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Epístolas de San Juan
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Primera Epístola de San Juan.
Introducción.
Autenticidad y
canonicidad de la epístola.
a) Testimonio de la
tradición. — Las tres epístolas de San Juan presentan, sin duda alguna,
grandes semejanzas con el cuarto evangelio. Las analogías son evidentes en lo
referente a la doctrina, al vocabulario y
al estilo. Estos escritos nos muestran un mundo de ideas y un lenguaje que sólo ha hablado y escrito San Juan Apóstol. Un
lenguaje sencillo y sublime, al mismo tiempo que transmite un mensaje de
verdad, de luz, de pureza y de amor. Toda la ideología teológica es de San Juan.
Por
este motivo, la mayoría de los escritores admiten que el autor de los escritos
joánicos es el mismo San Juan Apóstol. Y para los que admiten que el cuarto
evangelio es obra de San Juan
Apóstol no hay ninguna dificultad en reconocer que también San Juan Apóstol es
el autor de estas epístolas. Esto mismo se deduce del acuerdo
frecuente entre los argumentos internos de dichos escritos y los testimonios
más antiguos de la tradición.
En
efecto, entre las epístolas católicas, la primera epístola de San Juan es, con
la I Pe, la mejor atestiguada por la tradición. Era ya conocida
y recibida en un círculo bastante amplio a mediados del siglo II después de
Cristo. Y algunos de los testimonios provienen de iglesias bastante distantes
de la iglesia a la cual San Juan dirigió inmediatamente su carta.
El testimonio más
antiguo es el de San Policarpo, discípulo del mismo San Juan, que en su Epístola a los Filipenses alude
claramente a 1 Jn 4:2-3, y también a 2 Jn 7. Eusebio afirma
que Papías había utilizado la 1 Jn. También es muy probable que la haya
conocido San Justino, como se ve por las
citaciones o reminiscencias que se encuentran en sus obras. Al final del
siglo II o comienzos del siglo III tenemos el testimonio explícito del Fragmento de Muratori,
que cita el comienzo de la 1 Jn 1:1-4. También se encuentra en las antiguas versiones, como la Vetus Latina.
Es atribuida a San Juan explícitamente por San Ireneo. Clemente
Alejandrino comentó la 1 Jn en las Hypothyposeis y atribuye muchas veces
la epístola al apóstol Juan en sus Stromata. Dionisio de Alejandría se
funda en la 1 Jn para hacer observaciones críticas acerca del Apocalipsis.
También
es atribuida a San Juan por Tertuliano y por Orígenes. Por eso, dice Eusebio que, además del cuarto
evangelio, la 1 Jn es recibida por todos como auténtica. De igual modo, San Jerónimo afirma que era considerada como canónica
por todos los hombres competentes de la
Iglesia.Y lo mismo enseña, todavía con mayor energía, San Agustín.
Se
encuentra asimismo en todos los cánones de las diversas iglesias, tanto
orientales como occidentales: así lo demuestran
el canon de Mommsen; el canon que nos han transmitido Orígenes y San Atanasio; el canon de Eusebio; el de los concilios de
África de fines del siglo IV y la Epístola
a Exuperio, del papa Inocencio I.
b) Semejanzas con el cuarto evangelio. — Las pruebas de crítica interna que
confirman la atribución de
1 Jn al mismo autor del cuarto evangelio, son igualmente abundantes y convincentes.
Las semejanzas entre ambos escritos, en lo referente al estilo, a la estructura
de las frases, a la repetición de locuciones
joánicas, al vocabulario, a la teología, son muy estrechas y acentuadas. “El parentesco es tan estrecho — dice Vogels
— cuanto es posible: ambos escritos son todavía más hermanos que
no lo son, entre ellos, Lc y Act, 1 y 2 Tes, Gal y Rom, Ef y Col. La semejanza
es tal, que debe provenir no sólo del mismo ambiente, sino de la misma pluma.”
La fraseología de la 1
Jn es muy parecida a la del cuarto evangelio. Existen frases semejantes en ambos que no se encuentran en otros
escritos del Nuevo Testamento: hacer la verdad; dar testimonio
de; permanecer en Dios, en el Hijo, en el Padre (en sentido místico); haber
nacido de Dios, de la verdad, del mundo, del diablo; guardar los mandamientos,
la palabra. Se encuentran frases enteras semejantes en 1 Jn y en Jn 14.
Las ideas doctrinales
principales manifiestan también un estrecho parentesco. En ambos escritos, Cristo es llamado Logos, Salvador. Se insiste especialmente sobre su venida en la carne y se afirma que logró borrar el pecado mediante su
encarnación. La conversión al cristianismo es considerada como un nuevo
nacimiento, como un paso de la muerte a la vida.
Se encuentran las mismas antítesis: luz y tinieblas, verdad y mentira, vida y
muerte, amor y odio, Dios y el mundo, los hijos de Dios y los hijos del
diablo, los discípulos y el mundo. Se da mucha importancia a la caridad o amor
fraterno, llamado mandamiento nuevo. La 1 Jn y el cuarto evangelio dan gran
relieve al oficio de iluminador atribuido al Espíritu Santo. Por todo lo cual
podemos concluir que en los puntos esenciales — en el terreno doctrinal —
coinciden plenamente la 1 Jn y el cuarto evangelio.
c)
Diferencias
de la 1 Jn con el cuarto evangelio. — Por otra parte, entre ambos escritos existen diferencias importantes, que han
hecho dudar a algunos autores sobre su unidad (J. Reville, J. Wellhausen), y a
otros les han llevado a negarla (C. H. Dodd). Algunas expresiones características del cuarto evangelio no se
encuentran en la 1 Jn: nacer de arriba, ser de abajo, juzgar y juicio, Espíritu Santo, Escritura y Ley (en
el sentido de Sagrada Escritura), salvar y salvación, gloria y glorificación, perder y pérdida, buscar,
enviar. Por el contrario,
ciertos términos propios de la 1 Jn
no son empleados por el cuarto evangelio: negar el Padre, negar el Hijo,
tener el Padre, tener el
Hijo, comunión, parusía, propiciación, germen de Dios, anticristo, victoria,
mensaje, unción. Además, el estilo de la 1 Jn es bastante menos
semítico que el del evangelio.
Por otra parte, el
nombre de Paráclito, dado en el cuarto evangelio al Espíritu Santo, es
atribuido en la 1 Jn a Cristo.
En la epístola se espera la llegada de la parusía, y esta perspectiva dirige la vida moral. En cambio, en el cuarto
evangelio apenas se encuentra semejante idea. La imagen de expiación por la sangre de Cristo no se encuentra
bajo esta forma en el evangelio.
d)
Conclusión. — No obstante estas
diferencias, creemos que la tesis tradicional se impone fuertemente. La razón es que tiene en su
favor el testimonio unánime de la tradición antigua, el
peso de las afinidades verbales y, sobre todo, las semejanzas doctrinales. Las
enseñanzas teológicas son, en ambos
escritos, fundamentalmente las mismas, y las diferencias son más bien secundarias
y de poca importancia. Por lo cual sostenemos que el apóstol San Juan es el
autor de ambos escritos: 1 Jn y cuarto evangelio.
Las particularidades
propias de la 1 Jn se pueden explicar por las diversas circunstancias que motivaron la composición de la carta,
especialmente la necesidad de luchar contra los errores doctrinales, que
comenzaban a pulular entonces.
Destinatarios
de la 1 Jn.
La epístola no tiene encabezamiento. Por eso no sabemos
con certeza a quiénes fue dirigida. Sin
embargo, de la misma 1 Jn se desprende que los lectores debían de tener
relaciones muy estrechas con el autor. Llama a sus lectores hijitos
míos (nueve veces), carísimos (seis veces);
conoce la firmeza de su fe, sus disposiciones íntimas,las luchas
que han de sostener. La
falta de toda indicación concreta de personas y de lugares, que se advierte en
la 2.a y 3.a epístolas de San Juan, sugiere que la 1 Jn va dirigida a las iglesias de
alguna región y no a una comunidad
particular. Por otra parte, sabemos que los lectores eran convertidos del
paganismo desde hacía tiempo y que estaban expuestos a
recaer de nuevo en la mentalidad pagana. Algunos ya habían apostatado
abiertamente, convirtiéndose en anticristos. Estas defecciones dejaban vestigios dolorosos en la comunidad. Ante esto,
San Juan se decidió a intervenir, componiendo una epístola de carácter
pastoral para preservar a los fieles de los peligros.
La
tradición antigua afirma que San Juan Apóstol pasó los últimos años de su vida
en Efeso, en donde escribió el evangelio y
desde donde habría desarrollado una intensa labor apostólica en
favor de las comunidades cristianas de la provincia proconsular de Asia. A
estas mismas iglesias habría dirigido San
Juan su primera epístola, así como su evangelio. El elogio que hace la 1 Jn de la fe de los destinatarios
corresponde bien a la situación de las iglesias a las cuales van dirigidas las
cartas del Apocalipsis. Algunas merecían, sin duda, el ser amonestadas por
haber decaído en su fervor primitivo; pero el conjunto era fiel a la ortodoxia.
Ocasión y
finalidad de la 1 Jn.
Es frecuente entre los
autores ver en la 1 Jn una carta que habría escrito San Juan para acompañar la publicación del cuarto evangelio y
servirle como de prefacio. A esto parece aludir el Canon de Muratonii (1Jn.27ss) y Clemente
Alejandrino. Sin embargo, la mayoría de los autores prefieren ver
en la 1 Jn un suplemento del cuarto evangelio. Todos, desde luego,
reconocen que la 1 Jn está estrechamente vinculada al cuarto evangelio tanto
por la época de composición como por su finalidad.
Por la misma epístola
se ve que en las Iglesias a las cuales va dirigida habían surgido falsos
doctores, falsos profetas, anticristos, entregados a toda
suerte de desórdenes morales, a errores doctrinales. Afirmaban amar a Dios, y odiaban a sus hermanos; pero más bien amaban al mundo, porque eran del mundo. Pretendían
conocer a Dios con un conocimiento especial y permanecer en El sin observar sus preceptos. Y llegaba su locura
hasta considerarse sin pecado.
Negaban la encarnación de Cristo y afirmaban que Jesucristo no era el Mesías ni
el Hijo de Dios. Rechazaban, por consiguiente, la verdadera
redención por la sangre de Cristo derramada
realmente en la cruz. Con estas doctrinas trataban de seducir a los
fieles. Por eso, San Juan, con el fin de oponerse a estas tendencias
corruptoras del verdadero cristianismo, confiesa claramente que Jesús era Hijo
de Dios y que había derramado su sangre, que es la que nos purifica de todo
pecado y lo constituye en propiciación nuestra y de todo el mundo.
¿Quiénes
fueron estos falsos profetas y doctores? Algunos escritores antiguos, como San Ireneo, creen que San Juan alude en esta carta a los errores de
Cerinto. Este enseñaba que Jesús no era el Hijo de Dios, pues el Verbo habría
habitado en él sólo transitoriamente. Jesús había nacido — según él — de María y José, conforme al orden natural, y en el
bautismo el Verbo había descendido
sobre él, permaneciendo con él hasta la pasión, y después le abandonó. Por otra parte sabemos que San Juan se
encontró con Cerinto en Efeso. Por eso, tal vez San Juan Apóstol se proponga en esta epístola confutar dichos
errores y confirmar a los cristianos en la fe. Otros autores, como Bonsirven y Schnackenburg, piensan que San Juan
combate en su primera epístola las
diversas formas de gnosticismo, que ya habían comenzado a difundirse a fines
del siglo I y que se desarrollarán plenamente en el siglo II.
La
finalidad de la 1 Jn es, por lo tanto, la misma que la del cuarto evangelio: probar que Cristo es Dios y que en
Cristo encontramos la vida eterna y quedamos unidos por medio de El a Dios
Tiempo y lugar
de composición.
“El
tono de la epístola — dice Charue — es el de un anciano que se dirige a
generaciones más jóvenes, de un meditativo que
ha penetrado profundamente y vivido largamente la revelación del Maestro y la
enseñanza de la Iglesia primitiva. Todo, en la doctrina y en su expresión, manifiesta que estamos en la época del cuarto
evangelio, sin duda un poco después de la publicación de éste.” La razón es que los temas
teológicos que se encuentran en la 1 Jn están más desarrollados que los
del evangelio e incluso parece que el autor de la epístola supone conocido el evangelio por sus lectores. La 1 Jn ha de ser
considerada como uno de los escritos más tardíos del Nuevo Testamento.
Es una obra de larga maduración y meditación, en donde están reunidos los datos
esenciales del dogma, de la moral y de la mística cristiana.
La
composición de la 1 Jn habría que colocarla en una época posterior a la
redacción del Apocalipsis, porque la situación
creada por la herejía parece haber mejorado en la epístola con relación al
Apocalipsis. La fecha de composición, por consiguiente, se podría
fijar entre la redacción del Apocalipsis (entre 90-96) y la muerte de San Juan
(hacia el 100).
Como lugar de
composición suele señalarse Efeso, la ciudad en donde vivió y murió el apóstol.
Sin embargo, no existen argumentos positivos.
Doctrina de la
1 Jn.
La
1 Jn puede considerarse como un resumen de la teología de San Juan. Merece ser
tenida como el prototipo de la teología espiritual
cristiana. La riqueza doctrinal de esta epístola es notable. El apóstol expone en forma práctica las verdades más
importantes del Evangelio, que le sirven de base para su instrucción
moral.
Para San Juan, Dios es
luz. Los cristianos han de caminar en esta luz si quieren tener
comunión con El. Dios es santidad. Para ser hijos de Dios hay que evitar el
pecado y ser santos.Dios es
amor. Y para participar del amor de Dios es necesario amar a los demás cristianos.
Jesucristo es el punto central de su
doctrina: El es el Verbo que se manifestó al mundo;El es el Hijo de Dios, el Unigénito, el Verbo de vida. El que niegue
esto tendrá el espíritu del anticristo. El Padre envió a su Hijo al mundo para manifestar su amor por la
humanidad. Jesucristo se entregóa la muerte para redimirnos, nos
purificó del pecado por medio de su sangre,
y se convirtió en nuestra propiciación, mereciéndonos la unión con Dios y el
poder ser hijos de Dios. En
Cristo está la vida eterna, y si nos unimos a El por medio de la gracia, conseguiremos
la vida eterna.
En la 1 Jn se insiste
particularmente sobre la divinidad de Cristo. Este aparece más trascendente
que en el cuarto evangelio. Se le atribuyen todas la prerrogativas del Padre,
porque con El tiene una misma naturaleza y actividad.
La
1 Jn también nos habla de la vida nueva del cristiano. Los cristianos
han nacido de Dios, y son
hijos de El. En la vida presente gozan de una íntima unión con Dios, de modo
que Dios mora en ellos, y después de esta vida verán a
Dios tal como es. Los cristianos han de practicar la caridad fraterna,porque
sin ella no serán hijos de Dios, sino que caminarán en tinieblas.El
que no ama a sus hermanos no puede amar a Dios.
Segunda y Tercera Epístolas de San Juan.
Autenticidad y
canonicidad de la 2 y 3 Jn.
La genuinidad de estas
dos breves epístolas fue controvertida en la antigüedad. Y actualmente hay bastantes críticos acatólicos que niegan
la autenticidad joánica de estas dos epístolas. Los críticos suelen atribuirlas a un cierto Juan, presbítero,
contemporáneo del apóstol, el cual posteriormente
habría sido confundido con él e identificado con el discípulo amado. Esta
sentencia pugna, como veremos en
seguida, con la tradición y con el testimonio de las mismas epístolas.
a) Critica interna. — En primer lugar podemos observar que la 2 y 3 Jn tienen tales semejanzas
entre sí, que todos los autores coinciden en atribuirlas a un mismo autor. Son,
como decía Holtzmann, “dos hermanas gemelas”. La parte inicial y final de ambas
epístolas se corresponden claramente. La
parte central difiere, porque trata de materia diversa. En las dos epístolas, su autor es designado con el título de el
Presbítero, es decir, el Anciano. Se le debía de dar este
título o apelativo más por su autoridad extraordinaria que por su ancianidad.
El Presbítero gozaba de una gran autoridad
en todas las iglesias del Asia Menor. Por eso en sus epístolas ordena,
corrige, juzga, alaba con autoridad. Y su autoridad es indiscutible entre todos
los fieles. El título de Presbítero, que
implica al mismo tiempo ancianidad y sobre todo autoridad jerárquica, corresponde perfectamente al apóstol San Juan, que
era el único que quedaba del colegio apostólico a finales del siglo I.
Hay, sin embargo,
autores modernos que se sirven del título de Presbítero para negar la
autenticidad apostólica de las dos epístolas, pues afirman que ese título no
convenía a un apóstol. Estas dudas tienen, en parte, su fundamento en un texto
de Papías, obispo de Hierápolis, en que se
habla de un Juan presbítero distinto de San Juan Apóstol. Pero el sentido normal del texto de Papías
demuestra que el término, en plural, se refiere a los apóstoles Andrés, Pedro,
Felipe, Tomás y Juan. Y la palabra, en singular, se refiere en el mismo contexto a Juan discípulo del Señor, para
distinguirlo de otro discípulo del Señor llamado Aristión. Por donde se
ve que presbítero para Papías es sinónimo de apóstol al menos en el
contexto indicado. El apóstol San Pedro, escribiendo a los presbíteros, se
llama también a sí mismo copresbítero. Y San Pablo se designa a sí mismo con el calificativo de anciano. De donde se sigue que no tiene nada de
anormal que a un apóstol se dé el título de el Presbítero. Y esto se
comprenderá aún mejor si tenemos presente que San Juan vivió hasta edad
muy avanzada. Tenían que llevarle a las reuniones cristianas por no poder
valerse por sí mismo. Y se hizo voz
corriente entre los discípulos que no moriría antes de la venida del Señor. Además, es muy propio de San
Juan acudir a un circunloquio para designarse a sí mismo, como hace en el evangelio con la expresión “el discípulo
a quien Jesús amaba,” y en estas dos cartas con el título de el
Anciano. En este rasgo de modestia vio ya Dionisio de Alejandría un argumento
en favor de la unidad de autor de las dos epístolas y del evangelio. Por
otra parte, si estas dos cartas tan pequeñas no procedieran de Juan,
probablemente no se hubieran conservado.
b)
Para identificar el autor también ayudan las numerosas semejanzas de estas
dos epístolas con la 1 Jn. Casi todos los versículos de la 2 Jn tienen su paralelo en la 1 Jn. Las semejanzas entre la 3 Jn y la 1 Jn son menos numerosas, lo cual es explicable si
tenemos en cuenta que tratan de
materia diversa. Sin embargo, también se encuentran paralelos, y sobre todo
expresiones características del lenguaje
joánico. También son muy numerosas las analogías y paralelismos que presentan ambas epístolas con el cuarto
evangelio. Las semejanzas que presentan son tantas, que J. Chaine no teme afirmar que en estas dos epístolas “se
encuentra la misma teología del cuarto evangelio, expresada en el mismo
estilo y en la misma lengua.”
Estos
argumentos internos bastante significativos, unidos a la extraordinaria
autoridad de que gozaba el Presbítero en las iglesias a las cuales se
dirige, inducen muy fuertemente a pensar que
el autor es Juan el apóstol, como lo sugiere con bastante evidencia la
tradición. Pues, a pesar de la brevedad de
estas dos epístolas, los testimonios de la antigüedad son bastante numerosos.
Testimonio
de la tradición. —
Los testimonios en favor de la autenticidad joánica de las dos epístolas aparecen ya a partir de la segunda mitad del siglo II.
San Policarpo, discípulo de Juan, parece utilizar la 2 Jn. San Ireneo cita dos
veces la 2 Jn como obra de San Juan Apóstol.
Clemente Alejandrino cita la 1 Jn diciendo: “Juan en su epístola mayor.” Luego
conocía otra u otras epístolas menores de San Juan. Orígenes conoce las discusiones sobre la autenticidad de la 2
y 3 Jn y él las acepta como canónicas. San Dionisio
Alejandrino también las acepta. Tertuliano y Prisciliano se refieren a la 2 Jn.
San Atanasio, San Cirilo de Jerusalén, San
Gregorio Nacianceno, San Epifanio, Rufino, San Agustín... consideran explícitamente la 2 y 3 Jn como obra de San
Juan Apóstol.
c)
El Fragmento Muratoriano (fines del s.II) habla en plural de las epístolas
de San Juan: “in
epistolis suis”. Y en la línea 69 parece hablar de dos epístolas de Juan:
“superscriptio loannis duas in catholica
habentur.” En el concilio de Cartago de 256 se alega la 2 Jn los como una autoridad canónica. Los concilios de Hipona de
393 Y otros dos de Cartago de 397 y de 419
colocan la 2 y 3 Jn en el canon de las Sagradas Escrituras. También el códice Claromontanus y el Catálogo de Mommsen contienen las tres epístolas de San Juan 27
Sin
embargo, la aceptación de la autenticidad joánica de la 2 y 3 Jn no ha estado
exenta de dudas y discusiones.
Orígenes alude a las dudas sobre la autenticidad de la 2 y 3 Jn, que él no comparte. Eusebio coloca las dos epístolas
entre los antilegómena, es decir, entre los “escritos discutidos.” También San Jerónimo se hace eco
de las dudas críticas que en su tiempo se aducían
contra la 2 y 3 Jn. Sin embargo, él utiliza la 2 y 3 Jn como canónicas y
escritas por el apóstol San Juan. El Decreto gelasiano (año
495) las atribuye a Juan el Presbítero. San Cipriano, Teodoro de Mopsuestia y
San Juan Crisóstomo no las utilizan. La Iglesia siríaca las aceptó bastante tardíamente en su canon. En el siglo XVI,
los protestantes volvieron a resucitar
las dudas sobre su autenticidad y canonicidad. Incluso en el campo católico
hubo algunos, como Cayetano y sobre todo Erasmo, que se hicieron eco de
esas dudas.
El 8 de abril de 1546,
el concilio de Trento definió la canonicidad de las dos epístolas, poniendo fin
a todas las dudas de los católicos.

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