A nadie, fuera de Cristo
Jesús, le debe la Civilización haber puesto la Palabra sobre la Fuerza. Los
enemigos del cristianismo se acogen a aquel Sócrates y la Academia de los
Platón y Aristóteles para darle a la Filosofía su primacía sobre la Palabra y hacer
de la ciencia un instrumento al servicio de la Fuerza de la Razón. Nada más
falso que la falsificación de la Historia. La Historia presenta sus pruebas y
descubre el fin de la razón científica tras la República de Platón en el
célebre Alejandro Magno, en quien la Filosofía y la Ciencia no tenían por meta
sino poner a disposición del Fuerte un arma de dominio universal. Contra este
aplastamiento de la esencia de la Palabra y de la naturaleza de la inteligencia
humana, Cristo Jesús se alzó solo ante el mundo, para, desnudo, hacer con la
sola Palabra lo que no pudieron ni Platón con su Academia ni Alejandro Magno
con su espada: Transformar al Hombre para transformar el Mundo. La Palabra
devino instrumento de creación, que es su sentido, y de aquí que sea la Palabra
Creadora el Principio del Hombre, quien, creado a imagen y semejanza de su
Creador, hereda esta Naturaleza Creadora de la Palabra, deviniendo la fuente
articuladora de su Civilización.
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Pero, como vimos en la
Caída, la Palabra devino enseguida una espada al servicio de la Fuerza, en cuyo
arte y ciencia con el paso de los milenios y la gracia omnisciente de los
príncipes del infierno, adorados por la Ciencia del Ateísmo Materialista
Revolucionario como ejemplo de libertad suprema por su rebelión contra el
mismísimo Dios Creador del Género Humano; y precisamente por adopción imitativa
del ejemplo, la ciencia en el hombre degeneró en una filosofía ideológicamente
sádica que en su vertiente masoquista alcanzó la apoteosis de un orgasmo
explosivo durante la Segunda Guerra Mundial. Extasiados por el poder de la
Palabra para destruir, aplastar y dominar, los aprendices devinieron en
consumados maestros, las víctimas en torturadores perfectos, deviniendo con el
paso del tiempo en imitadores de los demonios homicidas para quienes el mayor
poder de la palabra y la manifestación más pura de su naturaleza consiste en
ser un instrumento de destrucción. Ahora bien, son científicos, tienen la
Academia, y tienen la espada, inteligencias degeneradas y pervertidas por su
ego para quienes la palabra, hecha Ciencia, es el instrumento de dominio por
excelencia de la raza nacida para ser el Fuerte y gobernar al Débil. Y si el
Ateísmo Científico alguna vez habló palabras de Igualdad Natural fue sólo a la
manera que el loco toca la flauta para que baile la serpiente.
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Las máscaras fuera, el
verdadero rostro del Ateísmo científico labrado en la piedra de un corazón
homicida que justifica su naturaleza en la degeneración de la propia
Naturaleza, que a unos predestina para dominar y a otros para ser dominados,
delito contra la humanidad que llaman Evolucionismo; el rostro del ateísmo
científico a plena luz del día, la demencia científica la tenemos retratada en la apoteosis de aquella estructura mental geocida contra la Humanidad, en el
altar de cuya apoteosis esquizoide reventaron de 500 a 700 megatones contra la
Casa de todos, la Biosfera. Estructura mental perversa y delictiva que en los
grandes avances bajo cuyas ruedas quiere hacer correr el futuro, hablando de la
transgenia y la clonación, la bestia que el ateísmo lleva dentro descubre su
origen y nos emplaza a perseguirla, acorralarla y desterrarla de la faz de la
civilización sin concesiones ni treguas de ningún tipo. El Evolucionismo en
tanto que doctrina ideológica, no en tanto que hecho científico, es un delito
contra la Humanidad, es el evangelio del Fuerte y la justificación del
imperialismo, la absolución de todos sus crímenes, que el individuo-Fuerte
adopta a fin de justificar sus actos contra sus semejantes en la razón
científica, que se hace política y desde la política de la Razón de Estado -
estado dantesco y animal hacia el que ha evolucionado finalmente aquélla Razón
que se alzara contra la Fe - deviene la filosofía más insana a que pueda
agarrarse la Justicia, a saber: la verdad y el bien dependen exclusivamente de
la superioridad de la fuerza sobre y contra la fuerza que se le opone, y será
esta superioridad la que dicte el valor de la vida humana.
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De esta manera
resucitada de su tumba aquélla ideología precristiana natural al mundo antiguo,
sustituída en nuestros días aquéllas criminales religiones antiguas por la
ciencia del ateísmo y sus manifestaciones psicóticas políticas, la Palabra como
expresión de la Naturaleza Creadora del Hombre, Imagen de su Creador, y contra
quienes tienen en la palabra su instrumento de destrucción y dominio, la
"palabra" permanece en su esencia y sustancia más todopoderosa y
omnisciente en los hijos de Dios, hijos de la Fe y la Esperanza, para quienes
lo que le conviene al Hombre no es la espada ni la pistola: sino papel y lápiz.
Ahora bien, los enemigos de esta Naturaleza de la Palabra habían de derribar
primero a Cristo Jesús, la Encarnación de la Palabra, la expresión más alta y
profunda de la esencia y sustancia del Ser Humano, el Hombre según su Creador,
todopoderoso para hacer el bien y desnudo e indefenso para hacer el mal, amante
de la Vida hasta el punto de preferir la muerte antes de tocar el pelo de un
viviente: Hablando desde su Cruz una sabiduría eterna, todopoderosa y llamada a
Gobernar el Universo, diciendo que Nada justifica la Guerra, ni el Odio, ni la
Desigualdad, ni la Injusticia.
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Antes que la Revolución
Francesa impusiera su Fraternidad sobre la muerte de cientos de miles, su
Libertad sobre los campos de batalla y su Igualdad contra los imperios, hubo un
Hombre que vivió la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad en unos tiempos
cuando la sola idea del Derecho Divino del Hombre era la Verdad del débil, de
los esclavos, de los pobres y de los desheredados de la tierra. Contra esta
Verdad se alzó el Ateísmo Científico, negando el derecho Humano Universal al
imponer con la fuerza del Imperio Británico la Ley de las dos Razas dentro del
Género Humano: la del fuerte y la del débil, en cristiano: El rico y el pobre.
Y lo más apoteósico de este Delito contra la Humanidad que la Universidad
impone, ex cátedra, so pena de excomunión de su selva de bestias racionales, es
que el Débil es el primer defensor de su verguenza y el más grande enemigo de
su causa al repudiar la verdadera Imagen del Hombre que Cristo Jesús proyectó
sobre la Historia; y en su apoteosis suicida el pueblo, nacido para ser
dominado, dobla sus rodillas ante la religión científica de un poder político
bendiciendo a quien aplasta y justifica el expolio contra los derechos
ontológicos del hombre, de los cuales, obviamente, el pueblo es el primero que
no tiene ni idea qué sea esto. Contra la Imagen del Hombre en Cristo Jesús,
apoteosis total: la imagen de una bestia cuya hambre y sed de poder y riquezas es
la fuente de la ley.
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Desde el principio,
pues, quienes tienen en las riquezas y las armas su ley, vieron en este Hombre,
Cristo Jesús, el enemigo público número uno de la Humanidad sometida a sus
cadenas y sujeta a trabajos forzados en las canteras de sus imperios.
Únicamente a un idiota se le ocurre pensar que los criados y siervos del Poder
y las Riquezas atacaron y siguen atacando la Imagen de este Hombre según Dios:
en virtud de la Verdad y del Bien.
Los métodos y las armas
utilizadas para demoler la Imagen Divina del Hombre que Cristo Jesús proyectó
sobre los Milenios, hasta llegar a nosotros, han variado. No se puede comparar
el anticristianismo apócrifo de JJ Benítez con el método usado por los
gnósticos de los primeros siglos. Ha cambiado el mundo e igualmente los métodos
de trabajo. Mas el Anticristo sigue siendo el mismo, con diferentes ropas, con
distinto nombre, pero su objetivo, la destrucción del Hombre según Dios, no ha
variado.
La respuesta que el
Cristianismo le ha dado al Anticristianismo literario ha sido variada a lo
largo de los siglos. En este viaje a las profundidades de los tiempos y las
mentes de los enemigos de la Fe tal cual se ve en los Evangelios, a la par que
resolveremos detalles dejados en el tintero en la Historia Divina de Jesús
analizaré la naturaleza de las manifestaciones pseudoevangélicas de los
apócrifos, y cuando proceda contra las manifestaciones literarias del
Anticristo en nuestros días. Y comenzamos.
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En estas Reflexiones, y
a pesar de haberme inmiscuído en la naturaleza de los efectos sobre el
comportamiento de las naciones que la ideología del ateísmo científico pusiera
en circulación, el objetivo principal de mi pensamiento tiene por diana la
serie de imágenes tradicionales sobre la Verdadera Historia de Jesús narrada en
los Evangelios, que, adoptada desde muy pronto por las sociedades bárbaras
recién-cristianizadas, montaron sobre las paredes de las iglesias la
iconografía que los Concilios de los primeros Obispos desterraron de la
Inteligencia Cristiana, levantando, mediante anatema, entre los Apócrifos como
fuente de inspiración histórica y la Puerta de la Iglesia un muro prohibitivo.
Que, curiosamente, andando el tiempo, los propios siervos de la Iglesia echaron
abajo, con su complacencia permitiendo que lo que antes fuera obra del
Anticristo pasare a formar parte de la iconografía religiosa popular de las
naciones medievales cristianas, tales como la famosa estrella de Belén, los
Magos que eran Reyes, la diferencia abismal entre la edad de María y de José, y
otros tantos toques para la lobotomización de las masas que, si bien no se hizo
conscientemente, su degeneración en fiestas populares acabó infuyendo en la
conversión del mundo cristiano al neopaganismo.
Cristo Raul

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