Ambiente histórico
La situación política internacional
de la época de Ezequiel es similar a la que hemos descrito en
la introducción al libro de Jeremías. Después del colapso del
imperio asirio en 612, en que tiene lugar la conquista de Nínive
por Nabopolasar (625-605), caudillo
babilonio, auxiliado por
los medos, Egipto quiere conquistar la zona de influencia en las
antiguas provincias conquistadas
por Asiria; por ello, Necao II, en 609,
sube, a través de Palestina y Siria, al encuentro de los ejércitos medo-babilónicos. Al pasar por Megiddo, junto al Carmelo, le sale al paso el rey Josías de Judá, que muere en el combate (609 a.C.); le sucedió su hijo
Joacaz, pero éste fue depuesto por
Necao II, que había establecido su cuartel general en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria).
En su lugar colocó en el trono de Jerusalén al hijo de Josías, Eliaquim, al que cambió
el nombre en Joaquim (609-598). Poco después el faraón fue vencido en
Carquemis (606 a.C.) por las tropas acaudilladas por
Nabucodonosor, hijo de Nabopolasar.
En 605 muere Nabopolasar, y su hijo le sucede en la dirección del nuevo
imperio. Después
de derrotar a los egipcios, Nabucodonosor
hizo una incursión por Palestina (606-5). En el 603, el rey de Judá,
Joaquim, confiado en Egipto, se insurreccionó
contra el monarca caldeo, y éste se limitó
de momento a enviar partidas de soldados que devastasen Judá. En 598 puso sitio formal a Jerusalén, durante cuyo asedio
murió el rey Joaquim, y le sucedió su
hijo Joaquín o Jeconías, el cual se rindió a los tres meses de reinado,
siendo deportado con la aristocracia del país a Babilonia,
y entre los cautivos estaba el propio Ezequiel. Las tropas caldeas
saquearon el templo, llevándose los vasos sagrados.
El vencedor puso de rey en Jerusalén
a Matanías, hijo de Josías,
cambiándole el nombre en Sedecías (598-586). Al principio éste se mantuvo sumiso a
Babilonia, pero por instigación del faraón Hofra
se unió a una liga anticaldea organizada
por Amón y Tiro. Las tropas de Nabucodonosor volvieron al asedio y tomaron la ciudad en julio-agosto
de 586. La ciudad fue totalmente arrasada con su templo, y las fuerzas vivas de la población fueron deportadas,
quedando sólo en el
país los labriegos y peonaje. Sedecías,
capturado por los babilonios, fue llevado a Ribla,
donde delante de Nabucodonosor
le sacaron los ojos después de asistir al asesinato de sus hijos.
Después fue deportado. Con ello la catástrofe nacional del pueblo
judío llegó a su colmo, y la crisis de la conciencia nacional
fue el problema con que tuvieron que enfrentarse los profetas
Jeremías en Palestina y Ezequiel en el exilio.