CARTA MAGNA DEL REINO DE LOS CIELOS

I

La semilla que el Hijo de Dios vino a plantar en el ser humano ha dado su fruto. ¿Qué somos? lo sabemos. ¿Qué fuimos? también. ¿Qué seremos? lo que nunca dejamos de ser, hijos de Dios.

Muchas fases ha dejado atrás la Vida, a través de muchos saltos dimensionales la evolución de la Vida en la Tierra ha realizado su viaje en el Tiempo; su meta estaba al otro lado del último salto evolutivo a cuyo borde se colocó el Género Humano un día, hace unos seis mil años atrás. Entrábamos en la última recta, nos habíamos puesto de rodillas para coger el impulso que había de conducirnos a la última dimensión: la naturaleza de los hijos de Dios, cuando un pie maligno nos puso la zancadilla y un puño asesino aprovechó la ocasión para molernos a golpes.

La Serpiente que en su odio al espíritu de Dios lanzó contra el Hombre la lanza de la traición, aunque nos dejó en el suelo como muertos no pudo arrebatarnos la venganza. Moribundos, pero no muertos. Este fue el gran error de la Bestia. Nos dejó sin conocimiento, sin fuerzas, aturdidos por los palos, sin conciencia...pero aún vivos. Para su eterna desgracia y nuestra maravillosa suerte sobre nuestro cuerpo caído juró un Dios por su Cabeza que así se vería nuestro enemigo, con una diferencia, EL no dejaría moribundo a aquel sobre el que caería como una maza su puño. El Guerrero que bulle en el Gran Espíritu Divino al Cielo levantó su Voz y desde su cólera profética juró por su gloria bendita bailar sobre los cadáveres de sus enemigos. "Ciertamente yo alzo al cielo mi mano y juro por mi eterna vida: Cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos. Regocijaos gentes, por su pueblo, porque ha sido vengada la sangre de sus siervos, y hará la expiación de la tierra y de su pueblo", palabra de Dios.

¡Guerreros! hoy es día de fiesta, la hoguera arde, sus chispas saltan alegres al son de los tambores de la victoria. Venid y sumaos a la danza de los valientes, venid a celebrar la Victoria saltando alrededor de las llamas, cantando conmigo "¿dónde está el fantasma de Gog y dónde los colmillos de Magog el fuerte?". Saltad alegres, regocijaos a pleno pulmón, batid brazos al viento de las alegrías perpetuas. Recordad lo que fuisteis, rebaños masacrados por el príncipe de las tinieblas, pasto de sus ejércitos, quien devoraba la más rolliza quien la más tierna. Treinta monedas de plata por el pastor, ni tres céntimos por oveja. El César de turno haciendo de su estrella espada afiló la hoja contra las cabezas de nuestros padres. Huérfanos, no teníamos a nadie que nos defendiese. Éramos como niños abandonados en la selva en tiempo de hambruna, pasto para bestias. ¿El horizonte...? ¿Qué futuro había después del César? Entre las constelaciones del universo la luz de la Tierra se apagaba en la oscuridad bajo un velo de lágrimas nebulares: Ay mi corazón que se me parte -se lamentaban las Pléyades; mi núcleo que se me muere de frío -lloraba Orión. Guerreros, no éramos nada, éramos todavía menos. Éramos lo que no había, un calvario de pueblos crucificados a los dioses del siglo. No crucificaron a Cristo. Nos crucificaron a todos nosotros. Que nos matasen los judíos o los romanos ¡qué importancia tiene! Guerreros, hermanos en el Gran Espíritu que un día para la eternidad se cirnió sobre las Aguas de nuestro Universo, hoy es día de victoria, hoy es día de fiesta. Aquella criatura que Dios creara desnuda, sin conocimiento de la Guerra, está al presente vestida de guerra hasta los dientes. Oid su Voz, la Voz del Jefe de los ejércitos, el Verbo del Dios del Infinito y la Eternidad. Su Voz es como un torrente manso que alivia las tierras de una sequía de setenta años, como el canto de la leche de la vaca después de los siete años de escasez y plaga, como el beso del Sol a una Tierra desesperada por la muerte de sus hijos, como el coro de los pajarillos en el naranjo de mi jardín. Guerreros, hijos de la Tierra, imagen y semejanza de vuestro Creador, firmad conmigo esta promesa para la eternidad: A Dios todopoderoso nuestro Creador levantamos nuestra voz y por nuestra vida juramos delante de las estrellas y sus hijos que, como Ayer, Hoy estamos a sus pies para labrar su Paraíso y por la eternidad atrapar al vuelo la espora de la Cizaña maldita, antes que llegue al suelo, antes que encuentre seno en la tierra, antes que eche raíces, mientras planea buscando pensamiento donde poner sus infernales huevos. Este es el Juramento de Cristo y de toda su Casa. Sellémoslo bailando al son de los yambés de la Paz.

Esta es la historia del drama de la Humanidad. A esta historia se reduce el drama del Género Humano. Una palabra lo define mejor que ninguna: Ignorancia.

Ignorancia es la palabra que define la Historia de la Humanidad desde Adán hasta Jesucristo, y desde Jesucristo a nuestros días: Silencio. Y sin embargo porque hubo Ignorancia hubo Redención, y porque hubo Silencio hay Esperanza. A la Ignorancia y al Silencio de Dios debemos remitirle nuestros terribles errores, nuestras horribles guerras civiles, nuestros crímenes sin número y nuestro comportamiento a imagen y semejanza de la Bestia que soñó poner de rodillas a Dios.

Sólo fuimos un peón en la partida de ajedrez de otros, el escenario para una guerra que pilló a todo el mundo por sorpresa y a nuestro mundo por carne de cañón. ¿La estrategia del Diablo? Sus fines, principios y sus medios eran simples y claros como el agua. Supuesto el caso que al comprometerse a crear al Hombre a su imagen y semejanza Dios se hubiera metido en un agujero negro del que sólo podría salir abandonándonos a nuestra suerte, y abandonándonos Dios declararía su imposibilidad para cumplir su Palabra, desde esta renuncia, por aquel supuesto abandono y con toda la razón del mundo: el Verbo no podría imponer su status de "Palabra de Dios".

Si Dios dijera y no hiciera los fundamentos de este status divino de su Verbo perdería toda consistencia y no habiendo podido demostrar su Omnipotencia la Palabra de Dios tendría que aceptar el status de relatividad que pretendía darle el Diablo. Una vez esto asumido, que Dios es Dios pero que a veces también se le tuercen las cosas y no siempre su Voluntad se cumple, el paso siguiente, efecto inmediato de la inconsecuencia antes destacada, sería la abolición de la relación entre el Espíritu Santo y Dios, paso por el que la Creación, estando sujeto su Creador al error, no podría ser juzgada en base al error innato que por esta falla teológica heredarían las criaturas. El Cielo -concluyendo- no podría darle la espalda a la vocación eterna del Diablo: la transformación del Universo en un Olimpo de dioses todos más allá del Bien y del Mal.

El argumento del Diablo, sistema de pensamiento maligno que lo condujo a intervenir en el Edén, primero, y en Jerusalén, después, no se sostuvo delante del Tribunal de los hijos de Dios porque carecía de peso. ¡Dios es Infalible! En verdad todas las criaturas del Universo, del Cielo como de la Tierra, estamos sujetas a error, y de aquí que necesitemos un código de conducta que nos señalice el peligro y nos aleje de la equivocación. Deducir de esta afirmación de falibilidad de todas las criaturas la falibilidad del Creador es una hipótesis maligna condenada a la basura, primero por no basarse en los hechos, ya que la Caída no demuestra la Falibilidad Divina sino la locura del que se atrevió a poner en práctica su teoría infernal. Y segundo porque para sostener este argumento sobre una base firme que pueda ser aceptada delante de un tribunal se debe primero, ante todo y sobre todo, demostrar la Igualdad entre las dos partes sujetas a deducción.

Cualquier inteligencia mínimamente formada en los principios del pensamiento lógico sabe que lo creado no puede ser jamás igual a su creador. Pretender sin esta Igualdad ontológica sostener el argumento anterior es pasar por alto los principios básicos de la inteligencia universal, y aboliendo sus fundamentos ejecutar una acción vírica de sustitución de sus leyes internas, esas leyes por las que se rige la constitución del mismo cuerpo cósmico. Ninguna criatura inteligente, hijo, hermano, amigo, o siervo de Dios puede aceptar la Falibilidad del Creador partiendo de la falibilidad de la criatura, ni la Infalibilidad de la criatura tomando como punto de referencia la Infalibilidad del Creador.

Su propia infalibilidad, contra la Falibilidad de Dios, era el punto adonde quería llevar el Diablo su argumento. Así que si locura es creerse Infalible tomando como referencia la participación en el espíritu del que sí lo es, locura que a la Ignorancia debemos remitir, la ejecución maligna de un programa de implantación infernal de la Infalibilidad personal sobre la Falibilidad Divina, acción que el Diablo llevara adelante en el Edén primero y en Jerusalén después, ¿qué sentencia se merece de nuestra parte?

Esto sería Teología -supongo. Pero yo no soy teólogo. Así que difícilmente puedo hacer teología. La respuesta está en el hombre que un día, en la cima de un monte, esperó al Bestia que asesinara a su hermano pequeño, Adán, y mirándole a los ojos, le dijo: "Apártate, pero no te vayas muy lejos que tengo que aplastarte el cráneo".

Por esto digo que Hoy es día de fiesta, día de aleluyas. Desde la distancia de los milenios, como quien aparta una montaña del camino de una generación que viene, el Hijo de Dios nos contempló en las entrañas de la Historia y nos llamó a la Vida. Dos mil años después estamos aquí, nuestras piernas sobre las dos orillas del océano, abriendo una Nueva Era, caminando una Nueva Fase del Camino, haciendo el camino golpe a golpe, como los buenos, como los de siempre, cada día un poco más cerca del Monte de la Sabiduría.

Viendo a la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los discípulos, y abriendo El su boca, les enseñaba, diciendo:

Bienaventurados los pobres de espíritu Porque de ellos es el reino de los cielos.

Nosotros, criaturas de barro, que un día chapoteamos en las entrañas de las aguas del océano, al otro hicimos el camino a los árboles, al siguiente nos pusimos de pie imponiendo nuestra ley en la selva, y al otro nos vimos desheredados de nuestro mundo, extranjeros en nuestra tierra, perseguidos como alienígenas en nuestro propio planeta, expulsados de nuestro paraíso como quien es desterrado de un universo ajeno, desde entonces a la búsqueda del camino de regreso, nómadas del espíritu, nosotros que perdidos en las tinieblas no encontrábamos el camino vimos brillar en lo alto de un Monte la Luz y corrimos como locos al encuentro de nuestro Rey. No venía a nosotros con espada y escudo, lanza y hacha dispuesto a cortar cabezas y miembros; la cabeza para los perros, los miembros para las ratas. Si así hubiera venido no lo hubieran crucificado. Lo despreciaron por lo que Le amamos, lo odiaron por lo que Le adoramos, por venir desnudo, sin armaduras ni ejércitos, como aquel Adán cuya desnudez le costó la corona y a nosotros la ruina. ¿Qué haréis conmigo? "¿Qué haremos con nuestra hermana cuando un día se trate de ella?".

¿Y sin embargo qué es la pobreza de espíritu? ¿Ser pobre de espíritu es ser analfabeto? ¿Ser pobre de espíritu es no tener conocimiento de ninguna clase? Cuando nuestro Maestro le dio por herencia su reino a los pobres de espíritu ¿de quiénes estaba hablando? ¿De Einstein? ¿De Newton? ¿De Darwin? ¿De Marx? ¿Qué será la pobreza de espíritu?

¿Será la infalibilidad y el todopoder de quien tiene a sus pies el Cuerpo de Cristo y no puede errar ni ser juzgado? ¡Qué modelo de pobreza de espíritu para todos los siervos de Cristo! ¿O será la pobreza de espíritu la del Sócrates que sólo sabía que no sabía nada pero siempre estaba abierto a conocer cada día más? ¿Será la pobreza de espíritu esa cualidad natural de la Creación por la que las criaturas se mantienen, como los Discípulos alrededor de Jesús, alrededor de la Omnisciencia de su Creador para continuamente crecer en inteligencia y entendimiento? ¿Será una declaración formal por la que la creación y sus criaturas nos reconocemos eternamente Discípulos de Dios, a la luz de cuya Infinita Sabiduría crece por la eternidad el árbol de nuestra Inteligencia? Siempre aprendiendo, siempre creciendo en toda clase de ciencias, siempre deudores de la Luz que alimenta con sus rayos las ramas del árbol de nuestro Conocimiento.

Si somos inteligentes será porque El nos ha hecho, si somos sabios será porque El le ha sumado conocimiento al conocimiento. Seamos lo que seamos somos lo que nuestro Creador ha querido que seamos. Y eso somos. Ni más ni menos. ¿Será "la pobreza de espíritu"esa cualidad que nos permite sentarnos alrededor del fuego para mediante el diálogo entre todos enriquecernos a todos? Hermano, amigo, ¿lo has entendido? Si no, ven, siéntate a mi lado y escucha palabras de Sabiduría.

Porque la Sabiduría Divina es la fuente de la Inteligencia de todas las Naciones, el Derecho Natural Divino establece:

Artículo Catorce: La Ley de la Paz

Los hijos de Dios tenemos el Deber de hacer que la Plenitud de las Naciones tengan acceso gratuito y libre a la Biblioteca del Conocimiento Universal para la satisfacción y felicidad de sus Pueblos en todo lo que concierne a las necesidades de estructuras e infraestructuras relativas a las Tecnologías y Ciencias de la Paz y la Salud. La Plenitud de las Naciones, bien a través de los Hijos de Dios y sus Fundaciones desde proyectos privados o internacionales, bien a través de su Consejo, tienen el deber de poner todos los medios financieros y económicos necesarios para que esta Norma de Sabiduría se cumpla, y las naciones más alejadas del Modelo Social de Civilización se acerquen al centro universal sin sufrir el largo y estrecho camino recorrido por las naciones que componen su núcleo. Ningún Mundo ni ningún Sistema de Civilización puede subsistir en el tiempo y el espacio sujeto a una diferencia crónica invencible entre sus Naciones. La desigualdad imbatible a través de la destrucción constante de los modelos temporales conduce a los Mundos a su desaparición de la faz del Universo mediante el progresivo desgaste de los recursos naturales y el incremento cíclico de las armas de combate entre quienes imponen la desigualdad como medio de subsistencia. ¿Si el que siembra vientos recoge tormentas los que siembran tormentas qué recogerán? Ofrecer libre y gratuitamente a todos los Pueblos los frutos de la Civilización es ofrecerles a todas las Naciones el fruto del árbol de la vida: que es la Paz.

Artículo Quince: La Ley de la Guerra

El fruto del árbol prohibido es la Guerra. El Derecho Natural Divino establece que los accesos y la participación en el crecimiento de las ciencias del árbol de las Tecnologías de Defensa les estén prohibidos a todo agente externo al Cuerpo de los Ejércitos de la Plenitud de las Naciones. El Derecho Natural Divino establece que el fruto del árbol de las Tecnologías de Defensa esté bajo la Administración del Consejo de los hijos de Dios, y en consecuencia establece expresa prohibición de venta de producto e información bajo pena de delito contra la Seguridad de la Humanidad. Nadie puede vender a un tercero a través de un segundo tecnología e información sin ocasionar en la Comunidad Internacional grietas bélicas y en las nacionales terremotos dictatoriales. Para el cumplimiento de este Ley por la Paz y la Seguridad de la Humanidad los hijos de Dios tienen el Deber de promover y edificar la formación de un Consejo de Estados Mayores como responsable y garante del cumplimiento de esta Ley, y la sujeción de este Consejo al Consejo de la Plenitud de las Naciones del Reino de Dios en la Tierra. La Historia ha demostrado con ejemplos tremendos cómo las tecnologías de Defensa en manos de grupos privados se convierten en el origen de terremotos bélicos que arrasan el progreso de las naciones en vías de desarrollo en nombre de los beneficios de ese grupo de producción, y cómo semejantes grupos son los enemigos de la Paz Mundial a todos los niveles, pues debiendo vivir a toda costa de la venta de sus Productos la obligación los arrastra a crear nuevas guerras, sembrando el odio entre las naciones como medio de hacer ventas. Aunque al Principio Dios no quiso introducirnos por el método de la experiencia en el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal, una vez provocado el conflicto cósmico en el que el Género Humano está aún atrapado, dispuso Dios en su Omnisciencia llevarnos al conocimiento de todas las leyes en el menor tiempo posible aún a costa de la tragedia tan inmensa que este espectáculo supone. Hecho, el Conocimiento de las leyes de esta Ciencia es la plataforma desde la que articular la estructura del Futuro sobre la Roca de nuestra experiencia. Sabiendo que el destino de todo mundo sujeto a las leyes de la Ciencia del bien y del mal es su desaparición apocalíptica, en palabras de Dios: su regreso al polvo cósmico, la experiencia se suma a la Ciencia para poner sobre la mesa las bases de una Arquitectura Biopolítica acorde a cuyos axiomas y espíritu: el bien de todos a través de la participación de todos en todo, articular el Edificio de la Plenitud de las Naciones. En este terreno, sin violencias pero sin concesiones, todos los hijos de Dios tenemos el Deber de aportar cada uno su grano, sabiendo que la cantera de la que aportamos cada uno nuestro grano tiene en nuestro Creador su origen. Por consiguiente: Las Tecnologías de Defensa sirven a la Paz y el proceso de producción estará sujeto a esta Norma de Paz y Seguridad.

Artículo Dieciséis: La Ley de la Seguridad

El fruto del árbol de la Vida es la Paz. Las Naciones no pueden tener acceso vallado a La Paz en razón del interés privado de ciertos grupos financieros de carácter internacional; ni los hijos de Dios podemos aceptar la sujeción del disfrute de la Libertad a los objetivos de esos grupos de presión, extranjeros o locales, cuyas metas y fines tienen en la desestabilización de los Gobiernos la puerta por la que entrar a saco y asaltar las riquezas de las naciones. El Consejo de la Plenitud de las Naciones no puede garantizar la Paz y la Libertad Internacional sin el Poder para enfrentarse a esos grupos, someterlos a las leyes y declararlos fuera de la Ley en caso de persistir en sus actuaciones contra la Seguridad. Mirando a este horizonte el Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos de Dios esté facultado de todo el Poder para decretar la expropiación de los bienes de cualquier asociación financiera internacional que tenga en la desestabilización de los Gobiernos Nacionales su medio de lucro. El Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos de Dios tiene el Poder para decretar la desintegración de las asociaciones financieras internacionales que operan bajo una ley de la legalidad imperial, sin curso legal en este Nueva Era, y llevar ante la Corte de Justicia Internacional a sus jefes y colaboradores locales, cabeza y cola. La intervención en la Economía de una nación por un grupo de intereses, físico o jurídico, externo al cuerpo legislativo de la nación afectada supone su invasión por un Estado sin Patria, cuya actividad, aunque enmascarada en la legitimidad de operaciones financieras, tiene por fin una actividad terrorista internacional, cual es la desestabilización del gobierno de un pueblo en razón de los intereses del grupo financiero invasor. Así pues, cualquier intervención de un grupo de intereses financieros contra la legalidad de un Gobierno de Derecho es un atentado contra la Seguridad, del que se hace responsable la nación y Estado que respalda los intereses de ese grupo poniendo a su disposición sus recursos nacionales, bien militares bien logísticos, sufriendo las consecuencias como se ha visto en los últimos tiempos. De donde se entiende que todo grupo financiero que desde la Libertad Internacional actúe en la economía de una Nación para desestabilizar su Gobierno pierde todos sus derechos internacionales desde el momento que usa la Libertad como medio de empobrecimiento del Pueblo, y el empobrecimiento como medio de desestabilización de la Paz. La Historia de las Naciones ha demostrado ya con amplios ejemplos cómo el terrorismo de tales grupos financieros sobre un Gobierno legítimamente establecido conduce a los Pueblos a las profundidades de infiernos hacia los que para nada labraron sus víctimas semejante destino. El Futuro de la Humanidad y de un Reino que mire a un Horizonte que no se acaba: únicamente puede permitirse la alegría y la felicidad de avanzar bajo un cielo sin nubes desde el Poder de un Consejo Mundial para la defensa de la legitimidad de los Gobiernos de los Pueblos.