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ECCE HOMO HERETICON
Primer Discurso
Sobre la Vida
Comenzaré asentando el Fin
del Discurso: “1.-No es la Evolución en tanto que proceso creador sino la
mecánica ideológica el verdadero delito contra la Igualdad del Ser, dividiendo
la Raza Humana en dos, levantando en su seno nuclear duro un proceso esquizoide
violento, la fase de crecimiento en la que nuestro Siglo debe ver el origen
etiológico de la patología de las naciones modernas. 2.-No puede haber dos
razas dentro de una misma Raza y a la vez existir un Derecho Universal de
Igualdad entre esas dos Razas, la del Fuerte y la del Débil. El Derecho es
Universal, su Valor es Inviolable, está sustentado en la Naturaleza y establece
que dicho Discurso Dialéctico del evolucionismo materialista es una Apología
del Terrorismo, a todos los niveles. Y esto sin tocar, en ningún momento, el
Valor del Discurso de la Evolución en cuanto Ciencia. En las entrañas de dicho
Discurso hay que separar, en consecuencia, Ciencia e Ideología”.
Obviando que Darwin
nació en un mundo sujeto al imperialismo, en cuya trama el discurso del Fuerte
le venía al dedo como evangelio de justificación a la Política Imperial
Británica, y porque Darwin jamás puso en duda el valor del Imperialismo como
máquina de Dominio, la integración “del Fuerte” un valor natural, esta
ideología imperialista del propio científico fue superior a la objetividad de
su intelecto, sucumbiendo a su imperio sin ser consciente de su delito, - lo
que llamamos Fascismo no entra en la mente de las naciones sino en el Siglo
XX-. Y porque Darwin no podía comprender el Valor de la carta de los Derechos
Humanos, contra la que el Imperio Británico se alzó desde su mismo Nacimiento,
el núcleo patológico en el que el virus del terror imperial como máquina de
dominio natural entró en juego en su discurso fue el arma del delito que hizo
del Evolucionismo la ideología del Terror que Stalin e Hitler, hiciendo de la
Selección Natural su evangelio, invocaron como Derecho Natural a la Victoria
para sus ejércitos.
Que aún campee libre por
el cuerpo de las naciones, este discurso provoca una tremenda y silenciosa
apertura al desastre en las capas donde su tejido se alimenta y se transmuta a
fin de permanecer activo. Quiero decir, la plataforma de salida desde la que
voy a enfocar esta Sección diferencia, en lo absoluto y en lo concreto:
Evolución, en tanto que Dinámica Objetiva del Proceso de Creación de la Vida, y
Selección Natural, en tanto que Mecánica Subjetiva acorde a cuya maleabilidad
individual la Dinámica Objetiva pierde su valor y deviene exclusiva de la mente
que la piensa, proceso patológico que fue superior a Darwin y su escuela y
condujo su desarrollo por los raíles del delito contra la Humanidad, en cuyo
caldo de cultivo fueron engendrados los Gog-Stalin y Magog-Hitler del Siglo XX.
Tengamos en cuenta que
adoptando la Selección Natural como Eje Ideológico de la Civilización, y porque
determina su Futuro en función de la Necesidad del Aplastamiento de la clase
dominada, esta Ideología darwinista establece que La Carta de los Derechos
Humanos es un Delito contra la Ideología del evolucionismo materialista de la
ciencia, en virtud de cuyos Mandatos se le priva al Fuerte de su Derecho
Natural a matar en base a la superioridad de su raza, y establece como un acto
criminal la Defensa de la Vida del Débil, al que priva de su derecho a la
Defensa Propia en razón de la estructura genética de su clase, contra cuyo
determinio “natural” invoca la Carta de los Derechos Humanos, con la que causa
en el Futuro de la Humanidad un terremoto de consecuencias desastrosas al violar
con su Igualdad de Nacimiento la Sagrada Ley del Materialismo darwinista de las
dos Razas. La elección, como se ve, es cosa de cada cual y las maneras que la
Política tiene de ocultar su Programa Fascistoideo en ideologías de progreso
engaña sólo a los bobos, respecto a los cuales no creo
contar con ninguno como lector a estas alturas de mi existencia por estos lares
remotos del universo de las 3 Ws.
Definamos pues la
Evolución como proceso constante, un crecimiento continuo en el que los
terremotos y las mutaciones no existen; sino que como un árbol parte de una
semilla insignificante y sin embargo extiende sus copa más allá de donde
alcanza el brazo humano, y sus ramas superan la cuenta a ojo de su
multiplicación, proceso que se sucede desde la semilla, en la que se contiene
el germen de todo el árbol, y su fruto, así sucede con el Arbol de la Vida -
despectivamente llamado "árbol de las especies" por la mentalidad
materialista que pretendiera y consiguiera reducir lo humano a lo bestial. La Evolución
parte de un Germen en cuyo Núcleo Genético figura el conjunto de las fases
completas que ha de conducir la Semilla al Fruto al que tiende su Existencia:
la Vida Inteligente.
Este Movimiento Natural
lo despreciaron los ideólogos del Materialismo, anterior al propio Darwin --no
se olvide esto al tratar el tema de las causas que condujeron a Darwin a
legitimar el Homicidio en masa y la Esclavitud naturales al Imperialismo--
aterrorizados ante el hecho de tener que incluir en su Discurso el elemento Teleológico, palabra maldita, propia de
los Teólogos. Ahora bien, la dementia en el origen de tal terror no exige más cura que mirar alrededor y ver cómo
todo, en lo individual como en lo universal, todo parte de una entidad en la
que, tomada en sí, es imposible adivinar el Ser. ¿Quién sin conocer lo que es
una nuez al encontrase una en el suelo podría jurar que en esa cosa tan
diminuta bulle uno de los árboles más grandes de la huerta mediterránea? ¡Quién
hubiera dicho, viendo al Antropos, que de aquel "Gran Mono Desnudo"
fueran a salir aquéllas mujeres cuya belleza pudo más que la Virtud y la propia
Ley de Prohibición de Cruce entre las Razas de diferentes Mundos que el Creador
estableciera desde el Principio? Luego no es la Evolución desde un Germen
Genético, cuyo Desarrollo en un Arbol tiene por Fin de su Existencia el
Nacimiento de la Vida Inteligente, sino la Mecánica Subjetiva que el
Imperialismo introdujo en el Pensamiento Científico del Siglo de Darwin, a fin
de legitimar su Existencia Homicida en la propia Ley Natural, el punto de
rechazo, sin fisuras ni concesiones, contra el que se mueve las manos que firman
esta CSXXI, y este Siglo, en su Plenitud, siguiendo la Lógica de la Historia
Universal, rechazará como Legado. La Selección Natural ya tuvo sus herederos y
enloquecidos por el Discurso del Imperio se lanzaron a la conquista del planeta
sin detenerse en las decenas de millones sobre las que habrían de hacer sus
caminos al encuentro de la Batalla Final entre ambos monstruos darwinistas.
¿Qué fueron el Comunismo Soviétivo y el Nazismo Fascista Internacional más que
los hijos putativos de la Ciencia del Siglo XIX?
La Dinámica Objetiva que
el Germen Genético de la Vida en la Tierra, siguiendo el Método de la CSXXI,
extenderé hará su camino sobre las líneas que Dios trazó en su Libro. Y que
podemos resumir diciendo que: En verdad Dios formó al Hombre del Barro... en
efecto, del Barro bajo las aguas del Océano. Pero desde ese Barro al Hombre
hubo un Arbol, las fases de cuyo crecimiento podemos reducir, y cuyas etapas
principales, partiendo siempre del Núcleo Genético desarrollado bajo las Aguas:
1- Creación del reino de
las plantas bajo las aguas;
2- Adaptación de la
fibra vegetal al medio terrestre y colonización de las tierras por el Bosque
Prehistórico;
3- Creación de todas las
especies madres de los Mamíferos, Anfibios, Reptiles e Insectos en el seno de
las Aguas;
4- Salto de las
generaciones finales de esta primera etapa evolutiva de la vida del agua al
aire y del agua a tierra, entrando en la Era de los Dinosaurios;
5- Transformación
química de la atmósfera por fotosíntesis, provocando la Oxigenación de la
Biosfera la Desaparición de los Dinosaurios y la entrada de la Era de los
mamíferos;
6- Adaptación del
Antropos a la Nueva Biosfera y su Dominio del Valle en el seno de las especies
de acompañamiento que le siguieron desde el Bosque al Valle y llegaron al
término de su camino, escribiendo la que llamamos la Era Paleolítica; y
7 - El Antropos
evoluciona hacia el Homo Sapiens y entra en la Era Neolítica.
I
La
Razón Fulgurante de la Naturaleza
El principio de la
evolución de los sistemas tiene su base dinámica en lo que se ha dado por
llamar la Razón Fulgurante. Es decir, la suma de una serie de partes con
propiedades exclusivas a cada una de ellas dentro de un sistema organizado es
igual a una nueva propiedad no existente en ninguna de las partes componentes
del sistema, cuya existencia determina el nacimiento de una nueva propiedad
específica, que, en tanto que entidad individualizada, se sujeta a la misma ley
de la razón que determinara su nacimiento desde la evolución del sistema madre.
Basta echar una mirada a
la evolución tecnológica de los sistemas de nuestro tiempo para ver en directo
y en vivo esta ley de la evolución. En ellos vemos que no hay ruptura
sistemática, sino evolución desde principios que se suman a los
existentes, determinando cada suma una nueva generación de sistemas, a su vez
sujetos a transformación en razón de la suma que se le va aportando; como si
dijéramos que la superposición de estratos da lugar a una continua
transformación de estado del propio terreno tecnológico.
En fin, la forma
de representarse esta dinámica tiene tantos ángulos como puntos de
observación puedan determinarse; y dependiendo de cada posición el método de
referencia puede variar en su riqueza explicativa, pero el hecho en sí de la
ley universal no cambia en lo que se refiere a su existencia y dinámica. Los
ejemplos que pueden ponerse sobre la mesa para proceder a un entendimiento de
la naturaleza de la Razón Fulgurante son tan infinitos como
artículos pueden encontrarse en el mercado de la Civilización.
Esta ley dinámica de
crecimiento sobre una suma edificadora es lo que define lo que antes dimos por
llamar Razón Fulgurante. Y es la ley por excelencia de la evolución de la vida.
Pero si éste es el
principio del desarrollo de los sistemas materiales no orgánicos, el principio
de la evolución de los sistemas orgánicos es la importación de esta misma ley
sobre una Naturaleza expuesta al juego de interrelación entre el espacio, la
materia, la energía y el tiempo. Es decir, en el caso del desarrollo de los
sistemas no orgánicos es la inteligencia humana la que procede a sumarle
al sistema madre un nuevo elemento, que a su vez provoca, mediante su
integración, la transformación del sistema en su conjunto. En el caso de la
Evolución de la Vida es la transformación que experimenta la propia Naturaleza
sujeta a las fuerzas que proceden de la materia, el espacio, la energía y el
tiempo, la que determina la suma de un nuevo elemento en el sistema,
provocando la evolución de las especies en razón de la capacidad para adaptarse
a los nuevos cambios naturales, o en caso contrario procediendo a la eliminación
por desgaje del sistema del árbol de la vida de esas ramas sobre las que la
transformación natural pasa como el hacha del podador. Tenemos que entrar en la
Naturaleza en cuanto que sistema autónomo para comprender la importancia de la ley
natural como motor de las transformaciones históricas determinantes de los
cambios de estado universales bajo cuyas condiciones la vida efectúa su
crecimiento desde la célula madre hasta el organismo inteligente, en este caso,
el Hombre.
II
La Naturaleza es el
sistema fulgurante producto del juego de fuerzas físicas que determinan la
existencia mecánica de lo que llamamos el Sistema Solar. Es en este Sistema en
el que se produjo en su día el nacimiento de lo que llamamos la Naturaleza. No
surge, por tanto, la Naturaleza del caos, surge de una conjunción fulgurante que determinó una igualdad acorde a la suma
de las partes componentes. Y que, como se sobreentiende de la propia realidad,
son las propiedades de ese Sistema las que determinan las propiedades de la
propia Naturaleza. Y, se comprende, que la condición de existencia de un
sistema fulgurante dependa de la conservación de las propiedades del sistema
madre. Si, suponiendo una alteración, el Sol diese un salto de cualidad,
bien en su temperatura externa como en su velocidad de vuelo en el espacio
sideral, esta alteración de las propiedades sobre las que se construyera la
Naturaleza causaría una perturbación en su dinámica, dependiendo su
gravedad de la importancia de la alteración impuesta. Y lo mismo podemos decir
de cualquiera de las propiedades componentes del Sistema.
Lo que determina el
nacimiento y existencia de la Naturaleza, tal como se ha desarrollado sobre la
Tierra, es, pues, el juego de las propiedades de los elementos componentes
del Sistema Solar, y la estabilidad de dichas propiedades en el espacio y el
tiempo. Y son estas propiedades las que hicieron de la Naturaleza un campo de
transformación constante, que, a su vez, incidiendo sobre la vida, determinaron
la evolución de los sistemas orgánicos en razón de la adaptación de sus
generaciones a estos cambios en el tiempo de la Naturaleza Madre.
No hay, por tanto,
eliminación por lucha de supervivencia entre las especies, sino evolución desde
una ley de existencia dinámica de la Naturaleza, que, sujeta a un ciclo de
desarrollo determinado por la propia ley del Sistema en el que se realizó la
suma de las partes cuya igualdad produjeron su Nacimiento, actúa sobre su
fruto, la Vida, como el podador sobre el árbol, y no creo que que haya
hortelano alguno tan loco como para acusar al podador de actuar siguiendo una
lucha de supervivencia entre las ramas.
Ahora bien, en el
sistema darwinista la Naturaleza no está sujeta a transformaciones de estado,
se la supone eterna en su origen y en su fin, y su desarrollo desde un
principio a un fin en el tiempo como factor de evolución de todos los sistemas
orgánicos, arrastrados a la adaptación por estos cambios, es un factor
totalmente inexistente, no ya como ley básica universal, sino que ni siquiera
como elemento a tener en cuenta.
Para Darwin la “experiencia
subjetiva desde su persona respecto a su mundo” era el principio básico
universal; determinando su experiencia humana el valor de todos los sistemas
del universo. Y de aquí que, desde la etiquetación de prototipos mentales
basados en el comportamiento de los siglos, la teoría darwinista con su
legitimación de la lucha de individuos en el seno de una especie, caso humana,
procediera a la legitimación de una ideología fascista absolutista totalitaria,
natural a la mentalidad del imperio británico, pero no sólo del británico, cuya
existencia en los días de Darwin era el pan de cada día.
Se entiende que en ese
mismo mundo, el de Darwin y sus días, el nivel de conocimiento en curso, si
comparado con el nivel de conocimiento de nuestros tiempos, proceda a
enfrentarnos a un hombre de la estatura intelectual de un verdadero estúpido,
sin por esto menospreciar la importancia de ese nivel en relación a sus días.
Que sobre aquel nivel se pretenda encerrar y encorsetar, como si se tratara de
una camisa de fuerza, el poder de la inteligencia del hombre actual es un
accidente tan trágico que de no ser por el efecto de su extrapolación a las
naciones y el producto de guerra civil mundial que bendice, sería hasta cómico.
El evolucionismo eliminó
la Naturaleza como factor decisivo de evolución, actuando sobre los sistemas
orgánicos a la manera que el hombre sobre los sistemas materiales del mundo
tecnológico, y elevó la experiencia circunstancial de una especie a la
categoría de una ley suprema desde la que valorar las propiedades de todos los
elementos del Sistema del Universo.
La tara intelectual que
el evolucionismo científico legó a las generaciones del XIX la encontramos en
su extensión más perfecta en la total y absoluta ausencia de la Naturaleza en
cuanto sistema autónomo como factor decisivo de transformación de todos los sistemas
que en su cuerpo tuvieron su principio madre. Tara que heredaría el XX y lo
arrastraría a lanzar toda su potencia intelectual contra la Naturaleza, cayendo
en un intento de Geocidio de cuya consumación hemos escapado únicamente de
milagro. Deberían ser los científicos atómicos quienes nos regalaran las orejas
con el discurso de los efectos universales de los 500-¿600? ¿700?- megatones
que reventaron contra la Naturaleza durante la segunda parte del sigo XX. Pero
pedir esto sería como concederle las propiedades de lo humano a una bestia. Así
que seamos consecuentes con nosotros mismos y no le pidamos a las piedras que
se transformen en hijos de Abraham. Al César lo que es del César y a Dios lo
que es de Dios.
Resolviendo en hechos
este paseo por el dominio de la Razón Fulgurante digamos que para seguir el
curso de la evolución de los sistemas orgánicos sobre la Tierra tenemos que
determinar la serie de cambios por los que ha ido pasando la Naturaleza. O
podemos regresar a la estupidez y reducirlo todo a una simple lucha de esclavos
contra libres, lucha que perturba la propia evolución, cuya elección de
los ricos para aplastar a los pobres y entregarle el gobierno del universo a
sus masteres, los fuertes, se hizo al principio de los tiempos, cuando la
diosa selección natural… ¡Discurso para micos! Es como si para explicar la
existencia de los móviles un idiota basara la explicación de su existencia en
una generación espontánea de sistemas mecánicos y le diera la espalda a
los orígenes tecno-científicos
de la telefonía móvil. En el terreno de la evolución de los sistemas orgánicos
la selección natural tiene, como discurso, el mismo valor que el del idiota
referido, simplifica el caso, se dirige al uso, y se abandona el conocimiento
sobre su origen y su mecánica. ¿Qué hicieron Hitler y Stalin sino adoptar por
discurso supremo del Poder el discurso del idiotismo evolucionista?
El ateísmo científico,
adoptando una primera conclusión, supuso la caída de uno de los pilares básicos
sobre los que la Civilización se hizo Cristiana a fin de vestirse de unas
propiedades imperecederas a prueba de las transformaciones de estado del mundo.
En comparación a los sistemas virtuales, el ateísmo científico fue un virus de
poder destructor casi ilimitado que, actuando acorde a sus leyes, debería y
actuó sobre el sistema del mundo provocando su autodestrucción, que no se
consumó porque, como ya he dicho, la Civilización se hizo Cristiana a fin
de superar caídas de su sistema como producto de la corrupción de algunas
de sus partes.
Ahora bien la
cohabitación de un sistema con un virus cuya peligrosidad destructora ya ha
sido comprobada en dos guerras mundiales es una amenaza latente para la
evolución y desarrollo de dicho sistema; de aquí que una de las direcciones
históricas sobre las que este siglo ha de moverse sea la eliminación de este
virus, contra cuyo destino, y porque es un sistema vivo, el mismo virus ha de
defenderse arrastrando consigo al abismo a tantos como puede llevarse consigo,
pero cuyo fin es inapelable, pues los cambios del sistema no dependen de sus
partes sino de la inteligencia creadora del sistema, tomando aquí al hombre
frente a la tecnología como prototipo de la relación entre la Civilización,
como sistema, y Dios, su Creador.
IV
Siguendo la Ley del
Génesis se ve que el segundo de los grandes errores del darwinismo fue
emparentar al Hombre con el Reptil. No hay explicación en todo el universo del
conocimiento que avale una respuesta coherente al cómo de una especie de sangre
fría emergió otra de sangre caliente. Sólo la Autoridad de la Academia, que
hace de su palabra: Palabra de Dios, y de su pensamiento: Dogma, se alza frente
a la irracionalidad para elevar semejante propuesta al carácter de Respuesta
Científica. Del dogmatismo autoritario totalitarista de aquella escuela
teológica que se atreviera a juzgar a Galileo, hemos pasado al totalitarismo
académico que exige la divinización dogmática de su discurso e impone la
heretización automática de cualquier crítica contra la irracionalidad de sus
posiciones subjetivas, fundadas exclusivamente en hipótesis, haciendo de la
hipótesis-contra natura -dogma.
La autoridad del
absolutismo natural al ateísmo científico, legado que la mentalidad
fascista de la Academia de los Nobeles heredó con el orgullo de un demente
al que no le importa tanto la irracionalidad de su postura como la
imposición de su ley, y precisamente por la irracionalidad inherente a un
modelo de desarrollo de la Vida en la Tierra que no exige de la inteligencia
nivel alguno de raciocinio al poner como prueba de su realidad la circunstancialidad
del propio mundo, sujeto a la ley de la división de la especie humana en
débiles y fuertes, experiencia que hasta un mico puede comprender una vez
encerrado en la jaula, y precisamente por esa autoridad establecida sobre la
propia mente como premisa para su imposición, la Ciencia del Siglo XX jamás se
enfrentó a esta increíble propuesta de evolución de la sangre fría en caliente,
siendo que la una y la otra cada una determina las propiedades de todo un sistema
orgánico, tanto a nivel genético como ecosférico.
El valor irrefutable de
esta propuesta, acorde a la Ciencia del Siglo XX, vino determinado por la
oposición al cristianismo. De manera que, por esta ley de oro del ateísmo
científico, toda hipótesis que se oponga al cristianismo, y por el hecho de esa
oposición, queda consagrada y elevada al altar de los Nobeles. Ley irracional
que aún en nuestros días rige el comportamiento de multitudes que entienden por
progreso y desarrollo de la Moral y la Sociedad toda aquella actitud que desafíe
los valores de la Civilización, por su Origen y porque el Cristianismo la
fundó, Cristiana.
El absurdo por ley
procede a su propia caída. Nosotros, seguimos.
Las transformaciones de
estado de la Naturaleza, pues, determinaron las propiedades del Habitat
Ecosférico, causando con sus cambios físicos y químicos que el ritmo de
crecimiento de los organismos naturales se mantuviese en constante adaptación a
esos cambios. Acorde al modelo de la CSXXI la Vida partió de un hábitat sujeto
a un medio oceánico cuya temperatura venía establecida por un Manto de Hielo
dividido en dos grandes bloques en constante retirada hacia los polos del
planeta. A medida que los dos bloques de hielo se retiran del Ecuador se abre
el espacio de reproducción y también aumenta la temperatura del agua en
las zonas troposféricas. Es decir, estos cambios van abriendo horizontes a los
sistemas orgánicos, que no sólo multiplican su masa sino que proceden, por
adaptación a estas nuevas zonas de extensión, al desarrollo de sus propiedades
generacionales.
Con el tiempo, la
salinización de los mares y océanos, sumándole la reciente elevación de
temperatura en las zonas troposféricas, actuaría de factor decisivo de
expansión de los sistemas orgánicos del agua a la tierra, salto que se realizaría
del agua a tierra firme directamente, generando la gran rama de los
anfibios dinosáuricos, y más adelante o tal vez antes, o paralelamente, nadie
tiene la última palabra, causando el salto de la vida del agua al aire, y del
aire a tierra firme acorde a la Palabra de la Biblia; de esta gran rama
procedería la familia Mamífera.
V
Por su propia estructura
material, en consecuencia, todos los sistemas del Universo tienen un principio
y un fin. Productos de una conjunción sistemológica, todos los estructuras
fulgurantes consequentes tienen un tiempo. Son y dejan de ser, pero siempre dentro
del Principio de Transformación Natural. Y será entre este principio y su fin
que se produce la Historia. En este Historia Hay un espacio de tiempo que la
Vida llena, y acorde a la Naturaleza del Sistema en el que se ubica, su
desarrollo evoluciona en una dirección o en otra. De tal manera que la
manifestación de la Vida en el Universo dependerá de la cantidad de Sistemas
que puedan darse en ese espacio de tiempo. Adaptada esta ley a una situacion
diferente digamos que las ramas por las que la Vida se mueve desde la Célula
Germinal hasta la Inteligencia puede variar en relación a las propiedades de la
Naturaleza Madre, y las propiedades de la Naturaleza en relación a las de su
Sistema Eco-Físico. Y ya elevando el Discurso hasta sus últimas consecuencias, diremos que este ritmo de evolucion estando sujeto
a la Propiedad del Sistema, está abierto a la Intervención Externa, cuya Puerta
usa el Creador para dirigir la Marcha de la Evolución de la Vida por una Rama u
otra, por hablar de una forma sencilla.
Así pues, si nuestro
emparentamiento filogenético debe situarse entre las especies mamíferas
arborícolas, en otro Sistema Natural la línea antropológica --por denominar el
proceso de Creación de la Vida Inteligente mediante un concepto universal--
podría hacer su recorrido por otra rama del Arbol de la Vida. Y, en fin, esto
es cosa de quien tiene la Inteligencia y el Poder de darle a ese Número su
cuenta. A nosotros lo que nos consta es que las propiedades del Sistema
Universal de referencia determinan las de la Naturaleza Local y las de ésta las
de la Vida en su seno. Nosotros sólo podemos referirnos a nuestro caso, y
seguir el curso que nuestra línea antropológica ha seguido tomando como
directriz la Palabra de quien creara el Sistema Universal de referencia, y por
tanto le diera, a través de ese Sistema, las propiedades a la Naturaleza en
cuyo seno hemos nacido, crecido y alcanzado el Ser.
Como hasta el Siglo XIX
la existencia de Mesopotamia fue un bulo establecido por la Biblia, hemos
tenido que esperar hasta nuestro Siglo para descubrir en el Génesis el dibujo
del Arbol de la Vida en la Tierra, que ya comienza a manifestarse en el
descubrimiento de los restos fósiles del eslabón perdido entre las aves y los
mamíferos, --Archaeopteris--, de donde finalmente por estimulación procederemos
a la concatenación de esta línea con la acuática, superando el error darwinista
del origen reptiliano del Antropos.
También y como Dios
quiere que de lo trágico salga algo cómico, a raiz del calentamiento del Globo
observamos cómo al elevarse la temperatura de los océanos profundos afloran
hacia la superficie especies que se han mantenido en sus habitats abisales
desde los principios de los tiempos, mostrándosenos así la influencia que tiene
la temperatura de los océanos sobre el futuro de la Vida. Factor que, hasta
hoy, nuestros queridos evolucionistas jamás introdujeron en sus ecuaciones
esotéricas sobre el curso de la gran línea filogenética en el Origen del
Antropos. Lo cual no debe extrañarnos si no olvidamos que, excepto en el
nombre, y porque es la traducción de Hombre en Griego y todo sabio que se
preciara en los días de Darwin debía echarse las flores del Latín y el Griego
sobre su cabeza, si quería ser tomado como tal por la Academia, el Antropos en tanto que Ser no
existió jamás en la mente de Darwin y su escuela. Y sin embargo fue el Antropos
el sistema vivo en el que se produjo el nacimiento del Hombre.
VI
En el desarrollo de este
viaje por el tiempo sobresaltaremos la imposibilidad de asumir las premisas del
evolucionismo según el ateismo científico en base a la diferencia entre los
cerebros de los reptiles y del hombre, y romperemos, ya rota la conexión, la
idea sobre la aparición del Antropos, situada después de los Dinosaurios, para
establecerla sobre una contemporaneidad, aunque no paralela, cuya interrelación
fue decisiva en el alzamiento del Antropos como el Líder natural de los bosques
prehistóricos, cuyo sistema de lenguaje se desarrolló desde una base de defensa
colectiva de las comunidades arborícolas frente a la actividad hervíbora de las
familias dinosáuricas del último periodo de la Prehistoria Universal.
Cuando hablemos de
Prehistoria tenemos que saber diferenciar entre Prehistoria del Hombre, que
sería desde sus Orígenes y referida al Hombre en tanto que Hombre, y
Prehistoria Universal o Natural, referida al Antropos, que en esta razón
ocuparía su último periodo y extendería su Origen al Origen mismo de la Vida en
la Tierra.
Sobre este terreno
tengamos en cuenta que, aunque yo me muestre sarcástico con la inteligencia de
los tiempos de Darwin y su escuela, sería incongruente por mi parte olvidar que
cada época disfruta de un estadio de conocimiento, desarrolla su progreso sobre
esas bases y pone sobre la mesa nuevas propiedades que sumándose a las que
existen proceden a una evolución del sistema de partida, de esta manera llegando
a nosotros el proceso por el que ellos pasaron a su vez. Desde esta
consciencia, mi crítica no se dirige contra el hombre en tanto que hombre de su
tiempo sino contra la ideología delictiva que pretende dogmatizar los errores
de los tiempos e imponer cálculos erróneos, sacralizando hipótesis que
propusieron un punto de trabajo, heretizando cualquier autocrítica sobre el
valor de los modelos cosmológicos, antropológicos, teológicos, económicos,
heredados de los fundadores de la Edad Atómica y sus maestros del Novechento.
Pues si es cierto que de lo que se come se expele, y la acción viene del
conocimiento, acorde a las ciencias más preclaras del comportamiento, del
estado natural del mundo debe inferirse el volumen de errores que navegan por
las naciones, elevando sus mareas hasta el grado de la tsunamis dictatorial, y
siguen tejiendo en los vientos tormentas del desierto después de seis mil años
de guerra civil perpetua.
Si tan lista es la
Ciencia, ¿por qué iba a ser imposible saber explicarse por qué bajo su égida y
bajo el imperio del ateísmo científico la Civilización se vio sacudida por la
mayor de las Guerras Mundiales jamás sufrida por la Humanidad, y por qué bajo
su dictadura académica, siendo tan omnisciente y todopoderosa su Razón, la
Humanidad se enfrenta a un rebrote de todas las enfermedades conocidas y por
conocer? ¿Nos quiere explicar la Academia su parte en esta Caida del Sistema, en este
caso, Inmunológico?
Que el nivel de
inteligencia alcanzado a finales del siglo XX sea, en comparación al nivel
heredado del XIX, de un valor incuantificable no quiere decir que la potencia
intelectual de la Ciencia al alba del siglo XXI haya alcanzado su tope y, en
consecuencia, no habiendo acabado el progreso del pensamiento humano, la
evolución de la Civilización no ha alcanzado su máximo, de aquí que la crítica
no solo sea legítima sino que el estancamiento en la complacencia sea el
preludio de una Nueva Caída.
Frente al error hay que
buscar la Verdad, y no quedarse en lo malo conocido por miedo a lo bueno por
conocer. El Futuro es siempre la incógnita, el eso desconocido, lo que está al otro lado del horizonte, lo que
jamás viviremos, pero sobre lo que tenemos el Poder de actuar de acuerdo a la
ley de la evolución de los sistemas. El futuro personal, del individuo, el que
vive el “yo soy”, es otro cantar. Pero aunque la canción sea casera una
sinfonía se compone de la suma de muchos artistas interpretando un mismo tema,
el arte de muchos al servicio de una misma causa.
Sección
2
La
Secuencia Creadora de la Evolución del Arbol de las especies
Voy a retomar el rollo
que en la sección anterior dejé suelto al aire con la sana intención de situarlo
en su oposición contra la evolución de la vida en la Tierra acorde al drama
desde el que el ateísmo científico edificó su cosmogonía moderna. Habrá tiempo
en este siglo para disecccionar el cuerpo histórico del Siglo pasado y ver en
el ateísmo científico uno de los factores etiológicos más decisivos del
comportamiento patológico de las superpotencias del XX. Es hora, pues, que
hagamos regresar el pájaro a su valle y desde la copa del árbol en que tuvo su
nido contemple el mundo a su alrededor. Pero vayamos por partes
y extendiendo las alas sobre la Información del Génesis sigamos la ruta de
vuelo que Dios le marcara a la Naturaleza.
La creación de la
Naturaleza es un acto necesario mirando a la Vida. Sin Naturaleza no hay vida.
De aquí la importancia que el Siglo XXI le da a la necesidad de parar la
máquina taladora de todos los bosques de la Tiera, destruir todas las fábricas
químicas aniquiladoras de los elementos naturales y pasar a una replantación
del reino vegetal desde el conocimiento que se tiene de las especies
autóctonas.
Pues cuando hayamos
talado todos los bosques del planeta el aumento progresivo de los
anhídridos y el consumo del oxígeno por nuestra civilización de fuego
determinará la extinción de la vida por envenenamiento de la atmósfera. Lo cual
no implica que no puedan seguir existiendo formas de vida capaces de adaptarse
a una atmósfera basada en anhídridos de desecho y acumulación de gases
vulcanológicos; de hecho ya se están dando generaciones insectívoras y cepas celulares capaces de sobrevivir a la evolución
post-humana que la civilización humana está patrocinando con tanta generosidad
y esfuerzo.
En lo que a nosotros nos
concierne, y tomando como necesidad la confrontación discursiva con la ciencia
del XX, la adaptación del reino mamífero a una Atmósfera basada en el Oxígeno
fue la Victoria del Antropos y la ruina del mundo de los dinosaurios. También
es cierto que, siguiendo la ley de los idiotas, quien quiera puede seguir con
la boca abierta mirando al famoso meteorito que cayendo en el Caribe acabó con
la era de los Dinos y le sirvió el mundo en bandeja a las musarañas, de las
cuales nació el primer mico, que, evolucionando, parió al Carnívoro Sapiens. De
donde, come comiendo, vino a luz el Sapiens Sapiens, que ya no se comía vivo a
sus enemigos sino que se dedicaba a sacrificarlo a sus dioses en la pira de su
demencia caníbal.
Esta de arriba es la
secuencia esquizoide, aunque despintada de las vestiduras sacerdotales de los
Nobeles, que el Ateísmo científico puso en circulación, y defendió como
modelo capaz de explicar la locura bélica del Hombre.
El modelo bíblico es
infinitamente más infantil, es cierto, y propone que la locura humana tuvo su
origen en el deseo de Poder Absoluto, que, encarnado en Caín, se extendió por
la superficie de la Tierra y transformó un Paraíso en un Infierno al hacer de
la Guerra el Vehiculo de Expansion de la Civilización a todas las Naciones de la
Tierra,. Siendo este vehículo, la Guerra como medio de Civilización, el fruto
prohibido. Ahora bien, los tontos prefieren creer que el Sexo fue el Fruto
Prohibido. Y es que, como se ve, Dios hizo santos, pero no sabios a sus siervos.
Resumiendo, o mejor
dicho, concentrando el Modelo del Génesis en dirección a la Vida, dejando a un
lado ahora sus otras implicaciones dialécticas, digamos que el punto de
partida desde el que Dios avanzó su movimiento Creador en dirección a la Vida
tuvo en la fusión de la Corteza Primaria de la Tierra su primer estadio, asunto
tocado en la CSXXI con suficiencia y dejaré aquí de lado. Pero la obtención de
una atmósfera de origen vulcanólogico no es suficiente para proceder a la
siembra y cultivo de un árbol de las especies.
Observamos en los demás
planetas de nuestro Sistema que la simple fusión de una Corteza Primaria no es
base suficiente para provocar el nacimiento de una Naturaleza abierta a la
Evolución de la vida.
Creados conjuntamente y
expuestos a un mismo Origen, tanto la Tierra como los demás planetas de nuestro
Sistema superaron unas fases de creación, similares a todos, en razón de cuya
semejanza podemos afirmar, perfectamente, que la primera atmósfera que la
Tierra tuvo, anterior a la que después vino a “luz”, fue del tipo común a la
que vemos en los planetas de nuestro Sistema. Atmósferas, por su composición
química, incapaces para sustentar la vida de un árbol de las especies.
Así pues, la fusión de
una Corteza Primaria no es factor determinante a la hora de la posibilidad de
creación de vida, pero este estadio planetario es la primera fase que cualquier
Poder Creador debe dar si quiere proceder a edificar un Mundo.
En alguna otra parte he
invocado el poder de la imaginación e invité a plantearse el tema desde la
opción de un juego ficticio, sobre un futuro paralelo donde tuviéramos la
necesidad de crearnos un Mundo. Y propuse la fusión de la Corteza de un planeta
elegido por su sus características químicas externas y sus parámetros
astrofísicos globales –internos y sistemológicos-, en razón de los cuales, y
contando con la tecnología al caso, provocaríamos la fusión de su Corteza como
medio para producir una atmósfera químicamente predeterminada, con la que
jugando, llegar a crear una Biosfera. Y dije que la fusión cortesaria de un
planeta por sí sola es un paso sin futuro. Hay que seguir andando, y únicamente
mediante la sublimación de la atmósfera primaria podríamos dar lugar al Hielo,
del cual mediante su descongelación obtener el elemento básico sin el cual no
podemos existir, el Agua.
Esta secuencia, que ya
habreis leído en la Introducción a la Cosmología del Siglo XXI, y en caso de
que no siempre podeis hacerlo con toda libertad, es la que siguiera Dios.
Primero provocó la fusión de la Corteza Primaria de la Tierra, obteniendo la
Atmósfera Primaria, semejante pero no igual a las atmósferas planetarias de la
familia solar. Después sublimó aquélla atmósfera y trajo a “luz” el Manto de
Hielos. Para finalmente someter aquéllos Hielos a su sublimación mediante la
energía solar.
Sin embargo lo que a
nosotros nos importa en esta Sección no es esta secuencia, que ya se encuentra
desarrollada en la CSXXI, sino la secuencia que sigue la Vida en la Tierra.
II
“Haga brotar la
tierra hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales, cada uno con su
fruto según su especie y con su simiente, sobre la tierra.”
El acuerdo entre Dios y
Ciencia Moderna respecto al lugar de origen de la Vida en la Tierra es uno de
esos lapsus inconscientes que la Ciencia se permitió sin querer, pero sin
poder evitarlo. Dios ya había dicho que la Vida tuvo su Origen en las aguas de
debajo del Firmamento de los cielos. Y está escrito así: “Hiervan de animales
las aguas y vuelen sobre la tierra las aves bajo el Firmamento de los Cielos.”
Los críticos de Dios,
que a Dios quisieron enmendarle la plana, arguyeron que eso de “los animales
hirviendo en las aguas” es cosa de primitivos. Pero nosotros, que somos el
futuro, y respecto a nosotros es primitivo hasta Jesucristo, hablando a lo
humano, en mi oreja tanto el discurso de Darwin como el de sus discípulos
me suena a una variante enfermiza del primer "Og Og" de los Primeros
Antropos. La secuencia que la Vida siguiera es la siguiente:
Primero es el Reino de las
Plantas. Dice Dios: “Haga brotar la
tierra hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales, cada uno con su
fruto según su especie y con su simiente, sobre la tierra.” De donde se
ve que Dios siempre mira al fin del acontecimiento, que es la razón por la
que no dijera “hiervan de peces las aguas”.
Mas la obviedad es cosa
de la ciencia. Esta diría: “crezcan las aceitunas en los olivos”, y Dios:
“crezcan las botellas de aceite en el olivar”. La ciencia moderna, siguiendo el
esquema de su ateísmo, dice que esta forma de hablar es una locura. Y nosotros,
siguiendo el esquema del pensamiento bíblico, decimos que la forma de hablar
científica no sólo es cosa de estúpidos, porque solo a un estúpido se le ocurre
hacer de lo obvio ciencia, sino además delictivo por en cuanto toma por idiota
a todo el mundo cuando niega que, en verdad en verdad las botellas de aceite
crecen en los olivares de Grecia, Italia y España desde que existe el
Neolítico. No es que antes del Neolítico los olivos no dieran aceitunas.
El Lenguaje de Dios, por
tanto, no se basa en lo obvio, lo que sería adjudicarle a Dios la estupidez
científica de sus críticos, sino en el fin hacia el que se encamina la acción.
Origina la acción y expone su término. De aquí que, siguiendo esta lógica
creadora, dijera: “Haga brotar la tierra
hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales, cada uno con su fruto
según su especie y con su simiente, sobre la tierra”, y lo dijera justo en
el Día en que dijera: “Júntense en un
lugar las aguas de debajo de los cielos y aparezca lo seco.” De donde se ve
que la tierra hace brotar su reino vegetal partiendo de la retirada de las
aguas y la elevación de las tierras firmes, durante cuyo proceso la Vida
vegetal se adapta y evoluciona desde el medio acuático, en donde fuera creada,
al medio terrestre, donde tendría su futuro.
El Origen de la vida es,
pues, el Barro. Hay un maravilloso proceso de creación desde la materia
inorgánica a la orgánica, que tuvo lugar en las aguas. Proceso creativo
que es la causa de la admiración más potente concebible por la inteligencia y
su comprensión el misterio más impenetrable contra el que hasta ahora se ha
estrellado la Ciencia.
Este Misterio es la
última frontera. Al otro lado hay destrucción y la Ciencia del Siglo XX se
convirtió en instrumento de extinción y aniquilación de la Vida.
III
“Hiervan de animales las
aguas y vuelen sobre la tierra las aves bajo el Firmamento de los Cielos.”
Ya he dicho en alguna
otra parte que la creación de aquél Manto de hielos que Dios llamara “la
Luz” y su ruptura en dos bloques, --secuencia expuesta en la CSXXI más
detalladamente-- ha dejado sus huellas en la superficie de los continentes, y
la Ciencia, ante el hecho, aunque interpretando su causa acorde a su hipótesis
cosmologista, así lo recoge hablando sobre el Pasado de la Tierra. La
diferencia establecida entre ambos modelos, el CSXX y el CSXXI, en relación a
la aparición de las superficies continentales son manifiestas para cualquiera
que esté al tanto de ambos modelos.
La CSXX dice que las
plataformas continentales vinieron dadas durante el proceso de formación
planetaria. La CSXXI establece que la formación de la estructura geofìsica
externa obedece a un principio dinámico, cuya ley le propociona la estabilidad
de la Ecosfera, y al cuerpo de la Biosfera en general las constantes
termofísicas que le han sido propias desde su nacimiento hasta nuestros días.
La CSXX no da cuenta de
ningún proceso geológico autónomo mediante el sofisma de la relación a la que
se somete el Origen de la Tierra, privándola de cualquier identidad autóctona a
fin de obviar su nacimiento en el seno de una teoría seudo-cosmológica, que, al
igual que los maestros de las Sagradas Escrituras, en sus
días, pretendieron explicar las diferencias raciales reduciendo el
espectro filogenético a un solo hombre, así los sabios de la CSXX redujeron la
complejidad infinita del cosmos a un modelo que si en su exposición era apto
sólo para genios, en su puesta a punto quedó comprensible incluso para el más
idiota de los idiotas de entre los ateos.
No hay, según ellos,
formación de la estructura geofísica externa valorada acorde a una ley
específica. Lo que sí hay, siguiendo la estructura de su pensamiento, es una
deriva de placas con las consiguientes caídas y subidas de los cuerpos
continentales, razón manifiesta que tiene su encarnación en los fósiles de
esqueletos marinos hallados hasta en las partes altas de las tierras.
Ahora bien, la CSXXI,
siguiendo el ritmo divino, establece que esta existencia de los fósiles
marinos en las tierras altas de los continentes obedece al nacimiento del árbol
de las especies bajo las aguas y a la retirada de éstas según fueron alcanzando
los Bloques de Hielo sus lugares en los polos geográficos de la Tierra. Es
la evaporación de la primera masa acuática la que, estando en su fase más
activa, causa el descenso del nivel de las aguas y libera las superficies
continentales. Según esta liberación se fue produciendo las raíces de las
primeras especies vegetales mantuvieron su particular evolución desde el agua a
tierra firme, provocando el periodo de adaptación que marcaría el preludio de
la colonización de los continentes por los bosques prehistóricos.
Así, pues, antes, mucho
antes de que ninguna especie animal viniera a luz, primero fue el Reino
Vegetal. Razón omnisciente por la que Dios dijera: “Hiervan de animales las
aguas y vuelen sobre la tierra las aves bajo el Firmamento de los Cielos.”
Esta Frase Creadora es
un compendio de Ingeniería Genética, y una enciclopedia de ciencias sin número
cuya grandeza y profundidad únicamente podemos abarcar mediante el proceso
Histórico. Debido a esta omnisciencia ha sido imposible que inteligencia alguna
pudiera descorrer su Sello. Los efectos de esta imposibilidad sobre la
todopoderosa Razón de unos y otros produjo la fractura entre Judaismo y
Cristianismo, en una primera instancia, y Fe y Ciencia, en una última.
Ante la Sabiduría de
Dios sólo cabe la humildad de una Filosofía que en el conocimiento del hombre y
de sus límites tiene su Fuerza y en el orgullo de la Ciencia para aceptar como
imposible unos límites: su Locura.
Es por esto que la Fe,
aunque se corrompe sin la Inteligencia, edifica en la Criatura la sobrenaturaleza
del propio Creador, uniéndose en la Creación la vida de ambos, Creador y
Criatura, a fin de siendo una sola cosa, una sola Realidad, la Vida permanezca
en crecimiento constante. Dentro de esta Relación no existen
límites; fuera de ella, el límite es la autodestrucción: Porque “polvo eres y
al polvo volverás”.
IV
“Y
creó Dios los grandes monstruos del agua”.
Regresemos ahora a la
Secuencia estrella de esta sección. Primero es el Reino Vegetal. La Semilla del
árbol de las especies que Dios ha plantado en el Barro de la Tierra, bajo las
aguas, comienza el proceso indescriptible de transformación de la materia
inorgánica en orgánica, y la fibra vegetal en célula animal.
Es un proceso que se
produce en los horizontes entre las aguas y la tierra firme y va abriéndose
hacia las profundidades marinas según se van retirando las aguas y se va
multiplicando la masa viviente. Durante este proceso de evolución interna y
retirada de las aguas la primera línea vegetal ha dado el salto y se ha
adaptado a la Atmósfera Secundaria de la Tierra. Comienza la colonización
masiva de las tierras bajo el Sol. En las aguas la evolución de la célula
vegetal a la célula animal es ya un hecho. Ahora queda un salto aún más
maravilloso, el salto de la vida típica marina a la vida protoanimal: Insectos,
Reptiles, Aves y Mamíferos, que surgen de la evolución de la propia vida marina
y por acumulación de masa y reducción del espacio acuático de superficie
comienzan la gran aventura del descubrimiento del mundo aéreo y terrestre.
Será mirando a esta gran
aventura que Dios, abriendo su Boca, dijera: “Hiervan de animales las aguas y vuelen sobre la tierra las aves bajo
el Firmamento de los Cielos.”
En lo que se refiere al
plano de movimiento no olvidemos que esta Secuencia tiene lugar cuando los dos
grandes bloques de Hielos imponían su ley en las aguas, de manera que
al ir retirándose los Hielos la expansión de los primeros océanos y mares
se producía en dos direcciones en lo que le concernía a la evolución de las
especies. Quiero decir, las aguas entraron en un calentamiento superficial que
le abrió a las nuevas especies un nuevo hábitat de desarrollo, y a la vez este
calentamiento externo de la masa acuática terráquea empujó a las antiguas
especies marinas a las profundidades, donde la temperatura original permanecía
estática. Mientras más se calentaba la superficie y más amplio era su radio, más
se hundieron las especies originales, acabando por hacer de las fosas abisales
su habitat y su medio de evolución, que, al estar sujeto a una ley de
transformación natural infinitamente lento, impuso a esta rama de la vida
una evolución acorde a dicho ritmo.
Estamos contemplando en
nuestros días cómo la perturbación de los sistemas naturales abisales por la
acción humana está arrastrando a las especies descendientes de las primeras
ramas marinas a salir a flote, y perecer. Y esto a pocos decenios de haber
descubierto su existencia gracias a la labor investigadora de algunos
hombres, cuya pasión por la Naturaleza superó su amor por la ciencia e hizo
posible en ellos la evolución del ateo, idiotizado por su vocación
materialista, en verdaderos monstruos del conocimiento, Jacques Cousteau a la
cabeza.
Vemos, en los
descendientes de las primeras especies vivientes que habitaron el planeta, cómo
la ley de la simplificación orgánica es el fundamento básico, desde el que se
asumiría la monstruosidad como elemento lógico. Tal que si pudiéramos regresar
a los tiempos de sus primeros orígenes y, siguiendo la ley de la lógica, al
aumentar su tamaño, aún siendo más ateos que el Diablo, tendríamos que repetir
con el que escribe: “Y creó Dios los grandes monstruos del agua”.
Monstruosidad que vino a
ser la tónica para todas las especies, tanto las vegetales, de cuya plataforma
genética marina vendría a escena el “bosque prehistórico”, con sus árboles y
helechos supergigantes, como de los bichos marinos, representantes actuales de
aquéllos “monstruos” la familia de las ballenáceas y el ejemplar gigante de los
octopus. Pero monstruosidad que debemos entender desde las dimensiones fìsicas
de “los monstruos” en comparación al tamaño de las especies postreras, o seáse,
nosotros. Pues no creo tener necesidad de recordar la ley reguladora de la
evolución de las máquinas, reflejo, a nivel artificial, de la ley reguladora de
la evolución orgánica desde lo más básico, inmenso en tamaño físico, a lo más
complejo, el cerebro humano, el sumun de complejidad orgánica hallado en el
Universo. ¿Quién diría viendo aquéllos ordenadores de las primeras generaciones
que el futuro sería un ordenador portátil? ¿Y quién se atreverá a decir cuál
será el futuro de la tecnología actual? Cualquiera sea, la lección aprendida no
admite suspensos: las formas básicas son siempre gigantes, verdaderos
“monstruos”, y sus generaciones finales reducen su físico a medida que su
física se complica.
Por consiguiente, y dado
que la evolución del árbol de las especies tal cual Dios determinó su curso en
la Tierra tuvo por fin la Vida Inteligente, e Inteligencia a su imagen y
semejanza, el futuro de las especies estaba inscrito en su filogénesis,
actuando la Naturaleza como instrumento de trabajo al servicio de quien,
mediante los cambios naturales, ejercía de Hortelano cultivando el Arbol de la
vida en la Tierra. Aquéllas monstruosas especies darían lugar a especies más
sofisticadas, con la consiguiente reducción de su tamaño, emergiendo de aquella
masa las dos grandes líneas: Reptiles y Aves, de las que finalmente se
llenarían el cielo y la tierra.
V
Y
los bendijo diciendo: “Procread y
multiplicaos, y henchid las aguas del mar, y multiplíquense sobre la tierra las
aves.”
¿Cuál es, pues, la
situación en que se encuentran las especies cuando dan el salto de las aguas a
tierra firme y al aire?
Dos serán las
características de aquella Naturaleza. La primera, el gigantismo de la flora,
que viene a corresponderse con el gigantismo de la fauna prehistórica. Y la
segunda, la composición química de la atmósfera, con el Carbono como elemento
principal. Pero esta segunda particularidad, producto de la función
transformadora de la Flora Prehistórica de Primera Generación sobre la Biosfera,
cambiando su Química mediante fotosíntesis del Carbono, haciendo derivar la
Atmósfera Secundaria, es decir, la que vino a luz como consecuencia de la
sublimación del Manto de Hielos, derivándola en Terciaria, cuya composición era
el derivado de la absorción de la componente atmosférica vulcanológica en su
masa vegetal, y porque la evolución de las Primeras Generaciones de Aves y
reptiles se había llevado a cabo en esa Atmósfera Terciaria, y porque así fue,
por muy venenosa que nos resultare a las especies que habrían de vivir en la
Atmósfera Cuaternaria, sujeta a la fotosíntesis del Oxígeno, aquélla Atmósfera
Terciaria, sujeta a la del Carbono, era el aire de todos los días de aquéllas
especies madres de las actuales Aves, Mamíferos y Reptiles. Y bajo la ley de la
fotosíntesis del Carbono se adaptaron a tierra firme y al aire, haciendo del
bosque prehistórico su dieta y su morada.
¿Cuánto tiempo duró
aquella Era?, no es cosa de adivinar. Lo que sí es evidente es que el motor de
la evolución durante aquel tramo fue la Flora. El Reino Vegetal no sólo había
transformado la composición química de la Atmósfera Secundaria, sino que
durante el proceso había adaptado su fibra a la Atmósfera Terciaria, y durante
este nuevo periodo seguía evolucionando su estructura celular a medida que iba
transformando el Carbono en fibra y haciendo del Oxígeno el principal elemento
atmosférico. Según se fue acercando este proceso químico a la zona del Oxígeno
la fibra vegetal se endurecció y el tamaño del árbol prototipo de la
Prehistoria Universal decreció. Estos dos factores, tan inocentes en su
apariencia, serían el papel en el que la Naturaleza firmó la desaparición del
Mundo Terciario.
Ahora bien, el Verbo lo
dice todo: “Procread y multiplicaos, y henchid las aguas del mar, y
multiplíquense sobre la tierra las aves.” Dios abría el tiempo a una Era
Geohistórica cuyos días se contaban por milenios. Fue una Era de esplendor y de
Fuerza de la Tierra. La Naturaleza estaba en su fase de poder juvenil,
desarrollando su capacidad reproductora y evolutiva a un ritmo maravilloso,
sorprendente, fantástico. La presión reproductora marina rompía el habitat
común y lanzaba fuera de las aguas un mar de especies, gigantes unas, menos
otras, pero todas movidas por el mismo apetito de vida y existencia.
Grandes aves y grandes
bestias pupularon por el suelo y llenaron los aires. Los grandes monstruos de
la Era de los Dinos desbrozaron el bosque con su voracidad insaciable, abriendo
campo libre donde, con el tiempo, las grandes aves comenzaron a bajar para
poner sus huevos. Esta acción determinaría el paso evolutivo decisivo de las
alas en patas.
Las aletas fueron el
sustrato desde el que evolucionaron las patas de los reptiles y las alas
de las aves. En esta nueva fase, marcada por el Verbo, las alas, mediante
contacto con el suelo, comenzarían su transformación en patas, determinando este
principio el futuro de cada especie acorde a su familia. No olvidemos que la
vida mamífera, al igual que el resto de las especies, tuvieron su raiz en las
aguas.
Cuando el evolucionismo
científico pone en el tronco de todas las especies a los Reptiles comete un
fraude inmenso contra la inteligencia, del tipo al que los intérpretes bíblicos
cometieron al reducir todas las razas humanas a la familia carnal de Adán.
Ignorantes, pero no pudiendo aceptar su ignorancia, que perjudicaría la
infalibilidad teológica de los pontífices, judíos o cristianos, los unos como
los otros se protegieron del ridículo invocando al infierno para quien se
atreviera a poner en duda su infalibilidad, que también tocaba este aspecto.
Siguiendo este esquema,
que tan buenos resultados le produjo a las escuelas teológicas, la escuela
darwinista cultivó este mismo principio y sacralizando el Reptil como Origen de
todas las especies, lo mismo mamíferos que anfibios que aves e insectos, ella,
que no quiso comulgar con una muela de asno, quiso hacer que el resto del mundo
lo hiciera con una de molino.
La evolución como
dinámica de crecimiento de la Vida ha estado escrita en el Génesis desde
siempre. Lo que jamás ha estado escrito nunca es el Origen del Poder
Absoluto como principio de la evolución de las especies, principio que
estableció el Siglo XIX como motor de la Civilización, si bien políticamente
ocultó este Principio en eso que llamaron “la selección natural”. De aquí a
caer en el error de los otros, haciendo derivar de un punto el universo en su
conjunto, ¿qué?
Sección
3
Filosofia
de la Vida.- El Problema de su Origen
Uno de los principales
problemas de la ultraespecialización del conocimiento científico tiene que ver
con el caracter dogmático bajo cuya concha se encierran los expertos,
provocando en el sistema general una especie de valla protectora contra
extranjeros, inmigrantes a la deriva por las tierras de las ciencias, sin más
ocupación que el amor al Conocimiento. La ventaja de este crecimiento en
dirección a la Omncisciencia Tecnológica, obviando la resistencia de los
expertos en sus conchas, es la apertura del horizonte cognoscitivo que
experimenta la Inteligencia y pone a los pies del Ser un campo maravilloso. La
especialización, pues, es necesaria, y la incapacidad de abstracción del
experto respecto a su propia esfera uno de los focos perturbadores más graciosos
frente al que se mueve todo hijo de la Sabiduría. El efecto de esta
perturbación es el acotamiento del Tema, imponiendo una mentalidad dictatorial,
teocrática, sin pretenderlo, pero tan real como la guerra misma, en razón de
cuya postura alobada el Tema queda secuestrado -por supuesto en bien general,
siempre el bien público, ese dios en nombre del cual se han escrito tantos
crímenes. Siguiendo esta regla nobelesca, ley de oro entre los expertos,
cualquier mortal que ose, sin poner sobre la mesa su título medievalesco y su
espada atómica, hacer del Tema campo de su discurso queda, por el sólo hecho
del atrevimiento, expuesto a la ira de los macrosabios de la Divina Academia.
Es el caso de la Vida.
Vemos cómo, aunque sin
necesidad de ley, pero con el mandato que procede de la autoridad suprema de
las universidades de paletos que a sí mismos se condecoran y se felicitan y se
dan palmitas en el trasero, cómo la Vida, en cuanto Tema, y siendo el más
importante de todos, ha sido relegada a la torre, como aquella princesa, y
secuestrada para el pensamiento de la inteligencia del hombre, delito cometido
mediante la reducción de la Inteligencia a la Ciencia. Y no es que Inteligencia
y Ciencia no vayan unidas, sino que como hacer de la Política el eje del macro-todo
humano, quedando por el Poder de las Cámaras "el intelectual"
reducido a una mera actitud ideológica, de la misma manera, aunque en otro
contexto: reducir el Pensamiento a la razon científica es minusvalorar el
Cerebro Humano, sentarlo en una silla, quitarle el movimiento y pasearlo por el
mundo como si se tratara de un monstruo de circo, este muy particular, pues que
hasta escribe libros, y libros tal que sólo Newton. Y con todo, Newton, no
hubiera firmado, ni loco, uno solo de los libros de los payasos dictatoriales
del circo de los monstruos en el que se transformó, no sabemos cómo, aunque
tengo una ligera idea, la Ciencia del Siglo XX. Basta mirar la Transgenia, la
Clonación humana en curso, y recordar la línea de investigación del nazismo
menguelista para comprender que sin Hitler el testigo del Hombre como animal de
laboratorio fue recogido por las superpotencias, legalizado por sus varas
capaces de hacer descender fuego del cielo, y actualmente quien se rebela
contra el nazismo de la ciencia es un depravado, inmoral y estúpido, un Hecce Homo
Heretikom.
¡La Vida!, ¿qué tema
más importante que éste? Si yo no conociera ni la altura ni la edad del
cosmos, ¿qué? ¿Acaso porque el número de las galaxias sea X ó X plus Jota ó
Alfa menos Z al cubo mi futuro se va a alterar y se van a multiplicar los días
de mi existencia? La Vida es el núcleo de todas las cosas, el centro base desde
el que se irradia todo pensamiento y toda acción en el mundo. Es el Tema. Es el
Principio y el Fin, el Medio de todas las cosas, la esencia y la sustancia de
la inteligencia, su alfa y su omega, su raiz cuadrada y pentagónica, su norte y
sur, su este y aquel, teoría e hipótesis, causa y efecto, razón y ser, ente y
existencia. La Vida es el Todo, desde la Vida surge el problema y hacia la
Respuesta tiende la Historia. No hay hombre sin vida, pero sí hay hombre sin
Ciencia. Luego un hombre que no sabe qué es la Vida es un idiota. Y una Ciencia
que suplanta la idiotez general poniéndose ella como Respuesta, es una lavadora
de cerebros, deviene secta y los cientifícos devienen el super gran hermano
dirigiendo un mundo de verdaderos retrasados intelectuales ¡¡¡¿a la Quinta
Dimensión de los bailouts?!!!
¿Qué es la Vida
entonces?
¿Cuánto vale un hombre?
¿Cuántos millones de
años se emplearon en levantar un fetus humanensis?
¿Qué grado de idiotez es
necesario alcanzar para coger todos esos millones de años, envolviendo en su
acción todo un universo entero, y tirarlos a la basura donde las clínicas y los
hospitales arrojan el fruto de una Historia Universal queimplicita al mismo Cosmos?
¿Qué extremo de locura
intelectual es necesario alcanzar para ver como cosa de genio la transformación
de ese fruto en un animal de laboratorio, apto para ser convertido en especie
de clonación médica?
¿Cuándo los legisladores
bajarán la barrera del Delito Biocriminal y comprenderán en su esfera a
científicos, políticos y empresas que han hecho de la Vida su negocio y su
campo de investigación? Necesitamos una Bio-Criminología ya. Transgenia,
Clonación, Aborto, es la misma cadena.
Como a la bestia salvaje
que se la quiere domesticar se la adapta a la dieta que le impone su amo, así
las naciones han sido adaptadas mediante la Política del Ateísmo Científico a
ver como natural la Transgenia y la Clonación. ¿Las voces críticas? En un mundo
privado de libertad intelectual, ¿qué? Y sin embargo la Vida sigue siendo el
compendio de toda derivación y exposición, de toda acción y reacción, el núcleo
de interés universal fuera del cual la inteligencia deviene en Ciencia y la
Ciencia un intrumento criminal al servicio de clases homicidas, el futuro de
cuyas acciones, acumuladas en el tiempo, es la destrucción del Género Humano.
Se dicen: Sí, pero no, sencillamente sustituiremos el ser humano por una nueva
especie de vida: El Sapiens-Cloniacensis. Y esta crítica en ya en sí y de por en
sí un delito contra la Academia: "he aquí el Hombre, Ecce Homo
Heretikon".
¿Qué es, pues, la Vida?
¿Un Tema y sólo eso? ¿Por sólo un Tema nos esclavizamos a la subsistencia y
renunciamos a la Libertad de quien vive alimentado por la Naturaleza? ¿Será la
Vida una especie de ente filosófico acotado por la Ciencia, que devoran los
nuevos dioses del Mundo a placer, haciendo de Ella su esclava, su prostituta,
su criada y la toalla en la que lavan sus manos los dictadores y reyes de la
Tierra? ¡La Vida!, ¿eso, qué cosa es?
El Tema es un
Problema. La actitud científica ante este Problema, según hemos visto y
seguimos viendo, consiste en la legalización del Biocrimen a fin de mediante la
transformación de un ente vivo, el Humano, y su disección en vivo, buscar en su existencia
la raiz del problema. Mas como la Justicia no puede asumir como Ley la palabra
de un Delincuente -tomando la Justicia como Concepto Ideal, porque como sabemos
todos en cuanto concepto real la justicia es todo menos Justicia, y sólo será
Justicia cuando las prostitutas sean santas. Siguiendo esta regla, el Método de
la Ciencia a la hora de buscar la Respuesta al problema de la Vida sólo puede
ser asumido como Legal, Legítimo y Humano por las propias corporaciones
dedicadas a nivel Internacional al Biocrimen. El Ser, en cuanto expresión de
la Vida Inteligente, ni confiesa, ni comulga con semejante Ciencia. La
forma, pues, de acercarnos al Problema será desde la CSXXI.
II
La
Importancia de la Cuestión
La gran risa de aquéllos
que se declararon fuera de la esfera de la Verdad Divina, eruptando sobre la
conciencia del universo su negación a aceptar el Barro como Materia Original de
la Vida, en este caso humana, se la devolvemos a los mismos que, con diferentes
nombres y vestiduras, permanecen en la demencia de tal negación, tal vez porque
el Origen de la Vida no está en el Barro sino en la Piedra que tienen por
cabeza.
Tenemos que asumir el
Barro como Materia Prima. Lo que nos lleva a la Creación de este Barro, cosa
que ya toqué en la CSXXI y no voy de nuevo, estando la Puerta Principal
abierta, a repetirme en la Secuencia de Acontecimientos Físicos que Dios puso
en Movimiento para crear la Tierra y vestirla con los Elementos Biosféricos,
producto de cuya asociación en un sistema ecosférico sistemológico fue el Barro
del que "tomó Dios al Hombre, e inspirándole en el rostro aliento de vida
le hizo ser animado de vida inteligente a imagen y semejanza de su
Creador". Entrar en el Secreto de la Vida Inteligente y de la Naturaleza
de la Inteligencia no viene a cuento en esta sección, pero todo llegará, que
mientras hay vida hay esperanza. Lo que nos importa se centra en cómo en ese
Barro surge la Primera Célula, la Célula Madre, la Cepa Germinal, la Semilla de
la Vida en la Tierra.
A estas alturas tenemos
dos opciones. La de la ciencia del Siglo XX, no hablar del Tema hasta que la
Ciencia haya Creado esa Primera Célula, locura inmensa que honra a la Academia
de los Nobeles, mediante su exposicion a la luz pública manifestando sin
complejos su demencia. Y tenemos la opción del Pensamiento que se libera de
todas las cadenas de las ciencias, e integrándolas en una sola Ciencia, la
Ciencia de la Creación, se detiene ante el Problema y parte de la Imposibilidad
para recrear este Proceso Creador como punto de partida.
Hay un campo de acción,
un Planeta vestido de los Elementos Naturales necesarios para la formación de
una Biosfera, ¿ahora qué?
Lógicamente podemos sentarnos a esperar a que un divino meteorito, haciendo de Pegaso Milagroso, sobrevolando los espacios infinitos deje su Sobrenatural carga en las aguas y, con el tiempo y una caña, el pescador pique. ¿No es para partirse de risa? Primero fue el meteorito que bajando de las constelaciones asesinas golpeó con su mazo todopoderoso el Yucatán y, enemigo de los monstruos, barrió de la superficie de la Tierra el Mundo de los Dinos. Ahora, dándose la misma impotencia para comprender un fenómeno, los sucesores de los mismos, siguiendo la religión de los sacerdotes druidescos de la antiguedad, que dirigían los cuellos de las víctimas dispuestas en el altar para el sacrificio en honor de las victorias de sus reyes demoníacos, y durante el despiste les clavaban el puñal en el pecho, les sacaban el corazón y bebían la sangre aún calentita buscando la inmortalidad; y para no perder la costumbre sus futuros sucesores, hoy científicos, ayer paganos, hoy ateos, el sentido es el mismo pero la vestidura es distinta, vuelven a dirigir el cuello de las naciones hacia el cielo, y éstas, idiotizadas por el Poder y su personal ramera, los Media, levantan sus cabezas hacia la Globalización del Cosmos, and God bless America.
Todo el truco se basa en
pasar por agua a todo el mundo. Y mojados cola y cabeza ¿a quién le extrañará
que dos genios hayan descubierto una molécula de vida a 250 millones de años
luz en una galaxia perdida en los remotos confines del universo universal? ¡Los
tontos están para reírse de ellos, y las secciones de ciencia de los mass media
piden carne! El negocio es perfecto.
¿Por qué entonces desear
elevar la inteligencia basura de las naciones a cuenta del empleo que genera
este circo? ¿Tan importante es la Verdad como para aguarle la fiesta al
consorcio? ¿Qué es el hombre después de todo más que una musaraña que devino
mico y merced a un meteorito mutó en Superbestia? Bueno, iba para... Pero los
vientos de la guerra comenzaron a soplar en otra dirección y hoy se halla en la
encrucijada, ¿HOMO CLONIACENSIS u HOMO BASURENSIS? ¡Los meteoritos tienen la
culpa! Mientras tanto nos reimos de los idiotas, mantenemos el empleo a
costa de tanto tonto y la sección de ciencia de los periódicos tienen su carne.
Todo el mundo gana, ¿quién pierde?
Recuerdo aquel anuncio
del descubrimiento de una especie de insecto congelado en la piedra unos 60
millones de años hace. ¡El esqueleto era una sombra! Pues bueno, la genio
descubridora de su huella por la Historia supo, del tirón, de qué murio, en qué
posición lo encontró la bota que lo aplastó y hasta el tamaño de su pareja, con
la que alegremente estaba fornicando cuando el jodido dino fue a aguarles la
fiesta. Y este tipo de chiste lo publica un periódico que tiene una tirada
mundial, y lo firma una catedrática que llegó al trono en uno de esos momentos
en que el Todopoderoso cierra los ojos y se le cuela por debajo de las piernas,
¡cosas del Poder!, una pendeja. Pero el caso es que de no andar la inteligencia
del lector por los suelos tal filosofía del hombre como negocio no tendría
curso legal, no porque se prohiba sino porque el chiste no sólo no es gracioso
sino que es patético a reventar.
La importancia de la Vida, como se ve, se refiere a los Vivientes, pues hablando de esto, quien sabía más que yo, ya dijo: Dejad que los muertos entierren a sus muertos. Siguiendo el consejo de quien era una sola cosa con la Vida, es bueno que dejamos de hacer el idiota mirando para arriba a la espera de la caída de un nuevo meteorito que elimine el HOMO BASURENSIS de la escena.
Adoptando la postura del clásico pensador posemos los ojos de nuestro pensamiento en el Barro y preguntémonos ¿de qué manera puede emerger la Vida donde no hay más que átomos de por sí incapaces para provocar una ruptura con las leyes físicas naturales y abrir una puerta hacia un universo -desde la óptica del sustrato inorgánico de partida- sujeto a leyes orgánicas?
Aquí, en el fracaso para comprender este salto es donde la Ciencia echa mano de sus clásicos meteoritos. Lo cual nos lleva a considerar la estupidez connatural al pensamiento del ateísmo. Si al principio su acusación contra Dios fue que la Religión despellejaba al carnero en un pacto de lobos: ¿Con quién ha pactado la Ciencia su actual posición contra el Hombre?
¿Con quién pactó el Bombardeo de 500 a 700 megatones contra la Biosfera?
¿Quién le encargó en el seno de la Guerra Fría la mutación de virus naturales en poderosas armas destructivas, tipo EBOLA y AIDS?
¿Y quiénes le han encargado a la Ciencia la creación de una subespecie humana producto de la mezcla del Clon y la Transgenia?
No puede ser que la Ciencia sea infinitamente buena, infinitamente sabia, infinitamente inmaculada, infinitamente limpia de mea culpa. ¿Aunque claro, quien ha estructurado su cuerpo a imagen y semejanza de su enemiga, la Iglesia Católica, qué podía buscar sino sustituir a Dios? ¿Acaso no acabó haciendo eso la Revolución Bolchevique, matar al Zar para poner un nuevo Zar, Stalin el Grande?
Tenemos, pues que volver al Principio. "¿Por qué me
llamas bueno? Sólo hay Uno bueno", y esto lo dijo el único hombre bueno
que jamás ha pisado la Tierra.
La Importancia de la
Vida está, por consiguiente, en el Barro, jugando con el cual Dios hizo un
muñeco, le habló, y así nació el HOMO SAPIENS. La Religión se ocupa del Hombre,
y la Ciencia del ANTROPOS, es decir, del Muñeco. En el Futuro veremos la
diferencia entre ANTROPOS y HOMO SAPIENS.
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