Introducción al Profeta Daniel

En verdad se dan ocasiones en que uno podía estar dándole vueltas a un tema más tiempo del que aconsejan las voces prudentes y honestas. El caso del profeta Daniel y la confusión de los reyes que el copista introduce es uno de éstos. Sin embargo cualquiera que ame las cosas de la Historia y la Memoria de la Humanidad puede torear esta confusión apenas se le suelte el toro en la arena del pensamiento. Lo más claro que se saca de la confusión aparente es que el copista tenía poco conocimiento de la sucesión de los reyes, o bien que su comprensión de los mismos trabajó desde principios distintos. La ausencia de referencia a Nabónido, sucesor de Baltasar, es la clave de todo el misterio. Esto hablando respecto a las cosas humanas, sobre las que volveremos enseguida.

Sobre las cosas divinas vemos que el Juicio contra el Mundo Antiguo, que el ángel le anuncia a Daniel, es la causa por la que en el Apocalipsis, finalmente, Jesús habla de la Segunda Muerte, y es el origen del famoso Purgatorio que en los días de Lutero armara tanto revuelo. Que Dios había estado profetizando un Juicio Primero contra el Mundo Antiguo justamente al cabo del Sacrificio Expiatorio por la Redención de los pecados del género humano, este es un tema de primera importancia en todos los profetas, desde el más grande al más pequeño. Esta Primera Muerte causa verguenza y desolación en quienes son juzgados, según leemos en Daniel, pero quedan todos los juzgados no dignos de resurrección a la vida eterna: pendientes de un Juicio Final, Universal, cuya Muerte, la Segunda, no conocerá otro Juicio Postrero y dará por finalizada la Guerra entre Dios y la Muerte.

El conocimiento de los Elegidos, de los que habla el ángel que le revela a Daniel todas las cosas, sobre este Juicio contra el Mundo Antiguo, sería la base en razón de la cual una vez idos los Apóstoles quedaría el conocimiento en forma de sustrato inconsciente, de donde partiría la idea del purgatorio, es decir, del estado en que quedaron los juzgados durante este Primer Juicio porque no fueron hallados dignos de la resurrección a la vida eterna y quedaron supeditados al Juicio Final sobre todo el universo humano. Sería refiriéndose a este conocimiento de las cosas divinas que San Pablo diría: "Hablamos entre los perfectos una sabiduría escondida, secreta, misteriosa...". Sabiduría secreta, predestinada a los elegidos, que de haberla conocido los príncipes de aquel mundo no hubieran crucificado al Señor de la gloria, como muy bien siguiera diciendo Pablo, cuyos ecos permanecieron en las catacumbas del conocimiento de la comunidad que surgiera después de haberse idos todos ellos, y especialmente dejó su último estallido en aquel Orígenes, discípulo de un discípulo del último de los Apóstoles, hablando de la Esperanza de Absolución Universal por la que caminaron alegres los Elegidos al matadero del Sacrificio; eco que, revolucionando la mente de Orígenes, le arrastró al exceso de mutilarse los genitales a fin de no ser estorbado para su entrega en cuerpo y alma a la Causa de Cristo.

Mas, y aunque el tiempo de separación entre los días de Orígenes y el último de los Apóstoles apenas si era un suspiro entre siglos, el abismo que se había levantado entre las comunidades eclesiales y aquélla Sabiduría era ya invencible, como se demuestra en que sus coetáneos le heretizasen a él, Orígenes, por el exceso de su celo entusiasta y su fe en la Victoria Final del Cristianismo sobre el Infierno, que precedería a la Absolución Universal de todo el Género Humano por el mismo Jesús que ofreció su vida, es decir, a Cristo, en aras de esa Victoria Final, en aras de la cual él, Orígenes, se arrancaba la carne para servir a Dios en el espíritu sin la molestia de la carne. La bondad y la inteligencia de este hombre es una leyenda, enturbiada exclusivamente por quienes, ignorantes sobre la Esperanza de Cristo, y acogidos sólo a la Fe, vieron en el celo extremo de Orígenes un enemigo de la ortodoxia tradicionalista. Yo, si bien reprobando ese celo, no puedo menos que abogar por un hombre que amó la Causa de Dios con todo su corazón, su cuerpo y su mente. Y ahora regresemos al misterio de la Historia de Daniel y la Caída de Babilonia.

Sin duda alguna la falta de Nabónido en el libro procede de la ignorancia del copista y desde su desconocimiento de la Historia procede a verificar los Hechos sin preocuparse de los nombres, razón por la que donde hubiera debido poner Nabónido puso Nabucodonor. No hablo mentira. El historiador vuelve a perdernos en el laberinto cuando hace suceder Darío el Medo a Baltasar, sabiendo como sabemos que Baltasar fue sucedido por Nabónido, Nabónido por Ciro y Ciro por Cambises; Cambises por Darío el Medo. Ahora bien, si nosotros jugamos con la probabilidad más cierta y vemos al copista realizando su labor durante el reino de Darío, de tal modo que emparenta a Darío con la Caída de Baltasar, ya escrita, haciendo de Nabónido un escalón necesario pero cómplice del profeta, en este caso no hay ignorancia sino sabiduría, alguien que contempla la Historia desde la razón divina y no la simple manifestación de las fuerzas humanas.

Si la primera visión -la de la estatua- sería la que elevaría a Daniel a la cumbre del Consejo Privado de Nabucodonosor, deviniendo Jefe de los Magos de Babilonia, la segunda visión -la del árbol- tuvo lugar durante el reinado de Nabónido, y sería este Nabónido el que, según consta en los anales babilónicos, abandonaría el trono durante un tiempo, para recuperarlo más tarde. Se dice que Nabónido abandonó Babilonia para construir una ciudad en el desierto. No consta en ningún archivo que Nabucodonosor abandonara su trono excepto para destruir ciudades. Es más, en aquéllos tiempos obtusos y criminales la idea de un trono vacante era inconcebible y exclusivamente realizable si el trono estaba apoyado en un Consejo Real, gobernado pr un Jefe con plenos poderes imperiales para guardar el trono hasta la vuelta de su legítimo dueño. Cuando Nabónido regresa de realizar su visión en el desierto, su trono le está esperando.

Y le está esperando porque quien se lo guardara era el mismo que se lo diera. Aunque la leyenda de la Caída de Baltasar es verdadera, que Dios actúa en el mundo mediante sus siervos y sus hijos es algo que no necesita ser probado; las pruebas saltan a la vista. El copista dice que la misma noche en que, en plena juerga, Daniel le lee la escritura en la pared a Baltasar, en plena resaca muere y le sucede Darío el Medo. Como dije arriba basta abrir cualquier libro barato sobre la Historia de aquéllos días para descubrir la extrañeza que supone en un historiador hebreo confundir tiempos, lugares y nombres de una forma tan escandalosa. No era Darío el Medo quien reinaba en la Media, sino Astiages el Gordo. Y sin embargo si tenemos en cuenta que sería un Medo, y no precisamente un persa quien acabaría adueñándose de Babilonia podemos decir que el historiador estaba escribiendo como profeta y desde que Baltasar cayera, e independientemente de las sucesiones, el copista daba por hecho que el trono de Babilonia iría finalmente a parar a las manos de Darío el Medo, bajo cuyo reinado él hacía su vida.

Mas no es este punto el fuerte, sino el cambio de gobierno que el Jefe de los Magos de Babilonia realiza, poniendo en el trono del muerto, y contra la dinastía legítima, a Nabónido, un príncipe asirio. Será este Nabónido quien, tomado por Darío, eche a los leones a Daniel, y quien le daría gloria a Dios abriéndole las puertas de Babilonia a Ciro, quien conquista Babilonia sin derramar una gota de sangre, entrando en la ciudad de Daniel entre clamores de alegrías y vítores de liberación.

Tenemos que reconstruir, por consiguiente, la Historia de la Caída de Babilonia y el ascenso del Imperio de Darío, partiendo de la base de la conspiración que, por decisión divina, se establece entre los tres hombres del futuro: el príncipe Ciro, persa, el príncipe asirio, Nabónido, y el príncipe de los judíos, Zorobabel, los tres bajo la tutela del Jefe de los Magos de Babilonia, los dos primeros en la corte de Nabucodonosor siguiendo las pautas del comportamiento de los reinos vasallos respecto a los herederos de las coronas que les están sujetas, y el tercero en razón de la conquista del reino de Judá.

La objeción al paso de Ciro por Babilonia procede de los cuentos que Herodoto recogiera sobre el origen de Ciro el Persa. No olvidemos que Daniel estaba viendo el traspaso del imperio a las manos de Ciro mientras Ciro estaba bajo su tutela. Y que Herodoto registra memorias de un mundo que no conoce y sobre el que escucha campanas pero jamás viera la torre desde donde esas campanas produjeron el eco que a él le llegara.

Si recordamos de pasada la Historia vemos que Ciaxares y Nabopolasar se dividieron al Antiguo Imperio Asirio y el primero, es cierto, hace vasallo del reino de los Medos el reino de los Persas, y el segundo, Nabopolasar, hizo del reino de los Asirios vasallo del trono de los Caldeos de Babilonia. Astiages sucede a Ciaxares el Medo y Nabucodonosor a Nabopolasar el Babilonio. Según las leyes imperiales de los tiempos, los príncipes herederos de un reino vasallo pasaban a quedar bajo tutela de la casa real dominante. Ahora bien, aunque Ciro hubiera debido pasar a la corte de los Medos, y como muy bien transmitiría el eco, Ciro pasó a la corte del Babilonio. Esto se explica así. Nabopolasar casó su hija con Astiages, y Astiages casó la suya con el rey de los persas. De esta manera Ciro devenía heredero de los tres reinos; por su padre, del de Persia, por su madre, del de Media. Y por su abuela materna, del de Babilonia.

Cómo se escapó Ciro a la ley que obligaba a los príncipes herederos de las coronas sujetas a un trono dominante y pasó a la corte del rey de Babilonia se explica acorde a dos razones. Primero, o bien no era el heredero de su padre sino que pasó a serlo por la muerte del verdadero heredero del reino de Persia, su hermanastro, dado que en esos días la ley obligaba al rey a ser sucedido por un pura sangre y sólo excepcionalmente por el hijo de una segunda mujer. O bien la influencia del reino de los medos sobre el reino de los persas en los días de Astiages, como la historia avala, se había hundido en el fango de la corrupción y el vicio contra natura, renegando los hombres de su ser natural, ser el macho de la especie, y entregado su naturaleza a la perversión del libertinaje que procede de quien no reconoce más ley que el placer de los sentidos.

Esta situación excepcional fue la que Herodoto recogió en sus Historias; y explicó acorde a las leyendas que a título de posterioridad se difundieron para entender el misterio de cómo un principe medo-persa de segunda línea pudo echar abajo todas las barreras y reunir bajo sus pies toda la herencia de su sangre. No es de creer, hablando ya más en profundidad, que el último rey de los Medos casara su hija con el rey de los Persas a título de concebir un príncipe heredero de Persia que pudiera reclamar para sí el reino de su madre. El vasallaje implicaba contratos de sangre por el que un rey aceptaba las hijas de otro sin quedar obligado su reino y corte a sujetar la sucesión a la descendencia habida con esta mujer extranjera, que podían ser tantas como alianzas se diesen entre las respectivas cortes. No siendo un pura sangre persa Ciro fue educado en la Corte de su pariente por parte de madre, el rey de Babilonia, cual le correspondía a un príncipe de segunda línea sucesoria.

Por estas causas, vasallaje del antiguo reino de Asiria a Babilonia, cautiverio del príncipe de Judá en Babilonia, y tratado de paz entre Persia y Babilonia, que se selló con el famoso rehenato que implicaba al príncipe no heredero, porque la corona persa estaba sujeta a la corona de los medos, los tres hombres del futuro, Ciro el Persa, elegido por Dios para entregarle a Darío el Imperio. Nabónido, príncipe de Asiria, elegido por Daniel para dar el golpe de estado que dispondría la entrega de Babilonia al futuro rey del mundo. Y Zorobabel, príncipe de Judá, que recibiría el precio de la Libertad en pago por la alianza de los judíos con los persas, a quienes entregarían las ciudades babilónicas por Nabucodonosor puestas en sus manos, pacto secreto confirmado por Nabónido. Por esta serie de disposiciones divinas se vieron reunidos alrededor del sabio más grande de su tiempo, Daniel, nuestro profeta: Ciro el Grande, Nabónido el Pacífico y Zorobabel el Reconstructor de Jerusalén.

Lo demás, cómo Dios había dispuesto la sucesión de los siglos hasta el Nacimiento del Cristianismo y el Primer Juicio contra el Mundo Antiguo, viendo en el futuro con la facilidad de quien ve las nubes pasar por el cielo, es un asunto superconocido y todo el mundo sabe que el Imperio de Darío, fundado por Ciro, dio paso al de Alejandro, fundador del Imperio de los Helenos; que este Imperio dio paso al de los Romanos, y que durante éste Dios estableció su Reino, que durará eternamente, entregándole el Señorío y la Corona sobre todos los pueblos y naciones de su Creación a su Hijo Unigénito, Primogénito entre los hijos de Dios, Jesucristo, nuestro Juez, en quien tenemos puesta la Esperanza de Absolución Universal en razón de su Fe; a El, por tanto, toda la Gloria y el Poder por la Eternidad sempiterna.

Lectura complementaria: Sobre los Medos // Sobre los persas

Imperio Neoasirio

Adad-nirari II (911-891)
Tukulti-Ninurta II (891-883)
Asurnasirpal II (883-859)
Salmanasar III (858-824)
Shamshi-Adad V (823-811)
Adad-nirari III (810-783)
Samuramat (Semíramis), regente, (810-805)
Salmanasar IV (783-772)
Ashur-Dan III (772-755)
Ashur-nirari V (754-745)
Tiglath-Pileser III (744-727)
Salmanasar V (727-722)
Sargón II (722-705)
Senaqerib (705-681)
Esarhaddon (681-669)
Asurbanipal (669-627)
Ashur-etil-ilani (627-623)
Sin-shar-ishkun (623-612)
En 612 adC, Nínive, la capital asiria, cayó ante los medos y babilonios; apoyado por los egipcios, un general asirio continuó gobernando unos cuantos años desde Harran como Ashur-uballit II (612- 609)

Imperio Neobabilónico

Dinastía legítima

Nabopolasar 625-605
Nabucodonosor II 605-562
Evil-Merodak 562-560
Neriglisar (Baltasar)560 556 adC
Labashi-Marduk 556

Tras la muerte de Baltasar

Nabónido 556-539

Ciro el Grande

C.R.

Daniel

 
BTM