INTRODUCCIÓN DE CRISTO RAÚL AL APOCALIPSIS

Punto Primero

Milenarismo versus Miríadismo

La belleza no va peleada con la inteligencia, ni la naturaleza con la verdad, y menos aún, si cabe, la Sabiduría con el Misterio. Lo digo porque es famosa la naturaleza misteriosa del Apocalipsis de San Juan, desde el principio de los tiempos sometido a un escrutinio al final del cual lo único concreto que se ha sacado trata de eso que llaman Milenarismo, los unos, y en cuanto a los otros que la Gran Babilonia en el texto se refiere a la Iglesia Católica, acusación que en boca del enemigo de Dios contra la Esposa de Cristo debe comprenderse como lo más natural, pero que en boca de quienes ponen en sus labios la palabra que en el Diablo viene de por sí, y pretenden que en sus bocas suene a honda y vasta sabiduría, milagro imposible que sería superar al profeta aquel que hizo hablar a un burro contra un amo más terco que una mula, si cabe; pues eso, poniendo en sus bocas la palabra del Diablo, (¿o hay algo más racional que el Diablo acuse de todos los delitos imaginables a la Esposa de su Enemigo, Jesucristo?), haciéndolo, ésos pobres intelectos sin mancha pero con menos seso que el asno del cuento de Balaam a todo lo que llegan es a reducir a Dios a un aliado del Infierno y ellos, desde la Fe, servir a su peor enemigo, ¡los pobres, qué tontos!
 
No menos, sin embargo, que aquéllos otros que, reduciendo la Revelaciónde Jesús a Milenarismo, niegan, a fin de excusar el Sueño de los Obispos, la Liberación del Diablo al principio del segundo Milenio de la Primera Era de Cristo, Liberación que los sorprendió a todos sirviendo a la Muerte a los pies de los emperadores que a sus intereses habían unido el de las familias a los que tales casas sacerdotales representaban.
 
Así que los unos porque quieren ocultar dentro del Milenarismoque habiendo sido puestos en aviso se entregaron a las cosas del mundo, -como se ve en la Historia del Papado y en las Crónicas del Imperio Bizantino-, y los otros porque han necesitado hacer de la acusación del Diablo su estrategia para no abrir los ojos y ver la mano del Infierno en la Reforma del siglo XVI; los unos como los otros perdidos en sus intereses abandonaron la Verdad y dejaron la Inteligencia en el espíritu de la Fe en las manos del Destino. Que yo, Cristo Raúl, recogiendo lo que nadie quiso, tomo en mis manos a fin de abrir el Sello con el que Dios cerró su Libro.
 
El remate de la ceguera alcanza su auge cuando algunos suben un punto el termómetro de la ignorancia humana y donde antes pusieron la Iglesia Católica, una vez superado ya el susto, en seguida cambian Ese por Zeta y ponen los Estados Unidos de América donde pusieran antes la Iglesia Católica de los Estados Unidos de Europa -si es que alguna vez existió eso, la Unidad Europea. De todas formas, y volviendo a los USA, y aunque sea nación singular y harto proclive a la superioridad de instinto, Dios lo sabe, dista mucho de servir al Infierno y a sus propósitos de destrucción total del Género Humano. Es más, haciendo del discurso buen uso se puede ver la misma estructura dialéctica antes servida en el juego entre el Islam y Occidente de este principio de Milenio y Siglo y sacar las conclusiones naturales que el juego de palabras articula en la naturaleza de la inteligencia criada en las leyes de la sabiduría, que no de la ciencia, y no porque la Sabiduria no sea la madre de toda ciencia, sino porque la hija hace ya tiempo que le dio la espalda a la madre y ahora se dedica a parir monstruitos, Gog y Magog /el que tenga inteligencia que entienda/jeje, Hitler y Stalin/sus hijitos del alma, sobre los cuales volveremos cuando lo marque el ritmo.
 
Humor aparte, y para no perder el hilo, y a falta de migajas de pan para rehacer el camino, digamos que tanto el Milenarismo Tradicionalista de la teología romana cuanto la fiscalía anticatólica del protestantismo miriadista, porque miríadas son las iglesias que le han salido a la Reforma, los unos como los otros todos pecaron bajo el signo de la Ignorancia a tenor de cuyo látigo el pueblo judío se levantó contra el cristianismo de los días en que fuera escrito este Apocalipsis. No lo digo por marcarme un primer punto, Dios me libre, como mucho únicamente para reunirlos a todos en la misma olla, entre cuyas paredes y calentitos al fuego del odio del infierno contra Dios y la Humanidad, buscando los unos y los otros salvarse no hicieron sino hundirse más, cumpliendo así la Ley: Hago el mal que no quiero; ley que se le puede aplicar al pobre que se ahoga y queriendo salvarse acaba ahogando a quien vino a rescatarle de las aguas.
 
Alguno puede decir aquí que el Cristiano, por la santa Fe, venció la Ignorancia aquélla por la que hubo Necesidad de la Muerte de Cristo. A lo que uno se abstiene de contestarle palabras propias de espíritu ante la falta de sesos que semejante necedad demuestra cuando, despreciando la visión de los siglos, quieren imponer el lavado de cerebro por norma de Fe. Por la Fe, el Cristiano está salvado. Pero la Fe no era sino la Promesa de la Esperanza, que había de nacer una generación de hijos de Dios engendrados a la Imagen y Semejanza de su Creador, es decir, concebidos en el espíritu de Inteligencia de todas las cosas. Prueba de esta ley, la división de las iglesias contra la Palabra de Dios, que en la Parábola de la Cizaña anunció la Siembra Maligna, y en este Apocalipsis dio fecha para el inicio de esa Siembra Maldita. Contra la Palabra de Dios y contra su Revelación todas las iglesias pasaron por alto la Ley e imitaron en todo a aquel Israel que mataba a sus profetas y se prostituía delante de los ídolos de los imperios del momento. Sí, es verdad, saltamos, en cuanto Humanidad, de una Ley a otra, pero la Ignorancia permaneció durante el salto de un pueblo al otro. Y de la misma manera que los doctores y maestros de los judíos creían conocer a Dios mejor de lo que Dios se conocía a sí mismo, y ¡ay de aquél que se atreviera a abrir la boca!, siguiendo la misma ley los teólogos y obispos de los cristianos se creyeron con todo el derecho a pontificar sobre Cristo, atreviéndose a saber más que el propio Jesús sobre Jesucristo. ¿Resultado? El Cisma de Oriente, la Reforma y la Inquisición. Vistas las cuales en verdad hay que reconocer que sí, que sabían más de Dios que el propio Cristo.
Superados, pues, salvados estos dos obstáculos, el Milenarismo y el Fiscalismo Miriadista contra la Iglesia Católica de los tales discípulos de iguales maestros, nos queda correr el velo que cegando a los judíos los arrastró a condenar al Rey Mesías y a los cristianos a servir al Infierno contra el que, por la Fe, estaban llamados a salvar al resto del mundo; procediendo de su fracaso el infierno que a los ojos de todo el universo devino el Siglo XX.
 
Tengamos en cuenta, y no lo olvidemos nunca, que la Ley fuefirme y no se echó para atrás una sola tilde, y diciendo: "Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará", sujetaba a Esclavitud a la Esposa del Señor Jesús, y de aquí que la Fe, reducida a esclavitud, guardase en su seno, en forma de Esperanza, la Libertad de los hijos de Dios que, por Ley, le era negada a las iglesias en cuanto Cuerpo de Cristo. Porque en verdad el esclavo es siervo de su Señor y no tiene vida en sí mismo, sino que vive del Mandato de su Señor, pero el hijo vive en la Libertad de su Padre y conoce a su Padre como Rey, a Imagen y Semejanza de cuyo espíritu es engendrado por Dios para la gloria de la Fe. El esclavo, en efecto, no entra en la Inteligencia de las cosas de su Señor, y su Gloria está en la Obediencia, pero el hijo del Señor actúa dentro del espíritu de inteligencia de su Padre y a él su Padre le da a conocer todas las cosas, y por qué las hace.

Punto Segundo

La cuestión de la Ignorancia de Adán

 

Digamos que La Ley es sagrada en lo que tiene de bendita y por ella la Ignorancia devino causa de Redención, porque la hubo y de no haberla tenido de nuestro lado el Juicio sobre el Pecado de Adán hubiera sido Final. Entender la Redención sobre la base de la Ignorancia es el Misterio, que ha mantenido en suspense hasta Hoy el sentido de la condena de todo un mundo por el pecado de un único hombre. Sobre lo cual no es necesario decir nada porque ya lo dijo todo San Pablo; únicamente hacer mías sus palabras.
 
La clave del entendimiento respecto a todo lo que nos concierne está en la Memoria del propio Dios, en las Guerras de su Imperio y la Revolución Universal que abriera al Principio de la Creación de nuestro Mundo, temas que podeis seguir en la Tercera Parte de la Historia Divina. Si la habeis leído comprendereis que el simbolismo por el que la Ciencia del bien y del mal se hacía árbol tuvo que ver con la Necesidad que Dios tuvo de descubrirle a su Hijo la existencia de esta Ciencia entre cuyas leyes, axiomas y principios nosotros nos hemos críado y reventamos a muerte de sus causas y efectos. El Género Humano, en cuanto hombre, ignoraba todo lo concerniente a la Historia de los hijos de Dios. Y esa Ignorancia era el reflejo de la Ignorancia del Primogénito de los hijos de Dios. Entre los hijos de Dios, El, con ser el Primogénito y el Unigénito de su Padre, El, el Rey de reyes del Imperio del Cielo, era el único que aún desconocía la existencia de dicha Ciencia Maldita. Era una situación especial que no podía durar y Dios Padre así lo había dispuesto, de tal modo que asombrando a todos sus hijos por la Prohibición dada a Adán la inteligencia de su Hijo se despertara a la causa y entrara en la Memoria de Dios, descubriendo los Hechos de las Guerras del Cielo y el Origen de la Creación sin necesidad de tener que vivir en su Ser lo que su Padre, Dios, había vivido en el suyo. Este era el sentido del Edén.
 
Adán no había sido creado para comer o no comer, sino para con su existencia poner delante de los ojos del Hijo el Misterio de la Prohibición, entrando por cuya Puerta el Rey de reyes del Imperio de Dios descubriría el Origen de la Creación en la Memoria del Padre, y en esta Memoria la existencia de la Ciencia del bien y del mal.
 
Porque había sido engendrado en el Espíritu Santo del Dios de la Eternidad y del Infinito, que no creado, y goza de la Naturaleza Increada del Padre, el Hijo siente en su Ser el mismo rechazo que el Padre contra el espíritu del Infierno. Adán triunfaría sobre su Prueba, y saliendo del Edén para cultivar el campo de los siglos, el querubín bíblico dirigiría su espada de fuego contra el árbol maldito, reduciendo su existencia a cenizas y su Memoria a un recuerdo pasajero que se perdería en el abismo.
 
Con el tiempo, las Guerras de los Mundos que conociera el Cielo devendrían una anécdota de chiquillos que tuvo lugar durante la Infancia de la Creación; cosas de libros, y Paz y Gloria para todos los Pueblos del Universo. El Padre y el Hijo unidos sempiternamente en un amor infinito al Espíritu Santo de cuyo Ser proceden Padre e Hijo, dos Personas y un sólo Dios, el futuro del árbol de la Ciencia del bien y del mal quedaría enterrado entre las aguas del Pasado, allá en lo profundo de la Tierra que con su Obediencia devoró sus ramas, su tronco y sus raíces.
 
Este era el Fin de la Historia del Género Humano escrito por Dios en el Libro de la Vida antes del principio de la Creación del Universo. No había otro. Y todos los hijos de Dios podían verlo. Había llegado la Hora de que el Rey de reyes que El le eligiera a su Imperio descubriera, mirando la Prohibición, su Origen, que estaba en Dios.
 
Corrido el Velo, el Hombre, en cuanto Género, conocería también la Historia de los hijos de Dios, como se conoce la vida de alguien que se ama y le interesa a uno en la medida que forma parte de su pasado, pero sin darle más vueltas porque esa Memoria era agua pasada.
 
Pero, en ese momento, a un paso de la victoria, el paraíso devino un infierno. Y donde se esperaba paz, vino guerra, y donde la Vida tenía que dar el salto del barro a la condición de los hijos de Dios, alcanzando el ser humano la Inmortalidad, el mundo encontró muerte y destrucción. Y lo peor y más trágico es que, excepto el propio interesado, el Adán del Edén, ningún hombre de la Tierra sabía explicarse qué había pasado, cómo habiendo sido amamantados por dioses maravillosos de pronto fueron arrojados todos los pueblos del Género Humano en los brazos de demonios monstruosos... por el pecado de un sólo hombre...
   
Ese Rey de reyes por el que la estructura del Mundo Humano fue la que fue y no fue otra, Aquél Rey de reyes, Hijo Primogénito y Unigénito de Dios, fue quien en este Apocalipsis irrumpe en nuestra Historia para encarnar al hijo de Eva que habría de enfrentarse en Duelo de Venganza al Traidor aquél que, transgrediendo el Mandato, entró en el Edén y le dio de comer a Eva, diciendo ...

Punto Tercero

La cuestión de la Encarnación del Hijo de Dios

 

La cuestión vital una vez consumada la Rebelión de la generación de hijos de Dios a cuya cabeza se pusiera el Maligno en el Evangelio, la Serpiente en el Edén, Satán en el Antiguo testamento, el Diablo en el Apocalipsis, era la siguiente. Pues que la Ley había establecido que la Venganza de la muerte de Adán le correspondía a un hijo de Eva, cosa de todos sabida y a flor de piel en el vagón de arranque de la Biblia; y dado que Dios volvió a ratificarse en el tena cuando le dijo a Noé que de la sangre de un hombre Dios le pediría cuenta al asesino por mano de otro hombre, "pues el hombre ha sido hecho a imagen de Dios", la cuestión en el aire tenía que ver, desde el principio, con la identidad dl elegido para enfrentarse a la Serpiente y aplastarle la cabeza.
 
En la historia de Caín y Abel observamos con interés cómo la abundancia de deseo de venganza arrastró al hijo mayor de Adán a buscar ser él el elegido, pasando sobre el cadáver de su hermano menor. Dios, tendió sobre el fratricida su juicio, pero a la vez rodeó su vida de una valla tras la cual podía morar tranquilo en razón de su ignorancia, porque, siendo hijo del Caído, no entendió que la Promesa de Aplastamiento, a satisfacer en el Día de Yavé, iba para largo. Porque Caín se comportó como hombre y deseó lo más natural del mundo, vengar la muerte como rey de su padre, Dios tuvo misericordia de su instinto. A partir de Set ninguno de los descendientes de Adán volvió a tropezar en la misma piedra. El Día de Yavé, día de venganza y de cólera, amanecería a la Hora en que Dios lo había dispuesto y nadie podía acelerar su Venida. El Misterio sin embargo seguía vivo.
 
Quiero decir, la absoluta confianza del Rebelde y Traidor a Dios, su Creador, respecto a su victoria sobre el hijo de Eva nos quedó reflejada en distintas partes bíblicas. El libro de Job por ejemplo. Y esta confianza en su vioctoria venía dada a raiz de un pensamiento lógico, que yo traduciré diciendo: De haber podido alguien derrotar al rey David ¿quién hubiera podido derotar al vencedor de David?
Imposible olvidar que, a diferencia del resto de las familias del mundo, formadas por los hijos de Dios entre los que distribuyó Dios los pueblos, según está escrito en el Cántico de Moisés, fue Dios en persona quien formó a su Elegido para ser el rey del mundo, aquel Adán padre de los Judíos. Si por la obra se conoce a su autor tenemos que convenir con nosotros mismos que aquel Hortelano del Edén fue el hombre más grande de su tiempo. Y, pues que jamás volvió a ser hombre alguno formado por las manos de Dios según lo fuera el Primer Hombre, la confianza de su asesino sobre su victoria contra el hijo de aquél Caído era natural, venía de por sí. Habiendo aplastado con el soplo de su boca al hombre más grande del universo, el hombre que Dios formó con sus propias manos, ¡dónde estaba el problema¿ ¿Qué le impediría echarse sobre su descendiente y crucificarlo a la vista de todo el mundo, dedicándole al Infierno su victoria sobre el Elegido de Dios? Consolidada su esperanza sobre este pensamiento el Maligno hizo y deshizo sobre la faz de la Tierra según el poder que había conquistado al quitarle a Adán la corona del mundo, deviniendo todos los reinos del mundo su Imperium.
 
Desde la lógica del Príncipe de las Tinieblas el mundo estaba perdido. Una vez crucificado el famoso hijo del Hombre, el hijo de Eva, Dios tenía que renunciar a la Divinidad de su Ley y establecer el Gobierno de su Creación sobre la Divinidad de sus hijos. Era cuestión de tiempo. Y mientras más tiempo pasase mejor; el tiempo jugaba a su favor. Con el paso de las generaciones y los milenios el ser humano se hacía cada siglo más malo y peor, de tal manera que si Dios le daba demasiada cuerda cuando el Día de Yavé amaneciera no iba a haber sobre la faz del mundo un sólo hombre como Dios manda, todos estarían corrompidos desde las ubres maternas y devendría casi una ofensa para un hijo de Dios tener que enfrentarse en duelo a muerte contra un hijo de hembra humana, judío o gentil, lo mismo era.
   
Contra esta lógica del Maligno los descendientes de Eva en cuyas almas viajaba la promesa de Victoria seguían adelante animados por la Esperanza de Salvación Universal que les había mostrado Dios. Basta creer que Dios es Omnipotente y Todopoderoso para diagnosticar un acto de locura sublime la confianza del Diablo en su victoria sobre Cristo, es decir, el hijo de Eva. Tantyo más firme la Esperanza cuanto Dios le mostró a Noé la Ley sobre la cual estaba afirmada la Victoria del hijo del Hombre. A saber, si de la sangre de un hombre Dios puede pedir cuentas de la mano de cualquier otro, porque el hombre ha sido creado a imagen de Dios, entonces sobre la sangre de un hijo de Dios cualquier otro hijo de Dios puede ser llamado a cobrar Venganza. Habiendo sido Adán hijo de Dios de pleno derecho la Elección de su Padre podía fijar sus ojos sobre cualquiera de sus otros hijos.
   
El Enemigo del Espíritu Santo no podía ignorar la extensión de la Ley de la Venganza, pero, desde su locura, había algo que jugaba a su favor. Esto es, que aunque la Ley implicara en el juicio a otro hijo de Dios, esa misma Ley establecía que el Vengador fuera hijo de Eva, es decir, naciera de mujer. Y siendo todos los hijos de Dios tan de carne y hueso como cualquier hombre esta Vía de Elección quedaba cerrada desde el principio. Únicamente una Encarnación podía satisfacer la Plenitud de la Ley. Esto implicaba la Elección del Unigénito de Dios. pero... concebir a Dios hecho hombre era algo que no le entraba en la cabeza a nadie. Y menos que Dios fuera a enviar al "Niño" de sus ojos, su Unigénito, a hacer las veces de Cristo y morir en la Cruz en la que el Diablo había pensado proclamar su victoria ad eternum sobre el Espíritu Santo. ¡No, no! Esto ni pensarlo, prque no le entrraba a la cabeza a nadie.
 
Excepto a Abraham; quien, dando unigénito por Unigénito, hizo que el Corazón del Omnipotente se fortaleciera y si un hombre, que no puede llamar de la muerte a su primogénito, el unigénito de sus entrañas, se hinca la lanza contra la luz de sus ojos, ¡cuánto más quien tiene el Poder de hacer regresar de la tumba a su Hijo había de dar por cerrada su Elección y nos daría por Campeón a su Unigénito, Dios de Dios, luz de luz, engendrado, no creado... He aquí, pues el Misterio de la Encarnación de Dios Hijo Unigénito, que los judíos no podían ver porque Dios sólo a sus siervos los Profetas le mostró su Pensamiento.
 
En el próximo Punto trataremos la cuestión de la Batalla en el Cielo.
 
Punto Cuarto....