Cuando
Anu el Sublime, Rey de los Anunnakis, y el divino Enlil, señor
del cielo y de la tierra, que prescriben los destinos del País, otorgaron
al divino Marduk, primogénito del dios Ea, la soberanía
sobre el ser humano, y lo glorificaron entre los Igugus, llamaron
a Babilonia por su ilustre nombre, la hicieron la ciudad más poderosa
de las Cuatro Regiones y en ella fundaron su reino, cuyos fundamentos
son tan sólidos como el cielo y la tierra; después Anu
y el divino Enlil me llamaron por ni nombre, a mí, Hammurabi,
príncipe temeroso de Dios. Para imponer el derecho en el
país, destruir al malvado y al inicuo y el poderoso no
oprima al débil me dieron el gobierno sobre los hombres y como
el divino Shamash ilumina la tierra, sin acepción de personas,
promover el bienestar de la tierra.
Yo soy Hammurabi, el Elegido de Enlil,
el que ha enriquecido sin comparación a Nippur y a Dur
Ilu, el patrón supremo de E kur; el que ha restaurado Eridu
y purificado la adoración de E Apsu; el conquistador de
las Cuatro Regiones; el que ha hecho grande el nombre de Babilonia
y las delicias de Marduk, su señor, a cuya devoción he
dedicado Esagil; cuyo cetro real ha sido creado por el divino
Sin; el enriquecedor de Ur; el humilde, el reverente, el enriquecedor
de Gish-shir-gal; el Rey Blanco, discípulo de Shamash,
el poderoso, que ha reconstruido Sippar, convertido el cementerio
de Malkat en prado, hecho grande a Ebabbar, semejante a los cielos,
el querubín de Larsa y reconstructor de Ebabbar, que tiene
al divino Shamash por aliado; el que ha resucitado a Uruk, le
devolvió el agua de la abundancia a su pueblo, le ha levantado
la cabeza a Eanna, y perfeccionado la belleza de Anu y Nanna;
el escudo del pueblo, que reunió a los desterrados de Isin;
el que ha colmado de riquezas a Egalmaj; el rey protector de la
ciudad, el hermano del dios Zababa; el que estableció las
huertas de Kish, coronó de gloria a Emeteursag, multiplicó
los tesoros sagrados de Nanna y gobernó el templo de Hursag
Kalamma; el sepulcro del enemigo, el brazo que trajo la victoria;
la gloria de E Shidlam, el búfalo negro que acorneó al
enemigo; predilecto del dios Nebo el Sublime, alegría de los habitantes
de Borsippa; el infatigable de Ezida; rey divino, Hammurabi el
Blanco, el Sabio; el que extendió los campos de Dilbad,
y llenó los graneros de Urash; el Poderoso, a quien le
pertenece cetro, corona y manto; el elegido de Mamma; el renovador
de los muros del templo de Kish y las fiestas sagradas de Nintu;
Hammurabi el Providencial, pan y agua de Lagash y Girshu, el que
provee al templo de Eninnu con sacrificios propiciatorios; el
que capturó al enemigo, el elegido del oráculo para
cumpir la profecía de Halal y hacer las delicias de Anunit;
Príncipe Puro cuyas oraciones son amadas por Adad, el guerrero
de Karkar que restauró los vasos sagrados al templo de
Eudgalgal; el rey que le devolvió la vida a la ciudad de
Adad; el guía de Emaj; príncipe soberano, irresistible
en la guerra, que le perdonó la vida a los habitantes de
Maskan Shabri, y le devolvió la abundancia al templo de
Shidlam; Hammurabi el Sabio, el Poderoso, que irrumpió
en la cueva de los ladrones, salvó a los habitantes de
Malka de la desgracia, les devolvió las riquezas de sus
casas y estableció ofrendas puras en honor de los dioses
Ea y Damgal Nunna que hacen su reino grande para siempre; Hammurabi,
Príncipe de príncipes, el Primero entre los Reyes,
el que sometió al yugo de Dagón, su Creador, los
distritos rebeldes del Canal, Mera y Tutul, y les perdonó
la vida; príncipe sublime para la alegría de Ninni, el
que le ofrece la comida sagrada a los dioses de Ninazu, sacia
el hambre de sus habitantes y le reserva una parte de la paz de
Babilonia; el protector de los oprimidos y los esclavos, cuyos
hechos encuentran gracia a los ojos de Anunit, para quien levantó
un templo en Dumach de Akkad; Hammburabi, el conocedor del derecho,
el que gobierna en justicia; el que le devolvió a la ciudad
de Assur su dios; y concedió al nombre de Istar de Nínive
permanecer en E Mich; Hammurabi el Humilde, el que sólo
se arrodilla delante de los dioses; sucesor de Sumula II, el poderoso
hijo de Sin Muballit, semilla de eternidad; Monarca Poderoso,
el sol de Babilonia cuyos rayos iluminan las tierras de Sumer
y Akkad; el rey a quien se le debe toda obediencia en las Cuatro
Regiones, el amado de Ninni, ése soy yo.
Cuando Marduk me mandó a gobernar a
los hombres, y poner al país bajo el derecho, hice justicia
y traje el bienestar al pueblo oprimido:
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