Unificación de las Iglesias
C.R.
a los cristianos de la Plenitud de las naciones, paz y salud.
LA ESPERANZA DE SALVACIÓN UNIVERSAL
La Necesidad ha impuesto su Ley. Era de trascendencia vital
que la Ley arropase en sus brazos al universo entero, tanto en lo referente al
espacio como al tiempo. Y esta trascendencia no podía quedar marginada o
relegada a un segundo plano, bajo ningún concepto, en orden al Amor. Pues la
Ley es la Roca, el Fundamento, la Columna y el Techo de todo el Edificio de la
Creación. Y sin Ley el futuro del universo entero se diluye en las aguas
tenebrosas de la Destrucción de todas las cosas. Bajo ningún orden
podía Dios, entonces, permitir que sus criaturas se precipitasen en el total
caos en razón de la conducta tenebrosa de la Razón sin Ley.
"La Inteligencia sin Ley es el principio de toda corrupción y el
camino que conduce inevitablemente a la autodestrucción de toda Sociedad
articulada sobre los cimientos de la inmunidad excepcional de los poderes que
la gobiernan".
Este no es un aforismo fabricado con palabras elegidas al
azar del arsenal dialéctico. Para nada. Esta es la conclusión final y última a
la que la experiencia conduce al término de haber asistido a la desaparición y
extinción de incontables sociedades y civilizaciones que, creyendo imponer su
ley, por su ley fueron aplastadas, y demolidas hasta quedar reducidas a cenizas
y devenir polvo entre las páginas del libro de la Historia.
“Polvo eres y al polvo volverás”, en efecto, no fue una sentencia
basada en el capricho de una omnipotencia que se permite el lujo de imponer su
Ley todopoderosa al Universo entero. Para nada. Fue y es la expresión
sempiterna de una Verdad que devino Ley Universal en base a la experiencia y
desde su Razón, transformada en Conocimiento: sujetó el futuro de toda la
Creación a su Ley.
Ahora bien, lo que para Dios es tan evidente como que El creó el
Universo sujetando su Edificio a la Ley Eterna, para sus criaturas era tan sólo
una hipótesis que contradecía con su enunciado la experiencia del Todopoder del
Creador; de manera que o bien Dios no es Todopoderoso o bien su Ley no es la
expresión viva de la Verdad Eterna: sino la manifestación caprichosa de un
Poder imbatible que ofrece su invencibilidad como garantía de su justicia, que
lo mismo puede ser hoy una que mañana otra. Porque si Dios es
omnipotente y todopoderoso El puede con su Brazo sujetar el Universo, no
importa la Ley, y llevar sobre sus hombros el peso de las consecuencias de una
Civilización no sujeta a la Ley de la Eternidad…
Contra esta Razón infernal, que se viste de inteligibilidad suprema
para conducir a la creación entera al abismo de su destrucción tenebrosa, Dios
erigió la Ley de la Eternidad en tanto que Roca de Fundación de su Reino,
consagrando la Verdad Eterna en el altar de la Ley que en su Brazo Todopoderoso
y Omnisciente encontró Rey y Sacerdote sempiterno. Y diciendo: “El día que de
él comieres, morirás”, sujetó el Futuro de toda su Creación a la
Ley de la Eternidad, a la que nosotros, la Plenitud de las Naciones, después de
haber vivido en nuestras carnes el peso de las consecuencias de una existencia
alejada de la Ley, llevamos en nuestras almas y mentes las marcas y las
cicatrices por las que la visión de nuestro ser se parece al de un desecho de
criatura abandonada entre las ruinas de un mundo al borde de su destrucción.
Y sin embargo, porque la verdad es Eterna y el Amor de Dios a su
Creación no menos perenne, la misma Ley que juzgó nuestro Futuro, haciendo de
nuestro mundo un campo de batalla entre la Razón, que afirma la locura de la
omnipotencia de Dios sujeta a Ley, y la Fe, que sin necesidad de ver
asume la Verdad Divina doblando sus rodillas ante quien por Amor a su Creación
se sujeta a la Ley: a fin de que subsistamos para siempre ante los ojos de la
Eternidad, por esa misma Ley quiso Dios Todopoderoso abrirnos un camino por las
tinieblas de los milenios y, no muriendo su Amor por nosotros a costa de
nuestra condición humillada públicamente por quienes odian la Ley, quiso Dios
mantener encendida nuestra Esperanza de vida eterna, primero
dándonos a Israel, y segundo a la Iglesia, para que, al emparentarnos a su Ser
mediante Aquel que en El lo tiene todo, nos quedase garantizada la Victoria
sobre los que, odiando la Ley, nos desterraron de la Vida, de esta manera
convirtiendo nuestra pena en Eterna.
Así que, sujetos a la Ley por el Amor de la Verdad, la gloria de la
Esperanza de Salvación Universal que para nosotros, el Género Humano, mantuvo
Dios en el Silencio de la Cruz de su Hijo, impuso su Lógica en todas las
esferas del cristianismo, cumpliéndose en la Iglesia lo escrito:
"Perseguirás con ardor a tu marido, que te dominará”. De manera que
deviniendo Sierva de su Señor la gloria de la libertad de los hijos de Dios
viviese en sus entrañas en forma de Promesa, hasta que llegase el Día de la
manifestación de sus entrañas, Descendencia de su Señor, reflejo vivo de su
Misterio, tanto legítima ésta cuanto la precedente nacida en Abraham, pues la Raiz de ésta es el propio Cristo Jesús, Aquel a quien Dios Padre
sometió todas las cosas una vez que El se sometió en todo a la Ley Eterna.
Era de necesidad invencible, en consecuencia, que el Silencio de Dios
permaneciese hasta que la Mentira no fuese abatida por el hacha
de la experiencia, y por los efectos la creación entera viese con
sus ojos la Verdad establecida en la Ley. Y era igualmente de necesidad que la
creación entera viese con sus ojos la Bondad infinita que en el Juicio contra
el Enemigo de la Ley se hizo fecunda cuando, Liberado, en lugar de doblar sus
rodillas, por si encontraba Misericordia en el Omnipotente, dobló su maldad
hasta el punto de multiplicar sus crímenes creyendo poder destruir la
Descendencia de Cristo, estando aún en las entrañas de la Iglesia, mediante la
división del Cristianismo.
Por estas cosas era de Necesidad que la Gloria de la libertad de los
hijos de Dios viviese en Esperanza en el seno de la Iglesia hasta que, llegado
el Día de la Plenitud de las Naciones, el fruto de Cristo en su Esposa se
hiciese hombre y, por la Inteligencia, le manifestase a todas las naciones el
Misterio de la Ley Eterna.
Sujetas, pues, todas las iglesias a la servidumbre
que viene de la Ignorancia de la Ley de Cristo,
tanto más alejada de la Inteligencia Divina tenía que permanecer la Razón de la
Ciencia, ya que si al siervo le cierra su Señor el camino a su Pensamiento,
cuanto más al extraño que no le sirve.
EL DIA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS.
Pero Hoy, al fin de los tiempos establecidos desde el principio de los
días postreros a la Caída, esa Necesidad ha dejado de alzarse entre criatura y
Creador y, Dios, habiendo asumido su Hijo el Señorío de todas las cosas, abre
su Omnisciencia a sus hijos, poniendo a disposición de su Descendencia la
infinita riqueza de su Inteligencia, que no tiene medida ni conoce límites, de
la que fue la Humanidad privada, aunque para ella fue creada, a fin de que que
fue Ayer causa de nuestra humillación sea Hoy causa de nuestra gloria
delante de toda la Creación, para alegría de nuestro Creador, Jesucristo,
para quien la Iglesia es su Carne y El es para Ella su Espíritu.
Dicho esto, quedando de esta manera establecida la causa de nuestra
tragedia en la Necesidad, origen de la Ignorancia desde la que se estableciera,
primero la Redención mediante Sacrificio Expiatorio, acorde a la Ley escrita, y
segundo la Corrupción, natural a una Fe sujeta a la Ley de la servidumbre en
razón de la misma Necesidad que impuso la Muerte de Cristo, la causa de nuestro
Género quedó en suspense, aunque en activo, lejos de todo su potencial hasta
que ese Silencio, roto públicamente, abriese para siempre al Hombre la Puerta
de la Inteligencia de su Creador, cumpliéndose así el Fin de la Creación misma,
cuando la Criatura es elevada a la Imagen y semejanza de los hijos de Dios, quienes,
a la luz de la Ley Eterna, lo tienen todo en Dios.
LA LEY DE LA LIBERTAD
Siendo El también hijo de Dios, y por tanto sujeto a Obediencia, según leemos que le dijo Dios: "Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos bajo el escabel de tus pies", Ese mismo que en su Cruz dio muerte al Imperio y en su Resurrección levantó un Reino Universal Único, ha actuado en la Historia acorde a los límites impuestos a su Corona por la Ley de Silencio que sujetó a Decreto su Poder. Pero consumados los tiempos, hasta el fin de los cuales la Ley impondría su determinio sobre el Deseo, la Libertad de Aquel que se entregó por amor a su Criatura, nosotros, es Invencible, sin límites y Suprema. De aquí pues, que yo, hijo de Dios, insista:
Aquel mismo que se hizo hombre a fin de tener Descendencia
entre las naciones es la Puerta, y en El está lo que buscas.
Cree y pide
Espíritu de inteligencia sin medida; goza de la libertad del que no está sujeto a la Corrupción que viene de un Ser sujeto a límites, sufriendo la contradicción de haber sido creado para vivir en victoria constante contra retos continuos y en cambio caer bajo las ruedas como quien no es y sólo pretende ser.
No dudeis, no tengáis miedo "Pues ¿quién es el padre que si su hijo le pide pan le da una piedra, o si le pide un pez le da una serpiente?"
¡El Espíritu de Yavé, el Espíritu de Dios! Espíritu de Sabiduría e inteligencia, de entendimiento y fortaleza, de consejo y temor de Dios, que en el Amor se hace perfecto.
No busques en los libros lo que no está escrito y no escribas lo que ya lo está. "Ven", dice el Espíritu ¿Quieres ciencia y conocimiento para superar tus retos? ¿Quieres genio y arte para maravillar a tus semejantes? ¿Quieres fortaleza para vencer tus defectos y vicios? ¿Quieres entendimiento para comprender tu mundo y tu camino? ¿Quieres sabiduría para el juicio y discernir entre las cosas la verdad y lo bueno? No temas, no dudes, "Ven", el Día de la Libertad de los hijos de Dios ha nacido. Acércate a tu Rey y Salvador, Señor y Creador, Padre y Maestro y "Vive".
EL MISTERIO DE LA IGLESIA CATOLICA
Entonces, Dios creó el Mundo para la felicidad y el Universo para su Hijo. Y queriendo hacer de todos los Pueblos de su Creación una sola cosa, a la manera que el Padre y el Hijo son una sola cosa, el Hijo de Dios se hizo hombre y le fue dado Esposa, mirando a la Eternidad, que siendo la depositaria de la Verdad Divina, es el Cuerpo de la Religión Viva de la Creación Universal, por su Boca proclamando el Misterio de la Divinidad: "El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, Tres personas distintas y un solo Dios Verdadero.
Y habiéndole elegido Dios a su Hijo Esposa, y uniéndolos en Cristo, deviniendo Ella para El su carne, y El para Ella su espíritu, esta Unión fue Bendecida por Dios Padre, por el Poder de Dios, hecho sangre, a los ojos de la Eternidad.
Pero un Matrimonio se cierra con un Anillo, Signo Visible de la Fidelidad ad eternum del Esposo hacia la Esposa y de la Obediencia del Esposa a la Esposa ad infinitum. Y es por este Anillo Sagrado que se reconoce a la Esposa.
Es este Anillo el que la Iglesia Católica recibiera y es la Herencia sempiterna del Obispo de Roma. De manera que no puede haber Iglesia donde este Anillo no existe, a la manera que no es Esposa quien no ha Sellado su Mano con el Anillo del Matrimonio. En este Orden eterno el Obispo de Roma es respecto al Cuerpo de Cristo, la Iglesia Católica, lo que el Dedo de la Mano Consagrada a la Esposa.
Ahora bien, lo que el Obispo de Roma, en cuanto siervo del Señor haga, partiendo de su Posición en el Cuerpo, es cosa entre el siervo y su Señor. Y si el obispo de Roma olvida que fue su Señor quien dijo "más vale que un miembro muera que no todo el cuerpo se pierda", no porque el obispo de Roma tenga el Anillo de la Esposa el Esposo ha de permitirle a su siervo lo que no le permite a sus hermanos, a saber, ser discípulo del Diablo.
Dios, quien última instancia contrata a sus siervos, tiene el Poder de despedir a quien rompe su Contrato de Santidad, y darle su lugar a otro, y creer que el Contrato con Dios, por el que se deviene Siervo de Cristo, anula el Poder de Dios no es sólo locura, es además decantarse por el Diablo.
Lo cual nos llega a todos a mantener una Fidelidad ad eternum et ad infinitum respecto a la Esposa de Cristo, la Iglesia Católica, nuestra Madre, dejando a Dios el Juicio Final sobre sus siervos, sin renunciar, en cuanto hijos de Dios, a la consecuente actuación, sujeta a Ley eterna, contra todo siervo, sea obispo romano o moscovita, quien, despreciando a su Señor se entregue al comportamiento del Diablo.
Pues Dios le dio a sus Criaturas su Espíritu Santo hecho Carne a fin de que la Obediencia de todos sus hijos sea respecto al Rey y Señor de su Creación, de esta manera Liberando a todos los Pueblos de su Reino de la Obediencia Debida a los Poderes establecidos: cuando estos Poderes tratan de imponerse sobre la Obediencia Eterna de la Criatura a su Creador.
Y esta es en suma la Doctrina de la Iglesia Católica, Cristiana y Apostólica.
Que el obispo romano utilizase, durante la Noche de los Obispos, el Anillo de Cristo que recibiera la Igesia Romana en el Seno de la Iglesia Católica, para poner de rodillas a todos los Cristianos, sujetando la Obediencia ad eternum et ad infinitum al Rey de la Creación de Dios: a la obediencia al Papa, es cosa de Aquel que contrata a sus siervos y ante quien tendrán que responder todos y cada uno de ellos.
Lo que a todos los Cristianos nos compete es la Fidelidad a la Iglesia Católica, nuestra Madre, y en cuanto hijos de Dios, habiendo sido engendrados a la Eternidad en el espíritu de Yavé, mantener la Obediencia al Rey, nuestro Padre, sobre todas las cosas. Pues sería un acto de perdición que habiendo sujetado Dios a su Hijo a la Cuz de la Contemplación de esta Tragedia, fueran sus siervos quienes, invocando el Anillo de la Esposa del Rey, esclavizasen a los hijos de Dios a las cadenas que Dios les quitara, y en razón de las cuales las Naciones fueron conducidas al matadero de las guerras a tenor de la Obediencia debida a los poderes establecidos. Esta es la doctrina del Maligno, contra la que se levantó Jesucristo, y uniéndose a su Esposa le dio por Mandato Eterno mantener la Doctrina de la Libertad por la Eternidad de las eternidades, a la par que sujetó Dios a Contrato el Misterio del Sacerdocio, a fin de que el Siervo no aspire al Poder sino a la Libertad de los hijos de Dios.
EL MISTERIO DEL CUERPO DE CRISTO.
De aquí se entiende que siendo Dios Padre y siendo suyo el Tesoro de la Sabiduría Creadora nadie puede recibir su Espíritu si no está en Cristo, cuyo Cuerpo es la Iglesia Católica, y se revela en el Acto de Obediencia que tiene lugar durante la Misa, cuando con la boca se confiesa este Misterio de la Unión del Espíritu y la Carne en Cristo, es decir, el Sacerdocio Católico, respondiendo "Sí" a esta Verdad sempiterna, a saber, que es el Sacerdote el Cuerpo de Cristo, de quien la Cabeza es Jesús, Dios Hijo Unigénito y Segunda Persona de la Trinidad, "Tú, Dios". ¡Sí!. Amén. Y todo lo que sea ir más allá de esto es locura, como ya se viera en los tiempos pasados tratando el asunto de la Transubstanciación ... que si el Cuerpo de Cristo está presente en forma metafórica o simbólica o....
¡El Cuerpo de Cristo es el Sacerdote, cuya Cabeza es Cristo Jesús!
Dos son pues los momentos sagrados en que el Sacerdocio Católico descubre su Unión Divina. Uno es delante del Altar. El otro dentro del Confesionario. Y de nuevo, cómo cada siervo haga uso de esta Realidad es cosa de cada cual y tendrá que responder ante su Señor de la manera en que le glorificó o si hizo que su Nombre fuera blasfemado. Lo que a tí te compete, antes de pedir Espíritu, es doblar tus rodillas ante Dios, es decir, Cristo, que está en el Confesionario, en Cuerpo, para absolver y llamar a Sí a sus hijos.
Si no has sido bautizado, pide el Bautismo, pero si lo has sido, dobla tus rodillas, pide perdón por haberte dejado llevar lejos de la Fe Universal Apostólica, confiesa con tu boca el Misterio de la Unión de Dios y del Hombre en la Iglesia Católica, y vive. Deja a los siervos que disputen por ver quien es más poderoso, que para eso tienen Señor y a cada uno ha de pagarle Dios según el poder de cada cual. ¡A más poder, más infierno!
Si eres de los que han sido llamados a vivir de la vida eterna en el gozo de la libertad sin más responsabilidad que la debida a la Fe, goza y disfruta, que para eso creó Dios el mundo, para la Felicidad.
Si caiste en el error del Calvinismo, que haciendo de Abogado del Diablo, acusó a Dios de ser el Autor del Mal en el mundo, que preestableció antes de la Creación para la Caída, corre, dobla tus rodillas ante Cristo, confiesa tu Ignorancia, y pide Perdón por haberte dejado engañar por el Maligno. |