Historia del Proximo Oriente Antiguo - Los Sumerios
LA LEYENDA DE GILGAMESH
Tablilla I
I
Aquel que vio todo hasta los confines de la
tierra,
Que todas las cosas experimentó, consideró todo.
Lo oculto vio,
desveló lo velado.
Informó antes del Diluvio,
Llevó a cabo un largo viaje,
cansado y derrengado.
Todo su afán grabó en una estela de piedra.
De la
terraplenada Uruk el muro construyó,
Del reverenciado Eannal, el santuario
puro.
¡Contempla su muralla exterior, cuya cornisa es como
el cobre!
¡Mira la muralla interior, que nada iguala!
¡Advierte su umbral, que
de antiguo viene!
Acércate a Eanna, la morada de Istar,
Que ni un rey
futuro, ni un hombre, puede igualar.
Levántate y anda por los muros de Uruk,
Inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos:
¿No es obra de ladrillo quemado?
¿No echaron sus
cimientos los Siete Sabios?
Falta el resto de la columna. Un fragmento hitita
[cf. J. Friedrich, ZA, XXXIX (1929), 2-5] corresponde en parte a la porción
inicial deteriorada de nuestra columna 1l y, por ende, parece contener algo del
material del final de la I columna. De tal fragmento se desprende que varios
dioses intervienen en la formación de Gilgamesh, al que dotaron de talla
sobrehumana. Finalmente, Gilgamesh llega a Uruk.
II
Dos tercios de él son dios, un tercio de él es
humano.
La forma de su cuerpo, como un buey salvaje altivo;
El empuje de sus armas no tiene par.
Mediante el tambor se reúnen suscompañeros.
Los nobles de Uruk están
sombríos en sus cámaras:
«Gilgames no deja el hijo a su padre;
Día y
noche es desenfrenada su arrogancia.
¿Es éste Gilgames, el pastor de la
amuralladaUruk?
¿Es éste nuestro pastor, osado, majestuoso, sabio?
Gilgamesh no deja la doncella a su madre,
¡La
hija de guerrero, la esposa del noble!
Los dioses escucharon sus quejas.
Los dioses del cielo del señor de Uruk ellos ...:
«¿No parió Aruru este fuerte buey salvaje?
El
empuje de sus armas en verdad no tiene par.
Mediante el tambor se reúnen sus
compañeros.
Gilgames no deja el hijo a su padre;
Día y noche es
desenfrenada su arrogancia.
¿Es éste el pastor de la amuralladaUruk?
¿Es éste
su pastor, osado, majestuoso y sabio?
Gilgamesh no deja la doncella a su madre,
¡La hija
del guerrero, la esposa del noble!»
Cuando Anu hubo escuchado sus quejas,
A la gran
Aruru llamaron:
«Tú, Aruru, creaste el hombre;
Crea ahora su doble;
Con su
corazón tempestuoso haz que compita.
¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la
paz!»
Cuando Aruru oyó esto,
Un doble de Anu en su
interior concibió.
Aruru se lavó las manos,
Cogió arcilla y la arrojó a la
estepa.
En la estepa creó al valiente Enkidu,
Vástago de esencia de
Ninurta.
Hirsuto de pelo es todo su cuerpo,
Posee cabello de cabeza como una
mujer.
Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.
No conoce gentes ni tierra: Vestido va como Sumuqan.
Con las gacelas pasta en las hierbas,
Con las bestias salvajes se apretuja en
las aguadas,
Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua.
Ahora bien un cazador, un trampero,
Se le encaró
en el abrevadero
Un día, un segundo y un tercero
Se le encaró en el
abrevadero
Cuando el cazador le vio, su faz se inmovilizó.
El y sus animales entraron en su casa,
Transido de
miedo, quieto, sin un sonido,
Mientras su corazón se turbaba, nublado su
rostro.
Pues el pesar había penetrado en su vientre;
Su cara era como la de
un viejero llegado de lejos.
III
El cazador abrió su boca para hablar, diciendo a
su padre:
«Padre mío, hay un hombre que ha venido de las
colinas,
Es el más poderoso de la tierra; vigor tiene.
¡Como la esencia de
Anu, tan tremendo es su vigor!
Siempre recorre las colinas,
Siempre con las
bestias se nutre de hierba.
Siempre planta los pies en la aguada.
¡Tan
espantado estoy, queno oso acercarme a él!
Cegó las hoyas que yo había
excavado,
Destrozó mis trampas que yo había puesto,
Las bestias y las
criaturas del llano
Hizo escapar de mis manos.
¡No permite que me dedique a
la caza!»
Su padre abrió la boca para hablar, diciendo al
cazador:
«Hijo mío, en Uruk vive Gilgames.
Nadie hay
más fuerte que él.
¡Como la esencia de Anu, tan tremendo es su vigor!
Ve,
pues; hacia Uruk dirige tu faz,
Refiérele el poder del hombre.
Haz que te
entregue una ramera.
Llévala contigo;
Prevalecerá sobre él a causa
de un mayor poder.
Cuando abreve los animales en la aguada,
Se quitará] el
vestido, mostrando desnuda su madurez.
En cuanto la vea, se
acercará.
¡Le rechazarán las bestias que crecieron en su estepa!»
Oyendo el consejo de su padre,
El cazador avanzó
hacia Gilgames.
Emprendió el camino, en Uruk puso el pie:
«Gilgames,
Hay un hombre que ha venido
de las colinas,
El más poderoso de la tierra; vigor tiene.
Como la
esencia de Anu, tan tremendo es su vigor.
Siempre recorre las colinas,
Siempre con las bestias se nutre de hierba.
Siempre planta los pies en la
aguada.
¡Tan espantado estoy que no oso acercarme a él!
Cegó las hoyas que
yo había excavado,
Destrozó mis trampas que yo había puesto,
Las bestias y
las criaturasdel llano
Hizo escapar de mis manos. ¡No permite que me dedique
a la caza!»
Gilgamesh le dijo al cazador:
«Ve, cazador mío; lleva contigo una ramera.
Cuando
abreve los animales en la aguada,
Se quitará el vestido, mostrando desnuda su
madurez.
En cuanto la vea, se acercará.
¡Le rechazarán las bestias que
crecieron en su estepa!»
Fuese el cazador, llevando con él una ramera.
Emprendieron el camino, yendo rectos en su dirección.
Al tercer día al sitio
indicado llegaron. El cazador y la ramera se sentaron en sus lugares.
Un día, un segundo día, estuvieron sentados,
junto a la aguada.
Las bestias salvajes llegaron a la aguada a beber.
IV
Las criaturas pululantes llegaron, deleitándose su
corazón en el agua.
En cuanto a él, Enkidu, nacido en las colinas
Con las
gacelas pasta en las hierbas,
Con las bestias salvajes se abreva en la aguada,
Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua
La moza le contempló, al salvaje,
Al hombre bárbaro
de las profundidades del llano:
«¡Ahí está, oh moza! ¡Desciñe tus pechos,
Desnuda tu
seno para que posea tu sazón!
¡No seas esquiva! ¡Acoge su ardor!
En cuanto te
vea, se acercará a ti.
Desecha tu vestido para que yazga sobre ti.
¡Muestra al
salvaje la labor de una mujer!
Le rechazarán las bestias salvajes que crecen en
su estepa,
Cuando su amor entre en ti».
La moza libertó sus pechos, desnudó su seno,
Y él
poseyó su madurez.
No se mostró esquiva al recibir su ardor.
Desechó su vestido
y él descansó en ella.
Mostró al salvaje el trato de una mujer,
Cuando su
amor entró en ella.
Durante seis días y siete noches Enkidu se presenta,
Cohabitando con la moza.
Después que se hubo saciado de sus encantos,
Volvió
el rostro hacia sus bestias salvajes.
Al ver a Enkidu, las gacelas huyeron,
Las bestias salvajes del llano se alejaron de su cuerpo.
Sorprendióse Enkidu,
su cuerpo estaba rígido,
Sus rodillas inmóviles - pues sus bestias salvajes
habían huido.
Enkidu hubo de aflojar el paso - no era como antaño
Pero entonces tiene sabiduría, más amplia comprension.
Volvióse,
sentándose a los pies de la ramera.
Mira a la cara de la ramera,
Atento el
oído, cuando la ramera habla;
La ramera le dice, a Enkidu:
«¡Tú eres sabio, Enkidu, eres como un dios!
¿Por
qué con las criaturas silvestres vagas por el llano?
¡Ea!, deja que te lleve
a la amurallada Uruk,
Al santo templo, morada de Anu e Istar,
Donde vive
Gilgames, perfecto en fuerza,
Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo».
Mientras le habla, sus palabras encuentra
favor,
Su corazón se ilumina, ansía un amigo.
Enkidu le dice, a la ramera:
«¡Arriba, moza! Escóltame
Al puro templo sagrado,
morada de Anu e Istar,
Donde vive Gilgames, perfecto en fuerza,
Y como un buey
salvaje señorea sobre el pueblo.
Le retaré y osadamente me dirigiré a él,
V
Gritaré en Uruk: "¡Yo soy el poderoso!
Yo soy
aquelque puede alterar los destinos,
Aquel que nació en el llano es
poderoso; vigor tiene"».
«Levanta, pues, y vamos, para que vea tu rostro.
Te mostraré a Gilgames; donde está bien sé.
Vamos, pues, oh Enkidu, a la
amurallada Uruk,
Donde la gente resplandece en festiva indumentaria,
Donde cada día es fiesta,
Donde mozos y mozas
¡Apartan a los grandes de sus
lechos!
A ti, oh Enkidu, que disfrutas de la vida,
Mostraré a Gilgames, el
hombre jocundo.
Mírale, contempla su faz;
Radiante está de
virilidad, fuerza tiene.
Todo su cuerpo es suntuoso de madurez,
Vigor más
poderoso que tú tiene,
Sin descansar jamás de día o de noche.
¡Oh Enkidu,
renuncia a tu presunción!
Gilgames - a él estima Samas; Anu, Enlil y Ea
dilataron su sabiduría.
Antes de que bajes de las colinas, Gilgames te verá en
sus sueños en Uruk:...»
Omitidas las restantes líneas de la versión asiria
de la tablilla I, por cuanto la babilónica antigua de la tablilla II comienza
en este punto.

|