Político
etíope, jefe de Estado de este país desde 1977
a 1991, a veces llamado Negus Rojo.
La conquista del poder
Militar
de ideología marxista, tras luchar en la guerra secesionista
de la provincia de Eritrea se convirtió en uno de los
dirigentes del golpe de Estado que canalizó el descontento
popular y destronó al Negus
Haile Selassie I en 1974. Este golpe de Estado fue auspiciado
por dos partidos marxistas: el PRPE (Partido Revolucionario
del Pueblo Etíope) y el MEISON (Movimiento Socialista
Panetíope). Mengistu
clamó públicamente contra los enemigos de la revolución
y dio paso una purga rigurosa que diezmó las filas del
PRPE. Con la colaboración del MEISON organizó
milicias armadas que clausuraron las universidades y dieron
caza, captura, tortura y muerte a todo disidente catalogado
como tal por el gobierno o por el Movimiento Panetíope.
El depuesto Negus fue estrangulado por orden de Mengistu el
27 de agosto de 1975 con un cordón de nylon que se haría
tristemente famoso con el apodo de Pajarita de Mengistu. El
verdugo se situaba a la espalda y tirando con fuerza en sentido
opuesto de los cabos del cordón rompía la tráquea
al reo, que fenecía en la peor de las asfixias. El cadáver
del Negus Haile Selassie fue disuelto en ácido y sus restos enterrados
bajo el retrete del despacho de Mengistu, de donde fueron exhumados
en 1991.
El
MEISON se conviritó en el siguiente objetivo de Mengistu.
Comenzó ajusticiando a Atnafú Abate, antiguo correligionario
suyo y participante entusiasta en la limpieza del PRPE, para
continuar con la persecución sistemática y asesinato
de los partidarios del MEISON. A falta de las voluntariosas
milicias panetíopes, Mengistu se valió se unos
escuadrones de la muerte creados a tal efecto, que dependían
directamente de la Seguridad del Estado y de su persona. El
terror revolucionario se alargó más de tres años,
hasta mediados de 1977, año en que pasó a encabezar
el Consejo Militar Administrativo Provisional (DERG), luego
de un nuevo golpe de Estado en el que perdió la vida
Tafari Benti, quien estaba al frente del DERG en ese momento. Lanzó
en ese momento lo que el gobierno etíope denominó
una Campaña de Terror Rojo para eliminar a sus oponentes;
ese mismo año estableció un régimen comunista
que recibió el pleno respaldo de soviéticos y
cubanos. Aplicó una política represiva de torturas,
asesinatos y desapariciones, que practicó una indiscriminada
violencia contra la población rural, especialmente en
Eritrea y Tigray. El secretario mundial de Save the Children
afirmaba que ...han sido asesinados un millar de niños
y sus cuerpos yacen en las calles presa de las hienas errantes
(...) Pueden verse los cuerpos amontonados de niños asesinados
(...) en el arcén de la carretera de salida de Addis
Abeba...
Política económica
Como
herencia del régimen feudal de Haile Selassie, principal
aliado de Estados Unidos en la zona, Etiopía era uno
de los países más pobres del mundo. De 25 millones
de habitantes, sólo 4 podían hacer efectivo su
derecho a voto. No había partidos políticos y
se necesitaba de la aprobación imperial para llevar a
cabo cualquier acción gubernamental. La mayor parte de
las tierras estaban en posesión del emperador, la nobleza
y la Iglesia, que en ocasiones exigían unos tributos
exorbitados. Si el Imperio de Etiopía tenía un
inmenso prestigio externo, como líder del movimiento
panafricano, en el interior los azotes periódicos de
la sequía, las consiguientes hambrunas y una modernización
frustrada habían puesto al Negus en la cuerda floja en
más de una ocasión.
El
nuevo gobierno de la joven República de Etiopía
presidido por Mengistu, procedió a una socialización
forzosa de la economía etiope. Apenas cuatro meses después
del destronamiento del Negus, el Derg, dirigido con mano de
hierro por Mengistu, nacionalizó la banca y los seguros.
Poco después arremetió contra la propiedad, prohibiendo
por ley la posesión de tierras y limitando a un bien
por familia la propiedad inmobiliaria. Cualquier ciudadano que
poseía, ya fuese por herencia, ya por adquisición,
más de un inmueble fue automáticamente expropiado
por el Estado. Todo ello derivó en un enorme descontento
popular, en una feroz campaña de represión política
y en las guerras de Ogadén y Eritrea.
El
tradicional reparto de la tierra en Etiopía se organizaba
alrededor de dos regímenes de tenencia. El Rist centrado
en torno a los clanes familiares y el Gult, tierras de concesión
estatal, es decir, imperial. El Rist formaba la columna vertebral
del campo etiope, constituía el núcleo esencial
de la sociedad rural regulada alrededor de la familia. La proscripción
de la propiedad rústica dejó a esta masa inmensa
de campesinos al albur de las decisiones gubernamentales. Peor
aun fue la expropiación de las tierras regidas por el
Gult. Millones de campesinos y sus familias pasaron a depender
del Estado que, al menos oficialmente, se hacía cargo
de los latifundios antes regidos por terratenientes. La nacionalización
del Gult provocó un colosal éxodo de hambrientos
desposeídos de lo único que tenían: su
fuerza de trabajo. La implantación de las Granjas Estatales,
colectividades al modo soviético, fue un fracaso casi
desde el primer día. A su mala gestión interna
se sumó el hecho de que muchos etíopes, en especial
de etnias conflictivas como los Oromo, fueron forzados a trabajar
en ellas en condiciones rayanas a la esclavitud. La socialización
de la economía transformó al Estado en el único
demandante de excedentes agrícolas. Los precios eran
fijados desde un gabinete ministerial y, por supuesto, no se
correspondían con los de mercado. El campesinado se veía
obligado a pagar más por las semillas en el mercado negro
de lo que recibía del Estado por el producto final. Muchas
familias campesinas hubieron de vender su magro patrimonio,
que las más de las veces se limitaba a una choza y un
par de cabezas de ganado víctima del agostamiento de
los campos, para hacer frente al afán recaudador del
gobierno. La llegada de la sequía empeoró el desastre,
y el número de muertos rondó el millón
largo.
Mengistu
acusó a la comunidad internacional de no hacer nada para
evitar la catástrofe debida a la sequía. Tras
un documental de la BBC y varios macroconciertos benéficos,
Mengistu utilizó el impresionante caudal de donativos
recibidos para comprar armas y traslada a la población
de las zonas del norte del país, con objeto de aislar
los grupos secesionistas del norte. Quienes se negaban a abandonar
sus tierras no recibían las provisiones enviadas por
Occidente. Organizaciones
internacionales como Médicos sin Fronteras fueron declaradas
non gratas por el gobierno de Mengistu y vituperadas en Occidente.
La administración Reagan, que clamó que la petición
de ayuda cursada por el gobierno etíope era un ardid
para captar fondos, fue tachada de capitalista, infame, reaccionaria
y de enemiga de la humanidad.
Organización
del Nuevo Estado
Dada
la ausencia de una formación política de carácter
nacional, se creó una comisión para la organización
de un partido único, el Partido de los Trabajadores de
Etiopía (PTE), que finalmente fue establecido en 1984,
con Menghistu como su Secretario General. Tres años más
tarde, en 1987, fue aprobado en plebiscito por el 81% de los
sufragios la primera Constitución del país. En
la Constitución se aprobaba el papel del PTE como "fuerza
directiva de la sociedad" y se establecía la convocatoria
de elecciones al Shengo (Asamblea Nacional) las cuales se celebraron
ese mismo año y cuyos candidatos no necesitaban ser miembros
del PTE. Mengistu fue elegido por el Shengo Presidente de la
nueva república recién constituida. Durante todo
este periodo, el gobierno de Mengistu hubo de afrontar gran
número de dificultades.
Conflictos
y caída
Con
la asistencia de la Unión Soviética y Cuba, que
enviaron soldados y abundante material militar, la Etiopía
de Mengistu reprimió los movimientos indpendentistas
de Ogadén y Eritrea. Si la campaña de Ogadén
se saldó con éxito, en Eritrea, el ejército
etíope se empantanó ante las guerrillas eritreas,
determinadas a resisitir ante la extrema crueldad de la que
hicieron gala Mengistu y sus aliados. Con
la evacuación de los soldados cubanos, y cortada la ayuda
militar y económica de la Unión Soviética,
el ejército etíope perdió todo el territorio
ganado en Eritrea. En 1988 el renovado Frente Popular de Liberación
de Eritrea se apoderó de la ciudad de Afabet y destruyó
tres divisiones enteras del ejército de Mengistu. En
1990, lidiando ya con la subversión interna los rebeldes
conquistaron el estratégico puerto de Masaua. Al año
siguiente la movilización fue completa, y hasta se cerraron
los escasos colegios e institutos para que hasta los niños
acudiesen al frente a defender la causa de Mengistu. En febrero
cayeron Gondar y Gojam las últimas ciudades eritreas
en poder del gobierno y apenas cuatro meses después,
el 28 de mayo, Mengistu asediado dentro y fuera de la capital
por sus propios compañeros de partido, solicitó
a su amigo Robert Mugabe asilo político y se exilió
en Zimbabwe. Su
régimen acabó con la vida de un mínimo
de 750.000 personas. Los intentos de los posteriores gobiernos
etíopes de conseguir su extradición por genocidio
han fracasado hasta el momento.
Condenado
por genocidio el ex dictador etíope Mengistu Haile Mariam
tras 12 años de juicio |