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ECCE HOMO HERETIKOM
Estelogía Atómica de Creación
PRIMERA PARTE ...Pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las Aguas...
Plataforma de entrada Este es un
ejercicio imaginario. Nos vamos a meter en, o mejor dicho, nos vamos a poner las botas de Dios, y tomando el
Pensamiento como fuente de Poder sin límites, vamos a acometer una especie de
milagro.
Vamos a
situarnos en la orilla de un lago. Vamos a meter la mano en el agua. Vamos a
coger el volumen entero del lago a cuya orilla nos hemos situado y vamos a
levantar en el aire su volumen entero cual si su peso fuese el peso de una pluma de
ave.
Ahora
vamos a arrojar nuestro lago imaginario, en suspense entre el cielo y la tierra,
directo a las alturas, al espacio; y haciéndolo ordenamos que según suba todo
su volumen se extienda hasta convertirse en una superficie de agua, de 10 centímetros de espesor, flotando en
el vacío: y le damos a nuestra superficie un kilómetro de diámetro.
Lo que voy
a proponeros es un ejercicio matemático.
Ahora nos vamos a poner a la altura de la superficie líquida que hemos levantado. Ya
estamos sobre la orilla de la superficie de las Aguas que hemos levantado del suelo, lanzado al espacio exterior, abierto hasta darle un diámetro igual a un kilómetro y un espesor de diez centímetros, y vamos a empezar nuestro ejercicio.
Cogemos
una bola, que lo mismo puede ser de billar que un núcleo atómico, con tal que
el diámetro de su esfera sea igual a 10 centímetros, y que llamaremos en
adelante "bola imaginaria". Ahora situamos nuestra bola imaginaria
justo al borde externo del campo-superficie acuática que hemos levantado en el
espacio y cuyo diámetro era de un kilómetro. Enseguida vamos a lanzar nuestra bola
tal que circunde el perímetro de nuestro campo acuático a una velocidad dada, que no daremos
ahora pero sobre la que volveremos más adelante.
Nivel de Complejidad 1
Nuestro
primer problema dejará de lado el tiempo que describirá nuestra bola imaginaria
en recorrer el circuito externo de nuestro campo acuático, que será siempre el producto final de la velocidad que le imprimamos, y siendo este un ejercicio imaginario cada cual puede imprimirle con el pensamiento. A esta primera
vuelta vamos a llamarla "la primera órbita externa". En este primer nivel de complejidad el problema tiene que ver
con la altura desde el centro del campo-acuático a la base del cono que
crearemos de la siguiente manera.
Hemos
lanzado nuestra bola imaginaria, y se ha lanzado como una bala a recorrer
la primera órbita externa, que se corresponde con el horizonte de nuestro lago
flotante en el espacio. Observamos cómo nuestra "bola imaginaria" recorre el perímetro de nuestro lago-campo-acuático suspendido en el espacio vacío, cómo le da la vuelta a "las Aguas" y regresa a nuestros pies.
¿Ya ha
terminado nuestro ejercicio de Poder imaginario?
¿Para esto
nos pusimos las botas de Dios?
¡Claro que
no! ¿Vamos a tomar el nombre de Dios en vano?
Una vez
que nuestra bola imaginaria ha llegado a su punto de partida, tras darle la
vuelta al perímetro de las Aguas, ordenamos que este punto de llegada se encuentre diez
centímetros bajo el nivel de salida original y ... atención aquí... diez
centímetros más cerca del centro de la circunferencia cuyo diámetro, dije, era
de un kilómetro. Lo cual implica, como se ve, que creamos una segunda capa
acuática con un diámetro de un kilómetro menos 10 centímetros, pero que se
sitúa diez centímetros por debajo del Primer Nivel o Primera Órbita Externa.
No hemos
jugado con el factor velocidad ni con la masa, pero para empezar a situar muy
alto nuestro pensamiento vamos a crear nuestro cono a la velocidad de la luz,
que será la velocidad de salida de nuestra bola de billar alrededor del
horizonte de la segunda capa de agua que hemos creado diez centímetros bajo la
superficie de la primera y diez centímetros más cerca del centro de ambas.
Y repetiremos esta misma operación, efectuada a pulso imaginario, tantas veces cuantas sean necesarias hata darle a la última órbita un diámetro igual a diez centímetros, que se corresponderá con la Base del Cono creado. Tal que si nosotros le damos al Tiempo un cuerpo en el que la Materia deja su rastro en el Espacio, con todas las de la ley podríamos dibujar en el Papel una Galaxia. Pero como esto es ponerse un paso al otro lado del final del ejercicio mejor será situarnos justo en el punto de partida donde va a comenzar su segunda vuelta nuestra bola imaginaria, y que dijimos se encuentrra diez centímetros más cerca del diámetro original y diez centimetros más bajo de la primera órbita creada. Y allá va,
nuestra bola imaginaria, recorriendo como un rayo la segunda órbita, o segundo
nivel del cono que estamos creando, y cuyo centro hemos situado diez
centímetros más cerca de la base del cono imaginario que resultará creado al
final de este ejercicio. Aqui hay que calcular, el número de capas que
tendremos que crear para reducir la última de todas a diez centímetros de
diámetro, y la altura desde el centro de esta última capa a la primera de un
kilómetro de diámetro que nos sirvió de superficie de partida.
Y bueno, pues que estamos jugando con números computables a cálculo mental simple, operando se ve que si un metro tiene cien centímetros el número de capas que caben en un metro será de diez. Es decir, por cada metro de profundidad creamos diez capas, donde cada capa es inferior en diámetro diez centímetros a la superior. Y teniendo un kilómetro mil metros el número total de capas que crearemos al final del ejercicio será 10.000. Y pues
que la ley es la misma, 10 cms, para la diferencia entre la altura de las capas
entre sí, el resultado será el inverso, es decir, diez mil capas a 10 cms de
diferencia entre sí levantan una altura de 1 km. De manera que al final de este
primer nivel de complejidad tenemos un cono simulando una escalera de espiral,
tal que el diámetro de su base es igual a la longitud de su altura.
No hemos
tocado la velocidad en el primer nivel y sólo el número de vueltas necesarias
para alcanzar el punto menor de movimiento. Tampoco vamos a tocar el tema de la
velocidad durante este segundo nivel de complejidad. En este nuevo nivel de
complejidad nos vamos a centrar en la masa.
Conocemos
ya el número de vueltas que debe dar nuestra bola de billar hasta tocar la base
del cono y alcanzar el punto de rotación sobre su eje, pues, como se ha
deducido, el diámetro de la última capa es igual al diámetro de nuestra bola de
billar. Si nosotros -jugando con nuestro Poder Imaginario- hacemos que la
energía potencial almacenada durante el trayecto a lo largo de las 10.000
vueltas sea 10.000 veces el peso de nuestra bola imaginaria obtendríamos un
cono en rotación sobre su eje, si no me equivoco, pero éste no es el problema
ahora, asi que permanezcamos en este segundo nivel de complejidad.
Conocemos
por tanto la altura de nuestro cono acuático. Y que podemos comparar a una
escalera de caracol que va desde el horizonte superior orbital externo al fondo
del cono. Y viceversa. Y que nosotros, con todo el tiempo del mundo, con la
eternidad por delante a imagen y semejanza del dueño de las botas que nos hemos
puesto para realizar este experimento imaginario, vamos a utilizar para hacer
volver a su punto de partida original a nuestra bola de billar.
Sube,
sube, sube y ya está a nuestros pies.
Recogemos
nuestra bola imaginaria. Enseguida la volvemos a lanzar, pero ahora sujetando
su física a una ley que estipule el crecimiento de su masa en función de un
múltiplo específico, que será a placer de cada cual. Si bien el peso de nuestra
bola imaginaria será universal y lo estipularemos en un kilogramo.
Vamos a
hacer que al término de cada vuelta, que son 10.000 en total, el peso de
nuestra bola imaginaria se haya ido multiplicando por un múltiplo fijo, a usar
según capricho. Y yo pongo, por ejemplo, 10. Es decir, tras la primera vuelta
la masa de nuestra bola de billar ha crecido diez veces, y ahora tiene 10
kilos.
El problema
en este segundo nivel será resolver el peso final de nuestra bola de billar al
término de las 10.000 vueltas teniendo en cuenta que el peso final al término
de la primera vuelta, y no el original, es el que se multiplica por el factor
universal que propusimos, en este caso 10 kgs. Es decir, que si al término del
primer recorrido tenemos 10 kgs, al término del segundo tendremos 100 kgs, al
término del tercer recorrido: 1000 kgs, al término del cuarto recorrido:
1.000.000 kgs, y asi sucesivamente hasta consumar las 10.000 vueltas establecidas.
Se entiende
que hemos elevado el peso final al infinito, donde el infinito es un número
calculable pero no manejable en la realidad netamente humana.
Nivel de complejidad 3.
Ahora
vamos a subir un nivel más y en lugar de jugar con la masa lo vamos a hacer con la
densidad. Volvemos a llamar a nuestra bola imaginaria, y según acude a
nuestra llamada observamos cómo va recuperando su peso y tamaño originales conforme sube
la escalera de horizontes orbitales hasta nosotros (Imagina que la galaxia de arriba es una escalera de caracol donde el centro luminoso es la Base del Cono, y donde la concentración de masa es por tanto Infinita. Nos situamos justo en ese Fondo Acuático-Galáctico y comenzamos a subir siguiendo la Curvatura Natural a una escalera de caracol).
Y ya está,
ya tenemos a nuestros pies a nuestra "bola imaginaria", con sus diez originales centímetros de diámetro y
su kilogramo de peso original.
Agachamos
el espinazo, la recogemos y ordenamos una nueva ley para el siguiente juego,
donde la densidad será el factor con el que jugar.
Para
elevar la densidad de nuestra "bola imaginaria" mantendremos la multiplicación
por 10 por órbita recorrida, pero siempre manteniendo el diámetro original de
nuestra "bola imaginaria", 10 cms., a lo largo del recorrido.
De donde
se verá que, siguiendo la misma línea de comportamiento, al final del trayecto
total nuestra bola imaginaria tendrá una densidad infinita en relación al orden
de la razón humana. Y en consecuencia, no pudiendo ser objeto de experiencia
debe rechazarse la posibilidad de tales matemáticas. Si bien, siendo un juego
imaginario, someter su ley a la ley de la razón humana es pura cháchara. Pues si al final de la primera órbita nuestra bola ha multiplicado su dentidad por 10, y al término de la segunda órbita por 100, al de la tercera por 1.000, al de la cuarta por 10.000, al de la quinta por 100.000, al de la sexta por un millón, al de la sétptima por 10 millones, al de la octava por 100 millones, al de la novena por 1000 millones, y a la salida de la décima vuelta ya se ha subido su densidad a 10.000 millones de veces la densidad original, se entiende que quedando todavía 9.990 vueltas al término de la vuelta 9.999 la densidad de nuestra bola será igual a su peso, es decir: infinita.
¿Así que
dónde está la dificultad?
Bueno, tal
vez en la broma. No vamos a perder nuestro tiempo intentando levantar nuestra bola superdensa, pero sí sería
pasar un rato alegre retar a un gigante a levantar nuestra bola. Imaginémosnosle todo muerto de risa con esa risa de los ojos, mirándonos a
nosotros, los enanitos, con esa cara que dice sin hablar "¿pero estais tontos?"
Y he ahí que
le vemos disparar su brazo ciclópeo, y agarrar con su mano hercúlea nuestra bola
tonta, que tiene el diámetro que le corresponde a una bola de 1 kgm.
Y finalmente
herido en su orgullo por la alegría curiosa de estos enanitos con el poder de
un Dios por un día, nuestro gigante jura que moverá nuestra bola aunque tenga
que mover el universo entero en la búsqueda de la palanca que le permita
vencer el reto propuesto.
Y, cabezón
como él solo, comienza a revolucionar un mundo sujeto a la fuerza de sus
músculos en un principio, de tal manera que pone en acción y desarrollo una
tecnología de dominio de las fuerzas naturales, el resultado de cuyo control ha
de darle obtener el Poder que le permitirá demostrarnos que puede levantar
nuestra superbola.
El principio de irracionalidad que mueve su
revolución, sin embargo, estando obsesionado y su pensamiento fijo en un
objetivo concreto, no entrará a formar parte de la estructura de su
comportamiento consciente, y bajo la superficie
de su racionalidad su irracionalidad permanecerá oculta. Mas nosotros,
enanitos divinos, que conocemos la irracionalidad de su intento, lo dejamos
seguir buscando la palanca con la que moverá todo el universo.
Y mientras
dejamos a nuestro imaginario gigante "busca que busca la palanca con la que ha
de mover el universo", nosotros volvemos a nuestro ejercicio.
Digamos,
ya de camino, que este principio de
irracionalidad ha estado en la base del Comportamiento de la Edad Atómica,
cuyo eje psicológico de crecimiento orbitó alrededor de la Negación de Dios en
tanto que Creador del Cosmos a fin de justificar la Imposibilidad Manifiesta
del Descubrimiento de las Bases Físico-Matemáticas de la Superestructura
Cosmólogica en la "racionalidad de la inexistencia del problema", en
este caso Dios. La Teoría del Progreso a la que se agarró la Ciencia para
defender la "racionalidad" del principio
de irracionalidad que ha alimentado su comportamiento en el último siglo,
es, a estas alturas, una hipótesis pasada de moda. Sencillamente esa palanca
humanoide para mover el Universo no existe.
Nosotros,
el espectador, que conoce el secreto en la causa del por qué no pudo levantar
el simpático gigante nuestra superbola, volvemos a nuestro experimento
imaginario dispuestos a subir la complejidad un nivel más.
Nivel de complejidad 4
Subamos al
nuevo nivel de complejidad. Nivel Cuántico.
Vamos a suponer
que al término
de la primera órbita nuestra bola se dobla en una especie de partogénesis
cuántica, de manera que al inicio de la segunda órbita tenemos dos bolas. El
problema consiste en sujetar este crecimiento a la ley del
cuadrado y calcular el número de bolas que tendremos al final de las 10.000
vueltas.
La
progresión parece obvia: 2, 4, 8, 64, 4096...etcétera, etcétera. La igualdad
final será, de nuevo, el infinito tomando como realidad la estructura mental
humana.
Nivel de Complejidad 5
Hemos calculado al principio el número de órbitas desde la base del campo-acuático-galáctico hasta el punto de rotación astral. Después sujetamos nuestra "bola imaginaria" a una ley de partogénesis cuántica, de manera que al concluir la segunda órbita teníamos
cuatro. Y asi sucesivamente hasta descubrir el número infinito de bolas que tendríamos al
alcanzar el punto de rotación, donde este punto es igual a la última capa cuyo horizonte y su cuerpo forman una unidad, rotando sobre sí misma "nuestra bola imaginaria" a fin de completar el circuito sobre la última capa, que se corrresponde con la Base del Cono creado.
...una simple ecuación de progresión matemática. Cálculo infinitesimal simple y
sencillo. Así que vamos a complicar la incógnita. Y lo vamos a hacer
introduciendo el factor "tiempo".
Antes
calculamos el número "infinito" de bolas creadas a partir del número
de órbitas...cuando al final este número es el cuadrado del número de bolas al principio del recorrido de cada capa-orbital. Ahora vamos a calcular el tiempo en que nuestra bola imaginaria se
habrá transformado en un cuerpo de masa infinita. Y para hacerlo sujetamos el
movimiento a una velocidad estable, tal que la diferencia de peso y masa entre
las órbitas no hunda ni provoque el colapso del movimiento general.
Se
entiende que siendo menor el diámetro de la órbita posterior a la anterior la
diferencia de tiempo de recorrido entre dos órbitas será menor según baje de
órbita nuestro grupo.
¿Demasiado
sencillo tal vez?
Entonces
vamos incluir un grado de "complejidad extra" dentro del mismo nivel.
Vamos a
incluir en el proceso de creación de masa la ley cuántica por excelencia, que
dice que "la masa creada por un átomo" es igual o parecida a la diferencia de
energía donde se produce la discordancia electromagnética entre dos órbitas.
Traducido esto a nuestro ejercicio imaginario quiere decir que a menor
distancia entre el horizonte de una órbita y el centro de gravedad universal de
referencia el peso de cada bola creada, aunque sujeto el número a la ley del
cuadrado, será menor desde dentro hacia fuera en razón de la diferencia de
diámetros entre las capas orbitales.
Se ve que
si al final del recorrido total el número de bolas creadas por la ley del
cuadrado es infinito, por esta ley de discordancia electromagética se ve que el
factor tiempo provoca la creación de una generación cuántica final cuyo peso
será negativo, es decir, que, partiendo de la dimensión del campo original
estará más cerca o más lejos del Menos Infinito Absoluto. Pero que en nuestro
sencillo caso se puede calcular matemáticamente dado el valor del diámetro del
campo con el que hemos abierto este ejercicio.
Ahora
vamos a apostar fuerte transformando este kilómetro en años luz, donde un año
luz será igual a un centímetro.
Se ve que
si 1 km tiene 1000 metros y un metro tiene 100 cms, 1 Km es igual a 100.000
cms.
Ahora, si
nosotros ponemos 100.000 años luz donde pusimos 100.000 cms, campo gravitatorio
donde pusimos superficie líquida, y núcleo de energia cósmica donde pusimos
nuestra bola imaginaria, fuerza mayor nos ocupa y requiere que le devolvamos
los zapatos a su Dueño.
Y hecho,
procedemos a la transformación de todo el ejercicio.
Primero: Calcular, sobre un
campo gravitatorio de 100.000 años luz de diámetro, la serie total de
horizontes orbitales que debe superar un núcleo de energia cósmica hasta
alcanzar la base del cono gravitatorio cuando la diferencia de distancia entre
los horizontes es igual a un año luz.
Segundo: Tomando como peso del
núcleo cósmico la unidad atómica, calcular el peso final de este núcleo al
término del recorrido, si sujetando a la ley del cuadrado la multiplicación del
peso original durante el paso de un horizonte al siguiente.
Tercero: Siguiendo el mismo
esquema, calcular el número de núcleos que se habrán creado al final del
recorrido una vez sujeta la generación a la ley del cuadrado, sin hacer
intervenir aún la ley cuántica.
De donde
se verá que al término del recorrido habremos creado una galaxia de nucleos
cósmicos.
Cuarto: Introducimos la ley
cuántica y sin variar la ley del cuadrado sujetamos el peso de cada generación
sucesiva a la disminución referida, que será igual a la diferencia de distancia
entre los horizontes respecto al centro gravitatorio universal.
De donde
se verá que el núcleo principal será de diámetro solar en comparación a la
generación final al término de su recorrido.
Quinto: Calcular el tiempo
total de recorrido desde el horizonte externo al centro universal del campo
gravitatorio establecido cuando la velocidad de la luz es constante, y cuando
la velocidad de la luz está sometida a la ley del cuadrado.
Sexto: Calcular el tiempo que
un núcleo cósmico -elegido al azar por el sujeto- requerirá para alcanzar el
tamaño astrofísico cuando todos sus parametros estén sujetos a las leyes
referidas.
Séptimo: Calcular el valor del
Punto de Implosión Astrofísica alcanzado el cual la creación de masa se
transforma en creación de luz.
Estas son
todas Ecuaciones que pertenecen a la Ciencia de la Creación, con las que Dios
juega a voluntad y forman la base de su Dominio Absoluto e Infinito de la
Creación de Galaxias y Edificios Astrofísicos tipo nuestra Vía Láctea.
CR
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