BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LA BIBLIA

PENTATEUCO

Exodo - Levítico - Números - Deuteronomio

GENESIS

PRIMERA PARTE

HISTORIA DEL GENERO HUMANO

(I-XI)

SEGUNDA PARTE

HISTORIA DE ABRAHAM

(XII-XXIV)

TERCERA PARTE

HISTORIA DE ISAAC Y SUS DOS HIJOS

(XXVI-XXXVI)

CUARTA PARTE

HISTORIA DE JOSE Y SUS HERMANOS

(XXXVII-L)

La Cuestión Histórica

 

El primer problema a resolver es el Histórico. Nadie ignora que tanto la persona de Moisés como su autoría sobre el Génesis fue cuestionada en el XIX y resuelta en negaciones  diversas. Todo hijo de Dios que se precie tiene el deber de conocer lo más perfectamente posible todo lo que concierne a la Creación de Dios, en tanto que satisfacción personal, y el deber de combatir la ignorancia impuesta entre los cristianos por los intereses de unos y las ignorancias de los otros, en cuanto objetivo universal. A primera vista, y es algo que en las introducciones a las bibias de todas las iglesias se lee, se observa el desconocimiento de todas las iglesias sobre la Historicidad de Moisés. Con aquello de “la Palabra sola” los unos, y “el dogma de la infalibilidad” los otros, la cuestión de la Historicidad del autor del Génesis, nuestro Moisés, desaparece y pierde importancia, siendo, sin embargo,  este vacío, como contra fortaleza asediada que presenta muro sin vigilancia, que se lanzaron los enemigos de la Biblia para, destrozando esta parte de la muralla, entrar y saquear las riquezas del Cristianismo.

Ya sabemos que la primera parte del siglo XIX fue de negación total y rotunda de la Historicidad del Génesis en particular y de la Biblia en general. De la lectura de una Historia de la Ciencia y la Filosofia del XIX se observa hasta qué extremo de ignorancia llegaron los intelectuales cuando a finales del mismo siglo, y para cerrarles la boca a tales  profetas del futuro, los muertos que nunca existieron y sus ciudades de antiguo que jamás fueron: salieron de las tumbas del no-ser que se les atribuyeron. La Nínive de las leyendas bíblicas, la Ur de las memorias abrahámicas, incluso la crónica del Asirio por excelenca, Tiglat Pileser III, cuyas existencias y vidas la primera parte del XIX tiró a la papelera como cuentos de viejas, de repente, y para asombro de todos, comenzaron a salir de sus Nadas sin existencia, asistiendo el mundo científico de antes de las Dos Guerras por el Imperio del XX a la resurrección de una Civilización contra la que la clase intelectual científica se había alzado con voces patéticas de negación : Precisamente y especialmente porque fue el Mundo del Génesis.

La Bibliografía existente sobre la Epopeya del Descubrimiento de la Civilización de Mesopotamia y la Aventura del Desciframiento de sus Lenguas pertenece más al mundo de habla Inglesa y Francesa que al Mundo Hispanoparlante. Al tiempo presente, para gozo de todos, y porque pertenece a un siglo libre de copy-right, la puerta al conocimiento de esas Epopeya y Aventura es de libre acceso. El caso es que la obligada imprecisión procedente del periodo de aprendizaje en suma al background cultural de los protagonistas dieron por igualdad una Cronología, referida al Mundo Bíblico, no compacta, siempre basculante, jamás finalmente decidida. La Historicidad de Moises, en consecuencia, quedó en el aire entre los siglos XVI y XIII, sin atreverse ningún autor a cerrar la cuestión haciendo del problema su tema principal básico.

Decir es necesario, en descargo de todos, que las Dos Grandes Guerras por el Imperio del XX alejó a los posibles candidatos del escenario, y una vez desaparecida la generación de los Rawlinson y Maspero del tablero de la Cultura, esclavizada la clase científica en general a la tercera fase de la Lucha por el Imperio del Siglo, la Historia, como la Filosofìa, pasaron a mejor vida. Alienada de toda Filosofía Moral, desconexa de toda Razón Histórica, la Ciencia se entregó por completo al Poder, abandonando la Existencia del Hombre en cuanto hombre en las manos de su nuevo amante. Las iglesias, que hubieran debido recoger el Problema en sus manos, no lo hicieron; divididas entre ellas y entregadas al culto del Dinero como fuente de Poder, la socavación de los cimientos de la Biblia en cuanto Historia se dejó en las manos de su Autor.

Y bueno, puesto que en su Presciencia Aquel que dibujara los Planos del Universo escribió una Fecha para cada tiempo, es solo natural que cumpliéndose los tiempos cada momentum tenga su Siglo. Observamos que una Nueva Batalla por el Imperio del Siglo XXI ha comenzado. Como durante un acercamiento de ejércitos las fuerzas luchan por la conquista de las posiciones claves desde la que dominar la batalla que se aproxima, el Siglo XXI está siendo desgarrado. Pero a diferencia del XX, cuyo momentum estuvo dominado por la Ley de Intervención Limitada de Dios en la Historia del Futuro, predominante desde la Caída, en este Siglo la Ley es de Intervención sin Límites, quedando sujeto el Mundo a las consecuencias de la Gloria de la Libertad del Hijo de Dios sobre la Estructura de la Historia de la Plenitud de las Naciones.

Como al Principio al Final, brillando la estrella de la mañana todo hombre ve que la Noche se acaba y nace el Día.

Así pues, centrando la cuestión, la Cronología del Segundo Milenio AC no admite en su línea de tiempo otra fecha para el Exodo que el año de la Caída de los Hicsos. En términos generales ese año tiene por número los propios del 1550. La Arqueología ha desmentido ya y para siempre la conexión entre Moisés y los ramsésidas. La opinión de quienes quisieron hacer posterior Moisés a Tutankamón se cae por su propio peso. Que los Egipcios conquistasen su Independencia por sí mismos no consta en ninguno de los Anales escritos, siendo un misterio tanto la Caida de los Hicsos como la Reconquista del Trono de los Faraones por sus legítimos dueños. El hecho de la Supremacía de la Dinastía que siguió a la Reconquista hasta los Ramsés hace imposible cualquier Exodo durante su tiempo. Para cuando este momentum decae un acontecimiento ha tenido lugar que hace imposible la Conquista de la Palestina Bíblica acorde a los Hechos: los Griegos de la Ilíada han destruido el Reino de los Hititas, se han desbocado hacia el sur de los Tauros y, en forma de Filisteos, han impuesto su ley de hierro en Siria y Líbano, trayendo a luz un escenario en el que los Hechos de Josué y los Jueces no tienen cabida ni presentación.

Finalmente, la Destrucción de Jericó IV en sucesión a la Caida de los Hicsos siendo un Misterio sin resolver, porque no se ha querido ver a los Hebreos de Josué y era preferible la ignorancia a darle la razón a la Biblia, conecta en el tiempo ambos acontecimientos: Caida de Hicsos y Destrucción de Jericó IV con el Exodo de Moisés y Conquista de Palestina. Dado que no quisieron aceptar la conexión de la Destrucción de Jericó IV con Josué, y la alternativa Josué-Jericó se les iba al Siglo XII, un tiempo imposible de aceptar a la hora de conjugar Conquista de Palestina con el Imperio de los Filisteos-Helenos autores de la Destrucción de Troya, los neo-historiadores de finales del XX se decidieron por la ambiguedad, prefiriendo dejar la Cronología de Moisés en el limbo a reconocer la Trascendencia del Exodo, determinando de un sitio la Caida  de los Hicsos, del otro la Reconquista de la Independencia de los Egipcios, y como consecuencia: la Destrucción de Jericó IV marcando el Inicio de la Conquista de Palestina por los Hebreos.

Entrando ya en materia, teniendo Moisés ochenta años cuando regresa a Egipto, y siendo el 1550, aproximadamete, la fecha de la Caída de los Hicsos, la resta nos da el 1670 a.C. por año de nacimiento del Profeta. Y siguiendo con la suma, habiendo vivido 120 años, nos da el 1510, aproximadamente, por feliz año de su entrada en el Paraíso.

Que Moisés fuera príncipe es tan cierto como que llueve para arriba. Que los Egipcios fuesen los autores del decreto Infanticida contra todos los varones hebreos recién-nacidos es tan real como que no hay verano.

Semejante medida es desconocida en los Anales de los Egipcios Faraónicos y solamente aceptable en el seno de un Invasor que funda su Poder sobre la sangre de los pueblos invadidos. Situando la entrada de Jacob y sus hijos en Egipto en los principios del Segundo Milenio, época de grandes hambrunas en el Oriente Medio, que obligara a los palestinos de todas las razas a bajar a Egipto a comprar trigo, siendo el Granero de la Región, y del Mundo luego bajo el Imperio de los Romanos, hay que ser un ciego para atribuirle a los Egipcios del Siglo XIII ó XII un decreto de tal calibre infanticida contra un Pueblo que después de un Milenio era tan nativo del suelo como ellos mismos. Un decreto contra los varones hebreos sólo es concebible en el Siglo de la Caida de los Hicsos, es decir, muy atrás en el tiempo, cuando los Egipcios se han retirado al Sur, desde donde mantienen su Reconquista y los Hebreos habiendo perdiendo su condición de Pueblo Libre pasaron a ser esclavos “bajo un faraón que no conocio a José”, es decir, un Rey Hicso.

Siguiendo con la misma manía persecutoria contra la Biblia los historiadores no dudaron en hacer el ridículo, por eso tal vez de estar llenos de Gracia también, cuando constando en los Anales la “entrada de Asiáticos” en Egipto quisieron ver en esta conexión la entrada de los Hebreos en el Nilo, determinando por esta fecha tardía la cronología de los Hebreos en el Imperio de los faraones. Ahora bien, aunque existe el trono de los Hicsos, y porque existió, no se ha descubierto ninguna Crónica de una Invasión Violenta del Reino del Nilo; de repente aparecen los Hicsos en el trono.

Y si aparecen como por arte de magia es porque estaban ya en Egipto, y fueron ellos “los Asiáticos” que entraron en fecha tardía, siguiendo la Emigración Hebrea, al amparo de la Hospitalidad de los Faraones del Nilo para con los Extranjeros que pacificamente venían a instalarse bajo su Corona. Pero si los Hebreos le pagaron al Faraón con Gloria, los Nuevos Emigrantes le pagaron con Ruina; de la que fueron salvados por el Moisés que destruyó el Ejército de los Hicsos bajo las aguas del Mar Rojo.

Si la aparición de los Hicsos en el Trono del Nilo es un secreto sobre el que los historiadores pasaron de largo para no enfangarse en las aguas bíblicas, el secreto de la Reconquista del Cetro del Faraón es uno de esos enigmas por el que se prefiere pasar de largo diciendo: No sabemos cómo, porque no hay registro de ninguna batalla final por el poder; sólo sabemos que un día estaban los Hicsos, y al siguiente estaban los Egipcios.

La Prueba Final, sin embargo, espera bajo las aguas del Mar Rojo. Este Siglo verá surgir de esas aguas el Ejército del Último Faraón Hicso, y la fecha dada por los historiadores más atrevidos, el 1550, quedará como el año que Dios rescató a su Pueblo de la Esclavitud. Recogeremos este hilo segun avancemos por las diferentes partes del Génesis. La conclusión que importa, ya recogida por algunos historiadores, desoida por la vieja guardia del imperio, es que el Exodo determinó la Caída de los Hicsos, la Reconquista de la Independencia por los Egiopcios y la Destrucción de Jericó IV, las tres caras de una misma pirámide edificada por el Dios de Moisés entre el 1550 y el 1500 a.C..