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Historia de Jesús
Muerte de Jesucristo
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Los acontecimientos de Aquella Hora de Sacrificio Expiatorio por la
Redención de los Pecados del Mundo, cometidos en la Ignorancia, están descritos
en los Evangelios. No voy a reproducirlos ni a apuntillarlos. Me limitaré a lo
que no está escrito.
Mientras la farsa judeo-romana seguía su curso el cielo se fue
encapotando sobre las cabezas de los miles de borrachos que coreaban:
Crucifícalo.
La misma confusión que se apoderó de los Discípulos y los lanzó a la
Huída, ésa misma fuerza se había apoderado de la muchedumbre que le aclamara en
su entrada triunfal, y, abandonada al alcohol, ahora desahogaba su pena contra
el autor de la desilusión que se apoderara de sus almas. Enajenados,
abandonados al alcohol en el que ahogaban su pena, que corría gratis y a
toneles de las manos del Templo a sus gargantas, quienes hacía apenas unas
horas corearon al Mesías ahora gritaban: Crucifícalo.
Mientras gritaban y gritaban las nubes rodearon el horizonte, y
tendieron una telaraña de rayos y truenos sobre Jerusalén y el Gólgota.
Mientras el Cordero de Dios arrastraba su Cruz por la Vía Dolorosa hacia el
Altar del Sacrificio en que debía ser degollado por los Pecados de todos
nosotros, siendo todos nosotros en su sangre redimidos de nuestra Ignorancia, y
ajena a la muchedumbrem que borracha escupía sobre el Hijo de María ss
frustración invencible, arriba, sobre sus cabezas, el firmamento se fue
cerrando.
Absortos, maravillados por lo que estaban viviendo, la Crucifixión de
quien con su sola Palabra podía hacer que bajara fuego del cielo y consumiera a
todos sus enemigos, ordenarle a la tierra que se abriera bajo sus pies y se los
tragara, o que se convirtieran en piedras; como traicionados por el mismo
Mesías al que le habían ofrecido la Corona, el Trono y sus almas, hacían la
Procesión sin saber qué hacían, ni si todo aquello era real o era producto del
vino. La frustración transformada en cólera les había dejado en blanco la
memoria y a ninguno se les le vino a la cabeza las palabras del Profeta. En
realidad sólo a un muchacho, al pie de la Cruz según miraba al cielo se le vino
a la memoria las Escrituras.
-Ya me rodeaban las olas de la muerte y me aterrorizaban los torrentes
de Belial. Me aprisionaban las ataduras del seol, me habían sorprendido las
redes de la muerte. Y en mi angustia invoqué a Yavé y lancé hacia mi Dios mi
grito. El oyó mi voz desde su palacio, y mi clamor llegó a sus oídos.
Conmovióse y tembló la tierra. Vacilaron los fundamentos de los montes, se
estremecieron ante Yavé airado. Subía de sus narices humo, y de su boca fuego
abrasador, carbones por Él encendidos. Abajó los cielos y descendió, negra nube
tenía bajo sus pies. Subió sobre los querubes y voló; voló sobre las alas de
los vientos. Hizo de las tinieblas un velo, formando en torno a sí su tienda;
calígine acuosa, densas nubes. Ante el resplandor de su faz las nubes se
deshicieron; granizo y centellas de fuego. Tronó Yavé desde los cielos, el
Altísimo hizo oir su voz. Lanzóles sus saetas y los desbarató, fulminó rayos y
los consternó. Y aparecieron arroyos de agua, y quedaron al descubierto los
fundamentos del orbe ante la ira increpadora de Yavé, ante el soplo del huracán
de su furor.

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