Durante
los primeros siglos del segundo milenio antes de Cristo, los asirios
inundaron Anatolia de pequeños reinos mercantiles alrededor de la
ciudad de Kanesh. Poco
se sabe sobre estos reinos; parece ser que Nesa
(Kanesh) perdió la preeminencia momentáneamente a manos de otra
ciudad, Mana, e incluso fue destruida, pero, recolonizada, tardó
poco en recuperar la hegemonía, sólo para perderla de nuevo a manos
de Pittkhana (o Pithana) de Kushara y su hijo Annita.
Annita edificó un pequeño imperio, conquistando numerosos reinos
(entre ellos, la ciudad de Hattusas que destruyó totalmente y sobre
la que lanzó un anatema). El imperio de Annita se considera el precursor
de los hititas, ya que aún después de su muerte, cuando la ciudad
de Hattusas fue reconstruida bajo Hattusil
I, los monarcas hititas afirman descender de la casa de Kushara.
Aparte
de Annita, existen referencias a dos posibles antecesores de los
hititas, Tudhalia (1740-1710 a.C) y Pusarrumas
(1710-1680 a.C.), pero nada se sabe sobre ellos.
Los
inicios del reino de Hattusa
Poco sabríamos
de los primeros reyes de los hititas si uno de ellos, Telebino,
no hubiese escrito un edicto encaminado a justificar la necesidad
de sus reformas, que incluye una introducción histórica al origen
del poder hitita, en la que se menciona a tres monarcas: Labarna
I, Hattusil I y Mursil
I
Se desprende
de este documento que el verdadero fundador del imperio hitita fue
Labarna, que agrupó a las diferentes ciudades-estado y los pequeños
reinos bajo una autoridad central y ensanchó las fronteras del recién
creado reino hacia el oeste y hacia los mares Negro y Mediterráneo.
También es posible que consolidara la institución de la monarquía
al dictar disposiciones que garantizaran la sucesión. El nombre
de Labarna se usó con posterioridad como sinónimo de "rey",
lo que lleva a algunos historiadores a dudar de la existencia real
de este monarca.
Su hijo, Hattusil I, pudo apoyarse en la base
política que Labarna le legó para lanzar numerosas campañas militares,
principalmente contra el reino de Alepo y contra los hurritas. Por
otra parte, estableció Hattusas como la capital de los hititas, que
se iba a mantener hasta el final del imperio. Hattusil,
en un testamento que se ha conservado, repudió a su hijo, y nombre
sucesor a Mursil I, su nieto.
Mursil
I estrechó los lazos que unían a las ciudades-estado e las incorporó
al reino hitita, de tal modo que puede ser considerado como
el principal artífice de lo que sería el Imperio Arcaico o Reino
Antiguo. Expandió aun más las fronteras, llegando, a modo de venganza,
la conquista de Alepo (en cuya empresa había fracasado Hattusil),
además de derrotar a los hurritas. Estas victorias convirtieron
el reino hitita en una de las potencias de Oriente Próximo, hasta
el punto de que, una vez conquistada Alepo (1595 a.C), Mursil encabezó
una expedición contra la ciudad de Babilonia, que tomó y saqueó,
una empresa más sorprendente que efectiva, ya que la distancia impedía
cualquier intento de control efectivo por parte hitita. Tras su
marcha, el control de Babilonia pasó a manos de los casitas, posibles
aliados de los hititas, lo que provocó la caída de los amorreos.
En el año
1590, poco después de su regreso, Mursil
I murió asesinado a manos de su
cuñado, Hantil, primero de una serie
de reyes de los que poco se sabe (Hantil I, Zidanta
I, Ammuna y Huzzia
I). Durante ésta época el país de Hatti, debido al poder y prestigio
consolidados por Mursil, se mantuvo sin grandes modificaciones ni
peligros, excepto en Siria donde el creciente poderío de Mitanni
amenazaba las posiciones hititas. Además durante esta época, hacen
su primera aparición documentada los Gasga o kaskas, un conjunto
de tribu bárbaras situadas al norte de Hattusas que se convirtieron
durante toda la historia hitita en una permanente amenaza para la
capital, que los hititas nunca fueron capaces de destruir totalmente.
Estos contratiempos
obtuvieron respuesta con la llegada al poder de Telebino (1525-1500
aC), que destaca, entre otras cosas, por la documentación del sistema
hereditario, con él que se proponía acabar con la anarquía de sus
inmediatos antecesores. Según el Edicto de Telebino, la sucesión
quedaba asegurada por el ascenso automático al trono del heredero
varón escogido por el rey; la garantía del cumplimiento la tenía
el pankus, o Consejo de Nobles. Junto a este edicto, Telebino hizo
la primera gran codificación de las leyes hititas, que destacaban
por la benignidad de los castigos y la numerosas innovaciones jurídicas.
La
sociedad hitita del reino antiguo
Uno de
los elementos más importantes de la monarquía hitita era el ya mencionado
pankus, al cual Telebino aseguró el derecho a la jurisdicción incluso
ante el propio rey, ya que podía condenar a muerte a cualquier rey
si se demostraba que éste planeaba el asesinato de algún familiar.
A diferencia del resto de dinastías de la zona, los reyes hititas
no se atribuían una estirpe divina, de modo que el pankus también
tenía una función legitimadora de la monarquía.
Gran parte
de la población hitita de la época estaba compuesta por personas
libres que trabajaban alrededor de aldeas administradas por un consejo
de ancianos con una función de carácter jurídico.
Estas instituciones, a cambio de gozar de cierta autonomía, estaban
obligadas a contribuir con mano de obra al rey.
La estructura
económica giraba en torno a los templos y palacios, que actuaban
como centros coordinadores de la actividad comercial y artesanal.
Los artesanos trabajaban a cambio de ser alimentados, motivo por
el cual el palacio debía disponer de excedente agrícola, necesario
para el funcionamiento de la economía hitita podía funcionar, hasta
el punto de que a veces se recurría a colonos militares para garantizarlo.
El
periodo oscuro (Reino Medio)
Durante
los años que siguen al reinado de Telebino, se produce una disminución
del poderío hitita. El gobierno estuvo en manos de reyes que no
pudieron evitar el ascenso y consolidación del poder de Mitanni,
que llegó a constituir una seria amenaza para el imperio hitita,
arrebatándole diversos territorios en Siria.
Junto a
esta relativa decadencia, se constata una escasez de documentación
que impide conocer casi nada acerca de los reyes de la época (Alluanna, Tahurwaili, Hantil
II, Zidanta
II, Huzzia II y Muwatallis
I), aunque parece posible constatar que hubo una continua lucha
por el trono y numerosos desordenes dinásticos.
El
Reino Nuevo, 1430 - 1200
Durante
esta época, empezó a desarrollarse en Irán y Asia Central
la equitación, que, unida al carro ligero de combate, revolucionó
el campo de batalla, al proporcionar una nueva movilidad a todos
los ejércitos. El carro de combate se convirtió en el arma principal
de los hititas durante el Imperio Nuevo, como ocurrió en el resto
de reinos de Oriente Próximo.
Los carros
hititas, de dos ruedas de seis radios, estaban tirados por dos caballos,
y eran manejados por lo que hoy conocemos como auriga. Sus ocupantes
descargaban flechas antes de la carga, durante la cual usaban lanzas.
En las ruinas de Hattusas se han encontrado unas tablillas que contienen el manual de hipología más antiguo de entre todos los conservados.
El texto está firmado por un tal "kikkuli", del país de Mitanni,
por lo que se considera que algún rey hitita habría tomado el servicio
de un hurrita para que le enseñara la técnica de la equitación.
Las
conquistas de Shubiluliuma I
Tras el
asesinato de Muwatallis I, su sucesor, Thalia I (1430-1400 aC) asienta
las bases del nuevo imperio. Tras sofocar una serie de rebeliones
y frenar la amenaza kaska, comenzó a recuperar terreno frente a Mitanni, alcanzado
Alepo. Arnuanda I, intentó proseguir la
guerra con Mitanni, pero tuvo que enfrentarse a una invasión kaska
que sólo pudo ser derrotada en tiempos de Tudhalia II, quien, a
su vez, logró someter gran parte de Anatolia Occidental (a veces
llamada Arzawa) al dominio hitita.
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Esta expansión,
permitió, durante el reinado de Shubiluliuma I (1344-1322), una
campaña militar decisiva contra Mitanni, en la que se saqueó su
capital. Después de algunos años de guerra, los hititas fueron capaces
de apoderarse de gran parte de Mitanni y convertir el resto en un
estado vasallo. La debilidad de Egipto, Babilonia y una Asiria que
comenzaba su renacimiento, permitió a Shubiluliuma convertirse en
la mayor potencia de la época, llegando a intentar una alianza matrimonial
con Egipto, que fracasó al ser asesinado su hijo.
A la muerte
de Shubiluliuma en el 1322 le sucedió Arnuanda II, pero éste murió a causa de una epidemia
un año más tarde, ocupando el trono su hermano mayor, Mursil II (1321-1295 aC). Tan pronto
como accedió al trono se vio obligado a mantener por las armas el
legado de su padre. En una campaña de dos años destruyó el poderío
de los estados de Arzawa, incluyendo Ahhiyawas, que algunos historiadores
identifican con los Aqueos y Micenas, y luego se volvió contra los
kaska, a los que causó daños importantes, alejándolos de Hattusas
por un tiempo.
Tras la
muerte de Mursil heredó el trono su hijo Muwatallis II (1295-1272), que vio como las tensiones
acumuladas con Egipto por sus antecesores implicarían con casi toda
seguridad una guerra. Como preparación ante las hostilidades, Muwatallis
II trasladó la capital a Tarhuntassa, y dejó a su hermano Hattusil III a cargo del norte del reino. Con la subida
al trono egipcio del ambicioso faraón Ramsés II, la guerra se hizo
inevitable y se produjo la batalla de Kadesh, de resultado incierto pero que frenó
los intentos de expansión egipcia.
El
resurgir de Asiria
Urhi-Teshub, hijo y sucesor de Muwatallis II, que llevó
la capital de nuevo a Hattusas se encontró con que Asiria había
aprovechado la lucha entre Egipto y el imperio hitita para ocupar
lo que quedaba de Mitanni. Para frenar esa amenaza, los hititas
intentaron reinstaurar a sus vasallo en el trono de Mitanni, pero
fracasaron - a partir de este momento, Asiria se convertiría en
una amenaza constante para el reino hitita.
Hattusil
III, hábil militar que destacó por sus grandes éxitos contra los
kaskas, logró el trono de su sobrino Urhi-Teshub, probablemente
debido al desprestigio de éste, pero su usurpación creó una serie
de problemas dinásticas que debilitaron todavía más el poderío del reino hitita,
especialmente cuando Urhi-Teshub buscó refugio en la corte de Ramsés
II, faraón con el que posteriormente Hattusil firmaría una tratado
de paz. Estas debilidades, junto a la fortaleza de Asiria, dieron
lugar a una expansión de esta última, que culminó, en tiempos de Tudhalia IV, hijo de Hattusil, en la derrota de Nihriya.
Los asirios se apoderaron de ricas regiones mineras cerca del imperio
hitita, y de Babilonia.
Desaparición
del imperio hitita
Tudhalia
IV fue capaz de recuperarse de la derrota frente a los asirios,
reforzando el reino en Asia Menor y en Chipre, alcanzando probablemente
la máxima expansión hitita. El trono pasó a sus hijos, primero Arnuanda III y luego, Shubiluliuma II, que tuvieron un comienzo de reinado
no muy distinto al resto de reyes hititas, con revueltas en Arzawa,
Siria, Chipre, etc. Estas revueltas fueron sofocadas, y nada le hacía
presagiar un reinado muy distinto a Shubiluliuma II; sin embargo
la aparición por sorpresa de los pueblos del mar (aproximadamente en 1200 aC), causó
grandes desordenes en todo el Mediterráneo Oriental. Estos desordenes,
a los que se unieron las tradicionales invasiones kaskas, no pudieron
ser combatidos eficazmente, y como consecuencia de ello, el reino
hitita desapareció de la historia.
Algunas
ramas colaterales de la familia real siguieron conservando reinos
de cultura hitita, destacando el de Carkemish en Siria, que no fue
conquistado por los asirios hasta el siglo VIII aC.