He
aquí el caballo de batalla de los santos, durmiendo
en los establos de la Esperanza, la que vive en la Fe. ¿Pues
de qué le vale a un hombre recuperar la vista si
lo que ha de ver es el Infierno? ¿O recuperar el
oído si lo que ha de oir es el discurso del Diablo?
¿O volver a andar si el camino que ha de hacer es
el que va de su lecho al destierro? ¿O acaso sólo
de las Palabra que sale de la boca de Dios vive el hombre?
Entremos en el conflicto más grande que haya vivido
la Creación desde que Dios dio luz al Padre y al
Hijo en el Espíritu Santo, que estaba en Dios, y
era Dios.
La
Necesidad de la Redención un imperativo, si se quiere,
cósmico, estamos en el visto y no visto. Tres años
de paseo por una provincia de la Tierra, Encarnación
en lo privado, Crucificación en público, Resurrección
en lo privado, y adiós, si os he visto no me acuerdo,
si me habéis visto ¿qué?
Un
gran golpe de efecto, tenemos que convenir con nosotros
mismos. Dios se hace hombre, Dios nos refriega por la cara
su infinito poder, que de ponerlo a nuestro servicio acabara
con todo el Mal del mundo en cuestión de ya, y sin
embargo todo lo que hace Dios es un truco de magia, me veis,
no me veis, hola, bye bye, adioses, chao bambino, a seguir
tragando polvo, a seguir comiendo miseria, a seguir muriendo
de hambre y sed de justicia. Y ya está, se acabó,
que os vaya bien, el que tenga oídos para oir que
oiga y el que tenga inteligencia que entienda, porque el
número de la Bestia es un número de hombre,
el número es "Six Six Six, the number of the
Beast. Yeah".
¿Estamos
tontos? ¿Qué vino a hacer Dios? ¿Cambiar
un templo por otro templo? ¿Se aburrió de
Jerusalén como ciudad santa y emigró a Roma
como serpiente que cambia de piel y sigue la cuenta de una
raza de santos padres criminales? ¿Fue todo un espejismo?,
¿una ilusión que se enciende en el alma de
un desesperado lo que dure la llama al viento de los inviernos
milenarios?
¿A
qué estaba jugando Dios, el Omnipotente, el Todopoderoso,
el Omnisciente, el Grande, el "bla bla bla..."?
Baja en la Persona de su Hijo a demostrarnos lo inmenso
que es, lo maravilloso que es su Poder, enciende en el corazón
de los hombres la llama de la Justicia, y de pronto, en
un ahora me veis y ahora ya no me veis, ploff, desaparece.
Los Apóstoles, aquéllas almas en las que la
llama había prendido y ya se veían montados
en caballos invencibles, recorriendo las tierras al frente
de los ejércitos del Rey Mesías, y al final,
al fondo de la visión, sus tronos de ministros del
Nuevo Israel, cuyos dominios abarcarían toda la Tierra...Y
en eso, queridos tontos, el rey Mesías se desnuda
y dice: Hecho, se acabó. Y coge el tío y se
va. Finito, caput, the end, fin de la historia. Tres años
de gloria y el resto de la vida a vivir de la memoria. ¡Como
broma, única! Después de todo, ¿por
qué no le iba a gustar a Dios hacer el payaso de
vez en cuando? ¿No jugó con los magos del
faraón de Moisés a ver qué serpiente
se comía a la otra? La Crucifixión, un truco
de magia como otro cualquiera. Sólo había
que ir de milagrero, llamar la atención, pinchar
a los colegas, echarle a los perros del Templo la carne
del odio, que era de la que vivían de todas maneras,
dirigir ese veneno contra uno mismo y en lugar de responderle
al odio con el odio, después de haberles estado tocando
las pelotas, dejarse machacar. Eso sí, hacía
falta ser Dios para resucitar al tercer día y reirse
en las barbas de los tontos que te pusieron las manos encima.
¿O no, Jesucristo?
Y
ahora llega la verdad. Porque la verdad siempre llega, puede
tardar, pero siempre llega, sale de su tumba, se levanta
y regresa de los abismos del tiempo con el recuerdo que
yacía perdido en las tinieblas de los siglos, allá
en Mesopotamia, el día que comenzó todo, en
la tierra del Edén.
Hasta
entonces habían existido los hombres, las familias
humanas y sus pueblos. La Humanidad en tanto que tal no
era, ni en teoría ni en Hechos. No voy a invocar
a la Antropología porque los antropólogos
hacen tiempo que vendieron su trasero al poder, la fama
y el dinero, y todo lo que ven en el Pasado de la Humanidad
es un mono monstruoso, caníbal asqueroso, que nació
en la panza de un huevo, que tuvo una musaraña, que
a su vez surgió de las aguas en la panza de un reptil.
Jua jua jua. Y no seguimos la cuenta porque el circo está
pasado de moda y los payasos, por muchas medallas nobelescas
que se pongan, no hacen gracia. Y no hacen porque no la
tienen, esto es evidente, y si la tuvieran no harían
el payaso, que es lo que hacen con su teoría sobre
la musaraña como el origen del hombre. Nosotros a
lo nuestro.
Allí
en Mesopotamia, hace hoy unos siete milenios, los hombres
descubren que existen dentro de un Género, que son
hermanos en el Gran Espíritu Creador de los Cielos
y de todo cuanto contiene la Tierra. Se crean ciudades,
y con las ciudades vino el problema de la organización
y distribución del fruto del trabajo de cada individuo,
familia y pueblo. Y nace el Sacerdote, el Ministro de la
Divinidad para la administración de todos los bienes
con los que el Dios de los dioses de todos alimenta y viste
a su pueblo, el Género Humano. Todo es del Dios,
los árboles del campo, los animales que pupulan sobre
la haz de la tierra y las aves que vuelan sobre las alas
del viento, la semilla que crece en las huertas y los hijos
que paren las mujeres de los hombres. Y todo viene del Espíritu
del Gran Dios, las artes que se dan los hombres en tejer
y las ciencias que en sus manos crecen para levantar ciudades,
los poderes con los que domestican a las fieras y las voces
con las que sujetan a los grandes pájaros del cielo.
Del Hombre es Todo y es Nada. Sí, los hombres comienzan
a verse como uno sola y única cosa, el Hombre, hijo
de Dios, creado para vivir eternamente en el Paraíso
de su Creador al término de su Formación Universal.
Y acorde a esta Ley de la Fraternidad en el Gran Espíritu
del Dios de dioses, Señor de todas las cosas, las
primeras ciudades de Mesopotamia comenzaron a articular
su crecimiento alrededor del Templo, cuyo Ministro, el Sacerdote,
era la encarnación de esa Ley de Propiedad, cuyo
Precepto sempiterno era mantener viva la Ley de Dios. El
fruto de la tierra y el fruto del trabajo de los hombres
eran puestos al servicio de todos en el Templo, cuyos ministros
distribuían los bienes según la necesidad
de la familia. La Arqueología así lo demuestra,
y lo ratifica a título absoluto con su silencio sobre
el caso, silencio necesario para mantener en pie la columna
central sobre la que se basa el templo de su ateísmo,
esa ideología para bestias aspirantes al infierno
según la cual el hombre surgió en las entrañas
de un monstruo, que a su vez fue parido por una musaraña,
que a su vez salió de las aguas, psiblemente en la
barriga de una piraña carroñera, jua jua jua.
Y de aquí que por naturaleza lo humano sea asesino,
y se entienda perfectamente su vampirismo esquizoide milenario.
Y quienes no se arrodillan ante esta doctrina para imbéciles
son todos unos dementes. Caso en el que me encuentro. Viva
la demencia. Tras lo cual regresamos al asunto.
Regresamos
al truco de magia del visto y no visto. ¿Lo veis?
Ya no lo veis. La Propiedad Universal pasa a un hombre y
su familia, y el sacerdote comienza a sacrificar hijos de
mujeres a la salud del rey. Al amor le sucede el terror;
a la Alegría, el Horror; a la Fraternidad, la enemistad
a muerte; la Libertad es encadenada y en su lugar surge
la Esclavitud; la Paz es pisada y de su ruina surge la Guerra;
la verdad ¿eso, qué es? A la vuelta de unas
generaciones el Paraíso Perdido deviene un Sueño,
y al cabo de otras generaciones el sueño que nunca
fue. Y al cabo de los milenios un Relato en un Libro.
Pero
de pronto, señoras y señores, el Relato cobra
vida, el Sueño despierta en la cama de los Milenios
y regresa a sus fueros, la Propiedad del Universo le pertenece
al Señor y todos los bienes de la tierra y del hombre
son de Dios, con los que el Padre alimenta y viste y cría
y fortalece a todos sus hijos. No hay mío ni tuyo,
sino nuestro y vuestro; no hay amo ni siervo, sino hermanos
en el Espíritu de Cristo, en el que todos devenimos
hijos. Y no de palabra, Ananías, sino por derecho.
¿Ves a ese, Safira, es el cadáver de tu marido
muerto? Todo es de Cristo, y Cristo de Dios. Y todo ha vuelto
a manos para el bien de todos. De Dios es el Título
de Propiedad Universal y a sus hijos revierte todos los
bienes para satisfacer la necesidad de sus familias. Así
que Ananías y Safira, por el poder del Dios contra
el que habeis reclamado título de propiedad sobre
su Obra, siendo cierto que El ha reclamado lo que le fue
quitado y todo ha vuelto a la mano del Señor, desde
este momento y hasta el día del Juicio os habeis
declarado enemigos de Dios y del Hombre, y que El tenga
misericordia de vosotros en el Día del Juicio. RIP.
Al
sonido del arpa, entre olés de címbalos y
cuerdas órficas, el mensaje despliega su tienda sobre
la cuatro esquinas del Imperio y el Pueblo que acababa de
nacer dejó correr su Espíritu sobre el horizonte
de los siglos, sobre cuya línea el Espíritu
levanta la Restauración del Paraíso Perdido.
Y se desnudan, y cantan desnudos por las calles, aún
a sabiendas que el final de la calle es una puerta, y esa
puerta conduce a los circos romanos. Pero la visión
era verdadera y se cumpliría a su tiempo. Entretanto,
y al ritmo que marcaba la noticia, Dios va a restaurar todas
las cosas, el Pueblo que acababa de nacer crecía
como ola de tsunami nacida para devorar un Imperio. Los
Discípulos del Hijo de Dios no juegan a ser sacerdotes
omnipotentes que sacrifican a los reyes víctimas
humanas, sino que ofician según el Modelo Celeste
que en su Día caminara sobre la faz de la tierra
entre los ríos Tigris y Eufrates. Y siguiendo el
Oficio: la Propiedad...
Pero
el destino se escribe con tinta extraída de las venas
del Hombre, ¿no es cierto? Y así los soñadores
que vivieron el Sueño Perdido por un día al
sol del Imperio, cuando vino la tarde y las tinieblas llamaron
a sus monstruos a hacer su oficio, uno por uno los soñadores
fueron agarrados y arrojados a un horno de fuego en cuyas
llamas el Dios de Daniel no metería su Mano para
librar a aquella carne del sufrimiento y la destrucción.
Y con ellos el Sueño fue volviendo al sueño.
Ananías y Safira regresaron de su tumba y, creciendo,
cubrieron la faz del mundo cristiano con sus alas malditas.
Dios fue expropiado de nuevo, y los sacerdotes se dieron
al antiguo oficio asesino de servir a los reyes, paso inmundo
que los sacerdotos ortodoxos de Bizancio se aligeraron a
dar, despreciamndo al Rey de la eternidad el día
que se arrodillaron delante del Emperador de la Segunda
Roma, paso maldito que volvieron a dar sus suceores a los
pies del Zar-Emperador de la Tercera Roma. Los sacerdotes
romanos tardarían más en dar ese paso maldito,
pero en el 800 lo dieron, cuando el emperador de los bárbabros
y el obispo de los romanos se hicieron uña y carne,
enterrando bajo su alianza el Sueño de la Restauración
de todas las cosas. Ese fue el día en que Safira
y Ananías le pagaron a Pedro con la misma moneda,
y aquél cuya misión en este mundo es reclamar
para el Dios de los cristianos la Propiedad Universal, cometió
un delito inmenso al reclamarla para sí, deviniendo
ladrón entre ladones, criminal entre los criminales,
enemigo de la restauración de todas las cosas entre
los enemigos de la Humanidad.
Efectivamente,
un visto y no visto.Otro visto y no visto destinado a sr
sólo eso, un Relato en un Libro.
C.R.