HISTORIA DIVINA DE JESUS
 

CARTA MAGNA DEL REINO DE LOS CIELOS

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Antes de Nicea la Declaración de Fe bajo pena de muerte confesada por todas las iglesias podemos resumirla en las siguientes palabras: Sólo hay un Dios Verdadero, su nombre es YAVE, el "Señor de los ejércitos" de las Sagradas Escrituras de los Hebreos, Dios del Patriarca Abraham, del Profeta Moisés, del rey David.

YAVE Dios es Padre, su Hijo Primogénito se llama Jesús. Este Primogénito de Dios se hizo hombre y nació en Belén de Judá durante el imperio del César Octavio Augusto, al final del reinado de Herodes Ben Antípater, en el año primero del Siglo de Cristo. El Hijo de Dios vino al mundo para comprar nuestra alma al precio de su sangre.

Estando en el mundo nos descubrió que el Hombre que al principio Dios creara a su Imagen y Semejanza, ese Hombre es Cristo. Y que ese Hombre está en todos nosotros.

Este Hombre es el que confiesa con el corazón rebosante de eternidad y el espíritu abierto al infinito que el Primogénito de Dios, Jesús, es el Cristo, el Modelo sempiterno a cuya Imagen y Semejanza ha creado Dios al Hombre. Aquel Jesús que vino al mundo para ofrecernos la vida eterna, ese Jesús es el Hijo Unigénito de Dios, engendrado, no creado, principio y fin de la Creación, alfa y omega de la actividad Divina, el primero y el último de su Naturaleza: Dios Hijo Unigénito, nuestro Rey y Señor, nuestro Maestro, Salvador y Padre.

Respecto a esta Fe se cumple la Palabra de Dios, que dice: El justo vivirá de la fe.

Esta Confesión sencilla y elemental donde las haya, esta elemental y sencilla declaración de Fe, al igual que hoy en día les sigue costando la vida a muchos hombres y mujeres, también ayer, antes de Nicea, significaba la muerte. Nosotros, Hoy, con independencia de la reacción de quien la oye o la oiga, seguimos confesando la Declaración Universal que toda la Creación confiesa con la boca y vive con el corazón:

Artículo Uno: Dios es Amor

Dios, voluntaria y libremente, ha fundado el Reino de los Cielos. Ninguna fuerza otra que el Amor a la Vida está en el origen del impulso que ha conducido a Dios a crear este Reino Sempiterno, espacio donde la Plenitud de las Naciones del Universo comparten una misma Vida y se relacionan con su Creador a la luz de su Infinita Sabiduría Eterna.

Artículo Dos: Dios es Padre

Dios es la fuente de la que emana la Constitución de su Reino, por la que todas las Civilizaciones de los Pueblos del Universo se rigen y la Plenitud de sus Naciones se articula. Esta Constitución Universal tiene en la Paternidad Divina su Origen y su Principio. Desde esta Paternidad y por ella Dios legisla desde su Omnisciencia y juzga desde su Presciencia, la Verdad como principio, medio y fin de su acción. Hijos de Dios, Ciudadanos de su Reino, corremos hacia El espontáneamente y nos echamos en sus brazos clamando con todo nuestro ser ¡Padre Nuestro!

Artículo Tres: YAVE es Dios

YAVE es el nombre del Ser que creó el campo de las galaxias y el océano de las estrellas del Universo. EL es el Creador del Cosmos y de todo cuanto existe en el Universo. EL es la fuente de la que mana el Futuro de todas las cosas, a las que con su Ser sustenta y con su Palabra mueve hasta el horizonte que jamás se alcanza y tiene en el Infinito su Orto. YAVE es la fuente del río de la Vida, EL es quien mantiene el Futuro de la Plenitud de las Naciones en crecimiento eterno y alegre y hace desembocar su caudal en el océano de su Omnisciencia. Todo lo que existe, en el Cosmos como en el Universo, tiene en EL su causa física y la fuente de energía que le permite crecer por la Eternidad.

Artículo Cuatro: Dios es Señor

Por derecho de Creación todo lo pertenece a YAVE Dios. EL tiene todos los derechos de propiedad sobre toda su Creación. Todas las cosas, las del Cosmos como las del Universo, las del Cielo como las de la Tierra, todas le pertenecen, y EL las gobierna según su Infinita Sabiduría. Desde esta Verdad Eterna EL le ha dado la Corona de su Reino a su Hijo Primogénito. Jesucristo es el Nombre de su Hijo, Jesucristo es el Nombre del Rey de la Plenitud de las Naciones.

Artículo Cinco: El Rey es Hijo Unigénito

Sólo hay un Rey, universal y sempiterno. Su Padre es Dios. Al Padre es la adoración de todas las criaturas del Universo y al Hijo la Obediencia de todos los Ciudadanos del Reino de los Cielos. El Rey es Hijo Unigénito; Hijo Amado, El es la causa metafísica de la Creación de Dios. Como Rey El es el Jefe de todos los ejércitos del Reino de Dios, El es el Brazo de YAVE, su Padre. El es el Príncipe de los príncipes del Cielo, el Primogénito de los hijos de Dios.

Artículo Seis: El Señor de los ejércitos

YAVE es el Señor de los ejércitos de su Reino. A la cabeza de todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones del Universo EL ha puesto a su Primogénito, nuestro Rey, su Hijo Amado. Todos los ejércitos de su Reino obedecen única y exclusivamente a su Rey sempiterno, y sólo a la Orden de su Voz se mueven. Ningún poder ejecutivo exterior a su Corona tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Todas las Naciones del Reino de Dios ponen sus ejércitos a los pies del Rey, cuyo Consejo tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Este Consejo tiene en el Padre, YAVE Dios, su Cabeza Todopoderosa y Omnisciente. Todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones se gobiernan por esta Ley de Obediencia al Consejo del Rey de los Cielos. Ningún Gobierno tiene el Poder sobre los ejércitos de la Nación a la que pertenecen. Al Rey, efectivamente, y sólo al Rey le ha dado su Padre, Dios, este Poder. Su Hijo, nuestro Rey, es su Brazo, el Brazo derecho de YAVE, Señor de los ejércitos.

Artículo Siete: El Sumo Pontífice

El Rey es el Único Sumo Pontífice de la Plenitud de las Naciones. La Plenitud de las Naciones de la Creación tienen sólo una Religión, un Único Dios y un Único Sumo Pontífice, alrededor del cual todos los Pueblos del Universo se unen para adorar al Único Dios Verdadero, YAVE Dios, el Padre, Creador de todas las cosas, del Cielo como de la Tierra, cuyo Espíritu Santo lo anima todo y lo mantiene todo en crecimiento sano y alegre. El, el Sumo Pontífice, es el Único Viviente que se mantiene de pie delante del Dios de la Eternidad y el Infinito; Su Nombre es Jesucristo.

Artículo Ocho: La Iglesia

El Sumo Pontífice, Jesucristo, el Hijo Unigénito, es la Única Cabeza, Suprema y Divina, y por Divina: Visible, de todos los Obispos y de todos los sacerdotes y pastores de la Plenitud de las Naciones. Sólo a El le deben Obediencia Sempiterna todos los Obispos y los sacerdotes y pastores que con El y en El forman un sólo y único Cuerpo, sagrado y sempiterno, la Iglesia. Esta Iglesia, su Cuerpo, tiene por Casa todo el Reino de Dios y en sus carnes en medio de la Plenitud de las Naciones mantiene viva la Doctrina de la Eternidad y el Infinito: YAVE es Dios y Padre.

Artículo Nueve: Dios es Juez

Creador y Fundador del Reino de los Cielos, cuya Corona le pertenece a EL y EL la comparte en vida con su Hijo, pues siendo Dios no puede morir, heredando su Hijo en vida la Corona que por Derecho de Primogenitura le pertenece; siendo su Creador y Fundador, YAVE Dios reservó para el Rey la Presidencia del Tribunal Supremo de Justicia, cuya Jurisdicción comprende la Plenitud de las Naciones de su Reino, poniendo así Dios en las manos del Rey el Poder sin límites para Juzgar de quien preside la Corte Suprema de Justicia de su Reino. Al heredar el Hijo en vida la Corona que debía heredar tras la muerte del Padre, siendo el Padre Dios abrió su testamento en vida para que en vida, siendo el Hijo de su misma Naturaleza Divina, disfrute de lo que de otro modo jamás podría. Lo glorificó al Nacer, aboliendo toda corona y elevando la Suya hasta el Trono de Dios, su Padre; y volvió a glorificarlo al Morir, sentándolo en el Trono del Presidente de la Corte de Justicia de su Reino, con poder sin límites para dictar sentencia, a la medida del propio Dios, Absolución Universal comprendida.

Artículo Diez: La Ley de la Igualdad

Todos los Ciudadanos del Reino de los Cielos, en cuanto hijos de Dios, independientemente de la Nación de Origen, todos disfrutan de la misma Igualdad ante la Ley. Todos los Ciudadanos del Reino de Dios, sin excepción, desde el Rey que se sienta a la Derecha del Padre hasta el más pequeño de sus hijos, todos los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones son responsables de sus actos ante la Justicia, todos están sometidos a la Ley Universal de Igualdad en la Responsabilidad.

Artículo Once: La Ley de la Libertad

Dios es el Señor y a EL le pertenece el suelo donde moran la Plenitud de las Naciones. Heredero de su Padre, partícipe de todos Sus bienes, el Rey es el Señor del suelo donde pisan todas las Naciones. Las fronteras de su Reino se extienden alrededor de la Plenitud de las Naciones. Los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones de su Reino son libres y disfrutan de la Libertad de Movimiento de quienes tienen a Dios por Padre y por Hermano al Rey del Cielo.

Artículo Doce: La Ley de la Fraternidad

Todos los bienes y riquezas de la Plenitud de las Naciones, del suelo como de las personas, le pertenece a Dios. Todos los Ciudadanos de su Reino, independientemente de su Nación, poseen por nacimiento el Derecho de uso y disfrute de todos los bienes y riquezas del Universo. Dios es el que multiplica los bienes y riquezas de su Reino, sea a través de la Naturaleza, sea a través de sus hijos, mirando a la felicidad de la Plenitud de las Naciones.

Artículo Trece: La Ley de la Inteligencia

Dios crea a sus hijos inteligentes a su imagen y semejanza para el enriquecimiento de la Plenitud de las Naciones en toda clase de ciencias y tecnologías. Siendo EL el Origen de todo Conocimiento todos los beneficios vienen de su Omnisciencia y están sujetos a la Ley de la Fraternidad sempiterna. Pues Dios actúa en todos para el enriquecimiento y crecimiento de todos en el Conocimiento de todas las cosas.