Hafez al-Assad
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06 de
Octubre de 1930, Qardahah-10 de Junio de 2000,Damasco
Presidente
de la República de Siria
22 de
Febrero de 1971 - 10 de Junio de 2006
Procedente de una familia
campesina tradicional y mayor de ocho hermanos, pertenecía a la minoría
religiosa alauí. Los alauís, como los drusos de Líbano, constituyen una
subsecta de la secta shií ismailí. Su heterodoxia doctrinal, con influencias
del cristianismo sirio y el politeísmo preislámico, así como un cierto
esoterismo en la práctica de la fe, han mantenido a este grupo alejado del
sunnismo mayoritario en Siria y del shiísmo Izna Ashari (duodecimanos),
dominante en Irán.
1. Militar y baazista
Esta marginación, con acusaciones
de herejía e incluso de paganismo, generó entre los alauís sirios un fuerte
sentimiento de confianza mutua y de lealtad a la comunidad, típicos de todo
colectivo endogámico y sectario. Entre 1925 y 1936 existió incluso un autoproclamado
Estado alauí con centro en Latakia.
El joven Assad comenzó su
aprendizaje en la escuela coránica de Qardahah y luego inició su educación
primaria en una escuela de Latakia. Influenciado por su padre, buen conocedor
de las tradiciones e historia de su comunidad y activo en el nacionalismo
antifrancés, Assad (nombre que significa en árabe león, y que adoptó en su
adolescencia) empezó a mostrar inquietudes políticas mientras cursaba la
secundaria en aquella ciudad portuaria y actuaba como dirigente estudiantil.
En 1946, año de la retirada de
los franceses y del acceso de Siria a la plena independencia, Assad se afilió
al Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baaz), histórico adalid de la
unidad árabe fundado en 1934 por el cristiano ortodoxo Michel Aflak y el
musulmán sunní Salah ad-Din Bitar, que precisamente en 1946, en el mes de
abril, celebró su primer congreso.
Tras completar la secundaria en
Latakia, Assad se decantó por la carrera de las armas, para los de su clase el
único medio de acceso a puestos de una mínima relevancia. Desde 1952 recibió su
instrucción en la Academia Militar de Homs y luego pasó a la Academia de la
Aviación de Aleppo, en la que se graduó, con el rango de teniente, como piloto
de combate (al parecer muy diestro, ya que se especializó en acrobacias aéreas)
en 1955.
Como militante a tiempo completo
del Baaz, en 1952 tuvo algunas dificultades con el Gobierno militar de Adib
ash-Shishakli. Éste ilegalizó al Baaz, pero luego éste se alió con otros
partidos en un frente progresista que consiguió derrocar al dictador en febrero
de 1954 y permitió la restauración del régimen parlamentario bajo la jefatura
de Shukri al-Quwwatli, un simpatizante de la revolución egipcia. Promovido a
comandante de escuadrón, Assad siguió cursos de capacitación en Egipto, donde
el régimen nacionalista de Gamal Abdel Nasser estaba en su apogeo, y en la
URSS.
Entre 1958, año en que se casó
con su esposa de por vida, Anissa, una maestra de escuela de superior
extracción social, y 1961, que cerró el trienio de existencia de la República
Árabe Unida (RAU) entre Egipto y Siria, Assad estuvo destacado en El Cairo en
un escuadrón de cazas y en Suez como oficial de enlace, pero la experiencia le
decepcionó al constatar el autoritarismo y el hegemonismo egipcios. Assad
organizó secretamente un núcleo conspirativo con otros cuatro oficiales - todos
alauís - denominado Comité Militar Baazista.
Cuando en diciembre de 1961 un
gobierno de civiles derechistas llegó al poder en Damasco y separó a Siria de
la RAU, Nasser ordenó el arresto del grupo de Assad bajo la acusación,
infundada, de haber tomado parte en el golpe que condujo a la defección siria.
Tras pasar casi dos meses en una prisión militar egipcia, Assad retornó con sus
compañeros a Siria, donde las autoridades, recelosos de su historial, le
apartaron del Ejército y le relegaron a un puesto burocrático en el Ministerio
de Transportes.
2. Pugna por el poder en el partido
Decidido por la solución de
fuerza, desde la clandestinidad el Comité Baazista de Assad se alió con
oficiales nasseristas y apolíticos del Ejército para derrocar al impopular
Gobierno de Nazim al-Qudsi. El golpe revolucionario militar del 8 de marzo de
1963 marcó la toma del poder por el Baaz, que rápidamente se deshizo de los nasseristas
y constituyó un Mando del Consejo Nacional Revolucionario (MCNR) o junta
militar.
Assad se reintegró en las Fuerzas
Armadas y su carrera militar experimentó una progresión fulgurante, siendo
sucesivamente promovido a mayor, a coronel y, en 1964 a general de Aviación. El
8 de marzo de 1965 fue nombrado comandante en jefe del Ejército del Aire. Assad
se valió del escalafón castrense para influir decisivamente en el terreno
político, valiéndose de un servicio privado de inteligencia para conocer los planes
de sus aliados y sus enemigos.
Aunque el Baaz tenía el poder
absoluto del Estado, surgieron dos grandes tendencias en su seno: los
nacionales de Bitar y Aflak, ideológicamente moderados y apegados al ideal un
tanto utópico de la unidad árabe, y los regionales, en su mayoría oficiales
jóvenes radicalizados partidarios de conceder prioridad a la construcción de
una Siria socialista y nacionalista. El grupo de Assad se alineó con los
últimos, pero sin comprometerse claramente.
Para 1966 las luchas de poder en
el seno del Baaz llegaron a un punto de no retorno y el 23 de febrero el
general Salah al-Jadid, conspicuo miembro del MCNR, encabezó un golpe de Estado
contra su presidente y jefe nominal del Estado, Amin al-Hafez, quien se había
apoyado en los líderes históricos del partido. Las fuerzas de Jadid
consiguieron imponerse tras sangrientos enfrentamientos con los leales de
Hafez, en lo que resultó decisivo la negativa de Assad a movilizar la Fuerza
Aérea a su favor. En recompensa a su posicionamiento implícito, Assad fue
nombrado por Jadid ministro de Defensa.
No obstante, no tardó en saltar
la rivalidad entre ambos hombres. Assad colocó a elementos de confianza de las
comunidades drusa y alauí (a la que, empero, Jadid también pertenecía) en
puestos clave para reforzar su base de poder. Como cabeza visible del ala
militar y nacionalista del Baaz, se opuso a la política aplicada por el
presidente civil Nur ad-Din al-Atassi, marxistizante y más atenta a la
construcción de un Estado socialista en lo económico, así como radicalmente
antiisraelí en política exterior.
Cuando sucedió el desastre
militar de junio de 1967 ante el Ejército israelí, que arrebató a Siria los
Altos del Golán y temporalmente ocupó la ciudad de Kuneitra, Assad, con su
habilidad inveterada, no sólo sorteó la lluvia de críticas que con toda lógica,
dada su condición de principal responsable militar, le correspondían, sino que
convirtió la derrota en un nuevo ariete contra Atassi y Jadid.
A continuación surgió un nuevo
motivo de enfrentamiento con Jadid al querer Assad una pausa estratégica,
reconstruir el malparado Ejército y mejorar las relaciones con los demás países
árabes, en la creencia de que todo unilateralismo sólo traería perjuicios para
el ideal panárabe, pero fundamentalmente para el aparato militar sirio. Para
1969 la fracción de Assad, con sus movimientos de tropas y expresiones de
fuerza, funcionaba como un verdadero contrapoder.
La fallida intervención militar
en Jordania en septiembre de 1970, en apoyo de los palestinos que luchaban con
el Ejército real, aventura a la que Assad denegó la cobertura área y que además
trajo una serie de posicionamientos extremos muy criticados por los gobiernos
moderados de la región, precipitó los acontecimientos. No sería la primera vez
que Assad se manifestó hostil ante los palestinos. El 16 de octubre, asegurado
el control del Ejército, obligó a Atassi a dimitir, pero el movimiento no fue
reconocido por el Baaz, que a comienzos de noviembre contraatacó expulsándole
de la dirección del partido.
Seguro de su posición de fuerza,
el 13 de ese mes Assad completó su acto: disolvió la jefatura civil del Baaz,
arrestó a sus oponentes, entre ellos Jadid y Atassi, -les aguardaban largos
años de cárcel (aquel murió en 1993 sin conocer la libertad) o exilio (en el
caso del último, fallecido en Francia en 1992)-, asumió la Secretaría General
del Baaz y se hizo con todo el poder al frente de un Consejo Revolucionario. El
denominado Movimiento Corrector supuso el undécimo golpe de Estado desde la
independencia en 1946, pero, a diferencia de otros, fue incruento.
3. Organizador de un sistema monolítico
El 18 de noviembre un político
casi desconocido, Ahmad al-Jatib, maestro de escuela de profesión, fue nombrado
presidente de la República y tres días después Assad tomó el cargo de primer
ministro de un Gobierno frentista que unía a "todos los elementos
progresistas" de la revolución siria.
El 22 de febrero de 1971 Jatib
cesó y Assad se convirtió en jefe del Estado en funciones. El 12 de marzo la
candidatura presidencial de Assad se sometió a un plebiscito y quedó
oficializada con un 99,2% de los votos favorables, tomando posesión del puesto
dos días después. El 14 de mayo, en su primera reunión, el nuevo Mando Regional
del Baaz le eligió secretario regional del partido y en agosto siguiente la XI
Conferencia Nacional le eligió secretario general. El 3 de abril se desprendió
de la jefatura del Gobierno en favor de Abdul Rahman Khleifawi.
El marco de legitimación
institucional se basó en un Frente Nacional Progresista (JWW), creado
formalmente en 1972, integrado por el Baaz como partido dominante y otras
formaciones menores: el Partido Comunista, la Unión Socialista Árabe, el
Movimiento de Unidad Socialista, el Partido Socialista Árabe y el Partido
Democrático Unionista Socialista. Este estrecho cuadro (todas las demás fuerzas
políticas son ilegales) se mantiene vigente hasta nuestros días. El JWW obtuvo
invariablemente la mayoría absoluta en las elecciones legislativas del 25 de
marzo de 1973 (primeras desde 1962), 1 de agosto de 1977, 10 de febrero de
1986, 22 de mayo de 1990, 23 de agosto de 1994 y 30 de noviembre de 1998.
En las últimas ediciones
electorales, el régimen permitió que candidatos teóricamente independientes ocuparan
una parte substancial de la Asamblea Popular. Así, en los comicios de 1998, de
los 250 escaños de la Asamblea Popular 167 quedaron reservados para el JWW (de
los cuales 135 fueron para el Baaz) y 83 para los candidatos no adscritos.
Por su parte, Assad se sometió a
reelecciones rituales cada siete años: el 23 de enero de 1978, el 10 de febrero
de 1985, el 2 de diciembre de 1991 y el 10 de febrero de 1999. En tanto que
único candidato, obtuvo siempre el 99% de los votos. Concretamente en la edición
de 1999, las autoridades informaron sin pudor que el presidente había sido
reelegido con el 99,99% de los votos y con una participación del 99% del censo,
cifras que baten todos los récords mundiales de unanimidad electoral.
El 12 de marzo de 1973 Assad hizo
aprobar en referéndum una Constitución que definía al país como una República
socialista, democrática y popular, pero no islámica, en indicación del carácter
estrictamente laico de su régimen. Asimismo, procedió a orientar la economía
desde la planificación de tipo comunista, tanteada en el quinquenio 1966-1971,
a otros mixtos, que sólo muy tímidamente adoptaron años más tarde algunas
pautas de mercado.
4. Pieza clave en la política regional
Actor principal en tres décadas
de historia de Oriente Próximo trufadas de acontecimientos, Assad fue el
paradigma del disimulo y la sutileza al servicio de su perpetuación en el
poder. Sus constantes cambios de alianzas y su varianza de rostros políticos
ante Occidente (de padrino de terroristas en los años setenta y ochenta a
aliado estratégico en los noventa) deben enmarcarse en una estrategia de
adaptación a las circunstancias al servicio de una idea central: la
salvaguardia de los intereses de Siria en tan volátil área y su promoción como
una potencia media con derecho a un área de influencia.
La nueva política de pragmatismo
exterior permitió ya a Assad el 27 de noviembre de 1970, nada más tomar el
poder, anunciar la adhesión de Siria al proyecto de federación que estaban
fraguando Egipto, Libia y Sudán. Mediante numerosos encuentros trilaterales con
los dirigentes de los primeros países, Anwar as-Sadat y Muammar al-Gaddafi,
respectivamente, la Federación de Repúblicas Arabes recibió sucesivas fechas de
puesta en marcha, pero, como tantos proyectos panarabistas antes y después, no
prosperó, en parte por que el rígido secularismo de Assad chocaba con el
mesianismo político-religioso del inquieto coronel libio. En 1972 Siria excusó
su participación en la proyectada fusión de los estados.
Lo cierto es que Assad acusó un
renovado prosovietismo (el mismo que antes reprochara al dúo Jadid-Atassi),
justo cuando Sadat cortaba amarras con la URSS y Gaddafi hacía gala de un
anticomunismo visceral. El dirigente sirio realizó varias visitas a Moscú,
siendo la más relevante la del 8 de octubre de 1980, cuando firmó con Leonid
Brezhnev un Tratado de Amistad y Ayuda Militar de 20 años de validez, que
confirmaba a Siria como principal aliado de la URSS en la región y le
garantizaba un suministro de armas absolutamente vital para la deseada
"paridad estratégica" con Israel.
La alianza con Egipto en la
guerra contra el Estado judío, en octubre y noviembre de 1973, permitió
recuperar el nivel de relaciones de los tiempos de la RAU, pero Siria no sólo
no recobró el Golán perdido en 1967, sino que el Ejército israelí llegó a los
arrabales de Damasco, de donde sólo se retiró tras la firma de un alto el fuego
el 31 de mayo de 1974 por mediación de Estados Unidos.
Assad, que había restablecido las
relaciones con este país (luego de la ruptura en la guerra de los Seis Días)
durante su histórico encuentro con Richard Nixon en Damasco el 15 de junio de
1974, no obstante se negó a iniciar negociaciones para un acuerdo de paz con
Israel, como estaba haciendo Sadat. La ruptura definitiva se produjo el 5 de
diciembre de 1977 con motivo de su espectacular viaje a Israel del 19 de
noviembre. Assad no perdonó a Sadat este unilateralismo, que, a sus ojos,
debilitaba dramáticamente la causa de la restitución global de los territorios
ocupados y revelaba los verdaderos motivos egipcios de la agresión conjunta a
Israel en 1973.
Las relaciones con la Jordania
del rey Hussein alternaron también momentos de amistad con graves recaídas. El
3 de julio de 1971 Siria se unió a otros países árabes progresistas y rompió
relaciones con Ammán en protesta por la represión de los palestinos, pero el 11
de septiembre de 1973 tuvo lugar la reconciliación en la conferencia de El
Cairo.
En 1980 el apoyo de Assad a Irán
en su guerra contra Irak, donde gobernaba desde 1968 una rama rival del Baaz y
con el que las relaciones no habían hecho más que empeorar desde la guerra de
Yom Kippur, justo al revés de los tratos de Bagdad con la monarquía hachemí,
situó la hostilidad sirio-jordana al borde la guerra. El 5 de mayo de 1986, con
la visita de Assad a Ammán (primera desde 1977), las relaciones quedaron
restablecidas de manera definitiva.
Pero fue la larga y compleja
guerra de Líbano a la que Assad más debió su renombre internacional. En un
primer momento envió sus tropas, el 12 de abril de 1976, para impedir una
inminente derrota cristiana ante los palestinos y sus aliados de la izquierda
musulmana local, pero la reacción unitaria del mundo árabe a la
"defección" egipcia le indujo, a partir de febrero de 1978, a
volverse contra sus aliados de la víspera, los cristianos maronitas, y a
gestionar nuevos apoyos en el campo cristiano moderado y potencialmente
prosirio.
El Ejército sirio, remiso al
enfrentamiento directo con el temible Ejército israelí cuando éste invadió
Líbano en junio de 1982 (se produjeron algunas escaramuzas terrestres y
batallas aérea, en las que llevó la peor parte) y con la asistencia de la
milicia shií de Amal, se lanzó en 1983 a la destrucción de los fedayines de la
OLP, organización que obstaculizaba la ambición de Assad de colocar al país de
los cedros bajo su égida, lo que supuso la segunda y definitiva partida de
Yasser Arafat de sus bastiones libaneses el 20 de diciembre de aquel año.
En septiembre de 1982 llegó al
torturado país una Fuerza Multinacional compuesta por tropas de Estados Unidos,
Francia e Italia como reacción a la masacre de civiles palestinos en los campos
de Sabra y Shatila perpetrada por los falangistas con la anuencia israelí,
contingente que terminó por cubrir la retirada de Arafat. Pero el dirigente
damasceno y su aliado local, Nabih Berri, jefe de Amal, lo consideraron como un
refuerzo de la presencia occidental, potencialmente favorable a Israel, en la
zona.
Una organización de shiíes
jomeinistas, Hezbollah (Partido de Dios), creada por Irán en 1982 para extender
su influencia en Líbano, sirvió también a los intereses de Siria, y entre abril
de 1983 y septiembre de 1984 cometió una serie de mortíferos atentados suicidas
contra instalaciones militares y diplomáticas de Estados Unidos y Francia.
Este terrorismo indiscriminado
que contó sin lugar a dudas con el aval de Assad, no sólo consiguió la
evacuación de las tropas occidentales, sino que propició un realineamiento del
Gobierno libanés que devolvió a Siria la hegemonía definitiva sobre su pequeño
vecino: en marzo de 1984 Assad consiguió, a través de sucesivas entrevistas,
que el presidente Amin Gemayel, maronita falangista, anulara el tratado de paz
adoptado con Israel de mayo de 1983.
Tras firmar en 1987 el cese de
hostilidades con la izquierda libanesa y los palestinos de Arafat, a quien
recibió en visita reconciliadora el 25 de abril de 1988, el 22 de octubre de
1989 Damasco apadrinó los acuerdos de paz de Ta'if, cuya aplicación se
aseguró tras el aplastamiento por las tropas sirias en octubre de 1990 de la
resistencia cristiana del general Michel Aoun. El 22 de mayo de 1991 Assad
suscribió con su protegido y homólogo libanés, Élías Harawi, un Tratado de
Hermandad, Coordinación y Cooperación que consagraba al recién pacificado país
como un protectorado sirio de hecho y vigilado por 35.000 soldados de
ocupación.
Precisamente, la aparatosa
participación siria en Líbano en 1976 marcó un fuerte deterioro en las
relaciones con el régimen irakí de Hassan al-Bakr. El 26 de octubre de 1978
Assad realizó a Bagdad un desplazamiento que levantó bastantes expectativas, y
el 29 de enero de 1979, al calor del Frente de la Firmeza árabe contra Sadat,
el vicepresidente irakí, Saddam Hussein, le devolvió la visita en Damasco con
el objeto de estudiar la unificación de los respectivos mandos regionales del
Baaz. Este último intento de reconcilición quedó abortado luego de asumir
Saddam todo el poder en Bagdad, en julio de 1979. El 10 de octubre de 1980 las
relaciones diplomáticas quedaron rotas y el 8 de abril de 1982 Siria cerró las
fronteras con Irak.
El triunfo de Siria en Líbano
coincidió con la superación de su aislamiento internacional. A la tradicional
amistad con Libia e Irán se sumaron los restablecimientos de relaciones
diplomáticas con Marruecos (9 de enero de 1989) y Egipto (27 de diciembre de
1989), en el segundo caso seguidas de un intercambio de visitas, primeras desde
1977, con el rais Hosni Mubarak en 1990, así como la normalización con Arabia
Saudí.
A partir de los primeros años
noventa, los gobiernos de Damasco, El Cairo y Riad colaboraron estrechamente en
el mantenimiento del statu quo en el golfo Pérsico y las relaciones personales
entre Assad y Mubarak llegaron a ser excelentes. El 29 de diciembre de 1994 los
dos presidentes celebraron en Alejandría una cumbre tripartita con el rey saudí
Fahd.
5. Implacabilidad con la disidencia y vicisitudes familiares
Los Hermanos Musulmanes,
influyente organización fundamentalista sunní que operaba en numerosos estados
árabes, manifestaron desde el primer momento su antagonismo a los privilegios
de casta de los alauís, entre los que el clan de Assad, bien servido por los
omnipresentes y numerosos servicios de seguridad, funcionaba de hecho como un
estado dentro del Estado. Las rivalidades religiosas registraron cruentos
episodios de acción-represión desde finales de los años setenta hasta comienzos
de los ochenta.
Los Hermanos Musulmanes empezaron
su campaña de violencia en 1976, después de la intervención en Líbano, con
asesinatos y atentados contra el entorno de Assad, aunque tras aquella, más
allá de las rivalidades y sectarismos religiosos, se adivinaba un profundo
descontento social.
Aleppo fue el escenario de graves
choques armados en 1979 y 1980, y, concretamente, el intento de magnicidio de
los Hermanos contra Assad, que resultó con heridas leves, el 26 de junio de
1980, desató una respuesta feroz del Ejército y las milicias paramilitares del
partido, con el asesinato de miles de prisioneros políticos, la mayoría
miembros de la organización sunní, pero también muchos antiguos baazistas del
mando nacional (a Salah Bitar, eliminado por los servicios secretos, no le
libro siquiera su exilio francés).
Esta situación de virtual guerra
civil alcanzó su apogeo en febrero de 1982, cuando militares y milicianos
baazistas arrasaron con inaudita violencia la ciudad de Hama, donde se habían
hecho fuertes los Hermanos Musulmanes. En la operación perecieron entre 10.000
y 30.000 insurgentes.
Al frente de los servicios de
inteligencia y las tropas de choque internas figuraba el hermano menor de
Assad, Rifaat, que siempre estuvo a su lado desde los primeros tiempos en el
Baaz y que últimamente había dirigido en persona las operaciones represivas en
Hama. Tan Intrigante como su hermano y ambicioso de más poder del que le
correspondía en tanto que virtual número dos del régimen, en noviembre de 1983
Rifaat aprovechó un grave ataque cardíaco de aquel, que le dejó hospitalizado
en coma durante unos días, para intentar un golpe de Estado.
Los 55.000 hombres a sus órdenes
tomaron posiciones clave en Damasco y sacaron los tanques a la calle, no
tardando en entablar combates con los leales al presidente. Sólo la
recuperación de Assad y la intervención apaciguadora de algunos miembros del
clan familiar frustró la tentativa de Rifaat.
En aparente gesto de perdón,
Assad nombró a su hermano segundo vicepresidente de la República para asuntos
de seguridad el 10 de marzo de 1984, aunque para excusar nuevas tentaciones
sediciosas le envió en visita de trabajo a Moscú. Rifaat se mantuvo alejado en
Francia y Suiza y, aunque en noviembre de 1984 regresó para ejercer sus
funciones en el Gobierno, en abril de 1988 dimitió para pasar largas temporadas
en el extranjero. La muerte en accidente de tráfico el 21 de enero de 1994 de
Basel, hijo mayor de Assad y su delfín político, colocó a su tío como seguro
candidato a la sucesión.
Assad se decantó no obstante por
Bashar, el segundo de sus cuatro hijos varones (una mujer, Bushara, es la mayor
de los cinco vástagos), que hasta entonces llevaba una tranquila vida de
estudiante de oftalmología en Londres. El 8 de febrero de 1998 Assad, al que le
urgía despejar la sucesión de su hijo menor, defenestró completamente a Rifaat.
El 20 de octubre de 1999 (aunque la noticia trascendió días después) Assad
ordenó al Ejército destruir la lujosa residencia y el puerto deportivo que
Rifaat poseía en Latakia, operación que, con participación de carros blindados
y la Aviación, causó un número indeterminado de muertos. Cuando falleció su
hermano en junio de 2000, Rifaat se encontraba en Marbella, España.
6. Rehabilitación internacional y dificultades económicas
La crisis provocada por la
invasión irakí de Kuwait en agosto de 1990 brindó a Assad una magnífica
oportunidad para normalizar sus tratos con Occidente y, entre otros objetivos
acuciantes, conseguir el desbloqueo de su ayuda financiera.
Desde 1979 Estados Unidos venía
incluyendo todos los años a Siria en su lista de estados patrocinadores del
terrorismo internacional, y de hecho el atentado de diciembre de 1988 contra el
avión de la compañía PanAm sobre Lockerbie, Escocia, que provocó 270 muertos,
se atribuyó primeramente a la inteligencia siria antes de culpar a los agentes
libios. Esta aproximación era más perentoria si cabe por la desaparición de la
URSS y en cualquier caso permitiría imponerse decisivamente sobre su gran rival
regional, Irak.
Efectivos sirios participaron en
la fuerza panárabe desplegada en Arabia Saudí para protegerla de un ataque
irakí y luego combatieron testimonialmente en la guerra de enero a febrero de
1991. Assad tampoco deseaba dar una imagen de excesiva colaboración con las
fuerzas occidentales, duramente recriminadas por las opiniones públicas del
mundo árabe como los nuevos cruzados invasores, a la hora del castigo a un país
que había invadido el insolidario y acaudalado emirato kuwaití y proclamado el
alzamiento árabe contra Israel y su protector estadounidense.
La rehabilitación de Assad ante
Occidente registró diversos momentos: el encuentro con el presidente George
Bush en Ginebra el 23 de noviembre de 1990, primera reunión con un mandatario
estadounidense desde la mantenida con Jimmy Carter en el mismo escenario el 9
de mayo de 1977; el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el Reino
Unido, tras cuatro años de ruptura, el 28 de noviembre de 1990; las sucesivas
liberaciones de rehenes en Líbano en 1991 por organizaciones islámicas locales
-buen exponente de la ascendencia siria sobre todo lo que se ventilaba en aquel
país y muy elogiadas por las cancillerías afectadas-, y, sobre todo, la
participación siria en la Conferencia de Paz para Oriente Próximo que arrancó
en Madrid en octubre de 1991.
Atento a los sobresaltos en la
seguridad interior y dedicado de lleno a los envites y maquinaciones del
exterior, Assad situó las cuestiones económicas en un segundo plano, confiado
en las ventajas del tratado con la URSS. Los intercambios eran fundamentalmente
de dos tipos: la venta de petróleo para importar trigo soviético y el trueque
de materias primas, como algodón y fosfatos, por productos industriales de
Europa del Este a precios subsidiados. Otro caso de clientelismo soviético
ajeno a las reglas de los mercados internacionales, los provechos garantizados
para Siria maquillaban en realidad un sistema económico rígido y altamente
ineficiente.
La implicación siria en la guerra
del Golfo tuvo para Assad unos réditos económicos más discretos de los esperados,
al poner los países y organizaciones financieras occidentales serias objeciones
a su asistencia, en tanto no se produjesen avances en el reembolso de la deuda
y se acometiese una reforma substancial de la economía. Poco después de acabado
el conflicto bélico con Irak en 1991, Assad dio vía libre a una cautelosa
liberalización del mercado interior y a la entrada de inversiones extranjeras
en las compañías encargadas de los servicios públicos y del abastecimiento de
bienes de primera necesidad.
No obstante, la reforma en
profundidad de los sectores público y financiero, todavía muy anclados en los
esquemas estatalistas, quedó postergada por temor a las consecuencias políticas
y sociales, y, muy fundamentalmente, para la estabilidad del núcleo del poder,
que la apertura a una más amplia capa de la población podía acarrear. El estado
de emergencia permanente, con el recurso a la ley marcial, no facilitaba en
absoluto un clima de libertad y confianza. La cuestión económica, por tanto,
quedó también incluida en la táctica de Assad de esperar y ver. La prolongación
del estado de guerra técnico con Israel impidió la estabilización regional y
los consiguientes dividendos de la paz.
7. El sueño pendiente de la recuperación del Golán
Assad se mostró para Israel como
el más inflexible interlocutor del lado árabe, manteniendo en todo momento la
exigencia de la retirada completa de los Altos del Golán (anexionados por el
Estado judío el 14 de diciembre de 1981) previamente a cualquier avance hacia
la paz, para lo que esgrimió las resoluciones 242 (1967) y 338 (1973) del
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que sentaron el no reconocimiento de
los unilateralismos israelíes.
Esta tesis de territorios antes
que paz no fue modificada un ápice ni siquiera tras las numerosas misiones de
los secretarios de Estado de Estados Unidos ni por el propio presidente Bill
Clinton, que sostuvo dos encuentros con Assad en 1994, el 16 de enero en
Ginebra y el 27 de octubre en Damasco, si bien éste en todo momento consideró
pertinente y necesaria la mediación de Washington. En mayo de ese año Israel le
presentó un proyecto de paz que incluía una retirada del Golán por fases, tal
como se iba a operar con los territorios palestinos ocupados, y negociaciones
particulares sobre el complejo de comunicaciones del monte Hermón, considerado
vital para su seguridad, pero el líder sirio insistió en la restitución previa,
íntegra e inmediata.
En los últimos meses del gobierno
laborista israelí de Shimon Peres, a comienzos de 1996, se habló de la
inminencia de un acuerdo, pero la continuidad de los ataques artilleros de
Hezbollah desde el sur de Líbano contra Galilea y el propio colapso del proceso
global de paz a raíz de la vuelta del conservador Likud al Gobierno de Israel
en junio de 1996, aparcaron sine díe cualquier expectativa de arreglo y hasta
suscitaron temores, agravados con rumores falsos sobre movimientos militares,
sobre un enfrentamiento bélico fruto de las frustraciones mutuas.
Hasta el 15 de diciembre de 1999
no se reanudaron las negociaciones de alto nivel, con la intermediación de
Clinton, en Washington y luego, en enero de 2000, en la cercana localidad de
Shepherdstown, entre el ministro de Exteriores Farouk ash-Shara y el nuevo
primer ministro israelí, el laborista Ehud Barak, el cual no excluyó la
posibilidad de una reunión cara a cara con Assad, la cual nunca tendría lugar.
En marzo siguiente Damasco rechazó la nueva propuesta israelí sobre una
retirada parcial que excluyese la ribera nororiental del mar de Galilea, vital
recurso hídrico para el Estado judío al extraer de él el 40% del agua que
consume.
Por otro lado, el preacuerdo de
paz de la OLP con Israel en 1993 fue siempre considerado por Assad una
deslealtad de Arafat a la causa árabe. Rehusó conferir validez a la autonomía
palestina y siguió protegiendo a los disidentes y radicales de izquierda de la
OLP. A pesar de la reconciliación formal, Assad y Arafat nunca tuvieron
relaciones cordiales.
En sus últimos años, el líder
sirio, pese a su mala salud, vigorizó su presencia internacional para explicar
sus tesis sobre el proceso de paz y evitar cualquier indicio de cerco
diplomático o militar de Siria.
El 8 de diciembre de 1997 fue a
Teherán para entrevistarse con el presidente Mohammad Jatami; el 15 y 16 de
julio de 1998 realizó en París su primera visita a Occidente desde 1976; el 8
de febrero de 1999 viajó a Ammán para rendir tributo, en una escena de profunda
emocionalidad, a su otrora enemigo, el rey Hussein; el 6 de julio de 1999 se
desplazó a Moscú para tratar de recomponer con el presidente ruso Borís Yeltsin
la antigua coordinación sirio-soviética; el 26 de julio de 1999 recibió en
Damasco al nuevo rey jordano, Abdallah II, y el 26 de marzo de 2000 sostuvo en
Ginebra su última cumbre con Clinton, que no consiguió desatascar las,
aparentemente al borde del paso final, negociaciones con Israel. También
emprendió un nuevo acercamiento al régimen de Bagdad y condenó los periódicos
bombardeos anglo-estadounidenses contra objetivos militares irakíes.
En línea con la intensificada
actitud exterior de prudencia y quietud, Assad se plegó en octubre de 1998 a la
exigencia de Turquía, país con el que las relaciones han sido habitualmente
tensas por problemas fronterizos y de reparto de los recursos hídricos, de que
dejara de sostener a la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán
(PKK). El acuerdo de cooperación turco-israelí del 15 de febrero de 1996 había
alarmado a Damasco, que temía la connivencia de los dos estados, a la sazón no
árabes, más poderosos de la región.
Luego de que el presidente
Süleyman Demirel amenazara con una represalia militar, la parte siria firmó el
20 de octubre en Adana, Turquía, un acuerdo por el que se comprometía a no
permitir la presencia en su territorio del PKK, al que por primera vez calificó
de organización terrorista. El resultado inmediato fue la salida forzada del
líder del PKK, Abdullah Ocalan, de Damasco, donde había recibido refugio
durante casi dos décadas.
8. Un óbito esperado
Hombre de carácter reservado y
enigmático, al que parecían incomodarle los objetivos de las cámaras, austero y
de aspecto frágil, al León de Damasco se le reconocieron hasta el final como
virtudes de gobernante la astucia, la paciencia tenaz y la impasibilidad,
además de una obsesionante preocupación, que tomaba lecturas históricas, por la
posición de un país pequeño, pobre y más vulnerable que lo que la retórica
ideológica y militarista hacía suponer. Acerca de su maquiavelismo político un
dirigente falangista libanés dijo en cierta ocasión: "procura golpear al
adversario sin destruirlo y ayudar al amigo sin sacarle del apuro, puesto que
sus papeles pueden cualquier día intercambiarse".
El 30 de mayo de 2000 la
televisión israelí informó, citando fuentes egipcias, que el presidente sirio
había sido internado con "graves problemas de corazón". El 10 de
junio, casi inesperadamente, pese a que desde 1997 se sabía que su estado de
salud, aquejado de diabetes y antiguas dolencias cardíacas, se estaba
deteriorando inexorablemente, Assad, a los 69 años, falleció en Damasco.
La noticia fue acogida con
variadas muestras de pesar por el mundo árabe, cuyos gobiernos proclamaron
períodos de duelo nacional, y por las principales capitales mundiales, que
obviaron su ominosa trayectoria como dictador despiadado y el registro de los
numerosos presos políticos (hasta julio de 1993 no fueron liberados los
dirigentes baazistas derrocados en 1970, aunque la pésima situación de los
Derechos Humanos ha sido anualmente denunciada por Amnistía Internacional) y
prefirieron resaltar sus esfuerzos de los últimos años para alcanzar un acuerdo
de paz sin menoscabo de los derechos territoriales y la soberanía de Siria. La
desaparición de Assad confirmó, luego de las muertes de Hussein de Jordania y
Hasan II de Marruecos en 1999, la renovación puramente biológica de toda una
generación de líderes históricos en Oriente Próximo.
De inmediato, la Asamblea Popular
enmendó la Constitución para permitir la sucesión en la persona de Bashar, que
no alcanzaba los 40 años (tenía seis menos) que exigía el texto, y a
continuación el Baaz lo nominó formalmente. Estas prisas por llenar el vacío de
poder y confirmar el continuismo del régimen apaciguaron las ansiedades sobre
el curso de los acontecimientos en un país donde el poder está especialmente
verticalizado.
En el ínterin, Abd al-Halim
Khaddam, vicepresidente primero de la República, tomó las funciones de jefe del
Estado. Los funerales tuvieron lugar el 13 de junio y contaron con la presencia
de casi todos los líderes árabes, aunque sólo acudió un mandatario occidental,
el presidente francés Jacques Chirac. A continuación, arropado por una
población que expresó su duelo y con Bashar encabezando el cortejo, el cuerpo
de Assad fue enviado en un armón de artillería desde el Palacio del Pueblo
hasta el aeropuerto de Damasco y luego trasladado en avión a Latakia, de donde
partió hasta la población natal de Qardahah para ser inhumado por la tarde en
el mausoleo familiar.