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BIBLIOTECA TERCER MILENIO |
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La Biblia tal cual la conocemos se basa en un Principio Universal Supremo,
que comprende en su cuerpo literario el espíritu de la Ley, el alma Moral de la
Sociedad y la razón Metafísica de la Historia en cuanto Movimiento del Género
Humano en el Tiempo y el Espacio, y por extensión: de la Creación entera. Este
Principio es la Biblia. Sea en cuanto Religión aplicada a la Humanidad en tanto
que Ser, el Cristianismo; sea en cuanto Acto aplicado a una Raza en tanto que
elegida, el Judaísmo: la Biblia es el Principio inconmovible que mantiene la
Historia Universal en evolución constante desde el Caos y la Anarquía a la
Armonía y el Derecho naturales a la Inteligencia del Ser. El Hombre es anterior
a todo libro escrito y, como Ayer igualmente en un Mañana hipotético, el Hombre
puede sobrevivir sin libro alguno. Pero la Civilización no puede subsistir sin
la Biblia; la Civilización es el fruto de la Biblia. Antes de Cristo no hubo
Civilización.
La Civilización comienza con el Cristianismo, y es en el Cristianismo y
durante su proceso de crecimiento y edificación que la Civilización se fue
formando hasta devenir consciente de su Ser. La Historia de la Civilización es,
por consiguiente, Historia del Cristianismo. Y al igual que desde el principio
el Cristianismo estuvo sujeto a proceso de persecución y destrucción, asimismo
la Civilización ha crecido y se ha desarrollado en lucha desgarradora constante
contra una sucesión imparable de fuerzas destructoras, externas e internas,
consecuencias de las cuales fueron revoluciones y guerras mundiales.
Desde la Semilla que en Abraham y sus padres comenzó a echar raíces en la
Historia, hasta el Nacimiento del Verdadero Fundador de la Civilización en la
Tierra, nuestro Jesucristo, un Mundo de animales y bestias racionales buscó la
eternidad de su Sociedad Salvaje basando su victoria en el Poder de la Fuerza
Bruta. Pero el salto de una Sociedad Animal-Racional a la Civilización
Espiritual-Ontológica sólo puede basarse en el Poder de Aquel Creador del Universo
que creó al Hombre a su Imagen y Semejanza a fin de establecer entre la
Creación y su Dios una Sociedad basada en el Ser en tanto en cuanto sujeto
de Deber y de Derecho. Es decir, engendrar en el devenir de lo Humano un hijo
de Dios.
Este Proceso, expuesto a su fracaso apocalíptico desde los orígenes de la
Historia Universal escrita, cual se refleja en la Biblia, es el que se consuma
-por Restauración mediante Redención- con el Nacimiento de Jesús, y en la
Muerte de Cristo se abre a toda la Humanidad, extendiendo Jesucristo con su
Resurrección lo que se hizo a título individual al dominio universal. Así,
puesto que desde su Nacimiento el Cristianismo, en la Persona de su Fundador,
ha estado sometido a constante presión destructora, su fruto, la Civilización,
Cristiana por en cuanto sin el Cristianismo jamás se hubiera producido el
salto de la Sociedad Animal-Político-Racional a la Civilización del Derecho : a
la Verdad, la Justicia, a la Paz; y precisamente porque éste era el Fin del
Cristianismo que Dios puso sobre la faz de la Historia al hacerse hombre su
Hijo, la Civilización Cristiana ha sido objeto de constantes ataques
destructivos, ya desde fuera como desde dentro. Pero mientras exista la Biblia
el Cristianismo seguirá su evolución histórica hasta unir la Plenitud de las
Naciones del Género Humano en un Único Reino Universal, cuya Corona reposa en
la Cabeza del Hijo Unigénito de Dios. Este es el Fin de la Historia: la
Glorificación del Hijo de Dios, el Brazo de Yavé, Creador de todas las cosas,
por cuya Palabra Todopoderosa Dios Eterno, su Padre, para maravilla de toda su
Casa, hace, hizo y hará "brillar la Luz en medio de las Tinieblas".
Dada esta Meta se entiende que Dios y su Libro hayan sido objetos de
persecución y exterminio de parte de todos los poderes ciegos que tuvieron y
tienen en la Unificación del Género Humano en un sólo Cuerpo, Ecce Homo, cuya
Cabeza es Cristo Jesús, su enemigo público número uno. La Coronación del Hijo
Unigénito de Dios como Rey Universal, Único y Sempiterno, sobre la Creación
entera de Dios Eterno, su Padre, es una Declaración de Abrogación de todas las
Coronas del Universo y un Manifiesto de Libertad por el que la Obediencia
Debida de criatura a criatura queda abolida en Exaltación Omnipotente del Poder
de Aquel en cuyas Manos Dios Padre ha dispuesto que estén todas las cosas, las
del Cielo y las de la Tierra: Por la Eternidad.
La Biblia es, pues, ante todo y sobre todo, la Crónica de una Revolución
Universal que le afecta a la Creación entera y establece la Historia del Futuro
de la Eternidad desde un Principio Nuevo. Desde el Prólogo mismo de la Biblia,
"La Creación del Universo", Dios se manifiesta como su Autor y
presupone en su Omnisciencia la Fragilidad de su Libro a los ojos de un Mundo
cuya Ignorancia sobre las Causas de la Revolución del Reino de los cielos, que
en la Biblia encuentra su Prehistoria, era tan grande - la ignorancia humana -
como inmensa la diferencia entre la Inteligencia del Creador y una Criatura aún
en su fase animal-racional-política.
En efecto, el "animal racional" en su versión política o en su
versión filosófica era una criatura impotente frente al abismo que separa la
Razón de la Inteligencia. Y sin embargo el Hombre fue creado para alcanzar la
Inteligencia sin límites ni medida, a imagen y semejanza de la Naturaleza de la
Inteligencia de su Creador. Pero privado de este acceso su Historia tenía, por
lógica, que escribir en las páginas del Universo la Crónica de una Guerra Civil
Perpetua cuyo Fin, por ley, habría de conducir a todo el Mundo a su Apocalipsis
Final.
La Biblia es, por consiguiente, la Crónica de la Fundación del Reino
Universal de Dios, Padre e Hijo, en el mismo Espíritu Santo, (Antiguo
Testamento), y el Establecimiento de la Civilización bajo cuya Bandera y
Estandarte cristianos el Mundo se enfrenta a ese momento en tensión final:
Obediencia a la Corona del Hijo de Dios o Rebelión contra la Voluntad de Dios,
su Padre (Nuevo Testamento).
En el camino la Historia Universal es reflejada en una Familia, la de Noé,
que se hace Tribu en Abraham, el Hebreo, y se desarrolla hasta devenir Nación,
la Judía, en cuyos hijos e hijas todo lo bueno y todo lo malo encontró cuerpo a
fin de que en su carne y en su sangre la Humanidad, como se lee, recibiéramos
un Curso Divino sobre la Ciencia del bien y del mal, cuyo desconocimiento
ocasionó la ruina temporal de nuestro Género.
Desde el conocimiento de esta Ciencia del Bien y del Mal se entiende la naturaleza del ataque de la Razón contra la Fe y su interés en reducir a fábula el Libro de los Orígenes del Género Humano. Mi misión en esta sección de la
BTM, es entrar en la Historia de esa Familia, Tribu y Nación a la luz de la
Historia Universal rescatada de su tumba por la Arqueología, contra cuya
Historia la Razón, antes de la Arqueología, se lanzó con la furia de una bestia
depredadora dispuesta a devorar página por página cada uno de los libros de las
Sagradas Escrituras. La necesidad es obvia. Aún cuando la dialéctica de la Razón
del XIX contra la Veracidad Histórica de la Biblia ha sido desmantelada por la
Arqueología, enfangado el Siglo XX en el Apocalipsis de su destrucción total,
los Historiadores del XXI aún no han desecho lo que la Razón hiciera, y sigue
circulando en el mundo la montaña de sentencias sin fundamento científico que
los profetas del Socialismo y del Evolucionismo escribieron contra el
Cristianismo.
Aún cuando no lo crean, ellos pasarán, ya están pasando: "Pero mi
Palabra no pasará jamás".
FUNDACION DEL REINO UNIVERSAL
La segunda parte de su Libro, el Evangelio, trata de la Batalla entre la
Vida y la Muerte, del Cielo contra el Infierno, y glorifica la Victoria del
Espíritu Santo contra el espíritu Maligno; de Cristo sobre el Diablo.
Dice el Libro de Dios en su tercera parte que llegado el Día Anunciado le
ordenó Dios a todos sus hijos presentarse ante su Trono y deponer sus coronas a
sus pies. De lo que se lee se ve que unos lo hicieron y otros se negaron, y en
consecuencia los Rebeldes que no lo hicieron fueron perseguidos, destronados y
arrojados del Cielo.
De la lectura del Nuevo Testamento se desprende que mientras los príncipes
Fieles persiguieron a los Rebeldes, Dios llamó a su Primogénito, le dió a
conocer la Doctrina del Reino de los Cielos e inmediatamente le envió a nuestro
mundo, donde se encarnó en María "la Virgen de Nazaret", y nació bajo
el reinado de los Herodes, en Belén de Judá, durante los días del censo
universal decretado por Octavio César Augusto, sobre cuya historicidad hay mucho que decir, a su tiempo.
Ignorante y desconocedor de las medidas revolucionarias que su Padre había
proyectado y empezaban a materializarse a raiz de su Encarnación, el Hijo de
Dios descubrió a Cristo durante el episodio que El mismo protagonizara en el
Templo, a la edad de los doce años aproximadamente. En Cristo descubrió Jesús
el Pensamiento de Dios, y lo que es más importante, descubrió el Origen del
Espíritu Santo, que estaba en su Padre, Único Dios Verdadero e Increado que
conocieron el Infinito y la Eternidad.
Se desprende de la lectura del Nuevo Testamento que Dios le descubrió a su
Hijo tanto la identidad del verdadero Enemigo de su Reino cuanto la Naturaleza
de la Revolución que únicamente y nadie más que Cristo Jesús podía y debía
abrir.
Cristo Jesús, el Rey Mesías, el heredero de todas las promesas escritas en
el Antiguo Testamento, nacido del espíritu de Yavé: "espíritu de
inteligencia y sabiduría, de entendimiento y fortaleza, de consejo y temor de
Dios". Estando sin embargo sujeto por su Origen a la estructura del Mundo
Antiguo, y porque de entre todos los príncipes del Cielo Jesús era el Rey de
reyes, también a El le tocaba obedecer y sujetarse al decreto de Abolición del
Imperio que su Padre dictara y estuvo en la causa de la Batalla en el Cielo, de
la que habla en Su Libro, Apocalipsis. Al igual que lo hicieron los Príncipes
del Cielo también el Rey de reyes y Señor de señores debía deponer su Corona a
los pies de Dios.
Y así fue. Así se hizo; Jesús, el Primogénito de los hijos de Dios, el
Unigénito de Dios, puso su Corona a los pies del Trono del Espíritu Santo de
Dios, su Padre.
EL MISTERIO DE CRISTO.
Pero lo que no sabía nadie, porque nadie podía saberlo, era que al regresar
a su Mundo Jesucristo lo hacía como Rey Todopoderoso a imagen y semejanza de su
Padre, y que Glorificado de esta manera llevaba a su Casa una Nueva familia, su
propia Familia, a nacer, pero que estaba en El: Una Esposa, la Iglesia Católica,
engendrada para unir a todo el Universo en una misma Religión, unos Hermanos,
cuyo Poder es el de Dios, que está en su Palabra, y una Descendencia, nacida
para unir todo su Reino en una misma Inteligencia.
He aquí el Misterio de Dios, que es Cristo: La Cabeza es Cristo Jesús; el
Tronco es la Iglesia Católica, y los Miembros los Hermanos y los Hijos de Dios.
Aquí está el espíritu de Inteligencia:
"Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son
nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros; porque la
expectación ansiosa de la creación está esperando la manifestación de los hijos
de Dios, pues las criaturas están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por
razón de quien las sujeta, con la esperanza de que también ellas serán
libertadas de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de
la gloria de los hijos de Dios"
C.R.Y&S |
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