En 1966, al año de iniciar estudios en la
Escuela Universitaria de Addis Abeba, se unió al Frente
de Liberación de Eritrea (FLE), guerrilla fundada en
1960 y que desde 1961 combatía al régimen del
negus Haile Selassie para obtener la independencia del territorio.
En 1962 el negus declaró nula la federación
etíope-eritrea y el país fue anexionado como
una provincia más del Imperio etíope. Tras recibir
entrenamiento militar en China, en 1968 Afeworki ascendió
a jefe de área regional del FLE y en 1970 pasó
a comandar una unidad de combate.
En 1977, coincidiendo con la toma del poder absoluto
en Addis Abeba por el coronel Mengistu Haile Mariam (hombre
fuerte de la dictadura militar revolucionaria que había
derrocado a Haile Selassie tres años atrás),
Afeworki se unió al Frente Popular de Liberación
de Eritrea (FPLE), guerrilla escindida del FLE en 1972 y de
tendencia marxista -paradójicamente la misma ideología
profesada por Mengistu-, y fue designado vicesecretario general
del mismo.
En 1987 se convirtió en secretario general
del FPLE, que, aliada con otras guerrillas, proseguía
una lucha que por el momento ningún bando lograba inclinar
decisivamente a su favor. Ahora bien, para 1987, fracasados
los últimos intentos de negociación, la guerrilla
eritrea tenía el control del 90% de la región,
es decir, sólo estaba expulsada de los más importantes
centros urbanos.
A partir de 1988 las circunstancias internacionales
jugaron, empero, en contra del régimen de Addis Abeba
y en febrero de 1991, después de conquistar Afabet
y el puerto de Massawa en el norte, el FPLE lanzó la
embestida definitiva. A finales de mayo liberó otra
ciudad costera importante, Asab, y la capital, Asmara, completando
el dominio sobre toda Eritrea. Con el colapso del régimen
de Mengistu y la entrada en Addis Abeba del Frente Democrático
Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), principal
fuerza guerrillera con la que el FPLE se había coordinado
eficazmente, el 29 de mayo Afeworki constituyó un gobierno
provisional en Asmara y procedió a una reorganización
administrativa con vistas a una rápida independencia,
que vendría a culminar tres décadas de lucha
por la liberación nacional.
El Gobierno de Addis Abeba presidido por Meles
Zenawi, líder de la guerrilla no secesionista de
Tigré que componía el grueso del FDRPE, se mostró
comprensivo con las aspiraciones eritreas y facilitó
una separación no traumática que de hecho ya
había sido pactada durante la guerra civil.
Aprobada en el referéndum de los días
23 a 25 de abril de 1993 con el 95% de los votos, la independencia
se proclamó el 24 de mayo siguiente y a continuación
Afeworki fue elegido presidente del Estado por la Asamblea
Nacional constituida en febrero de 1992. Pese a las promesas
de implantar un sistema multipartidista, el FPLE retrasó
cualquier compromiso sobre el particular y en febrero de 1994
se transformó en un Frente Popular para la Justicia
y la Democracia (FPJD), desprendido ya de la ideología
comunista (el marxismo fue formalmente removido de la doctrina
del FPLE ya en 1987) y virtualmente convertido en el único
partido legal.
Su Gobierno tuvo que afrontar los abrumadores problemas
derivados de la ruina posbélica y de una economía
basada en la agricultura de subsistencia, muy dependiente
de la asistencia exterior, y centró sus expectativas
en las capacidades comerciales del país, tanto de mercancías
propias como de países privados de salida al mar.
Al principio Afeworki mantuvo excelentes relaciones
con los dirigentes etíopes, con los que compartía
la enemistad hacia Sudán, antigua aliada en la lucha
guerrillera. Tras algunos choques fronterizos Afeworki, dispuso
la ruptura de relaciones en diciembre de 1994 y pasó
a sostener activamente a las guerrillas que combatían
al régimen islámico-militar de Jartum. Con Yemen
tuvo lugar un enfrentamiento bélico en diciembre de
1995 por la soberanía de Gran Hanish, estratégico
islote en el Estrecho de Bab al Mandab, en la entrada al Mar
Rojo, que alcanzó una solución arbitrada en
octubre de 1996 (en diciembre de 1999 el Tribunal Internacional
de La Haya dictaminó en favor de Yemen).
En la reordenación geopolítica de África
Oriental y Central, iniciada con la crisis rwandesa de 1994,
Eritrea se alineó con Etiopía, Uganda, Rwanda,
Burundi y Angola en lo que se quiso ver la punta de lanza
de los renovados intereses de Estados Unidos, viejo proveedor
de las guerrillas eritreas, en una zona tradicionalmente tutelada
por Francia. Afeworki visitó este país del 15
de enero al 5 de febrero de 1995 y del 25 de abril al 3 de
mayo de 1998, cuando fue recibido por el presidente Bill Clinton.
No obstante, 1998 trajo un replanteamiento total
de la posición eritrea, en buena parte debido al nacionalismo
puntilloso impuesto por Afeworki. La entrada en circulación
en noviembre de 1997 de una moneda propia, el nafka, en sustitución
del birr que hasta entonces había compartido con Etiopía,
arruinó las provechosas relaciones comerciales con
el país vecino, que prefirió usar en la mayoría
de las transacciones divisas fuertes, con el consiguiente
encarecimiento de los costes, y canalizar sus flujos hacia
Djibouti.
Además de esta situación económica
enrarecida, surgió una crisis territorial por la soberanía
de las regiones de Badame y Shiraro, dentro del nunca satisfactoriamente
delimitado triángulo de Yirga, unos 400 km² de
tierras áridas sin valor agrícola o mineral.
Con la ocupación militar eritrea de la zona a principios
de mayo las escaramuzas condujeron, desde el 5 de junio, a
operaciones bélicas abiertas y, sin solución
de continuidad, a una guerra a gran escala.
Este extremadamente mortífero conflicto, considerado
insólito y estéril por la comunidad internacional
al protagonizarlo dos de los países más depauperados
del planeta, registró diversas fases de intensidad
y resistió durante dos años todos los intentos
de mediación al negar el Gobierno de Afeworki que hubiese
iniciado la ofensiva en Badame y exigir a Etiopía igual
retorno a las posiciones anteriores al inicio de los combates.
En marzo de 1999 el Ejército etíope arrebató
Badame al eritreo y el 12 de mayo de 2000 lanzó una
ofensiva general, cuya progresión hasta las cercanías
del puerto de Asab forzó a Afeworki a aceptar, el 9
de junio, el plan de paz de la Organización para la
Unidad Africana.
Firmado por los respectivos ministros de Exteriores
en Argel el 18 de junio, el documento estipulaba un alto el
fuego, la separación de los contendientes y el despliegue
de una fuerza de paz de la ONU, hasta la demarcación
de las fronteras internacionales. Los pacificadores internaciones
se interpondrían básicamente en territorio eritreo
a lo largo de una franja de 25 km, y de hecho Etiopía
se reservó no evacuar sus tropas de sus posiciones
en el interior de Eritrea, que excedían con creces
el área disputada, en tanto la ONU no completase su
despliegue.
Claramente el más perjudicado en esta guerra,
en lo material y en lo estratégico, Afeworki apostó
por el frente bélico hasta que advirtió que
su curso tomaba, no ya un signo desfavorable para las armas
eritreas, sino la forma de una amenaza directa para su propio
régimen. Pero, al igual que las autoridades etíopes,
aprovechó el conflicto para reafirmar una unión
nacional amenazada por separatismos emergentes y para silenciar
a la escasa disidencia interna.
Por otro lado, Eritrea, aunque maltrecha, salió
de la contienda reconciliada con Sudán, con cuyo presidente,
el general Umar al-Bashir, Afeworki firmó el 2 de mayo
de 1999 en Qatar la restauración de las relaciones
diplomáticas, para lo que resultaron decisivos los
buenos oficios del líder libio Muammar al-Gaddafi.